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sábado, 26 de enero de 2019

Las poetas, los poetas, Tour Madrid, enero y 2019.


      A pesar de los Uber clandestinos, de que no pagan impuestos, del Madrid trabajador sintaxis, de tanto desasosiego, la poesía mueve, nos mueve, revuelve, agita, convoca, levanta, llama. Y vamos. Hacía tiempo que no lo contábamos. Sepan que el Jefe está contento,que hoy le han pagado, en cash, sus primeros derechos como autor. La becaria, incrédula, lo ha contado varias veces. Escribimos esto para no soportar semejante visión.

Paloma Corrales
(Foto: Esther Muntañola)

      Hizo Berta Piñán una presentación ajustada y brillante. No tanto del nuevo libro de Paloma Corrales, Tratado de invierno, para lo que se llenó el Comercial, sino de la poesía personalísima de la autora, de la manera aparentemente liviana con la que dota de enorme densidad a las palabras. Paloma las deja solas, sin vestir, sin adjetivar apenas. Solas para que defiendan los nuevos significados que les propone. Para la sorpresa. Poesía enjuta, sensorial, sensual, delgada. Berta habló de su delicada astucia en el juego de los pronombres con los verbos. Una poesía que siempre parece preocupada por el acto de la creación y su enigma. Que nunca olvida los momentos emocionales de quien la escribe. Una lectura pausada y una guitarra, la de Chema Abascal, que tiene la virtud de desparecer cuando crece el poema, hicieron juntas el camino. Habló MA Curiel como director de la colección Amstel que edita Amargord. Fue lunes y 21.


(Foto Librería Alberti)

        Uno dos y tres, tres bande… maestros en el ruedo de la Alberti. Venían de la mano a presentar sus ejemplares de poesías completas que ha preparado para ellos Austral. Los tres alabaron su físico: pesan poco, son muy flexibles y tienen un precio al alcance. El libro con todos los poemas vale menos que mi último libro exento publicado, dijo Joan Margarit. Y los otros asintieron. Antonio Jiménez Millán es granadino-malagueño, amigo y compañero de clandestinidad de Luis García Montero. Razones que le hacen visitar Madrid y la Alberti (estuve en la anterior) con frecuencia. Es poeta aseado y un poquito previsible. Luis se mostró dicharachero y cordial, cómo no, y amable como anfitrión. Margarit rechazó con efusión lo aportado por los maestros (escolares) en su formación como persona. Que él se hizo no sabe como. Y que su caída del caballo ocurrió cuando se dio cuenta que escribía en su lengua cultural y no en su materna. Hace tiempo que se corrigió, nos dijo. Fue, de los tres, el que mejor y más fuerte reía las ocurrencias. Nos aviso de que temía caer en el ridículo cuando escribía. Antonio se atrevió a confesar que su abismo temido era la cursilería. Él sabrá, no he leído todavía obra suya. Montero señaló a la ingenuidad como el animal de garras que sentía al acecho. Por esa creencia suya en la bondad de las cosas, remachó. Apenas se habló de poesía, sí de sus alrededores. Por cierto, Joan leyó los mismos poemas que hace 13 meses cuando estuvo en la Residencia de Estudiantes. Con los miles que tiene. Martes y 22.

        El jueves 24 unas 200 personas ocuparon el Centro Riojano para escuchar, por separado, a dos poetas. En salón inferior, Milagros Salvador presentaba su libro T (se les conoce por la letra inicial del título) Tierra sin luz que mira al cielo, dedicado a las diosas de las distintas mitologías. Diosas que ella salpimentaba en las entretenidas introducciones a los poemas. Es dueña, Milagros, de una poesía sin complejos, directa, clara en sus intenciones. Milagros es conocedora de que al otro lado de las cosas está siempre el lector. No necesitó presentador. Estuvo con ella el ingenioso editor que logró acallar el murmullo de la sala imitando, y bien, el sonido de las cigüeñas (pronto San Blas). Aclaró que se llamaba crotoreo a tal proceder. 
Antonio Daganzo
(Foto Pablo Méndez)
En el piso superior de Alcalá 25, Antonio Daganzo reventaba la sala para presentar su nuevo Vitruvio, Los corazones recios. El editor, Pablo Méndez puso voz a un texto del ausente Sergio Macías. Leyó el autor con forma más sosegada, más íntima, más convincente que en anteriores, textos de un poemario de doble provocación. Ambas viven en su conciencia. Una es la de los afanes culturales, la belleza y sus modos, la música en especial. Forma parte indisoluble de su levantar los ojos. Y se desborda en multitud de poemas, casi todos con destino expreso. La otra provocación es la necesidad de responder a los retos del amor con las armas de un corazón templado, sabedor de los premios y castigos, abierto y recio en su estar, en su proceder, en sus respuestas. Los tules que el decir poético procura al lenguaje no logran velar la potencia y la presencia de una fortísima intimidad (con destino no explícito). Antonio expuesto a los soles y la lluvia del existir. Como deben estar los poetas.
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(el tiempo de los versos)

hago un puzzle 
o eso digo 
en realidad 
pongo palabras 
en un mismo poema 
hoy puse 
alrededor 
de los arándanos 
la avidez de la lengua 
nueve palabras 
tres horas casi.

            Paloma Corrales
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LA VERDAD DE LA NIEVE

          Distancias.
          En la vida hay distancias.
                 JUAN JOSÉ DOMECHINA

Quiero que no lo olvides,
nube roja y dichosa: 
durante largos años 
estas canas que ves las tejí con distancias.

Mentirá quien te diga 
que la nieve no es hilo: 
es el hilo mejor, 
y más aún: 
el perpetuo bordado que junto al sol espera 
sabio y solo en la cima.

Si he de seguir tejiendo, 
si mis días auguran la completa nevada, 
por si de pronto muero de fiel sabiduría 
y no alcancé a decírtelo, 
yo quiero que lo sepas, 
nube roja y lejana, 
fresco cántico: 
jamás la espera fue tan luminosa.
             Antonio Daganzo

sábado, 6 de febrero de 2016

La Alberti como morada

      Seguimos en lo mismo. Ante la dimisión de tantos foros antaño de prestigio, la Librería Alberti parece el único lugar posible para atender una digna demanda del toma y daca poético. Su semisótano ligero y sabio guarda intenciones de sancta sanctorum. Colaboran en ello, y sin descanso, la agilidad de las editoriales sevillanas, que no dejan pasar una sin presentación madrileña. Todo corre el riesgo de ser rutina. Pero no. 
Otro sí. A la chita callando regresa la sabiduría poética a Cibeles, A CentroCentro. El ciclo de años anteriores, Favorables Madrid Poema que manejaba Juan Carlos Suñen, vuelve con el mismo conductor pero mudado de nombre y estrategia. Ahora se hace llamar Favorables Taller Poema, aunque sigue celebrándose en Madrid. Su responsable pretende indagar un jueves de cada mes en el pozo, insondable y secreto, del hacer poético. Lanzar cantos, no sabemos su grosor, para saber si hay agua. Para escuchar si hubiera eco. Anuncia que para arrojarlas contará con la presencia de Ildefonso Rodríguez, músico a no perder, Menchu Gutiérrez, Pilar Martín Gila y Jorge Riechman. El Jefe está interesado en el experimento. Mas nadie se acerque, me dice, si no está limpio de corazón y sabe geometría.   

Jueves 4

Chema, Soler y Paloma Corrales
Foto: Jaume Suau
  
    Comenzaba en la Antigua Casa de Fieras del Retiro, hoy biblioteca pública, un ciclo de poesía actual para los jueves de febrero, leían Ada Salas y Sara R. Gallardo, buena oferta, pero en la Alberti estaba Paloma Corrales, una poeta emergente de gran calado. Madrileña, vive en Alicante por razones climáticas y tal vez laborales. Y porque la poesía. Si hace dos años nos sorprendió con El rurún de las palabras, su primer libro, en esta ocasión vino con Celebrar el aullido, al que ha puesto papel La Isla de Siltolá. Isla que camina con urgencia hacia la superpoblación. Atendiendo a lo nuevo, seleccionando. Magnífico el acto, pleno de buen hacer, atractivo por elegante, por bien tramado. Cuando se habla lo justo y por lo mismo se dice, cuando la música es ángel, cuando la lectura es dicción sosegada y explosión, cuando el silencio adquiere la densidad de lo aceptado, pueden producirse estas rarezas, estos milagros. Habló Rafael Soler calmo y directo, ocho minutos, señalando las heridas ocultas como baluarte de la poeta. Dijo de la consolidación de su voz. Personalísima. Resaltó la justeza de sus elecciones, así como la belleza de su tanteo alrededor de las provocaciones, de como hace ley de la sugerencia. Provocaciones que la poeta no logra (porque no lo pretende) ni sofocar ni describir. Siempre las mantiene en el nivel de inestabilidad preciso para que el poema sea poema, para que jamás habite en ellos la solución. Leyó Paloma sin apenas preludio, sino el preciso de los agradecimientos y en especial a dos personas. A la ausente y amiga Elvira Daudet y al presente Jaume Suau, leridano venido para la ocasión. Leyó y la guitarra de Chema Abascal lo agradecía con susurros a lo divino. Leyó, con potencia contenida, poemas que se asoman a las laceraciones, a lo curvo del existir, a la carne y sus afanes. Poemas que atisban el hallazgo y la pérdida, el vuelo triste y la generosidad de la lluvia. Que escriben lo inestable, el hoy y su espiral, la celebración de la fugaz plenitud. Nadie pudo mover un músculo tras la palabra gracias con que suelen finalizar los poetas. Algunos escucharon con los ojos cerrados.    

Viernes 5

Lostalé, Fombellida y Canelo
Foto: Librería Alberti
   
      De la colaboración entre la Fundación Gerardo Diego, cántabra, y la sevillana Renacimiento surge Dominio, la poesía reunida de Rafael Fombellida. Llegó a última hora, pero llegó, Abelardo Linares, el editor, que no intervendría. Dijeron que nace urgida por Pureza Canelo, gestora de la Fundación, que abrió al acto con la alabanza de una de sus últimas publicaciones: el tomo que recoge todas las noticias, autores, obras y circunstancias de la poesía en Cantabria durante el XX y el XXI. Luego, azorada por la pérdida de los papeles (que traía escritos) vino a la fuerza de un discurso improvisado. Que tal vez algunos agradecieran. Sí los conservó, y numerosos, Javier Lostalé, presentador acostumbrado a penetrar, berbiquí, en la tensión emocional de la obra presentada, presto siempre a la empatía con lo leído. Habló con largueza, temporal y analítica, de la poesía de Rafael. Dijo: lenguaje traspasado por la vida, el amor, los sueños y la muerte, cada vez más afirmado en sus motivaciones, discurso no interesado por la moda de lo coloquial, cuidadosamente dispuesto: poesía visual, pintura sonora, transparencia de los estados interiores, imaginación táctil, sensualidad. Todo lo ilustró con la lectura de amplios fragmentos de los poemas, todo dejaba ver, y por extenso, la admiración. Llegado al fin el turno del poeta, dijo a lo Larra que escribir en Cantabria y en los ochenta, sin maestros, sin tradiciónes, sin difusión, era llorar. Que él aprendió leyendo, vagando, tanteando, buscando. Y que está conforme con el ahora. Dijo que en Dominio ha seleccionado, corregido y en ocasiones reescrito. Es hombre cordial, dado a las explicaciones en la corta distancia. Tardó en leer. El primer poema apareció casi una hora después de comenzado el acto, pero mereció la pena. textos largos, discursivos, meditativos, pero de luz asumible. Con toques biográficos en sus provocaciones, pero sin moraleja, sin afán sentencioso. Parecen de voluntad minuciosa, deseosos de anotar todo lo que el poeta percibe. Y con anhelo de perfección formal, que se agradece. Leyó el poema Nadadores, que ofrecemos, con la garganta trabada. Rafael, que llegaba por primera vez a la Alberti, es junto a Carlos Alcorta y Lorenzo Oliván, el presente más conocido de la poesía del Norte, con norte.


NADADORES

En el lago mi hijo es una cuerda atirantada.
Hemos nadado juntos hasta que mis pulmones se han abierto
y dejado escapar su poco hálito. Lo veo regresar 
         suculento y desnudo
desde la orilla en donde espero. La tiniebla escarlata 
         del crepúsculo
encapota mi piel abandonada a un húmedo estremecimiento.
Cuánto detesto esta rojez de gasa adherida a una honda cortadura.
A mi lado, mi hijo está secándose envuelto en esta luz 
        color fresón maduro.
Silba Lady Tonight, se tiende soberano sobre el entarimado
y remece sus sólidos tobillos en la maraña tosca 
       de las plantas acuáticas.
Me habla con mi voz, pero su idioma no es mi lengua muerta, 
        es un desperdigarse
suelto, vivaz, sincero lo mismo que un galope de caballo.
Soy el padre de un hombre, un hombre grave, meditativo, oculto,
que se gobierna con pericia mientras cabe pensar
que su mano, ya enorme, clausurará mis párpados  
        como se sella un ataúd de plomo.
Su cuerpo se ha acostado bajo la vena cárdena del cielo.
Miro su trazo hermoso, la cabellera untada con arcilla 
        de un ocaso granate.
El braceó más lejos con mi salud, mi fuerza, mi enconada constancia,
y se reclina ufano como un bárbaro después de violentar 
        a sus mujeres.
Es la masa engreída que yo amo con el temple 
        del nadador de fondo.
Es el rival que aguarda mi ahogamiento con el bravo estupor 
        del aspirante.
Ocupa mi lugar porque es su padre joven, prematuro,
inconsciente de toda dentellada del tiempo. Disfruto esa codicia
de converger conmigo, arriesgada ambición de parecérseme.
Miro el milagro de su mocedad. La atmósfera bermeja
de la última hora da a su pecho el impulso de un incendio.
Ha cerrado los ojos. Silabea sin ganas Love, hate, love.
Despreocupado, ajeno. Sólo espera que el púrpura del aire
me desintegre. Adoro el esplendor de su avidez.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Un libro de Paloma Corrales: Celebrar el aullido

    

  Puede parecer que sus poemas no cuentan, que desprecian el discurso. Que están escritos a golpes de emoción y lenguaje, que la poeta se siente llevada por el instante, por la necesidad de verter. Ella sabe que el poema es el continente de la poesía cuando la poesía desea vaciarse, y lo cuida hasta el extremo. Para que sea digno de acoger el temblor, la explosión de la carne, los zarpazos. Puede que sus poemas carezcan de principio, de final. Puede que sus poemas sean instantáneas, disparos, flashes que duelen. Puede que lo sean, sí, porque iluminan preludios de la culminación. Hablo de Paloma Corrales, que ha publicado Celebrar el aullido en Isla de Siltolá. Paloma Corrales es poeta que atiende decidida a lo imprescindible del hacer poético: a construir guardando el orden de la palabra y los huecos, a la sugerencia. Que no es sino desvelar lo oscuro desde la luz pequeña. 62 poemas de trazo leve. 62 silenciosas dagas. Hay tanta vida, vida vivida, como pureza poética. Limpios hasta la desolación, por ellos se enseñorea el verso corto, el que da paso al sosiego y a la herida. Cuesta encontrar endecasílabos. Es preciso leerlo como está escrito, en el atento silencio del sorbo a sorbo. Como el mejor brandy. No es Ada Salas. No es Chantall. No es Isabel Bono. No. Es Paloma Corrales. Siempre ha escrito así. No concibe el poema de otra manera, si no es en depuración, limpio de signos y palabras que no trabajen. Palabras a las que hace que multipliquen sus significados. Hay en ellos tanta levedad como potencia, como provocación. Dividido en dos partes: Con los ojos plagados e Íntimos de miedo, se extiende en la primera la observación, no de la naturaleza física, no de los días y sus afanes. que también, sino de la incapacidad del hombre, de la mujer, para concretar un horizonte de felicidad. La dicha aparece siempre como sombra huidiza en territorios inexplorados.  Devastadora felicidad, imposibilidad que tienta. volverme nadie/ volverme niña/ volverme rama/ escribir/ pues siempre hay otro vuelo/ para un pájaro herido de jaula.

      ¿Escribir como salvación? Para los amantes de alcobaparalela, su blog, la aparición de Celebrar el aullido no es novedad, sino confirmación. Sabemos que Paloma roe el tuétano de la poesía, hace de ella declinación. rehacer la escritura/ como una resonancia del útero/ con el dolor/ el terrible dolor/ de lo sustraído. En la segunda parte del libro Paloma dirige su intención al desencanto del desamor, a los campos de escombros que lo pueblan, a los vientres que viven las bellezas pretéritas. Poemas, cuerpos como habitaciones que conocen porque conocieron, porque sucedieron. Y en todo, la luz como pretexto, como testigo, como razón. Luz que alumbra las contradicciones, las paradojas del vivir. Una luz ante la que los ojos son incapaces de la certeza. Paloma levanta sus poemas con lo inestable, con la duda, con el vuelo, con lo no esperado. Porque busca. Porque busca con los poros abiertos, porque escribe arrugas, susurros, fugacidades, lodos. Y todo lo vuelve piel, andadura descalza, carnalidades sonoras. Sensaciones. si todo es prescindible/ qué rara esta belleza fría/ de lo desposeído// hay nieve en el cajón/ junto a tus guantes. Con ascético dominio del ritmo y el tempo, la poeta obvia la puntuación, las mayúsculas, encierra los títulos en paréntesis (parece que no confiara), pero resuelve los poemas con punto final. Como si quedase agotada tras su escritura, frontera física que no impide a los poemas seguir ocurriendo a pesar de su decisión.

      Esa es Paloma Corrales, poesía forjada en las trincheras que enfrentan a la palabra y al silencio, enemigos necesarios en el combate a muerte que supone escribir:. Léanla.  
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(para escribirme lluvia)

y de nuevo la luz 
en umbral más terco 
ofreciéndose 
con esa tentación 
que inunda los muebles 
sobre los símbolos 
y los misterios 
sobre el papel en blanco 
y lo que invoca 
como una sumisión imprevisible 
hacia la carne 
como una sed crecida 
absoluta 
invasora 
y de nuevo la luz 
en ráfagas de ti 
para escribirme lluvia 
en esta doble sombra de nosotros 
para escribirme lluvia 
y tocarte 
en el poema.

lunes, 5 de mayo de 2014

Parece que abril....

    Parece que abril quiere morir con dignidad, me comentó el jefe cuando le comuniqué la agenda de sus días finales. La redacción estaba alborotada con la cercanía del puente. Que luego no ha sido para tanto. Cumple, me dijo, tráeme noticia de lo que tienes subrayado y puedes irte. Durante cuatro días callan los poetas. El ocio culto cambia sus formas. El sol ya calienta, nos calienta. Treinta horas después tenía mis folios sobre la mesa. Los retiene. Resulta que ahora quiere corregirlos, visionar dice, porque últimamente ha sonado su teléfono en demasiadas ocasiones. Y bastante airado. Dice que por cositas, que por gratuidades que se podían haber evitado. Me dice: De lo esencial no he de tocarte nada. Vale, le concedo. Pero yo sé que no sabe qué es lo esencial. Lo digo porque a veces lo esencial suele esconderse, sin que yo lo pretenda, en lo que él llama pasajes gratuitos.

Alfredo y Cristina en el Círculo
(Foto: MCBarri)
    Leyeron el martes 29 en la Casa de Castilla-La Mancha dos poetas a los que une una gran amistad: Cristina Cocca y Alfredo Piquer, miembros activos del grupo Aula de Encuentros. Tienen su sede en el Círculo de Bellas Artes madrileño. Allí cultivan la poesía. Realizaron lectura conjunta y alternativa, en general de poemas de largo aliento, característica que también los une. Cristina, poeta de las emociones, modificó en parte su tono melódico para dotarlos de mayor contundencia, Alfredo, poeta del mar y de lo heleno, buscó en su decir la suavidad y el rumor del oleaje. Si bien es cierto que no introdujeron demasiadas novedades en la elección de sus poemas, si la encontraron en el presentador, Francisco G. Marquina, el cual anduvo por el hacer de ambos con envidiable habilidad y finura de análisis. Lo que se agradeció. Como el regalo de los comentarios finales de Juan Pedro Carrasco y de Manuel Cortijo, responsables de la tertulia, que todos cinco estuvieron en la mesa. Numerosos amigos poblaban la sala.

Elvira Daudet y Paloma Corrales en el Comercial
(Foto Andrea Andreu)
    El aire se alteró el miércoles 30. En la terraza del Comercial esperaban la hora Elvira DaudetPaloma Corrales. Elvira presentaba a Paloma y un libro de Paloma: El runrún de las palabras. Lo ha editado La Baragaña, editorial que lleva Jorge Espina, y que suele acoger autores de conciencia crítica, poetas que se piensan no asimilados, denunciadores sociales. Esto podía prevenir sobre la poesía de Paloma. Nada más lejos. Elvira lo dejó claro desde el principio. Si es un primer libro tardío, lo es porque la autora ha querido apurar la destilación de su lenguaje, la decantación de sus emociones y estar conforme con la concreción de cada uno de los poemas. Estoy con ella. Paloma es poeta volcada a la poesía, suya y ajena. Son muy conocidas y valoradas sus entrevistas televisivas a poetas con fuerza y actualidad. Pero ella es otra, única, su poesía tiene valor en sí. Es personal, cuidada, íntima, de estilo hallado, potente, transitiva, nueva. Halla, dice, conmueve, hace volver sobre ella. Leyó con temblor y segura esos poemas tan suyos que parecen fragmentos de una suite, abiertos en sus principios y en sus finales. Leyó mientras sonaba la guitarra de Chema Abascal. Tuvo serenidad para introducir algún poema y la gentileza de dedicar dos de ellos a Rafa Soler y a Paco Moral, presentes. Como presentes estuvieron Gsús Bonilla y Roberto Menéndez. Luisa Navarrete, activísima Alacena Roja y emocionada, vino desde Murcia. El acto, 35 minutos, limpio y emotivo, fue grabado y puede verse aquí.   

Eduardo Merino y Víctor M. Carrascal (leyendo)
(Foto MCBarri)
    Un poquito más tarde, en La Tapa de Era, Fuencarral abajo, leían Eduardo Merino y Victor M. Carrascal. No sabíamos que el local tendría vida efímera y con él el ciclo Bájate al sótano que conducía David Morello. Este, hoy lo sabemos, fue el último acto poético. El pequeño local estaba repleto como nunca. Eduardo, dueño de una poesía de construcción clara, nacida de la experiencia y crecida sobre la reflexión, leyó poemas primeros, otros éditos y algunos en espera de serlo. Curiosamente, él, que no se prodiga, fue padrino bautismal de Victor M. Carrascal, poeta oculto a la luz pública, que duda, pero que emocionó con alguno de sus poemas y sobre todo en el último, leído a petición de Esperanza, que es un cántico sereno a la muerte de su padre. A la salida, José Luis Torrego, Ana Ares, Paco Moral, Francisco Castañón, Carmen Bermejo, José Luis Fernández Hernán…, dicharacheros, ocuparon la calle.

sábado, 27 de abril de 2013

De correpoetas


 Preparados
El editor Pablo Méndez escribiendo su elogio

    Pero aplaudan, coño. Quien así rogaba y exigía no era otro que Joan Margarit, premio nacional de poesía, tras leer uno de sus poemas. Sucedió en Blanquerna el 24. Me lo contó el jefe, que ante la abundancia de actos quiso echar una mano. A sala llena, hizo lectura completa en castellano. Y toda ella en pie, con lo cual no fue preciso recurrir, como suele, a levantarse para reforzar emotivamente el final de los poemas. No puede con el silencio. Madrid estuvo animado la tarde anterior, la del martes 23. Claro que, pocos y además repartidos, los actos no lucieron demasiado. Más humildes, poetas de Verbo Azul hicieron lectura pública en la librería Cervantes y Cía, de Manuela Malasaña, lugar a donde volverán. Los Vitruvios doblaron. Primero en el Comercial, su actual casa expositiva, y luego en Fuentetaja. Iniciaron un blog en donde los presentes escribían elogios, escribían de lo bueno que es el libro por ser libro y de los beneficios que su lectura aporta al individuo y a la sociedad. Original. Tierno.  

Listos

   El miércoles fue día 24, y no 4 como se empeñaron los alemanes. La animación del martes se tornó expectación y decepción de forma sucesiva. Pero la poesía no entiende de Borussias y cuatros a unos. Los más irreductible asistieron a un espectáculo que parecía diseñado para el éxito, del que ya se tenía experiencia. El grupo A3 formado por Elvira Daudet, Carmina Casala y Paloma Corrales leían en Libertad 8. Un público selecto, serenísimo, disfrutó de poemas leídos con el magma de la sabiduría. Hay mucha tensión poética en la voz de temple con que levanta Carmina sus poemas elegíacos y/o desengañados, esos poemas que cuentan el roce, y su desgaste, de la piel por los días. Cómo hay emoción en Elvira Daudet, de quien tanto hemos hablado en Mientras la luz y que levantó el aplauso –sin pedirlo, sin rogarlo- tras concluir su poema deuda con Paul Celan. Sus devotos echaron en falta (según dijeron luego) poemas inconmensurables de su libro El don desapacible. Terminó la lectura Paloma Corrales, voz en carne dibujada. Leyó poemas escrupulosamente construidos, limpios, donde la sugerencia dejaba paso a la posibilidad. Todo parece convocado, todo esperado y todo hace que el poema quede abierto hacia la vida. Bellísima sesión. Presentada magistralmente por Jaime Alejandre..
Elvira Daudet, Carmina Casala y Paloma Corrales
Ya

   Como ahora son los viernes los días elegidos, se colman de actos. A veces obligan a esfuerzos que parecen no propios de humanos, sino de correpoetas, esos seres extraños que asisten y asisten sin fatiga. El 26 de abril fue uno de ellos. Ocurrió que la Galeria Suñer, de la calle Barquillo, fue la elegida por la colección de la Universidad Popular de Sanse para dar fe de su existencia. Allí estaba la mano cordial de Guadalupe Grande moderando un coloquio con Félix Grande y Antonio Hernández como figuras. El compromiso del poeta con el mundo que le asedia y el impacto de la crisis actual sobrevolando las conciencias. Terminó Antonio Hernández recitando un poema de Alberti en que el poeta derrotado reta a la niebla con la alegría. Un cierre magnífico. Se presentaba la edición de los cuentos completos de José Hierro.

Ana Ares en Odisea
   Unas manzanas más allá,  Alfredo Piquer regaba las baldosas de Libertad 8 con versos mediterráneos de Cavafis, leídos en griego y español por Yuli Bizou. Perfecto homenaje. Yuli, que también recitó versos suyos. Luego leyó Ana Ares, a lo curroromerro, unas gotas atractivas de esencia de sus último y próximo libros: amor y viajes. Ana Garrido, que volvía aclamada a Odisea, bajó los ojos, serenó su voz y elevó su verbo como pocas veces antes lo habíamos oído. Es poeta cada ves más segura, con más mundo que contar. Tras la música, tras las cuerdas griegas de Dimitris Harisis subió Carmen Rubio, maestra y dueña, para hablar por la boca de Penélope de la ausencia y del mar como elementos con los que contar la espera. Otra vez cuatro mujeres.


   Y otras manzanas hacia el sur, en el Ateneo, Bárbara Butragueño, la eterna (para nueve años ya) promesa de la poesía en la Corte y Villa, presentaba por fin libro. Incendiario. Lo hacía en edición de Los Conjurados. Más de cien jam-treintañeros, vestidos de uniforme para la noche, colmaban la sala. Batania ha escrito el prólogo. Por fin Bárbara tiene libro impreso. (Tiene otros tres escritos, dice). La presentó Juan Antonio Marín con la timidez y la precisión que acostumbra. Eso sí, cuando el verbo sin fin de Ángel Rodríguez Abad, que habló de la ausente Almudena Urbina, declinó. Pero como el sonido del salón de actos ateneísta es tan perverso, apenas si pudimos aprovechar algunos de los poemas de Bárbara, que parecía contenta. Y pensando que era mejor aguardar ocasión otra y mejores medios, Mientras la luz decidió abandonar la sala. Mutis. Uff.

lunes, 4 de febrero de 2013

Sin palos al muñeco


Sin palos al muñeco, que ya cobró bastante. Me dijo. Así debe salir la crónica. Y así sale, jefe. Aquí todo es verdad, menos alguna cosa.

1 (Uno)
Amelia Díez Benlliure (Foto de FB)

Cuando los desatados del ladrillo, hoy ociosos, descubran el potencial económico que supone editar poesía, la cosa puede cambiar. Amelia Díez Benlliure ya lo sabe. Ella, que sabe de números, decidió arriesgar su capital en este negocio antes de que las preferentes se lo merendasen. Y así nació Urania. Amelia está feliz de que naciera. Nos dijo que hay un comité de 5 sabios lectores y que solo se publica un libro cuando 4 dicen sí. Caras de asombro. Esto dijo, en Libertad 8, el 28 y lunes. Añadió que ha tenido la suerte de que 3 de los primeros editados sean además amigos.


Amando Carabias y Eloy Sánchez
en Libertad 8 (Foto de FB)
Dos de ellos, Amando Carabias y Eloy Sánchez, se presentaron mutuamente sus libros. Con sencillez, con respeto. Tanto, que Eloy confesó no haber leído aún Quizá un martes de otoño, de Amando. Tal vez ya sepa que es un largo poema sobre el desasosiego que acompaña al día (un día como tantos), que el poema se fragmenta según los tramos horarios, que el pulso poético de Amando es capaz de mantener la tensión del dolor, del llanto y el desaliento hasta las 3:28 de la madrugada siguiente, último poema, donde ya se atisba la calma, el sendero de la esperanza. Un tema arriesgado ese, Eloy. Después habló Marcelo Díaz, manchego que habita Castellón. Urania le ha editado – magníficamente, por lo que vimos- un libro de poesía infantil, Poemas del aire y del mar, sobre el que habló largo. A continuación presentó Sin cie(l/n)o, poemario editado por Huerga y Fierro. Es buen poeta. Con alto concepto de lo que es ser poeta. Al final desencadenó una pequeña tormenta de opiniones al criticar una frivolidad poético-editorial de García Montero. No esperaba que voces de la sala salieran en defensa del granadino. Debió creer cierto ese dicho del mundillo: Unos contra otros y todos contra Luis. Parece que no lo es.  

Paloma Corrales y Jaime Alejandre (Foto de Maxi Rey)
2 (Dos)

Paloma Corrales se hizo hazversa por méritos propios el 29 de enero. Esto de los Hazversarios es una orden poética muy definida. Jaime Alejandre es su enjuto maestre. Se reúnen los últimos martes de mes. Ya han sido anunciados los que ingresarán en ella durante el año presente y la primera ha sido Paloma. Correspondió con creces al honor. Ella, que posee una modo de escribir austero, insinuante, lleno de espacios para el lector, temía el momento. Temía sencillamente. Pero leyó desde la decisión, desde el convencimiento de que su poesía es su poesía. La suya. Y no es un juego tautológico. Es la poesía que desea escribir y que sonó cierta, comprometida, valiente. Así, el sabio, suave, discurso de una guitarra amiga; su voz, grave como un susurro desobediente: los poemas, unos poemas que narran lo todavía incompleto: lo que la vida arriesga y lo que nos debe; el bosque vivo de los oyentes y su silencio intacto (junto al ángel que a veces sobrevuela) lograron que nos pareciera escaso el tiempo de la lectura. De gran intensidad.
Paloma Corrales y Elvira Daudet
(Foto de Maxi Rey)
Buena parte de los poemas han sido recogidos en el pequeño libro que suele editarse para la ocasión por Cuadernos del Laberinto y el Café Comercial.  Aquí puede verse todo, está grabado. De los alrededores del acto cabe reseñar: los poetas Ana Montojo y Paco García Marquina impidieron a este redactor la toma de notas durante el acto y le obligaron a la ingesta de alcohol posteriormente. Quede clara la denuncia. Elvira Daudet, primera mujer hazversa, fue testigo de todo, cómplice y advertencia. Maxi Rey conminó a este redactor a llegarse hasta Los Diablos Azules para charlar, a las tantas, con Toño Benavides. Quede claro la peligrosidad de este trabajo. Tan deleitoso en la escucha.

Miguel Losada,, impulsor
de Los Viernes  de la Cacharrería
3 (Tres)

Lo evidente del riesgo hizo aplazar hasta el viernes 1 del 2 las nuevas salidas. Pero lo de La Cacharrería del Ateneo tomó pronto forma de abismo. Estaban anunciados por Miguel Losada cuatro poetas, de los cuales desconocíamos. Las apreturas de horarios del Ateneo hizo que se comenzase en una sala, que a medio recital se trasladase al salón principal y que después del timbre de las 10,45 se anunciase el desplazamiento de todos hasta los subterráneos del Café León. Demasiado. Unos goliardos llamados Julio Espino, Sebastián Fiorilli, Marc García Arnau y Carlos Ávila hacen, tal es su oficio, espectáculo de, por, con, cuando, so,……., tras la poesía. Provocación, ingenio, complicidad, algo de monólogo, algo de café-bar, algo de zorongo alegre, una cosa así como el vituperio de las formas trascendentes, un gusto por el desparpajo, la perfor por la perfor, el azar de lo contagioso, la no limitación de los afanes noctívagos, el viejo asunto del discurso poético como excusa para esperar la suciedad del alba. La gente sonreía o reía, bebía. Lástima que, por la crisis, el jefe haya prohibido los taxis. Lástima que el metro de Madrid cierre a la una y media.    

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Dentro

Has querido vivir 
dentro 
esperando el milagro 
y en las palabras 
dentro 
y en las caricias 
dentro 
y dentro se prolonga
en una colección 
de muñones precisos.

        Paloma Corrales