A sabiendas de que es muy factible que haya sido mi única oportunidad de ver a un Beatle vivo (y en vivo) me dispuse a abrir todos mis sentidos para darle rienda suelta a un disfrute memorable.
Y tuve la suerte de compartir tamaña experiencia con mi viejo, quien a sus 61 años y tras una vida de fanatismo por los cuatro de Liverpool, se sacó las ganas de verlos.
La ejecución de Sir Paul no tuvo desperdicios, pero debo destacar un par de momentos que me marcaron:
- Lloré a moco tendido cuando dedicó la canción Something a su querido amigo, el ya desaparecido George Harrison, mientras pasaban fotos de el en la pantalla del fondo.
- Morí de amor con la canción My Love, la cual fue escrita para, a mi entender, su GRAN amor Linda y que fue dedicada, esta vez, a todos los enamorados presentes.
- Se me erizó la piel cantando el estribillo Give peace a chance, durante alrededor de 10 minutos. Temblaba el monumental, sépanlo.
- Me quedé boca abierta con la ejecución de Live and Let die. Sin lugar a dudas, la mejor versión sigue siendo la de Paul.
- Canté a viva voz Helter Skelter y Day Tripper como si mi vida dependiera de ello.
- Volví a llorar cuando empezaron los acordes de Sgt. Pepper's lonely hearts club band, porque sabía que había llegado el final.
Pero me emocioné durante todo el show, por sobre todo, cuando miraba de reojo a mi derecha y lo veía a mi viejo disfrutar del evento, con una sonrisa de oreja a oreja, saboreando cada segundo como si fuera el último, para que al final me dijera al oído...
Fue el mejor regalo que me podrían haber hecho en la vida.
Gracias Paul por tanta magia.
Gracias viejo por haberla pasado fantabulastásticamente.