Estos deditos me avisan que se van de vacaciones. Que durante el mes de agosto teclee mi señora madre… Lo dicen porque saben que a mi señora madre, lo que discurran mis dedos, ni le va ni le viene… Además, mi señora madre no se va a creer que los dedos de mis manos hablen. Pues ¡menuda es ella!. Aunque recuerdo que sí afirmaba que los de mi hermano pequeño, cuando se quitaba las zapatillas: cantaban.
Las madres se creen lo que quieren (lo que saben que deben creerse). Y la mía siempre ha creído que cada parte del cuerpo está para lo que está. Y que estos dedos, como los de mis sobrinas cuando vienen pegajosos de chucherías o sucios del parque, lo que necesitan es una buena pasada por el grifo y el jabón.
—¡Qué tonterías tienes! Mira que pintarte con bolígrafo los dedos! ¡Ni que fueras una cría!
¡Cada día aprendo las mismas cosas de mi madre! Todas las noches, cuando hablo por teléfono con ella, me las repite... para que no se me olviden. Aprendo de sus regañinas:
¡Menudas horas de llamar!
¡Menudas horas de llamar!
¿Ya has cenado? ¡Todavía no! ¿A qué esperas? ¿Qué vas a cenar?
Come bien: verduras y fruta… Y bebe mucha agua que con este calor te vas a deshidratar.
Come bien: verduras y fruta… Y bebe mucha agua que con este calor te vas a deshidratar.
¿Ya has engordado algo?
¿Qué tal en el trabajo?
¿Te has preparado la ropa de mañana?
¿Has hablado con alguno de tus hermanos? Pues a ver si encuentras tiempo y les llamas que me dicen que no saben nada de ti…
¿También hoy has estado escribiendo? ¡Mira que te ha dado fuerte!
Más te valdría descansar y no perder el tiempo con tanto cuento.
Lo que tienes que hacer es llevar un horario normal, Amparo, que eres muy exagerada para todo.
Lo que tienes que hacer es llevar un horario normal, Amparo, que eres muy exagerada para todo.
¿Has metido a los perros?… ¡Todavía no! Pues venga, hija. ¡Mira qué hora es!, y mañana tienes que madrugar…
—¡Vale! Ya voy, mamá… Y tú ¿Qué tal? ¿Bien?
—¡Sí!... Ya hablaremos mañana, que hoy es muy tarde y todavía no has cenado… Siempre igual, Amparo. No vas a aprender nunca. Y este plan que llevas no es bueno para tu salud. ¡Así te va! ¡Acuéstate pronto!... Un beso… Y descansa que no vas a llegar a vieja.
—¡Adiós, mamá! Un beso. Que duermas bien... ¡No quiero ser vieja!
—No te preocupes… Como sigas con este desbarajuste de horarios, no vas a llegar ni a mis años.
—Hasta mañana, mamiiii
—Ya, pero sigues sin hacer caso de nada, ¿eh?...
—Adiós, gruñona
—Tú sí que eres gruñona y rara…
—A quién habré salido…
—Te cuelgo, que si no ni cenas. Un beso, hija.
—Un beso, mamá.
Entendéis por qué, digan lo que digan mis dedos de la mano derecha o izquierda, mi señora madre no va a hacerles ni caso. Pues, utilizando sus palabras:
—Hija, a veces, parece que no tienes ni dos dedos de frente: solo cuentas tonterías sobre dedos pintarrajeados.
Os cuento esta tontería sobre dedos pintarrajeados que hablan, para deciros que ¡ME VOY DE VACACIONES!
Pero entraré. ¡Claro que entraré! Y os leeré cuando pueda. Y creo que colgaré dos dibujos ecologistas o tres…
Petra Acero (28/07/2012)