This is my friend

L. es un niño de segundo de primaria que tendría que estar en tercero. Llegó a la ikastola hace dos años, a una clase bien asentada, un poco revoltosa pero llena de pequeños genios, y, como niño nuevo que era, tuvo su periodo de adaptación. Decir que L. tiene problemas es quedarse corto. No hablo de problemas cognitivos, el chaval no tiene un pelo de tonto, pero todo lo demás que una se puede imaginar, lo tiene. Padres separados. Violencia doméstica. Fines de semana con un padre que no debería tener, a mi entender, ningún derecho sobre sus hijos. Problemas de lenguaje derivados de que en su casa nadie habla con él. Instintos violentos de los que se arrepiente inmediatamente. Falta inmensa de cariño. Nulos recursos sociales. La primera semana en la ikastola, se dirigió a una niña y le dijo, ni corto ni perezoso: "Tú vas a ser mi novia. Para siempre. Para siempre, ¿eh?" Solo de acordarme se me ponen los pelos de punta.

Mi relación con L. ha mejorado muchísimo. El año pasado intentó pegarme. No levanta un palmo del suelo, no es ni mucho menos una amenaza, pero que un niño de siete años te suelte la mano es poco menos que curioso. Cuando lo saqué fuera de clase para hablar con él, me dijo bien a las claras que yo no mandaba, que su padre le había dicho que a él nadie podía decirle qué hacer. Una joya, el padre. Por la misma época, a la logopeda que trabaja con él le soltó otra perla: o me dejas jugar, o le voy a decir a mi padre que me has pegado. Nos tenía algo preocupadas, por decirlo en fino.

Pero este año, no sé por qué, L. está mucho mejor. Se lleva mejor con los compañeros, se esfuerza más en clase, intenta llegar, aunque le cuesta, mucho. Su retraso es severo, lleva mucho bagaje encima (de nuevo, nada de esto es cognitivo, su hermana está igual), pero su actitud es completamente diferente. A su "novia" la tiene frita a regalos. Le hace dibujos, le trae juguetes, la mima, la aprecia. Ella está hasta el gorro de él (y del otro pretendiente que tiene; es que la cría es una pocholada, no por guapa, sino por maja), pero acepta sus cumplidos y de vez en cuando hasta le da un abrazo. Llevo un par de meses viendo que L. está cada día más aceptado, y me alegra, y me alivia. Ningún niño debería sufrir por culpa de sus padres.

El jueves les hice escribir una pequeña descripción, lo primero que escribían en inglés en toda su vida. Eran solo tres frases cortas para trabajar she/he ("This is X. She's/He's my friend. She's/He's 7") que debían acompañar de un dibujo; según fueron terminando, las expuse. L. terminó de los primeros -y lo hizo bastante bien, la verdad-, y luego se dedicó a mirar lo que habían escrito los demás. Cuál no sería su sorpresa cuando se encontró con que cuatro personas de la clase le habían elegido a él para hacer su descripción, y los dibujos que hicieron de él eran absolutamente geniales. Al crío no le cabía la sonrisa en la cara. Se pasó cinco minutos repartiendo abrazos.

A L. le han tocado una mierda de cartas en lo que a familia se refiere, pero tiene la grandísima suerte de estar en una clase llena de chavales estupendos. No sé qué será de él, no soy pitonisa y no se me ocurriría nunca hacer predicciones sobre la vida de un niño, pero tengo esperanzas para L. Lo malo es que no lo veré, porque probablemente este sea mi último año en el centro. Lo del jueves me lo llevo como uno de los mejores recuerdos de este año. Y cruzo los dedos para que siga así y la influencia familiar sea cada vez menor.

1 comentario:

desencanto dijo...

Me he emocionado. Estoy en secundaria y nos llegan muchos niños y niñas herid@s, algun@s han tenido suerte de encontrarse con profesorado y clases todavía no degradadas por la peste de los recortes y ocurren maravillas como esta...
Felicidades a ti y a estos niños y niñas que tienen detrás padres y madres que realmente creen en una sociedad educada y solidaria.
Un abrazo.