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lunes, 30 de noviembre de 2015
Carlin y Estulin: Dos miradas diferentes sobre la guerra contra el terrorismo
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miércoles, 18 de noviembre de 2015
Selfies en París
Les debió dar tanta vergüenza, que el remedio acabó siendo peor que la enfermedad. Porque la noche del viernes 13 de noviembre fue una fecha más que añadir a la bochornosa historia de la televisión en nuestro país.
Cuando el partido España-Inglaterra andaba ya por su segundo tiempo llegaron las primeras noticias. En París estaban jugando Francia y Alemania, y algo grave parecía estar pasando en las calles de la capital francesa. Algunas explosiones en distintos lugares al mismo tiempo, desalojo del presidente de la República del palco del estadio, se hablaba de algunos muertos... internet empezó a hervir; las radios, como siempre, a la altura y las teles... pues en Telecinco, Sálvame de luxe; Hermano mayor en Cuatro y Tu cara me suena en Antena Tres.
Lo más llamativo fue lo de la Sexta, que esta vez defraudó todas las expectativas: la cadena que tanto presume de estar al loro y apostar por la información, esa noche se columpió como las demás. Apagón total hasta la mañana siguiente, a buenas horas. La cosa el viernes quedó pues en manos de los fachas de 13tv y del 24 horas de tve, que acabó convirtiéndose, manda narices, en la cadena rey del país de los ciegos.
Les debió dar tanta vergüenza que cuando el sábado quisieron poner remedio quedaron más en evidencia todavía. Solo faltaba que no hubieran reaccionado, así que lo hicieron. Pero a medida que más esfuerzo ponían en tenernos al tanto de las consecuencias de lo ocurrido en París la noche anterior, más extraño resultaba que no hubieran hecho lo mismo cuando la tragedia se estaba produciendo.
El lunes, tres días después, Antena Tres y Telecinco mandaron a Susana Griso y Ana Rosa Quintana a jugar a reporteras dicharacheras micrófono en mano, como Antonio Garcia Ferreras, que aunque no llegó a la desfachatez de hacerse selfies junto a los ramos de flores depositados en Le Carillon como hicieron otros, se dedicaba en el mismo lugar, tres días después, a entrevistar durante media hora larga en directo a...¡Rubén Amón!
¿A qué fueron las "estrellas" a París? ¿a pintar la mona? ¿a lucir palmito? ¿a hacerse selfies? ¿no valen los corresponsales? ¿qué significa este show? Hicieron el ridículo dos veces: el viernes cuando no reaccionaron y tres días después haciendo directos junto a ramos de flores y ciudadanos sobrecogidos, hablando de pesquisas y chupando información policial sin aportar nada propio. Hemos perdido no el norte, sino los cuatro puntos cardinales. Primero escatimamos la noticia y luego nos vamos al lugar de los hechos a contar nuestro fracaso a toro pasado, ¡viva el periodismo!
¿A qué estamos jugando? ¿qué estamos haciendo con el hermoso oficio de contar historias, de contar lo que pasa cuando pasa y no sus secuelas, machacando hasta la extenuación, cuando ya se ha pasado el arroz?
"Con los medios previstos en la redacción -decía la empresa dueña de Cuatro y Telecinco- hemos preferido concentrar la oferta informativa a través de nuestros medios on line" Ahí queda eso. A quienes redactaron esta frase que no necesita comentarios debió darles tanta vergüenza hacerlo que al final decidieron añadir esta otra para reconocer el patinazo a su manera: "Lo cierto es que esta vez han sido insuficientes para llegar a todos los espectadores como hubiera sido justo" A ver que yo me aclare: O sea, ¿que pretendieron llegar a todos los espectadores a través de internet porque Jorge Javier, tras leer en directo un comunicado de un minuto cuando continuaba la tragedia en la sala Bataclan, iban ya sesenta muertos, había comparecido Obama y François Hollande había anunciado el estado de emergencia, tenía que continuar preguntándole a una tal Mila por su relación con un tal Matamoros?
Antena Tres despachó el asunto dedicándole ocho minutos poco antes de medianoche, algunas autonómicas también acabaron reaccionando. Y en cuanto a la Sexta, que tanto presume de apostar por la información, todavía estamos esperando que nos cuenten qué demonios les pasó.
J.T.
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jueves, 13 de marzo de 2014
Federico Quevedo pide perdón
Como esto de pedir disculpas hay tan poca gente que lo hace, vaya por delante mi reconocimiento hacia el gesto de Federico Quevedo quien este miércoles, sin llegar al extremo de aquellos policías ucranianos que recientemente pidieron perdón de rodillas a la población por haber actuado violentamente contra ella, se ha autoflagelado públicamente por tierra, mar y aire y ha solicitado la absolución por haberse dedicado durante años a dar pábulo a la teoría de la conspiración sosteniendo que, tras los atentados del 11M, estaba Eta.
Si bien es cierto que hace ya un tiempo que dio marcha atrás, no lo es menos que ha sido en este décimo aniversario de aquella horrible tragedia cuando los golpes de pecho de Federico han conseguido sonora trascendencia mediática. Entre otras cosas porque él ha puesto en ello el suficiente empeño para que así sea.
Reconozco que me ha reconfortado leer en su columna habitual de "El Confidencial" párrafos como éste: “Yo pido perdón en primer lugar a las víctimas del 11-M, a las que no pueden escucharme ni leerme porque ya no están entre nosotros, porque sacrificaron su vida en un acto cruel y bárbaro y lo hicieron sin querer hacerlo en defensa de nuestro modo de vida, de nuestro sistema de convivencia brutalmente atacado por un grupo terrorista de origen islamista que golpeó en España como antes lo había hecho en Estados Unidos. Y les pido perdón porque si esa fue la naturaleza de su sacrificio, el hecho de haber puesto en duda el origen y el sentido de esos atentados, inevitablemente invalidaba el alcance heroico de su entrega y las convertía en un mero instrumento al servicio de una mentira cuya vileza todavía alcanza nuestros días”
Quevedo pide disculpas también a las víctimas vivas, a los familiares de las que fallecieron, a las fuerzas de seguridad, a los jueces y fiscales… y a “quienes se sintieron perseguidos un día tras otro por acusaciones terribles de manipulación y destrucción de pruebas”
Reconoce haber aireado ”una gran mentira que nunca tuvo ni pies ni cabeza por muchas kangoos y muchos skodas y muchas mochilas que podamos esgrimir como argumento” y remata reconociendo que “lo único que se pretendía era buscar los pasos de una trama que solo existió en la mente perversa de unos cuantos desalmados”.
Imagino que entre aquellos a quienes pide disculpas Federico Quevedo habrá quien se las acepte y quien no. Las víctimas, sus familiares, los jueces, fiscales, abogados y demás destinatarios de sus diatribas son muy dueños de gestionar esto como mejor entiendan. Pero hay un ángulo, desde el punto de vista del oficio periodístico, sobre el que a mí me interesaría detenerme unos instantes:
¿Puede un profesional de la información divulgar durante un largo período de tiempo noticias y opiniones como él lo hizo y, pasado el tiempo, intentar zanjar su fechoría rasgándose las vestiduras públicamente y a otra cosa mariposa? ¿En base a qué material, a qué documentación, a qué datos sostuvo Quevedo unas tesis que más tarde reconocería que no tenían ni la solidez ni la solvencia necesarias y que en su columna de este miércoles las califica de “burda concatenación de hechos irrelevantes elevados a la categoría de pruebas irrefutables”?
Como periodista yo lo siento mucho, pero a mí no me vale que alguien que actúa así aspire a que los profesionales de la información pasemos página y… miel sobre hojuelas. Desde un punto de vista moral, político, civil y hasta militar lo que él quiera: disculpas aceptadas. Pero desde un punto de vista periodístico esto no se puede “finiquitar” así, sobre todo cuando hay comunicadores que siguen aún con el raca-raca, en la misma línea, destrozando con su chulería y su petulancia el poco crédito que nos va quedando a los periodistas. Mucho me temo que para que los lectores, los radioyentes, los televidentes vuelvan a confiar en las cosas que les contamos hace falta mucho más que la autoflagelación pública de alguien que reconoce haber contribuido a “construir una de las mayores estafas de nuestro tiempo”.
No pongo en duda la valentía que hace falta para dar el paso que en su día dio Quevedo y que tanta repercusión ha tenido en este décimo aniversario del 11M. Pero de momento, que yo sepa, no le sigue nadie más. No estaría nada mal que sus “colegas” de aquella pertinaz conspiranoia levantaran el pedal de una maldita vez y dejaran de dar la barrila con lo de las montañas lejanas, la autoría intelectual desconocida, los “oscuros objetivos de poder” y demás zarandajas.
Este 11M supuso un cierto alivio porque, por un lado, escuchamos a un ministro del Interior del pp afirmar que Eta no fue la causante de los atentados y que es “evidente” que la masacre fue ejecutada por terroristas yihadistas. Y por otro lado, volvimos a ver juntas a todas la víctimas después de siete largos años de desencuentros. Tras la inmolación pública de Quevedo solo falta que continúe el desfile: Acebes, Zaplana, Aznar, Rouco, Pedrojota… A ver cuándo se animan y son capaces de reconocer, como hace él, que participaron “en una instrumentalización de las víctimas que no buscaba la verdad”.
J.T.
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martes, 7 de septiembre de 2010
La prensa ante el nuevo anuncio de alto el fuego
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Por primera vez desde que me dedico a la información percibo en torno a un comunicado de alto el fuego de eta una actitud general en los medios distinta a las que he conocido hasta ahora. No he visto ni excesivas histerias ni excesivos alivios; tampoco exageradas esperanzas ni grandes cabreos. Lo que flota en el ambiente y en el ánimo informativo, creo, es escepticismo, hastío, pereza, desconfianza… y unas ciertas ganas de plantar cara.
Salvo algunas excepciones ultramontanas a las que el sentido común aconseja no tener en cuenta, todos los medios han reaccionado de una manera prudente pero firme.
Las treguas anteriores fueron acogidas unas con alivio, otras con mucha esperanza, incluso con fervor en algún caso pero esta vez parece que las cosas han cambiado. “Ya está bien de que nos vaciléis” sería, creo yo, el resumen del espíritu de los titulares de la prensa de este lunes.
Estas han sido algunas de las primeras páginas en los periódicos españoles este seis de septiembre:
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Informar sobre terrorismo siempre ha sido un asunto espinosísimo: cómo titular, cómo valorar la noticia de un atentado –si a varias columnas en primera, si abajo y con poco relieve, si abriendo el informativo…- Que ese dilema acabara desapareciendo de las redacciones de nuestro país sería sin duda una estupenda novedad.
De momento los titulares sobre el anuncio etarra de tregua contienen un cariz valorativo inusual hasta ahora y yo diría que hasta heterodoxo: adjetivos utilizados por los partidos políticos para calificar el alto el fuego –“insuficiente”, “acorralada”, “no convence a nadie”- han sido asumidos en algunas portadas sin las preceptivas comillas, como haciendo suyo de manera implícita el reto a la organización para que dé pasos concretos y contundentes.
Por eso digo que después de mucho tiempo algo parece estar cambiando. Dicho sea, como siempre que se abordan estos asuntos, con todas las precauciones
J.T.
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