Sucedió el viernes pasado, a la salida del cole. Hay un niño que le
tiene tanto cariño al mío que siempre espera a que yo llegue para marcharnos
juntos su papá, el niño, Parrulín y yo. Es majo este papá. Habla poco. Quizá por eso. El niño también es majo,
siempre le recuerdo el primer día de cole, pobre, lloraba como un verraco, pobre. No
había ido a la guardería y se le hacía un mundo el cole. Me consta que había
más que no habían ido a la guardería, algunos lloraban un pelín y se les pasaba
enseguida y otros ni eso. Pero este en concreto daba una angustia verle al
pobre… El mío, feliz como una perdiz, y echándonos de su clase, que era sólo suya
y no de papás!
Bueno, que me voy por las ramas. Y no soy un mono! Salimos siempre juntos, pero él ese día se para
en una tienda de chuches y nosotros no, así que al llegar a la esquina, vamos
Parrulín y yo solos y este saluda a un niño de su clase. El niño, de los pocos
que no conozco personalmente, aunque sí de nombre, y echa a correr calle arriba.
Dónde está su madre? Será que no la veo? No la conozco, pero no parece que este
niño vaya con nadie. Volverá solito a casa? No puede ser con tres años, no? Aunque
no tenga que cruzar la calle me parece muy pequeño para irse solo. Le llamo, no
contesta y corre más. No sé qué hacer, no sé si estoy exagerando, si estará con
su madre y yo no la he visto, si le ha dejado detrás y corre para alcanzarla, o
qué. Me quedo en la esquina cual pasmarote sin saber muy bien qué hacer. La indecisión es lo tuyo, nena!
Aparece el padre del niño que nos espera siempre. Se lo
cuento y también le parece raro. Me dice que vuelva yo al cole a hablar con la
chica de la puerta y él sube la calle a ver si lo encuentra y está solo. Buen
plan. La cuesta arriba para él. Vuelvo
al cole. Hablo con la chica de la puerta, me dice que si es de la clase del mío
hay que recogerlos en el aula y como ha sido recogido por alguien no es
responsabilidad suya. Yo flipando, no
busco responsabilidades, sino soluciones. Sabes quién es su mamá? No. Vale,
yo tampoco, son muchos niños, pero hija, algo más de ayuda sí que esperaba. En
esto que veo al bedel y otro señor salir corriendo por la puerta. Digo ya está,
a por él van.
Efectivamente, los sigo, y ya baja la calle el padre del
niño que nos espera siempre con su hijo de una mano y el otro de la otra.
Estaba llorando el pobre niño. Unos señores habían retenido al niño y llamado
al cole diciendo que había un niño solo y llorando, por eso corría el bedel, y
casi al mismo tiempo habían encontrado al padre del niño que nos espera siempre
y al ver el uniforme igual se lo habían dado para que lo acercara al cole.
Al rato, que no fue mucho, pero si sumas desde que lo
encontré, corrió, hablé con el otro padre, volví al cole, corrió el bedel, volví
a la esquina, bajó el padre del niño que nos espera… a mí se me hizo eterno,
aparece la madre. Tranquilidad absoluta,
oye, qué templanza la suya. Había perdido al niño en el patio y lo estaba
buscando en el patio, pero el niño había salido por la puerta y había hecho
todo ese camino solito. Soy yo y estoy temblando de miedo. Le abraza diciéndole
que eso no se puede hacer. Tranquilidad
absoluta, oye, qué templanza la suya. Y se van de la mano sin que el niño
haya dejado aún de llorar. Pobre vaya susto debía de tener el niño! Por cierto, que ni las gracias, oye, además
de templada, maleducada la señora.
Mi hijo y el niño que nos espera siempre estaban asombrados.
Incluso mudos! Creo que han aprendido
una importante lección y gracias a Dios no ha tenido que ser en sus propias
carnes. Ni en las mías! Yo solía
cantarle cuando era pequeño y quería ir solito una canción inventada por mí “De
la mano de mamá, de la mano de papá, nada te puede pasar!” El también la canta
a veces. No cruza una calle sin la mano, pero por la acera en ocasiones tengo
que repetirle que espere a mamá. Con esto parece que le ha quedado claro.
Y al hilo de esta experiencia, es un sueño angustioso que se
me repite cada cierto tiempo, sueño que pierdo al niño. Empecé a tener estos
sueños cuando nació, soñaba que me olvidaba el carrito en algún sitio, y corría
y corría buscándolo, pero el escenario había cambiado y no lo encontraba, o
había mucha gente y no lo encontraba… Incluso una vez soñé que estábamos en
Valencia, que habíamos ido a ver al Papa. Si
yo fuera alguna vez a Valencia no sería precisamente a eso, la verdad. Ayer
volví a soñar algo parecido, aunque ya no es en carrito, claro. Soy consciente
de que es el reflejo del miedo a que le pase algo, que debe de venir con el gen
de madre. Me pregunto si algún día dejaré de soñar algo así. Supongo que sí,
que evolucionarán a otros miedos diferentes, pero que nunca se deja de tener
miedo por un hijo.
Doy por hecho que aún me queda por soñar perder a la Parrulinchi.
Incluso soñar con perderlos a los dos a la vez! Y sólo de pensarlo ya me estoy
angustiando!
Mamá de Parrulín y Parrulinchi.
Otro día más. Me gusta este Jueves-Lunes!
Sean buen@s y felices.