Últimamente, leo los periódicos
on line, así que la única letra impresa que entra en casa es la de los libros y los folletos del carreflux. Los folletos van directamente al P.D.R.D. (punto de recogida de documentos, es decir, un cubo rojo situado bajo el fregadero), a la espera de llevarlos al reciclaje. Los libros, no. Me parezcan buenos o me parezcan malos, siempre les busco acomodo en alguna estantería. Cosa aparte es que algunos merecieran el P.D.R.D. ipso facto.
Ése es el caso de uno que me han regalado estas Navidades. Alguien de mi familia, ya sea por ignorancia, pereza o simple malevolencia, se desatrancó regalándonos ejemplares del mismo libro a varios de los que nos hospedábamos en su casa. Dice la “
Single Bell que fue pura venganza por las molestias que le ocasionamos periódicamente en las fiestas de guardar.
Se trata de una obra publicada en pasta dura, de corte policíaco, situada en la baja Edad Media. Como en “El nombre de la rosa”, pero en Castilla. No pasé del primer capítulo y el primer párrafo. En él se describe un amanecer que va iluminando las diferentes partes de un castillo: almenas, murallas, torre del homenaje. Me pareció que se haría de noche antes de que el autor terminara de describir el fenómeno y el recinto. Al final del mismo (del párrafo) encontré dos veces el adjetivo “tosco/a”, separados entre sí por apenas veintidós palabras. Se trataba de un
tosco y oscuro torreón, formado por
toscas y oscuras piedras. No conté las veces que aparecía “oscuro/a”. El segundo párrafo empezaba con una flagrante coma entre el sujeto y predicado, y ahí es donde abandoné.
(Al día siguiente de la abortada lectura, me llamó la "Single Bell", indignadísima. Ella
no tuvo más remedio que leérselo enterito mientras volvía a sus Madriles. No tenía ninguna otra lectura a mano, la película que ponían en el tren era malísima, así que
se vio forzada a hacerlo. Al parecer, tras doscientas quince páginas, la solución al enigma es contradictoria con el desarrollo de la trama. Tuve que apartar un poco el auricular de la oreja: el tono de voz subía proporcionalmente al grado de irritación, y viceversa (feedback). “Demencial, demencial”, terminó gritando.)
Pero sigamos con mis libros, que no todo son penas, porque me regalaron otros varios: “
Cuentos completos“, de Eça de Queirós. “
Cuentos completos”, de Truman Capote. “
Aurora Boreal” de Åsa Larsson y algunos más, entre ellos varios de pintura, que me encantan.
Empiezo con uno de los cuentos de Eça de Queirós. “
Singularidades de una Rapariga Loura” (traducido como “Excentricidades de una chica rubia”) me quitó la espinita de los oscuros y toscos torreones del libro anterior. Tiene más capas que un vol-au-vent (volaván): humor, ironía, costumbrismo, romanticismo, misterio… Todo eso en veintiocho páginas. Y unas descripciones magníficas, lo mismo de unos calzoncillos, que de un abanico chino, que de un lugar… Transcribo un fragmento que refleja muy bien las sensaciones que a menudo tengo ante una luz, un paisaje o un sonido: “
Existe en cada uno de nosotros, es cierto –por fríamente educados que estemos-, un resto de romanticismo; y basta a veces un paisaje nocturno, el viejo muro de un cementerio, un yermo ascético, las emolientes blanduras de un claro de luna, para que ese fondo místico ascienda, se explaye como una niebla espesa, llene el alma, los sentidos y la idea, y quede así el más matemático, o el más crítico, tan triste, tan visionario, tan idealista, como un viejo monje poeta”.
Hago una pausa en los cuentos y paso al libro de Åsa Larsson,
Aurora Boreal, en el que finalmente me detengo. Siempre ávida lectora de temas policíacos, me gusta conocer nuevos autores que superen un poco el marco más convencional del género. Esperaré al final, a ver cómo lo resuelve. Ese es el talón de Aquiles de muchos de ellos.
Los cuentos de Truman Capote esperarán más, creo. Releí hace poco “
A sangre fría” y tuve angustia durante varios días. Me invadió la desesperanza tras volver a ver -¿cuántas veces, ya?- “
Desayuno con diamantes”. Necesito algo de aire, antes de continuar.
Está también el cuento “
La Cenicienta que no quería comer perdices”, de N. Lopez Salamero y M. Cameros Sierra, que ya conocía de Internet. Y los de pintura, que degustaré poco a poco, a ratos perdidos.
Ahora, ¡a por los Reyes! ¿Qué será, será…?