Hace muy poquito escribí una entrada sobre el malestar que me provocan en la actualidad los días previos a las Fiestas, principalmente la Navidad. Esto se debe, entre otras cosas, a que me irrita la comercialización absurda y exagerada a su máximo exponente que se hace de la fecha en cuestión. Para ver otros motivos, recomiendo la lectura de este excelente artículo del blogger Martín Palma Melena.
Pero lo que quería compartir hoy no son razones para detestar las Fiestas, sino cómo este año me propuse pasarlas bien. ¿Quién sabe? Tal vez esto ayude a algún lector.
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En esta foto muestro orgullosa mis primeras creaciones, allá por la Navidad de 2001. Con la crisis que hubo, no estaba como para gastar en regalos...
Con respecto a pasarlas en familia, me di cuenta de que lo que me molesta no es ninguna persona en particular. Más allá de que el elenco familiar a pleno no lo elegimos nosotros, quiero a mi familia. En realidad me irritan las reuniones familiares cuando implican amontonamiento, roces, la alegría cuando es impostada, y me molesta que muchas veces haya gente a la que uno ni siquiera conoce, pero de compartir se trata después de todo. Y quiero pensar en aquellos con quienes sí quiero estar, personas que me dan amor todo el año, y que bien valen que comparta también este momento.
En cuanto a la irritación que me producen las vidrieras emperifolladas y la histeria de los compradores, decidí pasarla por alto olímpicamente. Dicho de un modo más grosero, ¡me ca** en el Santa Claus cocacolero!
Tal vez lo más importante sea, paradójicamente, no darles tanta importancia. Es tan sólo un momento para compartir en familia, como debiera haberlos varias veces en el año. Y, para aquellos que conservamos al menos parte de nuestra fe, una oportunidad para mirar adentro y prestar atención, no a las cosas que quisiéramos cambiar de la Navidad, sino a aquello que podemos cambiar de nosotros mismos.
Ahora sí, es el deseo de La Era... que todos pasen las Fiestas lo mejor posible y cada uno a su manera. Y no nos olvidemos que en muchos sentidos tenemos terrible cantidad de motivos para sentirnos agradecidos.