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viernes, 5 de febrero de 2016

Assange, la canallada continúa

Mi familia, producto típico de la moral judeocristiana posguerra civil española, se empeñó en educarme para hacer de mí una persona decente. El catecismo les echaba una buena mano:"dios premia a los buenos y castiga a los malos"; los tebeos del Capitán Trueno y El Jabato reforzaban esa convicción y el Hollywood en blanco y negro de los 50-60 ponía la guinda: películas todas con final feliz en las que el bueno siempre ganaba y el malo recibía su merecido.

Cuando crecías, salías a la vida e intentabas aplicar esas bienintencionadas enseñanzas, empezabas a recibir tortazos a diestro y siniestro y así era como la realidad se encargaba de aclararte las cosas: mentir y robar siempre fue mucho más rentable que decir la verdad y ser honrado. Los malos pocas veces pagan por sus fechorías y a los que se empeñan en ser buenos, con el tiempo se les acaba poniendo cara de tonto.

El dilema llega cuando es a ti a quien te toca educar: "¿Cómo le cuento yo esto a mis hijas?". En mi caso, cuando llegó el momento, decidí optar por la media ponderada, usar ejemplos, dar pistas, hablar de pros y contras de una y otra opción y dejar finalmente que las conclusiones las sacaran ellas. Pero, como casi siempre suele suceder en las relaciones paternofiliales, nunca sabré si acerté o no.

Los casos de Assange y de Snowden me han servido para tener algunas conversaciones con ellas sobre la conveniencia o no de ser coherente y honesto en la vida: dos personas perseguidas por el aparato judicial y político del país más poderoso del planeta porque decidieron hacer lo que ellos creían que era justo: sacar a la luz pública las maldades, traiciones y mentiras por las que se rigen buena parte de los poderosos que mueven los hilos del mundo. "Creí que sabía cómo funciona el mundo. Nada me preparó para lo que me he encontrado", dijo Assange en octubre de 2010.

Seguramente Assange, Snowden y el soldado Manning, este último condenado a treinta y cinco años de cárcel, tuvieron unos padres parecidos a los míos. Puede que actúen convencidos de que el bien triunfa, que la denuncia de la injusticia acabará convirtiéndonos a todos mejores personas, con más criterio y capacidad para hacernos una idea aproximada de la verdadera manera en que funciona el mundo... A fe que están pagando cara su ingenuidad. Son el crudo símbolo viviente del encanallamiento en que vivimos.

Hablamos poco de ellos. Parecemos haber decidido mirar para otro lado entre avergonzados y resignados, es decir: cobardes. Y callarnos. Ahora, tras el anuncio hecho público por la ONU calificando de ilegal la situación en que se encuentra Assange y pidiendo que pueda abandonar su refugio en la embajada de Ecuador en Londres sin que el gobierno británico lo detenga, vuelve a ser actualidad una surrealista situación que dura ya cuarenta y cuatro meses, más parecida a una pesadilla que a algo que realmente esté sucediendo.

Pasarán unos días y nos volveremos a callar, nos olvidaremos, volveremos a ponernos de perfil ante esta flagrante canallada. Evidenciaremos nuestra impotencia desbordados por una situación que nos pone ante el espejo de nuestras propias contradicciones y nos deja todas las vergüenzas (las pocas que nos queden) al aire. No, Capitán Trueno, no es verdad que gane el bueno. No, querida familia, no es bueno que te llamen "buena persona" cuando lo que quieren llamarte es tonto.

En sus particulares confinamientos, admiro la fortaleza moral de Snowden y de Assange. Ellos, con Manning, son el símbolo de nuestra gran mentira diaria. Les debemos mucho a su trabajo y a su capacidad de resistencia, porque a medida que transcurran los años, más importancia irá adquiriendo lo que hicieron. Conviene, ahora que están vivos y que continúan resistiendo, no solo no olvidarlos, sino buscar la manera de rendirles el homenaje que se merecen.

J.T.

domingo, 7 de septiembre de 2014

El mundo en cifras



Hay datos que conviene refrescar de vez en cuando para que no se nos olviden nunca, como que Hitler, Stalin y Mussolini estuvieron nominados para el premio Nobel de la Paz y que Ghandi se murió sin haber obtenido el galardón. Y hay cifras que hablan por sí solas, como algunas de las que aparecen en la revista económica alemana "brand eins", una publicación que he conocido gracias a mi hija mayor, Patricia, que ha aparecido en casa estos días con el ejemplar del pasado mes de agosto.

En la página 8, firmadas por Holger Frölich, aparecen 10 "estadísticas" tan diferentes entre sí como, a mi juicio, elocuentes e ilustrativas. Con la ayuda de mi hija en la traducción, me he permitido ampliarlas con datos de nuestro país. Aquí está el resultado:


1. Lenguas oficiales

Número de Estados miembro de la ONU: 193
Número de lenguas oficiales de la ONU: 6
Número de Estados miembro de la Unión Europea: 28
Número de lenguas oficiales de la Unión Europea: 24

2. Nobel de la Paz

Número de nominaciones al Premio Nobel de la Paz de Adolf Hitler: 1
De Joseph Stalin: 2
De Benito Mussolini: 1
Mahatma Gandhi obtuvo 5 nominaciones, pero nunca consiguió el premio

3. El dinero de la guerra

Gasto militar anual de Estados Unidos: 600 mil millones de dólares
Gasto militar anual de Rusia, China e Irán: 198 mil millones de dólares

4. El "encierro" del fundador de Wikileaks

Superficie de la habitación que Julian Assange ocupa desde 2012 en la embajada de Ecuador en Londres: 20 metros cuadrados
Coste anual de la comida de Julian Assange: 11.276 euros
Coste diario de la vigilancia de Julian Assange por parte de la policía británica: 13.760 euros

5. La inmigración en Europa

Porcentaje de extranjeros en España sobre el total de la población en 2012: 12,1
En 2013: 11,7
En 2014: 10,7
Número de extranjeros sobre el total de la población de Alemania en 2012: 9,1%
En 2013: 9,3
Porcentaje de extranjeros en Luxemburgo en el año 2012: 43,8

6.  Delincuencia

Número de presos en Estados Unidos por cada 100.000 habitantes: 710
En Alemania: 79
En Turquía:179
En España:147

7. Misterios aéreos

Número de aviones con más de 14 pasajeros a bordo desaparecidos desde 1948: 83

8. Finanzas

Número de habitantes en el distrito financiero de Londres (City of London): 7.400
Número de personas que trabajan allí: 360.000

9. La hegemonía de Google

Duración de la caída parcial o total de todos los servicios de Google el 17 de agosto de 2013: 5 minutos


Descenso del tráfico mundial de Internet durante ese espacio de tiempo: 40 por ciento

10. Sin internet no somos nadie

Velocidad media de conexión a Internet en Corea del Sur, en megabits por segundo: 23,6 (primera del ranking mundial)
En Estados Unidos: 10,5
En Alemania: 8,1
En España: 7,2 (puesto número 32 del ranking mundial)

J.T.

domingo, 23 de junio de 2013

Snowden, el segundo filtrador errante

Edward Snowden se ha convertido en un ciberfugitivo por haber osado usar con el espionaje estadounidense el mismo mecanismo que ellos usan con el mundo mundial: dejarlos en pelotas.

La gran paradoja del ciberespionaje está en que en su propia fuerza reside también su mayor debilidad:  la interactividad, una de las características esenciales de internet, lleva a que todo controlador es susceptible a su vez de ser controlado.

Lleva razón Obama cuando dice que no se puede aspirar ya, si queremos cien por cien de seguridad, a un cien por cien de privacidad. Lo que pasa es que ésta es una frase con mucha trampa: al paso que vamos la privacidad de los ciudadanos será cero si no lo es ya y a cambio nunca ningún país conseguirá obtener el cien por cien de seguridad.

Por eso resulta infantil reaccionar como toda la vida de dios: intentando matar al mensajero: yo vulnero todos los derechos a la intimidad, a la confidencialidad y a la privacidad que me da la gana pero si tu vulneras el desahogo y la impunidad con que lo hago que sepas que voy a ir a por ti y te va a caer la del pulpo. Yo veo desnudo al que quiero, me entero de las intimidades y miserias de todo bicho viviente pero si alguien cuenta lo que yo hago le meto un puro que lo dejo sin aliento.

Con Snowden tenemos ya al segundo filtrador errante huyendo de las garras de Estados Unidos. Assange lleva ya más de un año refugiado en la embajada de Ecuador en Londres. Pero no podrán ponerle puertas al campo. Si los ciudadanos somos vulnerables, los poderosos también lo son. Esa es la novedad. Tendrán que inventarse otra manera de hacer las cosas. O continuar con la misma, pero sin que les importe tanto que nos enteremos.

Lo único que hizo en su día el soldado Maning poniendo en manos de Wikileaks decenas de miles de documentos de las guerras de Afganistán e Irak y de cables de la diplomacia de Washington fue evidenciar lo que ya todos nos maliciábamos. Snowden ha filtrado a The Guardian y The Washington Post dos documentos que recogen otros tantos programas secretos de espionaje del Gobierno de EE UU, uno para el registro de los números de teléfono y duración de las llamadas telefónicas de la compañía Verizon en el país y otro, conocido como Prisma, que permite el acceso a correos electrónicos, chats, fotos y otros materiales intercambiables en Internet. Lo único que ha hecho con eso el ahora perseguido ciberespía es confirmar nuestras fundadas sospechas de que vivimos una vida vigilada, que controlan nuestros pasos y hasta nuestra respiración.

Y digo yo: ya que van a seguir espiándonos, por qué no se relajan y aceptan que por los mismos métodos con los que ellos nos vigilan,  nosotros podemos verificar que lo hacen'. Si los ciudadanos estamos intentando aprender a convivir con la conciencia de estar permanentemente vigilados y a asumir que es inevitable, cuánto van a tardar ellos en admitir que siempre existirá el riesgo de filtraciones que los dejen en evidencia?

Estados Unidos tienen la impunidad a través del Tribunal de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA), ese ente fantasmagórico y siniestro que firma las autorizaciones para que Facebook, Microsfot, Google o Apple se abran de piernas cada vez que les piden datos de sus usuarios. Pero nosotros, a través de filtradores como Maning, Assange o Snowden, podremos verificar que estamos en lo cierto cuando imaginamos que, en materia de intimidad, ante ellos vivimos literalmente en pelotas.

Las filtraciones de Snowden son muy clarificadoras y se agradecen. Esa transparencia sobre lo que hace el poder es muy saludable. Pero en lo que a mi juicio se equivoca el voluntarioso muchacho es en imaginar que sus denuncias pueden servir para conseguir que se respete nuestra privacidad. Esa es ya una guerra perdida. Yo no creo en absoluto que Snowden sea un traidor. Tampoco un héroe. Más bien un ingenuo.

J.T.