Podríamos decir que soy jovencita. Me aventuraría, incluso, a decir, que soy casi la “peque” entre todos los que me leéis. Nunca he dicho la edad, ya no tanto por el anonimato, sino porque me han juzgado muchas veces por mi edad sin conocerme y casi siempre se equivocaban. Pero ya los años van pesando un poquito y empiezo a entrar en la edad de los casamientos, seguro que sabéis de qué hablo.
Hace poco tiempo, estando en un pub con unos amigos, empezaron a entrar invitados de una boda (cosa muy típica en los pueblos). La sorpresa llegó cuando vi a la novia: fuimos compañeras en el colegio…
Me agobié y acabé por irme del local. Me cuesta mucho entender que la aspiración de una persona de mi edad sea casarse, comprarse un piso en el pueblo y permanecer así para el “resto” de los días… Para mi es poco menos que tirar tu vida a la basura, como si ya no tuvieras más metas, como si ahí se acabara todo… un “suicidio”.
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Sé que no puedo pretender que todo el mundo piense como yo, pero me da pena, me da la sensación de que tienen una venda en los ojos, de que no quieren luchar por “algo más”… Seguramente me equivoque, ese “algo más” no exista para ellos y sean felices así.
Yo sí lo necesito, necesito salir, descubrir mundo, luchar por mí misma… y luego, el tiempo dirá.