La primera vez que oí al grupo Martin (después Martin & The Julians), allá por 2007, supe de inmediato que su música era el combustible ideal para satisfacer las inquietudes de cualquier amante de la independencia y la acción. Este grupo granadino es uno de los exponentes musicales contemporáneos que podríamos considerar, como mínimo, afines al movimiento modernista tanto por su actitud como por sus referentes. Su contagiosa y convincente capacidad rítmica y melódica es ideal para reforzar unos versos afilados que nos hablan del presente, de sus inconvenientes, de las injusticias sociales pero también del orgullo individualista por mantener la cara bien alta y posicionarse frente a la indeseable alienación cultural.
Cuatro años después de su debut discográfico, siguen procurándome la emoción necesaria para mantenerme fiel a sus parámetros artísticos que vienen implementando con nuevas canciones extraordinarias. Martin empezó siendo un proyecto arriesgado de dos músicos Chema y Chilín, ambos procedentes de los ya desaparecidos Dayfriends, acompañados de algunos colaboradores como Carlos, Pruden, y Jimmy. Con ellos grabaron su primer álbum, bajo el título de “La Vida en General” que se editó en 2007 de la mano de la discográfica El Ejército Rojo. Destacó por un sonido procurado con destreza por esas guitarras Rickenbacker de 6 y 12 cuerdas, a las que añadieron toques de farfisa y sintetizadores. Una base sólida, con influencias del revival mod y el punk de finales de los setenta, a la que añadieron la voz de ambos hablándonos de temas como “el anarquismo y el movimiento de la clase trabajadora” pero también “de un día normal”. Mencionado en revistas especializadas de prestigio, ese álbum causó gran sensación a nivel nacional y les abrió las puertas de algunos importantes escenarios.
Dos años después, Martin engrandecía su proyecto artístico con los Julians, una banda de acompañamiento en la que figuraban, ya a la batería, Jesús más una sección de metal formada por Fernando, Enrique y Ángel, y unos teclados a cargo de Vanesa Spin de los Teenagers. Grabaron en el año 2009 un segundo álbum con el título de “Es lunes al fin”, en esta ocasión con la discográfica “United for Utility”. Se trata de un disco en el que inciden, una vez más, en la realidad cotidiana con una impactante percepción existencialista de la vida, mediante temas tan potentes como sugerentes, cargados de actitud y propios de ese “ambiente proletario de pub” como ellos mismos lo definen.
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La cara B se abre con el tema que da nombre al disco, “Margaret, Garland and Monk”. En este corte, nos relatan la auténtica ausencia de posibilidades en la vida real pero también nos recuerdan que, aunque nuestra concepción sea la de un observador sentado en la ventana, “piensa por ti mismo” porque al fin y al cabo “formas parte de lo que das”. Tras este tema tan convincente y rabioso, nos ofrecen una estupenda versión del conocido “Tommy Gun” de los Clash con letra adaptada por Chilín a modo de réplica al mismo Joe Strummer, y a su microuniverso de lucha personal a favor del sandinismo o el pacifismo. Una adaptación sorprendente, sin contemplaciones que valgan, en el que no falta hasta un grito por una “Andalucía Libre”. Martin nos hablan de un Tommy Gun, en realidad un Joe Strummer convencido que el mundo le ha marginado para acabar olvidando a los de su clase.
Sin duda, las canciones de Martin & The Julians recuperan los esquemas sonoros y rítmicos del punk y mod revival, hasta el folk más virulento, de finales de los setenta pero a su vez consiguen dimensionarlas con su buen criterio y un estilo tan propio como sumamente original. Su forma de tocar, componer, reivindicar, denunciar e incluso de presentarse en sociedad, les hace ser tan especiales como únicos en el panorama actual. Si escuchas su música te cerciorarás de inmediato que estos Martin & The Julians reviven a los Jam, a los Dexy’s Midnight Runners, o a Billy Bragg con imaginación y sobrada actitud, y nos ofrecen su legado de “working class” de forma impecable y convincente. Y lo consiguen en el momento preciso en el que la inteligencia corre peligro de angostarse entre la depresión social y la crisis económica. Precisamente por ese riesgo tan acuciante, su música es tan necesaria en estos tiempos que corren de angustia personal y colectiva. Sus propuestas musicales son elegantes, divertidas pero también reivindicativas, y comportan un claro compromiso con esa realidad social más justa a la que todos y todas aspiramos para ser más felices y libres.
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