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viernes, 1 de noviembre de 2024

"Construir un nuevo relato: injusticia epistémica y conocimiento situado" (Silvia García, Ateneo de Madrid)

Hoy traemos otra de las charlas de la Jornada "Salud mental: contextos, determinantes sociales y nuevos dilemas", celebrada en el Ateneo de Madrid. En esta ocasión es la ponencia titulada Construir un nuevo relato: injusticia epistémica y conocimiento situado, de nuestra compañera Silvia García.


Pueden consultar el vídeo del acto completo aquí:


https://youtu.be/E1fGbvqShD8?si=uNgHRGpwZgjXFWcd



Y aquí tienen la intervención de Silvia:



Construir un nuevo relato: injusticia epistémica y conocimiento situado


En primer lugar, quería dar las gracias a todos los compañeros que están hoy aquí y que están participando en estas mesas, muchos han venido desde otras Comunidades, y todos lo hacen de forma totalmente altruista.

Gracias por dejaros embarcar en esta aventura y permitir desde vuestra generosidad construir este acto que creo absolutamente necesario.

Cuando empezamos a pensar en esta Jornada lo hicimos desde la idea de seguir construyendo un relato alternativo a la narrativa más hegemónica sobre este sintagma, a veces tan enigmático, al que llamamos Salud Mental.

Todas las personas que vamos a participar hoy aquí estamos absolutamente comprometidas en este esfuerzo de cambio, de ampliar la mirada, de introducir otros marcos y de construir conocimiento desde el diálogo, el entendimiento y el respeto.

La batalla de la construcción de este relato es ante todo una lucha democrática, es una lucha de derechos humanos, y es una lucha contra la injusticia epistémica que es otra forma más de violencia.

Estoy convencida de que este camino, que está requiriendo de un gran esfuerzo de pedagogía, y de a veces exposición y desgaste personal, va a merecer la pena, va a producir transformaciones, y nos va a hacer una sociedad mejor, sin duda.

Antes de comenzar a meterme de lleno en las cuestiones sobre injusticia epistémica y conocimiento situado, me gustaría hacer una aclaración importante. 

Para ello voy a nombrar algo que el otro día nuestra compañera María Fuster, aclaró en su gran intervención en el Congreso. 

Como dijo muy bien María no existe la Psiquiatría, como elemento unario, existe la Psiquiatría No-toda.

La visión de la Sociedad Española de Psiquiatría con su marcada ideología biologicista, no es la Psiquiatría, es una parte de la Psiquiatría de este país con un discurso que reconocemos que a día de hoy es muy hegemónico. 

Creo, que, para generar otra narrativa y una pedagogía social congruente con este nuevo relato, que pueda ser transformadora, debemos empezar por aquí.

Contemplar a la Psiquiatría como un corpus único de pensamiento impide, de partida, un diálogo, un entendimiento, y una coproducción de conocimiento, con esa otra parte de la Psiquiatría con aspiraciones democráticas y éticas, que bebe de otros discursos, y que hoy está tan bien representada en esta Jornada.

Para empezar a meterme en materia voy a hacerlo con unas palabras de Javier Padilla Secretario de Estado de Sanidad: “Incorporar a las personas que son expertas por experiencia en salud mental es fundamental, es incorporarlas en el ámbito de la definición y en el ámbito de propuestas y de generación de políticas públicas, principalmente porque tienen un conocimiento situado que es imposible que consigamos el resto de personas de nuestro sistema, esto es un elemento para hacer mejores políticas pero además es un elemento de justicia epistémica”. 

Para introducir el tema de la injusticia epistémica, del que me gustaría hablar hoy, voy a empezar por contaros un par de anécdotas, cosas que me ocurren de vez en cuando en alguna red social, con el sector de la psiquiatría hegemónica. 

La primera es de hace un par de años, desde perfiles profesionales pertenecientes a esta ideología, y frente a mis cuestionamientos a sus aseveraciones categóricas sobre hipótesis cerebrales y genetistas nunca demostradas, recibí el siguiente comentario: “Los expertos en primera podéis juntaros a merendar, pero no a hacer ciencia, que para eso estamos los psiquiatras”.

Hace un par se semanas, frente a la misma cuestión, he vuelto a recibir otra respuesta violenta: Lo que te pasa es que no entiendes los textos de los psiquiatras y los malinterpretas.

Sin conocerme, y tan sólo por pertenecer al colectivo de personas con sufrimiento psíquico, esta psiquiatra atribuía a mi persona una incapacidad para comprender, una incapacidad intelectual, que cuando cuestioné me dijo: sencillamente es la verdad.

Para muestra un botón.

Creo que estas dos anécdotas introducen muy bien la cuestión de la que voy a tratar.

La generación del conocimiento reconocido sobre el sufrimiento psíquico se ha producido mayoritariamente desde la disciplina de la Psiquiatría, que no podemos desligar de su origen, es decir, el control social. 

Un campo de conocimiento que históricamente ha estado unido desde sus comienzos al ejercicio de un poder.

Pinel ya reconocía que su profesión consistía en imponer los códigos morales de la sociedad a sujetos llamados “anormales” y la dificultad de diferenciar los tratamientos médicos del ejercicio de un poder.

Los derroteros del conocimiento psiquiátrico a lo largo del tiempo han sufrido sus avatares, pero el modelo hegemónico de concebir sus conceptos y sus instrumentos de intervención, han seguido su camino dando la espalda al conocimiento situado, es decir, al conocimiento generado por todas aquellas personas que hemos atravesado procesos de sufrimiento psíquico extremo.

Nuestro conocimiento sigue siendo a día de hoy un conocimiento marginal, subyugado y sin apenas reconocimiento y valor social.

No deja de ser un asunto complejo generar conocimiento desde la otra orilla cuando la Psiquiatría hegemónica considera parte de nuestra “enfermedad” el cuestionamiento de aspectos de su disciplina.

Cuestionar la Psiquiatría, para este sector, sigue siendo un delirio y de esta forma se zanja la cuestión. 

Esto lo explica muy bien Foucault cuando nos dice que aquellos que tienen poder actúan de manera que legitiman sus propios conocimientos, mientras paralelamente desacreditan otros conocimientos que puedan cuestionar su conocimiento dominante. 

El saber y el poder van de la mano, no lo olvidemos. “Allá donde opera el poder deberíamos estar dispuestos a preguntar quién o qué está controlando a quién y por qué”. 

Existe violencia, por tanto, en el campo del conocimiento y esa violencia produce marginación, sufrimiento y daño.

La injusticia epistémica, concepto de Miranda Fricker, es la forma en la que las personas pueden ser perjudicadas en sus capacidades epistémicas, porque se anula su capacidad para transmitir sus conocimientos y experiencias.

Ella nos habla de dos tipos de injusticia epistémica, la testimonial y la hermenéutica.

La injusticia testimonial es aquella que se ejerce a ciertas personas que no son atendidas o escuchadas debido a su procedencia social, porque existe un prejuicio sobre ellos. Produce una jerarquía de saberes que perjudica a los colectivos oprimidos.

La injusticia hermenéutica es cuando una persona es incomprendida o malinterpretada debido a su identidad social o cultural. La experiencia o el conocimiento de una persona no es aceptada porque no hay un concepto disponible para explicar o identificar esa experiencia.

Fricker nos dice que cuando a una persona no se le da credibilidad en el conocimiento, ni a la persona, ni al contenido, se anula capacidad racional y su dignidad, ejerciendo un daño contra tu identidad, un daño que te impide entender tu vida y darle sentido.

Kant decía que ignorar la capacidad racional de una persona es una inmoralidad.

Por lo tanto: “Toda injusticia epistémica lesiona a alguien en su condición de sujeto del conocimiento y por tanto en una capacidad esencial para la dignidad humana”.

A la vista de estos conceptos podemos decir que como colectivo oprimido que somos, si de algo hemos sufrido históricamente, es de Injusticia epistémica.

Y es importante pensar y cuestionar los conceptos y los instrumentos que se han generado para mantener este estado de las cosas.

Las etiquetas diagnósticas es uno de estos instrumentos, que se convierten muchas veces en grandes generadoras de prejuicios y de estigma, alimentando la idea de una incapacidad de generar conocimiento válido por tener un diagnóstico que la misma Psiquiatría ha generado.

La Psiquiatría a través de ese diagnóstico ya nos incapacita discursivamente y nos invalida como personas con capacidad de generar conocimiento legitimo.

Porque los diagnósticos a día de hoy no son significantes que sirvan para nombrar el sufrimiento de alguien y acompañarlo, son categorías que agrupan síntomas y que no dicen nada de las personas ni de sus contextos.

Otro de ellos es la Psicoeducación, que pretende enseñarnos en qué consiste “nuestra enfermedad” y en cómo tendríamos que vivir con ella, de acuerdo a un conocimiento ajeno a nuestras subjetividades. Psicoeducar a alguien es partir de la base de que la persona no tiene un conocimiento propio sobre lo que le pasa, y de esta manera obturar la posibilidad de que el sujeto pueda generarlo.

Muchos procesos psicoeducativos se basan en afirmar que tienes que medicarte para toda la vida para controlar tu enfermedad, y someter tu vida a lo que otros te dicen que puedes hacer con ella, con unas limitaciones desde el prejuicio ajeno.

Es una forma de imponer al otro una forma de vida, es un adoctrinamiento para el sometimiento de la persona al sistema.

Y ya no me meto en otras cuestiones como la transmisión en estos espacios de conceptos que no tienen evidencia científica, como el desequilibrio bioquímico o conceptos como la psicosis de causa biológica que también se transmiten a veces, puesto que esto daría para una ponencia entera.

Otros conceptos que a día de hoy siguen siendo validos para la psiquiatría hegemónica son los de conciencia de enfermedad y de adherencia al tratamiento, formas de violencia bastante graves y que también alimentan la injusticia epistémica.

Cuando no te sometes a lo que el sistema dice que te pasa se te coloca la etiqueta de falta de conciencia de enfermedad, otra forma de invalidación de tus experiencias. Os aseguro que las personas tenemos conciencia del sufrimiento que tenemos, lo que ocurre es que achacamos nuestro sufrimiento a nuestras vivencias, a nuestros contextos y a nuestras condiciones de vida, no a una enfermedad mental grave, crónica y duradera.

Parece además que la Psiquiatría hegemónica ha encontrado un área cerebral en el que estaría ubicada esta supuesta falta de conciencia de enfermedad. Sería un asunto irrisorio si las consecuencias para las personas no fueran tan graves como lo son.

La cuestión de la adherencia al tratamiento ahonda en lo mismo, si no sigues las pautas que te marcan, o si no quieres ciertos tratamientos, si quieres desmedicalizarte, si no quieres volver a una consulta en la que te han maltratado, ya eres señalado como una persona con falta de adherencia al tratamiento.

La falta de adherencia al tratamiento vuelve a invalidar tus experiencias y también a obturar cualquier cuestionamiento de la práctica profesional.

La injusticia epistémica y todos los elementos que están al servicio de perpetuarla, provocan que los marcos epistémicos que se manejan desde este pensamiento hegemónico, estén tan alejados de nuestras realidades.

El otro día hablaba con un compañero de activismo y nos preguntábamos cómo algo que curiosamente se achaca a las personas con diagnóstico, la falta de contacto con la realidad, es justamente lo que percibimos nosotros por parte del marco teórico tan reduccionista de cierto sector de la Psiquiatría.

Hay un encuadre que no nombra ni nuestras realidades, ni nuestras vivencias ni nuestros contextos, y esto se debe a una falta de justicia epistémica, porque hay una parte fundamental del relato de la salud mental que se ha dejado en los márgenes, el relato de quienes lo hemos vivido en nuestra piel.

También hay otro síntoma que se nos achaca a las personas con diagnóstico, las certezas delirantes, y no son acaso certezas peligrosas y ,por qué no, también delirantes, aunque sean certezas compartidas, algunas aseveraciones desde el discurso médico, completamente erradas y extraviadas de nuestras realidades. 

Hay un conocimiento despreciado, que debe ser incluido en el corpus del conocimiento sobre el sufrimiento psíquico, para acabar con esta injusticia epistémica que tanto daño hace a nuestras identidades y a nuestras vidas.

Desde los Estudios Locos y desde las múltiples narrativas en primera persona se está generando mucho conocimiento para crear otro marco de comprensión del sufrimiento, y también para generar redes y formas de acompañamiento. 

Por ejemplo, los GAM que se han generado desde el movimiento en primera persona, donde los participantes comparten sus malestares, pero también sus formas de afrontamiento, generando conocimiento colectivo sobre formas de recuperación.

Tan valiosos, que algunos servicios de atención públicos los han ofrecido en sus servicios, pero sin otorgarles la validación del conocimiento que es necesaria. Eso cuando no se pervierten los grupos siendo conducidos por profesionales, puesto que todos podemos comprender que eso ya no es apoyo mutuo.

También todos los documentos de discontinuación farmacológica, que se han tenido que generar ante la falta de acompañamiento médico a estos procesos. 

Los mapas locos que son documentos que se comparten acerca de metas de bienestar, señales de advertencia, estrategias para la salud, y en quién confías para que abogue por tus intereses cuando estés pasando por dificultades.

O el empuje por los documentos de decisiones anticipadas, para poder establecer un plan de crisis que designe la forma en que quieres ser tratada en los momentos de sufrimiento intenso.

Las redes de acompañamiento que establecen muchas asociaciones para evitar ingresos hospitalarios y el trauma que conllevan por los riesgos de la violencia psiquiátrica que tantas veces se sufre.

Todo este conocimiento se ha generado sin apenas recursos ni apoyos y es conocimiento de un gran valor.

Cuántas cosas cambiarían si a la sociedad le llegara que las causas del sufrimiento psíquico extremo están en nuestras vivencias y en nuestras historias de vida.

Cuánto cambiaría el relato si se hablara de cómo los abusos sexuales en la infancia que afectan a un 70% de las personas con diagnóstico, provocan disociaciones, porque esa historia traumática queda encapsulada en tu mente frente a la incapacidad de elaborarla. Que disociarte es una defensa frente a un dolor inconmensurable, que te tienes que disociar para seguir viviendo, incluso a veces dividir tu yo para ocultarte a ti misma esa escena que te rompió por dentro para siempre.

Qué se transformaría si se pudiera entender que las alucinaciones no son ningún error cognitivo, sino parcelas recortadas de nuestra realidad que se hacen presentes invadiendo nuestros sentidos a través de estas experiencias inusuales.

Qué pasaría si entendierais que si las personas escuchan voces que les insultan, que les degradan o que les dicen que se maten, es en muchas ocasiones porque nos han insultado, despreciado y amenazado en nuestros contextos, y esta experiencia es una prueba de unos daños que portamos. Que no son más que las voces de nuestros maltratadores. O incluso que algunas personas escuchan esas voces que hacen que no se tengan que enfrentar a la desgarradora soledad a la que están sometidas tantas personas de nuestro colectivo.

Que cuando vemos monstruos en nuestra realidad o tememos demonios que vengan a hacernos daño, no son más que la representación de los monstruos reales, de los que han existido en nuestras vidas o incluso de aquellos que siguen existiendo y haciéndonos daño. Esos lobos con dos patas que me decían el otro día mis compañeros.

Qué pasaría si incorporarais que cuando entramos en el espacio ficcional del delirio, es porque la hostilidad de la realidad que nos rodea se nos torna insoportable, y el delirio es un sedante y una huida necesaria, aunque dañe.

Cómo poder incorporar al corpus del conocimiento oficial que todas estas experiencias provienen de dificultades para elaborar traumas tan complejos y experiencias para las que no hay palabras, y lo que no se puede asumir en lo simbólico retorna en estas manifestaciones que producen tanto rechazo.

Qué pasaría si se pudiera comprender el vacío y la angustia radical a la que a veces estamos expuestos, ese estar en la vida sin paredes, sin sentir una construcción corporal que pueda sostenernos y separarnos de los otros. Ese vacío de ser arrojados al mundo como decía Heidegger donde en muchas ocasiones no existía un lugar para nosotros.

Qué pasaría si pudierais comprender que detrás de la psicosis sólo hay una percepción de hostilidad y mucho desamparo y que nuestros síntomas son defensas frente a lo insoportable.

Qué ocurriría si supierais que los desencadenamientos se producen cuando hay una repetición de experiencias de hostilidad que redundan en el patrón que se produjo en nuestra encrucijada vital, y que dio lugar a nuestra vulnerabilidad y que por esta razón se abre nuestro agujero. Que no nos ponemos mal porque sea otoño o porque cambie el tiempo.

Qué ocurriría si pudierais incorporar que cuando una persona se corta el cuerpo no es porque no tenga mecanismos de regulación adecuados, sino porque el corte es una herida localizada que alivia cuando el malestar te invade por completo, y de esta forma ese malestar puede localizarse en una parte del cuerpo y dejar de ser masivo.

O que personas que se golpean lo hacen porque a veces el mal que reciben no lo pueden sacar hacia afuera y es la única salida que encuentran. 

Creo que cambiarían muchas cosas si este conocimiento situado, y tantos otros, se pudieran incorporar a la narrativa en salud mental, pero la injusticia epistémica hace que nuestra palabra quede orillada y que tantos profesionales la desprecien. 

El conocimiento de haber sido superviviente y de haber elaborado y transitado estas experiencias, es un conocimiento imprescindible para acompañar, para construir intervenciones que respeten las subjetividades, pero sobre todo para no dañar y para repensar el camino que favorezca la recuperación de las personas, ¿o no se trata de esto?

Tengo un amigo que siempre me dice que los supervivientes de este sufrimiento psíquico extremo, deberíamos ser lideres espirituales de la sociedad, porque sabemos lo que es el infierno y hemos salido de ahí.

Yo me conformo con mucho menos, con que nuestros saberes sean reconocidos de forma democrática y sean incorporados a la hora de pensar los cuidados, los apoyos y el trato a las personas que sufren.

Las personas con sufrimiento psicosocial somos personas llenas de dignidad, de coraje y de valentía, y la sociedad debe reconocer nuestro conocimiento, debe dar un valor a nuestras experiencias y hacer una reparación ante tanto agravio e injusticia recibidos. 

Estamos dispuestos a dialogar y a aportar nuestra experiencia para la construcción de una sociedad mejor, porque una sociedad que no cuida con dignidad a las personas más vulnerables no se puede considerar una sociedad democrática. Muchas gracias. 



martes, 2 de mayo de 2023

Libro Postpsiquiatría (Jose G.-Valdecasas y Amaia Vispe, editorial Herder)

Hoy estamos muy contentos. Como sabrán, hace ya cinco años publicamos nuestro libro Postpsiquiatría, como recopilación y condensación de todo el trabajo llevado a cabo en este blog desde aquel ya lejano 2010. Por desgracia, la editorial Grupo 5 cerró a los pocos meses y la obra quedó descatalogada.

Tras varias vicisitudes, tuvimos la suerte de que el Dr. Jorge Tizón abogó por dicha obra y la editorial Herder consideró interesante su publicación. Gracias al Dr. Tizón y a la amabilidad de Herder, ahora sale nuestro libro en su colección 3P (Psicopatología y Psicoterapia de las Psicosis).

Se trata de una completa revisión y corrección del trabajo previo, con algunos capítulos modificados en profundidad, otros ampliados y todos ellos revisados, junto a una actualización de la bibliografía, especialmente en lo referente a estudios científicos. 

Como decíamos al principio, estamos muy contentos de ver el resultado de nuestro trabajo y que este sea accesible para quien le pueda interesar.






Aquí el índice de la obra y la sinopsis de la misma.


ÍNDICE


Prólogo. Más allá del paradigma biologista en psiquiatría. Jorge L. Tizón.


1. ¿El fin de la psiquiatría?

        • De traidores, víctimas y deserciones.

                - Orígenes y fines.

                - Una historia clínica para empezar.

                - Diario de guerra en Monte Miseria.

        • El artículo fundacional de la postpsiquiatría.


2. Bases filosóficas explícitas.

        • Determinismo o libertad: recorrido filosófico (inevitablemente parcial).

        • La cuestión posmoderna a partir de Lyotard.

        • Cuestiones sobre feminismo, género, naturaleza y cultura.


3. Funciones y disfunciones de la psiquiatría.

        • Para qué sirve y para qué se usa la psiquiatría.

        • Reflexiones sobre la psiquiatría desde Tecnologías del yo de Michel Foucault.

        • De juicios y prejuicios: subjetividad en psiquiatría.

        • Diagnóstico e investigación: una relación problemática.

        • El fin de la psicopatología.

                - Qué es (o querría ser) la psicopatología.

                - Cómo funciona y para qué sirve la psicopatología.

                - ¿Y qué se podría hacer tras tanta crítica?


4. De paradigmas psiquiátricos en crisis.

         • El psicoanálisis y nosotros, que lo quisimos tanto.

         • Crisis: ¿hacia un nuevo paradigma en psiquiatría?

                - Paradigma biologicista en psiquiatría.

                        . 1) Aspectos científicos, tecnológicos y sociales.

                        . 2) Cuestionamientos.

                        . 3) El concepto de enfermedad.

                - La psiquiatría más allá del paradigma biologicista. 

        • Narrativas postpsiquiátricas desde la enfermería.

                - Modernidad y posmodernidad.

                - El panóptico.

                - Construccionismo social.

                - Narrativa.

                - La posición de «no saber».

                - Reflexiones finales.


5. La locura: naturaleza, clasificación, destino.

        • Nosología psiquiátrica: pasado y presente.

                - Un punto de inflexión-

                - Historia de la nosología psiquiátrica.

                        . 1) Los fundamentos de la clínica (Bercherie).

                        . 2) Ensayo sobre los paradigmas de la psiquiatría moderna (Lantéri-Laura).

                        . 3) Locura de la psiquiatría (Fernández Liria).

                        . 4) Fundamentos de psicopatología psicoanalítica (Álvarez, Esteban y Sauvagnat).

        • Conceptos de esquizofrenia y delirio.

                - Concepto de esquizofrenia.

                - Concepto de delirio.

        • La(s) psicosis: definición.

        • La(s) psicosis: condición, enfermedad, estructura.

                - La psicosis como condición.

                - La psicosis como enfermedad.

                - La psicosis como estructura.

                - La psicosis según Cullberg.

        • Psicosis agudas (y no primeros episodios psicóticos).

                - Psicosis agudas.

                        . 1) Los fundamentos de la clínica (Bercherie).

                        . 2) Psicosis agudas: análisis histórico, conceptual y clínico (Luque).

                - Psicosis cicloides.

                - Reivindicando la psicosis aguda frente al episodio psicótico.

        • De construcciones y deconstrucciones: la psicosis histérica.


6. Industria farmacéutica y psiquiatría.

        • La raya en la arena: psiquiatría ética vs. relaciones con la industria.

                - Ética.

                - El conflicto de intereses.

               - ¿En qué aspectos se manifiesta la relación de la industria farmacéutica con la psiquiatría y sus profesionales?

                        . 1) Clasificaciones psiquiátricas.

                        . 2) Investigación psiquiátrica.

                        . 3) Desarrollo de nuevos fármacos.

                        . 4) Marketing.

                - Transparencia.

                - Razones para no aceptar un bolígrafo.

                .         1) Argumento ético.

                        . 2) Argumento económico.

                        . 3) Argumento legal.

                - ¿Alguna solución a la vista?


7. ¿Arsenal terapéutico seguro y eficaz?

        • MBE: entre la herramienta científica y el paradigma comercial.

                - Medicina basada en la evidencia en psiquiatría.

        • Modelos de acción de los psicofármacos.

        • Prevención cuaternaria en salud mental.

        • Razones para prescribir un fármaco nuevo.

        • Prescripción fuera de indicación (off-label): cuestiones legales.


8. Bibliografía crítica sobre psicofármacos.

        •Antipsicóticos: eficacia y riesgos.

                - Antipsicóticos intramusculares de acción prolongada.

        •Antidepresivos: eficacia y riesgos.

        • Otros tratamientos: eficacia y riesgos.

                - Ansiolíticos / hipnóticos.

                - Estimulantes.

                - Gabapentinoides.

                - Otros fármacos.

                - Terapia electroconvulsiva.

                - Estimulación magnética transcraneal.

                - Otros trabajos.


9. De locos y derechos civiles: autonomía, diálogo y apoyo mutuo.

        • La (no tan difícil de entender) diferencia entre maldad y locura.

                - El caso Breivik.

                - El caso Lanza.

        •Autonomía del paciente y consentimiento informado: un poco de respeto.

                - Declaración de los derechos humanos y de la salud mental.

                - Consentimiento informado.

        •Voces en primera persona.

                - El revés del tapiz de la locura.

                - Escuchadores de voces.


10. Mitos en la psiquiatría actual.

        • Ficción de terror: el caso del TDAH.

                - Volviendo a la normalidad.

                - ¿Causalidad biológica del TDAH?

                - El marketing en el TDAH.

        • El eterno bulo de los genéricos.

        • El (impactante) caso del factor de impacto.

        • Cuentos sobre neurobiología y neuroprotección.


11. Conclusiones (éticas y políticas).

        • Psiquiatría y cultura.

        • Más allá de la psiquiatría: capitalismo y cambio climático.

                - El capitalismo y sus trampas.

                - El cambio climático y sus riesgos.


Referencias bibliográficas.


SINOPSIS

Un texto imprescindible para repensar la psiquiatría. Este libro plantea reflexiones críticas sobre la psiquiatría actual que incluyen, entre otros temas, la exagerada psiquiatrización de malestares de origen social, la inconsistencia y escasa utilidad de los diagnósticos psiquiátricos, la perniciosa influencia de la industria farmacéutica sobre los profesionales. Asimismo, presenta una amplia revisión de estudios científicos que cuestionan, con datos, un discurso triunfalista sobre los tratamientos psicofarmacológicos, que exagera beneficios y minusvalora riesgos potencialmente graves. La postura crítica de los autores busca contribuir a lograr un cambio en la psiquiatría, no solo como institución social organizada en un contexto determinado, sino también como disciplina científica. La psiquiatría debe ser más útil y respetuosa con las personas que trata, tener en cuenta la sociedad en la que estas están insertas y, de forma aún más urgente, ser lo menos dañina posible para todos. Una meta que puede parecer inalcanzable, pero por la que no se debe dejar de luchar, sin miedo y, si es preciso incluso, sin esperanza.






viernes, 24 de mayo de 2019

Donde se habla de episodios psicóticos, esquizofrenia, retirada de medicación, diálogo abierto y se reseña un libro (todo gracias a José Inchauspe y Mikel Valverde)


Hoy traemos varios documentos preparados por unos de nuestros autores favoritos: José Antonio Inchauspe (psiquiatra) y Mikel Valverde (psicólogo clínico). Se trata de varias presentaciones que han expuesto en distintas jornadas y que han tenido la amabilidad de facilitarnos para colaborar a su difusión desde nuestro blog. 



El primero de ellos trata admirablemente sobre crisis psicóticas, en relación con las necesidades de la persona y de su familia. Se plantea la cuestión del empleo de antipsicóticos en dichas crisis, así como las estrategias de mantenimiento, reducción o interrupción posterior de dichas medicaciones, todo ello valorado desde el punto de vista de la ética del riesgo (riesgo tanto de efectos secundarios si se mantienen como de recaídas si se interrumpen...). Lo pueden leer aquí:




El segundo trabajo recoge de forma brillante el tema del enfoque de diálogo abierto como programa de tratamiento para primeros episodios de psicosis, explicando un abordaje del que se habla mucho y tal vez se conoce poco. Lo tienen disponible aquí:




El tercer trabajo se titula "Una perspectiva psicosocial de la psicosis y la esquizofrenia" y se acerca magistralmente a estos difíciles conceptos desde un enfoque crítico con el pensamiento psiquiátrico más oficialista y, a la vez, mucho más esperanzador, respetuoso con las personas que sufren estos fenómenos y coherente con los conocimientos realmente existentes sobre estos temas. No dejen de leerlo aquí:




En cuarto lugar, una completa bibliografía sobre estos asuntos está a su disposición aquí:




Como añadido final, queremos incluir un texto que nos emociona especialmente. Se trata de una reseña de Mikel Valverde a nuestro libro Postpsiquiatría. Como tal vez sepan, la editorial que nos publicó, Grupo 5, ha cerrado y con ella toda la colección Salud mental colectiva, que incluía nuestra obra. Por ello, en la actualidad el libro está descatalogado y, aunque sin duda eso le da cierto carácter de obra maldita que no deja de gustarnos, la verdad es que preferiríamos que estuviera a disposición de quien pudiera estar interesado en ella. Por eso, estamos valorando otras opciones de publicación (tal vez una nueva edición en otra editorial, tal vez un formato de libro electrónico, aún no lo tenemos claro...). En cualquier caso, Mikel Valverde escribió en su día esta reseña que no llegó a publicarse en ningún sitio y que estamos encantados de poder incluir aquí:




Postpsiquiatría. Textos para prácticas y teorías postpsiquiátricas
Autores: Amaia Vispe y Jose G. Valdecasas



Veo esta obra como un libro de viajes que transita por un vasto campo de conocimiento en salud mental, donde cada ciudad que visita incluye un análisis en profundidad de la misma y justifica la relevancia de detenerse en ella. La motivación para realizar esta exploración se encuentra en la vocación de sus autores que les llevó a orientarse hacia el campo de la salud mental. 

Al igual que otras personas que deciden partir hacia las prácticas de ayuda en salud mental, los autores, casi en el mismo puerto de partida, pronto intuyen que hay algo extraño, algo que suena disonante entre lo que se estudia en los libros y lo que dicen quienes les enseñan la profesión, la práctica que se realiza a pie de obra, y lo que uno creía que debería ser su trabajo y la ayuda que desea proporcionar. 

En ese punto algunas personas se esfuerzan a acomodarse a la situación y estudian, incluso mucho, para entender la práctica habitual, pero hay otros que se hacen preguntas. 

Los autores de este texto toman la segunda vía. Desearon explorar el campo y desean traer luz a los puntos confusos y discordantes. Se dejan guiar por la intuición que alimenta su curiosidad y haciéndolo así surgen preguntas y de cada esbozo de respuesta, siempre incompleta, surge un nuevo abanico de más preguntas. Esta es una verdadera actitud científica, porque en la curiosidad de la que nacen las preguntas y del conocimiento encontrado que deja otras abiertas se fundamenta la ciencia, tanto sea en el laboratorio como en el resto de los ámbitos de indagación. Esta ruta también requiere de mucho estudio, muchas horas de lecturas, conferencias y escuchar a otros, pero a la vez mucha reflexión personal: no es este un camino donde se transita por terrenos asfaltados y seguros, no es campo para las certezas rotundas, no hay rutas directas y llanas, pero caminando por estas vías se tiene la posibilidad de encontrar datos, perspectivas y conocimientos no previstos, a veces muy fundamentados, que pueden ser divergentes al discurso académico y al de la práctica dominante, e incluso uno se puede topar con cosas que no desearía encontrar. Es una exploración que conlleva riesgos inevitables: lo que en un momento parece asentado puede con que con la visita a otro puerto deje de serlo. 

Y de esto trata el libro de Vispe y Valdecasas, de su exploración personal, de sus visitas a distintos puertos de conocimiento y lo que allí encuentran. 

La trayectoria que nos presentan es una muy lógica y plausible. Aunque ellos u otros autores podrían haber llevado rutas exploratorias distintas. Y las preguntas y los descubrimientos se encadenan a la perfección: es como si nos dijeran y entonces me pregunté esto, cuando indagué sobre ello obtuve esto otro, lo que me hizo preguntarme sobre aquello, y así sucesivamente. Este es un trayecto inacabado porque es en sí mismo interminable: siempre hay más para preguntar y conocer. 

Debido a su inquietud inicial percibida en la práctica diaria, el libro se inicia con un jugoso comentario a propósito de la sugerente obra Monte Miseria. Una novela clarificadora sobre la práctica psiquiátrica contemporánea, que trata de una exploración del campo desde los ojos de un principiante perplejo. De la misma se pueden deducir diversas cuestiones e interrogantes, que Vispe y Valdecasas presentan y sustancian. Una novela y unos comentarios en el primer capítulo que indican a las claras que este libro puede contener verdaderas cargas de profundidad. 

El siguiente puerto donde recalan es en el artículo de Bracken y Thomas (2001) “Postpsychiatry: a new direction for mental health”. Un artículo de los que marcan una diferencia, donde se perfilan unas nuevas prácticas, se señalan las bases conceptuales, a la vez que son criticadas de forma incisiva las de la psiquiatría de la corriente principal. 

Estos son los dos primeros artículos de este libro. Son textos que hacen evidentes las fallas tanto en el conocimiento como en la práctica de Salud Mental y que abren una gama inmensa de preguntas que los autores en su propia ruta irán abordando. Este libro de viajes y descubrimientos, me gusta verlo así, relata un trayecto que se ha prolongado durante años, y que continúa con rutas posteriores a este libro, que se ha plasmado en su blog Postpsiquiatria, y en cada puerto donde recalan, preguntan, cuestionan, dudan, recogen argumentos y datos, etc., siendo las cuestiones tratadas verdaderamente numerosas. Es un viaje, que no resulta árido, porque las cuestiones son diversas y pertinentes, y los autores que hicieron el esfuerzo de comprender las cuestiones que debaten, han decidido volcarlas en las páginas de forma comprensible. 

El lector que decida acompañarles en este periplo, algo recomendable de forma efusiva, tanto a los de más experiencia como a los que se inician en el campo, y también para cualquiera que le atraiga la materia de Salud Mental, se acercará de forma suave y atractiva a cuestiones como: los fundamentos filosóficos del conocimiento en salud mental, las clasificaciones psiquiátricas, el diagnóstico y su relación con la clínica y la investigación, la eficacia de los psicofármacos, los problemas asistenciales y el funcionamiento de los servicios, los distintos conceptos usados en psiquiatría (como la psicosis y la esquizofrenia), las técnicas clínicas, su eficacia y sus riesgos y una diversidad de cuestiones éticas involucradas en el campo, como la actividad de la industria farmacéutica, la medicalización de la vida cotidiana, el valor de las narrativas y el de la palabra de quienes experimentan sufrimiento mental, entre otras. 

Las bases que sustentan los debates de este libro son los estudios científicos, las cuestiones éticas y la crítica científica. Y se visitan al menos treinta asuntos, todos ellos muy pertinentes en el campo de la salud mental. Aquí no hay complacencia, del tipo de mirar en una dirección mientras se ocultan otras, sino que prima el propósito de despejar las preguntas que se pueden hacer en cada una de las cuestiones encontradas y lo que sugieren las repuestas basadas en la ciencia. No es un libro académico que se usará en las universidades, pero sí que lo es en otro sentido; útil para cualquier profesional que desee poner los pies en tierra, en la práctica real, y acepte entrar a este campo dispuesto a hacerse preguntas e indagar, incluso si le incomodan: es un libro para los que entienden el conocimiento como una actividad dirigida por la curiosidad. Un libro imprescindible para quien quiera saber sobre las cuestiones reales que se presentan en la práctica clínica. 

Miguel A Valverde 
Psicólogo Clínico 

domingo, 4 de marzo de 2018

Libro "POSTPSIQUIATRÍA" (Amaia Vispe y Jose G.-Valdecasas, editorial Grupo 5)


Hoy traemos nada menos que -por fin- el anuncio de que nuestro libro acaba de salir de imprenta. Como sabrán si son lectores fieles (y si no, pues para eso lo decimos), hemos preparado un libro para la editorial Grupo 5 en su colección "Salud mental colectiva" dirigida por Manuel Desviat. Se trata de una recopilación y revisión de textos y pensamientos que hemos ido plasmando en este blog a lo largo de sus ya casi ocho años. Y después de mucho trabajo de selección, síntesis, escritura y corrección, al final la obra ve la luz. Como cantaba La Mandrágora hace casi cuarenta años cuando celebraba la muerte del dictador, son para nosotros momentos de gran emoción...

Este libro nace a partir nuestro blog postPsiquiatría, como un conjunto de reflexiones, sin duda críticas, acerca de la psiquiatría actual. Reflexiones que tratarán de señalar, entre otros temas, la exagerada psiquiatrización de malestares de origen social, la dificultad e inconsistencia de los diagnósticos psiquiátricos, la perniciosa influencia de la industria farmacéutica sobre los profesionales y una amplia revisión de estudios científicos que discuten, con datos, un discurso triunfalista sobre los tratamientos psicofarmacológicos, que exagera beneficios escasos y minusvalora riesgos potencialmente graves.

La finalidad del libro es colaborar, en la medida de sus posibilidades, en lograr un cambio en la psiquiatría, como institución social organizada de determinada manera en nuestro contexto socio-cultural y como disciplina más o menos científica, para hacerla más útil para las personas que atiende y la sociedad en que se inserta y, de forma aún más urgente, menos perniciosa para todos. Una meta que por momentos parece casi inalcanzable, pero no será porque dejemos de intentarlo. Como siempre nos gusta decir: habrá que luchar sin miedo y, si es preciso, sin esperanza.








Aquí, la página web de la editorial donde se puede adquirir:




Y aquí, su índice:


1. ¿El fin de la psiquiatría? Textos para prácticas y teorías: psiquiatría, antipsiquiatría, postpsiquiatría.
  • De traidores, víctimas y deserciones: diario de guerra en Monte Miseria.
  • El artículo fundacional de la postpsiquiatría: ¿un nuevo rumbo para la salud mental?


2. Bases filosóficas explícitas 
  • Determinismo o libertad: recorrido filosófico (inevitablemente parcial).
  • La cuestión postmoderna a partir de Lyotard.
  • Apuntes sobre feminismo.
  • Cuestiones sobre género: naturaleza o cultura.


3. Funciones y disfunciones de la psiquiatría. 
  • Para qué sirve y para qué se usa la psiquiatría.
  • Reflexiones sobre la psiquiatría desde Tecnologías del yo de Michel Foucault.
  • De juicios y prejuicios: subjetividad en psiquiatría.
  • Diagnóstico e investigación: una relación problemática.
  • El fin de la psicopatología.
  • Consultas (desbordadas) de salud mental.


4. De paradigmas psiquiátricos en crisis.
  • El psicoanálisis y nosotros, que lo quisimos tanto.
  • Crisis: ¿hacia un nuevo paradigma en psiquiatría?
  • En busca de un modelo ajustado a la recuperación: una revisión desde la enfermería.


5. La locura: naturaleza, clasificación, destino. 
  • Nosología psiquiátrica: pasado y presente.
  • Conceptos de esquizofrenia y delirio.
  • La(s) psicosis: definición.
  • La(s) psicosis: enfermedad, estructura, condición.
  • Psicosis agudas (y no primeros episodios psicóticos).
  • De construcciones y deconstrucciones: la psicosis histérica.


6. Industria farmacéutica y psiquiatría.
  • La raya en la arena: o psiquiatría ética o relaciones con la industria.
  • Protocolo de actuación ante sesiones científicas patrocinadas por la industria farmacéutica.
  • Más allá de lo individual.
  • Modelo de carta a las asociaciones profesionales en relación a su interacción con la industria farmacéutica: transparencia, participación, independencia.


7. ¿Arsenal terapéutico seguro y eficaz? 
  • Medicina basada en la evidencia: entre la herramienta científica y el paradigma comercial, y de la importancia de no confundir una con el otro.
  • Modelos de acción de los psicofármacos.
  • Prevención cuaternaria en salud mental.
  • Razones para prescribir un fármaco nuevo.
  • Prescripción fuera de indicación (off-label): cuestiones legales.
  • Antipsicóticos: eficacia y riesgos.
  • Antidepresivos: eficacia y riesgos.
  • Otros tratamientos: eficacia y riesgos.


8. De locos y derechos civiles: autonomía, diálogo, apoyo mutuo.
  • La (no tan difícil de entender) diferencia entre maldad y locura.
  • Autonomía del paciente y consentimiento informado: un poco de respeto.
  • Voces en primera persona.


9. Mitos en la psiquiatría actual.
  • Ficción de terror: el caso del TDAH.
  • El eterno bulo de los genéricos.
  • El (impactante) caso del factor de impacto.
  • Cuentos sobre neurobiología y neuroprotección.


10. Conclusiones (éticas y políticas).



Además, nuestro más que admirado Iván de la Mata, presidente de la Asociación Madrileña de Salud Mental, tuvo la amabilidad de escribir un prólogo para la obra, que recogemos a continuación:



La psiquiatría, como producto ilustrado, surge como intento de adaptar parte de la representación social previa de la locura al lenguaje y método de la medicina moderna. Este hecho iniciatico de la disciplina la confronta desde el principio con dos tipos de problemas. Por un lado, desde una lógica interna, el intento fallido de referir la subjetividad, los fenómenos mentales, a una señal biológica, prescindiendo del significado y del contexto histórico dónde surgen esas experiencias, lleva a la psiquiatría a continuas aporias y autoreferencias[1]. Por otro lado, que la definición del objeto psiquiátrico, de lo que es normal o anormal, venga dado previamente desde el campo de lo social, anterior a cualquier hecho biológico, hace que que las relaciones entre la psiquiatría y el orden social se hagan más evidentes y problemáticas que en el caso de la medicina. Estas dos problemáticas inherentes a la psiquiatría determinan que a lo largo de su historia se sucedan intentos de organizar de forma coherente sus saberes y sus practicas, a modo de configuraciones (la alienación mental, las enfermedades mentales, las grandes estructuras psicopatologicas..) que aparecen, se desvanecen y se reformulan nuevamente, así como diferentes narrativas fragmentadas que buscan explicar de forma total el significado y la causa de la locura (la fenomenología, el organicismo, el psicoanálisis, el enfoque social..). El resultado es que en cada momento histórico distintas narrativas disputan por erigirse en la verdadera ideología y ocupar un lugar hegemónico. Esta disputa no es ajena al contexto sociopolítico en el que se desenvuelve, sino que, todo lo contrario, establece una relación bidireccional, de manera que determinados discursos surgen como legitimación de unas determinadas prácticas y a su vez esos discursos configuran la mirada sobre los problemas de salud mental y devienen en determinadas prácticas. Por tanto estas discusiones exceden lo meramente académico y se sitúan en el plano de lo social y lo político. Digamos además que, frente a las narrativas dominantes, surgen en cada momento unas resistencias. 

Se puede considerar que la ideología o narrativa que domina actualmente la psiquiatría surge a principios de los años 80 del pasado siglo como un nuevo repliegue de la disciplina a su proyecto original de ser una medicina de la mente tras la serie de cuestionamientos que se habían producido en las décadas previas, tanto desde dentro de la propia especialidad como desde disciplinas externas. La ideología dominante se apuntala en torno a un modelo biomédico reduccionista en el que los fenómenos mentales y las conductas son naturalizadas, individualizadas y finalmente explicadas de forma determinista desde alteraciones básicas de la bioquímica cerebral; de esa manera las raíces sociales y culturales de la locura y los problemas de salud mental son negados o tomados como elementos marginales. Igualmente es importante señalar que para entender cómo este discurso biologicista y tecnológico se configura a modo de verdad explicativa de la naturaleza de las enfermedades mentales hay que situar su éxito en el contexto de los cambios culturales que traen las políticas neoliberales, con su énfasis en la centralidad del individuo. 

La psiquiatría biomédica o biocomercial, como les gusta resaltar a los autores de este libro, parece gozar de muy buena salud si nos atenemos al consumo de psicofármacos o a la creciente cantidad de personas que han sido diagnosticadas con un problema psiquiátrico. Sin embargo, en los últimos años, la psiquiatría biológica reduccionista ha comenzado a dar síntomas de agotamiento y las repercusiones de su praxis cuestionadas tanto desde sectores profesionales (con conclusiones a veces antagónicas) como desde colectivos que han sido objeto de sus prácticas. Incluso recientemente al calor de los debates surgidos en el momento de la aparición del nuevo DSM-5, hay quién se atreve a hablar de una nueva crisis de la psiquiatría[2], comparando la situación actual con aquella que se dio en los años 60 y 70 del siglo pasado. Sin embargo, aun sin poder visualizar el alcance real de este cuestionamiento, es imprescindible situar su análisis en el contexto político, social y cultural actual para evitar la idea de que se trate de una simple repetición de viejas batallas que nos impida construir un nuevo espacio crítico frente a la narrativa dominante. 

Los textos que Amaia Vispe y Jose G.-Valdecasas nos vienen proponiendo desde que iniciaron en 2010 su andadura con el necesario blog postPsiquiatría, y que ahora se recopilan en este libro, ampliados con otros artículos, se sitúan en este espacio de análisis crítico del paradigma dominante actual de la psiquiatría y de construcción de una teoría y práctica alternativa. Para los autores el objetivo de su tarea no ha sido otro que “proporcionar munición a las tropas amigas sobre los peligros de esta psiquiatría biológica a todos los niveles y de las alternativas posibles a la misma”. Añadiríamos que balas de distintos calibres, desde explicitar problemáticas de orden ético y filosófico que atraviesan la clínica hasta recopilar los estudios que evalúan críticamente la tecnología farmacológica. El libro plantea un recorrido por los problemas ontológicos, epistemológicos y prácticos de una psiquiatría reduccionista que posicionada en el lugar de “verdad” se convierte en una psiquiatría sin límites: ¿qué implica reducir la experiencia y la conducta humana a un mero epifenómeno de la actividad cerebral?; ¿qué supone para la clínica organizar su conocimiento en torno unas clasificaciones que “naturalizan” los trastornos mentales, obviando su origen y construcción social?; ¿de qué manera este modelo está condicionando una praxis medicalizadora, objetivante y coercitiva?; ¿cómo influyen los intereses de las industria farmacéutica y tecnológica en mantener esta narrativa?. Cuestiones que aparecen inevitablemente en el día a día de las consultas y frente a las cuales los autores no aceptan la huida. 

Su pretensión no es tanto tener una respuesta, otra verdad, sino dar luz a problemáticas falsamente cerradas por el discurso dominante y situar en un primer plano los aspectos éticos y hermenéuticos de nuestro trabajo. Para poder organizar esta reflexión crítica los autores eligen un nuevo marco de inteligibilidad adaptado al contexto del pensamiento posmoderno. Ese marco de comprensión, explicitado por Bracken y Thomas en su artículo seminal de 2001[3], se ha llamado Postpsiquiatría. Como se explica en el libro, no se trata ya de construir una teoría total alternativa, sino aceptar la naturaleza discursiva de la experiencia y los fenómenos mentales y por tanto los límites explicativos de las diferentes narrativas. Situar la psiquiatría en un marco posmoderno implica renunciar a la omnipotencia de generar un metarelato explicativo para abrirse a otros relatos que den importancia a los contextos (políticos, culturales, económicos y sociales). Significa anteponer una orientación ética a una tecnológica, replantearse las prácticas coercitivas y tener en cuenta que la voz de los usuarios o supervivientes debe ser una de las protagonistas. No sabemos si la postpsiquiatría logrará su objetivo de lograr un cambio paradigmático, pero como lugar donde poder encontrarse (y perderse) los distintos discursos críticos con la tecnopsiquiatría bien merece la pena. En esta tarea no podemos más que agradecer a Amaia Vispe y a Jose G.-Valdecasas su compromiso e inteligencia, demostrado en las páginas que nos brindan. 


Iván de la Mata Ruiz.


[1]Múzquiz Jiménez, A. Configuración de la psicopatología y práctica psiquiátrica. 
Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq., 2013; 33 (119).

[2] Morgan A. Is psychiatry dying? Crisis and critique in contemporary psychiatry.
Social Theory & Health (2015) 13, 141–161.

[3]Bracken, P. y Thomas, P. (2001). “Postpsychiatry: a new direction for mental health". 
BMJ, 322 (7288): pp. 724–727. 


Evidentemente, este libro hubiera sido imposible sin muchas personas que se han cruzado en nuestro camino, desde los ámbitos y circunstancias más diversos y que tanto nos han enseñado: de psiquiatría, de enfermería, de cuidar, de tratar, de no mal-tratar, de usos y abusos... Son tantos maestros, conocidos por nosotros tanto a nivel personal como profesional, tanto cercano como virtual, que nos es totalmente imposible citarlos, porque seríamos incapaces de mencionarlos a todos y cualquier ausencia sería una injusticia. 

A todas y a todos, gracias. Esta obra existe por lo que hemos aprendido de otros. 



lunes, 30 de mayo de 2016

"Comprender la psicosis y la esquizofrenia": Un salto adelante (Miguel Hernández, Revista de la AEN nº129)


Nuestra entrada de hoy recoge la reseña realizada por nuestro compañero Miguel Hernández González, psiquiatra, sobre la guía Comprender la psicosis y la esquizofrenia (editada por Anne Cooke y disponible aquí). Creemos que, con sus luces y sombras como señala el texto, dicha guía es imprescindible para acercarse con criterio a todo este tema, del que tal vez durante demasiado tiempo hemos creído los profesionales saberlo todo. Esta reseña acaba de ser publicada en la Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría y queremos ayudar, en la medida de nuestras posibilidades, a su difusión.



Anne Cooke (Ed.) (2015), Comprender la psicosis y la esquizofrenia. ¿Por qué a veces las personas oyen voces, creen cosas que a otros les parecen extrañas, o parecen estar fuera de la realidad, y qué es lo que puede ayudarles?. 

Traducción de Sergio Bilbao Sanz, María Cortina Bermúdez de Castro, Sergio Iribarren Cia, Cristina Juan Llamas, Inés Martínez Ciordia, Sara Pineda Murcia y Miguel A. Valverde Eizaguirre. 




Desde que se publicó en el año 2000 un primer informe titulado “Avances recientes en la comprensión de la enfermedad mental y las experiencias psicóticas”, se esperaba la aparición de un texto como éste que propusiera una guía donde se vertiera la experiencia acumulada en la comprensión de las experiencias psicóticas, que incluyera más voces que las que proceden del ámbito profesional y de la neurociencia, que son las que han plagado mayoritariamente los medios científicos, pero que huyera a la vez de ciertos alternativismos insensatos.  Creemos que estos objetivos se han conseguido plenamente con este interesante texto. Este informe cuenta con una pléyade de importantes colaboradores incluyendo el conocido y polémico Dr. Richard Bentall entre otros. Todos ellos importantes referencias y con trayectorias profesionales muy largas en el campo de la atención a este tipo de personas. Los editores advierten que “esta publicación ha sido producida por la British Society Division of Clinical Psychology –la Sección de Psicología Clínica de la Sociedad Británica de Psicología– y sólo representa la visión de los colaboradores expertos de los miembros de esta división”, aunque ciertamente a lo largo de todo el texto se van incluyendo otras voces, principalmente la voz de muchas personas que han sido o son usuarias de los servicios de salud mental, que cuentan en primera persona su experiencia en relación a cada tema que el libro plantea en cada momento concreto. También incluye testimonios de profesionales de diferentes áreas (enfermería, cuidados, educación, etc). Estos testimonios condimentan la lectura haciéndola mucho más interesante y algunos de estos testimonios son realmente emocionantes y reveladores. Quienes hemos trabajado con personas que presentan experiencias psicóticas hemos podido conocer situaciones parecidas por lo que contar con esas voces en una publicación como ésta provoca gran satisfacción y tiene un valor instructivo incalculable.
El libro está dividido en cuatro partes en donde se distribuyen los catorce capítulos. Una primera parte donde se define y explica el alcance de lo que llamamos psicosis, en la que se hace una descripción de lo que se denominan experiencias psicóticas, se pone nombre a las distintas formas en que se le puede presentar a las personas. Se discute el concepto de enfermedad mental al considerar básicamente que estas experiencias están en un continuo con la normalidad y que muchas personas a lo largo de su vida escucharán voces aunque sea de forma puntual en contextos de angustia o gran estrés, o tenemos creencias más o menos inusuales sostenidas con mucha firmeza. Enfatiza en el hecho de que muchas de estas personas no sentirán la necesidad de consultar con un profesional porque no consideran estas experiencias como perturbadoras e incluso pueden considerarlas positivas. Debido a esto también se discute la existencia de categorías diagnósticas dada su escasa fiabilidad y a los efectos estigmatizantes que tienen y el hecho de que, en realidad, no aportan nada a la explicación del fenómeno. De hecho es asombroso que a pesar de lo que se ha avanzado desde la epistemología sea necesario todavía declarar y explicar que las etiquetas son constructos y que darle nombre a algo no significa que tenga una existencia previa al hecho de nombrarlo. Aclaro que en el texto dice que el hecho de nombrar algo no lo vuelve real pero en un mundo postmoderno caracterizado por continuos reformateos y performatividades, decir real creo que es poco útil (salvo para referirse a lo relativo a la monarquía). Evaluar el impacto que estas experiencias tienen en las personas también nos debe orientar hacia la conceptualización de lo que llamamos recuperación (clínica, personal y social) porque muchas veces los profesionales nos obcecamos en los síntomas concretos (clínico), abusando de un enfoque farmacológico y desdeñamos otros niveles como que las personas sean capaces de dar un sentido, con significado, a la experiencia e integrarlas de forma que permitan ser respetadas por los demás (personal), o el de ocupar un rol satisfactorio dentro de su comunidad (social). Esta forma de pensar nos permite, en el ámbito profesional, centrarnos en la dirección de “estar mejor”, un estar mejor en el que la principal voz debería ser la de la propia persona afectada y la de sus familias.
La siguiente sección tiene que ver con las teorías que explicarían por qué se llega a experimentar este tipo de situaciones. Empieza dando una orientación básica desde la biología pero desde una perspectiva critica, reconociendo que cualquier experiencia humana tiene un correlato biológico, si admitimos la visión materialista de que probablemente no exista nada sustancialmente no biológico en nuestra existencia. Sin embargo, este correlato será probablemente muy complejo, al menos más complejo que el simple fallo de dopamina o cualquier otra sustancia del cerebro, pero que el nivel de consolidación que estas hipótesis han alcanzado y que las eleva a categoría de Verdad no se justifica en los datos que la investigación independiente aporta. La influencia de factores como la pobreza, la desigualdad y las situaciones de desventaja social, las relaciones y la existencia de acontecimientos vitales significativos y/o traum ﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽tencia de acontecimientos vitales significativos y/o traumas de ellas experimentarnas que tienen estas experiencias y áticos, como factores que influyen de forma marcada está bien recogida en la investigación y juegan un papel crucial en las teorías psicológicas sobre el origen del fenómeno.
El tercer gran bloque inicia la parte de las propuestas, donde este informe hace las aportaciones principales y más útiles, siempre aceptando que es una aproximación sin la intención de convertirse en un manual. Empieza con el tema de la formulación. En efecto nuestro estilo clínico de “exploración psicopatológica” conduce a una comprensión nosológica del problema mientras que una formulación compartida, distinta, que huya de la fenomenología o del alienismo nos conduce a lugares totalmente distintos. Entre las aportaciones más importantes, incluso políticamente, está el poner negro sobre blanco la importancia de los procesos de ayuda al margen del ámbito profesional: grupos de iguales, grupos de familias, de autoayuda y asociacionismo, las escuelas de recuperación, etc., como métodos al menos tan válidos como los clínicos para la ayuda a las personas que la precisan. Existen muchos testimonios muy apasionantes en este sentido, muy lejos de lo que se podría considerar terapia.
El informe también da un sitio a la terapia psicológica haciendo una descripción somera de los diferentes modelos y abordajes y también de la medicación, a la que concede un papel, aunque manteniendo, en nuestra opinión, una sana actitud critica que se fundamenta en los datos que aporta la investigación independiente y que se implementaría en: intentar la menor dosis posible, el menor tiempo posible y acordándolo con la persona, teniendo en cuenta sus necesidades y deseos. Se exponen los pilares del llamado modelo de la recuperación que se basa en reducir el estrés y ayudar a las personas a tener el tipo de vida que elijan, independientemente de las experiencias que tengan. Se basaría principalmente en: asegurar las necesidades básicas, apoyo emocional, facilitar la incorporación al trabajo, ayuda para la organización y motivación, etc. Muchos de estas cosas pueden proveerse por parte de los servicios comunitarios y de los propios grupos de iguales, aunque el informe reconoce la importancia de los profesionales en muchas de estas intervenciones. En la última sección se proponen una serie de planes para hacer algo diferente desde los servicios de salud mental. Lo principal de esta propuesta es un cambio en el marco referencial, dado que el área ha sido suficientemente cuestionada como para pensar que sólo existe una visión de lo que sucede, se hace necesario dejar de exigir a las personas que piden ayuda que acepten el nuestro como el marco de referencia “verdadero”. Este cambio exige dejar de tratar a las personas como portadoras de una Enfermedad y por tanto a las profesionales como curadoras de esa enfermedad, seríamos más bien personas especializadas en ayudar y apoyar a personas que presentan un sufrimiento que puede ser comprendido. En el texto de describe de forma totalmente clara: “La salud mental es un campo cuestionado. Las experiencias que a veces se denominan enfermedades mentales, como la esquizofrenia o la psicosis, son muy reales. Pueden causar sufrimiento extremo y ofrecer ayuda y apoyo es un servicio público esencial. Sabemos algo sobre el tipo de cosas que pueden contribuir a estas experiencias o cómo pueden causar sufrimiento. Sin embargo, las causas de las dificultades concretas son siempre complejas. Nuestro saber sobre lo que ha podido contribuir, y lo que podría ayudar, es siempre provisional. Los profesionales debemos respetar y trabajar con las propias ideas que las personas tienen sobre lo que ha contribuido a sus problemas. Algunas personas ven útil pensar en sus problemas como una enfermedad, pero otras no. Los profesionales no debemos promover ninguna perspectiva, ni sugerir que un tipo de ayuda, como la medicación o la terapia psicológica, es útil para todas. En vez de ello tenemos que apoyar a las personas de forma que encuentren lo más útil para ellas, y reconocer que algunas personas conseguirán un apoyo parcial o total desde fuera del sistema de salud mental”.
Esta crítica del modelo médico que se hace en el informe, a lo largo de todo el informe,  me parece, sin embargo, que confunde modelo médico con modelo DE LOS médicos. El modelo médico es el que se basa en la secuencia: anamnesis-evaluación-diagnóstico-tratamiento, una secuencia perfectamente aplicable a la terapia cognitivo conductual (el enfoque claramente predominante en todo el informe), al menos en sus formulaciones clásicas. Actualmente los modelos llamados de tercera generación han descubierto la postmodernidad y empiezan a incluir ideas como: construccionismo, poder, la voz del otro, lo narrativo, la realidad como consenso, lo comunitario, etc. Dudo que estas nuevas formulaciones cuenten con el respaldo tan firme de la ciencia positiva. Por ejemplo en la página 47 se afirma literalmente: “más o menos en los últimos 15 años hemos descubierto mucho más del papel que pueden jugar los acontecimientos vitales en muchas personas, en particular la pobreza y el trauma”. Nos parece que el psicoanálisis, Rogers, Laing, Haley y otros muchos posteriormente hablaron de estas cosas hace bastante más de 15 años. No sólo esto, el modelo médico incluye también criterios de normalidad, cosa que también ha hecho la psicología clásicamente (y si me apuran hasta los talleres de automoción). 
El ultimo capitulo introduce algunos aspectos interesantes de prevención y de “salud pública” que incluyen el que haya buenos trabajos, buenos colegios, bienestar social como medida importante para mejorar la salud mental y prevenir la existencia de problemas.
El informe termina con un utilísimo repertorio de libros, artículos, webs y otros recursos de interés que incluyen las de muchas asociaciones de familiares, autoayuda, etc. Aprovecho para agradecer al equipo traductor que incluye en este apéndice numerosos recursos en español. Además a lo largo del informe también se introducen algunas correcciones necesarias porque algunas cosas (pocas) son distintas en nuestro país.
En resumen el informe supone un importante avance, le da voz a las personas que tienen estas experiencias, le da el valor que estas tienen para cada una de ellas, las que consideran que estas experiencias les resultan creativas y positivas y las que se muestran muy perturbadas por ellas, dando sitio a los ámbitos profesionales pero también y principalmente a las asociaciones y grupos de afectados. Imprescindible la lectura y el análisis sosegado de este magnífico texto que espero que sea seguido de otros trabajos similares que abunden en los diferentes aspectos y que permitan una mejor organización de la salud mental y unos servicios ajustados a las necesidades de las personas.