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jueves, 5 de septiembre de 2024

CiberFlatland

 


                  Quizás no esté tan lejano el día en que ya no se pueda acceder a contenidos de calidad a través de la red sin necesidad de pagar una cierta cantidad de dinero (cosa que, por otra parte, no me parece mal). Por el momento es aún posible; pagando, eso sí, en especies y asumiendo clips publicitarios. Lo que me parece más inquietante es el creciente grado de imbecilidad y ruido (en este caso no blanco sino más bien gris) que salpica por doquier. Pagar para eliminar este ruido podría ser más recompensatorio que para suprimir la publicidad. Una buena práctica (¿buena práctica?: ¡ya hablo como los psicólogos industriales!) consiste en tener siempre claro lo que estás buscando, por mucho que saltes de un tema a otro (¡también evitar el exceso de saltos!). De otra manera, es fácil caer en la ciber-procastinación, que hace que el discurso degenere rápidamente hacia la memez. Lo he dicho infinidad de veces: todo el mundo es libre de opinar, pero no todas las opiniones (contrariamente a los votos) tienen el mismo valor. En YouTube, plataforma que puede resultar útil, interesante, esclarecedora, crítica y cultural, abundan cada vez más videos con memeces que se replican a velocidad supersónica. Tales videos incluyen advertencias para que no ingieras determinados alimentos o fármacos (si; esos en los que las cosas se enumeran del 1 al 10 en orden creciente de toxicidad), los que explican cosas que los autores acaban de descubrir mirando otros videos (en estos, normalmente, en la foto fija aparece el autor con cara de idiota, ojos y boca muy abiertos, expresando sorpresa de forma artificialmente exagerada). Uno de los tipos de video que me revuelve especialmente el aparato digestivo es aquel cuyo título reza algo así como: "te explicaré lo que hasta ahora nos han estado ocultando". En este enunciado, ¿a quién se refiere "nos" y quién es el que oculta algo tan sorprendente? Hace poco escuché que las teorías conspiratorias tienen un papel importante en el reequilibrio simbólico de la sociedad, lo que explicaría así su creciente presencia. Lo que distingue los contenidos que me parecen ricos y saludables es el orden dimensional, al contrario de la planaridad que tanto abunda. Las posiciones fijas (desde el realismo ingenuo hasta la del 'ojo de Dios' de Putnam) son tan ubicuas que se toman por 'la realidad'. Aparentemente, mucha gente no considera que su punto de vista se pueda ver modificado tras una experiencia, un aprendizaje, una convivencia con algo o con alguien, una aprehensión. Que todo conocimiento es acumulativo y que nuestro punto de vista permanece inmutable, en una especie de flatland particularmente insidiosa.

Mientras tanto, comparto algunos canales de YouTube que encuentro particularmente interesantes en mis campos de interés:

Música (teoría): www.youtube.com/@Richard.Atkinson (contrapunto)

                          www.youtube.com/@samuel_andreyev (entrevistas, análisis, opinión)

                          www.youtube.com/@DBruce (análisis)

                          www.youtube.com/@ClassicalNerd (historia, análisis)

Música (interpretación):

                          www.youtube.com/user/TheWelleszCompany (música S XX)

                           www.youtube.com/@TheWelleszTheatre (música S XX

                           www.youtube.com/@hrSinfonieorchester (Orquesta Radio Frankfurt)

                          www.youtube.com/@francemusiqueconcerts (ORTF)

Filosofía:

                           www.youtube.com/@darinmex (canal de Darin McNabb, primer nivel)

                           www.youtube.com/c/LaTravesía (filosofía general)

                           www.youtube.com/@claudioateran (buenos resúmenes de libros actuales)

Ciencia:

                           www.youtube.com/@veritasium (temas variados muy sugestivamente presentados)

                           www.youtube.com/@Vsauce (temas variados extravagantemente expuestos)

                           www.youtube.com/@WorldScienceFestival (entrevistas, debates)

Ahí lo dejo!



                          


viernes, 8 de diciembre de 2023

Planaridad

 


              Lo que más me aterra de la sociedad actual es su planaridad. La supuesta ágora en donde todo el mundo puede opinar sobre la única realidad que existe. Un ágora que aumenta su tamaño a medida que los científicos descubren cosas y los técnicos desarrollan nuevos inventos e instrumentos. Un ágora en donde los conceptos han reificado y, a base de copypaste, tick check-marks victoriosos y likes, han llegado a momificar. ¡Socorro! He trabajado en el campo de la investigación biomédica durante 35 años. La gente que se dedica a la investigación en ciencias naturales acostumbra a tener una visión del mundo muy particular -la que filosóficamente se denomina realismo ingenuo-. Además, muchos de los científicos sostienen que la ciencia es a-moral, como si no se tratase de una actividad humana. La combinación de tales creencias (el mundo es cognoscible tal cual es, de forma independiente de nuestras consideraciones y percepciones, el conocimiento científico va arrinconando las creencias y nos instala en la realidad racional, la ciencia es objetiva o no es ciencia, la ciencia no es buena ni mala; son los humanos quienes la colorean) me causa cierto pavor. En el mundo anglosajón, los doctorados -la mayor parte de investigadores los son- se denominan PhD, siglas que provienen del latín medieval philosophiae doctor, término que actualmente no puede estar más alejado de la realidad. Muchos científicos, incluso algunos muy famosos, han declarado públicamente que la filosofía es un conocimiento obsoleto porque no trata con realidades, como lo hace la ciencia (más pavor). La guinda del pastel la pone la consideración social de la ciencia y los científicos, que ocupan la misma posición que la religión y los sacerdotes en otras épocas (esto ya me da terror).            

sábado, 23 de noviembre de 2019

Relaciones




                   Estoy acabando de leer la obra póstuma de Wittgenstein Investigaciones Filosóficas (y creo haber entendido mínimamente hasta un 15% de su contenido, ¡cosa que supera mis expectativas iniciales!). El interés de la obra reside en sus aspectos seminales respecto a toda una evolución posterior hacia una filosofía que no se basa en la asunción de realidades pre-mentales que son finalmente alcanzadas por la mente sino basada, por el contrario, en la idea de que es precisamente la mente la que crea tales realidades. Concretamente, según Wittgenstein, a través del lenguaje, que no describe así casos externos a él sino que crea los casos a través de sus infinitos juegos. Si el giro copernicano de Kant representaba un descentramiento que cambiaba el punto de vista anterior que hacía girar al sujeto alrededor del mundo hacia la situación contraria en la que el mundo gira alrededor del sujeto, el giro wittgensteiniano hace que el conocimiento del mundo sea generado por el propio sujeto. El alejamiento del positivismo lógico, al que el propio Wittgentein había contribuido muy significativamente al principio de su carrera, no puede ser mayor. Es por ello que uno de los principales mentores de Wittgenstein en Gran Bretaña, Bertrand Russell (quien contribuyó decisivamente a la incorporación del austríaco a la Universidad de Cambridge) dijo no reconocer ningún tipo de substancia en este libro. Russell pertenece a una larga estirpe de naturalistas británicos –de los cuales Stephen Hawking y Richard Dawkins son algunos de sus más recientes representantes- incapaces de concebir ningún trasunto científico fuera del positivismo, equiparando de esta manera “conocimiento positivo” (así, à la Compte) con “Ciencia Verdadera”. De acuerdo con la apreciación de este grupo, las ciencias de la naturaleza generan sus constructos de forma absolutamente objetiva, independientemente de narrativas y metaespacios. La base misma para rebatir esta afirmación es que los espacios de "ignorancia" y de "conocimiento" son metaespacios variables que se van modificando -de forma realmente cualitativa- en el tiempo. Un poco como la historia, que se está reescribiendo constantemente en función del presente, por mucho que describa hechos que se sitúan en el pasado -de forma paralela, las ciencias de la naturaleza tratan sobre hechos que se sitúan fuera de nuestra mente-. Y este reescribir -construir nuevos metaespacios- depende absolutamente de un lenguaje, que elabora sus propias narrativas. Es precisamente el lenguaje (los "juegos del lenguaje" wittgensteinianos) el que, bien lejos de describir objetivamente fundamentos últimos preestablecidos, crea las narrativas que se corresponden con nuestros constructos. Los "fundamentos" resultantes serán, por tanto, siempre, fluidos. Podemos entonces volver a formularnos la eterna pregunta: ¿es nuestro conocimiento científico acumulativo? o bien a la no menos recurrente: ¿se basa la evolución del conocimiento en conocimientos previos? La respuesta a ambas cuestiones es: sí y no. Porque cada nueva formulación de un paradigma científico, al igual que cada nueva obra artística “revolucionaria” supone un nuevo modo-de-estar-en-el-mundo.

miércoles, 26 de junio de 2019

Copenhague

        Ahora que, como decía, estoy volviendo a leer a Rorty, reflexiono sobre la disolución de las cuestiones previas que tanto caracteriza la (pen)última etapa de la Modernidad (la última es este trampantojo que se llama orgullosamente Post-Modernidad). Disolución por contraste evidente con resolución que constituyó el motor de buena parte de la Edad Moderna. La resolución se relaciona con el camino, la trayectoria y la tridimensionalidad. La disolución puede suponer -aunque no necesariamente- ascenso dialéctico. Si no lo supone (como intuyo en el caso del neopragmatismo rortiano) se trata de una inadecuación o, en lenguaje de Kuhn, la apertura de un paradigma inconmensurable con otro anterior. El pensamiento de Rorty sustrae a la filosofia de sus cometidos históricos privándola de aspirar a reflejar algo tan ambiguo como "la realidad que está ahi afuera". Su función consiste más bien en articular adecuaciones y establecer metaespacios de comparación histórica. Se me ocurre un símil con la interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica. El colapso de la función de onda que se da cuando efectuamos una medición es una "realidad" circunstancial que nos aparece a partir de un sistema al que no podemos aspirar a describir de manera analítica sino solamente a tejer un mapa probabilístico. Queda así anulado, por tanto, el concepto de realidad objetiva. La postmodernidad incluiría todos los colapsos históricos pero secaría la "fuente". Sin nuevas posibilidades. Estaría más cercana a una cámara ecoica que a un agujero negro. Y, como sucede con la interpretación de Copenhague, el pensamiento antirepresentacionalista de Rorty se ve contestado por los partidarios del fundacionalismo. Después de googlear las palabras ‘antirepresentationalism’ y ‘Copenhaguen interpretation’ se recupera un ramillete de citas –papers de revistas y capítulos de libros de física y filosofía- que transforman mi brillante ocurrencia en un detestable lugar ‘quasi-común’. Dommage.

viernes, 19 de abril de 2019

Ideas



                      Aunque la sociedad cada día se refleja menos en los personajes notables (y entiendo por notables aquellos que tienen nuevas visiones que ofrecernos dentro de los campos más diversos) y más en la basura de los "like" y el ruido mediático parece que el mundo de la ciencia sigue manteniendo un prestigio de cara a la población en general. Seguro que por los logros que la ciencia obtiene pero también por la etiología de su objeto, la estructura de su discurso y la naturaleza de sus métodos. Dentro del mundo de la ciencia los grandes logros no son tanto los descubrimientos como las invenciones de nuevos esquemas, tal como reza la cita del físico WH Bragg que encabeza este post. Hoy recojo unos pocos enlaces que nos acercan a algunos de estos creadores de cosmovisiones.
En primer lugar una entrevista con I Prigogine, el inventor del concepto de estructura disipativa, en donde nos habla de la física de la evolución y de la flecha del tiempo. En segundo lugar un documental sobre el ya casi centenario J Lovelock, padre del modelo Gaia, aplicación de un modelo sistémico a nuestro conjunto planetario. En tercer lugar una entrevista con D Bohm, uno de los mayores físicos cuánticos de la segund mitad del XX y mente inquieta que le llevó a formular algunos modelos que se situaban más allá de los límites de la ciencia. Para acabar, una breve charla del siempre polémico R Sheldrake acerca de su estimulante libro "la ilusión de la ciencia".

miércoles, 3 de abril de 2019

Creencias


Curiosamente hoy todavía consideramos que las creencias suponen un lastre o un mecanismo mental primitivo y obscuro que debiera acabar desapareciendo para dar paso a un sistema demostrativo que nos iluminara con la luz de la Razón. Esta situación era la que las almas más evolucionadas de Europa imaginaban hace 250 años y se llamó Ilustración. La Época de las Luces significó un gran avance para el pensamiento europeo, en parte truncado por el posterior auge del Romanticismo, que se dedicó a negar la racionalidad en pos de la involución hacia un prístino pero incierto pasado mítico. El espíritu de las luces siguió animando el desarrollo de la ciencia hasta bien entrado el siglo XX. Algunos desarrollos posteriores -como el tan citado caso de la Mecánica Cuántica- participan ya de una importante componente trans-racional (como lo advirtieron en su momento los propios padres fundadores). Si algo tiene claro nuestra época, la de la llamada postmodernidad, es que el discurso de la Ilustración ha perdido su significación original y nos aparece hoy descontextualizado. El mundo de la ciencia, sin embargo, ha presentado un característico aferramiento a él y solamente en algunos campos ha sido capaz de evolucionar más allá de las estructuras antiguas de pensamiento. Sin duda, cuando hablamos de creencias nos aparece toda una galería de imágenes coloreadas con tintes religiosos (la idea de Voltaire y su época) que nos hace retroceder en el pensamiento y nos refuerza la idea del fundamento inamovible, de la ley natural, del carácter cerrado del mundo, de nuestra supuesta posición fija de observadores objetivos (curiosamente, la ciencia se aferra también a estas viejas creencias y algunos científicos, como el biólogo británico Richard Dawkins, representan lo más parecido a un obispo inquisidor del renacimiento que tenemos en nuestros días, el Dogma de la Biología Molecular habiendo substituido al de la Santísima Trinidad). Abramos un poco la mente: cuando elegimos menú, pareja, estudios, opción política o zapatos lo hacemos sobre una base más o menos extensa de creencias conscientes e inconscientes. Lo que disipan las estructuras mentales racionales no son las creencias sino más bien las estructuras míticas y mágicas. De hecho, la suposición de que el mundo es exclusivamente racional no es otra cosa que una creencia más. Ya lo dice el proverbio anglosajón: the mind is a good servant but a bad master. El mundo de las “ciencias positivas”, epíteto paleolítico que algunos políticos todavía utilizan, está lleno de ideologías que resultan invisibles a muchos de sus parroquianos, quienes prefieren creer que su actividad es a-moral y absoluta. 

sábado, 2 de marzo de 2019

Correlaciones



                         En 2008 se publicó un ahora famoso artículo en el que se re-visita el aforismo de George Box –y de algunos estadísticos anteriores- que afirma que todos los modelos usados por la ciencia –desde la biología hasta la psicología, pasando por la sociología y la física– son falsos, aunque algunos son muy útiles. Esta idea se ha visto reforzada gracias a la actividad correlacionadora que ofrece el Big Data. Es decir, que el propio método científico a través del cual se generan hipótesis que luego se contrastan experimentalmente se ve cuestionado por la petagígica nube. Según las corporaciones de Big Data la generación de modelos ya no es necesaria. Los modelos siempre acaban fallando, al contrario que las correlaciones. ¿Quién dice que los filósofos no son ya necesarios? ¡Lo son más que nunca! Es evidente que se trata de un enunciado falaz, y no precisamente porque el método científico sea infalible sino porque la ausencia de modelo que reivindica el Big Data no es tal. Existe un modelo implícito que, por omnipresente y rutinario, ha acabado transparentando y está por este motivo epistemológicamente camuflado. La afirmación sobre los modelos presenta un notable isomorfismo con los enunciados básicos de la Postmodernidad: No existen verdades absolutas. No existen; pero el anunciado, por contenerse a sí mismo, se sitúa fuera de la lógica aristotélico-cartesiana: las conclusiones postmodernas son ciertas, pero no se pueden aplicar en absoluto dentro de un ámbito anterior (es decir, moderno). El hecho de querer hacer de una correlación estadística una verdad universal es como hacer una religión del enunciado Todas las religiones son falsas o pretender que los modelos científicos se transforman, a base de años, en dogmas de fe universales. Los modelos no son más que narrativas que van evolucionando y se adaptan así a las contingencias de cada momento histórico. Los modelos del día de hoy son los de la complejidad, que gran parte del mundo científico todavía no ha comprendido. Y esto que aplica al mundo de la ciencia aplica también al mundo de la espiritualidad y al mundo del arte. Hay que recelar siempre de los poseedores de la verdad absoluta, sean quienes sean. Aunque se trate de la hoy omnipresente y omnipotente petagígica nube.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Paracelsus



                        Leo recientemente en la prensa que se ha realizado una encuesta sobre percepción general de tratamientos terapéuticos 'alternativos' y el ministerio nos alerta que: " 1 de cada 5 españoles cree que homeopatía y acupuntura tienen base científica". Constato de nuevo que en España los partidos de izquierdas viven 200 años atrás (los de derechas 500). La época de Comte, la del primer positivismo, hace mucho que ha pasado. Supongo que en un entorno que vive en la época de Paracelso Comte representa un gran avance. Lo primero que cabe preguntarse es por el uso del término "científico". Es evidente que se utiliza como sinónimo de "verdadero". En una época en que el concepto de 'verdad' ha quedado más que relativizado la adscripción resulta totalmente falaz. Desde nuestra perspectiva histórica podemos ya contemplar como objeto esta substitución de las certezas 'ontológicas' por las certezas científicas (la llamada 'tensión cartesiana' o 'religión de la ciencia'). La acupuntura no tiene base científica pero a mucha gente le funciona y paga gustosamente por una sesión de pinchazos. El psicoanálisis tampoco la tiene y la gente también paga (usualmente más que al acopuntor) por un número de sesiones que se prolonga de forma importante en el tiempo. (Dicho sea de paso, el modelo evolutivo de Darwin tampoco es científico en el sentido popperiano -como el propio Popper se encargaba de aclarar-). Si –tal como me indica un amigo médico- a lo va dirigida esta operación es a concienciar a la población sobre el uso substitutivo de ciertas técnicas New Age en el caso de serios problemas de salud pública como las vacunas o el cáncer la intención me parece más que loable pero la forma puede dar lugar a malentendidos que aún profundicen más la fisura original.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Música Tiempo Ciencia


                   "Le phénomène de la musique nous est donné à la seule fin d'instituer un ordre dans les choses, y compris et surtout un ordre entre l'homme et le temps". Esta célebre frase de chroniques de ma vie de Stravinsky define de manera cristalina la componente temporal del arte musical. El tipo de temporalidad define muy característicamente cada etapa de la historia de la música. Cuando observamos el pasado con el fin de analizarlo el efecto telescopio se hace notar de manera que las épocas más remotas parecen amontonarse, como las galaxias más alejadas de nosotros. En el caso del arte sonoro, además, existe una dificultad añadida. Excepto a través de imágenes de tañedores o alguna teorización matemática como las escalas griegas, no tenemos ni idea de como sonaban las músicas de la Antigüedad. Si que sabemos que los antiguos griegos otorgaban poder moral a la música y características anímicas a cada una de las escalas modales. De ahí se puede deducir que en su psicología se apreciaban una suerte de temporalidades diversas ligadas a las diferentes armonías. Muchas músicas de raiz étnica que supuestamente no han variado demasiado durante miles de años se basan en patrones repetitivos (las poliritmias africanas) o armónicamente neutros (la música gamelan de Bali) que les confieren -al menos desde la perspectiva del oído occidental- un importante grado de a-temporalidad. El primer desarrollo significativo de la aventura musical del occidente medieval fue la incorporación de las escalas modales griegas en un tipo de composición que -por vez primera-  ha llegado hasta nosotros: el canto gregoriano. La característica primera que desde nuestra perspectiva apreciamos en esta música es su homofonía, que ahora valoramos por su pureza y recogimiento, pero esa es una visión desde nuestra posición post-tonal. A lo largo de los siglos X-XIII el gregoriano incorporó una aparente segunda voz, que normalmente era una linea melodico-ritmica paralela, situado a una quinta de distancia, complementada con una octava, en un procedimiento que se denominó organum. No es casual la elección de la octava y la quinta. Éstos son los intervalos a que aparecen los dos primeros armónicos de una nota dada. El organum hace resonar en nosotros en primer lugar el sonido de la quinta desnuda (el bajo inmutable que sostiene la melodia de las gaitas o las zanfoñas), con su arcaísmo inconfundible. Más aun, el movimiento paralelo de las quintas (¡rigurosamente prohibido por la armonía clásica cinco siglos después!) evoca un estatismo y una circularidad que -repito, a nuestros oidos post-tonales- nos situa en una zona arcaica de temporalidad restringida. Esta temporalidad "bisarmónica" se correspondería con la pintura gótica (que a pesar de añadir muchos elementos ornamentales a la pintura románica permanece esencialmente "bidimensional"). Aqui podemos hacer un interesante símil evolutivo entre música y pintura. La música se desarrolla esencialmente en el tiempo físico de la misma manera que la pintura lo hace en la bidimensionalidad espacial. Pero de alguna manera la música construye alrededor suyo una nueva temporalidad psicológica mientras que la pintura hace lo mismo con la espacialidad. A lo largo de la Baja Edad Media se fueron apilando elementos sobre el edificio musical. El llamado ArsNova incorporó, ya en el S XIV, unas líneas claramente polifónicas que fueron evolucionando hasta que apareció un nuevo emergente: la tonalidad, al igual que en pintura habia aparecido la tercera dimensión de la mano de la perspectiva. La tonalidad, ligada a la tridimensionalidad pictórica y a la Modernidad en general, se inscribe dentro de la gran revolución cognitiva que supuso la llegada del Renacimiento. Perspectiva, tonalidad, renacimiento, método científico se constituyen en la misma época: la Modernidad. El primer desarrollo de la Modernidad, desde el Renacimiento hasta la Ilustración, incluye la carrera hacia la primacía de la Razón, desde sus aspectos filosóficos (Decartes) hasta los de las Ciencias Naturales (Newton). En música este desarrollo corresponde al paso desde la polifonía renacentista hasta la música barroca. El asentamiento de la tonalidad y sus repercusiones técnicas (invención de la escala temperada) se ven así impelidos hacia la idea de la “maquina celeste” que da a la música barroca su característica temporalidad motora en la que el propio tiempo ha sido espacializado. El universo de la polifonía renacentista festejaba la hipótesis heliocentrista con complejas poliritmias; la fuerza motora de la música barroca basaba sus danzables ritmos en los mismos patrones de mecanismo de relojería con que Newton había descrito la mecánica celeste. El triunfo de la Razón, sin embargo, significó también su limitación. Y en el relativamente breve período de tiempo que conocemos como la Ilustración, durante el que la primacía de la razón giró hasta convertirse en su opuesta –su negación: el Romanticismo- la historia de la música occidental conoció uno de sus más ricos y fructíferos momentos. Tanto es así que hoy en día lo conocemos como el Clasicismo musical. A los ritmos y motóricas barrocas se suman, en delicado equilibrio, emociones que no niegan la razón, pero sí equilibran su modo mecánico. La tonalidad –el perspectivismo- se ve así reforzada con la utilización del bajo Alberti. Es la época relevante para la siguiente nota que aparece en la serie armónica: la tercera mayor.  Es curioso que, en el período final de sus carreras creativas, los mayores compositores de este período recurrieran al elemento constructivista más riguroso del pasado período del Barroco. Con la irrupción del Romanticismo el elemento constructivo se debilita en pos del expresivo y a lo largo del XIX la armonía se hace más compleja, incorporando sucesivas notas de la serie armónica. A la reversibilidad de la música barroca y la mecánica clásica se le opone la irreversibilidad de la música romántica y su correlato físico: la termodinámica clásica. El tiempo viene representado por una flecha que no admite marcha atrás. El universo de Copérnico, Galileo, Newton se ve relegado a una proyección ideal. El universo de Clausius. Helmholtz y Boltzmann ha dejado de ser eterno. Tiene final: la muerte entrópica, la dispersión. El Universo ya no es así un eterno juego de billar sino un happening con final programado, como un espectáculo de fuegos artificiales. Los sucesivos replanteamientos de la tonalidad que conducen lentamente hacia su disolución dan debida cuenta de ello. La música se hace entonces vegetal. Con Tristan und Isolde la temporalidad de la música se hace inabarcable. El oyente espera una resolución armónica que nunca acaba de llegar. El elemento rítmico de la época complementa al tejido armónico en perpetuo movimiento y a duras penas tiene un papel en la psicología de la percepción temporal. La tonalidad acaba, a principios del XX, por desaparecer del todo en la tradición centroeuropea, dando paso al expresionismo, mientras que por otro lado, se reconstituye en la tradición franco-rusa a partir del nuevo orden armónico que sigue la línea Moussorgsky-Debussy-Stravinsky. En el primer caso la percepción temporal se sitúa en una zona deformada en donde se aplican lupas y espejos concavoconvexos a la percepción cotidiana, como en la pintura expresionista. En el segundo la percepción de la temporalidad se sitúa en una zona a-temporal que resulta del interrumpido movimiento armónico. Las teorías relativistas de 1905 y 1915 presentan de nuevo el correlato físico de la época: en ellas el tiempo queda integrado como una parte más de la estructura, apelando así al sentido “eterno” de las cosas. En contraste con la inestabilidad armónica y la deriva rítmica del expresionismo, el impresionismo y postimpresionismo muestran una neutralidad armónica y ritmos obstinados capaces de de suspender nuestra percepción del fluir del tiempo. Cuando las posturas expresionista y neoclásica convergen después de la II Guerra Mundial un nuevo universo ha nacido. En él los fenómenos disipativos, los atractores caóticos y los bucles de retroalimentación sustentan un todo que está en constante proceso de nacimiento y muerte. La música post-serial elabora esta nueva visión en forma de magma sonoro estático en constante movimiento, música de fases –como en el minimalismo- o sonidos electrónicos con su nuevo cosmos rítmico y armónico que poco tiene que ver con todo lo anterior. A pesar de que a partir de los 70 la postmodernidad irrumpe con su promesa no-evolucionista de haber descubierto todo lo descubrible y representar toda posibilidad como una combinación de elementos ya descubiertos, la evolución sigue y con ella el desarrollo de la temporalidad. Gran parte de nuestra insatisfacción actual está relacionada con la no aceptación de este reto y la estéril asunción de la gratuita transparencia de nuestra conciencia.

sábado, 21 de octubre de 2017

Respuesta


                  Me doy perfecta cuenta de que mi reciente respuesta a mi más asiduo lector –o, cuando menos, comentarista- es muy pobre y escueta. Hablo de la posible inclusión de la ciencia en el ámbito de la post-modernidad. Durante siglos la Historia de la Ciencia –nuestra ciencia como tal empieza con el Renacimiento- dio por sentado que nuestros afanes investigadores perseguían básicamente el estudio de la realidad (en este caso física). Una realidad teñida de forma absolutamente inconsciente por el Zeitgeist de la Modernidad, claro está. En suma: una realidad externa e independiente de nosotros y perfectamente cognoscible en su totalidad. Una realidad que requeriría solamente ser descubierta. Cada nuevo descubrimiento, por tanto, iría desvelando una capa más de tal realidad hasta hacerla transparente. En ese momento conoceríamos toda la realidad. Este proceso sugiere un avance acumulativo en el conocimiento. Toda vez que, de acuerdo con el modelo popperiano, una teoría o modelo puede ser falseado en cualquier momento y eso lo desacredita y elimina de la ruta acumulativa hacia el conocimiento absoluto de la realidad de la Modernidad. En el S XX y más aún en la post-modernidad nuestra visión de la realidad se ha modificado rotundamente. Nuestra realidad ya no es una roca externa, cognoscible en su totalidad o independiente de nuestros puntos de vista. El modus operandi del avance en el conocimiento científico estaría entonces descrito por las epistemologías de Koyré, Bachelard y Kuhn, quien introduce el concepto de paradigma dentro de la historia de la ciencia. Los paradigmas, cual zeitgeist que representan, tiñen todos los elementos que constelizan de su color de forma que los conceptos que se manejan en su interior dependen más de la red estructural propia que de un sistema independiente que reflejara cual espejo fidelísimo la propia naturaleza. La epistemología de Kuhn fue sistemáticamente ignorada dentro del mundo de las ciencias de la naturaleza y excesivamente dogmatizada dentro del mundo de las ciencias humanas. Si la interpretamos a la luz de un modelo evolutivo lo que nos dice la sucesión de paradigmas no está ya relacionado con un simple cambio psicológico como pretendía Popper sino como una mirada consecuentemente más y más ampliada que reduce el paradigma anterior a un caso particular del más general paradigma presente. Esta visión ya no es ni acumulativa ni paradigmática sino que participa de ambas aproximaciones. Nuestra percepción de las cosas nos hace elaborar constructos que van modificando nuestra mentalidad y con ello nuestra percepción. Nuestro conocimiento de la(s) realidad(es) transmodernas modifica constantemente nuestra percepción del miundo y su(s) realidad(es). Es por eso que nuestra(s) realidad(es) ya no son descubiertas sino inventadas.  Eso puede sonar incluso como una herejía si nos mantenemos en el concepto moderno de realidad que describía antes. No sé si me ha llegado a explicar tan claramente como se merece mi atento y paciente comentarista.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Perspectivas


                     Estoy leyendo –por imperativo laboral e intercalado entre otras cosas ciertamente más jugosas- un libro sobre mindfulness. Seguro que no es el peor libro que se ha publicado sobre el tema que entra en ese incierto apartado que las librerías dedican a “auto-ayuda”, “new age” o similares. Incluso diría que algún párrafo me ha parecido bien sintetizado y suficientemente aséptico. (No diré de qué libro se trata: está escrito por profesionales poco dudosos desde el punto de vista “ortodoxo”). Después de afirmar que la cultura oriental ha mantenido una postura diferente a la occidental y por eso considera al cuerpo tan importante como la mente para el equilibrio individual los autores lanzan un estentóreo: En los últimos años, los descubrimientos científicos apoyan la hipótesis oriental de la importancia del cuerpo en nuestro equilibrio. Es decir, que aceptamos la hipótesis oriental porque si la analizamos con el rasero más sagrado que posee la civilización occidental, sorprendentemente, obtenemos un resultado favorable para tal principio nacido fuera del cientificismo. Si consideramos que Oriente es el complemento dialéctico de Occidente y vice-versa, ¿no seria mucho mejor escribir: En los últimos años, los descubrimientos científicos coinciden con la tradición oriental …? Al menos sonaría menos etnocéntrico y condescendiente e incluiría a la ciencia dentro del conjunto de de la post-modernidad (de la cual la hacemos salir por miedo de sentirnos desnudos).

lunes, 8 de mayo de 2017

Realidad(es)


                 Acabo de leer “La realidad no es lo que parece” del físico Carlo Rovelli. Tras un inicio con algún apunte un poco tendencioso y lugar común en el mundo científico (“Anaximandro fue un gran visionario de la ciencia y, de haber prevalecido sus ideas sobre las de Platón y Aristóteles, se habrían adelantado siglos en la construcción de la ciencia”) o algunas confusiones en lo que al término realidad se refiere, el libro resulta de lectura agradable y enriquecedora. El autor en seguida coloca a Platón y Aristóteles en su lugar natural –no sé hasta qué punto reconoce la impronta que Platón sigue teniendo en los físicos actuales- y se embarca en la en cierto modo apasionante aventura de resumir la historia de la consideración de las piezas fundamentales del cosmos por parte de los modelos de Newton, Faraday/Maxwell, Einstein 1905, Einstein 1915, mecánica cuántica y gravedad cuántica (el supuesto modelo unificador de las mecánicas cuántica y relativista). Si la relatividad restringida hacía del espacio y del tiempo percepciones que dependían del estado del observador y la relatividad general las relacionaba con la materia y la energía, el modelo de gravedad cuántica, recogiendo las semillas de la relatividad y de la mecánica cuántica, hace a espacio y tiempo meras consecuencias de los campos cuánticos. Es decir, relega la percepción espacio-temporal a una pura ilusión. Lo apasionante de la sucesión de modelos en el mundo de la ciencia es que éstos, de manera progresiva, hagan del modelo anterior un subconjunto del modelo presente. De todos modos, la actual convivencia de otros modelos hace que el mundo de la investigación científica no sea tan ajeno a la post-modernidad como a veces quiere creer. Aunque el autor muestra que sus planteamientos incluyen una variedad de campos y –como buen físico cuántico- exhibe posiciones filosóficas antirealistas, echo en falta nociones elementales de complejidad y, aun más grave, observo muchas falacias cognitivas cuando confronta visiones con encuadres absolutamente distintos bajo la excusa de que “la ciencia abarca toda realidad”. Rovelli, como Demócrito, admite que el mundo está constituído por cosas que se suman y se promedian y que nuestros sentidos perciben tales promedios. Y pone, como Demócrito, el ejemplo de las letras y las palabras. Una vez más respondo que las frases y las palabras están construídas con letras, pero que lo que dicen las frases no está en las letras. En este caso, obviamente, porque las letras no precedieron a las palabras. Pero los sistemas químicos sí que precedieron a los biológicos y la vida emergió de la complejidad de los sistemas químicos. Una última reflexión: me pregunto cómo explicar a personajes que aún creen que la Tierra es plana que nos movemos ya más allá de la tetradimensionalidad.

martes, 10 de enero de 2017

Bielorusia

                           
                           -¡Ni harto de vino te podré dar nunca la razón, Zeitokovsky! ¡Todas estas conjeturas que con tanta alegría revuelves me parecen tan gratuitas que no me atrevería ni a calificarlas de falsas! Hace años que veo por donde vas y te aseguro que no haces más que alejarte de las apreciaciones más comunes y razonables, que constituyen el camino de la veracidad al cual, humildemente, intento honrar con mis contribuciones!
                        -¡Pero cálmate ya, querido Menidov, que acabarás sufriendo un ictus! Yo solamente pretendo ordenar mis ideas –nunca imponerlas- y para ello despliego las antenas de mi conciencia. En ocasiones capto interferencias que tomo por señales claras pero siempre intento aprender de mis errores…
                        Así venían larga y repetidamente coloquiando una pareja de jubilados bielorusos con inquietudes intelectuales en diversos campos del saber.

                        -Es que no puedo evitar una sensación de menosprecio hacia tu palabrería tan poco fundada en la ciencia, y eso, debido a nuestra larga amistad, me causa un profundo malestar psíquico.
                        -Pero la amistad, amigo Menidov, está por encima de cualquier discusión pseudofilosófica que podamos entablar. ¡Y tampoco sigue el método científico!
                        -También lo creo así, viejo Zeitokosky. Y si la amistad no sigue el método científico es porque se halla en el lado mental de la barrera cartesiana, separada del lado material, objeto de la ciencia.
                        -Tu problema, buen Menidov, es que das por sentados unos referentes que crees estables, y yo no veo el mundo así.
                        -Y ¿como quieres que piense sobre el mundo y lo analice como objeto si no doy por sentados unos referentes mínimos -que puedan satisfacer a todos- a partir de los cuales pueda construir un edificio de conocimiento?
                        -No te pido que derrumbes ningún edificio ni tengas que justificar cualquier pensamiento como si estuviera libre de referencias, como hacen los postmodernistas y deconstruccionistas. Pero sí me gustaría que considerases dos cosas. La primera que amplíes un poco tu concepción del mundo como objeto y tu mente como sujeto. Has de pensar que tu mente forma parte del mundo y que por tanto no está situada en un mirador especial. La segunda es que no alienes tus percepciones –ya sé que me dirás que unos mínimos intersubjetivos son condición sine qua non para conocer- situándolas así en un espacio neutro “realista”.
                        -Entonces no hace falta que sigamos hablando. Vayámonos a casa y cultivemos solamente nuestras funciones animales, ya que no es posible que desarrollemos ningún conocimiento más allá del puro instinto animalístico.
                        -¡No corras tanto, Menidov!¿De donde sacas todas estas conclusiones que a mi me parecen tan precipitadas como a ti las mías?¿De la tradición?¿Del sentido común? La tradición varía mucho cuando consideras diferentes tamaños de escala mostrando que no es un esquema fijo, sino que evoluciona.
                        -¡Claro! Evoluciona como la Ciencia! A base de acumular conocimiento, de ganar terreno a la ignorancia…
                        -Pero ¿Dónde se acumula este conocimiento?¿En una especie de registro “salvado”? Este conocimiento, amigo Menidov, forma parte de nosotros mismos, y evoluciona con nosotros. Es más, nuestros referentes, nosotros mismos, evolucionamos con ellos. El realismo ingenuo –que sostiene que cada vez estamos más cerca del conocimiento absoluto- no puede existir; es una entelequia falaz. Y todos los fundamentalismos, que ven el mundo construido a base de ladrillos, no son más que ráfagas fugaces de espejismos que duran poco.
                        -Esto es lo que no comparto, Zeitokovsky: ese poco valor que das a la Ciencia, que avanza eliminando falsedades y preservando lo que puede aguantar los embistes de la experimentación.
                        -Mira Menidov, lo que nos separa no es el método sino la creencia básica en una realidad externa, objetiva y aislada.
                        -¿Lo ves, Zeitokovsky? ¡Eres un deconstruccionista!¡Ahora me dirás que la ciencia no es más que un constructo humano!
                        -Si por constructo entiendes una realización, te diré al punto que sí. Si entiendes un montaje caprichoso que se mueve a voluntad personal te diré, también al punto, que es evidente que no.
                        -¿Pero es que acaso no ves, testarudo Zeitokovsky, que no puede existir más que una Física, aquí, en Papua Nueva Guinea, en Saturno ó en Andrómeda?
                        -¿Pero es que acaso no ves, testarudo Menidov, que solo estás enumerando lo que se nos aparecen como espacios muy distantes, y que el propio concepto de espacio es objeto de estudio de la Física y, como tal, varía con el tiempo ante nuestros ojos?

                        Las habituales discusiones entre los viejos amigos se habían ido agriando con los años. Probablemente ya eran demasiado viejos para las alegrías de la juventud pero no lo suficiente para la sabiduría de la senectud.

                        -Sí, esto lo veo, y esto forma parte de lo que antes me refería cuando hablaba de los avances objetivos que la Física ha realizado a lo largo de la historia.
                        -No tengo nada que objetar a eso. Pero fíjate que la Física, como otros campos de la ciencia, ha estado teñida en cada época con los mismos colores que las artes y el pensamiento. Eso la ha hecho básicamente humana e histórica. El modelo relativista y la termodinámica de Clausius, respectivamente, se parecen más al cubismo y a la música de Wagner que a la mecánica newtoniana.
                        -Pero la Física trata sobre realidades objetivas ¡mientras que el arte no! El conocimiento científico es acumulativo y tiene vigencia mientras no es falsado.
                        -No seré tan ingenuo de equiparar ambos tipos de conocimiento que de por sí tienen notables diferencias, pero tampoco separaré radicalmente ambas realizaciones, repito, humanas.
                        -Cuando no queden humanos los planetas seguirán obedeciendo las Leyes de la Física.
                        -Pero quizás en ese momento el Sol sea una gigante roja que englobe gran parte de sus planetas, y en su seno las leyes de la física serán diferentes de las que rigen ahora.
                        -¡Me refiero a otros planetas, listillo!
                        -Mira: hemos llegado a un punto muerto en nuestra discusión. Admitamos que hablamos de cosas diferentes, o mejor aún, que nuestras aserciones se basan en creencias diferentes.
                        -¿Creencias?¡La Ciencia no se basa en creencias!
                        -¡Pues claro que sí! El platonismo que exhibes cada vez que hablas de Leyes Universales Eternas es una creencia.
                        -Pero no puedes negar fácilmente ese principio…
                        -La Universalidad y la Eternidad son relativos…que a fuer de situarse en una zona estable del espacio-tiempo se nos aparecen como inmutables.
                        -Tu también debes, por tanto, sostenerte en una creencia…¿o eres tan sagaz que ni eso?
                        -Me sostengo en la creencia de que todo evoluciona, incluida nuestra mente, que atraviesa innumerables etapas de crecimiento que no terminan necesariamente en la del sentido común…
                        -O sea, que opones un heraclitismo a mi supuesto platonismo…
                        -Quizás lo oponga como método para amplificar mi horizonte pero acto seguido intento escalar una dimensión hasta que ambas creencias se solapen.
                        -¿Por qué disfrutas tanto intentando desmontar lo que es sólido?
                        -Disfruto imaginándome situaciones más amplias que las que estamos inmersos…
                        -Ya que me planteas tantos contraejemplos del mundo del arte: ¿Qué crees que pasará con la música de Bach cuando ya nadie la entienda?
                        -Pues ese –por otra parte funesto y esperemos que alejado- día la actualización de ese lenguaje ya no tendrá lugar y contemplaremos la música de Bach como un objeto histórico y no como una experiencia actual
                        -¿Cómo muchos de los intérpretes de música antigua nos quieren vender?

                        -Amigo Menidov: ¿Ves como ahora sí que me has entendido?

viernes, 21 de octubre de 2016

Algoritmos

                       
                 Acabo de leer el monstruosamente largo ensayo del conocido físico Roger Penrose La nueva mente del emperador (1989). La tesis de la obra, anunciada periódicamente a lo largo de la misma, es la constatación del carácter no algorítmico de la mente (humana), lo cual la distingue radicalmente de lo que usualmente entendemos por inteligencia artificial, que sí que en principio sigue instrucciones del tipo máquina de Turing. A lo largo de seis séptimas partes de la obra Penrose despliega complejas disquisiciones –supuestamente escritas para el gran público- alrededor de temas que, como físico y matemático distinguido que es, domina a la perfección: algoritmos y máquinas de Turing, física clásica y relativista, teselaciones, mecánica cuántica, termodinámica y fisiología cerebral. Algunas aproximaciones me han resultado particularmente interesantes (otras tremendamente aburridas). En la última séptima parte de la obra Penrose despliega brevemente su tesis, así como sus ideas sobre la creatividad y el mundo platónico de las ideas,…¡sin referencia significativa aparente hacia todo lo que ha explicado con anterioridad! Debo decir que estoy en un 85% de acuerdo con dichas tesis, pero mi ruta hacia ellas nada tiene que ver con la mecánica cuántica ni con otros modelos físicos. ¿Por qué Penrose acaba su obra invocando la esperanza de que la tesis pueda ser demostrada algún día desde el punto de vista de las ciencias naturales? Un punto de vista muy de los hombres de ciencia británicos. Pienso en los escritos “filosóficos” de Bohr, Heisenberg o Schrödinger. Estaban mucho más basados en la “sabiduría” de sus autores que en sus conocimientos científicos. Y, evidentemente, ninguno de ellos creía en el reduccionismo científico.

lunes, 17 de octubre de 2016

Revisiones


                     El mundo de la ciencia actual tiene el deber inexcusable de revisar sus principios epistemológicos, metodológicos y éticos. Aparte de unas pocas disciplinas que se nutren de una visión sistémica –algunas de las cuales, como la cosmología o la ecología se siguen percibiendo como “de poco impacto para el desarrollo social”-, la mayoría de las ciencias naturales reposan aún sobre un fondo analítico, cartesiano y reduccionista que impide su progreso y las hace servidoras de aquel “dominar la naturaleza” tan típico de la segunda revolución industrial. Actualmente el mundo de la ciencia está dominado –consciente o inconscientemente- por el modelo anglosajón, que refiere a una lógica, una racionalización cerrada que a menudo acaba en un argumento circular. Con esta ciega adopción de las racionalizaciones -que tan a menudo niegan la propia racionalidad- una parte de la ciencia se ha instituido como representante de la verdad absoluta, con capacidad para rehusar el incluir entre sus disciplinas gran variedad de actividades calificados como “pseudociencia”. No tengo problemas para incluir en esta categoría al psicoanálisis o al materialismo histórico –por la misma regla de incumplimiento de falsabilidad popperiana debería también incluirse aquí al darwinismo, afirmación hecha por el propio Popper-. Con lo que sí tengo grandes problemas es con excluir estas aproximaciones “no científicas” de la historia de las ideas grandes y fructíferas. La racionalidad cerrada puede abstraer y recurrir razones pero nunca crear nuevas visiones. Además y especialmente, el modelo de ciencia al que antes me refería rara vez se autoinspecciona para salir del insidioso realismo ingenuo en el que habita desde hace décadas. Supone tácitamente que el observador, separado del objeto, ocupa una posición inexpugnable de clarividencia suprema desde la que observa el mundo de forma pura y absoluta, en una especie de platonismo irreductible, y que esta posición –fuera de toda contingencia- se mantiene eternamente inmutable. Lo que nos lleva a los modelos de pura acumulación que consideran el conocimiento una masa sólida que se deglute hasta el final. Es por eso que todo un apóstol de este modelo como Bertrand Russell, convencido de que el mundo se comporta de forma aristotélica y que ninguna certeza se escapa a la lógica, fue siempre enemigo acérrimo de Kurt Gödel, quien demostró que hasta la aritmética resulta ser un sistema incompleto que se ha de apoyar ad infinitum en otros metasistemas. Y eso que fue el propio Russell quien actualizó la paradoja del cretense, verdadero agujero de la lógica aristotélica.


domingo, 11 de septiembre de 2016

Segundo orden


                        ¿Por qué tan raras veces los humanos nos preguntamos sobre el pensar? De hecho, buena parte de la humanidad rara vez ejecuta la acción de pensar en primer orden, o sea que la de segundo –el pensar sobre el pensar- nunca se la ha planteado. Con la evolución y la creciente complejidad del mundo cada vez se tiende a pensar más en cosas aparentemente externas pero cada vez menos en nuestra aprehensión del mundo, que se da por hecha. Por eso los nuevos burócratas nos quieren hacer creer (y una gran parte ellos efectivamente cree) que el estudio de la filosofía se hace menos y menos relevante de cara a la gestión del conocimiento. Sinceramente creo que todo ello es un espejismo fruto complejo de varios factores: la invasión de la postmodernidad, la crisis de la filosofía como tal -que necesita un fuerte revulsivo- y la involución general de la sociedad que se va infantilizando progresivamente. Precisamente en esta época de crisis y cambio absoluto de referentes es cuando debemos ampliar nuestro concepto de filosofía tal y como poco a poco lo vamos haciendo con el estudio de las ciencias naturales (aunque esto último lo perciba realmente muy poca gente ya que el grueso de la población vive mentalmente 100 años atrás). Lo que es terrible, limitante y social y políticamente muy peligroso es suponer que el conocimiento científico es absoluto y no precisa de pensamiento de segundo orden, con lo que la filosofía se vuelve objeto de lujo superfluo. Hasta hace cincuenta años la universidad representaba un corpus sólido de conocimiento que exponía los paradigmas firmemente establecidos. Cada vez más las facultades no exponen conocimientos generales sino técnicas y prácticas aisladas alrededor de ellos porque tiende de forma inconsciente a considerar que estos conocimientos generales son verdades absolutas intocables. Los cambios de paradigma (sistemas complejos, holismos, teoría del caos, sistemas disipativos, gravedad cuántica,…) que han aparecido en las ciencias naturales en los últimos cincuenta años apenas han entrado en los temarios de las facultades, que siguen aferradas a dogmas como el modelo darwiniano de evolución, el determinismo feno-genotípico y otros casos célebres resultado del pensamiento analítico no-sistémico. De la misma manera que algunos de los dualismos clásicos en la historia de la ciencia (determinismo/indeterminismo; onda/corpúsculo; continuo/discontinuo; azar/necesidad) se han disuelto en la más moderna ciencia como resultado de aplicar pensamiento de segundo orden, así la filosofía debería iniciar un pensamiento de tercer orden que pudiera superar la racionalización que busca hacer de la racionalidad la explicación última de todo. En repetidas ocasiones un científico tan prominente como Stephen Hawking ha demostrado una cerrazón mental que avergonzaría a la mayoría de los grandes físicos de la historia cuando ha declarado que la filosofía está muerta y que es la ciencia la que debe contestar todo tipo de preguntas. Tanto él como su colega y amigo Roger Penrose hablan de la evolución del conocimiento científico como el de una verdad absoluta que evapora en su camino toda traza de incertidumbre sobre el mundo hasta llegar a una situación final de conocimiento absoluto. El modelo del conocimiento como algo ajeno a la mente humana que tanto he puesto en tela de juicio en este blog, vaya. Les diría que el conocimiento, como el propio universo, tiene una curvatura que decrece ante nuestros ojos a medida que abarcamos más superficie, de manera que cuanto más exploramos más nos percatamos de que la esfera cuya superficie perseguimos se agranda. En el límite, la curvatura se hace nula solo cuando hemos explorado una superficie infinita...

miércoles, 3 de agosto de 2016

Patrones



                        Un hecho de nuestro entorno inmediato que llama mucho la atención es la aparente falta de consenso respecto a temas de ciencia básica por parte de los propios especialistas. Es normal que las avanzadillas muestren este tipo de incompatibilidades, que el paso del tiempo y la aplicación del “método científico” se encargan de filtrar. Pero el fenómeno es creciente e incluso en campos como la física cuántica o la astrofísica se dan corrientes paralelas incompatibles que no parecen ceder. Desde luego, la asunción de tipo platoniano sobre la unidescripcionalidad del universo cada vez se sostiene menos. Muchos físicos que siguen creyendo (como el 90 % de los científicos actuales) en tal platonismo –es una creencia inconsciente sobre la que raramente se han preguntado- se entregan a fondo desde hace años a la tarea  de hacer compatibles modelos de física fundamental que chirrían entre ellos desde hace casi un siglo. Al mismo tiempo se preguntan sobre el nivel fundamental: el “ladrillo” mínimo con que podemos construir toda nuestra realidad física, bien sea éste materia, energía, campo o partícula (el famoso bosón de Higgs). Tanto una actividad como la otra están bañadas de un exceso de descomposición analítica, que la ciencia ha practicado durante siglos pero que en estos momentos se ve ya obligada a ceder en pos de una sintetización, de un sistematismo. El ladrillo fundamental no tiene para esta visión el interés que suscita, pongamos por caso, la aparición de emergentes. Aunque suene un poco pretencioso, creo firmemente que lo que necesita una revisión a fondo es el concepto del “método científico” que sea capaz de abrazar la complejidad del pensamiento actual. La época de Galileo fue heroica y milagrosamente fructífera, pero nos hallamos muy lejos de ella. No hay mayor mentira que una verdad vieja; ello es válido en todos los ámbitos en que nos movamos. En vez de buscar el ladrillo fundamental lo que se hace del todo necesario es ascender por el camino espiral que hace que nuestras generalizaciones se conviertan en casos particulares de alguna generalización de mayor orden. O sea, la búsqueda de patrones universales más que de ladrillos universales.