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Aunque suene como si me la pasara gritando, que no es así, sí que grito a veces cuando pierdo la paciencia, y este propósito no puedo decir que lo logré por completo aun, pero estoy mucho más consciente cuando pasa y ahora reacciono más rápidamente para cambiar la situación.
Aun bajo la guardia de vez en cuando y los gritos aparecen , y al calmarme, me detengo a analizar y reconozco que me queda mucho trabajo por hacer pero que voy en el camino correcto, y me motiva más que nada cuando veo en mi pequeña una repetición de lo que soy y de cómo reacciono ante determinadas emociones. Ellos lo copian todo, somos sus espejos.
Algunos de los "trucos" que me han ayudado a gritar menos son los siguientes:
- Primero, recordar siempre que el problema es nuestro. No gritamos porque los niños "se portan mal" o porque "son malos", gritamos porque no sabemos cómo controlarnos, porque no estamos educados para canalizar efectivamente la rabia o el estrés, y la culpa es nuestra, no de ellos.
- Ayuda mucho analizar qué dispara esa respuesta en nosotros. Yo por ejemplo ya sé que grito más cuando estoy cansada al final del día o cuando tengo dolor físico. Así que cuando estoy en cualquiera de esos momentos me mantengo más alerta a posibles conflictos, y pospongo cosas que no son importantes o que pueden esperar para estar disponible para Mími si se muestra irritable (también le pido más ayuda a mi marido en esos momentos si es posible).
- Lo de contar hasta 10, sé que suena muy cliché, y que a veces explotamos sin siquiera darnos cuenta, pero es una cuestión de costumbre, al principio cuesta parar el grito a tiempo, pero luego tu mente se va "educando" y te verás preguntándote ¿por qué se supone que merece que le grite? antes de soltar el alarido o en medio del mismo.
- Durante los meses o años de crianza, escuchamos y leemos ideas o frases que se nos quedan en la memoria como un mantra y que modifican nuestra manera de vivir y criar. Para mi, la frase que se ha mantenido más en mi mente durante estos tres años es: "No lo hace con mala intención, es una niña, ella también está _______________ (cansada, molesta, con hambre, con sueño..) y no sabe aun cómo expresarlo" y eso me ayuda mucho a ver todo con otros ojos.
- Leer, educarse. Los consejos de las abuelas, la mayoría ya caducados o integrados en una forma de educación que afortunadamente tiende a morir o al menos a evolucionar, han creado ideas que han hecho más mal que bien (no te dejes dominar, lo vas a malcriar, etc), hoy hay libros como Ni rabietas ni conflictos
de Rosa Jové o como uno excelente llamado Cómo hablar para que los niños escuchen. Y cómo escuchar para que los niños hablen
con ideas nuevas y que abren nuestra mente a otras formas de resolver conflictos.
- Vivir en el presente. A veces en medio del caos me recuerdo a mi misma que esa niña que está sentada aburrida viendo la tele o alterada de cansancio, en unos años ya ni vivirá conmigo, y cualquier mal humor o rabia desaparece sustituidos por las ganas enormes de abrazarla y quedarme un buen rato conversando con ella mientras le acaricio. Las dos amamos esos momentos.
- Pedir perdón. Es una costumbre en casa disculparnos sinceramente cuando nos equivocamos, y siempre que pierdo la paciencia y actúo erráticamente termino disculpándome. Igual eso no me "libera" de la metida de pata, y sigo sintiéndome mal, pero cada vez que digo "lo siento hija, no es tu culpa" me recuerdo de todo lo que ya escribí arriba y mi compromiso a crecer y a mostrarle a Mími que se pueden manejar inteligentemente las emociones.
- Vocaliza tu compromiso. Para mi, hablar de lo que quiero lograr, compartirlo con los demás, y hasta publicarlo en el blog, me ayuda a recordar mi propósito y a sentirme más comprometida.
Parar de gritar es como dejar un vicio o amamantar, hay que querer mucho hacerlo, y los beneficios en el día a día los disfruta la familia entera.
No seamos los bullies de nuestros propios hijos. No veo mejor propósito de año nuevo que ese.