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martes, diciembre 06, 2011

y si eres realmente Dios



Adentro de ti mismo, fuera de ti mismo, caerán del cenit al nadir, 
porque ése es tu destino, tu miserable destino
Vicente Huidobro

Pasión, pasión y muerte

Señor, hoy es el aniversario de tu muerte.
Hace mil novecientos veintiséis años tú estabas en una cruz
sobre una colina llena de gente.
Entre el cielo y la tierra tus ojos eran toda la luz.
Gota a gota sangraste sobre la historia.
Desde entonces un arroyo rojo atraviesa los siglos regando nuestra memoria.

Las horas se pararon ante el umbral extrahumano.
El tiempo quedó clavado con tus pies y tus manos.

Aquellos martillazos resuenan todavía,
como si alguien llamara a las puertas de la vida.
Señor, perdóname si te hablo en un lenguaje profano,
mas no podría hablarte de otro modo, pues soy esencialmente pagano.

Por si acaso eres Dios, vengo a pedirte una cosa
en olas rimadas con fatigas de prosa.

Hay en el mundo una mujer, acaso la más triste, sin duda la más bella,
protégela, Señor, sin vacilar; es ella.
Y si eres realmente Dios y puedes más que mi amor,
ayúdame a cuidarla de todos los peligros, Señor.
Señor, te estoy mirando con los brazos abiertos.
Quisieras estrechar todos los hombre y todo el universo.

Señor, cuando doblaste tu cabeza sobre la eternidad
las gentes no sabían si era de tus ojos que brotaba la oscuridad.

Las estrellas se fueron una a una en silencio
y la luna no hallaba cómo esconderse detrás de los cerros.

Se rasgaron las cortinas del cielo
cuando pasaba tu alma al vuelo,
y yo sé lo que se vio detrás; no fue una estrella,
Señor, fue la cara más bella.
La misma que verías al momento
si rompieras la carne de mi pecho.

Como tú, Señor, tengo los brazos abiertos aguardándola a ella.
Así lo he prometido y me fatigan tantos siglos de espera.

Se me caen los brazos como aspas rotas sobre la tierra.
¿No podrías, Señor, adelantar la fecha?

Señor, en la noche de tu cielo ha pasado un aerolito
llevándose un voto suyo y su mirada al fondo del infinito.
Hasta el fin de los siglos seguirá rodando nuestro anhelo allí escrito.

Señor, ahora de verdad estoy enfermo,
una angustia insufrible me está mascando el pecho.
Y ese aerolito me señala el camino.
Amarró nuestras vidas en un solo destino.
Nos ha enlazado el alma mejor que todo anillo.

Señor, ella es débil y tenue como un ramo de sollozos.
Mirarla es un vértigo de estrella en el fondo de un pozo.

Los ruiseñores del delirio cantaban en sus besos.
Se llenaba de fiebre el tubo de los huesos.

Alguien plantó en su alma viles hierbas de duda y ya no cree en mí.
Pruébame que eres Dios y en tres días de plazo llévame de aquí.

Quiero evadirme de mí mismo.
Mi espíritu está ciego y rueda entre planetas llenos de cataclismos.

Mi vida también sangra sobre la nieve,
como un lobo herido que hace temblar la noche cada vez que se mueve.

Estoy crucificado sobre todas las cimas.
Me clava el corazón una corona de espinas.

Las lanzas de sus ojos me hieren el costado
y un reguero de sangre sobre el silencio te dirá que he pasado.

Hace unos cuantos meses, Señor, abandoné mi viejo París,
un extraño destino me traía a sufrir en mi país.

Hace frío, hace frío. El viento empuja el frío sobre nuestros caminos
y los astros enrollan la noche girando como molinos.

Señor, piensa en los pobres inmigrantes que vienen hacia Américas de oro
y encuentran un sepulcro en vez de cajas de tesoros.

Ellos impregnan las olas del ritmo de sus cantares,
la tempestad de sus almas es más horrenda que la de todos los mares.

Míralos cómo lloran por los seres que no verán más;
les gritan en la noche todas las cosas que dejaron atrás.

Señor, piensa en las pobrecitas que sufren al humillar su carne,
las nuevas Magdalenas que hoy lloran el dolor de su madre.

Agazapadas al fondo de la angustia de su absurda Babel,
beben lentamente grandes vasos de hiel.

Señor, piensa en los espirales de los naufragios anónimos,
en los sueños truncados que estallan en pedazos de bólido.

Piensa en los ciegos que tienen los párpados llenos de música y lloran por los ojos de su violín.
Ellos frotan sus arcos sobre la vida en una amargura sin fin.

Señor, te he visto sangrando en los vitraux de Chartres,
como mil mariposas que hacia los sueños parten.

Señor, en Venecia he visto tu rostro bizantino
un día en que el aire se rompía de besos y de vino.

Las góndolas pasaban cantando como nidos,
entre las ramas de olas, siguiendo nuestras risas hacia el Lido.
Y tú quedabas solo en San Marcos, aspirando las selvas de oraciones
que crecen a tus plantas en todas las estaciones.

Señor, te he visto en un icono, obra de un monje servio que al pintar tus espinas
sentía toda el alma llena de golondrinas.

En la historia del mundo, ¿qué significas tú?
Hace año y medio discutí este tema en un café de Moscú.

Un sabio ruso no te daba mayor importancia.
Yo decía haber creído en ti en mi infancia.

Una bailarina célebre por su belleza
decía que tú eres solamente un cuento de tristeza.

Todos te negaron y ningún gallo cantó:
acaso Pedro oyéndonos lloró.

Y al fondo de una vieja Biblia tu sermón de la montaña
seguía resonando de una manera extraña.

Señor, yo también tengo mi vía dolorosa, mis caídas y mi pasión;
saltando meridianos como un tigre herido, sangra y aúlla mi corazón.

Reina el amor en todas sus espléndidas catástrofes internas,
mil rubíes al fondo del cerebro atruenan,
y las plantas del deseo bordan el aire de estas noches eternas.

Poeta, poeta esclavo de aventuras y de algún sortilegio,
soporto como tú la vida, el mayor sacrilegio.

Señor, lo único que vale en la vida es la pasión.
Vivimos para uno que otro momento de exaltación.
Un precipicio de suspiros se abre a mis pies; me detengo y vacilo.
Luego como un sonámbulo atravieso el mundo en equilibrio.

Señor, qué te importa lo que digan los hombres.
Al fondo de la historia
eres un crepúsculo clavado en un madero de dolor y de gloria.

Y el arroyo de sangre que brotó en tu costado
todavía, Señor, no se ha estancado.


Vicente Huidobro, Santiago 1893- Cartagena 1948
*este poema no pertenece a ningún libro; fue publicado en un diario de Santiago en Semana Santa de 1926. Años más tarde, la editorial chilena Zig-Zag, en la Antología cuyo prólogo, selección, traducción y notas estuvo a cargo de Eduardo Anguita, lo incluyó en la edición de 1944
Imagen de Istvan Nyari© – He´s gone for Sure!! en Uno de los nuestros

sábado, abril 02, 2011

vicente huidobro. camino y otros poemas


Camino

Un cigarro en el vacío

A lo largo del camino
He deshojado mis dedos

Y jamás mirar atrás

Mi cabellera
Y el humo de esta pipa

Aquella luz me conducía
Todos los pájaros son alas
En mis hombros cantaron

Pero mi corazón fatigado
Murió en el último nido

Llueve sobre el camino
Y voy buscando el sitio
donde mis lágrimas han caído.



Llueve

Todo oscuro bajo la lluvia electrizada

La casa
junto al mar vacío

Y entre los hilos de agua
Se sostiene un nido

Donde me he ocultado

Sea yo un astro quebrantado
O bien una luciérnaga
Hay mariposas en mi pecho
Y sobre la canción que asciende
Una luz coloniza los desiertos

Esta alondra de nieve se me muerte

Un Día Partiremos

Los barcos hacia mares en sordina
Mi estrella hacia la yerba viva

Acaso esta obscuridad
viene del armario

En Donde Me He Ocultado

El patio y la vida llenos de musgos
Del sexto piso
desciende el ascensor mejor que un buzo.

Vicente Huidobro, Chile, 1893- 1948
Imagen: Eric White© - “Untitled (Jason´s Paiting)” en Uno de los nuestros

sábado, mayo 02, 2009

guárdate niño



Edad Negra
La muerta atravesada de truenos vivo
Atravesada de fríos humanos
La muerte de sobra llamando tierra por la tierra
Y de subida en los rostros amargos
La marea apresurada
Sobre los ojos y las piedras...
Cómo decir al mundo si es necesario tanto hielo
Si exige el tiempo tal suplicio
Para futuras voces nuevas
Llamando a grandes gritos
Las campanas secretas
En su misterio de memorias a la deriva
Semejantes al temblor eterno
Que se separa de los astros

No hay sacrificio demasiado grande
Para la noche que se aleja
Para encontrar una belleza escondida en el fuego

Perderlo todo
Perder los ojos y los brazos
Perder la voz el corazón y sus monstruos delicados
Perder la vida y sus luces internas
Perder hasta la muerte
Perderse entero sin un lamento
Ser sangre y soledad
Ser maldición y bendición de horrores
Tristeza de planeta sin olor de agua
Pasar de ángel a fantasma geológico
Y sonreír al sueño que se acerca
Y tanto exige para ser monumento al calor de las manos

Penan los astros como sombras de lobos muertos
En donde está esa región tan prometida y tan buscada
Penan las selvas como venganzas no cumplidas
Con sus vientos amontonados por el suelo
Y el crujir de sus muebles
Mientras el tiempo forja sus quimeras
Debo llorar al hombre y al amigo
La tempestad lo arroja a otras comarcas
Más lejos de lo que él pensaba

Así dirá la Historia
Se debatía entre el furor y la esperanza
Corrían a encender montañas
Y se quemaban en la hoguera
Empujaban ciudades y llanuras
Flanqueaban ríos y mares con la cabeza ensangrentada
Avanzaban en medio de la sombra espía
Caían desplomados como pájaros ilusos
Sus mujeres ardían y clamaban como relámpagos
Los caballos chocaban miembros en el fango
Carros de hierro aviones triturados
Tendidos en el mismo sueño...
Guárdate niño de seguir tal ruta

Vicente Huidobro, Santiago 1893- Cartagena 1948.
de Antología Poética, Editorial Corregidor, Buenos Aires, 2007.
imagen de Fernando Bayona© – Crucifixión – Circus Christi Series”, en Uno de los nuestros

sábado, noviembre 24, 2007

era hermosa en sus horizontes de huesos


ian-sanderson.jpg


Ella



Ella daba dos pasos hacia delante
Daba dos pasos hacia atrás
El primer paso decía buenos días señor
El segundo paso decía buenos días señora
Y los otros decían cómo está la familia
Hoy es un día hermoso como una paloma en el cielo


Ella llevaba una camisa ardiente
Ella tenía ojos de adormecedora de mares
Ella había escondido un sueño en un armario oscuro
Ella había encontrado un muerto en medio de su cabeza


Cuando ella llegaba dejaba una parte más hermosa muy lejos
Cuando ella se iba algo se formaba en el horizonte para esperarla


Sus miradas estaban heridas y sangraban sobre la colina
Tenía los senos abiertos y cantaba las tinieblas de su edad
Era hermosa como un cielo bajo una paloma


Tenía una boca de acero
Y una bandera mortal dibujada entre los labios
Reía como el mar que siente carbones en su vientre
Como el mar cuando la luna se mira ahogarse
Como el mar que ha mordido todas las playas
El mar que desborda y cae en el vacío en los tiempos de abundancia
Cuando las estrellas arrullan sobre nuestras cabezas
Antes que el viento norte abra sus ojos
Era hermosa en sus horizontes de huesos
Con su camisa ardiente y sus miradas de árbol fatigado
Como el cielo a caballo sobre las palomas

De Ver y palpar, 1941

vicente huidobro