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miércoles, 12 de mayo de 2010

Correlatos

Leo en el periódico que investigadores de Harvard han constatado que la conciencia moral del individuo reside en una localización concreta del cerebro (hallazgo paralelo a la tesis que A. Damasio sostiene hace años). Pero no solo eso. El equipo ha sido capaz de modificar los juicios morales de sus conejillos de indias humanos con la sola aplicación de un campo magnético sobre esa zona que la deja temporalmente fuera de servicio. No tengo ningún inconveniente en aceptar el hecho de que exista un correlato neurológico de los juicios morales. También existen correlatos neuromotores que rigen cuando Radu Lupu toca el Concierto Emperador de Beethoven; incluso es probable que si se somete a Lupu a un fuerte campo magnético en la zona adecuada, deje de tocar el Emperador como suele hacerlo y lo haga como cualquier estudiante. Las tesis que sostiene el paper vienen a decir que el sentido de la justicia ó de la moralidad no dependen tanto de la educación recibida como de la biología. O sea que vuelve a poner en la palestra la dualidad cartesiana, decantándose en lo que concierne al tema estudiado hacia uno de sus términos, el de la materia. Creo que el error es precisamente éste: el querer cubrir cualquier juicio con esta dicotomía. Los juicios morales, el lenguaje (al que también hacen referencia los investigadores) y el arte de hacer música están representados todos en la biología, pero unos individuos los desarrollan más que otros. El día que la experiencia y el desarrollo obtenido con esfuerzo se puedan activar con un campo magnético (y espero que ese día tarde en llegar, si ha de hacerlo) tendré que revisar buena parte de mis ideas. Lo que sí ya ha llegado, me temo, es el método meramente físico para provocar regresiones en los ciudadanos. ¡Cuidado con los campos magnéticos!

martes, 26 de enero de 2010

Plasticidad

            
El descubrimiento de la “autoplasticidad” del cerebro humano es uno de los más significativos y de mayor alcance que las biociencias nos han ofrecido en estos últimos tiempos. No se trata de un simple descubrimiento porque de hecho está modificando de forma radical el pensamiento ortodoxo que enmarca tales ciencias. O sea que responde a la lúcida afirmación heideggeriana de que nuestra búsqueda de la verdad nos lleva no al hallazgo de simples contenidos nuevos sino más bien a la modificación de nuestro pensamiento. El hecho de que la estructura sináptica neuronal pueda ser modificada por el entorno debilita el paradigma cartesiano-newtoniano, la separación dualista entre res externa y res cogitans, sugiriéndonos que la materia es la contrapartida externa de los procesos internos y no una entidad separada, es decir, replanteando la dualidad estructura-función como una pareja complementaria de abordajes. También nos recuerda que no somos una entidad separada de la naturaleza sino que formamos parte de ella.

domingo, 21 de octubre de 2007

Factores genéticos


El planteo de dualidades –al que tanta afición tiene nuestro entorno inmediato- conduce en muchas ocasiones a errores categoriales que llevan asociadas malas interpretaciones. Lo cierto es que lo he venido comentando ad nauseam. Acabo de leer una pequeña reseña sobre un libro publicado hace unos años que trata del llamado síndrome del emperador, verdadero problema social que en el fondo no es otra cosa que una manifestación más de la enfermedad que aqueja a nuestra sociedad. En el pasado año más de 5000 padres en España han denunciado a sus hijos tras un largo historial de amenazas y violencia física. Los profesionales coinciden en afirmar que los niños aquejados de tal síndrome muestran una falta importante de desarrollo moral y sentido de la culpabilidad, que les hace insensibles a las consecuencias de sus despóticos comportamientos, encaminados a la obtención puntual de todos sus deseos. Este colectivo de adolescentes se puede hallar también en familias con un desarrollado y responsable sentido afectivo y ausencia de permisividad en sus planteamientos educativos. Por lo que, además de reconocer la influencia de factores ambientales, este libro también apunta como causa del síndrome a factores de tipo predisposición genética. La distinción entre orígenes genéticos y ambientales, ó hereditarios y adquiridos es una más de las mil maneras de enunciar la dualidad cartesiana mente-materia. Esta distinción conlleva tácitamente toda una serie de corolarios que se asumen sin más. Por ejemplo, “si el origen es hereditario está grabado en piedra y es más difícil de tratar que si es adquirido” -algo así como la distinción hardware/software en el mundo informático-. ¿No sería más sencillo considerar que ambos tipos de factores constituyen formas alternativas y mutuamente correspondientes de considerar la cuestión? Dejaríamos entonces un poco de lado la obsesión por la causalidad, residuo mecanicista del que la física se deshizo ya hace un montón de años. También el modelo del cerebro como un ordenador, modelo reduccionista y puesto en tela de juicio por la mayor parte de estudiosos del tema. ¡No, Dr. Watson, no todo se puede explicar con ayuda de la doble hélice!

miércoles, 27 de junio de 2007

Espacio intersubjetivo


Nuestra ansia extrema por querer situar cualquier evento dentro de las coordenadas de nuestros modelos mentales –y excluir categóricamente aquellos que no encajen adecuadamente dentro de los mismos- ha acabado por hacer creer a la comunidad en la existencia de un espacio neutro común que simplemente se colorea con nuestros pensamientos y acciones. Es el modelo de la dualidad realidad dura-mente blanda. Los modelos alternativos, en el muy infrecuente caso de que se consideren, son tomados por simples involuciones, concesiones a la debilidad humana o, simplemente, cosas de locos. Entonces cree el espacio común que los autoexcluídos del único sistema posible forman parte de la cola de cierta distribución gaussiana que, partiendo de los casos “suaves” de poetas se extiende hacia los “activistas alternativos” para acabar en el grupo de los delincuentes y los terroristas. Me parece mucho más conveniente considerar un evento como una manifestación que cada uno percibe según su nivel de conciencia y conceder que el espacio común neutro no es más que un foro de intersubjetividad necesario para el entendimiento mutuo. Como las leyes ó el civismo. Pensar que todos somos iguales, percibimos igual y aplicamos idénticas estructuras de conocimiento para analizar los eventos es tan ingenuo como proclamar la igualdad por nacimiento de todos los hombres. Como sostenía Hanah Arendt, las leyes que proclaman la igualdad son necesarias precisamente porque tal igualdad no existe de forma natural.

sábado, 14 de enero de 2006

metadecorados


La pretendida ventana abierta a la realidad absoluta que la ciencia –ó, más bien, una parte de la ciencia- parece reclamar como característica interna de su método de conocimiento –el llamado método científico- tiene una grieta abierta desde hace más de cien años. Ahora podemos racionalizar más abiertamente sobre el origen de esta grieta. Como en muchas ocasiones ha sucedido a lo largo de la historia de la filosofía, lo que falla son las definiciones de conceptos. No es que fallen; es que simplemente los conceptos repentinamente se hacen susceptibles de ampliación en cuanto al grado de diferenciación. Ello comporta un nuevo loop dialéctico más o menos grande. En nuestro caso el concepto pretendidamente absoluto que se ha empezado a ablandar es el de la dualidad objetividad/subjetividad. Esta dualidad nace con la separación mente-materia derivada del método cartesiano. La ecuación mente = subjetividad = relativo y materia = objetividad = absoluto, intuida ó abiertamente aceptada, ha dejado de representar una realidad última. Cuidadosos experimentos nos muestran que en determinados casos, el resultado de los experimentos planteados para validar (o refutar) nuestros constructos intramentales llamados teorías viene determinado por nuestras expectativas. Otra manera que tiene nuestro pensamiento de introducir un sesgo consiste en nuestra tendencia a establecer relaciones causales. ¿Cuantas veces los adversarios de la astrología han esgrimido argumentos en contra del tipo “no contempla los movimientos de precesión de la Eclíptica”? La astrología, si la queremos catalogar dentro del conocimiento humano, entraría a formar parte de los fenómenos sincrónicos; no es que el planeta Saturno nos influencie a través de su campo gravitacional, electromagnético ó cualquier otro; es que la naturaleza de Saturno está de acuerdo con determinadas características de tipo “saturnino”. O como dirían las teorías holísticas, tienen una relación directa dentro de la estructura de holones.
Contrariamente a la creencia comúnmente establecida, empezamos a concebir hoy el conocimiento científico como algo no más objetivo que el conocimiento artístico ó filosófico –sí como algo más fácilmente objetivable-. El grado de “objetivación” nos determina las fronteras entre aquello que consideramos ‘objetivamente verdadero’ (aunque sepamos que esto no es más que una apreciación subjetiva) y ‘subjetivamente verdadero’. Dicho de otra manera: dado un cuerpo ó paradigma teórico autoconsistente y validado siempre podemos ir a mirar la parte de atrás del decorado. Ello no nos desmonta el decorado, pero sí el concepto de mundo completo que podíamos haber otorgado a este decorado. Con el fin de realizar esta operación, sin embargo, nos debemos desplazar a través de un terreno que no forma parte de este decorado; es decir, a través de un ‘metaterreno’ que durante la operación se nos presenta como un nuevo decorado ‘absoluto’, como un ‘mundo objetivo’. Hasta que lleguemos a observar este nuevo ‘mundo objetivo’ como un nuevo decorado y repitamos la operación aludida. Este proceso infinito nos está determinando una trayectoria del tipo ‘caja china’ que nada tiene que ver con la pura acumulación de conocimientos. No trata de describir la evolución dialéctica ni paradigmática que tiene lugar durante los cambios de paradigma (científicos, filosóficos, artísticos...) sino más bien los cambios de ‘metaparadigma’ que, por su parte, articula y organiza todo un sistema de paradigmas en su interior. Hay una canción de X. Turull sobre un poema de J. Brossa que ilustra a la perfección la sensación de ‘mirar detrás del decorado’ (hecho que me constató en una ocasión el propio X. Turull): el intérprete, después de cantar las imágenes del texto surrealista sobre una música de tipo impresionista, describe –recitando ahora sin cantar- “el atrezzo” necesario para la acción antes aludida, sobre la misma música, que se repite, invariable. El efecto de ‘mirar detrás del decorado’ se hace muy acusado.
El ‘nuevo metaparadigma’ que planea desde hace unos veinte años todavía no ha tomado cuerpo en nuestra racionalidad; ya está vivo y se mueve, pero todavía no ha nacido completamente. Se encuentra en un espacio dentro de las intuiciones de una serie de personas provenientes de diversos campos que tienen en común la capacidad de poder pensar de manera alternativa ó poco ortodoxa; es decir, de mirar ‘detrás del decorado’.
La pregunta que me formulaba unos párrafos atrás sobre el proceso de ampliación de la conciencia también puede estar relacionada con la consideración sobre supuestas ‘verdades absolutas objetivas’. Una ‘verdad absoluta objetiva’ consistiría en un decorado que no se puede mirar por detrás, que no tiene detrás. La distinción entre el mundo racional y el mundo intuitivo que hemos construido en Occidente – y que en Oriente ni tan sólo se plantean- nos ha cegado a muchas apreciaciones muy clarificadoras. Precisamente una de las características de este ‘nuevo metaparadigma’ consiste en difuminar un poco las fronteras entre los hasta ahora separados modos de conocimiento. El nuevo metaparadigma ya no nos habla de racionalidad ni de intuición, sino de ‘conciencia’ como factor unificador entre los diferentes modos de conocimiento.