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martes, 8 de septiembre de 2009

Yo no tengo huerto

Yo no tengo huerto. Y ni siquiera conozco a alguien cercano que lo tenga, así que mis posibilidades de practicar el noble arte de la horticultura quedan reducidas al mísero tamaño de una maceta.

Lo de la huerta es un tema que me encanta. Me muero de envidia cada vez que alguien me habla de las moras de la huerta de sus aitas, me trae unos tomates de los de verdad o me cuenta donde compra las semillas de lechuga.
No tengo claro de donde me viene esta cultivada pasión. Es posible que esté aquejada de algún tipo de síndrome de abstinencia verde debido a que mi día a día se desarrolla en un entorno más bien urbano, y supongo que también tendrá su peso los recuerdos de los veranos en casa de mis abuelos.

Aquí si que tenía huerto, todas las comodidades de levantarte por la mañana y coger un tomate de la misma parra para desayunar y sin obligaciones tipo plantar, regar y limpiar de malas hierbas. Tomates, zanahorias y guisantes sufrían mis picoteos, aunque lo que más me gustaban eran las fresas. Cogía mi balde, lo llenaba de agua y paseaba por los fresales. Cogía una, la limpiaba y me la comía. Menos mal que mis abuelos tenían huerta y no una pastelería, porque si no hubiera vuelto redonda a casa después de cada verano.

La cuestión es que ya no tengo huerto del que disfrutar, a cambio tengo un patio que he llenado de macetas de todo tipo. Y es que cualquier cosa que empieza a germinar en mi casa va directo a la maceta, ajos, jengibre y una cebolla que en muy poco tiempo se transformó en un manojo de cebollitas pequeñitas monísimas. A mi aquella explosión de fecundidad me pareció el milagro de los panes y los peces en versión vegetariana.

Es mi pequeña selva particular, me ha servido para aprender un montón de cosas y aunque he tenido algún disgustillo en forma de mosca blanca creo que ganan las alegrías. Los partos múltiples del aloe y las cintas, la floración del geranio limón y todas las plantas aromáticas (menta, orégano, lavanda, cebollino…), o los cambios de tipo de interés que sufre mi planta del dinero.
Cocinar mola, pero cocinar con tus propias verduras o hierbas mola doble.
¿Quién me da su firma para pedir huertos municipales al ayuntamiento?

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Pimentón húngaro

El martes pasado me quitaron una muela del juicio y sigo tomando antibióticos, por lo que no he cocinado mucho, por no decir nada. Todavía no puedo comer sólidos, así que los post de cocina van a tener que esperar tiempos mejores.

Sin embargo, quería enseñaros este pimentón que me trajo “la mamma” este verano cuando estuvo en la expo de Zaragoza.

Además de pasar mucho calor y venir con los pies destrozados, le dio tiempo para pasar por el stand de Bélgica y Hungría, lo que se traduce en regalitos de chocolate y pimentón.

La verdad es que no sabía que Hungría era un país productor de pimentón y sobretodo no sabía que lo ponían en unas bolsitas tan preciosas.

Todavía no lo he utilizado, pero espero poner unas patatas asadas con aceite de oliva, sal y pimentón en breve, si no es un pulpo ¡claro!

Espero que sea un buen pimentón, aunque como adorno ya tiene un huequito ganado en mi cocina.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Pomelo vs. Granada

A su izquierda el pomelo, a su derecha la granada
A partir del post Vitaminas a go-go a mi amiga Usoa le surgieron ciertas dudas entre el pomelo y la granada, y pidió una aclaración tipo Barrio Sésamo. No se me ocurre una aclaración más efectiva que sacar fotografías de ambas frutas, así que allá van, con un fondo de lujo: un grabado de la propia Usoa. No dejéis de visitar su página de Flickr, allí podréis ver parte de su obra, todo un lujo. (Por cierto, la granada está un poco txutxurria, generalmente presentan un color rojo mucho más intenso…).

domingo, 9 de noviembre de 2008

Hierbas aromáticas frescas


Las hierbas aromáticas y las especias son el toque indispensable para muchos platos: el orégano en las pizzas, el curry y el comino de la cocina india, el pimentón del pulpo, la albahaca del pesto, la hierbabuena del mojito o el perejil de Arguiñano.

Tenerlos secos y en sus botecitos es muy cómodo, pero tener hierbas frescas, es ya todo un lujo.

No suelen ser difíciles de cuidar y en la cocina te sientes la mar de orgullosa cuando utilizas ingredientes cultivados por ti misma.

En el patio de casa, tengo plantada menta, albahaca, perejil, orégano y cebollino, no necesitas macetas demasiado grandes y las puedes poner en la ventana por lo que resulta bastante cómodo, sin embargo, el otro día apareció la tía Carmen con una solución super graciosa y adaptadas a nuestras necesidades.

Es una maceta que te permite cultivar 6 hierbas aromáticas, albahaca, perejil, orégano, mejorana, apio y cebollino en muy poco espacio, además de decorar la cocina. Por el momento me han germinado todas las plantas menos el apio, así que a partir de ahora espero poder utilizar mis hierbitas en un montón de recetas.

martes, 4 de noviembre de 2008

Pimiento choricero

Todos los años, a partir de septiembre llega el momento del pimiento choricero. Mi tía los compra frescos, los ensarta con una aguja enorme y cuerda fina y los cuelga de la ventana de mi ex–habitación. Luego, una vez secos, puede utilizarlos durante todo el año para diferentes recetas. (Exceptuando los que yo le mango, ¡claro!. Que haríamos los jóvenes de hoy en día si no pudiéramos comprar ciertos artículos en el supermercado madre…)

Para utilizarlos, hay que hidratarlos durante 24 horas, y si nos hemos olvidado de hacerlo de vísperas, darles un hervor. Se utiliza solamente la pulpa, sin piel y sin pepitas, para recetas como el marmitako, el sukalki o las patatas a la riojana. ¡Que rico! Habrá que cocinar y subir las recetas…

Este año hemos andado algo tarde para el ritual del pimiento choricero, para cuando nos hemos querido dar cuenta ya era demasiado tarde como para que se secasen, así que hemos tenido que comprarlos ya secos. Es mucho más bonito participar en todo el proceso, pero Paco, el frutero, me ha dicho que me vendía unos pimientos estupendos, y la verdad es que da gusto verlos. ¿No os parece?

A ver si para el año que viene andamos más listas y hablamos del pimiento choricero antes, para que a todos nos de tiempo a comprarlos y colgarlos de nuestras ventanas.