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El mundo es guiado por el artificio y en la era de la imágen, este propósito, es lo más autentico que, creo, puedo reivindicar.
miércoles, 12 de enero de 2011
CARTA A CLAIRE.1
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martes, 11 de enero de 2011
ABSENCE
El chico corría sin sofisticación ninguna sobre una elíptica hipnótica. No pensamiento. No sentimiento. Ninguna caricia atrapada tras la oreja, algún verso olvidado entre ropajes de tiempos perecederos. Y allí estaba él, salpicando de pasos el linóleo móvil como quien intenta emancipar su alma de la desdicha y sentir profundamente que el camino tiene un sentido. Desde donde corre con artificiosa cadencia, se divisa un paisaje de los que procuran hacerte olvidar. Parece insertado ahí, una naturaleza muerta en vivo. El chico era luminoso, de ardientes ojos y sonrisa perpetua. Tras las cuencas de los ojos fluían ríos de una tristeza apagada, pero latente en años bisiestos. Hoy es un día de esos; días en los que las imágenes se fugan, sin dejar rastro, a lugares de no retorno que existen tras las flameantes luces del gran astro. La tez yerta y ausente. El pulso de la vida marcando puntos en el cardio. Un coche pasa por delante del chico; al otro lado de la cristalera una mujer conduce cegada y perdida, su rostro está enmascarado por un haz de luz ardiente, plastificado y extrañamente pálido. Una máscara. Un apósito adherido a la faz, una piel ficticia que esconde la verdad desconocida, la que todos intentan ocultar bajo capas de apariencia o desarraigo. La verdad resplandece tras las comisuras de la máscara. Pero esa máscara se ve sólo durante el instante fugaz en que los rayos iluminan la cara de la mujer. Que es también la del chico. La de todos. El coche desaparece y, con él, se esfuman también las quimeras. El chico piensa que la luz desvela la identidad secreta durante un instante breve, el ha sido testigo anónimo de un secreto viajante al otro lado de la cristalera. Algo en su interior tiembla. Detiene la máquina y olvida las calorías para pensar en quién es y por qué está ahí.
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