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jueves, 27 de marzo de 2014

Ese robo llamado recibo de la luz

Contador "inteligente"

Un máster en económicas no creo que sea suficiente. Para entender el dichoso recibo de la luz hay que ser directamente premio nobel de matemáticas. Y ahora, con lo de los contadores inteligentes, no te digo ya. Porque no basta con ser un figura en esto de los números. Además hay que disponer del tiempo libre necesario para conseguir descifrar, analizar, sacar conclusiones y planificar cuándo vas a hacer funcionar el lavavajillas, poner los espaguetis a cocer en la vitro o dedicarte a planchar un rato.

Ná, hombre, ná. Si está chupao, mira: tú te metes en internet seis o siete veces al día, miras las subastas, anotas las franjas horarias en que la energía eléctrica va a costar menos al día siguiente y a esa hora , las tres de la madrugada por ejemplo, pues vas y pones la lavadora tan ricamente. O haces el puchero y después lo congelas que está igual de sabroso. Si todo es cuestión de planificarse. ¿Que te hemos subido casi el doble el precio fijo de la potencia contratada? Pues contrata menos, hombre. ¿Que si contratas menos te saltan los plomos? ¿Pero a quién se le ocurre poner el radiador al mismo tiempo que cocinas? ¿Y las mantas, para qué están las mantas cuando te sientas en el sofá a ver la tele?

Además de sumisos neoliberales de pacotilla, nos han salido charlatanes de mediopelo. Profesionales del cuento chino y de intentar metérnosla doblá. Los lumbreras de Industria, con el ministro a la cabeza, andan de bolos por las teles y radios afines, que ya son casi todas, intentando disfrazar de reforma unas subidas escandalosas que convierten una necesidad básica en producto de lujo. 

Y digo yo, ¿no podían seguir robándonos directamente estos del recibo de la luz, como vienen haciendo toda la vida, y dejar de complicar tanto las cosas? ¿Tienen además que llamarnos derrochadores, hablarnos de tarifas planas, contadores inteligentes, subastas y demás farfolla? Las leyes del mercado, dicen ¡Amos, anda! Tienen la caradura de "venderte" que es por tu bien y que te saldrá más barato, ya verás... y cuando llegas al buzón y te encuentras carta de Endesa, o de Iberdrola, te tienes que tomar una biodramina antes de abrirla si no quieres desmayarte ante las dimensiones del sablazo. 

Aquellas pocas cosas que teníamos más o menos bajo control y conseguíamos que no nos quitaran demasiado el sueño, estos facinerosos las han conseguido embarullar hasta el límite de descolocarnos y hacernos llegar a la conclusión de que, te organices como te organices, acabarán robándote como siempre pero más. El recibo de la luz, o de la energía eléctrica como se le llama finamente, es ya un asalto a mano armada como lo es el de la telefonía desde que, teóricamente, se liberalizó el sector. Menos mal que iban a competir entre ellos. Libertad de elección, libre mercado le llaman a que podamos elegir el autor de la putada, ¡qué amables!

Mi recibo de la luz, perdón, de la energía eléctrica, y el de las personas que me rodean ha engordado estos últimos meses de manera escandalosa. Comparar consumos y precios con los de años anteriores es un puro ejercicio de masoquismo que conviene evitar sobre todo si tenemos la tensión alta o andamos regular de los nervios. 

Y es que de eso se trata, de avanzar todo lo posible en la operación de tenernos cada vez más acogotados, más inseguros, de hacernos más dóciles ante la autoridad competente por lo civil o por lo militar. No les basta con tenernos acojonados pagando hipotecas cuyo montante es mayor que el precio que ahora tiene el piso. No se conforman con sabernos con el alma en vilo por si no podemos pagar la cuota y nos desahucian. No les parece suficiente que haya vuelto el miedo a ponernos enfermos, a no poder pagar las medicinas, a una operación demasiado costosa... Quedaba la energía eléctrica y ya nos han jodido. Solo queda el agua, veremos por cuánto tiempo, para que nada imprescindible acabe siendo tocado. 

¡Qué sensación de indefensión, qué inseguridad, qué incertidumbre, qué impotencia! Hasta hace poco, cuando alguien con cierta suerte en la vida quería expresar gráficamente el estado de "tranquilidad" económica al que había conseguido llegar, solía decir:

-Bueno, yo la luz la tengo ya pagada hasta que me muera.

Mucho me temo que de ahora en adelante, si no quieren pillarse los dedos, van a tener que buscarse otro tópico más cabal. Porque la luz, queridos míos, ya no es lo que era. A menos que hayas sido presidente de gobierno o ministro y logres sentarte después en el consejo de administración de alguna de esas empresas cuyas facturas, para robarnos mejor, consiguen que no haya manera de entender.

J.T.


domingo, 5 de septiembre de 2010

Operadoras de telefonía, el reino de la impunidad


Yo lo siento por mis amigos de Facua, pero en materia de luz y teléfono me parece que sus denuncias caen en saco roto.

“Necesidad tengas de darte de baja en una compañía de móviles” ¿A que suena a maldición gitana? Lo es:

¿Cómo es posible que a pesar de la multitud de denuncias, que a pesar de la cantidad de tropelías que las operadoras de móviles cometen, y que suelen aparecer a menudo reflejadas en los medios, estas compañías continúen haciendo lo que les da la gana todo el tiempo que les da la gana?

¿Cómo es posible que los llamados “servicios de atención al cliente” continúen manteniendo a quien llama horas a la espera, y lo que es más grave aún, con musiquitas de fondo que atentan directamente contra los derechos humanos?


Marcas mil códigos, hablas con máquinas de voz u operador@s con acento extranjero, te pasan de departamento en departamento –con la musiquita de marras entre medio- y la aventura acaba en fracaso. Vuelta a empezar: si desea… marque 1, marque 2, marque 3… para cualquier otra operación, permanezca a la espera…

El reino de las operadoras de telefonía es el reino de la impunidad.

Nos quejamos, lo proclamamos, lo denunciamos… Da igual, pasan los años y todo continúa lo mismo o peor. Estás en sus manos. Hacen lo que quieren… Ni te dan de baja cuando lo pides, ni te dejan de cobrar, ni de amenazar si no pagas por servicios que tiempo atrás dijiste que no querías.

Aún cuando, mucho meses antes de acabar con tu paciencia, ya te habían asegurado que tomaban nota para cambiarte de tarifa, anular el servicio o devolverte un cobro por algo que tú no habías consumido ni pedido. Aún así, ni caso.

Además tienen el descaro de proclamar que se trata de sectores donde ya existe el mercado libre y la competencia… pero ¿dónde está la competencia en los servicios de telefonía o en los de electricidad? Bueno, sí, quizás compitan para ver quién consigue desesperar antes a quien aspira a resolver civilizadamente su problema como consumidor sin acabar literalmente de los nervios.

Amigos de Facua, amigos de las demás asociaciones de consumidores ¡cuánto trabajo pendiente!, ¿no?

J.T.