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Que tristeza…, tu olvido,
tu hambre exagerada.
Tus ganas de vivir,
aún siendo rechazada…
¿Que pasó por tu mente
cuando ansiosa buscabas,
en la vieja madera,
las ubres, dulces, blandas…?
¡Que tristeza de vida,
apenas comenzada!
¿Por qué perdiste el rumbo
que marcó tu manada?
¿Qué cantos de sirena,
hicieron que olvidaras
el olor de tu madre?
Y quisiste nutrirte,
con la brea mojada,
de un barco, que allí estaba.
Cuando tú…, triste, sola.
Hambrienta y desolada,
buscabas a tu madre,
en el incierto rastro,
de barcos que pasaban.
Quisieron conducirte,
y llevarte a aguas bravas…
Pero tú, ya cansada,
no quisiste afrontar
la soledad amarga…
Y en un sueño te fuiste.
Mi pequeña ballena,
mi dulce corcovada.
31-8-2008.
(A una pequeña ballena, que perdida se quiso alimentar de un barco.)