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miércoles, diciembre 21, 2011

21 DE DICIEMBRE

La ciudad congelada es hermosa. El frío deja la ciudad quieta. Vacía. Late despacio su pulso y es más difícil encontrar el mal. Por dentro, la ciudad sigue igual, sigue horrible y dolorosa, sigue nauseabunda. Es por debajo por donde pasan las cosas. En lo que no se ve. El sol de invierno alegra los corazones. Y en los teléfonos móviles y las páginas webs se producen las verdades, se vuelca el fango.
Esa moral fría y despiadada de ojos vacíos de dinero que se busca es la única que vale. Llamadas intempestivas. Sugerencias atroces. Tú eres mi puta. Sólo mía. Hay golpes y sangre que no se ve. Y a la que no puedo llegar. Pero me anestesia esta imagen de la ciudad parada, de la ciudad embutida en guantes y bufanda.
Tú tal vez estés en un lugar cálido, sin tener que sufrir para salir de la cama, sin tener que pensar si es frío el día o el alma. Madrugar y salir a caminar la ciudad. El sol que se rompe arriba y que me ciega un poco de la realidad. Respiro y te deseo. Y deseo que seas feliz.
La ciudad congelada es hermosa. Tú también lo eras. Lo eres. No sé dónde estás. No sé si aún existes. Ni quién eres. Pero eres más hermosa que todas las ciudades.




miércoles, diciembre 07, 2011

7 DE DICIEMBRE

La ciudad se oculta tras la niebla. Pero tras el blanco espesor sigue siendo la misma. Sólo es que sus pecados han quedado ocultos. Pero siguen ahí. Siguen siendo. Siguen ocurriendo minuto a minuto. Y yo no puedo hacer nada para pararlo. Hay demasiado mal para un hombre solo. Demasiado.
He tenido un momento de claridad entre la niebla. He recordado un día que llevabas el pelo recogido y tus orejas se mostraban como un objeto deseable. Acariciarla. Morderla suavemente. Pero al momento no he sabido si tu oreja era tu oreja o si es todo inventado, si he creado yo mismo esa situación, esa oreja, ese deseo, ese recuerdo. Nadie puede decirme si eso sucedió o no. Así que voy a intentar olvidarlo.
La niebla también me esconde a mí. Y puedo observar la ciudad. Y puedo mirar la ciudad con pausa y valorar su ética y no su estética. Puedo pensar claramente así escondido. Puedo ser el hombre que no existe así escondido, el que no es, el que no se ve. Y puedo saberlo todo.
La ciudad se oculta tras la niebla. Tú te ocultas también en algún sitio. Tal vez entre la niebla de mi memoria. Tal vez no te ocultas, porque nunca has existido.




miércoles, noviembre 23, 2011

23 DE NOVIEMBRE

La ciudad sangra entre mis manos. Estoy ajustando las cuentas, poniendo en orden las cosas. Las gentes viven sin orden, viven sin conciencia. Estoy haciendo sangrar al mal, estoy haciendo sangrar el odio y el rencor, la carne fresca, el dolor. Todo lo que los hombres se causan los unos a los otros.
El hombre tenía el dinero entre las manos. Se lo había arrebatado a una señora mayor que aún gritaba un kilómetro más atrás. Sólo me puse ante él y le hice sangrar. Le hice pagar su falta con sangre.
La ciudad sangra entre mis manos y debe sangrar mucho más. Hay muchas cosas que hacer y por fin tengo fuerzas para hacerlas. No dejo mi búsqueda. Pero sé que es inútil. Y quiero ser útil. Quiero ser un hombre que hace lo que hay que hacer. No quiero ser uno de esos que visten un traje y dicen palabras y palabras. Las palabras no sirven de nada. Sólo la sangre sirve.
La ciudad sangra entre mis manos. Más tarde pensaba en ti. En que lo hago por ti. En que tengo que hacer esto por ti. Aunque tú no quieras.




miércoles, noviembre 16, 2011

16 DE NOVIEMBRE

La ciudad me revuelve las tripas. Su suciedad y su hedor me dan ganas de vomitar. La realidad vertida por todos lados, pervertida por todas partes remueve mis entrañas. Ver las cosas tal como son, la falsedad del amor, la estupidez de la gente, la intolerancia de los intelectuales, la falta de vergüenza de los malvados, de los que cometen errores, de los que follan sin amor, de los que usan el dinero para justificarlo todo, para hacerlo todo; me revuelve las tripas.
Así que me estoy vengando de la ciudad y de su realidad. Estoy escupiendo en su cara asquerosa. Castigando a las adolescentes. Maltratando a los sinvergüenzas. Golpeando a los lujuriosos y los pecadores, a los sanguinarios y sangrientos, a los injustos. La ciudad no me conoce y no me teme, pero estoy acabando con sus llagas purulentas.
El trabajo será atroz. El trabajo será largo. Peor que intentar buscarte. Peor que no saber donde estás y buscarte por las calles y no encontrar más que odio y rencor y asco. Todo es asqueroso sin ti. Todo lo es sin tus brazos esperándome. Pienso en que serán otros los que te abracen. Y piso la ciudad con más fuerza. Y piso la ciudad hasta estrangular su cuello de alcantarilla.
La ciudad me revuelve las tripas. No admitirá que yo soy su héroe. Que yo soy su salvador. Como tampoco tú admitías que me amabas más de lo que nunca lo hiciste con ningún otro. Yo sólo te he amado a ti.




miércoles, noviembre 02, 2011

2 DE NOVIEMBRE

La ciudad se ríe de mí. Lo sé. Nada puede ocultar la risa astuta que se esconde en las calles. Debería temerme y no reírse. Porque un día extirparé de su cuerpo toda la mentira y la rabia, todo el odio y la maldad, un día acabaré el trabajo que estoy empezando. Un día te encontraré y encontraré el foco de esta gran infamia que es la ciudad que todos habitamos.
Tu búsqueda me abrió los ojos a la verdadera ciudad. A las niñas que se venden rápido y barato. A los hombres que compran. Al amor vacío. Al sexo falso. A la porquería y las babas. Al mal. Toda la ciudad está habitada por el mal y yo lo veo. Y yo sé que ese mal acabará por salir y aplastarnos y si no lo aplastamos nosotros mucho antes.
Todo es frío y dolor. Todo es absurdo y está loco. Y sólo yo puedo coger el bisturí y arreglarlo todo, cortar de la ciudad la parte que sobra. Lo veo día a día. Lo encuentro en todas partes. Aún no sé lo que hay que hacer. Pero lo entenderé dentro de poco. Y no dejaré de buscarte en la ciudad tumefacta.
La ciudad se ríe de mí. Yo soy un hombre normal, no un héroe. Un hombre que te busca y no te encuentra. Un hombre que ya no sabe cómo eras. Pero que lo ve todo. Menos a ti.




miércoles, octubre 26, 2011

26 DE OCTUBRE

La ciudad teme al invierno. Se precipita de repente a su alrededor y tiembla como una mujerzuela amenazada. La ciudad se queda gris y las noticias la amedrentan, predicen frío y viento y lluvia y la gente se encierra en casa con su odio y su dolor. La gente se encierra y dentro de las casas todo queda, todo queda dentro de las gentes que se callan y se muerden.
Estos días te recuerdo y recuerdo el amor que debí sentir por ti. Hace ya mucho tiempo. Tus orejas se ponían rojas por el frío. Y yo me ponía tierno viéndolas. Quería calentarlas y hablarlas. Pero no sé si lo hice. Mi búsqueda es absurda. Sé que no estarás por ningún lado. Y sé que otra debería ocupar tu lugar. Pero no quiero. Sólo quiero que la ciudad explote.
Los charcos reflejan los sucios edificios de la ciudad. Dentro de ellos está el sexo y la muerte y el asco y la maldad de las gentes. Se lanzan unos a otros, unos contra otros. Todo es efímero y doloroso. Todo es así sin ti. Todo está lleno de errores que sólo yo puedo corregir.
La ciudad teme al invierno. A mí no porque no sabe quién soy. Estoy perdido buscándote. Y sé que tú no me estás buscando a mí. Oír la palabra amor casi me hace sonreír.




miércoles, octubre 19, 2011

19 DE OCTUBRE

Se desconcierta la ciudad en el otoño suspendido. Los árboles pierden sólo una parte de sus hojas. Su agonía es lenta y estúpida. El calor y el frío se repiten día y noche, se reparten los tiempos. Las gentes se visten ridículas sin saber a qué atenerse. Si es el calor de sus cuerpos o el de la calle el que los llama.
Los teléfonos no dejan de sonar. Se buscan unos a otros en las noches frías. Se miran unos a otros en los días cálidos. Se añoran en las noches frías. Los teléfonos no dejan de sonar, pero todo el mundo está callado. Hablan pero no dicen nada. No saben nada. No quieren descubrirse.
Hablaba contigo y no importaba. Te contaba mi vida tal como era. Sórdida y triste. Y tú sonreías. Mi vida me perseguía y yo te la entregaba en palabras. Tú la cogías y la acunabas. Esa es la verdad. Tú podías escucharme. Tú querías escucharme. Yo te oía a ti. Era perfecta la comunicación. Era única la comunicación. Ahora la ciudad me atrapa y digo cosas sin sentido y sin querer. Nadie me escucha. No escucho a nadie. Sólo miro. Sólo soy unos ojos que observan y juzgan y castigan. Sólo soy un hombre sórdido y solitario que no puede decir qué está sintiendo, qué está viendo.
Se desconcierta la ciudad en el otoño suspendido. Antes eras tú quién suspendía el otoño en mi casa, en mi cama. Ahora siempre es invierno a mi lado.





miércoles, octubre 12, 2011

12 DE OCTUBRE DE 2011

Se suspende el otoño en la ciudad festiva. El sol quema de nuevo los ojos y las pieles y de estas emana nuevamente un olor incitante, un olor a piel desnuda que invita a morder. Tu piel es suave en los brazos. Recuerdo que siempre quería tocarla, chuparla, morderla. Pero nunca me atreví.
El otoño nunca empezó, pero la ciudad estornuda al unísono en un constipado sin final. Los gérmenes se expanden sin la lluvia que lo tiene que limpiar todo. Los dolores suceden. El sueño no es continuo. Anoche soñé contigo. Quería desnudarte. Tenías el pelo rojo. Era un sueño absurdo. Pero te quería mucho en él.
La ciudad se esconde en este otoño suspendido. Tu mirada inocente entre la gente. La única inocente. Dejé de sonreír hace mucho. Dejé de ser inocente hace mucho. Soy culpable. Y salvaje. Anoche castigué a los malvados. A los que no tienen escrúpulos ni amor. A los que no aman a las mujeres pero muerden su carne. Tu mirada inocente entre la gente resalta la culpabilidad de todos los demás.
Se suspende el otoño en la ciudad festiva. Mi mirada es culpable porque yo soy culpable. Sólo tú me hacías feliz. Sólo tú me hacías inocente. Pero has desaparecido.





miércoles, septiembre 28, 2011

28 DE SEPTIEMBRE

La ciudad se concentra en los bancos, en las calles. La gente abarrota todas las partes inútiles de la ciudad. Nadie hay que tenga algo que hacer. Todos recorremos sus calles, descansamos sin necesidad en sus bancos. La ciudad es recorrida por un ejército de fantasmas que no tiene nada que hacer, que no hace nada, que se queja y se mira con odio porque el otro es el enemigo, el que te está arrebatando lo tuyo.
Miran los hombres a los hombres. Con rencor. Con odio. Con ansia de destrucción o usurpación. Sustituirle. Ser el que tú eres. Quedarme con lo tuyo. Y también miran a las mujeres. Con más ansiedad. Con ambición de posesión, de poder tener algo, lo que sea. Algo suyo. Algo para él. Sin permiso. Sin amor. Sólo suciedad y asco y librarse un rato de esa sensación de inutilidad, de no merecer nada, de no poder acceder a esa posesión por otros métodos.
La ciudad se concentra en las partes inútiles. Recuerdo la sangre que manó por mi culpa. Una mujer pasa y me recuerda a ti. Te añoro a todas horas. No tengo nada qué hacer. Sólo recorrer la ciudad en tu busca. Y tú no estás aquí ya.




miércoles, septiembre 21, 2011

21 DE SEPTIEMBRE

La ciudad se rellena de muertos. Las esquinas, los bancos, las aceras. Puedo recordar toda la muerte que he vivido en ellos. Toda la muerte del tiempo. Toda la muerte de los recuerdos. Las gentes que compartieron un día esos lugares. Las palabras. Todo muerto. Todo ausente. Todo muerte que ha ido borrando el pasado.
Los muertos están ahí. Los tiempos que vivieron no pueden ser recordados. Ni siquiera por mí. Los veo ya como sombras, como mínimos espasmos que desaparecen en un segundo. Tal vez mi cabeza aún los recuerde. Tal vez sea un esfuerzo por recordar, por revivir.
Pero todo muere. Todo acaba. Tu sonrisa. Tu brazo. Tus palabras. Has muerto. En algún lugar alguien podrá decir que sigues viva. Que estás con él. Que tu brazo, tu sonrisa, tus palabras siguen ahí. Pero no para mí. No son mías. Han muerto. Y también para la ciudad.
La ciudad se rellena de muertos. Quiero recordar y no puedo. Hace tiempo que no sé nada de ti. Sólo que un día estuviste aquí. Que un día te quise.



miércoles, septiembre 07, 2011

7 DE SEPTIEMBRE

Se renueva la ciudad. Vuelve a la vida. Su sangre se vuelve a mover al mismo ritmo. Ha pasado el tiempo de huir. Pero no el calor. Pero no el ardor. Y los ardientes bailan a su ritmo. Y lo ardientes se buscan en los lugares indicados, en los lugares que se saben de memoria.
Las chicas van allí y los hombres y las mujeres. Todos saben lo que buscan. La ciudad los devorará un día. Hoy no. hoy son ellos los devoradores. Los que se comerán a quien tengan enfrente. Se renueva la ciudad y se renueva su apetito, su hambre, su dolor.
Los hombres saben lo que muerden. Saben lo que quieren. Y les da igual el dolor, el dinero, la sangre. Pueden pagar y lo hacen. Pueden mentir y lo hacen. No pueden amar y lo fingen. Yo tampoco puedo amar. Ya no. Ya es imposible. Hice todo lo que pude para no volver a hacerlo. Y lo he conseguido.
Se renueva la ciudad. Por un momento también se renuevan mis recuerdos de ti. Tu nombre. Tu cara. Los momentos que estuviste cerca. Por un momento te echo de menos. Pero no te echo de menos. Ya no.




miércoles, agosto 24, 2011

24 DE AGOSTO

La ciudad cae en el sopor de las vacaciones. Mientras yo camino sus calles, las patrullo, nada puede pasar a mi atención, nada puede turbar mi vista, nada puede distraerme. La ciudad está podrida y sólo yo lo sé, y sólo yo veo lo que pasa. La ciudad está podrida y un día caerá y se derrumbará y toda esa podredumbre nos inundará.

La ciudad cae en el sopor de las vacaciones. Las niñas que se quedan se conforman con cualquier cosa. Todo vale. Todas valen. Los hombres mienten y compran. Los hombres llenan de sangre y de mierda todo lo que miran, todo lo que quieren.

Camino por las calles y vigilo. No hay rastro de ti. No hay rastro de tu vida. Miro las puertas de los edificios, las sombras que se me cruzan. Miro todo lo que podrías ser tú, todo lo que me recuerda a ti. No tengo muy claro que hayas existido. No sé si te he inventado. No sé si recuerdo o miento.

La ciudad cae en el sopor de las vacaciones. Tú no estás aquí y yo sí. Como ha pasado siempre.



miércoles, agosto 17, 2011

17 DE AGOSTO

La ciudad ha abrasado mi esperanza. Días y días sin dormir, buscando la sombra cada rato que se está fuera, huyendo de las horas y la luz. Las gentes han desaparecido, las tiendas están vacías, camino envuelto en sudor y furor, en cansancio y odio.

Quisiera destruir la ciudad, destruirme a mí mismo, pero tengo una misión. Te busco por todas partes a pesar de todo. Sé que no eres mi misión, sé que no voy a encontrarte, pero lo hago. He pensando tantas veces en ese momento. Lo he soñado despierto. Es lo único que me da fuerzas y esperanzas.

La ciudad me hiere, me duele. Su odio, su asco, su suciedad. Las niñas enfermas que se venden. Lo hombres que compran. Todo está corrupto. Todo está ya muerto. Por eso hay que destruirlo todo. Incluso a mí. Y empezar de cero. Arrancar los pilares de la ciudad. Construir otra cosas. Y que las niñas vuelvan a ser puras. Y los hombres hombres.

La ciudad ha abrasado mi esperanza. Ayer recordé tu nombre y lo repetí mil veces mientras andaba. Una vez cada paso. Nunca más lo olvidaré.




miércoles, agosto 10, 2011

10 DE AGOSTO DE 2011

Se escapa la ciudad. Se disgrega la ciudad en otras partes. Las mismas gentes, otros lugares. Las mismas gentes, los mismos errores en otros lugares. La ciudad se escapa y los que se quedan se dedican a quemarse a sí mismo, a revolcarse en el fuego de su propia estancia, de su quietud. No se pueden escapar de sí mismos y sin remedio y sin remordimientos se revuelcan en su propia ignominia, en su calor, en sus ardores y sus pecados.

Las mujeres se dejan querer y aceptan los precios. Sus pechos suaves, sus mejores ropas, todo al precio que tú quieras pagar. Y lo haces. Y lo pagas. Y sólo te remuerde la conciencia porque el placer ha sido menor del que pretendías, del que esperabas. Todo se revuelca en el calor para los atrapados en la ciudad.

Te busco en la ciudad ausente aunque sé que no estás aquí. Pero no sé qué más hacer. Lo otro sería rendirme y ser yo también uno de ellos y poner precios y pagarlos. Te busco en la ciudad ausente y se que no estás en ninguna parte y sé que soy un estúpido y que no podrás perdonarme.

Se escapa la ciudad. Yo me quedo atrapado en ella. La amo como te amo a ti. La odio como te odio a ti. La destruiré un día.




miércoles, agosto 03, 2011

3 DE AGOSTO

Machaca mi cabeza la ciudad. El dolor en la frente y en los lados no me deja pensar. Camino sin sentido por la ciudad vacía, bajo un sol que me abrasa. Los labios se me han cortado. Tengo las manos llenas de sangre, tengo el alma lleno de sangre. Toda la rabia, toda la frustración, todos esos kilómetros y meses que he estado buscándote me han pasado factura.

Antes de la sangre fue el dolor. Y antes de la sangre el dejar de pensar. El dolor no me dejaba pensar. Caminaba por inercia. Como si estuviera hecho sólo para eso. Y por eso mis píes no paraban. Por eso mis píes seguían y seguían ellos solos hacia delante.

Pasaban por delante de lo mismo de siempre. Delante de la venta de amor. Delante de las mujeres tristes que sonríen y de los hombres que no sonríen, que sólo muestran los dientes. Pasé por todos lados. Ya no te buscaba sólo huía de mí y de mi dolor.

Machaca mi cabeza la ciudad. Espero despertar y que sólo sea todo un sueño. Que este dolor no haya existido. Que tú no hayas existido.


miércoles, julio 27, 2011

27 DE JULIO

Se toma la ciudad las vacaciones. La gente hace lo mismo pero en otro sitio. Muestran su impudicia, su estupidez, su lujuria en otro lugar. Se quita gente y se quita ropa la ciudad. Hay menos cosas que hacer, menos que vigilar, la ciudad se duerme un poco. Aunque los pocos que quedan siguen siendo abyectos.

El tiempo libre que tienen, su ganas de hacer lo mismo de siempre, les permite planear mejor sus acciones. Las mujeres se desvisten deliberadamente. Los hombres miran y se excitan y se muestran posibles y accesibles y van a ellas.

Todo el verano es un excusa para mirar y ser mirado, para cometer el pecado que el invierno impedía, para ser quien se es realmente pero quien no se ha podido ser. El tiempo libre mata a la ciudad, la desbanca de su realidad.

Se toma la ciudad las vacaciones. Recuerdo el mar a tu lado. No existe sin ti el mar. No pienso verlo sin ti.




miércoles, junio 29, 2011

29 DE JUNIO

Ondula el calor a la ciudad aislada. La ciudad se autoabastece estos días, no necesita nada de fuera, todo lo encuentra en sus calles, todo le viene de dentro, nada le hace falta de lo que hay fuera. Se ama a sí misma la ciudad aislada. El verano, el calor y las deserciones hacen la ciudad desconfiada, nada de lo lejano le gusta, nada de lo lejano le conviene.

Camino la ciudad ondulada sabiendo que no estás aquí. Pero no puedo dejar de buscarte. Estarás en otra ciudad. En otra más amada, más suave con las visitas. Estarás acompañada mientras yo camino solo la ciudad ondulada, mientras el calor me agrede y las cosas siguen igual pero en pequeño. Menos gente en las calles. Menos amores vendidos. Menos sexo sucio y falso y vacío y culpable.

La ciudad es una amiga fiel. No me deja dejarla. Y yo no puedo abandonarla. Yo la entiendo perfectamente, aunque ella no sabe lo que hay dentro de mí, no sabe lo que saldrá un día. Tal vez no salga nunca. Pero se cuece en mí cada día.

Ondula el calor a la ciudad aislada. Camino solo por las calles, entre el calor y el sopor. Tu imagen me viene en ocasiones. Te echo de menos. Pero no pienso decirlo.



miércoles, junio 22, 2011

22 DE JUNIO

Se alegra el corazón la ciudad soleada. Sopla un viento dulce que no puede con el calor, pero que mece los árboles. Miro los árboles mientras pasa la ciudad a mi lado. Tiene una cara apenada. El calor agobia la ciudad y su corazón parece más puro. El sufrimiento produce ese efecto. Da pureza a los que lo sienten.

Sufre la ciudad el sol y busca la sombra el corazón de los hombres. El calor y la piel que se tuesta y tu escote que me daba miedo. Lo miraba desde lejos y no me atrevía meter ahí la mano. Tu escote era moreno y tus pechos desnudos junto a mí tenían dos colores. Una zona sombreada y una clara. Era como si tu corazón marcara las fronteras. La zona negra y la blanca. Una zona pública y una zona mía.

Sufre la ciudad y se alivia en las sombras, en lo oscuro, en los mares de saliva y sangre, de maldad e impurezas. Los hombres tienen ahora una excusa. El calor no me deja pensar. Sólo deja que mire, que te vea. Aunque no sepa ni quiera saber quién eres, dónde vas, cuántos años tienes.

Se alegra el corazón la ciudad soleada. Tus recuerdos se han vuelto más vívidos con el sol. Tus pechos. Tus piernas. El frío y el calor de tu cuerpo. Sé que no volveré a verte.



miércoles, junio 15, 2011

15 DE JUNIO

Agota el calor a la ciudad irritada. Tus píes siempre estaban fríos bajo las sábanas. Incluso ahora yo podría meter las piernas en tu cama, podría buscar tus píes bajo la sábana y los sentiría fríos buscando los míos para calentarse. Tus píes llevaban calcetines también en verano. La cama era una nevera bajo tus píes.

Pienso en el frío de tu piel mientras la mía se quema. El cuello y los brazos están enrojecidos, estropeados. Las venas se notan en mi piel quemada. El sudor mana incesantemente. Tu piel era fría. Tus píes eran fríos. Tus piernas se abrían a mí y yo entraba en ellas como en un sueño refrescante.

Recuerdo tu cuerpo en la ciudad irritada. Hoy todas las mujeres se parecen a ti. Todas tienen la textura que tú podrás tener allá donde estés. Mis píes te buscan hoy más que nunca. Están más calientes que nunca. Más quemados. Buscan el frío de tus píes invernales.

Agota el calor a la ciudad y yo corro más que nunca tras de ti. Las gentes son indiferentes, son iguales, hacen las mismas cosas, cometen los mismos pecados. Me quemo sin tu frío.



miércoles, junio 08, 2011

8 DE JUNIO

Se calma el tiempo en la ciudad soñada y se clama mi corazón también. Mi cabeza deja a ratos de pensar. Tu olor ya no es una búsqueda constante. Camino por las calles sin sueño después de mucho tiempo. Comprendo cosas que hace días no podía ver, no sabía ver. Todo es más fácil hoy. Una calma que no recuerdo late en mi corazón.

Mis pasos me llevan por esta primavera lenta al verano que tal vez vendrá. Las chicas me sonríen también a mí. No les importa mi gesto huraño. No les importa que nunca sonría. Hay una alegría distinta en este sol que habíamos olvidado los últimos días. Las gentes no son amables. Pero a mí no me importa.

Siguen ahí la suciedad. El dolor. El falso amor. El sexo vacío. La torpeza. El asesinato. La sangre. Toda esa sangre que otros día me ahogaba, no me dejaba respirar. Hoy esa sangre no me importa. Sólo camino por la calle sabiendo que eres tú lo que busco. Sé que no voy a encontrarte, pero no me desanimo. No dejaré de caminar.

Se calma el tiempo en la ciudad soñada. Te recuerdo tal y como eras. Te recuerdo y hace días que no podía.