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miércoles, 10 de junio de 2009

entrevista a pilar gutiérrez llano, editora de tragaluz editores / “disfrutamos haciendo libros bonitos”



Tragaluz editores surgió en Medellín como una respuesta no sólo al deseo de Pilar Gutiérrez Llano y Juan Carlos Restrepo de hacer realidad su sueño de montar una editorial, sino también a la necesidad que éstos detectaron de abrir un nuevo espacio de publicación en su ciudad. Como muchas de las pequeñas editoriales independientes colombianas, para garantizar su viabilidad Tragaluz ha desarrollado una línea de prestación de servicios editoriales orientada a instituciones públicas y a empresas privadas pero realmente lo que más ha contribuido a dar a conocer su trabajo es su colección de poemas ilustrados.


Aunque el cuidado con el que se trata cada uno de los detalles de sus libros implica un aumento de los costes de producción de éstos, Tragaluz hace todo lo posible por manejar precios razonables para el mercado con el propósito de garantizar que sus títulos sean accesibles para los lectores. La premisa de Tragaluz es producir libros bien hechos y bonitos que estén al alcance de la gente y que circulen de mano en mano.


Martín Gómez: ¿Cuándo y por iniciativa de quién surge la idea de crear Tragaluz editores?





Pilar Gutiérrez Llano: La editorial surgió en 2005 por iniciativa de Juan Carlos Restrepo —mi marido y editor de Tragaluz en este momento— y mía. A Juan Carlos lo habían echado de su trabajo como editor de la Universidad Eafit y en ese momento yo terminaba una biografía, por lo cual ése era el momento perfecto para darle vida a nuestro sueño de siempre de montar una editorial. Lo hicimos en contra de mucha gente que nos decía que cómo se nos ocurría, que se trataba de un proyecto muy romántico y que la cosa no iba a dar resultado. Sin embargo, cuando tomamos la decisión todo pasó muy rápido a pesar de que era algo en lo que veníamos pensando desde hacía mucho tiempo porque era un sueño de los dos. Yo ya había montado algo en este campo que era como un híbrido entre agencia de publicidad y editorial. Juan Carlos venía trabajando como editor desde hacía muchísimos años, era profesor de diseño y además ambos escribimos.


Entre los dos reuníamos las disciplinas necesarias para montar este tipo de empresa, así que totalmente soñadores nos sentamos en la mesa del comedor de la casa y dijimos ‘pongámosle un nombre a este proyecto’ y como en ese momento el panorama estaba un poco oscuro porque Juan Carlos estaba sin trabajo dijimos ‘no, necesitamos algo con luz, como una ventana’. Cogimos el diccionario y buscamos sinónimos y encontramos “tragaluz”. Nos pareció que “tragaluz” era un lindo nombre y dijimos ‘listo’.


M.G.: ¿Cuáles son las motivaciones que condujeron a la creación de Tragaluz editores?


P.G.Ll.: La coyuntura tuvo mucho que ver pero como te digo este proyecto era la respuesta a muchas cosas. Primero, los dos escribimos y desde hacia mucho tiempo veíamos la necesidad de abrir un nuevo espacio de publicación en Medellín porque en la ciudad no había ninguna editorial a la que un escritor nuevo pudiera llegar con su proyecto. Obviamente si era un gran escritor estaba Colina o daba el salto hacia Bogotá pero como esa editorial que soñábamos ver en la ciudad no existía, dijimos ‘bueno, no la vemos y no vamos a esperar a verla sino que vamos a crearla nosotros’.


M.G.: ¿Cuáles son las líneas de trabajo de Tragaluz editores y cómo se definieron éstas?




P.G.Ll.: En realidad Tragaluz tiene dos líneas: en primer lugar, la de servicios editoriales a instituciones, universidades y empresas privadas que nos llaman y nos dicen ‘necesitamos redactar un texto con tales y tales características’; y, en segundo lugar, Tragaluz como sello editorial. En este momento tenemos una línea de poesía que es la que nos ha dado a conocer. Actualmente vamos en el quinto libro y la idea es reunir en ella títulos de quince poetas representativos de Colombia. Empezamos con cinco ya reconocidos, vamos a seguir con cinco un poco más jóvenes y los cinco últimos serán autores muertos.


Tenemos otra colección llamada “Cuaderno de notas” que empezó con un libro de Débora Arango. Hay también una colección independiente que empezamos con el libro Aunque no te siga, de Carlos Vásquez. Con esta colección se abren las puertas para que un escritor traiga un trabajo y si nosotros consideramos que es bueno le cumplimos su deseo de publicar el libro que siempre ha imaginado.





Finalmente, con el libro Nosotros, vosotros, ellos, de Félix Ángel, empezamos una colección de libros de gran formato.


M.G.: ¿En “Cuaderno de notas” vendrán más títulos después del de Débora Arango?


P.G.Ll.: Vienen más. El segundo libro será de Gregorio Cuartas, que es un pintor —casualmente también antioqueño, como Débora Arango— que vive en París desde hace muchísimo años.



M.G.: ¿Los otros diez títulos de la colección de poesía ya están definidos?


P.G.Ll.: No están definidos del todo porque la selección de autores y obras es un proceso delicado. Sacar un libro requiere hacer una evaluación previa, discutir una propuesta y volver a leer los textos. Se trata de una decisión que no se toma rápidamente y por eso no me lanzo a decirte cuáles son los cinco próximos títulos aunque ya tengamos una lista muy definida.


M.G.: Estos libros de poesía son antologías de sus autores. ¿Cómo es el proceso de selección de los poemas que se incluyen en ellos?


P.G.Ll.: En la medida de lo posible nos leemos la obra completa de los autores. Conseguimos los libros, los leemos y hacemos previamente una selección. Después recurrimos a un grupo de personas —entre las que se encuentra Jaime Jaramillo, que ha sido muy importante para nosotros— que nos ayudan y nos acompañan en esta labor y discutimos esta propuesta con ellos. Es un pequeño consejo editorial al que no le estamos dando la libertad de cambiarnos las cosas pero sí de opinar y de orientarnos, así que en caso de que veamos que sus opiniones son válidas y buenas las aceptamos. Se trata de un trabajo en equipo que nos gusta mucho.


Luego nos sentamos con el autor y le preguntamos qué más quiere incluir. Casi siempre la selección de los libros termina siendo una mezcla entre la que hizo Tragaluz inicialmente y lo que propone el autor.


M.G.: ¿En qué consiste el trabajo que se hace con los ilustradores?


P.G.Ll.: Esa parte es importantísima. Hacemos toda la selección y decimos ‘éstos son los textos de la antología’. Como Juan Carlos además es ilustrador, nos metemos los dos y pensamos en aquellos ilustradores que nos imaginamos que podrían funcionar con el tipo de poesía de cada autor. Tenemos una base de datos pequeña con ilustradores muy buenos y decimos ‘para este libro nos sirven éste, éste y éste’. Luego vamos adonde el autor y le decimos ‘tenemos estos tres ilustradores y éstos son los rasgos de cada uno. ¿Vos cuál preferís?’ Algunas veces nos dicen ‘escojan ustedes, tienen toda la libertad’ y otras veces nos dicen ‘yo quiero trabajar con éste que es buenísimo’.


Entonces es un trabajo en conjunto y la parte del ilustrador es muy importante porque él también tiene que tener un espíritu poético y debe conectar con el carácter del autor y de su obra. Es un trabajo en grupo en el que se le da mucha importancia a la tirita que trae el libro, al color de la cubierta y a todo lo demás porque todos los elementos tienen una estrecha relación entre sí.


Esta colección empezó cuando Tragaluz llevaba un año. Todavía no habíamos sacado nada con el sello y sólo estábamos prestando servicios editoriales. Había sido un buen año y dijimos ‘vamos a darnos un lujo. Vamos a sacar un libro de los que queremos hacer y vamos a regalarlo’. Editamos Tres poemas ilustrados, de Jaime Jaramillo —que para nosotros ha sido como un papá—, y sacamos doscientos ejemplares. Era un regalo para toda la gente que nos había apoyado: las empresas y todos los que estaban metidos con nosotros. Queríamos decir ‘Tragaluz empezó, llevaba un año prestando servicios editoriales pero Tragaluz también es esto’.




Resulta que nos fue súper bien con ese libro y la respuesta fue 100 % positiva. La gente empezó a pedirlo y en ese momento arrancamos a hacer la colección. A este libro nosotros le debemos muchísimo, es una belleza. Con Tres poemas ilustrados nos ganamos el premio Lápiz de acero.


M.G.: ¿Cómo es el proceso de selección de los autores?


P.G.Ll.: De esta primera parte dijimos ‘vamos a escoger cinco poetas representativos, cada uno con una voz distinta’. Eso es lo que hace que nosotros lo escojamos. Dijimos ‘poesía pura y romántica de principios de siglo, Meira Delmar; prosa poética, Jaime Jaramillo’. Cada uno tiene sus características. Puedes encontrar cinco voces de la poesía colombiana del siglo XX muy distintas entre sí.


M.G.: Dentro de las líneas de trabajo que desarrolla Tragaluz, ¿cuál es el tipo de proyectos que más entusiasmo les produce desarrollar?


P.G.Ll.: Todo el trabajo editorial porque nos encanta. Pero esta línea literaria dentro de la cual la competencia es súper reñida es lo que más nos seduce y hacia donde se dirige Tragaluz. Cada una de estas cosas es el resultado de un trabajo muy rico que nosotros nos gozamos hasta el final. Nos fijamos en todos los detalles y los tratamos todos con mucho cuidado.


M.G.: ¿Hay algún libro en particular cuya publicación les haya producido más satisfacción que los demás?


P.G.Ll.: Yo creo que de todos al que le tenemos un mayor afecto es Tres poemas ilustrados, de Jaime Jaramillo, que nos ha traído una satisfacción enorme porque con ese libro dijimos ‘vamos a hacer lo que queremos y vamos a regalarlo’. Con ese libro no había pretensiones. Había un sueño plasmado: ‘queremos hacer libros bonitos’. A este libro de Jaime le tenemos un cariño especial pero yo los veo y todos tienen detrás historias muy buenas y muy intensas.


Y es cierto que lo digital está invadiendo el mundo pero yo veo que lo digital nunca podrá reemplazar un libro de éstos, ¿no? Le apostamos al papel sin dejar de ser conscientes de que el mundo digital cada vez se abre más camino. Y Tragaluz también va a estar en el mundo digital.


Además, siempre conocemos a los autores. A Giovanni Quesseps no pudimos conocerlo porque se enfermó durante el proceso de selección de textos y cada vez que yo quería ir a visitarlo me decía ‘Pilar, no vengas que estoy muy enfermo’ y a mí me daba como pena. Pero hablamos muchísimo por teléfono. Con Meira Delmar viajamos hasta Barranquilla y con Juan Gustavo Cobo Borda estuvimos en su casa en Bogotá. Con Eduardo Escobar también estuvimos en su casa. Como verás, disfrutamos muchísimo el trabajo que estamos haciendo.




M.G.: ¿Cree usted que Tragaluz editores está llenando un hueco que han dejado en el mercado tanto los grandes grupos como las editoriales independientes que ya están posicionadas?


P.G.Ll.: Sí, pero todavía nos falta mucho para llenar el huequito porque cuando nosotros empezamos con Tres poemas ilustrados, de Jaime Jaramillo, escogimos escritores ya reconocidos y eso quería decir que le estábamos dando espacio a quien ya lo tenía. Yo creo que en realidad vamos a hablar de ese nuevo espacio con el que los escritores y los artistas sueñan cuando saquemos una nueva colección, que será la de cuento y que empieza próximamente.


Vamos a empezar con un gran cuentista colombiano y detrás de él vendrán muchas voces jóvenes. Se trata de Eduardo Escobar, que aunque no es muy conocido como cuentista para mí es de lo más grande que tiene Colombia en el género del cuento.


M.G.: ¿En qué consiste la estrategia tanto editorial como comercial de Tragaluz editores para alcanzar y conservar una posición propia en el mercado?


P.G.Ll.: La estrategia nuestra consiste en conservar el romanticismo que nos ha hecho diferentes porque gracias a él hemos podido crear un público de seguidores de nuestro trabajo. La estrategia de Tragaluz es hacer lo que tenemos la certeza de que nadie más hace debido a su grado de dificultad. Tragaluz parte del texto y luego lo funde con la forma. Nos gusta que la gente vea nuestros títulos y diga ‘qué libro tan bonito, yo quiero leerlo y tenerlo’. Tenemos la seguridad de que esto permanecerá en el tiempo porque queremos que nuestros libros circulen de mano en mano.





M.G.: ¿El proceso de producción es tan artesanal como parece?


P.G.Ll.: Ahí hay una mezcla muy interesante. La parte interior es un proceso totalmente industrial hecho en litografía. Y las cubiertas sí se hacen mediante un proceso totalmente artesanal. La tela se importa porque en Colombia todavía no hay telas especiales para encuadernación. Para el encuadernador con el que trabajamos, que se llama Carlos Quijano y tienen un concepto muy claro que funciona bastante bien, es muy bueno disponer de este tipo de telas para hacer las cubiertas. Se trata de un proceso manual muy delicado porque estos libritos requieren que las cosas queden perfectas.


M.G.: ¿Los costes se suben mucho por tener todos estos cuidados?


P.G.Ll.: Sí se suben mucho pero no tanto por el material ni por la mano de obra sino por el tiempo que implica debido a que el proceso de producción es más demorado. Para nosotros este método de trabajo requiere estar yendo a la litografía con frecuencia. En otras editoriales mandan a impresión cinco libros al mismo tiempo y aunque nosotros también desarrollamos proyectos de manera simultánea, la producción de un libro de éstos cuando estamos en pleno proceso nos ocupa casi la totalidad de nuestro tiempo. Sí hay un incremento en los costos pero no es tan grande como la gente se imagina.


Sí queremos conservar precios normales. Nos encanta que la gente nos diga ‘queremos que nos den toda la colección’ y esa decisión la toman porque saben que manejamos precios normales y que esta colección no se va a repetir en cantidades alarmantes porque son libros que no se pueden producir en tirajes muy grandes. Nuestros tirajes son de alrededor de quinientos ejemplares. Y algunos títulos ya han tenido reimpresiones.


Somos muy conscientes de los precios y como somos amantes de los libros nos da mucha rabia enamorarnos de uno y que nos digan ‘no, vale 180.000 pesos’. Queremos que los libros estén al alcance de la gente y con los precios que manejamos la respuesta ha sido positiva.





M.G.: ¿Cuál sería su balance de la experiencia de la editorial hasta ahora?


P.G.Ll.: No podría ser mejor. Todos los que al principio estaban en contra de nosotros porque este proyecto no era negocio en este momento forman parte de la junta directiva de Tragaluz, son los más enamorados de la editorial y cada vez que les planteamos una idea bien loca nos dicen ‘sí, sigan por ahí’. Confían en que lo que hace falta es arriesgarse.


M.G.: ¿Podría adelantarnos algo con respecto a los libros y a otras publicaciones que está preparando en este momento Tragaluz editores?


P.G.Ll.: La colección de cuento empieza con Eduardo Escobar y con algo muy especial, que es la primera voz de escritores jóvenes y poco conocidos. Se trata de Rodrigo Mora, un gran escritor de cuarenta años. No hemos trabajado escritores más jóvenes de cuarenta años porque la literatura requiere maduración del proceso y oficio. Creemos que lo importante no es el libro que escribiste a los treinta sino los que venís escribiendo desde entonces.


M.G.: ¿Cómo percibe usted el estado actual del segmento de la edición independiente en Colombia?


P.G.Ll.: El momento es especial porque acaba de empezar la Red de Editores Independientes de Colombia (REIC). Tenemos precisamente la intención de unirnos todos como independientes para lograr ser más visibles y tener más presencia. Apenas se está empezando el trabajo. En todo caso yo creo que allí va a haber una depuración. En la asociación de todas estas editoriales independientes van a quedar finalmente las que son, aquellas que en ramas muy distintas tienen una oferta que vale la pena: hay literatura infantil, textos académicos o poesía. Yo creo que van a quedar muy pocas editoriales porque hay muchas que no tienen un ritmo de publicación ni la organización que requiere la edición. Porque una editorial es un trabajo en grupo y cuando las cosas se hacen a título unipersonal todo resulta un poco sospechoso.


Veo también proyectos de gente todavía muy joven que pienso que tienden a morir porque éste es un trabajo muy complejo que requiere madurez incluso en la gente que lo maneja. En fin, yo veo un ambiente bastante interesante. Las editoriales independientes en Colombia todavía somos débiles porque estamos al lado de unos gigantes que pican muy duro. Pero lentamente se está haciendo una labor y yo creo que eso ya empieza a notarse.


Transcripción: Margarita María Pérez Barón

lunes, 25 de mayo de 2009

notas sueltas [ 6 ] / entrevista de josé antonio millán a guillermo schavelzon y un comentario sobre los inmigrantes y los nativos digitales


Como durante las últimas semanas los contenidos digitales han dado mucho de qué hablar debido a la cantidad de actividades y noticias que ha habido recientemente alrededor de ellos, estaba pensando que es bastante probable que algunas personas tengan la impresión de que de repente [ el ojo fisgón ] se ha convertido en un blog sobre edición y nuevas tecnologías. Y no es así. Lo que pasa es que debido a mi interés por las tendencias del mercado editorial me parece fundamental ponerle atención no sólo a la manera como en nuestro medio se está ampliando la conciencia en relación con la importancia de los contenidos digitales, sino también a los cambios de actitud de ciertas franjas del sector editorial español con respecto a éstos.


Pasados el eForo Publidisa 2009 y las jornadas Los futuros del libro que organizó la Feria del Libro de Sevilla, me queda poco por decir sobre lo que se habló allí. A lo que he dicho durante las últimas semanas sobre contenidos digitales quisiera añadir un par de anotaciones.


***


El pasado 7 de mayo José Antonio Millán publicó una entrevista, interesante, sintética y contundente que le hizo al agente literario Guillermo Schavelzon. Quizás el aspecto de la entrevista que más me llama la atención es que José Antonio ponga sobre la mesa el tema de la gestión de derechos para soportes digitales, que desde hace un tiempo algunos han empezado a incluir en las negociaciones de los derechos y que en España empezó a dar de qué hablar seriamente a raíz de la presentación de la iniciativa a través de la cual la agencia literaria Carmen Balcells ha empezado a comercializar en formato digital las obras de algunos de los grandes autores que representa.



Schavelzon aborda el tema con bastante cautela y no parece estar dispuesto a apresurarse a entrar al negocio de los e-books hasta que no se hayan definido los estándares técnicos ni las reglas que regirán su funcionamiento:


'Para mí el negocio de los libros electrónicos solo será posible cuando se haya definido quién dominará el hardware para leerlos, los dispositivos. Esa es una lucha entre gigantes (Apple, Google, Amazon, Sony…). El que imponga su dispositivo –ellos dicen que faltan dos o tres años– será nuestro principal comprador de derechos, mientras toda editorial digital doméstica, aunque tecnológicamente es posible, solo sirve para generar un intermediario más'.


En su página Web José Antonio ya había publicado un texto de 1999 en el que Schavelzon explica en qué consiste la función de un agente literario. Más adelante José Antonio complementó el texto en cuestión enlazando la entrevista que yo le hice al agente argentino hace ya dos años largos.


***


En la conversación que sostuvieron Javier Celaya y Pablo Arrieta en Madrid después del eForo Publidisa 2009, éste hizo un comentario sobre los inmigrantes y los nativos digitales alrededor del cual se generó una conversación interesante en los comentarios a la entrada en la que presenté el vídeo que hicimos con los chicos de Tökland. Dice Pablo:


'Siento que en los países del norte, Estados Unidos esencialmente, la actitud es mucho más proactiva. También tiene que ver con que es un país de inmigrantes. Ese término que se ha acuñado de "inmigrantes digitales" y "nativos digitales" es curioso porque los nativos normalmente no son personas que tengan grandes necesidades. Simplemente están ahí y ya. Y los inmigrantes son los tipos que necesitan creársela. Yo siento que los italianos o los colombianos que llegaron a poblar son mucho más recursivos que los hijos de segunda generación. Entonces el término es curioso porque uno pensaría que son los inmigrantes los que van a proponer más cosas y los que van a hacer más'.


Si es cierto que actualmente ciertos segmentos del sector editorial español están teniendo un cambio de actitud con respecto a los contenidos digitales, seguramente dentro de un tiempo empezará a haber oleadas migratorias hacia el mundo digital y será interesante estar ahí para ver sus consecuencias. Quizás aún más interesante será ver qué pasa cuando tras acabar sus estudios universitarios los primeros nativos digitales salgan a buscar trabajo y empiecen a desembarcar en el sector editorial.


martes, 12 de mayo de 2009

conversación con pablo arrieta y javier celaya sobre contenidos digitales e industria editorial

Al final del eForo Publidisa 2009 —sobre el que ayer hice algunas anotaciones—, junto con el equipo de Tökland tuvimos la oportunidad de proponerles a Pablo Arrieta y a Javier Celaya sostener una conversación sobre algunos de los temas que se tocaron en el evento. La dinámica consistió en ponerles sobre la mesa a Pablo y a Javier un par de temas que sirvieron como punto de partida para el desarrollo de esta breve pero jugosa conversación: la actitud de la industria editorial española frente a los contenidos digitales, los retos y las oportunidades a los que ésta debe enfrentarse en estos tiempos de transformaciones y de crisis financiera, los cambios de hábitos de las audiencias y las diferencias que existen entre España, América Latina y los Estados Unidos en cuanto a la producción y al consumo de contenidos digitales.




Además de los planteamientos que hace cada uno, quizás lo más interesante de esta conversación sea la amplia gama de matices que se deriva del hecho de reunir en una mesa a dos expertos que están explorando una misma realidad en medios geográficos y culturales diferentes —Pablo en América Latina y Javier en España, ambos con intereses y vínculos profundos en el ámbito estadounidense— para que expongan, intercambien y confronten sus puntos de vista.


Hay varios planteamientos de la conversación sobre los que vale la pena llamar la atención:


- El paso de una negación importante de una realidad a una aceptación de ésta por parte la industria editorial española, que sugiere un cambio de actitud en ella.


- Las lecciones que puede sacar la industria editorial hispanohablante de otras crisis como la de 1929, que nos dejó los cómics.


- La transformación que sufrirá el sector del libro a raíz de la actual crisis financiera y la redistribución del peso tanto del papel como de lo digital.


- La manera como la emergencia de los contenidos digitales está modificando los hábitos de consumo de las audiencias.


- La utilidad que tiene en los Estados Unidos el espíritu emprendedor y proactivo en tiempos de crisis.


- El papel que juegan los distintos actores a la hora de generar reglas de juego en contraposición a la imposición de éstas por parte de alguno de ellos.






Sobre todos estos temas se seguirá discutiendo el lunes 18 y el martes 19 de mayo en la Feria del libro de Sevilla, durante las jornadas Los futuros del libro.



miércoles, 1 de abril de 2009

entrevista al diseñador pablo arrieta [ 2 / 2 ] / “aceptemos que lo que estamos haciendo en digital es bien movible y cambiable”

En la continuación de esta entrevista cuya primera parte publiqué la semana pasada Pablo Arrieta habla acerca de temas como el reto que le plantea la adopción de las nuevas tecnologías al sector editorial, la penetración de los dispositivos móviles de lectura y de los contenidos digitales en Colombia, las oportunidades que hay detrás de éstos, el impacto que tiene su emergencia sobre la manera como consumimos la información, algunos rasgos que podría llegar a tener un libro en un futuro no muy lejano y las lecciones que puede sacar la industria editorial de la cinematográfica o de la discográfica. Por otro lado, propone una interesante reflexión con respecto a la necesidad tanto de replantear la idea de propiedad intelectual en el ámbito digital como de tomar una distancia crítica frente a las herramientas en las que éste se apoya.




Pablo considera que la justificación del negocio editorial debe cambiar, llama la atención sobre una nueva concepción del rol del diseñador según la cual en lugar de la obra completa como tal él sólo crea las piezas de ésta, destaca la manera como los distintos países de América Latina se desconocen unos a otros a pesar de los parecidos existentes entre ellos y señala el riesgo de estandarización que traen consigo las herramientas digitales.


M.G.: ¿Cuáles cree usted que son los retos que le plantea la adopción de las nuevas tecnologías al sector editorial?


P.A.: Creo que lo más importante es que la gente del sector se olvide de muchas cosas que creía saber. No hay que pensar tanto en lo que vamos a aprender sino en lo que vamos a olvidar. Yo pienso que estamos en un momento en el que se ha movido el suelo en distintos niveles y etapas.


Curiosamente al principio la gente decía ‘estas nuevas tecnologías van a matar el libro’ y yo no creo que vayan a matarlo pero sí que las cosas van a cambiar. Sobre todo va a cambiar la justificación del negocio editorial, que antes y durante muchos siglos se podía sostener de una forma muy similar. De la época de Gutenberg a la nuestra no hubo grandes cambios: aparece la televisión en los años cincuenta y llena un espacio intermedio porque allí yo no puedo poner literatura.


Y por primera vez estamos frente a aparatos que sí permiten suplantar el papel. Y algunas veces lo hacen de una forma mucho más ecológica y responsable. No todo lo que se imprime es bueno y pienso que la industria editorial ha intentado vendernos la idea de que sí es así. Y por muchos años las cosas se han sostenido de esa manera. Si miras en las grandes ferias te encuentras con que hay personas que venden millones de unidades de un único título y que de los demás sólo venderán uno o dos. De esta manera realmente se pierde mucho material y mucho esfuerzo.


Con los medios digitales la industria va a tener que replantearse por qué está produciendo ciertas cosas, qué va a producir y de qué manera va a hacerlo. Es por eso que antes decía ‘bueno, seguramente algunas cosas que en este momento se imprimen dentro de unos años no tendrán que imprimirse sino que más bien se hará un documental con ellas’.



Pero la casa que antes hacía el contenido audiovisual no era una editorial. Ahora ya te das cuenta de ese giro. En algunas editoriales están teniendo su brazo armado de producción de películas. Te pongo un ejemplo: ¿Harry Potter vendió tantos millones de libros gracias a la película o la gente vio las películas porque le gustó el libro? ¿Cómo funciona esto, cómo es esa relación hermanada entre estos dos universos? Y si te pones a pensar cómo podría ser un libro en los años que vienen, muy seguramente tendrá unas partes visuales pero ya no como un libro ilustrado con algunos dibujitos sino con video incorporado. Y eso va a solucionar muchos problemas que en este momento tiene la industria editorial.


Hay mucho material que mientras se trabaja en él tiene que ser reformateado, pasado al medio impreso y distribuido. Y este tipo de material pierde la frescura que podría tener inicialmente. En industrias paralelas como la de la música, el cine y la televisión están saliendo muchos ejemplos que le van a servir a la industria editorial para replantearse ese objetivo, sobre todo porque ahora todos los medios deberían cumplir las mismas leyes.


Es una cosa muy rara: antes tú tenías las leyes de los medios impresos, las de la radio o las de la televisión y ahora lo que hay son convergencias que te llevarán a que las decisiones que antes tomaba una editorial en un futuro quizás las tome una empresa de telefonía.


M.G.: ¿De qué manera repercute la emergencia de las nuevas tecnologías en la gestión de la propiedad intelectual?


P.A.: Creo que con estas nuevas tecnologías se van a replantear fuertemente el concepto de propiedad intelectual y la importancia del lugar y del espacio en el que estamos. Fíjate que esta charla está ocurriendo en Bogotá pero la mitad de la conversación que hemos tenido se ha dado en Internet: yo consumiendo aquí en Bogotá y tú produciendo desde Barcelona. Yo pienso que el enfoque que tú tienes en lo que escribes y la manera como miras las cosas son muy colombianos. Tu punto de vista no es muy español. Tu perspectiva es muy colombiana en España y ese valor y esa diferencia son interesantes. Lo que en cierto punto es irrelevante es desde dónde estoy consumiendo yo la información: puede ser en Bogotá o en los viajes y eso es algo que nos vuelve un poquito líquidos.





La industria editorial va a tener que replantearse y la del diseño también: el diseñador es un tipo que hasta ahora creía que dejaba las cosas terminadas y que de ahí en adelante nadie las cambiaba. Ahora el usuario va a poder intercambiar mucho y tú miras y los computadores, los sistemas operativos y los programas cada vez permiten una mayor personalización. Eso no sólo quiere decir que el diseñador va a tener que cambiar la posición tan estricta y dictatorial que había tenido frente a la obra, sino que también replantea la manera como se debe enseñar el diseño. Si dejo una cosa que hasta cierto punto es abierta para que las personas puedan moldear, ¿a la hora de evaluar cómo defino qué está bien o qué está mal? Las escuelas de diseño van a tener que fomentar el conocimiento de los públicos y la correcta comunicación pero se van a acabar las grandes verdades.


Es más o menos lo que pasa con MySpace: después de que tú le has metido todo el tiempo que quieras a aprender de diseño para saber cómo se pueden hacer las cosas bien, viene una persona y en dos noches monta algo que se vuelve un éxito y a la gente empieza a gustarle eso que uno dice ‘¡pero si es horrible!’. Sin embargo, resulta que a la gente eso le gusta y le parece interesante. Quizás si tú te crees tanto que conoces ciertas reglas después te va a quedar muy difícil innovar realmente. Por eso pienso que la propiedad intelectual entendida desde el punto de vista del diseño va a tener que transformarse en aceptar que así como lo que estamos haciendo en impreso es inamovible, lo que estamos haciendo en digital será bien movible y cambiable. Y eso a un diseñador le va a tener que mover bastante el ego porque muchas veces oyes a los arquitectos decir ‘mire, es que esto es mío pero me lo han venido cambiando’.


Me ha ayudado mucho haber estudiado Arquitectura porque un arquitecto termina su obra y después llegan los habitantes al edificio y se apropian de él adaptándolo a lo que realmente quieren. Pero el edificio sigue existiendo. En el mundo digital el diseñador va a tener que dar unas pautas y unos lineamientos pero son las personas mismas quienes van a ir enriqueciendo ese universo. Desde muy temprano trabajé en impresos y en pantalla. Llevo diez años diseñando y hoy no te puedo mostrar ningún proyecto digital porque ninguno existe en este momento, lo cual es una evidencia de que esa idea que tengo de la volatilidad y del carácter pasajero de las cosas proviene mucho más de lo digital que de lo impreso.


Yo he visto cómo la industria digital demandaba inicialmente tipos hiperexpertos y en este momento la industria editorial digital necesita a alguien que tenga algo que decir y pone el diseño en un segundo lugar cuando éste es justamente el factor que hace que un sitio Web sea más aceptado que otro. No desmerito la labor del diseñador pero sí entiendo que hay que dejar que el usuario meta la mano porque de lo contrario nos vamos a enfrascar en el mismo problema que tienen otros mercados que han intentado cerrarle el acceso a la gente. Un ejemplo muy interesante en relación con esto es el de Susan Kare, que era la diseñadora de interfaces de Apple y que fue quien creó todos los iconos que hoy conocemos. En este momento Susan Kare dice que el diseñador no debería intentar diseñar la obra completa sino las piezas de la obra: los botoncitos, las imágenes, etc. y dejar que las personas mezclen todos esos elementos. Ella diseña todos esos regalitos —hamburguesas, muñecos de peluche y cervezas— que vienen en Facebook. No intentó diseñar Facebook pero sí las cosas que la gente regala y tiene una empresa que ha hecho mucha plata solamente con eso. En ese momento tú miras y dices ‘yo ya no puedo diseñar la obra de arte total sino las piezas de esa obra y puedo hacer que las personas empiecen a interactuar y a hacer modificaciones que van a ser mucho más globales pero que son mucho menos definitivas’.



M.G.: ¿Cómo ve usted la adopción de las nuevas tecnologías en el sector editorial colombiano?


P.A.: Yo pienso que hay mucha curiosidad. Si se están cerrando puertas, es porque otras se están abriendo. Yo pienso que lo que debería hacer el sector editorial en Colombia es ser un poco más agresivo en la propuesta de soluciones. Ahora mismo nadie tiene esta actitud y muy posiblemente lo que veamos a futuro es que nunca nadie la tuvo porque todas las respuestas pueden funcionar de acuerdo con el proyecto. No hay una única respuesta efectiva para todo lo que vayas a hacer.


Muchas veces lo que el mercado editorial colombiano está haciendo es fijarse en lo que hacen otros por fuera para luego implementarlo aquí. Con la pequeña diferencia de que el mercado digital gringo no tiene nada que ver con el colombiano. Lo que quiero decir es que el apetito con el que el público colombiano consume contenidos digitales es completamente distinto del que puede tener el público en los Estados Unidos, donde los textos y los libros a los que estamos refiriéndonos son mucho más accesibles. Pienso que aquí hay que ver este tema con cuidado porque si hay posibilidades puede que no se den de la misma manera que en mercados como el europeo, el asiático o el norteamericano.


M.G.: ¿Cómo ve usted las posibilidades de penetración en Colombia de los contenidos digitales, de los dispositivos de lectura de e-books y de la impresión bajo demanda?


P.A.: Las condiciones para que ese tipo de mercado se desarrolle están dadas. En este momento en Colombia ya tienes la posibilidad de venderle estos productos y servicios a la gente porque los precios de los contenidos tradicionales son extremadamente altos. Traer cosas a Colombia es carísimo por motivos de importación, de transporte y de almacenamiento mientras que el mundo digital tiene la ventaja de reducir muchos de estos costos y de terminar metiéndole casi todo el valor fuerte a una pieza de hardware.


Si en Colombia dices que los lectores digitales reemplazan al libro, van a tardar en volverse populares. Si tú compras un libro al año un lector electrónico no te sirve para nada. En cambio si al año estás comprando una cantidad determinada de libros, revistas o periódicos y todo esto converge en un único aparato, ya el costo empieza a minimizarse y tú podrías maximizar el beneficio gracias a la portabilidad.


No pienso que lo uno reemplace a lo otro sino que dependiendo del tipo de persona que seas —si te estás moviendo o si tienes que cargar contigo una gran cantidad de información— vas a darles mucho más uso a este tipo de herramientas. Pero también depende de cómo te esté llegando esa unidad de contenidos: mientras que en Europa tienes un libro que te cuesta diez euros, tener el mismo libro aquí en Colombia puede costarte cincuenta euros. Y eso es totalmente absurdo. Es ahí donde la unidad podría hacer que algunas de las personas digan ‘oiga, si yo quiero tener estos contenidos más bien me meto en la máquina y me ahorro el tiempo que tengo que esperar para que el contenido llegue a Colombia’ porque esa inmediatez no la puedes tener con el objeto físico.


Creo que ahí es donde están las posibilidades para las editoriales tradicionales, que pueden adelantarse y empezar a trabajar con impresión bajo demanda en caso de no querer que la gente se meta en tecnologías digitales de lectura. Así la gente deja de pensar que si el libro acaba de salir en Europa le va a tocar esperar varios meses hasta que llegue a sus manos. Yo veo mucho potencial ahí.


Hay dos ejemplos que me sirven para ilustrar lo que estoy diciendo: la tecnología te cambia las cosas porque, ¿cuánta música consumía un colombiano promedio o cuántos discos tenía cuando debía comprarlos? Cuando yo estaba en la facultad mis amigos sobrevivían con cuatro o cinco discos durante todo el colegio y toda la carrera. Y ahora la gente tiene toneladas de música. Puede que no la esté pagando pero consume mucha más música, conoce más sobre ésta y los conciertos se están llenando. REM vino en 2008 no porque en Colombia ahora la gente sea más bonita que en los ochenta o en los noventa, sino porque ellos se dieron cuenta de que actualmente tienen que venir aquí para lograr obtener ingresos.


El otro lado es lo que está pasando justo ahora con los periódicos. Antes era raro ver gente leyendo periódicos en Bogotá. Ahora que empezaron a regalarlos, y no creo que sea simplemente por moda, creo que va a pasar lo mismo que en las grandes ciudades: que la gente se vuelve a informar a través de la prensa escrita y le ve un valor. Me ha parecido muy curioso que desde que en Bogotá salió el periódico ADN tú encuentras gente leyendo con cuidado no sólo en una peluquería, que es un sitio donde tradicionalmente se lee, sino también en la tienda de la esquina. Ves a tres o cuatro personas con un periódico de éstos. Yo pienso que el hecho de que estos periódicos se acerquen más a un nivel adquisitivo como el nuestro hará que se popularicen y que la gente los consuma más.


M.G.: ¿En qué consiste el trabajo que usted viene haciendo para Adobe y de qué manera éste ha influenciado lo que hace como diseñador?


P.A.: Cuando empecé a trabajar me vi bastante beneficiado por Internet. Yo trabajaba desde la casa de mis padres mientras que otras personas habían montado oficinas y estudios. Como ése no era mi ideal, para mí Internet fue muy útil en dos sentidos: por un lado, como medio de comunicación; y, por el otro, como forma de ponerme en contacto con el mundo tanto para consumir información como para darme a conocer. Lo de Macromedia fue muy interesante porque cuando empecé a trabajar para ellos se me abrió el mundo de una forma muy rara. Desde el principio, en 1998, ellos me montaron en un avión para que fuera a conferencias y cuando tú vas a los Estados Unidos te cambia la percepción de las cosas porque ya no es lo que te cuentan los medios sino lo que tú ves que está pasando realmente.


Y como me decía un amigo, ‘uno viaja una vez y se vuelve un junkie de los viajes porque realmente siempre quiere más’. Después los de Macromedia empezaron a llevarme por América Latina y yo pude darme cuenta de cómo son las cosas en la región y de cómo nos parecemos mucho pero nos desconocemos entre todos. Por estar mirando hacia Europa o Estados Unidos no vemos los parecidos que tenemos ni las oportunidades que podría tener la generación de un mercado interno. El trabajo con ellos me ha cambiado y tanto mis clases como lo que yo pueda decir en ellas tienen ahora el sentimiento de que es importante salir, viajar y dejar de pensar que nuestro mercado natural es Bogotá o el público de la ciudad en lugar del mundo en general. Pienso que este trabajo me ha hecho más consiente del valor de la perspectiva. Fíjate que cuando tú miras todas las cosas desde acá lo haces con un tiempo y una velocidad completamente distintos de los que tendrías si estuvieras sentado en la mitad de Manhattan.




La perspectiva que nosotros tenemos y la ubicación que tenga cada persona con respecto al mundo deben generar un estilo de diseño completamente distinto. Por eso te decía que ahora no creo tanto como antes que se pueda decir ‘este tipo es el mejor diseñador del mundo’. Ahora yo pienso ‘este tipo es muy bueno pero para un público en particular, para una época o para un país’ y eso significa que es un error creer que su trabajo debería llevarse a todas partes. Creo que esa valoración y ese respeto de la diferencia me los ha dado la experiencia de estar trabajando con estas empresas norteamericanas.


Por otro lado, conocer todo el tiempo las nuevas versiones de los programas me da la oportunidad de entender que las mejores herramientas siguen siendo el cerebro de cada persona, el lápiz y el papel. Así como le dedico tiempo a aprender Photoshop, también le dedico mucho tiempo a leer, a observar y a intentar aprender sobre otras cosas. Yo no estoy metido en esto por ser un técnico sino por humanismo y en este sentido mientras más conozco las herramientas más me doy cuenta de la necesidad de conocer sobre otras ramas del pensamiento. Algunas veces en mis clases y en la manera como me enfrento al diseño el trabajo consiste no en hacer sino en dejar de hacer, en combinar con otras posibilidades como la comunicación o la sociología y en enriquecer el trabajo sacándose de la cabeza la idea de que siempre tienes que recurrir al último truquito de Photoshop o a la herramienta que esté de moda.



Eso también ha cambiado y ver la respuesta tan parecida que puede generar una herramienta nueva en mercados tan distintos asusta un poquito. Es decir, que cuando tú les das Illustrator a guatemaltecos, a venezolanos o a argentinos y de repente todos empiezan a diseñar igual, te das cuenta de que estás frente a un ecualizador que termina olvidando las diferencias y eso no es tan bueno.


Transcripción: Natalia Gómez