Es la misma inteligencia que se muestra en las propuestas de nuestros políticos que, en muchos casos, está acorde a los niveles de nuestro alumnado en algunas asignaturas –casi todas, diría yo-, tomando este último dato según las últimas encuestas publicadas. Unos dicen de otros –y ya todo el mundo sabe a quienes me refiero en cada uno de los lados- que se apuntan al oportunismo para hacer política olvidándose casi por completo de su propia historia cuando los ahora unos eran otros y los otros son ahora unos.
Los medios de comunicación nos han venido a recordar –también diría yo que de forma interesada para sacar provecho económico-publicista de la ya antigua información- el triste aniversario de la desaparición de una joven, allá hace un año. Su familia no necesita este recordatorio pues, seguro, que todos y cada uno de los días ese recuerdo se ha convertido en eterna pesadilla. Pero, como de cualquier cosa hay que sacar rédito, ciertos políticos –que no merecen ni siquiera este apelativo- buscan la oportunidad para atacar a los otros e intentar polemizar sobre la perpetua, que en este caso no es la vecina del pueblo sino la condena que un juez, en base a ley, podría dictar por ciertos delitos.
Estos mismos ilustrados conocen que nuestro ordenamiento jurídico actual no permite tal sentencia. Pero da lo mismo, al estilo Paco Martínez Soria, ellos “erre que erre”. Se permiten introducir otra estupidez –así se lo he oído en declaraciones a Esperanza Aguirre- y no es otra que la cadena perpetua revisable. Lo que en principio podría tener atisbos de raciocinio –pues todo puede ser revisable salvo, de momento, el acto de la muerte- queda fuera de lugar cuando al explicarlo se añade una nueva estupidez. Dice Esperanza, y otros dirigentes de su afinidad, que pasado un tiempo y visto el comportamiento y arrepentimiento del reo condenado perpetuamente se podría modificar su condena. Pero añade, salvo a terroristas y violadores porque TODO EL MUNDO SABE (ya nos ha metido a los demás en su saco) que estas personas nunca tendrán arrepentimiento ni posibilidad de reinserción en la sociedad.
Yo no soy como usted, “Diosa” Aguirre. Yo no sé si una persona va a cambiar, al igual que tampoco sé, seguro, que cambiará pero, al contrario de su postura –como casi siempre radical y destructiva- mantengo la esperanza en el ser humano. Todas las personas tenemos la capacidad de rectificar a pesar de graves errores cometidos y a nadie le podemos negar ese derecho. Debiera medir usted muy bien sus palabras porque, como decía la ciudadana Perpetua, no es que me disgusten sus palabras –que en este caso también- sino que me disgusta mucho más su poca inteligencia. Menos mal que usted tampoco será perpetua al igual que el eterno “campeón” Arenas que fue el primero en dar luz pública a esta estupidez.
Salud, ciudadanos.