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25 de julio de 2010

Un adiós


Hoy publicamos la última entrevista de la serie 'En las antípodas'. Han sido cerca de 50 entrevistas de los temas más dispares. He disfrutado mucho, pero también he sudado. A veces, por la dificultad de encontrar 'antípodas' que no fueran una variación de lo antes hecho; otras, por lo difícil de dar con esa persona tan absolutamente común y corriente que ni sale. Han sido más fáciles las más extrañas.
De todas ellas, destaco tres:

Una de las últimas, a Josetxu y Pablo. Una revelación. Dos jóvenes vascos, de 36 años, casi idénticos. De Josetxu me quedo con su fortaleza; de Pablo, con su humildad.

La de Yola, de 1,29, y Fred, 2,17. Un metro de diferencia. Pocas veces me he reído tanto. La foto es de Ignacio. Pasaron muchas cosas en esa entrevista. Falló el émepe 3 y tuvimos que regrabar. Fue de pánico, porque la primera conversación había sido tronchante y temía que no quedará nada de la espontaneidad del principio. Milagrosamente, Yola consiguió que todo fuera casi igual o acaso mejor.
Me costó una eternidad convencerla de que viniera a la entrevista. Tenía prejuicios. Creía que íbamos a hacer un espectáculo. Me puso una condición: Estar en igualdad con el gigantón. "Si él se sienta en una silla, yo también. Y no me voy a subir a una escalera para estar a su altura". De acuerdo.
Cuando llegamos al estudio, había una escalera, una que siempre está allí. Casi se da la vuelta camino del ascensor.
Ignacio sacó todas sus destrezas y conseguimos que se quedara. Ignacio le dice: "Ponte delante de él y ahora date la vuelta y mírale a la cara". Y ella: "¿Pero no te das cuenta de que me queda la cara a la altura de su bragueta?". Cuando se publicó, Yola me mandó un mensaje, que aún conservo, al móvil: "Enhorabuena. Me has llegado a emocionar con la entrevista. Un trabajo cojonudo. Gracias". Me llegó a las 15:14 del 26 de octubre de 2008.

Teresa y Jessica. Apareció una nota en Enlace. Decía que la amama y el aitite llevaban celebrando el aniversario de boda, como si fuera el último, desde los cuarenta y algo, y ya eran 65 años. De eso hace dos. Koldo, un compañero del periódico, me puso en contacto con la familia. Tuvimos que esperar porque Eugenio, el marido estaba pachucho. Nos fuimos a Elorrio. A Jessica llegué porque trabajaba en la empresa de mi hermana Mónica. La foto que hizo Ignacio era tan buena que el novio de Jessica, Óscar, cuando la vio, se dio cuenta de que tenía en casa a una modelo y movió todos los muebles para fotografiarla también él. La entrevista fue una de las más genuinas conversaciones sobre el amor a que nunca he asistido.

Todo esto no habría sido posible si Óscar Villasante no hubiera creído en la historia y si, después, Trigueros y Sergio no me hubieran respaldado.

Claro, necesité movilizar a algunas decenas de personas para dar con ese centenar que finalmente da la cara. A todos, muchas gracias.

La última:

En las antípodas

Lorena Fernández, por el libro electrónico, y Toti Martínez de Lezea, por el de papel

De papel y pantalla
Ambas son buenas lectoras y aman los libros

En la casa de Toti Martínez de Lezea habrá entre 12.000 y 13.000 libros -«todos leídos»-. Lorena Fernández, cuya identidad digital es 'Loretahur', trabaja en la biblioteca de la Universidad de Deusto, donde se atesoran miles de libros de papel, algunos de ellos incunables. Ambas reivindican los libros, ambas defenderían tanto los de papel como los digitales. La joven es informática y cuenta las características de los nuevos formatos. La escritora prefiere el tacto del papel y el olor de la tinta.
-¿A leer se aprende?
-Toti Martínez de Lezea: Sí, hay que habituarse. Es una costumbre. Cuanto más se lee, más se quiere... leer.
-¿Y se puede enseñar?
-Lorena Fernández: Es una cuestión muy habitual. Si el chaval no tiene en casa los libros, es difícil.
-Toti: Pero aún lo tiene fácil, por los estudios, porque estará entre libros, coincidirá con gente que lee... Una persona adulta que no se ha acostumbrado de joven lo tiene muy difícil. Sin embargo, hay casos de personas mayores que han encontrado en la lectura un sustituto de esta terrible televisión y de la pérdida de tiempo. Y han encontrado mundos nuevos, otras vidas y costumbres, amores, odios, sensaciones...
-¿A usted qué le gusta?
-Toti: Yo leo ensayo histórico, o sea que me encuentro la historia del mundo. Tú también tienes que contestar, ¿eh?
-¿Disfruta con la lectura?
-Lorena: Mucho.
-¿Disfruta entre libros?
-Lorena: También. Estoy rodeada de ellos y disfruto al pensar que tengo tanto a mi alcance y que puedo acceder tan fácilmente a ello. Luego ya, cuando engancho el libro, disfruto de la lectura.
-Se puede vivir entre libros sin considerarlos tesoros, ¿no?
-Lorena: Una parte muy importante es lo que ves en casa. Si no has convivido con ello, es muy poco probable que luego adquieras esa afición por los libros.
-Toti: Yo me he encontrado con dependientes de librerías de grandes superficies que venden libros como quien vende otro género. No es aquel librero antiguo que leía y recomendaba. Eso se ha acabado. Hemos pasado del mimo a que el libro sea un objeto más.
-¿Cuántos volúmenes tendrán?
-Toti: Unos 12.000 o 13.000. Están todos leídos. Mi marido y yo no compartimos gustos literarios.
-¿Recuerda aquella película de Woody Allen en la que se pregunta cómo saber cuáles son los libros de cada cual si se separan? Y contesta: «Muy fácil, los tuyos sobre la muerte; los míos, de psicoanálisis».
-Toti: En ese caso, los de Alberto son los de filosofía y naturaleza y los míos, ensayos históricos y novela.
-Lorena: Ahora que he hecho la mudanza, calculo que tendré, en formato físico, unos 200.
-¿Compra?
-Lorena: Compro, me regalan y regalo.
-¿Y en formato digital?
-Lorena: Una cantidad ingente, pero eso no cuenta... Estoy leyendo un libro de Rifkin, 'La era del acceso', que habla del acceso versus la posesión. Habla del ocio cultural y de la tendencia en todo de optar por el acceso y la experiencia frente al anterior deseo de poseer, del coleccionismo... Para mí, tener una cantidad ingente de libros electrónicos en mi pecé no es posesión porque si un día los pierdo, no pasa nada, podré llegar a ellos de alguna manera. No es lo mismo que perder un libro físico, que tenga una dedicatoria y una historia por detrás.
-¿Son bonitos los libros de papel?
-Toti: Una vez que estás leyendo, si está bien encuadernado o no, te importa un bledo. Pero la primera atracción es el objeto. En un libro bien publicado se ve el respeto hacia el autor y su trabajo. Es un placer verlo, tocarlo, olerlo... Me gustan tanto los libros que difícilmente me acostumbraré a los e-book, aunque eso no quiere decir que no los vaya a utilizar. Las mujeres somos personas prácticas y, para una editora que debe leerse cien originales, puede ser muy práctico llevarlo en el bolso. Como lectores nos acostumbraremos también a esto.
-¿Se encontrará ese mismo placer?
-Lorena: Yo no creo que sea elegir uno prescindiendo de otro. Se puede tener un libro con unas grandes ilustraciones pero prefiero uno de bolsillo para meterlo en el bolso. Y todavía estamos con el papel. Un reproche al e-book es que en el metro ya no puedes ver el título de lo que lee el de enfrente. Sin embargo, en redes sociales especializadas en la lectura se puede saber lo que está leyendo cada cual.
-Toti: Es cosa de edades. Nuestros nietos son capaces de enviar mensajes a toda velocidad y a mí se me hace eterno. El e-book es el futuro y los pequeños se habrán acostumbrado a ello. Porque tiene sus ventajas: se puede agrandar la letra, echar para adelante, para atrás, hacer una anotación... Me gusta el sonido de pasar las hojas.
Lo mercantil
-¿Es futuro o presente?
-Lorena: Futuro, pero porque en la cadena de valor del libro no se ha hecho una apuesta fuerte. El precio del libro electrónico viene decidido por el precio de la última edición del libro de papel. Y mantiene la cadena de valor: editorial, librería&hellip
-Toti: Está la parte mercantil y, por otra, los autores. Con esos precios, ¿de qué van a vivir los autores? Si el autor cobra el 10% del precio sin IVA, se debe fiar de lo que el editor dice haber vendido. Desde el punto de vista económico, quien más perderá será el autor. Aunque quizá se dan facilidades para la publicación y para que pequeños autores se den a conocer.
-Lorena: Se están reproduciendo los mismos fallos que con la música. El mundo del libro ha visto lo que venía porque sus problemas los ha sufrido antes los discos, pero no han aprendido y están cometiendo los mismos errores.
-Toti: El músico puede dar un concierto pero, ¿el autor? ¡Como no dé una conferencia!
-Lorena: Yo me refiero a la industria.
-Toti: A mí ya me han pirateado obras, y dos de ellas, además, en formato de voz.
-Lorena: Yo lo que he visto es que la gente antes se descargaba música, mucha más de la que podría escuchar en su vida, y ahora han salido plataformas en las que te conectas a Internet y tienes todo el repositorio de música y se escucha sin bajarse nada.
-Toti: Pero lo tienes que escuchar en el ordenador, no en la cocina.
-Lorena: Pero la ubicuidad de Internet va a ser total.

Publicado en El Correo.

La foto es de L. A. G.

16 de julio de 2010

¿Quién quiere fiesta?


En las antípodas
Álex Oviedo, huye de las fiestas, y Marino Montero, salsero

Ritual o rebeldía
Los sanfermines son el paradigma de la fiesta. Hay quien se sumerge y quien prefiere poner tierra por medio

La Coruña es un destino apacible, más aún si se compara con el Bilbao ruidoso y bullanguero de la semana de fiestas. Álex Oviedo, periodista y escritor, suele hacer la maleta y huir en agosto a ese destino del noroeste de la península. Este año no puede; tiene trabajo y debe sacarlo para septiembre. Marino Montero, más que una persona dispuesta al jolgorio, es casi un inventor de la fiesta, al menos de la Semana Grande bilbaína, en cuyo germen participó activamente.
-¿Cuál es su profesión?
-Marino Montero: En mi tarjeta pone relaciones públicas, pero me habría gustado que pusiera 'salsero'. Sobre todo, porque a los relaciones públicas de hostelería se les identifica con ése que está en las discotecas. Mi trabajo es más de organizar fiestas y actividades socioculturales.
-¿A qué comparsa pertenece?
-Marino: He pasado por muchas. Estuve en 'Bizizaleak', en 'Pinpilinpauxa' y ahora en 'Tintigorri', por la peña taurina.
-Y se va a sanfermines.
-Marino: Sí, claro. Es la madre de las fiestas. Estuve en la comisión del 78, la de los fundadores de las fiestas de Bilbao. Nos documentamos de las tradiciones bilbaínas, el costumbrismo. Nos leímos todo lo que encontramos en las bibliotecas, dimos con la figura de la txupinera, pero el esquema es de los sanfermines. Una fiesta abierta, en la calle, participativa. Aunque nos dan sopas con honda.
-¿Qué?
-Marino: Que nos superan. Ellos tienen actividades por la mañana, el aperitivo, los pasacalles de gigantes y cabezudos. Han acertado en la ropa identificativa. Nosotros lo hemos intentado con el pañuelo y todavía hay dificultades. Mucha gente no se lo pone. En Pamplona, todos de blanco y rojo, porque forma parte de la fiesta.
-Algo tendrá Bilbao.
-Marino: La noche. Ahí sí les hemos superado.
-Álex Oviedo: La mañana en sanfermines es brutal. Hay muchas más actividades y son más participativas.
-Marino: Sí, te los encuentras desde muy temprano por la mañana. Van de blanco y van impolutos.
-Álex: En Bilbao, la mañana está como muerta. La gente ha vivido la noche y desaparece.
-Marino: Aquí se hacen actividades en los hoteles.
-Álex: En ese sentido se ha mejorado bastante.
-Marino: Pero nos cuesta. No creo que se trate de hacer más actividades, sino de que no hay ese espíritu de disfrutar de la fiesta de día.
-Desde el punto de vista literario, la fiesta es un buen argumento.
-Álex: Sin duda. Yo no niego la fiesta ni su trascendencia de unir a la gente, de eliminar esa seriedad que tenemos a la hora de relacionarnos. Yo he estado en las fiestas, me las he pateado por la noche y la mañana. Hablamos de Pamplona y pensamos en Hemingway, el ejemplo de escritor que se lanzaba a todo. En algunas de las cosas que he escrito se plantea ese momento de perdición, de descontrol personal, que me disgusta
-¿Cómo?
-Álex: Ese momento en que te desinhibes de todo. La fiesta va muy unida al alcohol&hellip
-Marino: No necesariamente. Estamos constreñidos, la fiesta es una liberación. Nos cuesta pensar que nos vamos de fiesta y ya está, por eso se necesitan estimulantes, pero otra cosa es hasta dónde&hellip
-Álex: He conocido otras, en Galicia, en La Rioja, que tienen tela. Pero donde más fluye el alcohol es en las fiestas de toda Euskadi. En magdalenas en Elantxobe, ni te cuento. Estuve dos años y era bárbaro. A las ocho de la mañana la gente ya estaba soplando. En Galicia hay alcohol, pero es más gastronómico.
-Marino: El problema del alcohol no es de la fiesta, sino de cada fin de semana.
-Álex: Parece nuestra forma de entenderlo.
-Marino: Yo de jovencito bebía, pero no como se bebe ahora. Salen a beber. La excusa es la fiesta, pero podría ser cualquier otra.
-Álex: En Pamplona, sucede lo mismo. Llega gente de fuera con la idea de beber.
-Marino: Vienen los australianos, porque allí no pueden consumir hasta los veintitantos.
-¿Veinticuántos?
-Marino: Veintimuchos. Y aquí se desmadran.
-Álex: Son un problema. Van a eso.
-Marino: Se ha creado una cultura rarita; ya no se sale a divertirse, sino a beber.
-Álex: Como periodista, me tocó dos años cubrir las fiestas de Bilbao. Hacía la noche, pero, sobre todo, las mañanas: vaquillas, gigantes y cabezudos, el bacalao al pilpil&hellip Entonces, la fiesta era el Casco Viejo. Ahora está extendida. Salía a las ocho de la mañana y alucinaba. Estaba todo hecho una mierda. ¡La peña, con unas papas! Olía a meados, vino rancio y vomitonas&hellip Hay que darles un voto a los del servicio de limpieza. Si esto son las fiestas de Bilbao, apaga y vámonos.
Sentido y tradición
-Marino: Pero cada vez hay más gente que lo entiende de otra forma. La fiesta nos ayuda a aguantar. En 'El principito', el zorro explica la importancia de los ritos. Dice: «Si los granjeros no bailasen los jueves, yo no sabría cuándo cazar gallinas». La fiesta nos da ese punto de inflexión. Una sociedad que pierde la fiesta pierde su sentido.
-Álex: Yo también tengo espíritu festivo, pero no lo concibo institucionalizado. Todo el mundo debe participar, o no. Quizá me apetezca celebrarlo mañana.
-Marino: El ritual es importante. Otra cosa es forzarlo.
-Álex: Mi problema era que los colegas decían: 'hay que hacer tal porque hoy es tal'. Pero, ¿por qué? Me molesta tener que hacer lo que hace el grupo.
-Parece tener más que ver con la cuadrilla que con la fiesta.
-Álex: Sí. La fiesta tiene unas fechas y ahí se mueve. Eso es lo que no me gusta.
-Marino: Pero debe ser así, debe tener un esquema y un ritual.
-¿Un principio y un final?
-Marino: Sí, estar enraizada.
-Álex: ¿Quién marca la tradición?
-Marino: Menéndez Pidal decía que tradición es lo que sobrevive a las variantes, lo que se adapta. En algún momento se inventan. El rollo es si se acepta. Marijaia es un símbolo aceptado. Cuando la concebimos, sólo era una sorpresa o regalo para la bajada. Además, se quemaba, pero enganchó tanto que se ha convertido en un símbolo.
-Usted, Marino, a sanfermines esta semana. Y Álex, ¿su semana grande?
-Álex: Este año, me quedo. Tengo un trabajo que entregar.

Publicado en El Correo.
La foto es de M. B.

20 de junio de 2010

Entre raíles y nubes


En las antípodas
Ángel Cáceres, ferroviario, y Gonzalo Pastor, aficionado a pilotar


Entre raíles y nubes


Ambos disfrutan con el movimiento. A Gonzalo Pastor, piloto aficionado, le gusta ver el terreno deslizarse como una alfombra. Desde 2006, es vicepresidente del Real Aeroclub de Vizcaya, cuyas instalaciones están en el aeropuerto de Loiu. Ángel Cáceres siente pasión por los trenes, le encantan los largos viajes y su afición es tal, que ha acabado por trabajar como ferroviario en Renfe.
-Entonces, no le gusta el termino 'trenero'.
-Ángel Cáceres: No, yo soy ferroviario y aficionado a los grandes viajes en tren. Ninguna de las dos cosas implica la otra. Es como ver el bar desde dentro o fuera de la barra. Éste ha sido tradicionalmente un mundo cerrado con mucha rivalidad y la afición al ferrocarril no está socialmente reconocida. Parece que somos gente inmadura aferrada a los trenes en miniatura. No es mi caso.
-¿A usted qué le gusta?
-Ángel:Viajar en trenes, fotografiarlos, estudiar sus sistemas.
-¿De la afición a la profesión?
-Ángel: Pero no soy la norma, sino la excepción. La mayoría de los ferroviarios lo son por raigambre familiar o porque querían un trabajo seguro. A algunos les gusta el tren, pero no a la mayoría.
-¿Se ha puesto alguna vez al mando de un tren?
-Ángel: No, no soy maquinista.
-¿Usted pilota?
-Gonzalo Pastor: Aprendí en el Real Aeroclub de Vizcaya. El 1979 saqué la licencia de piloto privado, pero quería algo más y me fui a Estado Unidos. En Texas estudié piloto comercial, motores&hellip Al volver, en 1981 había una crisis como la de ahora. Entre las convalidaciones y las dificultades para entrar en una compañía&hellip Me tenía que poner a trabajar y dejé la profesión de piloto. Ahora, en lugar de volar para trabajar, trabajo para volar.
-¿Su primer largo viaje en tren?
-Ángel: En 1990 de Madrid a Moscú, con parada en París. Unas 60 horas de tren.
-60 horas. ¿Se llevan la comida?
-Ángel: Había coche restaurante, pero nos podíamos llevar la comida, no la tarterita, pero sí unos bocatas. En los coches-cama rusos, con asistente también ruso, de cortesía daban café y té.
-¿Y vodka o caviar?
-Ángel: Eso en los hoteles.
-¿Fueron del tirón?
-Ángel: No, paramos en Bruselas. Íbamos con coches rusos y coches normales.
-¿Qué diferencia hay?
-Ángel:Los rusos, como los trenes españoles, no tienen el mismo ancho que en Europa. Entonces se les cambia el bogie.
-¿El qué?
-Ángel: Bogie, el rodaje para el cambio de ancho.
-Al llegar a Moscú, ¿se volvió?
-Ángel: Visitamos la ciudad, fuimos a San Petersburgo, a Riga. Otras 160 horas de tren.
-Unos siete días enteros. ¿Qué hacían?, ¿jugar a la brisca?
-Ángel: Los viajes de noche permiten dormir. Era un viaje para pernoctar en el tren.
-¿En el avión también se duerme?
-Gonzalo: La aviación ha evolucionado mucho. Y para dormir bien en un avión hay que ir en primera. En turista, como van acortando las filas para meter más pasajeros, se va un poco encogido.
-Ahora no lo quiere reconocer pero, cuando concertamos esta entrevista, me dijo que él se dormía en los vuelos.
-Gonzalo: Por trabajo me toca viajar mucho: Alemania, Suecia, Estados Unidos... Llega un momento en que el los vuelos me duermo, a menos que haya superturbulencias. Hay aviones que parece que te acunan y me duermo.
-¿La primera vez que se puso al mando de un avión?
-Gonzalo: Fue con un instructor. Se les llama vuelos de acomodación. Son para saber si se reúnen condiciones. Un instructor me sacó a volar hasta Bermeo. Allí me hizo un invertido, poner el avión boca abajo. Todo se caía, los lápices y los libros. Me preguntó si estaba bien, y sí. Al volver, a la altura de Mungia o Gernika, me dijo que cogiera los mandos del avión.
-¿Pero sabía?
-Gonzalo: Yo había visto lo que hacía. Al principio, la pista es pequeñita, estrechita y a medida que te vas acercando, se hace mayor. Yo veía las lechugas, las ovejas, los árboles. El instructor se llamaba Gabriel. Le tengo mucho cariño, pero ya le dije que cogiera él los mandos porque yo&hellip El avión era una Morane.
-Pequeño.
-Gonzalo: Claro, yo hago una diferenciación entre coger un jumbo para ir a China o uno de estos. Ahí está el glamour, en elegir la ruta que uno quiera y hacerla.
-Ángel: O un tren de una línea centenaria o uno de larga duración.
«No se ven las miserias»
-¿Qué distancia habrá hecho?
-Ángel: Unos 30.000 kilómetros por viaje y de esos he hecho tres.
-Siempre en Europa.
-Gonzalo: Pero no descarto hacer rutas en América. Los largos viajes son para disfrutar, hablar con la gente, enlazar. Me gusta ver los paisajes, ver cómo cambian; no tener que coger un hotel, ver la evolución del tren.
-¿A qué altura vuelan?
-Gonzalo: Lo mínimo, mil pies, unos 300 metros, en zonas pobladas. Hay normativas del espacio aéreo, que regulan el tráfico. Y el límite del oxígeno son los 14.000 pies, unos 4.000 metros.
-¿Por qué vuela?
-Gonzalo: Por pilotar la máquina y por el gusto de sobrevolar zonas. Desde el aire no se notan las miserias, se disipan, todo se ve distinto, es más uniforme, más tranquilo. No se siente estrés, ni bullicio, ni los atascos. Sólo paz y el terreno es una alfombra y pasan los montes, los lagos, los bosques. Se ve el ascenso a la meseta, las tonalidades del terreno. A veces, te coges unos amigos y te vas a comer a Asturias.
-Ángel: ¿A tomar una sidrita?
-Gonzalo: El piloto no puede beber, ni siquiera antes. Es 0,0.
-¿Se puede aterrizar en cualquier sitio?
-Gonzalo: En una emergencia, sí, en una campa o carretera.
-¿Cuántas horas de vuelo tiene?
-Gonzalo: Unas 600. Para un aficionado está bien. Antes, con la mitad se podía entrar en algunas compañías.
-Una cosa: ¿Para qué se ponen bolas en los tendidos eléctricos?
-Gonzalo: Para que los vea quien vuela, sobre todo helicópteros.

Publicado en El Correo.
La foto es de L. A. G.

7 de junio de 2010

Cuando ser periodista merece la pena


Quiero hacer una introducción a esta entrevista. Se me ocurrió viendo en la tele a un joven Down, muy atractivo (moderno, con patillas, un tipo elegante) que entrevistaba a escolares con el síndrome. Sentí una envidia total. Yo también quiero, me dije. No nos costó nada dar con Josetxu Pagaegi.
Para mí ha sido una revelación. Los padres de Josetxu tienen coraje, y se ve en cómo lo han educado. Ya me gustaría a mí que muchos jóvenes tuvieran los arrestos que Josetxu demostró en la entrevista. Bien educado, responsable, detalloso, como él dice... Y también me gustaría que otros tuvieran la humildad de Pablo.
Una confesión: cuando Josetxu dice que se siente orgulloso de tener el síndrome de Down y que eso no le frena, me emocioné. Merece la pena ser periodista.

En las antípodas

Josetxu Pagaegi Aulestiarte y Pablo Allende Enciondo

El orgullo de ser como se es

Son jóvenes de su tiempo. Josetxu Pagaegi Aulestiarte tiene 36 años, fabrica piezas de automoción, vive en el caserío familiar entre semana, pero los fines de semana los pasa en un apartamento de su propiedad en Markina. Pablo Allende Enciondo tiene 35, es arquitecto y convive en pareja. Josetxu tiene muchas cosas que contar y quiere hacerlo; Pablo es menos hablador.

-Ya está grabando. Es tan pequeñito el aparato porque es un ‘emepé tres’. Usted, Josetxu, ¿tiene de eso?

-Josetxu Pagaegi:Tengo ‘emepé cuatro’. Sirve para vídeo, canciones…

-¿Qué música le gusta?

-Josetxu:La vasca, Oskorri, Mikel Laboa… La de Oskorri que más me gusta es ‘Gora ta gora beti…’.

-Claro, usted habla euskera.

-Josetxu:Bai.

-Trabaja fabricando piezas de…

-Josetxu:Automoción. Tenemos varios clientes: Audi, Ford…

-Pablo Allende:Yo trabajo en un estudio de arquitectura por las mañana. Hacemos viviendas. En Markina, por ejemplo, hicimos el edificio para la tercera edad, quizá lo conozcas.

-Josetxu:¿El asilo? Sí, claro.

-¿Usted tiene coche? Quizá Josetxu haya fabricado alguna de sus piezas.

-Pablo:Yo no, pero mi madre sí tiene un Audi.

-Josetxu:Empiezo a las 8, menos los viernes, que entro media hora más tarde. En el descanso, me saco un café con leche de la máquina. Seguimos hasta la una y cinco para la comida.

-¿Come en casa?

-Josetxu:No, no, no, no. Desde pequeño aprendí a comer fuera. Luego, trabajamos hasta las cinco y cinco de la tarde. Tenemos transporte a casa. Espero a que no haya coches, entonces, cruzo la carretera y ya estoy en el caserío.

-O sea que madruga mucho.

-Josetxu:Sí, oigo las noticias de Radio Euskadi y salgo.

-Pablo:Yo trabajo de nueve a una y media. Por la tarde, el horario es más libre.

-¿Cocina?

-Pablo:Sí. Hoy he comido vainas con champiñones y pescadilla.

-Josetxu:A veces, hago de amo de casa. Vivo con mis padres, pero en Markina tengo otro piso, mío. Los viernes, cuando salgo del taller, voy a una escuela particular…

-¿Qué aprende?

-Josetxu:El control del dinero, su valor, mejoro la letra, las mayúsculas…

-¿Se queda solo en Markina?

-Josetxu:Me llevo pasta o lo que haya del caserío. Tengo microondas y me la caliento para comer. Hago café. También pongo la lavadora con la ropa interior, las sábanas… Hago vida independiente de viernes a domingo, que me retiro a casa.

-¿Cómo se entretiene?

-Josetxu:Hay una serie vasca que me gusta un montón, ‘Goenkale’. Pero antes veo las noticias en ETB 1.

-Pablo:Yo los fines de semana procuro descansar y estar con los amigos.

-¿Tienen novia? Perdón, lo correcto es preguntar por la pareja. ¿Tienen pareja?

-Pablo:Sí, tengo pareja.

-Josetxu:Pablo, te lo digo con mi sentimiento más profundo: ¡Enhorabuena! Yo de pareja, cero. Te felicito y ojalá sigas.

-¿Por qué le gustaría tener pareja?

-Josetxu:Yo tengo aguante. He visto muchos follones, bronca tras bronca. Yo mismo me dije que en el taller no me iba a enrollar con ninguna. Las monitoras suelen estar atentas a los movimientos que se hacen, porque empiezan a coquetear y para que haya serenidad llaman la atención. Por eso prefiero que no sea del taller.

-Pablo:Yo nunca he trabajado con la pareja. Es bueno que cada cual tenga su espacio, porque se llevan los rollos del trabajo a casa y al revés.

-Josetxu:Yo quiero comentar lo que hago con mi propia vida. Tenemos un local que se llama ‘Izarbidea’. Ahí nos juntamos los domingos para hacer manualidades y las vendemos en la feria del octubre de Markina. Además, hacemos equinoterapia: limpiamos las cuadras, a los caballos, los montamos. También aprendemos a bailar.

-¿Qué le gusta más?

-Josetxu:En suelto, trikitixa, y en agarrado, vals, tango…

-Pablo:Yo hago teatro en una compañía, ‘Malabrigo’, y estoy aprendiendo en otra, ‘Gaitzerdi’.

-Josetxu:Una vez hice de figurante en ‘Goenkale’ y dije una frase.

-Pablo:Has salido en la tele. Yo no he llegado todavía.

-¿Ha tenido novia?

-Josetxu:He tenido pero, cuando intervienen unos y otros, hay líos.

-¿Era Down, como usted?

-Josetxu:No. Una cosa, ahora que sale esto… Yo me siento orgulloso y contento y dejo un mensaje bien claro, que se quede grabado: ¡Tengo el síndrome de Down y estoy contento de serlo! ¡Aquí, en Bilbao, y en Euskadi, hay muchos más y a esos les digo que no se echen para atrás, que sepan quiénes somos y que podemos ir a todos los lados!

-Pablo:Nunca había oído eso. ¡Lo dice tan convencido!

-Ha tenido novia entonces.

-Josetxu:Sí, de todo, pero luego ha habido problemas con las familias de la otra parte.

-¿Era feliz?

-Josetxu:Lo he sido y lo soy, por la compañía, por el contacto, por las caricias, que se hacen con el sentimiento y con el amor hacia esa persona.

-También se sufre.

-Pablo:Sí, pero compensa. A veces, necesitamos estar con alguien para estar bien, y nos cuesta mucho estar bien solos. Debería ser al revés, estar bien solos y si, además, estás con alguien, se multiplica. La pareja da protección, te sientes acompañado los domingos por la tarde…

-Josetxu:Le invitas a un trago…

-¿Bebe?

-Josetxu:Bebo, pero alcohol, cero.

-¿Ha bebido o fumado alguna vez?

-Josetxu:Nunca.

-Pablo:Yo tampoco, aunque sí bebo alcohol.

-¿Qué le traería una pareja?

-Josetxu:Libertad, que es algo que se siente muy dentro.

-Pablo:Pero parece que cuando se tiene pareja se limita la independencia… Son contradicciones.

-Josetxu:Conoces otra familia, otras cosas…

-Pablo:Cada pareja te abre a otras aficiones. También ayuda a descubrir los defectos, porque con los amigos se es más permisivo.

-¿Tienen manías?

-Pablo:A veces me dan ataques de limpieza.

-Josetxu:Yo, ninguna. Siempre he sido muy ordenado, desde pequeño, y detalloso. Si tengo detalles con las personas, estoy contento.

-¿Cómo son las relaciones con los compañeros de trabajo?

-Pablo:Buenas. A veces hay algún lío, pero como personas nos llevamos muy bien.

-¿Todos los que trabajan en el taller tienen síndrome de Down?

-Josetxu:Dos chicas, uno de Ondarroa y yo; el resto, normales.

-Usted también es normal, ¿no?

-Josetxu:Sí. Eso es lo que me enseñaron de pequeño.

-Pablo:Nosotros somos pocos, siete. Lo que no sé es si somos normales, porque cuanta más gente conozco… Somos todos muy raros. La normalidad es una cosa muy anormal.


Publicado en El Correo, 06/06/2010.
La foto es de Maite Bartolomé

18 de abril de 2010

Antídotos contra el racismo


En las antípodas

Lucía Velasco, paya, y María Pilar 'Baby' García, gitana


Antídotos contra el racismo


«Somos 4 hermanas y yo soy la del medio». Dicho así, como lo cuenta María Pilar García 'Baby', parece una paradoja matemática, pero no: «Las dos mayores son gemelas y yo nací después». Lucía Velasco también es la segunda. Tiene un hermano. Lucía es paya; 'Baby', gitana.
-Tanto su padre como su madre son gitanos.
-María Pilar García: Mi madre, no, pero se la considera como tal. Después de tantos años&hellip
-¿Por qué la llaman 'Baby'?
-'Baby': Esperaban un niño y cuando nací yo, no sabían qué nombre ponerme.
-¿Tienen pareja?
-Lucía: Sí, y convivimos desde hace unos meses.
-'Baby': Yo me he comprometido hace dos.
-Comprometidos. ¿Es gitano?
-'Baby': Sí y está estudiando también. Hace un ciclo superior de animación sociocultural.
-Hablemos de padrinos.
-'Baby': El mío es mi abuelo y mi madrina, mi tía Pilar.
-¿La cuidan?
-'Baby': Mi abuelo es mayor; lo cuido yo. Pero sí me hacen regalos.
-Lucía: Mi madrina está mayor. Vive fuera. También mi abuelo era mi padrino.
-¿Qué costumbre es esa de que la madrina corta las uñas?
-'Baby': Es una tradición muy antigua. Si la primera vez que se le cortan las uñas al bebé se hace detrás de una puerta, saldrá con un don: cantante, guitarrista...
-¿A usted se las cortaron?
-'Baby': No.
-Vaya, la han privado de un don.
-'Baby': Ya lo tengo, lo tengo de cabeza. No hace falta ser famosa.
-¿Qué son sus padres?
-Lucía: El mío, ingeniero de minas; mi madre trabaja en la Facultad de Bellas Artes.
-'Baby': Los míos son trabajadores sociales.
-¿Han tenido un ambiente cultural en su familia?
-Ambas: Sí.
-'Baby': De mi cultura, he tenido lo de bailar flamenco. Me encanta leer. El primer libro que recuerdo es 'Las aventuras de Tom Sawyer'.
-Lucía: A mí no me ha dado por la literatura.
-'Baby': Y de cine, 'En busca del valle encantado'.
-Lucía: La mía fue 'Dumbo', y lloré.
-¿Fueron a la escuela pública o a la privada?
-'Baby': Siempre a la pública.
-¿Había gitanos?
-'Baby': Ahora en mi grupo soy la única, y en toda la Universidad de Deusto, también.
-¿Desde cuándo es así?
-'Baby': Desde los 14 años soy la única.
-Lucía: Que yo sepa, nunca he coincidido con gitanos en clase. Me parece supervaliente ser la única en Deusto.
-'Baby': Tampoco soy una extraterrestre. No me siento única. Sé que tengo mérito, pero no me siento apartada.
-¿Se ha sentido alguna vez discriminada?
-'Baby': Sí. En cuarto de ESO y una compañera comentó que había visto a una chica con ropa 'muy gitana'. Nunca había oído eso. Ella asociaba la palabra a algo sucio y desagradable de ver. Me enfadé mucho, discutimos y me marché de clase. Se disculpó, pero tenía tan asumida esa palabra en su vocabulario que no se daba cuenta de que era una discriminación hacia la cultura gitana.
-Lucía: No quiero herirte, pero la palabra tiene ese significado.
-'Baby': Los profesores, desde que estoy en la universidad, me utilizan como un recurso en la clase para acercar la cultura gitana.
-Lucía, ¿usted se ha sorprendido a sí misma en alguna actitud discriminatoria?
-Lucía: Sí. No te sientas mal, pero trabajé en una farmacia en Santurtzi, cerca de un barrio de casas protegidas en las que vivía la comunidad gitana. Yo no podía&hellip En cuanto entraban en la tienda, me ponía alerta. Con el tiempo se va distinguiendo.
-¿Cómo se sentía?
-Lucía: Yo creía que no era racista. No es algo de lo que esté orgullosa, pero es real. En la farmacia las liaban pardas: traían a los bebés sucios, sin darles la medicación&hellip
«Me casaré por prestigio»
-¿Cómo son sus familias?
-Lucía: La nuestra es muy vasca. Todo lo celebramos con comidas.
-'Baby': Nosotros somos como unos 300 y, como hemos crecido, llegaremos a 400.
-Lucía: Nosotros, unos cuarenta o así. ¿Y os conocéis todos?
-'Baby': Sí.
-¿Sus padres les han controlado la ropa o las salidas?
-Lucía: La ropa, no, pero sí han velado por mi seguridad. Siempre han tenido interés en saber con quién salía. Y en la edad del pavo hemos tenido trifulcas en los probadores de las tiendas.
-'Baby': Con la ropa, no. Me gusta lo que le gusta a mi madre. Yo no he salido de fiesta. Como salgo con mi novio, para la una de la madrugada ya estamos de vuelta. Los fines de semana se viene a dormir a casa o me voy a la suya.
-¡Quiere decir que duermen juntos!
-'Baby': No, en la misma casa pero no en la misma habitación.
-Lucía:¿Tienes hora para volver? Yo he tenido bastante libertad.
-'Baby': Somos una pareja joven y estamos pedidos. Hay riesgos que la familia no está dispuesta a asumir.
-¿Cómo han acogido en su familia la convivencia sin boda?
-Lucía: No es lo que hubieran querido para mí, pero lo conocen y lo quieren. Les habría gustado que me casara. Y me casaré.
-'Baby':¿De qué religión sois?
-Lucía: De la católica.
-'Baby': Yo también voy al culto.
-¿A cuál?
-'Baby': La iglesia evangélica, pero le decimos el culto. Es casi todos los días. No puedo ir siempre porque estoy estudiando, pero en verano&hellip Nosotros haremos la boda.
-¿Usted llegará virgen y harán el rito del pañuelo?
-'Baby': Sí. Es una tradición. Nos han enseñado que la cultura se mantiene a través de las tradiciones. Yo me casaré por prestigio. El pañuelo es la honra de la familia, significa que las mujeres son buenas mujeres.
-Díganos, ¿el novio también garantiza que será virgen?
-'Baby': No. La que debe ser virgen es la mujer.
-¿Lo han hablado?
-'Baby': No. No ha salido el tema.
-¿Tendrán hijos?
-Ambas: Sí.
-¿Qué pasaría si le impusieran un familiar o un vecino gitano?
-Lucía: Me daría miedo, pero intentaría conocerlo y ver si es buena persona, que es de lo que se trata.
-'Baby': ¿Mentiría por conseguir un empleo?
-'Baby': Yo soy gitana. Si me quieres aceptar, me aceptas.
La foto es de Bernardo Corral.
Publicado en El Correo, 18/04/10.

5 de abril de 2010

Oficinas con grandes vistas



En las antípodas
Eusebio Mendizábal, capitán de barco, y Josu Zautua, copiloto
Oficinas con grandes vistas

Cuando Josu Zautua nació, en 1971, Eusebio Mendizábal acababa los estudios en la escuela de Náutica de Portugalete y embarcaba por primera vez. Tardó dos años y medio en volver a casa. Su padre había sido marino y las largas ausencias le eran familiares. También el padre de Josu trabaja en los barcos. Él prefirió pilotar los cielos. Ya suma 5.600 horas de vuelo. Eusebio lleva 40 años navegando.
-Cuando empezó, ¿cómo eran las campañas?
-Eusebio Mendizábal: La más larga que yo he hecho ha sido de nueve meses y dos de vacaciones. Mi padre también ha sido marino y hacía campañas de tres años. Según cuenta, cuando me conoció a mí, yo ya tenía 18 meses.
-¿Cómo es su barco?
-Eusebio: Es un petrolero de 327.000 toneladas, 333 metros de eslora, 60 de manga y 32 de puntal. Tiene 15 cubiertas. Son monstruos.
-¿Qué tripulación tiene?
-Eusebio: 25 hombres. Chinos y filipinos. Yo soy el único europeo.
-¿La bandera?
-Eusebio: De las islas Marshall, territorio americano en el Pacífico, como las Canarias para nosotros. Son banderas de conveniencia por cuestiones fiscales.
-¿Cómo se llama el barco?
-Eusebio: 'Overseas Rosalyn'. La madrina le puso el nombre de la nieta o algo así. El barco pertenece a la compañía OSG, que tiene 143 barcos. El mío tiene 7 años.
-¿Qué ruta hace?
-Eusebio: Oeste de África -Angola, Nigeria, Camerún- a China, por el cabo de Buena Esperanza; pasamos por el Estrecho de la Sonda, en Indonesia&hellip A veces, hacemos algún relevo en Ciudad del Cabo, pero lo normal es que venga un helicóptero a traer provisiones o gente. En la última campaña, cargamos en Cabinda, en Angola, y llegamos a Qingdao, en China. 37 días de navegación.
-Usted, Josu, ¿es comandante?
-Josu Zautua: Podría serlo, pero depende de las necesidades de la compañía. Soy copiloto.
-Eusebio: Yo salí de capitán en el 78, y no fui capitán con mando hasta el 89. Depende de que la empresa te dé la confianza.
-Josu: Como nosotros. Yo tengo la licencia y puedo ser comandante desde el 99. La saqué en EE UU y hace poco la regularicé en España, porque en cualquier momento te puede venir la comandatura y es mejor no hacer los papeles en el último momento.
-¿Qué posibilidades tiene?
-Josu: Depende de la compañía, de si compra más aviones. Yo estoy situado en un punto del escalafón y a medida que la gente va colocándose...
-¿Llevan alumnos en el barco?
-Eusebio: Sí, desde hace unas cinco campañas sí. Son chinos... y chinas, muy listas, por cierto, más listas que ellos. En España en 1994 ya había muchas chicas en las facultades, pero tienden a ir más a los barcos de pasaje, que trabajan en Mallorca, Algeciras, Canarias.
-Y en el aire, ¿cómo son las campañas?
-Josu: Nos regimos por necesidades de la empresa y depende del turismo. Nuestra temporada baja es de enero a marzo; y alta, desde Semana Santa a octubre.
-¿Viajan con la esposa?
-Eusebio: Yo ahora, desde que estoy con filipinos, no. Antes con españoles, sí. Ahora son prisiones flotantes. Vas a Angola y estás descargando a 75 millas de la costa. No ves ni los árboles. Yo entro y en toda la campaña no piso tierra. ¿Para qué va a venir? Además, sólo se habla inglés y no hay conversación con ellos.
-Josu: Yo tengo la base en Madrid, y mi mujer se viene conmigo a la base que me toca. Probablemente de Madrid no me mueva, pero si aparece una base en Bilbao... De vez en cuando me acompaña a un vuelo que me toque y le venga bien, a Canarias, a París...
-¿Su trabajo se lo permite?
-Josu: No trabaja y no tenemos niños.
-Eusebio: Tienes que disfrutar, porque luego... Cuando yo venía, mi mujer trabajaba y la veía poco, pero si has hecho una carrera, habrá que ejercerla.
-¡37 días ahí metidos...!
-Eusebio: Ahora el capitán no es como antes. Es un gerente, con su ordenador, su email, en contacto con los fletadores, la compañía, las oficinas de embarque... Ya no hay telegrafista. Ese trabajo lo hace el capitán y estamos 8 ó 10 horas al día en ese plan.
-¿No sube al puente?
-Eusebio: Todos los días varías veces, pero sobre todo en las entradas y salidas de puerto, cuando hay mala visibilidad&hellip Hay un lema que dice que el capitán nunca duerme, descansa. Tenemos el email, unas tarifas razonables del teléfono, pero se hace cansado. Como te lleves mal con uno, lo tienes que ver en el desayuno, la comida, la cena. La convivencia es lo más difícil.
-Josu: Nosotros tenemos regulado hasta eso, las relaciones entre nosotros y con la máquina.
-Eusebio: Pero un comandante puede elegir su equipo, ¿no?
-Josu: No, lo decide la programación. Si tengo que soportar a alguien que me cae mal, la soporto en el vuelo que me toca y ya está. Bueno, puedo coincidir con esa persona dos o tres días seguidos si hacemos una tirada de días fuera. Yo con quien más trato es con el comandante, porque la puerta está cerrada herméticamente.
-Eusebio: Algunas no son vivencias agradables, porque lo mismo te llega un email de que a alguien se le ha muerto su madre y hay que decírselo. Al final, te haces como el cocodrilo, aguantas todo.
-Josu: Nosotros tenemos una oficina de control de cómo se llevan las relaciones interpersonales.
-Por ejemplo, ¿están obligados a tratarse de usted?
-Josu: No, de hecho algunos somos amigos y como la compañía es pequeña, nos conocemos casi todos. Cuando se plantea un problema con un comandante acudo a la oficina para solucionarlo.
-Eusebio: Afecta a la seguridad...
-Josu: Evidentemente. El comandante tiene la potestad...
-Eusebio: La potestad es total. Antiguamente había una leyenda de los ingleses que decía que después de Dios, el capitán. Aunque ahora con los teléfonos te llaman para decirte lo que tienes que hacer. ¡Pero tú, quién corcho eres para decir lo que tengo que hacer!
-Josu: Si nos llevamos mal, cada uno sabe lo que tiene que hacer .
-Eusebio: Lo profesional es lo primero. Luego vienen las simpatías, aunque es más cómodo trabajar con quien te llevas bien. Si te ha tocado un petardo, o el petardo eres tú, aguantas, porque todos buscamos un sueldo para vivir.
-Josu: A veces se ha visto que el problema de una nave ha tenido su origen en que el comandante era muy autoritario y no ha dejado hacer ni ha escuchado.
-Eusebio: La comunicación es otro problema. En la campaña pasada estuvimos oficiales de ocho nacionalidades. Un croata no piensa como un inglés, ni un chino como un español. Aunque domines el idioma, cada cual enfoca el problema de una forma.
-Josu: Como nosotros.
-Eusebio: La mar y el aire es lo mismo, pero vosotros en periodos más cortos.

Publicado en El Correo.
La foto es de Maite Bartolomé.



7 de marzo de 2010

Llegan ecos de la infancia





En las antípodas

Clara Gil, siete hermanos, y Aitor Serdón, hijo solo

Los ecos de la infancia

La infancia de Clara Gil está marcada por el orden, las risas y las peleas con sus hermanas y su único hermano, el tercero de ocho. Ella era un trasto, la revoltosa de la familia. Aitor Serdón debía buscar a los compañeros fuera de casa porque era «hijo solo», y sus padres, un poco mayores. Ambos han creado su propia familia y, además, numerosa: Clara tiene tres hijas; Aitor, dos niñas y dos mellizos.
-Tres hijas ya es familia numerosa. ¿Quería que fuera así?
-Clara: Yo quería tener familia, pero no me había planteado que fuera numerosa. Fueron viniendo y las fui aceptando.
-¿Tendría otro?
-Clara: ¡¡¡Síiiiiii...!!! Sé que no me voy a quedar con tres. Una segunda hornada me apetecería.
-¿Segunda hornada? ¿Tres más?
-Clara: No lo sé. Soy muy joven y todavía puedo tener más. Me quedaría triste si no fuese así.
-Aitor es hijo único.
-Aitor: Mis padres tuvieron dos antes de nacer yo, pero murieron.
-Y ahora tiene cuatro.
-Aitor: Quería tener más de uno. Han venido cuatro, y contentos; aunque a veces, muy cansados.
-¿Cómo fue su infancia?
-Clara: Muy familiar: salir del colegio, a casa, la merienda, 'Barrio Sésamo', la tarea&hellip Y broncas al acostarnos. Todo muy calculado. Los sábados por la mañana íbamos a la óptica porque mi hermana se rompía las gafas, y nos regalaban chupachuses.
-¿Todos los sábados a la óptica?
-Clara: Así lo recuerdo.
-¿Todos los hermanos con gafas?
-Clara: Sólo Lucía, pero tenemos ese recuerdo. Los sábados recados y los primos venían a comer a casa de mi abuela, que era vecina, y los domingos excursión.
-Aitor: Tenía que buscar amigos, y cuando jugaba en casa, solo porque la diferencia de edad con mis padres era grande. Me tuvieron con 41 y 46 años. A la hora de jugar buscaba un amigo, una vecina.
-Clara: Me vienen a la cabeza los juegos que nos montábamos en casa: hacíamos un hotel con las literas, teníamos autobús&hellip Lo hacíamos en el pasillo con las sillas, y si venía la tía le decíamos que fuera chófer. Todo era en grupo.
-¿Qué diferencia tienen de la mayor a la pequeña?
-Clara: 16 años.
-¿Se llevaban bien los hermanos?
-Clara: Todo el día peleándonos&hellip Mi hermano venía a pegarnos patadas; y mi madre, desquiciada.
-¿Usted con quién se peleaba?
-Aitor: No me peleaba, era muy pacífico. Ahora lo veo con mis hijos. Me hacen gracia algunas cosas que hacen y me río.
-¿Qué ruido predominaba?
-Clara: Yo diría que risas y carreras y gritos. Siempre me echaban la culpa a mí. En el colegio llegamos a estar seis hermanas, y nos hicieron una fiesta con canción.
-¿Y en la suya?
-Aitor: Yo también a veces era muy trasto y otras, bueno. Esa salsa de una casa en la que hay muchos niños la estoy viviendo como padre.
-Siendo solo, ¿se intensifica la relación con los padres?
-Aitor: A veces sí y a veces no.
-Suelen ser repipis. ¿usted lo era?
-Aitor: Mi madre siempre ha dicho que era muy bueno. Algunas cosas ya hacía: tirar un garrafón de 16 litros de aceite, me pinté la boca con mercromina y le di un susto&hellip
-Clara: Yo tenía más relación con mi hermana mayor que con mi madre. A ella no le contaba ni la mitad de las cosas. No me atemorizaba, pero le tenía respeto.
-Aitor, ¿a quién le contaba sus secretillos?
-Aitor: A algún amigo. Ahora hace tiempo que no lo veo, pero sí nos saludamos y nos paramos cuando nos vemos.
-¿Con quién salían en la adolescencia?
-Clara: Con mi hermana mayor, porque luego venía el chico y mis otras tres hermanas era pequeñas. Íbamos al club de tenis y salíamos con chicos, pero a las 8.30 estábamos en casa. En COU, a las diez. Con ella empecé a ir a los bares.
-Aitor: Nuestra cuadrilla era muy sana y había algunos hermanos. Tengo buen recuerdo.
-¿Qué valores se aprenden siendo hijo solo?
-En mi casa, sensatez y respeto.
-Eso se lo habrían enseñado sus padres con o sin hermanos. ¿Pero modela el carácter no tenerlos?
-Aitor: Quizá podría salir más cerrado, más apocado, pero no fue así. He sabido buscar amigos.
-Clara: Entre tantos hermanos, el carácter es muy abierto. Durante la infancia y la adolescencia, no se aprecia, es más, se llega a pensar que es peor tener muchos hermanos, porque toca a menos. Y con el paso de los años, aprecias haber tenido tantos hermanos.
-¿Que toca a menos?
-Clara: Sí, vas a casa de las amigas y hay paz, tranquilidad, tienen pan Bimbo, Nocilla, Coca Cola&hellip En casa la austeridad era normal, no teníamos lujos, y no nos quejábamos pero valorábamos lo que tenía el resto. Ahora doy gracias de haber tenido la familia que tengo, porque puedo echar mano de ellos, y por la confianza que tenemos las unas con las otras. Ahora nos reímos hasta de las broncas. Intento inculcárselo a mis hijas.
-Aitor: Yo lo notaba con mis juguetes. Me regalaban mis padres, los tíos, y cuando venía alguien, le gustaba que tuviera tantos juguetes&hellip Pero a cualquiera le puede pasar que quiera tener lo del otro.
-Clara: Nosotras teníamos mucha autonomía, íbamos solas con la sillita de la pequeña al colegio, hacíamos los recados, espabilábamos mucho&hellip Y no es que mi madre nos tuviera desatendidas.
-Aitor: Dos manos dan lo que dan.
-Clara: Teníamos una encargada de limpiar los zapatos, otra de preparar los bocadillos de media mañana del cole, encargada del pan&hellip Yo lo hago ahora con mis hijos. Es importante que se acostumbren desde pequeños a ayudar en casa.
-¿Qué se echa en falta?
-Aitor: Un hermano. Yo tenía claro que tendría hijos.
-¿Y Clara, qué echaba en falta?
-Clara: El espacio propio. A mí me encantaba ir a casa de mis amigas. Para mí era otro mundo, la mesa pequeñita, todo ordenado, los caprichos de la comida, los juguetes&hellip
-¿Dónde se escondía cuando se enfadaba?
-Clara: En el cuarto. No te podías ir muy lejos. Recuerdo poner los pies contra la puerta para que no entraran a chincharme.
-¿Se puede echar en falta algo que no se ha tenido?
-Aitor: Sí echaba en falta un hermano, pero visto desde la situación que vivo hoy, no me quejo.
-Clara: Con el esfuerzo que han hecho mis padres, sería egoísta.
-¿Compartían la ropa?
-Clara: Cada una tenía la suya, pero cuando ya éramos más mayores, algunas cosas las escondíamos para que no nos las quitaran. Recuerdo un jersey azul de mi hermana, que guardaba debajo del colchón.
-Aitor: Mi ropa era sólo para mí.
-¿Puede ser más feliz un niño con hermanos?
-Aitor: Yo no me quejo.
-Clara: La felicidad no tiene mucho que ver con eso, pero los hermanos dan mucho juego.
-Buen final. Gracias a los dos.
-Clara: Yo quiero decir una cosa: al ser familia numerosa y tener a mis padres lejos, necesito ayuda de fuera y mi suegra me ayuda mucho. Somos un equipo.

Publicado en El Correo. 7/3/10

La foto es de Maite Bartolomé.

21 de febrero de 2010

Se llega por distintos caminos






En las antípodas
Iratxe Beato, no quiso estudiar, y Xabier Uribe-Etxebarria, cuatro másteres

Dos caminos para un mismo destino

Xabier Uribe-Etxebarria va a título por año. Entre los que ya posee, asoma uno con el escudo de Harvard y otro del Massachusetts Institute of Technology. Acaba de crear una empresa, Anboto, de productos relacionados con la red. Iratxe Beato no quiso estudiar. Tres años después de dejar la carrera, era socia al 50% de tres joyerías en Vizcaya.
-Ambos son dueños de empresas.
-Iratxe Beato:Sí, yo poseo el 50% de tres joyerías Tous en la provincia de Vizcaya.
-Xabier Uribe-Etxebarria:Yo acabo de crear Anboto, una empresa de asistentes virtuales y sistemas computacionales, del entorno de las nuevas tecnologías.
-Iratxe, ¿por qué dejó de estudiar?
-Iratxe:Mejor sería preguntar por qué empecé. Nunca fui buena estudiante, acababa los cursos raspados. Empecé Sociología y me equivoqué. Debía haber hecho Trabajo Social, pero mi padre no me dejó cambiar porque era de tres años y no estaba bien visto. Cuando me di cuenta de que no me iba a gustar el trabajo de socióloga, lo dejé y fui a una inmobiliaria. Tres años después, abrí la primera joyería.
-Xabier:Yo no me planteé otra cosa: había que estudiar. Al acabar COU, tampoco sabes lo que será de tu vida. Lo que se aprende en la carrera quizá sirva de poco en la vida, pero enseñan a usar libros y a resolver problemas cuando surgen.
-¿Por qué Ingeniería Electrónica?
-Xabier: No sabía que me iba a gustar la lingüística computacional, pero siempre he sentido curiosidad sobre por qué funcionan las cosas y es la carrera en la que se estudia eso.
-¿Era bueno?
-Xabier: Tenía una media alta. Al principio fue un desastre, hasta que se me quitó la tontería. Llegué a hacer dos cursos en uno.
-¿Le gusta estudiar?
-Xabier: Me gustaba. En este tipo de másteres no se estudia, se trabaja más. Pero sí, acabó gustándome porque me veía con fuerzas.
-Iratxe, ¿es sistemática en el aprendizaje?
-Iratxe: Cuando empecé en Tous no tenía ni idea de joyas. Mis padres habían tenido un estanco toda su vida y me gusta atender al público… Creí que la joyería me podría gustar, pero no sabía nada. Hoy sé bastante, gracias a buscar en Internet, hacer cursos, leer libros… Me gusta aprender lo que puedo aplicar a mi trabajo, que no me pillen en un renuncio.
-¿Disfruta?
-Iratxe:Sí.
-Debería haber estudiado joyería, entonces.
-Iratxe: O algo relacionado con la moda. Pero en casa no estaba bien visto que no hiciera una carrera.
-¿Cómo se aprende?
-Xabier: En esto a lo que yo me dedico hay que estar a la última. La mayor y mejor fuente de información, la más rápida, es Internet.
-¿Cuánto tiempo está delante del ordenador?
-El 100%. Menos cuando duermo…
-Iratxe:Yo, hasta que abrí la tercera tienda, dedicaba la mayor parte del tiempo a la clientela. Ahora me muevo más de un local a otro. Pero lo que más me gusta es atender.
-Ahora, ¿volvería a estudiar?
-Iratxe: No lo cambiaría por lo que hago ahora. Es más, elegiría abrir las tiendas antes, sin ese tiempo que dediqué a la universidad.
-Xabier: Yo repetiría, pero me quitaría ese tiempo de tontería de los dos primeros cursos. Hay mucha titulitis, y no es mejor alguien porque tenga el título… De hecho, en nuestra empresa no es determinante para la contratación. Un título no viene mal y en muchos casos ayuda. Sí, volvería a estudiar y lo haría más rápido.
-¿A usted, Iratxe, le habría ayudado tener estudios?
-Iratxe: Aprendí más en la inmobiliaria. Además, la universidad no me sirvió ni para relacionarme, porque con 100 estudiantes en un aula… Eso en Deusto, en otras universidades no sé.
-Xabier: A mí me ayudó, y esto lo aprendí en EE UU, el 'networking', conocer a gente. Estás en Harvard y conoces a uno de Disney, a otro de Coca-Cola… Cuando montas la empresa, esa red ayuda.
-Iratxe: Yo he hecho más contactos en la tienda o en una fiesta.
-Xabier: Claro, tu trabajo es así. Pero yo no puedo ir a una fiesta y venderte un asistente virtual.
-No lo volverían a invitar.
-Xabier: Claro. Tú, Iratxe, el 'networking' lo haces en otras partes. Yo lo hago en la uni, en las ferias. En Estados Unidos te enseñan a cuidar eso, y es la clave para que vaya bien un negocio: un poco de suerte, trabajo y conocer a gente. El 90% de los trabajos se consiguen por las relaciones personales.
-Iratxe: Para quienes hemos montado una empresa, lo más importante es tener una buena idea. Mucha gente lo intenta y yo siempre digo que algo bueno he tenido que hacer en esta vida para que se me ocurriese montar la joyería.
-Xabier: No ha sido sólo una buena idea. Como dijo Einstein, la suerte de un genio es un 1% de inspiración, una buena idea, y un 99% de transpiración, es decir, trabajar.
-Iratxe: Primero debes tener ese 1% y, si no lo tienes, no llegas a lo otro. Yo podría haber montado otra cosa y tener hoy la persiana bajada. También he trabajado muchísimo. Sigo trabajando, me gusta, me pone supercontenta el trabajo.
-¿Ha tenido ventajas no estudiar?
-Iratxe: Los días se me hacen mucho más cortos. Me equivoqué al elegir la carrera, quizá si hubiera estudiado Trabajo Social y me dedicara a ello, estaría feliz.
-¿Disponía de más tiempo?
-Iratxe: Depende de en qué trabajes al dejar los estudios. Quizá sea al revés, pero económicamente estás mejor. Ya no dependes de tus padres, puedes tomar tú sola las decisiones. Para mí fue importante decirles que me ponía a trabajar.
-¿A qué edad?
-Iratxe: Con 21. Empecé a trabajar en una inmobiliaria en Castro, hasta que se me ocurrió lo de Tous. Si no, habría seguido. La ventaja fue para mí no depender de la familia.
-¿Ha renunciado a algo?
-Xabier: A trabajar antes en lo que me gustaba.
-¿Sería lo mismo que ahora?
-Xabier: No, porque lo he ido conformando gracias a mi estancia en Estados Unidos.
-¿Tiene inconvenientes estudiar?
-Xabier: Los que ha dicho Iratxe. Yo disfruto mucho trabajando y lo pasaba muy mal en los exámenes.
-Iratxe: A mí me costaba sentarme ante un libro y renunciar a salir y tomar algo. Ahora trabajo de lunes a sábado y mi semana acaba cuando ese sábado por la noche las chicas de Artea me llaman para contarme cómo ha ido.
-¿Y si los hijos no desean estudiar?
-Iratxe:Hablaría con ellos para entender las razones. Y luego procuraría que cogieran un trabajo muy duro y por poco dinero, para que vieran lo duro que es.
-Xabier:Yo le preguntaría qué le gusta hacer, porque si le pones pasión, vas a triunfar.
-¿Se sienten satisfechos de la decisión tomada?
-Iratxe: Muy satisfecha.
-Xabier: Emprender da problemas y muchas satisfacciones.
-Iratxe: Los dos llegamos al mismo sitio por diferentes caminos.
-Xabier: Sí, estamos en las antípodas pero con los pies juntos.

Publicado en El Correo, 21/2/10

La foto es de Maite Bartolomé.

7 de febrero de 2010

Ellos pisan donde nadie antes ha pisado





En las antípodas
Oier Gorosabel, espeleólogo/Esti Kerexeta, escaladora
Las primeras pisadas

En las cavidades de la tierra el aire es limpio, pero la única luz es la del carburo de sus linternas. A veces, deben escalar o dejarse caer por una gruta; en otras, bucear en aguas en las que, en cuanto se aletea, el polvo se levanta y no se ve ni la nariz propia. Tanta oscuridad deslumbra a Oier Gorosabel. Tras cuatro años de buscar cuevas, no sabe explicar por qué vuelve. Es un deporte tan difícil que, en caso de accidente en una gruta profunda, los equipos de salvamento recurren a ellos. Esti Kerexeta prefiere la roca a cielo abierto, los espacios con luz. Sobre todo, le gusta la escalada. Es capaz de colgarse de un clavo, siempre que no arda.
-¿Cómo empezaron?
-Esti Kerexeta: Yo, con los amigos, a los 16 años. Después, hice un curso en la Federación.
-Oier Gorosabel: Yo la primera vez que entré en una cueva era también muy joven, pero formalmente, como es debido, hace cuatro años.
-¿Qué cualidades se requieren?
-Esti: La fuerza ayuda mucho, pero hay cosas más importantes, como las ganas de entrenar, la psicología a la hora de acercarnos a una pared y pensar cómo se puede hacer y la técnica, que en el caso de las mujeres compensa la diferencia de fuerza con respecto de los hombres. Yo le doy mucha importancia a la cabeza, tanto al entrenar como al afrontar una pared.
-¿Se entrenan en la roca?
-Esti: Sí, aunque como aquí llueve tanto, también en rocódromo.
-¿Y un espeleólogo?
-Oier: En cuanto a exigencias físicas, lo nuestro se parece más al montañismo, pero el filtro son las estrecheces. No se puede sufrir claustrofobia. Es un medio oscuro, y todo eso afecta más psicológica que físicamente. Además, siempre estamos mojados y embarrados.
-O sea, que usted mira la pared&hellip
-Esti: Sí, usamos el término visualizar, es decir, pensar qué movimiento hacer, adónde agarrarnos&hellip
-Oier: Nosotros pisamos todas las semanas terrenos que nunca antes había pisado un humano. Parecía que las exploraciones se habían acabado en el siglo XIX. Pues mira.
-También entrarán en cuevas que ya han sido dibujadas.
-Oier: Nos metemos a dibujarlas. Llevamos 30 años con la cueva de Lezate y ha llegado un momento en que la tenemos bastante explorada, casi acabada, pero hace tres semanas, un compañero dijo que hay que ir a las galerías del Sáhara porque cree que hay algo.
-¡Al Sáhara!
-Oier: Nosotros tenemos que poner nombres a los lugares que encontramos. Los topónimos son siempre externos pero las cavidades del interior de la tierra no tienen nombre. Cuando hacemos los mapas, debemos bautizar lo que encontramos.
-¿Cómo lo hacen?
-Oier: Las cuevas sí tienen nombres y para el interior nos basamos en si ha pasado algo, si un compañero ha resbalado&hellip Cosas triviales. El pozo del martillo, porque un compañero cayó y nadie ha tenido valor para ir a por el martillo; la sala blanca, por razones obvias; la sala del mozkorti, porque se perdió una bota; en la del Sáhara hay arena.
-Esti: Nosotros también nombramos las rutas nuevas. Al principio, se ponía el nombre de quien la había abierto.
-¿Alguna suya, Esti?
-Esti: Hemos sido un poco raros con los nombres. Por ejemplo, Clytemnestra lo tomamos de un espectáculo de ballet. Otra es Nngma Tamtum, una broma que teníamos entonces.
-Oier: Se basan en lo que has vivido ese día.
-¿La espeleología es un deporte o una ciencia?
-Oier: Hay espeleólogos que sólo hacen turismo. Van a cuevas conocidas y las recorren. Nosotros exploramos y creemos que no debemos permitirnos el lujo de pisarla toda y largarnos, porque quizá no vuelva nadie en 200 ó 300 años. Dejamos registro de lo que hay porque al propio municipio le interesa. ¡Encontramos ríos que después se usan! Fotografiamos las cavidades, analizamos el agua, observamos las formaciones calcáreas... La forma de la cueva nos ayuda a entender en gran medida la estructura de la montaña, las diferentes capas geológicas que se han producido&hellip
-¿Saben de todo?
-Oier: Un poquito de todo, pero los compañeros se especializan. Y hay otros que fueron espeleólogos y ya no entran, pero con una fotografía pueden medir el interés de lo que hemos encontrado.
-Entre escaladores sí hay rivalidad.
-Esti: Depende de la persona. El deporte en sí no la fomenta. Sí surge cuando hay competición.
-¿La estatura influye en el deporte?
-Esti: Es uno de los temas más polémicos, pero yo no estoy de acuerdo.
-Hay categorías en judo, boxeo&hellip
-Esti: La altura se compensa con el peso. La escalada es muy completa y lo que ahora te favorece, después perjudica.
-¿Se puede dar con una pared imposible para ciertas estaturas?
-Esti: No. En Estados Unidos decían que una escaladora, Lynn Hill, había hecho una pared, 'El Capitan's Nose', porque tenía la mano pequeña. Una pionera, una mujer con mucha técnica y vitalidad. Después, ya la han hecho hombres.
Escalada artificial
-¿Manipulan el paisaje?
-Oier: La tendencia es a no hacer, pero a veces abrimos cavidades a base de espátula. También hacemos escalada, pero artificial, siempre. O sea, con taladro y buril. Usamos más instrumental porque no podemos arriesgar tanto. El rescate de un escalador, aunque tenga su dificultad, es más fácil. En el interior de una cueva no puede entrar un helicóptero, y a veces ni una camilla. Vamos siempre a lo seguro.
-Esti, ¿usted también ha hollado tierras que nunca antes se habían pisado?
-Esti: No sé, no podría decirlo.
Aquí tercia el marido de Esti, también escalador. La cita se cerró el último sábado de enero. Oier y Esti vinieron con sus familias para aprovechar el viaje a Bilbao: unos para ir al rocódromo, otros para callejear. Afirma el marido: «Siempre que abres una vía, eres la primera persona que va por ahí».
-¿Hay tesoros en las cuevas?
-Oier: Se encuentran cosas que alguien escondió en su día, creyendo que nadie las encontraría.
-¿Por ejemplo?
-Oier: Dos pistolas automáticas. Las entregamos a la Ertzaintza y acabaron en la Audiencia nacional.

Publicado en El Correo, 7/2/10.
La foto es de Bernardo Corral.

25 de enero de 2010

La cocina es alquimia




En las antípodas
Juanjo Romano, cocinillas, y Ricardo García, cocinero


Alquimistas entre fuegos y pucheros

A finales de junio, cuando tras meses de obras se abran las puertas de la Alhóndiga, todos los establecimientos de hostelería de su interior serán responsabilidad de Ricardo Pérez, el cocinero bilbaíno propietario del restaurante Yandiola. Juanjo Romano también frecuenta fogones, pero más por devoción que por profesión. Sus pucheros son los de la sociedad Gure Txoko, la más antigua de Bilbao, y los de su hogar.
-¿Le molesta que le llamen cocinillas?
-Juanjo Romano: Me gusta.
-Ricardo Pérez: Es muy bonito.
-¿Cómo aprendió a cocinar?
-Juanjo: Primero, te tiene que gustar. Tengo tres hermanas y el único que estaba allí, como un 'setter', mirando a mi madre era yo. Ellas huían. Para el profesional puede ser estresante, pero a quien no lo es le relaja. Como los entrevistaba para la radio y me gustaba comer, me metía a las cocinas de los profesionales y preguntaba.
-¿Para que guste la cocina es imprescindible haber tenido una madre buena cocinera?
-Ricardo: No, porque, si fuera así, yo no habría sido cocinero.
-Esa frase la leerá su madre y se molestará.
-Ricardo: Murió hace nueve años, pero ella misma decía que cocinaba porque éramos cinco hermanos y había que comer. Era de sota, caballo y rey. Hacía tres platos y lo demás era de subsistencia: filete, pescado a la plancha.
-El amor por la comida sí es imprescindible, ¿no?
-Juanjo: De niño hay muchas cosas que no gustan: la verdura, el pescado. Con el tiempo, van gustando y, cuando ya eres mayor y te gusta todo, se prueban en los restaurantes y entra la curiosidad por saber cómo se preparan. Así se empiezan a hacer experimentos.
-Ricardo: Sí es necesario que te guste comer.
-Beethoven era sordo.
-Juanjo: Fue sordo después, cuando ya sabía cómo sonaba la música.
-Ricardo: Cuando quieres crear un plato, o mejorarlo, debes conocer los sabores, tener una base de datos mental con todos ellos.
-¿Cuántos sabores hay?
-Juanjo: Se dice que cuatro: dulce, salado, amargo y ácido.
-Ricardo: Ahora, con el 'umami', cinco. Los japoneses dicen que es la esencia del sabor.
-Juanjo: Como el 'garum' romano, pero en japonés.
-Ricardo: Dicen que el umami se encuentra en el jamón ibérico.
-¿Dónde empieza la cocina?, ¿en la compra?
-Juanjo: Antes, cuando piensas qué preparar y cómo. Hay que mirar que no coincidan dos platos de pescado o dos de carne, que haya verdura cruda y preparada. Me encanta comprar. De una tienda de ropa salgo huyendo, pero en un mercado puedo estar horas.
-Ricardo: Para cocinar, primero se debe hacer una previsión y tener la base de datos de sabores, aromas, colores, texturas.
-¿Quién es buen cocinero?, ¿quien borda un plato o quien da de comer todos los días?
-Juanjo: ¿Tú sabes lo que es preparar dos comidas diarias? Las amas de casa tienen un mérito.
-Ricardo: Y, además, en complacer los gustos de todos.
-Juanjo: Y con niños, ni te cuento.
-Ricardo: En el restaurante somos como un grupo de teatro que hacemos dos coreografías al día. En cada una partimos de cero y debemos mantener el mismo equilibrio, el mismo nivel.
-Juanjo: Hay quien dice que prepara el bacalao muy bien y cada vez que se junta con los amigos les mete el puñetero bacalao.
-Ricardo: El buen cocinero es aquel que es capaz de llegar al mayor número de gente con sus platos yconseguir que la mayor parte del público se emocione.
-Juanjo: Supongo que a ti, Ricardo, cuando te falta un ingrediente te importa un rábano, porque sabes cómo sustituirlo. Sin embargo, esos cocineros de un solo plato lo llevan todo apuntado y no saben improvisar. Fíjate: ¡Los hay que pesan la sal para cocer unos percebes! No son cocineros. Ni siquiera cocinillas.
-¿Y quien lo hace todo a ojo?
-Juanjo: No me imagino a Ricardo pesando la harina que necesita.
-Ricardo: No es lo mismo cocinar que mantener una disciplina en una cocina. En nuestro restaurante, lo bueno es que los platos salgan siempre igual y se debe mantener una disciplina de cantidades, porque al frente de la cocina hay distintas personas. No es como cocinar en casa.
-Juanjo: En la repostería sí se miden bien las cantidades.
-Ricardo: La repostería es alquimia: sumar cantidades para obtener un resultado.
-¿Un plato infalible?
-Ricardo: Es más fácil encontrar un producto. El arroz encaja en todo tipo de culturas, de gustos.
-Juanjo: Siempre pensamos que los chipirones en su tinta no les van a gustar a los guiris pero, cuando consigues que los coman, les encantan.
-Ricardo: Es cosa de cultura. Los caracoles para quien no los ha visto nunca.; las angulas, un plato de gusanos. Después, nos sorprende que se coman moscas o gusanos. Hay ciertos productos que para comerlos se ha debido pasar mucha hambre: lengua, sesos, callos. Luego, son buenísimos.
-¿Un producto imprescindible?
-Ambos: La sal.
-Ricardo: Se habla mucho del aceite, pero.
-Juanjo: Hay otras grasas.
-Ricardo: Suelo insistir mucho en que hay que probar todos los platos antes de sacarlos de la cocina, porque el punto de sal es primordial. Un plato soso no aporta nada.
-Juanjo: Y muy salado es incomible. Lo soso se puede corregir.
-¿Un arroz soso?
-Juanjo: Sí, con un alioli.
-Ricardo: Qué bueno, ¿verdad? A mí el que más me gusta es un plato que hacía mi madre y le salía bordado: el arroz con mejillones.
-Juanjo: Los platos que más nos gustan, que quedan en la memoria, son muy sencillos y muy baratos.
-Imaginen que se pierden en un bosque y encuentran una cabaña con la despensa llena y sin productos frescos.
-Juanjo: Lo mejor que nos podía pasar, porque lo que más nos gusta es abrir el frigorífico e improvisar.
-Ricardo:Yo haría unos huevos con patatas fritas.
-¿Cómo se conservan los huevos largo tiempo?
-Juanjo: Cuando no había frigoríficos, se metían en cal.
-Ricardo: Seguro que acaban cogiendo sabor a cal, porque la cáscara es porosa. Yo acabaría poniendo un arroz con legumbres.
-Juanjo: Ahora hay verdaderas maravillas envasadas.
-¿Se puede ser buen cocinero y tener la cocina como después de un bombardeo?
-Ricardo: Hum, no, porque en el desorden los sabores se pueden mezclar. Es muy estresante.
-Juanjo: Los cocinillas somos un poco más guarros, pero cuando se va aprendiendo, se mantiene un orden.


Publicado en El Correo, 24/01/10.

La foto es de Mireya López.