Probablemente si ayer no hubiera sucedido lo que sucedió, este post sería muy diferente del que está siendo. Atrás en el tiempo, desde el sábado, quizás todos hubieran sido diferentes. Quizás el frío matinal que aún se mantiene, residualmente, me parecería una agradable prolongación de un invierno benévolo, una posibilidad de usar algo más la ropa de invierno. Quizás el trío de libros que elegí, a consecuencia de la exhaustiva lectura final del de Franzen, no sería un trío sino un solo libro, uno cualquiera de los que integran la pila que nunca deja de crecer.
En cualquier caso, uno ha de aceptar las cosas como son, y dejar de lamentarse (o de alegrarse) de cómo pudieron ser.
Así que esa manía personal, la de eludir prensa y radio cuando el Barça no triunfa como me gustaría, obró esos efectos: la elección de tres libros levemente interrelacionados, y un visionado exhaustivo, ayer noche, de algo por lo que sentía una enorme curiosidad: Black mirror.
Decir que Black mirror es una serie es algo inexacto. Más bién parece un experimento muy british (en el buen sentido: breve, directo, profesional, y liberado de la esclavitud esteticista) donde se da libertad a creadores, dentro de unas premisas amplias, sólo vagamente unificadoras. En cualquier caso, son tres capítulos independientes, entre los 44 y los 61 minutos, cuyo hilo de unión es, exclusivamente, hipotetizar sobre los extremos a que puede llevarnos la corriente tecnológica. Sin tratarse de ciencia-ficción, por supuesto.
La llamada Princesa Susannah, miembro popular de la realeza británica, es secuestrada. El único requisito de los secuestradores para no ejecutarla, consiste en que el primer ministro aparezca en TV, en todos los canales, a las 4 de la tarde, y consume una relación sexual completa con un cerdo.
Esto es la BBC. Televisión pública británica. Mencionaré la web de Antonio Rico para homenajear su comentario: qué mente concebiría que el actual gobierno ultra español aceptase producir algo así.
Black mirror perturba; perturba por encima de entretener. Sentirse perturbado es como sentirse molesto pero a la vez algo fascinado. Como esas peleas en la calle que siempre piensas que algún imbécil se ha presentado a parar. Giras la cabeza pero sigues mirando de reojo.
Black mirror es un estimulante experimento visual en un mundo donde cada vez se experimenta menos y se va más sobre seguro. No es el futuro de la televisión, ni de las series. Toma de aquí y de allá, de programas deleznables como Gran hermano o Got talent. De películas de un amplio abanico somo Truman's show, Brazil, Eternal sunshine of a spotless mind, algunas de Cronenberg, algunas de Spielberg.
Puede que sean sólo tres horas en las que me refugié porque el Chelsea nos eliminó y necesitaba llenar tres horas hasta que el sueño me venciera. Alguien me dijo que saliera a por cosas nuevas, y soy de aceptar consejos bienintencionados.
Ronny: parece a la medida de la oscuridad de tu blog.
Talita: atenta a la música en el segundo episodio.
Germán: puede inspirarte ese repentino giro gore. Diego, también.
Tuli : parece algo nuevo, pero tal como son los ingleses, puede que lo dejen ahí.
6Q: ví Confessions, la onda es parecida.
Quién: pixelar tu entrevista guarda una cierta sintonía. Sigma, Playbombil, quizás un camino a seguir.
Horacio: prepara una explicación si te encuentran viéndola solo.
Lydia: las cosas son así.
Los que no nombro directamente: procurad verla. Estáis en mi cabeza, igual.