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La espera


Estoy esperando que se acabe de consumir el cubito que solitario, medio agotado, permanece en mi copa. Por un momento deseo que se vaya la luz para no volver, que se produzca ese apagón ansiado que me sumerja en la oscuridad de los sueños. No importa que haya pesadillas que me aplasten sin piedad las sienes y sienta cada golpe de martillo al mismo ritmo que mi pálpito. Espero hace rato una señal, por tenue que sea, para no ahogarme con el miedo en la pecera. Poder comunicarme y expresar cuestiones importantes y otras intrascendentes.
Espero que alguien hable, que alguien diga, no importa a bofetadas, de esas tonterías que que no valen la pena o no importan a nadie.
Consumo mi silencio frente a esta pantalla amiga que me dio tantas alegrías y dolor me infringió.
Estoy en el centro de la pista del circo viejo y roto pero sin espectadores y me imagino el rostro adusto, en un paisaje gris, con el genio agotado, en una espera vana, pues ya no volverá.
Desisto de otra copa pues no la necesito. Ya no vale esperar como hice tantas veces, malgastando mi tiempo.. No mereció la pena pues todo es como era y, por siempre será. No existe solución. ¿No me estaré soñando?

El canto del gallo

La pasada noche, he dormido de forma intranquila. Me asaltaba la imagen de un gallo cantarín, insistente y alborotador. Abría los ojos y la mas absoluta oscuridad invadía mi estancia. Al volver a cerrarlos se hacía la luz y volvía aparecer el gallo encaramado en la floresta, con su estridente "kikiriki". Estaba malhumorado porque quería descansar. Era imposible, el gallo volvía aparecer una y otra vez y sus cantos eran cada vez más desagradables. Tuve que levantarme y ya despierto miré el reloj; eran las seis de la mañana.
Mientras tomaba mi primer café he vuelto a recordar mi sueño intentando interpretarlo o al menos encontrarle algún sentido.
Decidí al fin darme una ducha e irme a mi estudio, donde he permanecido la mayor parte de la jornada. Un día muy positivo pero sigo sin saber que quería el dichoso gallo.
 
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