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miércoles, 10 de mayo de 2023

¿Realmente necesita Oviedo mil viviendas nuevas más?

 


Vetusta Blues. -

¿Realmente necesita Oviedo mil viviendas nuevas más?

Podría ser la gran pregunta para la campaña que se avecina, como una tormenta insoportable, pasado mañana: ¿Realmente necesita Oviedo mil viviendas nuevas más?

Parece ser que en mi ciudad -Oviedo- existen alrededor de veinte mil pisos vacíos. ¡Veinte mil! Basta darse una vuelta por el centro de la ciudad y observar cómo locales que albergaron sitios emblemáticos como el Restaurante Logos en la calle San Francisco o la Quesería Babilonia en la calle Asturias llevan más de treinta años cerrados. En pleno centro. Treinta años acumulando polvo, herrumbre, ruina. Casi como los chalets de la Fábrica de la Vega (que llevan más aún). Esos hermosos chalets, donde las ratas son las habitantes de su deteriorado interior que nadie quiere rehabilitar. Es más fácil -más rentable, infinitamente, más rentable- construir rascacielos, horadar más aparcamientos que permanecerán infrautilizados y, por supuesto, abrir una autopista al tráfico de vehículos pesados, en vez de dar usos para la ciudad y sus (muchas) necesidades. Esas obsesiones cosmopaletas por los rascacielos, los parkings... (En realidad, por el dinero que les proporcionaría para seguir aparentando y mantener su deleznable tren de vida).

¿Realmente necesita Oviedo mil viviendas nuevas más?

La pregunta es sencilla. Las respuestas, mu complejas. Donde se había planificado -y conseguido una subvención millonaria de Europa- una unión de dos barrios atravesados por la entrada de autopista "Y griega", el que se denominó Boulevard de Santullano a otra vuelta de tuerca a la especulación, con un nuevo y fantasmagórico proyecto de rascacielos, autopistas cruzando el centro de la ciudad y demás delirios. En vez de preocuparse en acercar la Fábrica de la Vega al núcleo urbano del centro de Oviedo, alejarla aún más y con la efigie de un absurdo rascacielos para resaltar el completo desatino. Por fortuna, parece que eso se ha detenido. Aunque no me fiaría mucho, que el color del dinero, el aroma de la avaricia y la fuerza del poder que pudieran otorgar las urnas a este despropósito para destruir cualquier vestigio de patrimonio histórico pueden regresar en el momento más inesperado.

¿Realmente necesita Oviedo mil viviendas nuevas más?

Por el lado de determinada "oposición", parece que sí. Y así se han lanzado a propagarlo a través de todos sus medios afines. Que en Asturias. La megalomanía hiperbólica de determinados políticos les lleva al delirio de afirmar que ellos han sido los "salvadores" de la Vega. Más que nada, por si cuela en algún despistado que se lea el titular y no profundice. Que son demasiados.

¿Realmente necesita Oviedo mil viviendas nuevas más?

¿Lo necesita, realmente? Cuando no hay otro proyecto que la avaricia y un furor codicioso, ciego y alejado de cualquier amor e idea sobre tu ciudad es lo que ocurre. Muchos son los problemas pendientes a solucionar, como saber qué sucederá con los terrenos del antiguo HUCA, qué ocurrirá con esa Plaza de Toros en vergonzosa ruina... tanto a resolver y sólo preocupa construir mil viviendas nuevas más. Como cantaban los madrileños Las Ruedas -ver vídeoclip al final de este artículo- en una de sus magníficas canciones a principios de los 90: "Haciendo casas": "Haciendo casas/ que no son para mí". Yo añadiría: haciendo casas que no son para nadie, excepto para quienes se lucran con ellas.

MANOLO D. ABAD


 



lunes, 8 de mayo de 2023

Las Huellas

Foto: Pablo Lorenzana

Vetusta Blues. -

"Las huellas"

Cruzaba el Pont des Arts en París con la mujer a la que dediqué mi primer poemario "Ahora que ya somos sólo silencio" (Suburbia, 2019), ese lugar que ella detestaba por los candados del amor, que lo que le sugería era todo lo contrario a una relación amorosa. Íbamos camino del Museo de Orsay, en una ciudad desierta por el atentado de Charlie Hebdo, que cumplía su primer mes, camino de una interesante exposición y de ver, por supuesto, una de las obras expuestas allí, una de mis favoritas, "El inicio del mundo", el cuadro de Gustave Courbet. Mientras parábamos en un puesto de castañas al final del puente (era invierno, no hacía tanto frío como otras veces, pero estaba fresquito), ella me contó cómo cada uno de los presidentes de la République dejaba su huella en la "ciudad de la luz" en forma de Museo. El de Orsay lo "firmo" François Mitterrand, a partir de la estación de tren del mismo nombre y, lo cierto, es que se trata de una instalación deslumbrante, que fascina a quien la visita. Además del propio contenido de la misma.



En Oviedo, este pequeño y acogedor lugar del mundo, tan lleno de contradicciones, de luces y de sombras, las huellas son diferentes a las parisinas. En este lugar, en mi ciudad, lo que se cuenta es una historia de huellas de destrucciones arbitrarias y absurdas. Todos los mandatarios han hecho de las suyas, en mayor o menor medida: vimos cómo se sustituía el Palacete de Concha Heres por un búnker cutre que sólo le gusta a los pavos reales; contemplamos, alucinados, cómo se destruía la Estación del Vasco en pleno centro de la ciudad, sin dar ni media esperanza a una rehabilitación donde, más que probablemente, se hubiera podido albergar la misma sala de estudio -el párking, no, esa obsesión por los aparcamientos-. Lo último es destrozar la Fábrica de Gas y la Fábrica de la Vega, dos entornos privilegiados para reconstruir una ciudad. También, horadar el Naranco. Hubo, incluso, quien en su delirio narcisista, llegó a ofrecer un párking -otro más, esas obsesiones de aparcamientos y rascacielos- bajo el espacio único, singular e inigualable del Campo San Francisco. Vemos agonizar la Plaza de Toros donde vimos a Lou Reed, los Long Ryders o Camarón de la Isla. Paseamos por la ciudad fantasma de las ruinas del antiguo HUCA, sin saber qué edificios se salvarán y cuáles deben ser demolidos. Sin un proyecto, sin nada para parar la desidia total que muestran como prueba de que la capital de Asturias no le interesa nada a los mandatarios del gobierno asturiano.


Y en esas estamos, en una ciudad como Oviedo, que va destruyendo su patrimonio histórico para construir una neorrealidad, mediocre, a bsurda y a la medida de la avaricia, de la especulación, de la estupidez y del egoísmo de quienes dicen quererla, pero sólo la usan para aprovecharse de ella, para extraer la última gota de asqueroso dinero. Y dejar, otra vez más, la huella de su ciega codicia.

MANOLO D. ABAD










viernes, 2 de junio de 2017

Pregonero


Vetusta Blues. -

Pregonero”


Son muchas las maneras de estar. Son muchas las formas de ser. Si de escribir hablamos, más aún. Aunque existan algunos que se creen iluminados por una varita mágica que les permite abrir zanjas donde marcar qué es y lo qué no es, en un juego trasnochado de pedantes creadores de moda que señalan con su retórica de buñuelo inflado con palabras grandilocuentes un irremediable vacío que queda muy bien como supuesto cultureta engañabobos y que, al final de tanta superchería, queda puesto en evidencia.

Sí, según el vaticinio de uno de estos popes pseudoculturales, de inflamada voz repleta de altisonancia hueca para engañar a incautos de toda condición, lo nuestro era algo con caducidad a tres meses. Una vez no cumplido el designio del ampuloso oráculo, voz ineludible de la cultura vacía, supuestamente maldita, repleta de nombres sin contenido ni contención, llegaba el momento de larvar una labor de zapa mucho más miserable, tratar de que el designio se cumpliese lanzando infundios, generando odios y provocando la expulsión. Ajenos a ello, muchos lectores de quien iba a ser efímero articulista le llamaron para un nuevo reto vital: ser pregonero de las fiestas del Oviedo Antiguo.

Y allí estaremos, viernes 2 de junio de 2017, dispuestos a afrontar una nueva experiencia que llena de orgullo. Porque ser elegido por una asociación como Oviedo Redondo para pregonar sus fiestas es algo muy grande, algo que deseo compartir con los vecinos de mi ciudad, a la que quiero y siento, por la que he luchado por quedarme, en ocasiones hasta extremos irracionales. Una asociación como Oviedo Redondo que lucha por crear un marco de convivencia entre todos, basándose en el diálogo, para mejorar uno de los lugares más entrañables de mi ciudad. Sin personalismos, sin oscuros intereses, sin obsesivas cruzadas contra elementos que dotan de una envidiable vitalidad al Oviedo Antiguo, como la música en vivo, su comercio cercano, como la hostelería tratada con mimo y dignidad, como sus rincones especiales que, en la tranquilidad de tardes rezongonas, pueden remontarnos tanto a la vieja ciudad clariniana como a ese Oviedo que rezuma literatura por sus cuatro costados, pero, en especial, por esos claroscuros de las callejuelas donde perderse que sólo se encuentran allí.

Muchos son los retos a arrostrar para la mejora del Oviedo Antiguo: acabar con los grafitis indiscriminados, con esa lacra terrible, arrasadora, del botellón, con la especulación inmobiliaria, con los “tapados” de la gentrificación -ansiosos por transformar en una muerta ciudad dormitorio un lugar tan lleno de vida sólo por llenarse el bolsillo de la manera más miserable-, con la pobreza que también afecta a muchos de sus vecinos... Pero uno sabe, casi podría afirmar con certeza, que por gentes como las de la asociación Oviedo Redondo no van a faltar soluciones ni diálogo para que muchos de estos problemas puedan mitigarse o resolverse. A pesar de los otros, de las otras, esas opacas organizaciones, más convertidas en plataformas de lanzamiento a la celebridad local de sus cabecillas que en plataformas para hacer la vida más llevadera a sus vecinos.

Un orgullo poder pregonar estas fiestas. Que disfruten todos ustedes. Con educación y respeto a los demás, que eso no debería estar nunca reñido ni con el disfrute ni con la celebración.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El comercio" el viernes 2 de junio de 2017

miércoles, 16 de marzo de 2016

Blues por Jandro Espina



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Blues por Jandro Espina”
Es una herida que no para de sangrar. Hemos dicho adiós prematuramente a muchos de los nuestros. A Zita Alonso o Chema Fombona, hace sólo unos meses. A Carlos Redondo o a Josetxo Anitúa (Cancer Moon), hace unos años. Y uno siente que se desangra, que una pequeña parte de su vida se va con ellos. Si son personas tan cercanas a tu propia existencia como Jandro Espina, la herida se convierte en algo más profundo. Y el dolor permanece, estancado, sin querer moverse, golpeando con una catarata de recuerdos de los días de vino, rock y rosas, incesante, imparable, como si tratara de sacarnos de esos instantes de dolor que regresan como olas de una marea sin final.
Si la casualidad quiere que la muerte de Alejandro Blanco -Jandro Espina para sus amigos y conocidos, que éramos legión- llegue en el día de tu cumpleaños, el recuerdo resultará ya imborrable e irá pegado a mi ser en todo el tiempo que me quede sobre la Tierra. Uno quiere pensar que no, que no es posible que haya sucedido, hasta que ve irse, con lágrimas brotando con una fuerza incontenible, el coche con sus restos que le conducirá al descanso final. Sólo nos quedará el recuerdo de alguien bueno, de una bondad a prueba de bombas. Alguien que siempre estaba dispuesto a echar una mano, a darte ánimos, aunque en su corazón también hubiese dudas, aunque guardase para lo más profundo de sí sus miedos e inquietudes. Quedan días y muchas noches alegres, felices en el Paddock, sobre los escenarios o como espectadores o en su valorada faceta de técnico de sonido, o en aquel circuito -un rockero triángulo nocturno- que formaban La Antigua Estación, el Sweet Home y su Armónica, el local que impulsó junto a la que luego sería su mujer, Irene Riesgo, y madre de su hija Carmen. Queda el recuerdo de su perenne y sincera sonrisa, de su voz cascada, de su contagiosa alegría de vivir, de su capacidad profesional para convertir al rock en algo grande y respetado. 
 
Me gustaría solicitar, desde estas páginas, al Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo, Roberto Sánchez Ramos, que el Concurso de Rock de la ciudad, el Ciudad de Oviedo, pasara a denominarse Alejandro Espina, en memoria de alguien que tanto aportó al mundo del rock en la ciudad desde muy distintos aspectos de lo que conforma una escena musical. Sería un pequeño gran detalle para alguien que tanto aportó con honradez, con un bendito y generoso sentido de la amistad y con una envidiable profesionalidad al rock ovetense y asturiano. Que la tierra te sea leve, amigo, no te olvidaremos. 
 
MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el miércoles 16 de marzo de 2016

miércoles, 24 de febrero de 2016

Tiempo para el S.A.C.O.


Vetusta Blues. -

Tiempo para el S.A.C.O.”


Poco a poco, a pesar de las urgencias de esos empeñados en meter una presión que otros no tuvieron en veinticuatro años, vamos contemplando algunos frutos que alimentan la esperanza de que el rostro de la ciudad cambie. Y en asuntos culturales, la tarea es ardua. Por eso, hay que saludar con alborozo a la semana de S. A. C. O. (Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo) que se celebrará en la ciudad del 26 de febrero al 6 de marzo. Alejada de otros formatos de festival algo estrafalarios en sus temáticas con calzador que trataron de hacer fortuna recientemente, la Semana nos devuelve la posibilidad de contemplar películas que, de otra manera, sería imposible de disfrutar en una sala de cine en Oviedo. Si, además, se aliña con una programación atractiva alrededor del propio cine, tendiendo puentes con otras disciplinas como la música, mejor que mejor.
Desde la hecatombe de la cajas de ahorro y la eliminación de la Obra Social y Cultural de Cajastur -algún día habrá que cuantificar lo que ha supuesto este expolio para la cultura y el bienestar de los asturianos-, hemos padecido un verdadero erial al que sólo han dado un pequeño respiro salas de conciertos tan activas como la Lata de Zinc o La Salvaje -sede, esta última, de las fiestas nocturnas del S.A.C.O.- sin que haya habido la posibilidad de tomar el pulso de ciclos de cine magníficos (y en la siempre bendita versión original) que permitían cubrir el espacio al que no llegan las salas comerciales, ya alejadas del centro de la ciudad y poco permeables a ofrecer las propuestas más ariesgadas e interesantes del celuloide contemporáneo. Por eso, merece nuestro aplauso esta propuesta donde se mezclarán títulos en formato largo, ya sean documentales o ficción, pero todos ellos marcados por su relevancia crítica e interés artístico. A veces, parece que en estos temas culturales, uno pide el cielo y no es así. Cierto que, por el camino, uno se puede encontrar con todo tipo de oportunistas sin idea de lo que se traen entre manos y ánimo de dar gato por liebre, pero, en esta ocasión, Oviedo ha tenido suerte y los responsables de S.A.C.O. conocen la materia en la que se desenvuelven y han logrado ofrecer una propuesta atractiva para salir del atasco de cultura carpetovetónica en el que se sumió a la ciudad en estos últimos años.
Tiempo, pues, para disfrutar del cine, del recuperado cine en el centro de Oviedo. De películas como “El Hijo de Saúl”, “El Nome de los Árboles”, “Berserker”, “Eden”, “A cambio de nada”, “Body” o “Neckan”; de fiestas nocturnas en La Salvaje, con el regreso de los legendarios mierenses La Ruta; de los prolegómenos de las películas amenizados nada menos que por Maribel & Sebastian djs; de diversas y estimulantes actividades paralelas. De una efervescencia cultural que Oviedo poseía en los últimos años y que estaba siendo silenciada por un régimen empeñado en controlar a los creadores con migajas. De la posibilidad de que esta ciudad empiece a desperezarse desde la cultura. Una buena noticia, sin duda.
MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el miércoles 24 de febrero de 2016 

miércoles, 17 de febrero de 2016

La reordenación imposible

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La reordenación imposible”

Pena, mucha pena da comprobar el abandono del barrio del Cristo, de las instalaciones del antiguo Hospital. Pero muchísima pena, y más aún, una enorme preocupación, produce comprobar la impotencia del Gobierno Regional para poner en marcha un sólo proyecto que pueda arreglar, siquiera parcialmente, todo el abandono del Cristo. La culpa es de la “derecha”, según la letanía, la vieja letanía de la vieja política de pim-pam-pum o, si prefieren, “y-tú-más” a la que se aferró en el debate parlamentario la Consejera de Infraestructuras, Fomento y Medio Ambiente, doña Belén Fernández. Nada, cantemos una vez más, bien cruzaditos de brazos, aquella canción de Def Con Dos “La culpa de todo la tiene Yoko Ono” retitulándola “La culpa de todo la tiene el otro” (en este caso, “la derecha”) y pasemos a otra cosa, mariposa.

La patética incapacidad para asumir ese abandono del Cristo es tan manifiesta que estas declaraciones resultan escandalosas. No hay 52 millones para la rehabilitación de los edificios, no los tiene y se va a quedar tan pancha nuestra señora consejera. O sea: o cincuenta y dos millones o nada. ¿Qué pasa?: ¿Acaso no se pueden emprender acciones parciales? ¿Acaso no se puede elaborar un plan de emergencia para las acciones más urgentes a realizar (que las hay, y varias, como Silicosis)? 
 
A uno le sigue pareciendo que Oviedo no forma parte del mundo del Gobierno Regional, que es un islote interpuesto en el centro de Asturias, un lugar al margen que no existe ni debería existir. Al menos, esa percepción dan los componentes de este gobierno de Javier Fernández. Oviedo debería ser un desierto, una población fantasma donde sólo queden edificios inútiles que se vayan pudriendo por culpa de Yoko Ono, digo, de la derecha. Una ciudad en ruinas como la Plaza de Toros, bien protegida por un inexplicable, absurdo “B.I.C.” (bien de interés cultural) que se llene de miseria y porquería. Porque, claro, la señora Fernández no es consejera de un gobierno de Asturias cuya capital es Oviedo, eso es una quimera, probablemente inventada por la derecha también. O quizás por Yoko Ono. O por Def Con Dos. O vaya usted a saber, que cuando se trata de dar excusas todo vale.

Un tema “complejo y laborioso”, en palabras del alcalde de esta ciudad llamada Oviedo que no existe para la señora Consejera de Infraestructuras, Fomento y Medio Ambiente, doña Belén Fernández, incapaz de idear nada como solución a un problema que ya deberían haber tenido en cuenta cuando se planeó el nuevo HUCA. Pero, claro, la culpa de todo la tiene Yoko Ono. O la derecha, es igual.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el miércoles 17 de febrero de 2016

miércoles, 10 de febrero de 2016

La paz del Campo de San Francisco


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La paz del Campo de San Francisco”


Uno celebra esta paz en medio del centro de la ciudad. La paz del Campo -no Parque, ojo- de San Francisco. Uno de esos pulmones de paz para recuperar la forma de ser, como en aquella vieja canción de Nacha Pop “Con tal de regresar”. Un pequeño oasis donde pararse, contemplar, pensar,... Claro que algunos echan en falta el movimiento. Siempre el movimiento, siempre ese movimiento hacia ninguna parte, hacia el fin de los días, hacia el abismo... Frenético, imparable. ¡Que no pare la música, cuanto más pachanguera y perturbardora! ¡Que no se detengan los eventos más absurdos! ¡Que persista la contaminación ruidosa ambiental! ¡Que nada nos permita pensar, pararnos a una reflexión, concentrarnos en una mínima observación sobre nuestra vida y sus circunstancias! Leer un libro, escuchar un disco con la pausa necesaria.

Lo tenemos en el centro, ahí está: el Campo de San Francisco. Un lujo al alcance de quien se pare a disfrutar de las pequeñas cosas. Nada de un automóvil de alta cilindrada, un paseo relajado rodeado de árboles. Sin exhibiciones vacuas, encontrándonos en cada esquina con los resquicios de nuestro ser a recuperar. ¿Cómo alguien puede desear acción en un marco tan saludable? En París, internarse en los jardines del Palais Royale es uno de esos lujos -por los que no hay que pagar- que nos transforman más allá del estrés diario, de ese intenso viaje a ninguna parte que tanto exige la vida cotidiana de muchos. Remontar la Cuesta de Moyano e internarse en el Parque del Retiro de Madrid es uno de esos placeres que nunca podrán entender quienes quieren velocidad absurda, resultados inmediatos, los que harían todas las trampas posibles y cogerían todos los atajos que hagan falta para llegar a esa cima ficticia que consideran éxito. Los mismos que piden acción para el Campo de San Francisco. Los mismos que desean acabar con el lujo de la paz del Campo de San Francisco. Como palomas parásitas que invaden el idilio del estanque de los patos, como los que horadaban la obra de arte del Mosaico de Antonio Suárez en el Paseo de los Álamos, como esos que dicen representar a los hosteleros (y cada vez los representan menos) y lograron su chiringuito-anti-chiringuitos Gastroguay. Como todos los que apoyaron a quienes pretendían pagar las deudas de su desmanes previos en un régimen de barra libre de impunidad de veinticuatro años socavando los cimientos del Campo de San Francisco para otro inútil párking más en la ciudad (¿una nueva idea feliz de la prensa que no les ha reído sus gracias con poca gracia?). 
 
Disfrutemos de la paz del Campo de San Francisco en estos días turbulentos. De la belleza de esos todoterrenos que son los patos, de los cisnes, de los colores de sus árboles, de las confidencias cerca de las estatuas de Clarín o del gran olvidado Palacio Valdés... De la tranquilidad, de la paz, tan necesaria siempre para recuperar la forma de ser. De este lugar tan propicio para las letras y los escritores.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diairio "El Comercio" el miércoles 10 de febrero de 2016

miércoles, 3 de febrero de 2016

El fatuo fulgor naranja


Vetusta Blues. -

El fatuo fulgor naranja”


Cada mañana, cuando cruzo la Calle de la Independencia, a la altura de la Calle Asturias, me convenzo de la total inutilidad de la luz naranja. En teoría, ese color intermitente luce para que los vehículos pasen si no hay ningún peatón cruzando con el color verde. En la práctica, los coches pasan como si tuvieran preferencia sin importarles especialmente que haya viandantes atravesando la calle que está con el semáforo en verde para que ellos pasen. La pírrica victoria de tan arduo esfuerzo es tener un nuevo semáforo en rojo para que esos mismos automóviles que han esprintado a fondo sin importarles ningún peatón vuelvan a ser detenidos veinticinco metros más tarde. ¿Utilidad? Ninguna. ¿Problemas? Todos y todos para los peatones que muchas veces hemos de tratar de que se detengan con todo tipo de gestos, bajo el riesgo de que nadie les haga caso, de ser pillados o de entrar en una trifulca con alguno de los representantes más maleducados del gremio de conductores. Así, día tras día y sin ningún atisbo de solución. Bueno, sí, quizás la jornada que haya un atropellado. O un muerto. Es la manera en que funcionan estos asuntos, por desgracia. El color naranja del semáforo es tan sólo un estímulo para que el conductor acelere, no para que respete al peatón que apura a toda velocidad los últimos segundos de verde.

Claro que peor aún son algunos pasos de peatones, vía libre para ser ignorados por cada uno de los coches de Oviedo. Peligrosos pasos de peatones escondidos o en lugares inaccesibles. Peor aún, pasos de peatones que no se respetan por sistema. Vehículos que pasan sin ver a quienes se arremolinan en las aceras. Coches que no aminoran sino que aceleran aún más tras ver un primer paso de cebra y afrontar un cercano segundo. Lugares donde juegan niños pequeños al lado de vías por donde los automóviles y sus conductores encuentran una nueva razón para acelerar. Gente mayor, con sus bastones, con sus dificultades para moverse, sin atreverse a pasar frente a una caravana de vehículos en la que ninguno tiene la decencia de pararse. El “trenecito”, lo llamo yo. Y no ose protestar, que el lío estará montado.

Hemos sabido en estos últimos días la inutilidad de muchos mecanismos de control para evitar estos comportamientos incívicos y a uno sólo le entra más rabia al ver que, en la mayoría de los casos, sólo se reacciona ante la desgracia. Unos días muy compungidos todos, dándose golpes de pecho y, a las pocas semanas, vuelta a empezar. Si por uno fuera, eliminaría ese hipócrita e inútil color naranja que, por ejemplo, ha dejado de existir en otros países. Sería un pequeño principio.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el miércoles 3 de febrero de 2016

miércoles, 27 de enero de 2016

Solidarios que hacen ciudad

 

Vetusta Blues. -
Solidarios que hacen ciudad”

Ella me afea que use el buscador “Google” a todas horas y me recuerda la gran cantidad de dinero que les entrego a los americanos con esos mecánicos clics. Estamos en París y el cielo permanece cubierto aunque no hace frío en este raro invierno que más parece una primavera loca envuelta en una montaña rusa de altibajos de temperaturas y condiciones meteorológicas. Me sugiere “Lilo.org”, que destina a diversos proyectos solidarios una gran parte de sus ingresos. Con cada búsqueda acumulas unas gotas que luego puedes entregar a cualquiera de los proyectos que te proponen desde la propia página. No está ninguno de los que participaron en el proyecto “Faciendo ciudà”, bendita iniciativa que ha premiado a cuatro propuestas que desarrollan su labor en Oviedo. Finalmente, los elegidos en la votación popular fueron Asturias Acoge, Más que Chuchos, la asociación Hierbabuena y los Desayunos de “¿Pero quién dice que en Oviedo no hay nada?” los que se repartirán el remanente de 8000 euros del salario de los ediles de Somos. 
 
Mi enhorabuena a todos ellos, aunque uno vaya a detenerse en los Desayunos impulsados por la página web “¿Pero quién dice que en Oviedo no hay nada?”, iniciativa que sigo con mucho interés desde sus inicios a través de una de sus impulsoras Belén Suárez Prieto. Mientras otras asociaciones del Oviedo Antiguo se limitan a criminalizar la música en vivo -han llegado a calificar de “delito” la música en vivo en bares- como único leit motiv de unas diatribas que parecen salidas del más maloliente y rancio reducto de decrepitud, otras como la Asociación Vecinal Oviedo Redondo o esta iniciativa de los Desayunos muestran que la ciudad se va transformando desde la solidaridad y las ideas gracias a colectivos con amplitud de miras y no con obsesivas cantinelas que suenan a un mundo que vive fuera de la realidad de 2016. Lo que ha conseguido Belén y toda la gente que ha ido aglutinando en estos años para colaborar con su causa es digno del mayor de los elogios. Conseguir que los niños vayan con su desayuno completo al colegio allá donde antes iban con el estómago vacío, nos pone sobre la pista de cómo se puede actuar cuando hay una voluntad férrea y un corazón limpio. Si, además, aderezan el momento con una selección musical que se aleja de la vulgaridad imperante, mejor todavía. Instalados ahora en el Ca Beleño, los Desayunos se han convertido en referente de un Oviedo Antiguo que quiere mostrarse más allá de señorones con ansias de protagonismo a través de organizaciones de dudosa representatividad. El movimiento se demuestra caminando, día a día, no buscando los focos de cuando en cuando para satisfacer el propio ego. Si, además, se ofrece de manera desinteresada, a algunos debería caérseles la cara de vergüenza y andar hablando de “delitos”, de criminalizar actividades que nos hacen mejor la vida y olvidarse de los principales problemas del entorno del Oviedo Antiguo, como son la miseria o los botellones que llevan a la posterior violencia nocturna. Aprendan de gentes como Belén Suárez Prieto y los suyos y déjennos vivir la noche -con música en vivo- en paz.

MANOLO D.ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el miércoles 27 de enero de 2016

miércoles, 20 de enero de 2016

Artículos y columnistas


Vetusta Blues. -

Artículos y columnistas”


La vida, a veces, te da sorpresas y a mí me la dio hace unos días con el Premio de la Crítica de la Asociación de Escritores de Asturias de Columnismo Literario. Formar parte de un elenco de premiados donde figuran maestros como Luis Arias Argüelles-Meres o Francisco García-Pérez supone un verdadero orgullo y, más aún, la enorme responsabilidad de estar al nivel de tal honor. Por aquello de ser la primera vez que recibía un premio empleé mi tiempo en los necesarios agradecimientos a todas aquellas personas que han sido cruciales en mi vida, empezando por mi madre y siguiendo por amigos como Javier Lasheras y Rubén D. Rodríguez, además de, por supuesto, quiénes han apostado por mí a lo largo de estos años como el director de EL COMERCIO Íñigo Noriega o el que lo fuera del añorado semanario “Les Noticies” Ramón Lluís Bande.

Más allá de todo esto, al pensar en mi tarea como columnista, surgían algunos temas para la reflexión. Vivimos tiempos de turbulencias, de un inusitado movimiento en la sociedad, donde las diferencias se acentúan de una forma escandalosa, al mismo tiempo que la clase media -construida con tanto cuidado en todo el periplo democrático español- va quedándose disminuida de tal manera que casi parece una élite en sí misma. Una época de movimientos ante la que no debemos permanecer inmóviles y que requieren cierto tipo de compromiso, mucho más allá del puramente político. Un compromiso consigo mismo y con su tiempo. El compromiso de contar con una voz propia a la que acceden muchos lectores de este periódico. Una gran responsabilidad que no debe ser escatimada en vano. El columnista no debe permanecer aislado en su mundo, tratando de quedar bien ante los poderes fácticos. No deberían convertirse los articulistas en unos guays y sus columnas en fuegos fatuos donde sólo cupieran ocurrencias tontas, falsonas pretensiones o burdas y presuntuosas obviedades con las que buscar una autopromoción social o, quién sabe, profesional. Vemos a muchos de estos ocupando espacios, a veces sumidos en un cripticismo que ni ellos mismos podrían explicar, sólo tratando de resaltar firma y foto para propulsarse social o profesionalmente usando una plataforma atractiva como es la de un diario. Lamentablemente, ahí están, camuflados en muchas páginas, buscando como hábiles trepas un espacio con el que emerger más allá de su rotunda mediocridad y de su absoluto interés (y del desinterés de sus artículos y propuestas).

No, el articulista, el buen articulista, se sitúa en la zona incómoda. No es un "quedabien" más que trata de propulsarse socialmente sino de un equilibrista que transita por una fina cuerda de acero, a expensas de vientos a su derecha y su izquierda, tratando de mantenerse firme sobre esa correa de metal por la que se deslizan con dificultad sus pies. Un trayecto complejo pero muy distinto del de quienes pretenden utilizarlo para un proyecto de autopromoción, desviación lamentable que merecería la más cruel de las censuras, tanto de los lectores como de quienes tratamos de ser dignos herederos de maestros como Mariano José de Larra o Francisco Umbral.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el miércoles 20 de enero de 2016

miércoles, 13 de enero de 2016

Cuestión de tiempo


Vetusta Blues. -

Cuestión de tiempo”


El tiempo corre en dos dimensiones completamente distintas en la política municipal ovetense. A favor del tripartito, que camina hacia una consolidación cada vez mayor de sus acuerdos; en contra de la oposición, los destripadores del “destripartito”, los destronados tras veinticuatro años de campar a sus anchas por la ciudad. Podrán hablar de “ideas felices” supuestamente vendidas por la prensa -algo curioso cuando la lista de ocurrencias en estos doscientos ochenta y ocho meses de régimen bien podría llenar un libro- pero lo cierto es que no hay caos y, por mucho que desde algunos medios afines se les trate de animar, el acuerdo continúa. Y cuanto más tiempo transcurra, peor para los destronados, claro.
 
Hemos vivido seis meses de tal acoso, bien apoyado desde diversos frentes, que casi salíamos a escándalo por día. Escándalos imaginarios, estos sí que sólo trataban de socavar los cimientos de una unión a tres bandas siempre dificultosa. Aunque sea la democracia la que exige llegar a acuerdos entre diferentes fuerzas muchas veces, esta máxima les resulta difícil de entender a quienes han pasado el rodillo por la ciudad a lo largo de más de seis mil días sin ningún tipo de control. 
 
Entre los muchos lastres heredados está esa normativa de las terrazas que, ciertamente, resulta de una complejidad que ni los propios responsables de llevarla a cabo la entienden. Si no se entiende, imagínense ponerse a aplicarla. Queda ahora en las manos del nuevo gobierno solucionar un nuevo marrón más que añadir a la larga lista que se han encontrado en estos seis meses. Habría que preguntarse dónde estaba ese caos que anunciaban los destripadores del “destripartito”. Si en su herencia: Asturcón, el spa del Naranco, la normativa de las terrazas, los contratos firmados apresuradamente en el tiempo de “alcaldía en funciones”; o en su compleja resolución contrarreloj y, uno añadiría más, contra la presión de muchos de los voceros especializados en despertarnos cada día con un nuevo escándalo.

El tiempo transcurre y llegan los presupuestos. Los meses pasan y cada vez más se va descubriendo que ni caos ni desgobierno ni escándalos diarios. También aparecen, a veces con lentitud exasperante, algunos de los demonios escondidos bajo la alfombra en estos veinticuatro años. Otros se tapan con gran dificultad. Pero el tiempo, mientras, sigue marcando unas horas que corren contra quienes se creyeron por encima del bien y del mal, haciendo y deshaciendo a su antojo. Y es ahora, cuando el reloj marca, implacable, sus horas.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el miércoles 13 de enero de 2016

viernes, 8 de enero de 2016

Llega la lluvia

 

Vetusta Blues. -

Llega la lluvia”


Llueve en la ciudad y el escenario comienza a teñirse con tonos de gris. También resurgen problemas que permanecían ocultos por el buen tiempo. Los socavones de la calle Hermanos Pidal empiezan a acumular un agua que se expande por doquier. Lo mismo sucede en la Losa, ya sea en sus aceras, repletas de esas baldosas-trampa a las que ya les dedicáramos varios artículos hace meses como en el propio paso de peatones previo a la calle Tito Bustillo, donde el agua sigue acumulándose pertinaz y hay que permanecer atento si uno no quiere ser duchado por algún vehículo al que le dé por pasar a una velocidad mayor de la permitida.

El suelo que pisamos en Oviedo cambia. La atmósfera se limpia con la bendita lluvia, afortunadamente. Los estorninos ya han desaparecido del Campo de San Francisco y hasta se puede escuchar nítida la fuente del estanque de los patos en días desiertos como el de Reyes. Y son las aceras una de nuestras preocupaciones: unas por resbaladizas, otras por mal asentadas, algunas por empaparnos al pisarlas... Uno no sabe qué es lo que sucede con esto de las baldosas. Deberían estar preparadas para una ciudad como Oviedo donde la lluvia es algo tan frecuente. Pero no sucede así. Se despegan, son deslizantes, a veces incluso en unos pocos metros observamos todo un catálogo de colores y superficies distintas. Pensando en planes que requieren ciertas urgencias, bueno sería facilitar el paseo, aunque sea bajo la lluvia, de los ovetenses. Oviedo es una ciudad concebida para perderse en sus calles y alrededores en largas y tranquilas caminatas. Sin embargo, atravesar ciertas zonas supone lanzarse a una especie de gymkana con todo tipo de obstáculos. Y esta vez no me refiero a los fono-zombis que caminan haciendo eses o esa gente que encuentra un extraño placer en chocarse con el resto de viandantes, no. Son esas baldosas-trampa, las obras mal terminadas o responsables de destrozos que luego no se reparan, las que transforman un paisaje urbano que debería mostrarse bien adecentado.

Tanto se habla del turismo y apenas se repara en el aspecto de nuestros suelos y aceras que casi parecen tratarse de inexistentes espacios ficticios. La ciudad precisa atención y ciertos cuidados básicos. Bien harían muchos de los responsables de Oviedo en patearse sus calles y observar algunas de estas carencias, incluso empaparse de agua tras pisar alguna baldosa-trampa y, quizás entonces, ponerse manos a tan necesaria obra.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el 8 de enero de 2016

miércoles, 30 de diciembre de 2015

En manos del caos


Vetusta Blues. -

En manos del caos”

Seis meses han transcurrido desde la histórica derrota de un régimen que se perpetuó en la ciudad durante veinticuatro años a sus anchas gracias a un histórico acuerdo entre tres partidos. Seis meses en los que no se ha instaurado el caos, como bien quisieron pretender los destronados, los destripadores del, como ellos lo denominan, el “destripartito”. Seis meses en los que muchos ovetenses han descubierto una parte de lo que se escondía tras un muro impenetrable de intereses creados en una tela de araña tejida a lo largo de casi cinco lustros. Algunos de los que permanecían callados -quien sabe si por miedo o por otras inconfesables razones- comenzaron a protestar, a descubrir unos problemas hasta entonces inexistentes (más bien ocultos bajo una densa cortina), a encontrar que su ciudad no era ese paraíso que nos vendían, fritos sus habitantes a impuestos, sometidos a grupúsculos alrededor del régimen que se dedicaban a esquilmar recursos y bienes en su propio interés.
Pues bien, la ciudad de Oviedo ha seguido caminando. No vemos caos por las calles. Los edificios no se caen. El mal no se apoderado de nuestros habitantes ni existe la novela de terror que trataron da inculcar a mucha gente. Los retos, eso sí, permanecen ahí. Son muchos, fundamentalmente en materia urbanística, donde urge un plan que transforme la ciudad aprovechando los espacios que han quedado libres a disposición del municipio. O que aún no lo han hecho y deberían ser convertidos pronto en objetivo de cambios. El antiguo hospital, la fábrica de gas, la antigua fábrica de armas... La plaza de toros, ese ansiado recinto para conciertos, ¡ay! Entretanto, han sido meses de conversión y de freno a unas privatizaciones que ahogaban a impuestos a la población y que revertían en unos intereses que ahora parecen comenzar a destaparse. Mucho es lo que se esconde bajo la alfombra y ya hemos asistido a algunos acontecimientos que avergüenzan a la ciudadanía. La impunidad parece haberse terminado. O si no ha sido así, al menos se ha visto frenada.
El balance, pues, de un tripartito bombardeado por muchos de quienes perdieron sus regalías sin descanso es el de toda la tarea que aún queda pendiente. También resulta necesario que se eliminen algunos compañeros de viaje que hicieron fortuna en el anterior régimen, si no en todos sus años si en una buena parte, algo que le ocurre al concejal de cultura Roberto Sánchez Ramos, muy unido a un viejo colaborador de Gabino de Lorenzo en la SOF que aún resiste, manteniendo la conexión bilbaína y olvidándose del buen hacer de la mayoría de los promotores de conciertos asturianos. Son pequeños flecos que, de no resolverse, pueden suponer un lastre para que el cambio que los ciudadanos ovetenses pidieron en las urnas en el pasado mes de junio, se haga realidad. Sin cargas, sin algunos “usos” y abusos que, esperemos, queden definitivamente desterrados en estos próximos tres años y medio en Oviedo.
MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el miércoles 30 de diciembre de 2015

miércoles, 23 de diciembre de 2015

En la cola del súper

 

Vetusta Blues. –

En la cola del súper”


Las dos grandes filas en las cajas invitaban a la tranquilidad, a abstraerse del mundo por unos segundos. Saqué el móvil y tecleé en la entrada del facebook para comprobar qué ocurría en nuestros pequeños mundos. La conexión no iba bien. Levanté la vista y me llamó la atención la octogenaria llenando con dificultad un carro con botes de legumbres. Tras ella, otra mujer, cincuentenaria ella, empujaba su ligera compra –una barra de pan y una bolsa con algo que parecía fruta- hacia la de su anciana predecesora. Mucha prisa por llegar a ninguna parte. ¿Por qué todo el mundo se empeña en aproximar su compra que hasta llegan a confundir a las cajeras y cajeros de los supermercados innecesariamente?

-¿Me pueden enviar el pedido a esta dirección? –el hilo de la quebradiza voz de la octogenaria manifiesta un cansancio propio de su edad, tras haber llenado el carrito con una mayoría de botes de cristal con garbanzos, lentejas y alubias.
-Le faltan tres euros para llegar a los cuarenta –replica la cajera. 

La mujer le solicita acercarse por algo que llegue a esa compra. La empleada del supermercado acepta. Y la tormenta se desata: la mujer que acumulaba su barra de pan y la bolsa con algo que parecía fruta se enfurece.

-¿Por qué tenemos que estar aquí esperando? ¡Tengo prisa! ¡No hay derecho a esto!

La fila ya se nutre con siete personas, pero sólo ella protesta. A mi lado, una chica de ojos claros trata de mirar en dirección contraria a la de la cincuentañera. Detrás de mí, calma total: un minuto de espera no va a alterar su vida. Pero para esa señora, sí. Vuelve a arremeter contra la anciana que ha ido a completar la compra. Quizás con la esperanza de montar un buen motín. Pero la “rebelión a bordo” se desata contra ella. Yo mismo la encabezo.

-¿Qué son unos pocos minutos en su larga vida? –replico, con la esperanza de que el torrente de estupideces amaine.
-¿Y usted que sabe de mi vida? ¡Cállese ya! 

La anciana aparece en medio de un mar de improperios. La cajera cuenta al mundo que esta compra de esa señora es para dar de comer a gente necesitada. La cincuentañera prosigue con su letanía cruel y aplastante. Concluye: “Tengo un trabajo y mi jefe se va a enfadar”.

-Afortunadamente, el mío es bastante flexible –añado con ironía.
La mujer, de amplias bolsas bajo unos ojos de hielo que tratan de clavarse en mí, responde.
-Pues a mí me exige unos horarios.
Me pone en bandeja una réplica implacable.
-"Si tan malo es su jefe, ¿qué pinta usted haciendo la compra en su horario de trabajo?"

Vuelve a clavarme los ojos gélidos, insensibles a cualquier forma de piedad, sobre los míos. Ya se ha olvidado de su anterior objetivo -la octogenaria caritativa- y ahora soy yo, el insolente deslenguado dispuesto a desafiar su mal rollo quien merecería morir. Pero ya no dice nada. Poco más le queda por añadir. Trata con su silencio de imponer un miedo que no tengo.

-Si tuviera una ametralladora, me masacraría aquí mismo –le digo a la chica de ojos claros que va delante de mí en la cola. Aunque la afirmación la escucha todo el local. La cajera tiene problemas para contener la risa. La cincuentañera sale a toda prisa del supermercado, quién sabe si dispuesta a echarle la bronca a su jefe por haber tenido que esperar a una pobre octogenaria que sólo quería hacer una buena obra a personas necesitadas. Cuando salgo del establecimiento, tras comprobar el regocijo de quienes han asistido a la vergonzosa escena de absurda intolerancia, quien no puede aguantar la sonrisa soy yo. Y canto a Pablo Und Destruktion: “A veces la vida es hermosa”.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el miércoles 23 de diciembre de 2015

miércoles, 16 de diciembre de 2015

La canción de la suciedad

 

Vetusta Blues. –

La canción de la suciedad”


Ya queda menos para el domingo de elecciones generales. Ya queda menos para que todos se olviden de las urnas en la vida municipal ovetense, tan necesitada de sentido común ante los enormes retos que se presentan a la ciudad en este su futuro inmediato. Quizás en ese momento, el lunes 21 de diciembre, se acaben algunas guerras absurdas que llevan entreteniéndonos en las últimas semanas con la misma intención de una mosca que nos distrajera en la cita de nuestra vida, pendiente de un zumbido absurdo, de un revolotear desordenado que llevase la vista lejos de lo verdaderamente importante. 

Como ya no faltaba ningún tema por tratar, llegó el de la limpieza de Oviedo, la justa coleccionista de escobas de toda clase y condición que, al final, hasta consiguieron barrer veinticuatro años de órdenes sin discusión, de maquillajes económicos destapados desde hace unos meses como una piel de cebolla sin fin que va mostrando las capas de muchas grandes mentiras aceptadas como verdad universal en todo este tiempo en Oviedo. Quedaba tocar la limpieza, el emblema, uno de los pocos emblemas sólidos y reales de la ciudad. 

En medio de unas negociaciones que se prevén duras, dado que en todo este tipo de historias a quienes les toca perder es a los trabajadores (y no me tachen de demagogo; vean, comprueben, los magníficos y millonarios predios que se acostumbran a autoadjudicar muchos directivos por sus nefastas gestiones), no podían faltar las interferencias de los destronados y sus satélites para ensuciar a conciencia un tema capital para la ciudad. Inmediatamente me llegó a la mente aquella magnífica adaptación que Los Nikis hicieron de los legendarios Magazine –bien alejada de lo que eran su estilo e influencias- “La canción de la suciedad”. En ese afán de emponzoñarlo todo con la vana esperanza de provocar grietas en el tripartito, los destripadores del –como ellos lo denominan- “el destripartito”, no dudan en causar el mayor mal a la ciudad. Desprovistos de dos décadas y media de privilegios servidos con un descomunal, imparable abuso, ven ahora como ya no es tiempo de favores sino de manchar como sea lo que sea. Una suerte de tierra quemada de la peor especie. En este contexto, Oviedo les importa un pimiento. O esa es la impresión que dan. Hay que recuperar, como sea, todo lo perdido sin que nada se les ponga por delante. Arrancando el bulldozer para arrasar a sus enemigos, a la propia ciudad y sus habitantes si es preciso. Arrasar, incluso, con aquello que hicieron bien, como fue el conseguir un magnífico servicio de limpiezas. Que nada quede para que ellos regresen como los salvadores en un Domingo de Ramos.

Que los días, los meses, de aquel supuesto caos con el que intentaron convencer a los más incautos, van pasando y los ciudadanos de Oviedo comprueban que no. Que no hay caos y que se están destapando los dislates y abusos de un régimen que ha supuesto un lastre enorme para que la ciudad progresase y se situara acorde con los tiempos. Y eso no puede ocurrir, no vaya a ser que…

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el miércoles 16 de diciembre de2015

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Oviedo-Pekín


Vetusta Blues. -

Oviedo-Pekín”


Por si ya no estuviera suficientemente animado el tema político municipal en la ciudad, este largo fin de semana de puente vino un hecho más a añadirse a la lista de asuntos a tratar: la contaminación. Todo a cuenta de unos niveles de polución que sobrepasaban con creces los admisibles. Casi, casi, como si nos encontráramos en Pekín. Mi recuerdo de varios días en la capital china, en noviembre de 1999, fue el de una urbe descomunal envuelta en una niebla que no se sabía muy bien si procedía de la contaminación o de la propia época del año. Quizás de ambas cosas. Era China un lugar excitante en un momento de cambio económico que aún no se reflejaba mucho en unas costumbres que, transcurridos tres lustros, han uniformado a esa sociedad como cualquier otra occidental más. Entonces sí se apreciaban diferencias, aún les quedaban por llegar los nuevos ricos, los parásitos de las especulaciones salvajes y las grandes desigualdades. Precisamente, al mismo tiempo que Oviedo, Pekín daba la alerta roja por contaminación. ¡Cómo estarán allí los niveles vista la resistencia china a asumir cualquier medida ecológica!

Cuarenta y tres horas han permanecido cerrados los accesos a Oviedo por la autopista “Y”, en una medida tomada a instancias del gobierno del Principado de Asturias debida, supuestamente, al tráfico. Y aquí empiezan los dislates: si fuera a causa del tráfico de automóviles, las sustancias contaminantes serían dióxido de nitrógeno cuando lo que se ha hallado ha sido azufre, con casi total probabilidad proveniente de una planta química, de una cementera o de una planta de coque. ¿Qué sentido tiene, entonces, cortar el tráfico? ¿Y por qué ahora cuando ya se había alertado de un “inusual” y “llamativo” nivel de los registros contaminantes hace un mes en el Naranco y en la Corredoria a través de la Coordinadora Ecologista de Asturias? 
 
Bien parece que, en este caso, no se trata de alarmas infundadas y que la realidad es un Oviedo contaminado. No sé si en el camino de Pekín, claro, en el que hay que andar con mascarilla por las calles. Lo que parece también claro es que esa polución no procede del tráfico automovilístico sino de otras actividades industriales que, casualmente, tienen lugar en el entorno de la ciudad: planta química, una cementera o una planta de coque. No hace falta señalar mucho ni rascarse la cabeza para saber de su procedencia con nombres y apellidos.

Aunque la protección del medio ambiente suela tomarse a broma, aunque contemplemos cómo se acaba con las energías renovables de un modo absurdo dado que España es rica en ellas, aunque todo esto parezca una conspiración propia de un capítulo de “Expediente X”, bien harían los responsables de la ciudad en ponerse manos a la obra para que Oviedo no se equipare a Pekín en sus niveles de polución. En poseer una calle de cuarenta y cinco kilómetros como la de la capital china no se parece, por fortuna, y tampoco quisiéramos que lo hiciera por una atmósfera imposible para que el ser humano sobreviva.

MANOLO D. ABAD
Publicado en el diario "El Comercio" el miércoles 9 de diciembre de 2015