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28 de febrero de 2021

Antonio Petit Caro siempre estaba ahí

 

Cuando alguien muere, se te vienen los recuerdos a borbotones.

El primer recuerdo que tengo de Antonio Petit Caro es de hace mucho tiempo: Fui a pedirle trabajo en Vasco Press y no me lo dio, pero sí recibí de él una sugerencia y un consejo que después he dado mucho al alumnado de la Facultad. Me dijo que faltaban cronistas locales, que era un género dejado, pero muy popular. El consejo era propio de un gran maestro: “Levántate cada día y convierte en un trabajo la búsqueda de un puesto de trabajo. Antes de tres meses, lo habrás encontrado”. Le hice caso. Soy periodista.

Después, de vez en cuando, coincidía con él en algunos eventos. Me encantaba oír su acento y ese saber de viejo periodista bregado en tantas faenas.

Era sevillano y un apasionado de los toros. Siempre he creído que la familiaridad con mundos diversos y el conocimiento de distintas jergas enriquece mucho los discursos, los embellece.

Un día, cuando fui vicepresidenta de la FAPE con el equipo de Magis Iglesias, me encontré su retrato en la galería de presidentes de esa Federación de periodistas. Me sorprendió lo breve de su mandato; más bien, diría que me dio pena. Ahí estaba Antonio.

Hablo con Magis de él y me dice "siempre me trató de forma exquisita, con respeto y reconocimiento". 

En 2010, en la Asociación Vasca de Periodistas (AVP) organizamos un acto de homenaje a los asociados más veteranos. Los juntamos en el salón de actos del BBV de la Gran Vía bilbaína, les escuchamos sus recuerdos, les obsequiamos con una figura de cerámica y nos fuimos a cenar con ellos. Nos reímos a carcajadas. ¡Madredegutenberg!, tenían una media de setentaitantos años y nos tumbaron. A eso de las dos de la madrugada les pedimos sopitas y nos retiramos a la cama. No sé si ellos siguieron la juerga. Ahí estaba Antonio.


 

Antonio Petit Caro, Julio Garro, Aitor Morillón y Juanma Gutiérrez en el homenaje de la Asociacion de Periodistas Vascos en 2010. / Mireya López de El Correo

Cuando creamos el Colegio Vasco de Periodistas volví a agradecerle su apoyo. Había sido un viejo anhelo de los profesionales vascos, pero por diferentes avatares no pudo hacerse realidad hasta que siendo yo presidenta de la AVP se produjo una conjunción astral de carácter casi milagroso y lo logramos. Ahí estaba Antonio.

Hubo momentos en que necesité su consejo y ahí estaba Antonio. Le dije que fuera pensando en presidir el Consejo Ético del Colegio, pero no me dio tiempo a crearlo antes de dejar de ser decana. Ahí habría estado Antonio.

 

22 de enero de 2014

Hoy sé que con Manu (Leguineche) ya no habrá mañana

Se nos ha ido Manu Leguineche. Se ha ido sin ruido y a una hora casi perfecta para llegar bien a los informativos de las dos de la tarde. Todo un profesional hasta para eso.
Yo conocía a Manu de las guerras que nos fue contando, sobre todo por TVE. Y cuando ya fui periodista, hice mucho uso de una anécdota que le oí y que siempre me tomé como un buen consejo. Contaba que en los lugares en conflicto, los reporteros solían tener grandes dificultades para enviar sus crónicas y que, en más de una ocasión, él había tenido que provocar pena en las telefonistas asegurándoles que o enviaba la crónica o era hombre muerto. De ahí, decía él, o aprendí yo, que cuando se apela a la bondad, se produce el milagro de que las personas, aunque no lo sean, se comportan como buenas.
En enero de 2007, ya enfermo y en silla de ruedas, nos fuimos a su casa de Brihuega con la idea de organizar bien la entrega del Premio Periodistas Vascos, que en su primera edición le concedimos en la Asociación Vasca de Periodistas. Lo cuento aquí y aquí. En esta otra entrada cuento lo del premio y Ander Izagirre aporta su versión.
Luego fuimos más veces a verle, a celebrar en familia la amistad. Nos alojábamos en su casa, en las habitaciones de los pisos superiores. Las primeras veces lo sentí como una profanación, porque parecía no haber pasado el tiempo. Tanto su salón de trabajo como el dormitorío permanecían exactamente como aquel aciago día en que enfermó y quedó varado en la silla de ruedas. En la mesilla de noche, una lamparilla, las zapatillas de casa, algún medicamento; sobre el alféizar de la ventana, algunas cartas todavía sin abrir y un libro. Un libro que me era muy familiar: 'Los sótanos del mundo', de Ander Izagirre. El marcapáginas estaba como por la página 50. Tardé en darme cuenta del valor que tendría este hallazgo para Ander.
Después del premio de nuestra Asociación de Periodistas, se sucedieron unos cuantos, como el de la FAPE, que propusimos nosotros y cuya defensa hice yo ese mismo año en la asamblea que celebramos en La Coruña.
En junio de 2008, sus vecinos de Arratzu fletaron un autobús para ir a verle a Brihuega. Como el vehículo no cabía por las callejas del pueblo, me recuerdo a mí misma guiando a aquellos vecinos hasta la casa de Manu. Y allí, en el jardín, nos recibió y le bailaron un aurresku. Se llevaron hasta al txistulari. La imagen era divertidísima porque Manu fue recibiendo a todos en fila, y dedicándoles un recuerdo. Ellos le iban dejando tomates y lechugas de la huerta, un queso, una reproducción del escudo del pueblo, una maquilla... Como al padrino.
Ese mismo año le concedieron el Euskadi de Literatura. Cuando le llamé para felicitarle, me dijo que la marea de premios la habíamos comenzado nosotros con el Premio Periodistas Vascos. Me sentí muy bien.
Brihuega, el pueblo al completo, le estaba muy agradecido por el hecho de que hubiera asentado allí los reales. Tanto que pusieron su nombre a la plaza en la que está su casa. No solo el pueblo, toda la provincia le mostró su agradecimiento en el homenaje que le rindió la Diputación. Aquella iniciativa fue muy bonita porque además abrieron una web con su nombre. Tenía hasta un libro de visitas.
Hoy, que era el día para que todos escribiéramos en ella, descubro que está inactiva. Un disgustillo que cae sobre el disgusto. En ese acto en Guadalajara conocí a Enrique Meneses, que se nos fue el año pasado, también en enero.

Recuerdo aquellas charlas al sol de Brihuega en el jardín que cuidaba Jesús, el jardinero de Manu, como momentos de gran serenidad. Cuando estábamos en silencio, se oía el mecer de los altos plátanos del entorno de la iglesia. A veces, las campanas irrumpían. Para mí siempre han sido de mucho gusto su tañer, pero a Manu le molestaba tanto o más que una sirena de fábrica. Cuando el sol se metía detrás de las colinas, Gabri o Diana, las mujeres que cuidaban de Don Manu, como ellas lo llamaban, venían a buscarlo para recogerse al interior. Esa pena de que se fuera es la misma que siento ahora, pero multiplicada por mucho, por muchísimo. Además, hoy sé que con Manu ya no habrá mañana.
La foto es de noviembre de 2007, en su casa de Brihuega. Era sábado y hacía frío. Encendimos la chimenea del salón. Comimos muy tarde porque Manu había querido aprovechar que El Corte Inglés abría en Guadalajara, la capital de la provincia, y mandó a dos vecinos a comprar chuletones de Berriz y piña fresca. El tumulto que se montó en la tienda por el entusiasmo de los guadalajareños hizo que volvieran tardísimo. Pero la piña estaba muy buena. Después, cayó un puro.
Si hoy tuviera uno, me lo fumaría por ti, Manu.

10 de junio de 2013

Un periodista despedido es un testigo menos de la realidad

Naiara Serrano es una de esas periodistas que empieza por el final. Primero trabaja en los medios y después, se forma en la Facultad. Fue alumna mía en el curso 2011/12. Este año contactó conmigo y me pidió una entrevista para un trabajo de otra asignatura. Estuvimos charlando un rato largo. El resultado lo podéis leer aquí.

29 de mayo de 2013

La última mañana en San Mamés

Era el último día para visitar el viejo estadio, que en agosto cumplirá 100 años, y nos hemos ido para allá un grupo de periodistas de la AVP-EKE. Tras visitar el museo, hemos comenzado el paseo por las instalaciones: la antesala del palco, el propio palco, la sala de prensa y los pupitres de los periodistas, los vestuarios, la bajada al campo... Ésta de la foto es la de los árbitros.

El banquillo. El campo estaba muy bilbaíno: llovía. Nunca lo había visto vacío. Se hacía meláncólico.
En San Mamés hay un león, sin metáforas, cazado en 1975 en Tanzania. Con el tumulto que había, es un milagro que salga yo sola en esta foto. Es el adiós a un campo. Un mes de despedidas.

22 de abril de 2013

Debemos buscar el ángulo


Veo este vídeo:

Ésta es la reacción de la Asociación Vasca de Periodistas: 


Y entonces recuerdo esta reflexión:

«Hay que buscar el ángulo, no podemos contar lo mismo que los demás. La información pura y dura ya no sirve, a no ser que la tengas sólo tú».
Espinosa, Ángeles; Masegosa, Alberto, y Baquero, Antonio. Días de guerra. Diario de Bagdad. Madrid, Siglo Veintiuno, 2003, p. 73

3 de abril de 2013

Mariano Rajoy comparece mediante el televisor

 Pinchando aquí y, una vez en la web de Radio Euskadi, en el segundo punto rojo, puedes escuchar nuestras reflexiones sobre la comparecencia de Rajoy mediante una pantalla de televisión.

2 de octubre de 2011

El terreno de la batalla ética es la confianza

"Las auténticas dificultades éticas están relacionadas con los oyentes y con los espectadores. Se establece un pacto tácito en virtud del cual ellos saben que jugarás limpio, que no los engañarás, y a su vez se comprometen a hacer un acto de confianza en tu interpretación de la realidad. He ahí el terreno en que se dirime la única batalla ética importante".

Gabilondo, Iñaki. El fin de una época. Sobre el oficio de contar las cosas. Ed. Barril Barral, 2011. Pág. 115.

16 de diciembre de 2010

Hablo como presidenta de la AVP

La última semana ha sido intensa. Ayer miércoles, entregamos la segunda edición del Premio Portell a la libertad de expresión. El premio es iniciativa de la Asociación Vasca de Periodistas y desde el mismo instante en que se encendió la idea hemos contado con el apoyo de la familia Portell. Una de sus hijas, Verónica, pertenece a la Junta de la Asociación. He de reconocer que desde el principio me ha conmovido la actitud de la familia, su rigor, pero no entendido como falta de flexibilidad, sino como precisión en el gesto. Siempre han querido que fuera un premio de periodistas para periodistas en el que el protagonismo lo tuviéramos los profesionales.
Es inevitable invitar a un acto de estas características a políticos y referentes institucionales. Lo hicimos, pero sin protagonismos.
El acto salió bien. No quiero decir que fue un milagro porque, viéndolo, se diría que somos potentes.
Nos apoyaron, y mucho:
-Leioako Big Band. Veintimuchos músicos que nos recibieron con música alegre, vistieron el escenario durante la charla de Terry Gould y amenizaron después.
Yo no tengo palabras de agradecimiento para estos jóvenes músicos, su vocalista Ana Bejarano, su director, sus familias y el director del conservatorio que vino a acompañarnos: a nosotros y a ellos.
Y la gracia que tienen. Cuando por fin recogieron sus trastos, se vistieron de civiles y vinieron al rincón en donde estábamos comentando y socializando, pude charlar con ellos. Es infalible el arrebato juvenil. Qué gente tan positiva.
-EiTB, que nos cedió un espacio para el acto y nos acogió con calor. Muchas gracias a su dirección, pero, sobre todo, a quienes han estado a nuestro lado midiendo espacios, eligiendo pantallas, elaborando listas... Además de profesionales, son gente amable y alegre.
Ana Urrutia, que presentó el acto con su gracia de siempre. Una profesional generosa, buena compañera.
-Ricardo García, el cocinero del Yandiola, quien generosamente nos acogió en su casa y nos obsequió con una cena de lujo. A Gould le sorprendió. A nosotros también.

-A la Caixa, que nos ha dado el empujón económico imprescindible.

-Y al propio Terry Gould y a Enrique Murillo, su editor, todo nuestro agradecimiento.

Como no me quedan palabras, me duele la espalda y estoy agotada de tanta emoción, os dejo con él:

Juan Carlos de Rojo entrevista a Gould en Radio Euskadi.
Nuestro compañero de la Asociación Vasca de Periodistas Aitor Moriyón hace la presentación: