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lunes, 15 de mayo de 2017

Los chulapos más revoltosos de Madrid

Lo que más les gusta a mis hijos de la fiesta de San Isidro es el chocolate. Lo tiene clarísimo. Se levantan por la mañana ya relamiéndose de gusto. Pero mi mayor, este año no se quería levantar. Eso ya es raro sabiendo que hay día especial en el cole.

Cuando le pregunté me confesó que está harto hartísimo de bailar el chotis. Intentó convencerme para quedarse en casa, pero le dije que, sintiéndolo mucho, yo tenía que trabajar. Además, por la mañana tenía clase normal y no se la podía perder.

El caso es que el pequeño entró dando saltos jubilosos y el mayor debatiéndose entre la idea de un festín chocolateado y la de dar vueltas en la baldosa. Algo de penilla me dio. Le pregunté si era obligatorio eso de bailar el chotis y me contestó que no lo sabía. Le quedaba la esperanza de que pudiera negarse a bailar y así entró más feliz.

Por la tarde fui a recogerlos y, como ya me esperaba, ambos tenían chocolate hasta en el pelo. Y ambos lucían sendas sonrisas brillantes. ¡Menos mal! Se lo habían pasado bomba.

Los dos habían bailado el chotis, pero el mayor me contó muy ilusionado que en su clase lo habían convertido en un juego fascinante. Tenían que bailar mientras hubiera música, cuando parar la música tenían que parar ellos y buscar una nueva pareja. Si bailaban con alguien con quien ya hubieran bailado antes perdía. ¡Que divertido! Desde luego a mi hijo le ha descubierto nuevas posibilidades y que los bailes no tiene por qué ser un rollazo.

Me hubiera gustado quedarme a la fiesta para familias que organizaba el Ampa, pero fue imposible a causa de unos compromisos ineludibles. Que pena.

viernes, 20 de mayo de 2016

Motos y hogueras en el San Isidro de Covarrubias

El puente nos fuimos al pueblo de Raúl a pasar frí... eeeh, a desconectar. Lo cierto es que en Covarrubias siempre celebran algo. El finde anterior habían hecho una feria del vino de la tierra y ese teníamos convención de moteros con todas las plazas llenas a reventar de las más variopintas y coloridas motos. Los niños estaban encantados con ese museo de la moto al aire libre improvisado.



Encima hacían exhibiciones acrobáticas de vez en cuando. Nosotros llegamos a una, y al principio los niños flipaban. Estaban con los morros pegados a la verja sin perder detalle. Pero al decimoquinto caballito se aburrieron y se fueron a jugar al parque. Una pena, porque a mi sí que me seguía gustando el espectáculo, pero allá que los seguí.

Además del efecto que hacía ver el pueblo lleno de motos por todos lados, también pudimos disfrutar de la merienda de San Isidro, gracias a unos primos de Raúl que nos acoplaron a su grupo. La fiesta consiste en que pandillas de amigos hacen pequeñas hogueras a lo largo de una calle y asan chuletas, morcillas, panceta y lo que se tercie... Es digno de ver, con todos los fuegos encendidos y el olor a cosas ricas. Bueno, de ver, a veces, porque como te coloques mal te metes en una nube de humo a traición y se te llenan los ojos de lágrimas y la garganta te pica que es un horror. Hay que estar atentos a la dirección del viento.

Los peques se lo pasan bomba en esta fiesta. Tienes que esta con mil ojos porque al final lo que hacen es jugar con fuego que para eso están ahí las hogueras, tan cerquita... Es una tentación demasiado grande como para no meter un palito y ver emocionado como arde. O jugar con las ascuas, ayudar a meter la carne en la parrilla, saltar fueguitos... Y los padres aguándoles la fiesta todo el rato. Si es que somos unos siesos, pero eso sí, precavidos y grandes conocedores de todos los peligros y males que acechan a nuestro churumbeles. Sus ángeles de la guarda, vamos.

Al final terminamos la merienda cena con un cola cao en un bar y a casa a intentar meter a unos chiquillos hiperexcitados en la cama. Parece misión imposible, pero en cuanto logras que su cabeza toque la almohada caen como leños. ¡Si es que estaban agotados de tanto correr y saltar! Aunque ellos no lo sepan.


jueves, 19 de mayo de 2016

Las fiestas de San Isidro en el cole

Este año me las prometía muy felices con la fiesta de San Isidro. Me habían asegurado que en primaria ya no iban disfrazados ni nada, así que me dije: el disfraz del mayor para el peque y listo. Ahorro absoluto. Pues nanai de la china, porque al hacer la inspección del traje resulta que estaba para trapos y, encima, el mayor me vino unos días antes con la cantinela de que en su clase era optativo disfrazarse y que, como no, el tenía una ilusión enooooorme por disfrazarse. ¡Vaya hombre!

Pues nada, que tocó rascarse el bolsillo y comprar unos carísimos y malísimos disfraces a última hora. Malísimos por la calidad, que era de pena. Aunque me gustó el detalle de que los chalecos fueran pegados a la camisa. Así iban en su sitio todo el tiempo y no había posibilidad alguna de desarreglo total. Por mucho que lo intentaran mis fieras.

Rezongando para mis adentros preparé los disfraces para el día siguiente, pero se me quitaron todos los males cuando los vi tan guapos con sus gorras, sus chalecos y sus caritas de pillos. Daban ganas de cantar la de Pichi, es el chulo que castiga...

Se fueron al cole la mar de contentos pensando en el chocolate con bizcochos que les esperaba. Según Iván, ese día iban a celebrar el cumple de un tal San Isidro y, por mucho, que su hermano le rebatió la idea, incluso contándole la leyenda del agua que hizo brotar el santo para dar de beber a los sedientos, no logramos convencerle de los contrario. Para él todo son cumpleaños, el de papa noel, el de carnaval, el de san isidro...

Cuando volví a por ellos parecían vampiros con los impresionantes churretes de chocolate que les caían de las comisuras de los labios. Salieron tan contentos como entraron y me estuvieron contando que se habían hinchado a chocolate y bizcochos y que habían bailado el chotis. Como prueba me hicieron una demostración de lo bien que lo bailaban. Ni que decir tiene que se me cae la baba con estos peques.

viernes, 15 de mayo de 2015

Los más chulos de todo Madrid

Los peques de la casa estaban muy ilusionados con el 14 de mayo porque era el día que celebraban San Isidro en el cole. ¡Y anda que no mola ir tan guapo! Con el chaleco y la gorra chulesca. Con lo que les gusta disfrazarse...

Ya teníamos todo preparado para el gran evento. ¡Hasta pantalones cortos negros les había buscado para que sufrieran los más de 30 grados que habían anunciado para la jornada! Pero la noche anterior, la cosa se torció para el más pequeño de la casa. Tuvo un sueño inquieto, bebió mucha agua y, al final, vomitó. Por la mañana se levantó sin fuerzas y casi no desayunó. En un principio, dijo que estaba malito y que iba a pasar todo el día tumbado delante de la tele, pero en cuanto vio a su hermano con su disfraz, se le fueron todos los males, aparentemente, y decidió que él también iba al cole sí o sí.

Le vestí a la velocidad de la luz porque, lo cierto, es que me los dijo cuando ya casi estábamos saliendo por la puerta, y me llevé a los dos chulapos la mar de animados y parlanchines.

Daniel se fue a su clase pegando brincos y tan feliz, pero a Iván le notaba cada vez más cansado. Le pregunté de nuevo si quería venirse a casa conmigo y me dijo que no mientras me daba un besito y se ponía en la cola. Hablé con la profesora para ponerla en antecedentes y les pedía al peque que pidiera que me llamaran si se sentía indispuesto. Me fui muy angustiada de allí. Preocupadísima por mi pequeño chulapo que iba con el estómago vacío. Espero que el malestar haya sido sólo por algo que le sentó mal esa noche.

A ver si le reaniman a fuerza d chocolate y bizcochos.

Noticia de última hora: ¡Vaya si le reanimó el chocolate al peque! Me ha dicho un pajarito que mínimo bebió tres vasos acompañados de bizcochos a manos llenas. Y que el mayor no se quedó atrás. Lo pasaron genial y salieron de la fiesta muy sonrientes.

jueves, 15 de mayo de 2014

Los más chulos de tó Madrí

Los peques llevan desde el lunes deseando que llegue la fiesta de lo chulapos y las chulapas para ponerse guapos. Y ya llegó. Ayer se levantaron emocionados y se dejaron vestir sin protestar. ¡Chocolate! ¡Bizcochos! leía en sus mentes infantiles.

Los trajes les quedaban bastante cortos, porque soy tan previsora que no se los había probado: pero a ellos les dio igual. Iban tan felices con sus gorras y chalecos blanquinegros.

Cuando llegamos a nuestra primera parada, el cole de Daniel, se desencadenó mi pequeño drama personal. Mi gran problema es que soy exagerada al máximo y demasiado emotiva (siempre lloro con el anuncio de vuelve a casa por Navidad). Así que, cuando me encontré a un compañerito del mayor en chandal y mirando con una mezcla de tristeza y envidia los trajes de mis peques se me cayó el alma a los pies. Se acercó a mí y me preguntó "¿Te acuerdas que cuando tenía tres años me dejaste un traje?" En sus ojillos brillaba una pequeña esperanza que se apagó poco a poco cuando vio la expresión de mi cara.

El año pasado, le presté el traje de Iván porque justo le había tocado revisión del cardiólogo y se iba a perder la fiesta del cole, pero este año, el enano estaba demasiado emocionado con la fiesta y su gorra como para soltarla. Daniel tampoco estaba demasiado predispuesto a compartir su disfraz. Así que, sólo me quedó una opción.

No estoy muy segura de por qué, pero, el caso, es que tengo tres gorras de chulapo en casa. Le prometí al niño que se la traería muy pronto y volé a dejar al pequeño en la guardería.

A la vuelta recogí de casa la gorra y una camisa blanca, por si hacía mejor apaño, y se la di al bedel para que se la entregara al chiquillo.

Más tarde, en una foto de grupo, vi que otros dos niños habían acudido en ropa de calle a clase, pero a ellos los vi sonrientes y felices. ¡Menos mal! Por que si no, ya me veía corriendo a la tienda de todo a cien a por dos gorras más.

Cuando recogí a los peques me los encontré muy alegres. El pequeño había tenido una comida "campestre" con bocata de tortilla y barquillos incluidos, y el mayor salía con la cara llena de chorretones de chocolate.

Me temo que la golosina lo reactivó demasiado porque estaba en un plan que no había quien le aguantara: saltaba, se tiraba encima de la gente, me pegaba de una manera compulsiva, decía cosas desagradables sin parar... Me puso de los nervios.

Les llevé al parque un rato para que quemaran energías, pero enseguida nos retiramos porque hacía un calor sofocante.

En casa les enchufé a la tele sin contemplaciones a ver si les adormecía un poco la mente y me dejaban respirar. Pero con estos peques este sistema no da resultado. Se dedicaron a pegar botes con el ruido de la pantalla a sus espaldas.

Ni que decir tiene que cayeron rendidos en sus camitas... ¡Y la mami también!

miércoles, 11 de mayo de 2011

San Isidro




Llegó San Isidro y hay que celebrar esta fiesta tan madrileña, ási que le compré un cutre disfraz de chulapo a mi pequeñín y se lo llevé a mi suegra para que se lo pusiera hoy, que es cuando se ha celebrado esta fiesta en la guardería, aunque en realidad el día exacto es el 15 de mayo (el domingo).

Cómo Raúl está de viaje, Chari es la que se encarga de llevar al chiquitín a clase, así que era la que tenía que vestirle para la ocasión. Cómo el traje le quedaba bastante grande, se lo ajustó la bisabuela, que es una virtuosa de la aguja.

La verdad es que estaba guapísimo. Y se lo debió pasar bomba, según comentaron las profesoras. Las mamás tuvimos que ir más temprano a recoger a nuestros pequeños porque estábamos invitadas a rosquillas y a seguir la fiesta en el patio de la guardería. Los papás también estaban invitados, pero en mi caso fui yo sola.

Me quedé un ratito, pero hacía tal calor y Daniel tenía una cara de agotamiento que decidí irme pronto. De todas formas Daniel ya había tenido su fiesta durante todo el día Y el pobre llega muy cansado a los viernes. se ve que les dan mucha caña en clase.

Chari nos comentó que cuando le había llevado a clase se había puesto a bailar el chotis con una compañera y que estaban para comérselos. Si es que cualquier excusa es buena para hacerles pasar a los bebés un día diferente.