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Mostrando entradas con la etiqueta manduca. Mostrar todas las entradas
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un día

Sí, vuelvo a recobrar fuerzas poco a poco.
Ahora que estoy instalado en el nido y que empiezo a tener algo parecido a una rutina espero poder escribir un poco más. Para empezar, os contaré un día cualquiera en mi nueva vida.
Me levanto. Me aseo, me visto (llevo camisa casi todos los días, miren ustedes) y desayuno a la velocidad del rayo. Con la leche chocolateada en la laringe, me pego la gran carrera de la mañana al autobús. Cuesta abajo y sin frenos, oigan, recorro las calles estrechas y empedradas de mi pueblo para llegar a una explanada por la que pasa el autobús a la capital. Así que con esto me despierto por fin.
Si tengo suerte, el autobús no llega mucho más tarde de su hora y la carrera ha merecido la pena. Si no, maldigo la hora en la que me levanté temprano y el monopolio de la ruta que tiene esa empresa de perros. Porque es la única hora del día a la que uno se encuentra con embotellamientos, y más cuanto más tarde se sale. La semana que viene a lo mejor me llevan en coche por la mañana.
Bueno, pues en el autobús, uno intenta que el viaje se pase lo más rápido posible, es decir: dormido (ahora que había conseguido despertarme, vaya). No obstante, en el siguiente pueblo (que está a unos 7 minutos, tiempo insuficiente para empezar a roncar) se monta al autobus una banda de gallinitas cacareadoras todas las mañanas. Esas señoras del campo, van a ganarse el pan a la capital y empiezan el día contentas, jaleosas.
Luego toca trabajar. Por último, según el día, o me vuelvo con el bus de las seis y con coscorrón incluido. Al final, me dedico a vaguear en mi casa del pueblo y -miren, que lo intento- nunca consigo dormir antes de la una de lamañana... aaaargh.
Next week, next week, next week...

burguer kings



Hay en Nueva York una cadena de restaurantes/dinners que se llama Jackson Hole. Es, digamos, lo mas tipico que puede uno encontrar en la ciudad. Tienen ocho hasta la fecha. Estos son los contadores del que hay en la segunda con la 83. Me encanta el sistema de calles ultracuadriculado.
Cuidado, si pedis algo no hace falta que os pidais el platter, porque ya hay bastante con la hamburguesa sola... American way, amigou.

melocotones

Recuerdo los veranos en la casa de la playa. Mis abuelos los pasaban en la costa, en un barrio de bungalows monísimos, el barrio de los pescadores. Se llamaba así, no por que vivieran allí pescadores, queda a un kilómetro de la playa, sino porque los nombres de las calles estaban dedicados a «pescadores de hombres»: Velázquez, Juan XXIII o Isaac Albéniz, entre otros. Allí que nos íbamos mi hermano y yo, a hacer compañía a mis abuelos y a liberar un par de semanas a nuestros padres de tenernos bajo su cargo, criaturas.
bungalowsLa casa de la playa tenía dos entradas. Una entrada tenía un patio coqueto, con su verja blanca, con sus arriates, con su manguera y con su jofaina de zinc gigante, pero que se utilizaba poco. No obstante, recuerdo que mi abuelo lo cuidaba con esmero. Regaba y podaba las plantas, y le daba su capita de minio a los barrotes antes de pintarlos. Ahora es mi padre el que en nuestra casa cuida de que las plantas estén bien atendidas y nos recoge las mejores rosas. A mi abuelo se lo llevó la edad, o el Señor, que es lo que preferimos creer en casa.
La otra entrada era la de la cochera. Con los mismos barrotes, rara vez se utilizaba como cochera y normalmente se convertía en la puerta principal. A mí me gustaba, porque eso hacía nuestra casa diferente del resto de las casitas del barrio. Ahora pienso que, además, la hacía abierta, pues la vida se desarrollaba en el patio interior de la casa, conectado con la cochera por un porche. Todas esas puertas solían estar abiertas cuando había gente en la casa, un gusto que cada vez nos podemos dar menos. El patio interior olía a jazmín, y aún hoy cuando ese olor se desliza por mi nariz, el hipocampo me lanza retrospectivas de mi más tierna infancia.
En uno de estos flashbacks estamos mi madrina y yo, antes de ser mi madrina, entonces sólo tía. Estamos en el patio de la casa, no recuerdo muy bien qué hago yo. Sé que soy prepúber, como mucho, y que mi tía está pelando melocotones que saca de un cubo con agua. Sé que me encantaban como ahora, o más. Mi tía me explica que su tía Carmen, se ponía igual que ella y los pelaba, y le decía: «¿Quieres un poco?». Entonces, del melocotón pelado la tía Carmen cortaba un casco con el cuchillo y se lo daba a mi tía. Y eso es lo que ella hace conmigo. Pela. Corta. Comparte. Recuerdo mirar el trozo de melocotón como agua de mayo. Es la manera ideal de calmar sed y hambre. Recuerdo el zumito, que chorrea por mis dedos. Recuerdo que mi tía deja de preguntar y me sigue dando un trozo tras otro. Y sonríe.

Arrancado de mis entrañas gracias a estos textos de Elena Medel, del especial de Córdoba de Granada ciudad poética.

Voulez vous du maffé ?

El otro día quedé para cenar con mi hermano postizo y sus compañeros de piso. Bueno, de hecho, estaba convencido de que cenaríamos en su piso, así que allí me presenté con mi rosatdalpanadés, mi barrita de pan y mi jamoncito serrano en lonchas. Que no se diga, oiga.
Total, que me entero de que en realidad hemos quedado para cenar fuera, entre semanas. Olé ahí mis niños buenos.
Entonces mi mirada se dirigió al set de aperitivo cañí. A lo que mi hermano postizo, nuestro colega el del cumpleaños y yo pensamos al unísono: «mmmm». La sangre del sur no perdona.

Lo que se llama sentarse a tomar algo:
- Enga, amo a servir un vinito.
- ¿Y si saco el atuncico en salazón?
- Uy, qué buenas ideas estamos teniendo.
- No si al final, se le daba uso, ya sabía yo.
- Blablablablabla...
- Blablablablabla...
- Blablablablabla...
- Blablablablabla...
- Blablablablabla...
- Blablablablabla...

Añadamos que la tapita de jamoncito y salazón no era plan de dejarla a medias. Esas cosas cuando se abren hay que acabarlas. El rosado, tres cuartos de lo mismo. Bueno, ocho novenos y medio, para ser más exactos. De lo contrario los alimentos se deterioran, hombre.

··· --- ··· mientras tanto en otro lugar: ··· --- ···
- So, they just called to say they will be late...
- Oh, God, can't they ever be on time?
··· --- ··· ··· --- ··· ··· --- ··· ··· --- ··· ··· --- ··· ··· --- ···

- Vamof, fe llegamof darde.
- Gue no be gabe mahhamón nlaboca.

Ecuación
Desde la hora acordada hasta que llegamos: 30 minutos +
Adelanto británco por deferencia: 5 minutos =
__________________________________
¿Quién tuvo la culpa? El andaluz.

Bueno, pues tan adiestraditos tenemos a los británicos, oiga, que ya casi no me quedan moratones en ningún sitio visible. Y luego, rumbo al restaurante. La entrada ya olía a comino. Al poco nos pusieron en la mesa y tal, éramos unos ocho o nueve en total.

Ingenuidad número uno:
El camarero dijo que nos tomaría nota más tarde, porque éramos la mesa más grande. Asentimos (puñetero rosatdalpanadés). Eso sí, la bebida que no falte, para entretenternos de la mejor manera.
Pedimos por fin. Uno, inocente, cuando sale de casa se pide lo que no acostumbra a cocinar. En este lugar, los platos se elegían con unas tarjetas cuadradas, plastificadas en la papelería de la esquina -fijo- que llevaban el nombre del plato y los ingredientes, cada una de un colorcito. Había pollo, ternera, cordero y yuca (tarjeta verde, suitable for vegetarians). Pues cordero, que como poco en casa, pensé.

Ingenuidad número dos:
Como deberíamos haber sospechado, entre que ya habían pedido seis otras mesas y/o que el camarero se despistó y/o que nos dejamos timar como lerdos (aka lochinos), pues no había de lo que queríamos. Tuvo que venir una negrita a explicarnos el entuerto, que su variada oferta se había visto reducida a un plato de carne y otro de verdura(suitable for vegetarians). El primero se llama maffé, que es pollo en salsa con arroz, y el segundo era un lecho de yuca hervida con emplasto de espinacas (suitable for vegetarians).

Así que tuvimos que pedir de nuevo,yo me pedí un suitable for vegetarians recalentado al microondas. Después de todo esto, no dudamos mucho en ahogar nuestras penitas en alcohol. Y así fue cómo probé la comida senegalesa (suitable for vegetarians).