Mostrando las entradas con la etiqueta Internet. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Internet. Mostrar todas las entradas

martes, junio 17, 2008

Rastreando nuestros orígenes

El otro día entré por primera vez a ese universo paralelo que es Facebook, del cual tanto había escuchado hablar. Además de todos los amigos de la primaria y de la secundaria que encontré dando vueltas por ahí (algunos de los cuales hacía años que no trataba), fue una grata sorpresa encontrar que mi prima forma parte de un grupo con el cual compartimos el apellido. Encontramos "parientes" lejanos en EEUU, España (principalmente, ya que nuestro apellido es de origen asturiano), Costa Rica, México... muy curioso.
Y eso me motivó a armar -con ayuda de este sitio- el árbol genealógico de mi familia, por parte de padre y de madre. Primero, apelé a mi memoria -que, por si alguien no lo sabe, es particularmente buena: recuerdo fechas, nombres, anécdotas, etc. con suma facilidad-. Pero llegó un momento que no me acordaba más: ¿alguien sabe el apellido de soltera de sus bisabuelas, o el nombre de pila de todos y cada uno de sus tatarabuelos?
Entonces recurrí a la memoria de mis abuelos: me senté la tarde de domingo junto a mi abuelo Oscar -del cual he hablado en alguna oportunidad- y aproveché que su memoria también está intacta: me contó con detalle los nombres y fechas de varias generaciones atrás (cabe aclarar que él en algún momento se tomó el mismo trabajo que yo, y tenía todo anotado e incluso, varias fotos viejas). Sin embargo, lo más interesante fue que no sólo recordaba nombres, sino que fueron surgiendo historias: el hermanito de mi bisabuela que murió electrocutado a los diez años; la prima linda que se casó con un pelado bajito, feo y burrero; mi tatarabuela obesa que murió del corazón a los 27 años; el tío que tuvo un hijo "natural"; etc. Más tarde, mi mamá siguió contándome de la otra rama, y ya le pedí a mi abuela materna que venga un día de las vacaciones a tomar el té para que me siga contando cosas.

En algún momento de la ardua tarea -ya tengo casi 160 parientes registrados- me pregunté para qué alguien puede querer armar su árbol genealógico. Encontré la respuesta en la satisfacción de escuchar historias, en darle a mis abuelos la oportunidad de que su familia (que ya, por razones de distancia, no es la mía, si bien por sangre sí) siga existiendo.
Me puse a pensar cómo las familias (en el sentido de presencia, de cercanía) son algo absolutamente momentáneo. Por ejemplo, pensaba en mi hermana, a quien adoro, y con quien más que probablemente siga en contacto toda mi vida. Nuestros hijos van a ser primos hermanos, y probablemente también se traten. Pero, ¿y sus hijos? Tal vez ni se conozcan, como me pasa a mí con algunos sobrinos nietos de mis abuelos... Entonces, nuestra familia existe ahora, con nosotros. Después, como el resto de la humanidad, pasará. Dejará lugar a otras familias, de las que con suerte, seremos sólo un nombre en una ramita de su árbol.

martes, marzo 11, 2008

Qué fastidio

Va la segunda vez que un desconocido me aborda en el Messenger:
- ola
(YO) - ¿Quién sos?
- JSOIDUGUDSOIG, blah
- ¿De dónde sacaste esta dirección?
- no se, de internet.
- como te llamas
- de donde eres
- que estas haciendo
Y yo termino bruscamente con un: "Nada personal, pero no me gusta hablar con extraños por Internet". Para pasar inmediatamente a bloquear al usuario desconocido.
Es que así me suelo manejar: el MSN lo utilizo por cuestiones más bien concretas y para chatear con amigos que conozco tanto dentro como fuera de la pantalla. En una época era de darme a conocer más, participaba en chats, incluso he conocido a una persona que resultó ser muy importante en una época de mi vida a través de un e-mail. Pero esto es historia antigua. Ya no me interesa que nadie más se me aparezca de esta manera.
No es por paranoica, no creo que nada malo pueda pasarme a mí ni a mi computadora por intercambiar unas palabras inútiles y repetitivas con alguien que no sé quién es ni dónde está. Pero tampoco me interesa perder mi tiempo en ello. No me interesa hacer amigos que me contactaron al azar, buscando seguramente un levante (para los españoles, ligar).
Distinto es en el blog. Las personas nos damos a conocer, compartimos opiniones, consejos y quejas (como ésta). Pero les aclaro que si alguna vez llegan a querer contactarme de otra manera, aclaren de entrada quiénes son y de dónde sacaron la dirección si no quieren que me ponga tan cortamambo como con el flaco de hoy...

jueves, noviembre 01, 2007

¡Extrañas maneras de llegar a mi blog!

Tomo la idea de un viejo post de mi amigo Sebas.

Desde que hace unas semanas inauguré el contador de visitas, he podido sorprenderme comprobando que la gente que lee "La Era..." es mucha más de la que yo hubiera creído. Entre otras cosas, el contador te informa de dónde son los visitantes (más de la mitad son de Argentina, luego le siguen Perú, México, España, Francia, Chile y una docena de países más). O sea, que puedo decir sin ánimo de soberbia, que antes de cumplir 26 años he llegado a ser una escritora argentina leída por todo el mundo, jejeje...
Pero lo que, creo, es más divertido, es que la página del buscador te informa de las claves de búsqueda que han llevado a distintas personas a visitar el blog. Tal vez alguna esté leyéndome ahora mismo, pero me parece que la mayoría se habrá desilusionado!!!

"Examinado en el amor": Qué sé yo, de golpe me siento una doctora sentimental!!!
Jaloguin: Cuando yo usé este término, lo hice de manera jocosa. Pero creo que quienes lo escribieron así, se tomaron demasiado en serio lo de nacionalizar la ortografía...
costillitas de cerdo: Ahora resulta que tengo un blog culinario, mirá vos...
frases con imagenes de feliz cumpleaños de hombres: La búsqueda ésta tiene criterio... el resultado que lo llevó a mi blog, ¡no!
hipopotamo egipcio: ??????
joda pesada a un amigo: Si estabas buscando ideas, encontraste a la persona correcta... puedo ser muuuy mala haciendo jodas, jejejeje.
quemaduras mas orribles: ¿Cuándo hablé de quemaduras? Y, ¡horror! ¿hubo alguna vez un error tan "orrible" en mi blog?
vision de hellmans: ¡"La Era de la Blogludez" dándole sabor a los buenos momentos!!!
yo no era más sensible sólo más desprevenida: Sin palabras. Parece el título de una novela inédita de Aira.

domingo, septiembre 02, 2007

Ausencia - desaparición: sobre la fragilidad de los vínculos virtuales

Esta semana, a propósito de la ausencia reiterada de un amigo blog, me volvieron viejos temores que alguna vez tuve con relación a los vínculos que uno establece únicamente a través de Internet. Por suerte mi amigo dio señales de vida contestando mi correo. Me quedo más tranquila de que no le pasó nada. Pero, decía, no pude evitar recordar una época de mi vida en la cual estuve particularmente deprimida y a menudo pensaba en el suicidio -claro que nunca llegó a ser nada más que un pensamiento-. Y entonces me decía "¿Cómo sabrán mis amigos por e-mail que ya no estoy? No tienen mi teléfono, no tienen forma de localizarme, pensarán que sencillamente ya no contesto sus mensajes".

Y es que Internet sigue siendo un gran mar plagado de náufragos, cada uno en su balsa. Por más vínculos que establezcamos, estamos solos allá afuera. Pese a todo lo que uno deja de sí mismo, pese a lo mucho que creemos mostrarnos auténticamente, ¿podemos decir que nos conocemos de verdad? ¿No es necesario el encuentro cara a cara?

Tal vez no. Con uno de mis amigos, Luis, nos venimos escribiendo desde hace cerca de seis años. Nos hemos hablado por teléfono para nuestros cumpleaños, nos hemos escrito cartas de puño y letra (más personales que los e-mails), hasta he recibido regalos suyos -hermosos libros y discos-, nos intercambiamos fotos, consejos, links de páginas que nos interesan, nos hemos acompañado en momentos difíciles, hemos debatido de política a través de este blog. Pero el encuentro cara a cara jamás se ha producido, simplemente porque nos separan 10.000 kilómetros. Sin embargo, siento a Luis más cercano que a muchos que alguna vez consideré amigos de carne y hueso y que hoy hace mucho que ya no están en mi vida.

De cualquier manera, no puedo evitar seguir preguntándome, mientras los vínculos entre dos personas no dejen de ser "virtuales", qué tan profundos pueden llegar a ser en realidad. Y cuál será la diferencia entre ausentarse, desaparecer y morir. Y qué triste es cuando eso también sucede con las personas que alguna vez estuvieron a nuestro lado. Muertes que -quizás- no nos duelen más porque ignoramos si serán definitivas.