Estás loca, Ana. Desvariás, Delirás. Ya no te puedo cuidar. Estosseñores de blanco se van a ocupar de todo. No llores, nos veremostodos los domingos. Chau.Ana siguió con la mirada a Juan, luego a la ambulancia que se lollevaba. Reprimió un sollozo, y siguió limpiando la casa.
Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Adalberto Fernández. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Adalberto Fernández. Mostrar todas las entradas
Y me dejó ... Carlos Adalberto Fernández - Buenos Aires, Argentina
Mañaña. Mañana, tené paciencia.
Me lo dijo el jueves. Lo recuerdo clarito porque el día anterior había sido miércoles.
"Prometo leerte mañana a la noche", me dijo.
Mojé la pluma en mis venas sangrantes, volqué palabras quemantes, hice de la vida un cuento.
Y entramos en mi tumba a esperarla, mi cuento y yo.
"Buscándose", se llamaba.
Buscando qué, si ni me muevo desde ese jueves
El sicomoro ya está crecido, sus raíces penetran el polvo que fue carne mía, comen mis huesos nutren mi memoria.
Pero no volvió.
Me quedé sin Amparo.
RIP
Me lo dijo el jueves. Lo recuerdo clarito porque el día anterior había sido miércoles.
"Prometo leerte mañana a la noche", me dijo.
Mojé la pluma en mis venas sangrantes, volqué palabras quemantes, hice de la vida un cuento.
Y entramos en mi tumba a esperarla, mi cuento y yo.
"Buscándose", se llamaba.
Buscando qué, si ni me muevo desde ese jueves
El sicomoro ya está crecido, sus raíces penetran el polvo que fue carne mía, comen mis huesos nutren mi memoria.
Pero no volvió.
Me quedé sin Amparo.
RIP
La Mascota-Carlos Adalberto Fernández, Argentina
Cruzando casualmente la vidriera, sus miradas se encontraron.
Fue un flechazo.
El perro se aproximó, agitando caderas y cola, como un rito africano.
El hombre hizo el cuchi-cuchi de siempre con el que creía imitar a un bebé.
Siguieron un rato.Ya estaba decidido.
Entró al negocio.
Cuando el empleado se acercó, le dijo:
-Una pregunta, ¿A cuánto está el humano?
Fue un flechazo.
El perro se aproximó, agitando caderas y cola, como un rito africano.
El hombre hizo el cuchi-cuchi de siempre con el que creía imitar a un bebé.
Siguieron un rato.Ya estaba decidido.
Entró al negocio.
Cuando el empleado se acercó, le dijo:
-Una pregunta, ¿A cuánto está el humano?
Carlos Adalberto Fernández - Buenos Aires, Argentina.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)