MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del escritor JOSÉ MIGUEL DOMÍNGUEZ LEAL
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domingo, 18 de febrero de 2024

NUEVOS TIEMPOS PREBÉLICOS

 



Escuché hace poco decir que habíamos pasado de un mundo postbélico a otro de nuevo prebélico. Esto me impresionó pues verbalizaba de modo feliz todas las impresiones que me causaban las noticias sobre la situación mundial.

Tras la disolución de la URSS, parecía que se iniciaba una era en que predominaría una sola superpotencia global, los EEUU, inaugurando una dilatada Pax Americana, que dio lugar a aquel manido concepto de "el fin de la historia". Sin embargo, desde los albores de este siglo XXI las guerras e invasiones (provocadas por esa república imperial, adalid del "mundo libre" y de "Occidente") han sido una constante. Así, en pocas décadas, China se ha afirmado como imparable aspirante a primera potencia económica mundial (ante lo que los EEUU se ven impotentes), mientras la Rusia surgida del colapso soviético intenta consolidar un espacio de seguridad, contra la promesa incumplida de los EEUU y sus lacayos de la OTAN de no extender su terreno de influencia.

El conflicto de Ucrania, concebido desde el Euromaidán, la guerra civil desatada a partir de ese evento, y los falsos acuerdos de Minsk, que "Occidente" nunca estuvo dispuesto a cumplir, con el doble objetivo de romper los lazos económicos entre Rusia y la UE, y de debilitar a aquélla con una hipotética derrota militar y eclosión interna, ha resultado en un tiro por la culata, cuya víctima ha sido la UE, un ente oligárquico y liberticida ya casi indistinguible de la OTAN, en esta guerra por delegación deseada por la política anglonorteamericana. 

Por una parte, el sabotaje "aliado" del Nord Stream 2, que ha marcado el fin de la llegada de energía barata y abundante, en primer lugar, a Alemania, desencadenó una crisis energética que ha llevado a la UE a una recesión que es difícil ocultar, aunque se intente enmascarar ahora, como dicen el periodista Lorenzo Ramírez y el analista Alberto Iturralde, con la necesidad de una "economía de guerra" frente a la "amenaza rusa", amenaza de un país que ha desplegado en Ucrania una cuarta parte de las  tropas de lo que ha hecho Israel en Gaza. De nada han servido a este respecto las contraproducentes sanciones económicas a Rusia, que ha visto aumentar su PIB, y cuyo gas -licuado- y petróleo siguen comprando de tapadillo e hipócritamente las "democracias occidentales", en realidad, partidocracias diseñadas por los EEUU después de la Segunda Guerra Mundial. Éstos, sin duda, no dejan de ganar con este conflicto, pues favorecen el traslado a su territorio de grandes firmas europeas con el señuelo de una energía más barata, y están dispuestos a cobrar a buen precio el llenar de nuevo los arsenales europeos, vaciados en beneficio del régimen de Zelenski, tan consciente como todos de que libra una guerra que no puede ganar. Por otra parte, el conflicto ha fortalecido el acercamiento de Rusia y China (al fin y al cabo, el verdadero objetivo futuro de una guerra por parte de los enloquecidos y mesiánicos halcones del Pentágono), y la expansión de los BRICS+, a la que ha contribuido en no pequeña manera la desconfianza provocada en estos países por la ilegal congelación de los activos de la Federación Rusa y del Banco Central Ruso en "Occidente".

Sin comerlo ni beberlo, y sin poder hacer nada al respecto, salvo dar testimonio de la propia protesta, se encuentra uno, como súbdito de una Monarquía de partidos, obligado a formar parte de un bloque económico-político-militar, que sólo desea que aceptes la perspectiva de una guerra total en Europa de la que los verdaderos responsables se sienten a salvo a miles de kilómetros de distancia, que votes sumisamente a los oligarcas partidocráticos de turno al servicio de terceros países, que aceptes los trampantojos ideológicos de la ideología de género, la agenda globalista, y la fe en el cambio climático antropogénico, así como que te dejes esquilmar por una Hacienda, cuya razón de ser no es dotar al Estado, encarnación jurídica de la Nación, de los medios para mejorar la vida de los ciudadanos, sino hacerlos dependientes, a través de una pauperización progresiva, de una casta política que los desprecia.



sábado, 6 de enero de 2024

LA REBELIÓN DE JAVIER CERCAS

 



Hace pocos días el escritor Javier Cercas publicó una columna en el diario El País titulada Un llamamiento a la rebelión. En ella empieza por hablar de la existencia de la "antípolítica" "cuando la política se divorcia de la ética". Trae esto a colación con motivo del "acuerdo firmado por el PSOE y JxCat" para una amnistía a favor de los implicados en el llamado procès independentista catalán (que incluye también a los malversadores de dinero público, que resulta que no era de todos). Presenta el columnista una serie de hechos escandalosos para él utilizando una efectiva fórmula anafórica ("he visto cosas que nunca creí que vería", "he visto" en su forma más abreviada, y que hace inevitablemente pensar en el "he visto cosas que vosotros no creeríais" de aquel personaje de la película Blade Runner) y forma de endecálogo. En los primeros reprocha al gobierno su engaño, haciendo lo que dijo que nunca haría, sólo para asegurar "su continuidad con un prófugo de la justicia a cambio de la impunidad de éste". El sr. Cercas alude a la falsa concordia -la "concordia" y el "consenso" que iniciaron la Transacción del 78 y nuestra partidocracia actual, y que se ha dado en otras épocas de la historia como en la del Directorio francés tras el Terror- que subyace en este pacto de mentirosos: "He visto cómo se intentaba disfrazar de concordia el aumento exponencial de la discordia, y de perdón el hecho de pedir perdón: la amnistía es lo opuesto al perdón (que presupone arrepentimiento, inexistente en este caso)". Su indignación sube además de tono cuando observa al deuterofirmante: "He visto cómo el PSOE acataba en un pacto las trolas completas acuñadas por un partido reaccionario, supremacista y xenófobo" y la estrategia de los defensores de tal acuerdo: "He visto que contra la derecha está todo permitido, que quien protesta se convierte en agente del PP, y que, para no parecerlo, se aplauden o ignoran desmanes que provocarían una ira justísima si los hubiera perpetrado la derecha" (Es cierto que la actitud de tales sectarios se ha empedernido en los últimos tiempos bajo la presión de la conciencia de lo indefendible, que acallan multiplicando ataques a quienes discrepan de su actitud de tontos útiles que creen todavía en una división clásico-maniquea de "izquierda" y "derecha" a nivel de partidos estatales. Su argumento de que tal amnistía será aprobada por la mayoría del parlamento actual no deja de rezumar nostalgia de las Cortes franquistas, tan poco representativas como las Cámaras de ahora) Concluye el autor, pues, que "tenemos una clase política cínica, irresponsable y envenenada por el poder [...] Hemos tocado fondo".

En una segunda parte de su artículo, el sr. Cercas señala un dilema actuante: o hacer como si no pasara nada (como si hubiera democracia, que diría Antonio García-Trevijano) u optar por la insumisión. Es por ésta por la que se inclina el columnista, que llama a "la rebelión general". Tal postura le llevará, por un lado, a votar en blanco, y, por otro a abogar por la lotocracia ("estococracia" sería el término original, me recuerda mi amigo Joaquín Correa): "un tipo de democracia que propugna la elección por sorteo de nuestros representantes políticos, lo que, implantado de manera inteligente y progresiva, supondría una continua regeneración política [...] y la única esperanza verosímil de que la ensuciada palabra democracia recupere su limpio significado primigenio: poder del pueblo". 

Sin dejar de alabar la valentía del sr. Cercas, y la expresión de su indignación en un medio tan progubernamental ("Y he visto que el PSOE y un partido con el 1,6% de los votos dirimen el futuro de todos en secreto, en Suiza y con un mediador internacional (como si dialogaran Rusia y Ucrania), mientras el resto aguardamos temblando el veredicto de la superioridad..."), no podemos estar de acuerdo con sus recetas de acción política. Primero, el votar en blanco significa, en el fondo, una aquiescencia al sistema político, pues lo único que expresa con tal tipo de voto es que ninguna de las opciones que el mercado del Estado de partidos le ofrece le satisface; segundo, la estococracia podría llevarnos a una especie de nihilismo existencial como el que se describe en la La lotería en Babilonia de Borges, pues supondría coartar toda vocación política que surgiera en la sociedad civil, e ignorar toda la tradición de pensamiento político occidental que aboga por la separación de poderes en origen como medio de evitar o paliar el abuso, la corrupción y la tiranía; y por si no fuera menos, eliminaría el principio de representación política ciudadana, el otro pilar, junto a la separación de poderes, de una democracia formal. El sr. Cercas se sentiría probablemente más aliviado si pensara que, si existiera un sistema de elecciones separadas para el poder legislativo (un diputado por distrito por sistema mayoritario -no proporcional a base de listas cerradas o abiertas de partido como ahora-, y a doble vuelta) y el ejecutivo (presidente del gobierno -en una monarquía- o de la República, a doble vuelta en única circunscripción nacional) podría, como el resto de los ciudadanos, dormir más tranquilo.

No debemos, empero y finalmente, ser ingenuos y pensar que podríamos como país ser como las mónadas sin ventanas de la armonía preestablecida de Leibniz: para acercarnos a esa revolución de la libertad política, a la que sin saberlo aspira también el sr. Cercas, debemos salir de la partidocrática Unión Europea (que tiene las riendas de la Actiocracia ("Deudocracia") en que vivimos, y que hace a nuestros corruptos políticos tomar decisiones contrarias a los intereses de la nación) y alejarnos de los polemófilos objetivos de la OTAN de extenderse sin límite por el este de Europa, aun a riesgo de meternos en un conflicto nuclear con una Rusia que se niega a tener cerca armamento que apunte a su corazón.

¡Que el 2024 sea benévolo con todos!

sábado, 9 de diciembre de 2023

¿HABRÁ GOLPE DE ESTADO EN ESPAÑA?

 



A vueltas del tema de la ley de amnistía prometida por el presidente del gobierno en funciones Pedro Sánchez a los partidos separatistas vascos y catalanes, para asegurarse su permanencia personal en el cargo, diversos políticos del régimen y medios afines aseguran que aquél prepara un golpe de estado, para así liquidar el estado de Derecho, la Constitución, la separación de poderes, la democracia, etc., etc. Llegados a este punto, es lícito preguntarse qué hay de verdad en todo esto. Para responder a tal pregunta, es necesario analizar una vez más las bases de nuestro régimen político.

En primer lugar, debe recordarse que no existe una Constitución en España, sino una Carta Otorgada, pues, por un lado, no procede de unas cortes constituyentes, sino del acuerdo semioculto de un grupo de diputados de unas legislativas, y, por otro lado, no se reconoce en ella la separación de poderes, por lo que tampoco puede llamarse Constitución a aquella que con-tanto-esfuerzo-nos-han-dado, según se señala en el artículo 16 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Es, por lo tanto, muy difícil dar un golpe de estado contra algo que no existe.

Por otra parte, tampoco puede decirse que haya una democracia como forma de gobierno en España, dada la aludida inexistencia de separación de poderes en origen (hay, eso sí, separación de funciones, pero eso es lo que teníamos en el franquismo), y la inexistencia de un principio de representación política, encarnado en elecciones separadas para los poderes legislativo y ejecutivo, de acuerdo a un sistema electoral mayoritario. En cambio, el sistema electoral proporcional de listas cerradas y bloqueadas no sirve para elegir, sino para refrendar la voluntad de los líderes de los partidos, que sentarán así las bases de la corrupción como factor de gobierno.

En conclusión, parece difícil hablar de un golpe de estado en nuestra partidocracia, pues todo el edificio de la cosa pública está levantado de manera de que el que acceda al poder ejecutivo, controle al poder legislativo (no se oculta sin ningún pudor que las leyes las elabora el ejecutivo) y al judicial, mediante la elección de los vocales del Consejo General del Poder Judicial, que nombrarán luego a los jueces del Tribunal Supremo que juzgarán a los políticos, y a los magistrados del Tribunal Constitucional, tribunal político y constituido, con ambiciones de constituyente (las luchas de los partidos por controlar estos órganos intervenidos sólo responde a un ansia de poder total). De tal suerte, todo el poder se concentra en unas manos, perfecta definición de la tiranía. Los mismos que protestan contra esta situación son otros partidos del régimen, que proponen como solución la misma fuente del problema: la falsa Constitución de 1978, y engañan al pueblo organizando manifestaciones donde lucen las banderitas de una monarquía que sirve para justificar el statu quo antidemocrático, (y de la que no se puede, por tanto, esperar nada), y las cochambrosas enseñas de la Unión Europea, que santifica todo, mientras los gobernantes patrios se inclinen a sus designios, aunque sean contrarios a los de la nación española; todo, eso sí, bajo una música atronadora que impide siquiera lanzar al aire las consignas de la sumisión.


viernes, 6 de octubre de 2023

PANORAMA POSTVOTACIONAL

 



Tras las elecciones del pasado julio, que Ignacio Ruiz-Quintano decía que han servido fundamentalmente para reasignar cuotas de tertulianos en las televisiones, el juego del "Consenso democrático" -es decir, la unanimidad que esconde la corrupción del reparto del poder del Estado por parte de los partidos del régimen del 78- se ha vuelto particularmente movido: El actual presidente del gobierno partidocrático y líder absoluto de su partido según la Ley de hierro de las oligarquías necesita, aparte de los votos de la ralea separatista (que curiosamente se afirma como apoyo de un "gobierno progresista" cuando hunde sus raíces en el más rancio Carlismo clerical), los de un golpista huido de la justicia, que juega a las cartas en Waterloo sin necesidad de artillería, esperando la visita de una alta representante del tal "progresismo", que comete supuestamente delito por ello.

Los defensores del Estado -ingenuos, ignorantes o corruptos- sostienen que si no se vota, no se tiene derecho a quejarse. Muy al contrario, es al votar cuando uno no debería quejarse de lo que está pasando, pues contribuye con su voto al mantenimiento de la corrupción como factor esencial de gobierno, a la destrucción de la nación como sujeto político y al empobrecimiento de la población en favor de las oligarquías económico-políticas.

Asistimos, así pues, a un político, muy aperreado antes y después de las votaciones, que ahora perrea por mantenerse él en el poder cueste lo que cueste, y todo esto no provoca no ya la indignación, sino el mero estupor moral entre los no ciudadanos, sino súbditos de una Monarquía de partidos de los que sólo se espera que ratifiquen cada cuatro años las listas electorales con las que el líder de cada partido se asegura su capacidad de obtener poder y repartirlo entre sus lacayos, que hagan frente en silencio a una creciente presión fiscal para mantener un henchido multiestado prebendario, y que se mueran lo antes posible, para los que se les ofrece una Ley de la Eutanasia, que no más fondos para la de Dependencia. 

Ese perreo se manifiesta, por ejemplo, en el coqueteo de los medios gubernamentales con la idea de la amnistía para los golpistas exigida por el héroe de Waterloo, para que éste se digne pasarle la mano por el lomo al candidato "progresista" y votarle (también está lo del uso de las lenguas cooficiales, pero eso no tiene nada que ver con la lengua, sino con el deseo del fascio separatista de bajarse la cremallera mostrando que su aparato no se mide en centímetros, sino en palabras). Defienden, pues, estos medios subvencionados que no se habla de amnistía en la Constitución no prohibiéndola, pero tampoco se habla en ella de la ablación de clítoris, y eso no quiere decir que se la permita. Nuestra Carta Otorgada -la que no nos dimos entre todos, sino la que redactaron representantes del régimen saliente con el entrante-, por otra parte, prohíbe expresamente en su articulado los indultos colectivos, que es lo más parecido -aunque menos grave-, a la amnistía. Mientras, la llamada "oposición" sólo muestra su lado más descorazonador de funcionarios del poder a la espera de promoción interna, liderada por un excacique autonómico, que implantó en su Autonosuya el mismo régimen de limpieza lingüística respecto al español -no lengua de Castilla, sino de todos- que en Cataluña.

Es curioso ver que las máximas autoridades de la UE como Von der Leyen, ¡oh, Borrel! y Lagarde, acceden a sus miríficos cargos con problemáticos dosieres a sus espaldas desde sus países de origen, y aún así deciden, sin haber sido elegidas por ellos, sobre el futuro de los habitantes de la UE, ese "inmenso campo de concentración" del que habla Diego Fusaro. Nada importa si destruyen la agricultura europea, y empobrecen a la población en nombre de autoproclamadas "alarmas climáticas" -pues ya lo de "cambio" o "crisis" no sirve para acelerar las medidas que quieren implantar, para conseguir, entre otras cosas, que, ante los imposibles costes, las empresas europeas de punta emigren a los E.U. de Wokistán-, pues de lo que se trata es de obedecer al amo norteamericano y a sus lacayos de la OTAN, y  podrán asegurarse de tal suerte futuros asientos y oceánicos sueldos en organismo internacionales del ramo. Cosa, finalmente, a la que no deja de aspirar también los candidatos presidenciales que se muestran más perrunamente serviles a estas consignas aparentemente "climatófilas" (Eso sí, a Borrel no parece preocuparle las consecuencias climáticas que pueda tener su afirmación de que el objetivo principal de la política europea es que Ucrania obtenga un victoria imposible sobre Rusia).

Ante este terrible panorama, unos se ponen a mirar al rey, pero éste no va a solucionar nada, sino más bien lo contrario, como recordaba Antonio García-Trevijano, citado por Ignacio Ruiz-Quintano:

El poder meramente simbólico del Rey permite a los nacionalismos utilizar el reconocimiento de la Corona como único lazo de unión con el Estado español, para funcionar de hecho como estados independientes.


En fin, sólo queda resistir, y hablar alto y claro, mientras se pueda.



domingo, 18 de junio de 2023

ENTRE VOTACIONES

  



Al día siguiente de las votaciones (que no elecciones, que eso es otra cosa) municipales del 28-M salió el presidente del gobierno para anunciar votaciones generales el 23-J, con evidente deseo de "contraprogramar" como se dice ahora en los medios, y hacer pasar a un segundo plano su derrota en las urnas; era también un cálculo, no ya partidista, sino personal, el que le llevaba a proponer esa fecha, calculada, según sus previsiones, para obtener el mejor resultado posible, presentando al PSOE -ya se sabe, "la casa común de la izquierda", el partido que, de acuerdo con el llamado PSOE state of mind ha determinado la vida política, social y cultural de la sociedad española desde que se configuró como heredero de la base social del franquismo- como la opción de voto útil frente a los partidos a su "izquierda" a los que acababa de pillar por sorpresa en medio de sus divisiones cainitas, frente al PP -su cara B en el fondo, su marca blanca, tan globalista y otanista como el partido de la rosa- y sus adláteres de "extrema derecha". Un magistral órdago a la grande de un trilero de la partidocracia, quizás el más señero que han dado estos tiempos.

Igual que en el Callejón del Gato valleinclaniano, las imágenes deformadas de nuestro régimen político que devuelven los medios son cada vez más extravagantes al par que veristas, y sólo la ignorancia, el cálculo de beneficio y de medro, y el sectarismo que, basado en el principio de identificación -que no de representación- que fundamenta el Estado de partidos, lleva a millones de votantes a actuar como fanáticos hinchas de fútbol, sostienen la mentira fundacional del poder político.

La política es la lucha por el poder (y los cargos, y la creación de redes clientelares) que, si no se desarrolla en el marco de una democracia formal -separación de poderes en origen y representación política vehiculada en un sistema electoral mayoritario con elecciones separadas para el poder legislativo y el ejecutivo-, se basará en la corrupción como factor de gobierno, y en el consenso como tapabocas de la disidencia.

Sería ingenuo, por otra parte, pensar en la democracia "para un solo país", pues lo que propio de un partidocracia es que sus oligarquías -que no representan a la nación en un ningún parlamento elegido al efecto- se vendan y vendan los activos nacionales a la potencias que controlan los flujos de deuda, que permiten a estas castas mantener sus aparatos estatales de despilfarro.

Este sometimiento a los intereses extranjeros está siendo sangrientamente notorio en el caso de la intervención de Rusia en la guerra civil de Ucrania, convertida en una guerra de desgaste contra aquélla por parte de EE.UU. y la OTAN, contra los intereses económicos de los países europeos, "el mundo libre" partidocrático. Así, hemos podido ver al sr. Borrell, Mr. Abengoa, que habla en nombre de todos los europeos sin que nadie lo haya elegido democráticamente, pedir el rearme conjunto de la UE, lo que beneficiará -quien lo diría- a la industria de la muerte norteamericana, aunque eso perjudique ahora a partidas de gasto social. Borrell, procedente de las más refinadas capas europeístas del corrupto PSOE, es un palmario representante de esa clase partidocrática transnacional que se instala por el dedo de amigos -en este caso Von der Leyen, ambos con un común amigo norteamericano- al frente de instituciones que deciden sobre las vidas y las haciendas de millones de personas, carentes de control ciudadano. 

Es, pues, una perfecta dictadura lo que se nos vende, envuelta en aparentemente filantrópicos proyectos como la siniestra Agenda 2030, destinada al sometimiento de la población a los intereses del capitalismo globalista, que, eso sí, convive sin ninguna contradicción con la promoción de la guerra en territorio europeo, como si viviéramos en la euforia belicista previa a la Primera Guerra Mundial, y donde faltan los Romain Rolland que apuesten por la paz, solos contra el mundo.


domingo, 7 de marzo de 2021

CONEXIONES

 



Anne Starling, Edge of Industry (2009) [via feuilleton blog]


Ondas invisibles se retuercen sobre el arcaico paisaje de tendidos eléctricos, y las viejas moles del paisaje crepuscular de la industria de la Edad del Hierro. El mundo se vuelve falsamente fluido, y la metafísica se cuela por nuestros rooters.

Somos más dependientes, no más libres, si perdemos el arraigo a la materia. Así, un nuevo evento Carrington, como se llamó a la tormenta solar de 1859, provocaría un devastador colapso tecnológico. 

La memoria de todo se confía también a estos ubicuos impulsos eléctricos que nos atraviesan, y el afán de perdurar, propio de nuestra Humanidad, me resulta azaroso, no más seguro. Pero siempre cabe el incendio.


sábado, 13 de febrero de 2021

EL ÁNGEL DE LA GUARDA


 


Carl Larsson (vía Adventures in the Print Trade)


El ángel de la guarda, al que el Papa actual define como compañero de viaje, tiene mucho trabajo últimamente. No hace falta ser ducho en angelología para darse cuenta que este buen consejero -si existiere- se enfrenta a una dura realidad que dura ya casi un año, y que no tiene visos de terminar pronto. Esta sevicia vírica y virulenta provoca ansiedad, desaliento y cansancio. En lo que me toca, me siento a veces al borde del colapso emocional y físico, que las mentiras de la propaganda política (en gran parte en su negociado educativo) no hacen más que agudizar: Falsos "entornos seguros" los colegios son meros aparcaderos de jóvenes, abandonados a sus propios medios, recursos y buena voluntad de equipos directivos para contrarrestar el -evidente- riesgo de contagio, frente a la mentiras que venden a los súbditos los infames políticos de nuestra Partidocracia. ¿Objetivos del curso, si me preguntaran? -intentar- no infectarme, dado el sálvese-quien-pueda generalizado (sauve qui peut!).

Alumnos y profesores dan síntomas de agotamiento y de estrés postraumático: apatía o rebeldía, necesidad de desahogo armando alboroto o aplaudiendo de manera insensata, gamberradas, pérdida de concentración, depresión, ansiedad, fatiga a veces insuperable... 

Mientras, hoy, sábado de Carnaval, éste brilla por su ausencia. Muy poca gente por la calle; terrazas vacías, y falta casi absoluta de signos carnavalescos. Quizás la raigambre popular de esta fiesta era en realidad un tanto ilusoria, al no existir ni concurso de agrupaciones ni posibilidad de botellones callejeros por la pandemia, que era a lo que realmente había quedado reducido este festejo tan "gaditano". Se le encoge a uno el corazón, no por la inexistencia de disfraces, coplas y barullo alcohólico, sino al ver la cantidad de negocios y tiendas cerradas en la arteria comercial principal del centro de la ciudad. Un ambiente de desánimo y calma antes de la tempestad es lo que percibo por las calles en el amargo triunfo de esta Cuaresma anticipada.


martes, 29 de diciembre de 2020

CONTINUIDAD DE LA RADIO


 

Okamoto Kiichi



La radio ha jugado un papel variable en mi vida: tengo un vago recuerdo de radionovelas en mi infancia, y fue un paso adelante en mi preadolescencia hacerme con un pequeño transistor, aunque no sabía exactamente qué escuchar. Luego, me aficioné a algunas radios musicales (pocas, como Onda Jerez, los 40 Principales nunca me gustaron) en un gran radiocasete donde podía grabar canciones en las cintas magnéticas de entonces, comienzos de los años 80 del siglo XX. Posteriormente, me aficioné a Radio 3 y Radio 2 (más tarde conocida como Radio Clásica), aunque limitándome a un número reducido de programas (Caravana de hormigas -eran muy críticos y desparecieron-, Discópolis, Diálogos 3, Cuando los elefantes sueñan con la música, Música de Nadie, Música antigua, El mundo de la fonografía, Los raros...).

Ha sido una gran revolución, y una garantía de la supervivencia de la radio, la escucha en línea; así, en mi ordenador puedo oír, según un sistema de azar ordenado que rige mis escuchas y lecturas, Antena Dois, BBC Radio 3, BR-Klassik, France culture, France musique, Radio clásica, Rai radio 3, Rai radio classica, radios hispanoamericanas, y una lista de reproducción elaborada por mí mismo.

No siendo eso bastante, mi último gran descubrimiento ha sido el mundo de los podcast, a través del sitio Ivoox, a los que recurro desde mi móvil cuando camino, o hago alguna faena doméstica mecánica como barrer, fregar, tender o poner lavadoras. Es la supervivencia de la palabra, abierta a las más diversas temáticas (historia, filosofía, ciencia, astronomía, música, literatura, etc.), que compite en ese contexto con ventaja con los vídeos de Youtube, que también veo (sobre todo cuando friego, y puedo mirar enfrente).

Nada sin embargo, puede sustituir a la lectura vespertina (o matutina en el autobús al trabajo, en la que estoy leyendo todo Chéjov), en sus diversos soportes ya posibles, para la que sí necesito el silencio, sin el que es muy difícil cualquier estremecimiento del alma.


jueves, 3 de diciembre de 2020

FUTURO DE LA HUMANIDAD

 



Dan McPharlin




Konstantín Tsiolkovski, "La tierra es la cuna de la humanidad, pero no siempre se puede vivir en la cuna para siempre".



Nuestro sol, que está a la mitad de su existencia, se convertirá en una gigante roja en unos cinco mil millones de años, arrasando los planetas rocosos, entre ellos la Tierra, que se convertirá en una roca privada de cualquier forma de vida. Parece que en unos mil millones de años el sol brillará mucho más, y lo del cambio climático parecerá una broma cuando los océanos empiecen a evaporarse.

Resulta, pues, evidente que la Humanidad por propio impulso o por pura necesidad se dará a la colonización del sistema solar, primero, y del perímetro galáctico, después, si consigue desarrollar una tecnología adecuada según modelos como la escala de Kardashov, y no se ha extinguido por el camino, claro está.

Puede parecer ocioso pensar en estas cosas, como me dijo alguien, si se está esperando, por ejemplo, la segunda venida de Cristo. Pero es de suponer que Cristóbal Colón y sus hombres en sus cascarones de nuez también la esperaban, y eso no les impidió hacer a escala planetaria lo que los humanos tendrán que hacer en un futuro que no podemos siquiera imaginar, ya que nuestras presunciones sobre éste se basan necesariamente en nuestras percepciones y conocimientos actuales de la Realidad.


lunes, 30 de noviembre de 2020

COMPRAS Y CORONAVIRUS

 



Centro Comercial, Burbank (California, mediados de los años 60 del siglo XX) (D.R.)


Veo de cara a las Navidades la misma estrategia enloquecida que se produjo tras el fin del confinamiento mirando al verano. Se nos animó a consumir, a viajar, a ir a hoteles y restaurantes, a convivir con el virus, en suma. Y así se pudo hablar de "segunda ola", metáfora que oculta la realidad de un crecimiento imparable de los contagios que se produjo desde entonces.

Ahora adelantan ya los políticos y medios del régimen una "tercera ola", curándose en salud por la mano que abrirán para una "campaña de Navidad" que será fallida a la par que mortífera -igual que la de verano- por las aglomeraciones y el aumento de personas en espacios cerrados. Uno escucha con estupor que en algunos cacicatos autonómicos dejarán salir a los ancianos de las residencias para exponerlos al abrazo del oso vírico en las olvidables comidas navideñas, despliegues, por lo general, de hipocresía que podríamos ahorrarnos; y en otros de esos feudos de los partidos del Estado hay disputas por autorizar un número de comensales: 6, 10, 10 y niños aparte, cuando lo que deberían aconsejar es que nadie se reuniera salvo con la familia con la que convive. 

Pero no, se lanza en cambio la operación de mercadotecnia a gran escala de las vacunas -que no son tales- para dar esperanzas a una población educada en la complacencia, el egoísmo cortoplacista, y la servidumbre voluntaria, teniendo así  como espejo a nuestra partidocracia y su inmoralidad constituyente (cuius regio, eius religio); población no acostumbrada ya, por tanto, a la frustración y al sacrificio y dada a una vocación de dependencia creciente del Estado, en clara consonancia con la fábula del buen pastor de Jorge Santayana.

Algunos miserables, por otra parte, señalan el presunto éxito de la vuelta a las escuelas, cuando esa menguada enseñanza que se ofrece se logra a base de ahogar la voz en la mascarilla y de agarrotarnos el cuerpo de frío, mientras las mezquinas exigencias burocráticas sí que no menguan, si no que pueden incluso aumentar, como si nada pasara.

No sabe ya uno dónde mirar que no le asquee, y siento temor por el gran desastre social y económico que puede avecinarse, sin nadie que nos defenda. El número creciente de gente que veo sin mascarillas por las calles o cogiendo ascensores se me antoja un anuncio de todo eso.


jueves, 5 de noviembre de 2020

BURBUJA VÍRICA

 



Bubble


La actual pandemia del coronavirus está marcada por la prescrita asepsia y el aislamiento. En el microcosmo de los colegios, en cambio, se prodigan los contactos, y la cercanía, más verbal que física en la mayoría de ocasiones, de los alumnos resulta un alivio respecto a la conciencia depresiva que se adueñaba de uno durante el confinamiento duro de marzo y siguientes. El sentimiento de burbuja persiste, empero, en las relaciones con los compañeros y la administración: la tentación del castillo de Kafka.

Ahora que se anuncia un nuevo confinamiento, siquiera parcial, siento el temor de tener que acabar quedándome en casa de nuevo y enseñar por internet. Prefiero ahora mil veces el contacto humano, aunque sea menguado, a través de mascarillas y separación -que no distancia de seguridad- respecto a los alumnos. Recuerdo haberme sentido muy nervioso, desubicado y cansado los primeros días de clase. Ahora algunas personas me dicen que estoy en situación de riesgo en mi trabajo. Pues sí, claro, sólo hay que parar a pensarlo un segundo: un edificio pequeño con varios centenares de personas dentro, ventilación de fortuna, y clases de 30 a 34 alumnos. Pero no me dan otra opción...

No puedo evitar a veces sentirme irritado, rechazando pantomimas y paripés de circunstancia. Nos asomamos cada día al tranquilo borde de un abismo, cuando el miedo apunta al ver llegar un autobús con todas las ventanillas cerradas. Hay que abrirlas. Yo abro las que están a mi alcance, para que entre el aire y el frío bienhechor, mientras contemplo a tantos adocenados en su inconsciencia.

No me hago, finalmente, la falsa esperanza de obtener alguna enseñanza del parásito invisible, sólo sobrevivir a este sentimiento de que mis gestos se vuelven definitivos.



sábado, 10 de octubre de 2020

AGLOMERACIONES

 



Bruce Gilden


En el pasado verano coronavírico fueron frecuentes las llamadas a evitar las aglomeraciones en playas, restaurantes, bares y discotecas, al tiempo que nos animaban, de acuerdo con la "nueva normalidad" engendrada por el poder partidocrático para las masas de votantes aborregados, a viajar y a consumir en la hostelería, que acabó hundiéndose ante la falta de medidas tomadas por la casta política, que siempre podía echarle la culpa a "los jóvenes" de lo que era presumible que parte de ellos hicieran, sin que le importara un pimiento hacer una política de prevención desde el poder, que no tuviera que ver con el calculado coste electoral.

Ahora, al volver al trabajo me he encontrado con otro tipo de aglomeraciones, éstas sí bien vistas o consideradas inevitables o aptas para ser tratadas como si no existieran: las de 30 alumnos y más por clase en los colegios y las aglomeraciones en autobuses (evito el atestado y tropicalmente caluroso autobús de las 8). Empiezo a acostumbrarme, pero los primeros días me ha resultado terriblemente inquietante y entristecedor el tener delante de mí clases de una treintena de alumnos enmascarillados (a veces con medios de fortuna) separados por unos 50 centímetros, y yo en el estrecho pasillo que va desde la puerta de la clase abierta, pasando por la pizarra, hasta la ventana igualmente abierta junto a la mesa del profesor (las corrientes de aire me han provocado un primer enfriamiento que me ha tenido k.o. unos días, y ahora llevo más capas para postergar la recaída, pero toda ventilación es poca). Se me dice que debo mantener la distancia de seguridad con los alumnos, pero si me aparto un poco de la pizarra ya estoy encima del de la primera fila. Esto provoca, por otra parte, que tenga problemas para oír a los alumnos del fondo, acrecentados además si hay ruido en el pasillo o en la clase de al lado, mientras veo a algún compañero irresponsable pasearse entre las mesas.

A mediados de esta semana, me he sentido súbitamente mejor, como si ya estuviera aclimatándome a esta situación, y encontrando mis tiempos y estrategias para trabajar en esta extraña "presencialidad", que me hace sentirme incómodo, no haciendo mi trabajo como podría en circunstancias normales, y que no sé si se prolongará, mientras la maquinaria burocrática sigue su marcha, impasible e hipócrita, sobre todas las incongruencias presentes y futuras.


lunes, 14 de septiembre de 2020

EL EXILIADO

 



Arturo Nathan (1891-1944) no fue un hombre con mucha suerte. Hijo de una cosmopolita familia judía, nació en Trieste (entonces parte del Imperio Austrohúngaro), aunque conservó la nacionalidad británica de su padre. Tuvo que abandonar su pasión por la filosofía, para seguir la carrera comercial paterna, y, como ciudadano británico, participar en la Primera Guerra Mundial, experiencia de la que salió profundamente traumatizado. Se le recomendó la pintura como terapia, y comenzó una carrera autodidacta que le llevó a obtener cierto reconocimiento en los años 30. Posteriormente, su condición de judío le llevó a la muerte en un campo de concentración en 1944.

En el cuadro de la imagen, llamado "El exiliado" de 1928, Nathan se autorretrata en un vestimenta propia de un prisionero, como será el mismo años más tarde, y en una postura de recogimiento interior, con la cabeza baja y las manos entre las piernas, resaltada por la simetría compositiva del cuadro.

Nathan parece comunicarnos un exilio interior, un repliegue sobre sí mismo, doliente pero sereno, forzado o voluntario, que se traduce en colores y tonos que entreveran la realidad de fondo pintada. Me impresiona ahora más aún este cuadro al ver el tipo de exilio interno al que me ha forzado el coronavirus: la pérdida de contactos y referentes, la falta de empatía de creyentes en la "nueva normalidad", el entorpecimiento de las acciones de la vida cotidiana... Ahora con la forzosa vuelta al trabajo, tomo aún más conciencia del peligro, y pienso que, bueno, con 54 años he hecho cierto número de cosas de las que puedo sentirme orgulloso, que hay también cierto número de fracasos que jalonan mi existencia, pero que he mandado al futuro algunas flechas de papel impreso que tal vez hagan blanco en algún corazón... Eso, poniéndose en lo peor posible.

La escritura me ha ayudado mucho en estos meses de semiconfinamiento familiar; ha sido para mí como la pintura para Arturo Nathan, un intento de convertir en belleza estados de ánimo tan avasalladores como efímeros, pasajeros como uno mismo. Me gustaría, imagino que igual que Nathan, continuar con lo que hago, que es sentir esa pequeña magia cotidiana de que algo cobre vida propia bajo mis dedos. Así sea.

 

martes, 11 de agosto de 2020

DESCONEXIÓN

 


Albert Birkle


La crisis del coronavirus produce diversos efectos en la gente. Percibo en personas que me rodean una persistente ansiedad que resulta contagiosa en la medida que no sé cómo ayudarlas. Personalmente, vivo en un estado de calma tensa, siendo consciente, que no feliz. El periodo de confinamiento, y esta "nueva normalidad" propagandista que nuestro gobierno partidocrático nos vendió a través de los medios de comunicación del régimen, me ha hecho recentrarme en mí mismo y ser dolorosamente consciente de mi edad, y de la fragilidad de todo lo que me rodea, de las falsas seguridades.

Intentar adaptarse a lo que se espera de uno, sacrificarse a las insaciables exigencias de la vida actual, que acaba conduciendo a la angustia y la neurosis, revela su escaso valor cuando se ve como el mundo se derrumba a nuestro alrededor. Uno se siente, pues, más libre para odiar y para amar, para ver la miseria y la incongruencia en sí mismo y los demás. 

Ese estado de desconexión en el que me sumerjo fácilmente, y que me hizo sufrir y gozar en el pasado, por no poder sentirme nunca integrado o identificado totalmente en ningún grupo, se está convirtiendo últimamente en casi permanente. Escribo, escribo, y escribo, "como el perro ladra", decía H. G. Wells, pues la muerte está en el aire, y perder un tanto la cordura me parece la única forma de conservarla.


martes, 21 de julio de 2020

LOS ÚLTIMOS CARTUCHOS





Alphonse-Marie-Adolphe de Neuville



Es notable la composición de este cuadro de 1873, que recrea la guerra franco-prusiana de 1870. De izquierda a derecha se desarrolla una escena dinámica que demuestra distintas actitudes ante el combate. A la izquierda, por donde normalmente se ilumina el cuadro, un rayo de luz atraviesa la ventana y resalta una cortina al viento sobre dos combatientes que gastan, como indica el título, sus últimos cartuchos en las postrimerías de esta gran derrota francesa. La expresión dramática del soldado colonial recuerda a personajes de Delacroix o a nuestro español Fortuny.

Hacia el centro la figura del soldado en diagonal apoyado sobre un aparador ayuda a equilibrar la composición, y da paso al segundo grupo de personajes, los heridos, como los que aparecen junto al quicio de la puerta, que crea un necesario segundo foco de luz, además de un trampantojo volumétrico, para iluminar la escena en la que destaca el último personaje a la derecha, el joven soldado de gesto desdeñoso con las manos en los bolsillos, símbolo de la indiferencia y heraldo de la derrota, realzado por el cadáver que blanquea a su espalda.

jueves, 25 de junio de 2020

LAS VUELTAS DEL TUNEL





Dennis Cooper



Sólo hay nuevos recodos en este túnel siniestro de la cotidianidad, y se sigue tomando aire en la espera de algún rastro de luz en la lejanía. Nos mantuvieron a todos bajo arresto domiciliario que respetamos obedientemente, y ahora nos animan a retomar una "nueva normalidad" plagada de contagios, por salvar lo que se pueda de la economía de servicios que es para lo que dejaron los políticos de nuestra partidocracia a este país, por conseguir, para ellos, su "homologación" con las partidocracias europeas.
  
Veo ahora a muchos de los que estaban sumisamente encerrados, hacer burla de la distancia de seguridad, y pasar de la mascarilla, ya que en la vita nuova que les concede graciosamente el gobierno les está permitido ahora volver a beber codo con codo en cualquier sitio, aunque la amenaza siga igual de presente, pues es en lo único en lo que parecían pensar. Me hacen pensar en el protagonista del cuento de Chéjov "Fiebre tifoidea" en el que éste, tras contraer la enfermedad y contagiarla accidentalmente a su hermana, que muere, siente la primera euforia de la recuperación al recobrar la consciencia para luego ceder "a la tristeza de cada día, y al sentimiento de una pérdida irreparable". Tal mera decencia humana parece faltar hoy día.

domingo, 27 de octubre de 2019

EXHIBICIONISMOS




George Butler



En un afamado bar y restaurante de altura de Cádiz fui testigo de un hecho infamante: en la barra había un tipo de aspecto extranjero con evidentes síntomas de una silenciosa ebriedad. El hombre dejó caer la cabeza sobre el pecho y se quedó inmóvil, al tiempo que comenzaba a escorarse peligrosamente a un lado, ante las risitas de los 5 o 6 camareros vestidos de negro detrás de la barra, y el recochineo de algunos clientes que le hacían fotos, llegando una desaprensiva a hacerse un selfie con él. Una chica a nuestro lado tomó la iniciativa y enrostró a los camareros preguntándoles si no pensaban hacer nada, y llamar a una ambulancia ("Es un guiri", comentó uno de ellos, como para justificar absurdamente su inacción; quizás por eso le sirvieron cuatro whiskies a un tipo que venía ya bebido). De mala gana, uno de éstos cogió el teléfono, mientras otro, ante otro cliente que empezó a menear al dipsómano, sentenció que se trataba de un coma etilítico, pero no movió un músculo. Casi de seguido me vi con otros dos clientes levantando al tipo, que iba a acabar en el suelo, y llevándolo como un gran muñeco desmadejado, a sentarlo contra una pared. El hombre no reaccionaba, ni siquiera ante la presión del hielo, y poco tardó en orinarse encima, y vomitar silenciosamente.

Esta situación indignante, que dice muy poco de la humanidad y la profesionalidad de esos presuntos profesionales de la hostelería, ilustra cierta parálisis moral que parece asociada al espectáculo diferido que parecen haber hecho de la vida los móviles y la presión de la imagen compartida en las redes sociales (donde las fotos que más gustan son las que muestran un atisbo de intimidad a la curiosidad apresurada del espectador). No se puede actuar hasta que uno no haya registrado y compartido convenientemente un hecho, y la obsesión por el llamado selfie, la foto de uno mismo, se me antoja signo de un apresurado, por mor de injustificado, narcisismo que impide la contemplación y disfrute de monumentos y paisajes, reducidos a mero fondo circunstancial del "la realidad soy yo". Esa pasión por mostrarse en el ágora electrónica parece que excede con mucho el afán de exhibicionismo de cualquier época de la Humanidad.

Esta vuelta al trabajo ha estado marcada por mí por cierta sensación de gran soledad, y un sentimiento, no sé en qué medida defensivo, de ira, odio y desprecio. Quizás debería calmarme y enfocar esa dura constatación de saberse distinto de una manera menos perjudicial para mis nervios, dado que los objetos de mi enfado son los mejores controladores de su idiosincrasia nociva o mezquinamente egoísta.

domingo, 14 de julio de 2019

PASOS DE LA HUMANIDAD





Placa en la sonda Pioner 10, diseñada por Drake y Sagan, y dibujada por la hija de éste.



Los avances de la tecnología empujan al hombre a explorar el cielo en busca de formas de vida, igual que en el siglo XV la misma dinámica llevó a la Humanidad a descubrir un nuevo continente y a pueblos que no aparecían mencionados en la Biblia (curiosamente, hoy en día Colón volvería a entrar en conflicto con los terraplanistas). Dicho impulso, ahora como entonces, queda mediatizado por consideraciones morales, éticas, filosóficas o ideológicas.

En 01950, Enrico Fermi, implicado en el proyecto Manhattan, enunció su famosa paradoja, que afirma que si existen civilizaciones extraterrestres por qué no se han comunicado con nosotros. Primaba, sin duda, en el físico nuclear la visión pesimista procedente de la comprobación de los efectos de la bomba atómica que habia contribuido a desarrollar, concluyendo que una civilización tecnificada acaba desarrollando los medios de su propia destrucción.

Tal pesimismo determinista no influyó, empero, en astrónomos como Frank Drake y Carl Sagan que crearon el instituto SETI (search for extra terrestrial intelligence), dedicado a rastrear la presencia de vida extraterrestre en el universo. El mismo Drake enunció en 1961 la ecuación que lleva su nombre, y que calcula mediante numerosas variables el número de civilizaciones capaces de emitir señales de radio en nuestra galaxia. Su cálculo, que le llevaba a hablar de la posibilidad de detección de 10 civilizaciones por año, se ha reducido considerablemente por el cuestionamiento de sus variables, y en la actualidad se ha reducido a un cero coma seguido de varios ceros.

El aislamiento en que se encuentra la Tierra en los suburbios de la Vía Láctea, y la ausencia de detección de señales de radio exteriores, tuvo el efecto pendular de la aparición de la hipótesis de la Tierra especial o rara, donde la confluencia de tantos factores excepcionales y su precario equilibrio para la creación de vida, hacen dudar a muchos de que tales condiciones puedan volver a darse en la misma medida en otro lugar del Universo. Tal teoría provocó razonables críticas en el sentido de que pueden existir otras formas de vida no basadas, como la nuestra, en el carbono; de que esas formas de vida no tengan que ser necesariamente inteligentes y tecnológicas; o de que se encuentren en un grado de desarrollo similar o inferior al nuestro, y que, por lo tanto, sean incapaces de desarrollar un ideología de detección, o de que, simplemente, no hayan coincidido con nosotros en el abismo del tiempo intergaláctico.

Sea como fuere, esa vida extraterrestre tiende a imaginarse como inteligente, antropoide, y con un grado de desarrollo tecnológico muy superior al nuestro. Esta idea está sin duda en la elaboración teórica de la llamada Escala de Kardashov, método para medir el grado de desarrollo tecnológico de una civilización basado en su uso de los recursos energéticos, y de las que establece tres tipos, de los que el II y III lograrían el dominio de los recursos de su sistema planetario y su galaxia, respectivamente, en un lapso de tiempo de un millón de años aproximadamente. Tal optimista visión de la expansión de la Humanidad y de su progreso indefinido choca frontalmente con la visión milenarista de Fermi, y con la de quienes sostienen, malthusianamente, que la superpoblación y el agotamiento de los discursos colapsarán tal desarrollo humano, aunque, por otra parte, echa una mano a quienes creen en la existencia de civilizaciones superiores capaces de contactarnos a pesar de las abismáticas distancias siderales.

Llegado a este punto, siento que nos situamos ya en un campo metafísico de pura especulación, que bordea lo casi religioso, en el que esos extraterrestres avanzados jugarían el papel de nuevos Mesías científicos, dispuestos a redimirnos de nuestros errores, como los que aparecen en la película "Ultimátum a la Tierra" (01951). Otros, en cambio, desean tal contacto, pues afirman que sería la prueba definitiva contra las religiones antropocéntricas. Pero ya el sagaz C. S. Lewis decía en su libro "Los milagros" que tal descubrimiento sólo vendría a demostrar que Dios habría reservado otras formas de Redención para otros seres dotados de alma.

Sea como fuere, está claro que el futuro de la Humanidad está en la exploración del Espacio, y no hacerlo no sería más que una traición a nuestra propia naturaleza, pues ya decía T. S. Eliot en uno de sus versos que todo hombre viejo debería convertirse en explorador, y nuestra Humanidad ha hollado demasiado ya sus propias huellas sobre nuestra vieja tierra madre, como para no encaminarse sus pasos a otra parte.

domingo, 16 de junio de 2019

VIDA SOCIAL




David Steward



He vivido estas últimas semanas varias celebraciones y encuentros: el cumpleaños de un amigo y compañero, una cena con amantes de la cocina casera, una comida con mis estudiantes pasando el Rubicón de la Selectividad, una comida con compañeros de trabajo, etc. La publicación de mi libro de relatos, "El enfermo imaginable" me ha hecho estrechar lazos con antiguos y nuevos amigos, lo que me ha llevado, por otra parte, a recuperar costumbres como la de ir en grupo al cine, y comentar luego la película y lo que se tercie vaso en mano.

Estos eventos que uno agradece tanto, suelen ir acompañados, sobre todo si se suceden seguidos, de cierto dolor de cabeza por la mañana. La vida social intensa está bien, si a uno le gusta reír y sentirse acompañado de amigos. Luego el verano se hace largo en su morosidad contemplativa, pues hay cierta energía oscura que hace que la gente, como las galaxias, se aleje más entre sí en el estío.

No obstante, cierta tristeza se agarra a veces al borde de la túnica festiva, y hace volver la vista a lo absurdo, que más que en la vida en sí como decía Albert Camus, me parece residir en la repetición de gestos, cuya recurrencia acelera esta percepción.

Thomas Mann hablaba de la vida como enfermedad, como purulencia desordenada y caótica de lo orgánico, que puede devenir trágica cuando surge la conciencia -inútil- de sí. Nos cabe quizás hacer frente a la desesperanza, aceptarla o sublimarla, pero sin dejarnos engañar por la idea de que el placer, convertido en rutina, la ahogue, pues está en la sustancia de nuestra existencia, y siempre lo sobrenada.