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martes, 4 de enero de 2011

Sueños en la oscuridad (15)

Hola soñador@s

Después de unas semanas sin publicar capitulo de Sueños en la oscuridad, por fin os lo traigo :D Espero que os guste y que disfrutéis con él.

Y como siempre recordaros que el Concurso Navidad Soñadora sigue activo hasta el 23 de enero. AQUÍ

Apenas acababa de quitarme el abrigo cuando llamaron a la puerta. Al abrir me encontré con los ojos verdes de Chris mirándome desde el otro lado.

-Chris, ¿qué haces aquí? –Su mirada parecía traspasarme y solo pude rehuirla evitando que pudiese leer en mis ojos la vergüenza que sentía ahora que estábamos solos al recordar lo que había ocurrido entre los dos después de hablar con Dan.

-Te busqué al terminar las clases para avisarte de que esta tarde tenemos reunión con el grupo de arte. No te vi por ningún lado y supuse que te habrías marchado con mi hermano.

-Dan acaba de irse, no se encontraba bien –el silencio lo cubrió todo a nuestro alrededor y cuando fui a decirle a Chris que lo sentía alzo su mano haciéndome callar.

-No, no tienes por qué disculparte. Lo entiendo –acto seguido se dio la vuelta y se fue dejándome allí parada como una tonta.

Cerré la puerta sintiéndome culpable. No pretendía hacer daño a Chris. Estaba confusa, sentía que lo que me ocurría con los dos hermanos no era nuevo ¿pero cómo podía ser? Sentía un torbellino de emociones fluir dentro de mí. No sentía hambre y no sabía qué hacer hasta que tuviera que ir a la reunión. Me acordé de que le había prometido a Katelin que la llamaría para contarle que tal había ido mi cita con Dan. No me apetecía hablar con ella ahora pero decidí subir a mi habitación y mandarle un e-mail contándole todo lo que había ocurrido y como me sentía. Cuando terminé, me tumbé en la cama y poco a poco el sueño me abrazó.

Abrí los ojos asustada. Estaba tirada en el suelo y no sabía dónde me encontraba ni quién era. Un grupo de hombres se encontraban a mí alrededor mirándome maravillados. ¿Por qué me miraban de esa forma?

-Alexandra no temas. No te haremos ningún daño –el que parecía más mayor se fue acercando muy despacio para no asustarme mientras me hablaba.

-¿Puedes caminar? –preguntó el más joven.

-Tal vez no sabe hablar nuestra lengua –comentó uno de ellos mirándome con curiosidad.

-O ninguna –escuché que otro decía.

El que había hablado primero se agachó ofreciéndome su mano. Le miré calculando si debía confiar en él. No parecía ser peligroso y tomando su mano me levanté.

Todos soltaron un sonoro Ohhh y eso me hizo sentir como si fuera el espectáculo del día.

-¿Qué hago aquí? ¿Quiénes son ustedes? –todos se quedaron paralizados. Al parecer no se esperaban que me fuera a dirigir a ellos.

El más mayor que parecía ser el que mandaba hizo un gesto y todos se callaron. Se giró y abrió la boca para hablar, pero dos muchachos que apenas aparentaban ser un año mayores que yo entraron corriendo mientras gritaban:

-¡Déjenla!

-¡Suéltela!

Inmediatamente el hombre me soltó como si mi piel le quemara y se apartó de mí.

-¿Cómo se atreven? –preguntó uno de ellos. Mientras el otro se colocaba a mi lado y me miraba intensamente con unos hermosos ojos verdes dándome a entender que no me ocurriría nada, -Sabíais que nosotros la protegemos, teníamos que estar aquí cuando despertara para guiarla –el tono de su voz iba en aumento conforme su cabreo lo hacía.

-Daniel os lo hemos explicado todo a los dos, sabéis porque vivís y porque ella está aquí –sus ojos reflejaban la tensión que sentía. Al parecer no esperaba que los dos muchachos aparecieran.

-No os la llevareis a ningún lugar mientras nosotros no estemos presentes y tampoco os dirigiréis a ella o intentareis probarla mientras no estemos para protegerla –me giré cuando el muchacho que se encontraba a mi lado había comenzado a hablar. Su voz sonaba joven pero destilaba determinación.

-Muy bien. Hablaremos cuando esté preparada. Parece desorientada, es vuestro deber cuidar de ella ahora –el más mayor se dio la vuelta saliendo de la estancia seguido por los demás hombres. El más joven me dirigió una última mirada antes de salir y después desapareció entre las sombras.

Los dos muchachos esperaron varios minutos más por si alguno de ellos decidía volver sin que los otros se enteraran y entonces se giraron poniendo toda su atención sobre mí.

-¿Se encuentra bien mi señora? –Unos potentes ojos verdes me miraron con infinita ternura.

-Sí. Gracias. ¿Puedo saber sus nombres? –pregunté escuchando mi voz por segunda vez desde que había despertado. No era capaz de reconocerla, no parecía mía.

-Mi nombre es Daniel y este es mi hermano Christopher. Somos sus protectores –contestó el de los ojos azules, Daniel.

-¿Protectores? ¿Acaso mi vida corre algún peligro?

-Lo hace, mi señora –Christopher hablaba como si no existiera otra persona en el mundo salvo yo.

-Debe de tener muchas preguntas y encontrarse confusa. La acompañaremos a su habitación para que este más cómoda y descanse. Después contestaremos sus preguntas.

Asentí dejándome guiar. Por alguna razón me sentía segura con ellos. Me sentía en casa. Me condujeron por un gran pasillo, giramos a la derecha en la primera esquina que encontramos y seguimos caminando por un gran corredor. Andamos durante 1o que me parecieron quince minutos hasta que llegamos frente a unas escaleras con forma de espiral. Subimos a paso normal mientras mi mente intentaba recordar como habíamos llegado hasta allí sin conseguirlo. Si intentaba escapar seguramente me perdería. Aquello era como un laberinto y sin duda me habían acomodado en una de las habitaciones más alejadas de la salida por si intentaba marcharme. Al terminar las escaleras, comenzaba un inmenso pasillo en el que había tres puertas.

Me guiaron hasta la más alejada. Daniel abrió la puerta y esperó a que yo pasara. Miré a Christopher el cual asintió levemente con la cabeza infundiéndome fueras. Entré muy despacio esperando ser encerrada por los dos muchachos. Escuché como la puerta se cerraba detrás de mí y me giré rápidamente comprobando que los dos seguían allí.

-Si desea descansar ahora podemos volver más tarde. Nuestras habitaciones se encuentran detrás de las otras dos puertas que ha visto en el pasillo.

-No me dejéis sola, por favor. Necesito respuestas ahora. No recuerdo como he llegado a esa sala, ni por qué esos hombres me querían. No recuerdo mi nombre ni la última vez que hablé con alguien –la desesperación comenzaba a llenar cada parte de mi mente arrastrándome a la oscuridad.

-No se preocupe mi señora. Nosotros le daremos respuestas, ahora necesita descansar y calmarse.

-No dejaremos que nada le ocurra –apoyó Daniel.

-Ni siquiera sé porque confío en vosotros –dije mientras mi voz se apagaba.

-Eso es porque estamos aquí por usted –escuché la voz de Christopher susurrar misteriosamente mientras cerraban la puerta después de salir dejándome así con más preguntas de las que tenia al despertar. Me senté sobre la cama que habían preparado para mí y enseguida me quedé dormida.

Desperté al escuchar golpes sobre la puerta. Me acerqué cautelosa y abrí lentamente. Daniel y Christopher esperaban al otro lado, habían vuelto como habían prometido y sin saber por qué mi corazón saltó de alegría.

-Entrad, por favor.

-¿Cómo se encuentra después de haber descansado? ¿Tiene hambre? –Christopher parecía estar atento a todas mis necesidades y eso me hizo sentir agradecida.

-Me encuentro mejor, gracias. La comida puede esperar, ahora me gustaría que me diéseis respuestas.

-¿Qué hago aquí? ¿Por qué no recuerdo haber llegado hasta este lugar? ¿Quiénes eran esos hombres? ¿Quiénes sois vosotros?

-Ya sabes quienes somos. Estamos aquí para protegeros.

-No he preguntado eso. Pero está bien, si estáis aquí por mí, quiero que me respondáis.

En el momento en el que Daniel comenzaba a hablar, el sonido de algo retumbando y un pitido me sacaron del sueño en el peor momento.

Me giré cabreada, cogí el móvil y miré quien me molestaba descubriendo así que era el despertador. No recordaba haberlo programado. Tal vez lo había hecho para no llegar tarde. Aun así, me enfadé conmigo por haberlo hecho. El recuerdo del sueño seguía presente en mi mente como si hubiera sido grabado a fuego.

Me desperecé lentamente y salí de la cama a regañadientes. Tomé una ducha rápida y salí de casa con apenas 20 minutos para llegar a la reunión. Si no me daba prisa llegaría tarde.

Vislumbre delante de mí el edificio donde ya se encontrarían todos cuando quedaban apenas 3 minutos para la hora. Entré sin apenas fijarme en lo que había a mi alrededor y llamé a la puerta antes de entrar. Sam me abrió con una gran sonrisa en su cara.

-¡Alex! Ya pensamos que no vendrías. Entra, estamos a punto de comenzar.

Entré detrás de Sam mientras buscaba con la mirada a los dos hermanos.

-No han venido –dijo Sam mientras me miraba fijamente. Había algo en sus ojos que me hacia desconfiar de ella.

Estuve ausente durante toda la reunión, apenas escuchaba lo que los demás decían. Me parecía muy extraño que Chris me hubiera avisado y después ni él ni Dan hubieran venido. En cuanto finalizó, me despedí de todos y me fui lo más rápido que pude. Me sentía intranquila y quise cerciorarme de que no les había ocurrido nada yendo a su casa.

Estuve parada mirando la casa de Dan y Chris durante más de diez minutos. La verdad es que nunca había venido a buscarlos aquí y me sentía avergonzada. No sabía si llamar y esperar que fuera alguno de los dos quien abriera la puerta y no su padre o volver a casa y llamarlos por teléfono.

Después de varios minutos más, me decidí, llamé a la puerta y esperé.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Sueños en la oscuridad (14)

En post anteriores Nuevo capitulo de Promesas bajo las estrellas, ¿os lo vais a perder? 

Esperamos vuestros comentarios dándonos vuestra opinión. Sin ellos no seguiríamos escribiendo. Esperamos que os guste.
Dan

Cuando aparqué el coche en frente de casa no fui capaz de hacer nada más. La temperatura de mi cuerpo se estaba descontrolando, gotas de sudor caían lentamente por mi cara. Bajé del coche y fui directamente hasta la piscina donde me tiré sin ni siquiera quitarme la ropa. El agua estaba helada pero en pocos segundos comenzó a calentarse por culpa de mi poder. A veces había sentido que era una maldición, tenía miedo de hacer daño a alguien si perdía el control y aunque intentara disimularlo, la mayoría del tiempo lo pasaba en tensión, concentrado.

-¡Hey! ¿Qué te ocurre? –la voz preocupada de Chris me sacó de mi ensoñación.

-¿Por qué piensas que me ocurre algo?

-Primero porque estás metido en la piscina con ropa y estamos en octubre, y segundo porque he pasado por casa de Alex para avisarla de que esta tarde es la reunión del grupo de arte y me ha dicho que parecías encontrarte mal, –dijo sonriendo con malicia, -¿no eres capaz de controlar una simple chispita?

-Dímelo tú –dije sonriendo mientras su camisa comenzaba a arder y Chris la apagaba rápidamente con su poder.

-¡Eso es jugar sucio! –intentó hacerse el ofendido mientras la sonrisa que asomaba en su cara le delataba.

-Tú te lo has buscado. –todavía sonriendo salí de la piscina ignorando la mano que Chris me tendía –Será mejor que no me toques no estoy seguro de poder controlarme en este momento. Debo de estar poniéndome enfermo.

-Estás mojado y sabes que puedo apagarlo. Nuestros poderes están hechos para contrarrestarse y que nunca nos matemos el uno al otro dejándola desprotegida.

-En ese caso, ¿por qué no vamos a practicar un rato? Así sabré que le pasa a mí poder.

-Tú lo has dicho hermanito. Voy a coger el coche, ¿necesitas que te seque? –antes de que le contestara Chris ya había mandado aire caliente alrededor de mi para secarme, y en menos de un minuto mi ropa estaba como nueva.

-¿Dime por qué nuestro padre se empeñó en comprar una secadora? -pregunté sonriendo.

-Muy gracioso –dijo mientras íbamos hacia el coche.

Después de 20 minutos conduciendo, llegamos al descampado que nuestro padre había preparado para nosotros cuando éramos pequeños para que practicáramos con nuestros poderes y así no hacer daño a nadie.

Nos alejamos lo más que pudimos del coche y cuando vi que estábamos lo suficientemente alejados, dejé que Chris caminara unos metros más y entonces se formó un círculo de fuego alrededor de él dejándole sin salida.

-¿Piensas que con eso vas a pararme? –se giró lentamente y mientras sonreía el fuego se fue tan rápido como había venido.

Sin una palabra más, Chris comenzó a jugar fuerte. Un remolino de arena se formó alrededor de nosotros hasta que solo se quedó alrededor de mí y cuando cesó y pude ver lo que había hecho, sonreí mientras decía:

-¿Un cortafuegos? Interesante, pero eso no me parara…

El humo comenzó a expandirse por todo el descampado alrededor de nosotros mientras Chris miraba atónito lo que estaba haciendo. Había venido a practicar todos los días desde el último mes y desde que me había enterado de que Alex era mi señora, había pasado más horas aquí consiguiendo que mi poder ganara fuerza y precisión. Cuando toda la zona estuvo llena de humo, hice que las llamas aparecieran sin darles demasiada fuerza. Chris intentó apagarlas haciendo que el aire se cerniera alrededor de todas las llamas. Ese era el momento que yo estaba esperando, avivé las llamas hasta que estas alcanzaron una altura considerable. Si mi hermano intentaba apagarlas ahora, lo único que conseguiría sería quedarse sin oxigeno. Sonreí mientras me relajaba esperando su siguiente movimiento cuando mi móvil comenzó a sonar y a vibrar dentro de mi pantalón.

-¿Sí? –dije extrañado al ver que se trataba de Sam.

-Hola Dan, ¿qué tal estás? –su voz sonaba indecisa como si no estuviera segura de querer llamarme.

-Hola Sam, bien ¿y tú? ¿Qué ocurre? –al otro lado de las llamas Chris me miraba interrogante.

-Oye mira no quiero meterme donde no me llaman pero ayer al volver a casa como llovía mucho decidí atajar por el parque que hay enfrente de la heladería de Tom, y bueno se que tú y Alex tenéis algo y bueno… no podía callármelo.

-Suéltalo ya Sam, ¿qué pasa? –comenzaba a sentirme impaciente y temeroso de escuchar lo que Sam tenía que contarme.

-Bueno vi a Chris y a Alex tirados en el césped besándose.

En ese momento deje de escuchar lo que Sam seguía diciéndome, guardé el teléfono mientras las llamas comenzaban a aumentar de tamaño cada vez más.
-¡Dan, ¿Qué pasa?! –escuché gritar a Chris desde el fondo.

Le ignoré completamente mientras los celos, la ira y la traición se apoderaban de mí olvidando que era mi hermano al que estaba encerrando en una nube de humo y llamas.

Chris debió ver en mi cara lo que ocurría porque una nube de culpabilidad apareció sobre él.

-¡Dan, para ¿acaso quieres matarme?! –gritó desde lo lejos.

Al ver que yo no reaccionaba, decidió arriesgarse y emplear su poder al máximo para deshacerse de las llamas. Vi su cara de esfuerzo para que el remolino que creó no le quitara el poco oxigeno que empezaba a quedar alrededor de él y entonces las llamas desaparecieron.


-Si esto es lo que quieres… -Un remolino de arena y aire comenzó a girar alrededor de mí intentando inhabilitar mi poder.

-Eso no es suficiente para detener el fuego, “hermanito” –mi voz sonaba lejana, como si no me perteneciera. Mi mente se había descontrolado dejando así hacerlo también a mi poder.

Las llamas comenzaron a aparecer por todos lados obligando a Chris a parar el remolino que giraba alrededor de mí y a ponerlo alrededor de él para protegerse y evitar que el fuego avanzara más.

-¡Dan, para! –gritó Chris intentado avanzar en mi dirección pero sin conseguirlo.

Albert

Iba conduciendo de camino a casa cuando lo vi. El humo casi había llegado al pueblo y cada vez se hacía más espeso. ¡Estúpidos! ¿qué pretendían? Si querían alertar a todos los pueblos de alrededor, lo habían conseguido. Di media vuelta y conducí hacia las afueras, tenía que llegar al descampado antes de que la gente empezara a alertarse y llamaran a la policía. No entendía que demonios estaban haciendo para provocar que el humo se viera a tanta distancia. Nunca habían usado sus poderes de tal manera que esto pudiera ocurrir. Solo se me ocurría una cosa, estaban peleando.

Una vez fuera del pueblo, pisé el acelerador al máximo y en menos de 10 minutos ya estaba en el camino que llevaba al descampado. Tuve que reducir la velocidad pues el humo apenas me dejaba ver lo que había delante de mí. Tuve que parar el coche y seguir andando. El humo era cada vez más espeso según me iba acercando. Nunca había usado mi poder contra ellos ya que no quería que desconfiaran de mí, pero esta vez no me quedaría otro remedio. Llegué hasta donde el coche de Dan estaba aparcado, ya no pude seguir avanzando, el humo y el calor que desprendía el fuego me lo impedían. A lo lejos vi a Chris protegiéndose con un gran remolino haciendo de cortafuegos mientras las llamas lanzaban latigazos de fuego contra él. Pude ver como gritaba intentando razonar con Dan y como este parecía haber perdido el control. La rabia se reflejaba en su rostro y lo que había debía haber comenzado como un juego ahora parecía algo personal.

Esto solo podía significar una cosa, la habían encontrado. Antes de que Dan echara a perder todo lo que había logrado conseguir durante tantos años, lancé un rayo de luz eléctrico que recorrió toda la distancia que había entre Dan y Chris iluminándolo todo y sacando a Dan de su inconsciencia. Pareció ver a Chris por primera vez, su cara reflejaba confusión, como si no supiera donde se encontraba. Hubo un fogonazo en el que las llamas aumentaron y de repente desaparecieron. Dan pareció no resistir más y se desmayó.

Chris y yo salimos corriendo hasta donde Dan se había derrumbado y Chris se agachó junto a su hermano.

-¿Qué ha pasado? –pregunté con ira y preocupación. Si algo le pasaba a Dan todo lo que había preparado durante tantos años no habría servido para nada.

-Será mejor que lo hablemos luego. Ahora tenemos que llevarle a casa y meterle en la bañera con agua fría. Está ardiendo –Nunca había visto a Chris tan preocupado por nadie excepto por su señora. Dan había sido siempre su rival por el amor de la portadora, pero aun así era su hermano. Había intentando cortar su unión de todas las maneras posibles sin conseguirlo. Al parecer la portadora lo había conseguido nada más aparecer sin mucho esfuerzo. Qué ironía, la persona que tendría que unirlos solo estaba consiguiendo separarlos.

Cogimos a Daniel y lo tumbamos en el asiento trasero del coche. Durante todo el tiempo que duró el trayecto de vuelta a casa, Chris no paró de usar su poder para que Dan sintiera el frío del invierno y su temperatura no subiera más. En cuanto llegamos a casa, metí el coche en el garaje para que ningún vecino viera como sacábamos a Dan del coche y le llevamos enseguida al baño. Entre los dos le quitamos la ropa y le metimos en la bañera que Chris había llenado de agua fría para su hermano.

Salí del baño dejando a Chris al cuidado de Daniel mientras yo iba a la cocina a por algo de hielo por si la temperatura no le bajaba.

Chris

Me sentía impotente ante el poder de Dan, nunca me había sentido de esta manera. Nuestros poderes estaban hechos para contrarrestarse, entonces ¿cómo podía ser que no pudiera parar a Dan? Parecía estar en shock, la ira se reflejaba en su rostro y no parecía escucharme. Su poder estaba totalmente descontrolado. Me sentía culpable y solo podía protegerme. En el estado en el que Dan se encontraba provocarle podría formar una catástrofe. Para librarme del fuego tendría que usar todo mi poder y eso podría provocar que el fuego se extendiera y provocáramos un incendio masivo. No sabía si podría aguantar mucho más, las fuerzas comenzaban a fallarme y mi poder comenzaba a fluctuar. Me forcé en intentar avanzar poco a poco para pararle pero sin obtener ningún resultado. Entonces una luz iluminó todo a nuestro alrededor y vi a nuestro padre aparecer al lado del coche. El fuego ardió con más fuerza y se apagó tan rápido como había comenzado. Empecé a respirar con tranquilidad cuando vi como Dan se desmallaba. Salí corriendo y prácticamente me tiré al suelo antes de llegar a su lado. Estaba muy pálido y al tocarle casi me quemé.

-¿Qué ha pasado? – escuché la voz de Albert en la lejanía. Mi mente solo tenía espacio para mi hermano.

-Será mejor que lo hablemos luego. Ahora tenemos que llevarle a casa y meterle en la bañera con agua fría. Está ardiendo –dije forzándome a contestar.

Lo metimos en el coche y mientras mi padre conducía lo más rápido que podía yo me centraba en intentar bajar la temperatura de mi hermano. Si seguía subiendo no sabía que podía ocurrir y eso me aterrorizaba. Habíamos estado juntos durante tantos milenios que no podía imaginar mi vida sin él en ella para proteger conmigo a la soñadora, nuestras señora.

Una vez llegamos a casa, le llevamos directamente al baño donde abrí el grifo de la bañera dejando que se llenara de agua fría. Le quitamos la ropa y lo metimos en la bañera. El agua se calentó apenas unos minutos después de que su piel hiciera contacto con ella. Noté como Albert abandonaba el baño dejándome a solas con Dan. Quité el tapón dejando que el agua se fuera y lo volví a poner dejando que la bañera se llenara de nuevo con agua fría.

Me sentía como un miserable. Podía averiguar el motivo de su ira. Se había enterado del beso que había tenido con Alex. Mi mente solo tenía espacio para una cosa: si algo le ocurría a Dan, no me lo perdonaría, ni siquiera sabía lo que haría. Mi trabajo era proteger a Alex, pero a lo largo de los siglos la única persona que me había hecho compañía y que había estado conmigo siempre había sido Dan. Habíamos tenido nuestros roces por el amor de nuestra señora, pero aun así…

La puerta se abrió en ese momento devolviéndome a la realidad, giré la cabeza para ver a Albert con varias bandejas de hielos.

-Esto ayudara –dijo pasándomelas para que las vertiera en el agua.

Albert esperó en silencio a que se las devolviera y entonces habló de nuevo.

-Deberíamos hablar de lo que ha pasado –la tensión en su rostro era palpable.

-No ahora. Hasta que mi hermano no se encuentre mejor no voy a separarme de él.

-Muy bien, pero no creas que te vas a librar de nuestra charla –acto seguido salió cerrando la puerta y el silencio se hizo de nuevo siendo interrumpido tan solo por la respiración irregular de Dan.

Estuve allí sentado apoyado en la bañera por más de dos horas hasta que noté como Dan se removía y me giré para ver si se había despertado. Por fin estaba despierto y sus ojos me miraban con perturbación.

-¿Qué ha pasado? –su voz sonaba áspera y cansada mientras el azul de sus ojos parecía tornarse más oscuro de lo habitual.

-No hables ahora. Todavía estás débil –toqué su frente ignorando su mirada. La temperatura parecía haberle bajado bastante aunque todavía era más alta de lo normal.

Me levanté tomando una toalla, le ayudé a levantarse y le envolví con ella. Apoyándose totalmente en mí le ayudé a llegar hasta su habitación donde con esfuerzo se puso algo de ropa y se metió en la cama. Su mirada de culpabilidad y miedo por haber podido llegar a herirme de gravedad me traspasaron como si un cuchillo se me clavara en el pecho. Yo era el culpable de su estado. Sabía que se estaba poniendo enfermo y solo había acelerado el proceso al acceder a ir a jugar con él. Todo eso sumado a la noticia que le habían dado mientras estábamos en el descampado habían sido el detonante de su estado. ¿Pero quién podía habérselo contado? Aparté todo esto de mi mente mientras le decía:

-Hablaremos cuando hayas descansado y estés mejor. Estaré en mi habitación, si necesitas algo estaré aquí al lado –salí entornando la puerta y en lugar de ir a mi habitación volví al baño donde me di una ducha bien larga. Estaba lleno de polvo y culpabilidad. Al terminar la ducha, entré en mi habitación y me tumbé mirando al techo. Lo primero se había quedado en la ducha pero lo segundo seguiría conmigo durante bastante tiempo. Cerré los ojos mientras el recuerdo de Alex besándome en el parque acudía a mi mente de nuevo. Más tarde tendría que dar varias explicaciones.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Sueños en la oscuridad (13)

Recordamos que en el post anterior se encuentra el capitulo 7 de promesas bajo las estrellas. Esperamos vuestros comentarios contándonos vuestra opinión porque sin ellos no seguiríamos escribiendo.
Me desperté lentamente mientras los primeros rayos de sol comenzaban a entrar por la ventana. No estaba segura de si me encontraba en mi cama o en la de Luke, ¿Luke? ¿Quién era Luke? Poco a poco fui enfocando la vista hasta ver por completo mi habitación. Había sido uno de los sueños más vividos que había tenido. Incluso estaba empapada de sudor como si realmente el sueño hubiera sido real.
No comprendía que me ocurría últimamente; había tenido tres sueños en los que salían los hermanos, dos de ellos relacionados con el edificio en el que se realizaban las reuniones de arte y ahora empezaba a tener este tipo de sueños…
Me levanté de la cama y me dirigí hacia el baño para tomar una ducha fría antes de bajar a desayunar e ir a clase.
Salí del baño ya vestida y fui hacia la cocina en la que me esperaban papá y mamá tomando una gran taza de café y conversando entre ellos.
-Hola preciosa, ¿qué tal has dormido? –preguntó papá mientras se echaba otra taza de café.
-Como siempre.
-Se te ve algo cansada, ¿seguro que has dormido bien? –mamá siempre tan observadora.
-Sí, no te preocupes. Me voy ya, no quiero llegar tarde –dije cogiendo una manzana del frutero y dándole un mordisco mientras me iba.
Salí cerrando la puerta y cuando fui a darle otro mordisco a la manzana me quedé paralizada al descubrir que Beth estaba en el porche de mi casa al parecer esperándome a mí. Anduve hasta quedar frente a ella.
-¿Qué es lo que quieres? –dije de manera cortante sin poder evitarlo.
-Siento lo de la otra noche. Entiendo que estés enfadada y si he venido aquí ha sido para disculparme contigo.
-¿Por qué tendría que dejarte acabar? –la ira comenzaba a bullir dentro de mí.
-Alex solo déjame acabar, por favor. –parecía sentirlo de verdad asique la deje seguir –No me di cuenta de que estaba haciéndote daño y de que estaba perjudicando a Dan. Solo quería decirte que me mudo y que tienes el camino totalmente libre con él. Ayer descubrí que Dan siempre te quiso a ti.
-Espera, ¿cómo que me quiso a mí? –la confusión debió de reflejarse en mi cara porque comenzó a explicarse.
-Cuando estuvimos juntos Dan nunca llegó a ser mío de verdad. Siempre parecía estar esperando a alguien, como si nunca durmiera tranquilo por si aparecía. A veces, le encontraba observando entre la multitud como si buscara a alguien en concreto. Ahora lo sé. Te buscaba a ti. Ayer lo comprendí todo y por eso no quiero que estropees algo que de verdad es importante para él.
-Yo…
-No tienes que decir nada. Solo cuídale bien, se lo merece –acto seguido se fue en dirección contraria a la casa de Dan y yo me quedé allí parada sin saber qué hacer.
Cuando salí del shock en el que me encontraba después de la visita de Beth, miré la hora y vi que de nuevo llegaba tarde. Salí corriendo y cuando llegué al instituto tuve que parar durante unos minutos para recuperar el aire. Al menos había conseguido llegar a tiempo. En ese momento escuché una voz detrás de mí.
-¿Has venido corriendo? –dijo la voz de Chris.
-¿No es obvio? –al instante me arrepentí de haberle hablado así, -Lo siento, pero antes de venir me encontré con Beth y tuvimos una conversación sobre Dan. No he debido pagarlo contigo.
-¿Beth? ¿Sobre Dan? –Chris puso cara de pocos amigos y comenzó a andar mientras yo trataba de llevar su paso.
Caminamos en silencio mientras se hacía cada vez más evidente que el encuentro que habíamos tenido el día anterior aun seguía en nuestra memoria consiguiendo que la tensión fuera patente entre nosotros. Chris me acompañó hasta la clase de historia, se despidió con un simple hasta luego y siguió su camino.
Entré en clase y me dirigí a mi sitio donde Dan ya estaba sentado. Me senté con indiferencia, saqué mi libro y le ignoré.
-Alex… -en ese momento entró el profesor pidiendo silencio y ahorrándome tener que dirigirle la palabra a Dan.
Durante toda la clase los dos nos mantuvimos en silencio mientras nuestros compañeros hablaban animadamente entre ellos. La tensión se palpaba entre nosotros. Al parecer esto era lo único que tendría hoy con los dos hermanos.
Nada más tocar el timbre, recogí mis cosas lo más rápido que pude y me dirigí hacia la puerta, una vez en el pasillo fui en dirección a la salida pensando en saltarme las demás clases cuando una mano me agarró del brazo y me frenó haciéndome girar y poniéndome cara a cara con Dan.
-Tenemos que hablar –dijo con semblante serio.
-No tenemos nada de qué hablar –quería hablar con él, pero era tan orgullosa que me negaba a dejarle ver que quería arreglarlo.
-Eso lo veremos –su voz era desafiante.
Agarró mi mano y tiró de mí hacia fuera llevándome en dirección al coche que tenía aparcado en el lado opuesto de la entrada.
-¿Dónde vamos? –pregunté desconcertada.
-Lo veras cuando lleguemos –me abrió la puerta del copiloto para que entrara y después dio la vuelta y entró también en el coche.
Después de 10 minutos de silencio, aparcamos cerca de un parque en el que no había estado nunca. Dan salió primero y esperó a que yo también saliera para cerrar el coche. Comenzó a caminar obligándome a seguirle. Noté que nos adentrábamos cada vez más en el parque porque los árboles parecían estar cada vez más juntos y aumentar en número. De repente, Dan se paró en seco y casi chocó con él.
-¿Qué pasa ahora? –pregunté antes de que Dan avanzara más quitándose de mi camino y permitiéndome ver el hermoso paisaje que se alzaba ante mí.
Los árboles se abrían dejándome ver un claro en forma de media luna. Las hojas de los arboles habían comenzado a caer dejando entrever el cambio de estación. Era una vista magnifica.
-Aquí es donde vengo siempre que necesito pensar o relajarme. Quise traerte la otra noche, había preparado algo especial para los dos –dijo Dan hablando por primera vez desde que habíamos montado en el coche.
-Yo… -no sabía que decir.
-Lo siento mucho Alex. No quise hacerte daño. La razón por la que accedí a encontrarme ayer con Beth fue para dejarle las cosas claras. Sentí añoranza por una vieja amiga. Nada más.
-Dan tú no.
-¡No! Déjame acabar. Te quiero Alex y no quiero arruinar esto por mi estupidez.
-Lo siento, Dan. Me puse celosa y no me di cuenta de que te estaba haciendo daño –mi voz fue apagándose a medida que hablaba.
Dan contestó acercándose a mí. Rozó mi mejilla con su mano y me besó. Fue el beso más dulce que había recibido y por desgracia terminó demasiado pronto.
-¿Qué ocurre? –pregunté desconcertada cuando Dan se alejó.
-Comienza a hacer frío y deberías volver a clase –Pareció una simple excusa para alejarse pero se quitó su chaqueta y la puso sobre mis hombros para remarcar que lo decía por mí, -¡Guau! Está ardiendo –dije apretujándome con ella.
-Así no pasaras frío –dijo misteriosamente.
-Tienes razón. Deberíamos volver –tomé la mano que me ofrecía terminando así con el tema de la chaqueta y caminamos de vuelta al coche.
Había arreglado las cosas con Dan pero en mi mente aun seguía presente lo ocurrido con Chris el día anterior. Estaba engañando a Dan o al menos lo había hecho el día anterior. Necesitaba hablar con Chris cuanto antes y aclarar lo que había ocurrido entre nosotros.
-¿Qué ocurre? –preguntó Dan intuyendo que me ocurría algo bastante rápido. Era extraña la facilidad con la que podía leerme.
-Nada, solo estaba pensando en que no suelo faltar a clase a menudo.
-Tal vez soy una mala influencia –inmediatamente una sonrisa se dibujó en su cara.
-Tal vez –dije divertida.
Una vez en el coche Dan decidió que ya que habíamos faltado a la mayoría de las clases, por saltarnos el resto no pasaría nada. Me llevó a un pequeño café casi a las afueras de la ciudad y una vez dentro nos pidió una taza de café ya que según él eran las mejores.
-Aquí tienes –dijo entregándome una taza y sentándose enfrente mía.
-Gracias –sonreí con dulzura y bebí un pequeño sorbo de mi café.
-¿Y bien? –preguntó expectante.
-Me encanta.
-Te lo dije –tomó mi mano con muchísima dulzura y me miró de tal manera que enrojecí inmediatamente.
Estuvimos hablando durante más o menos media hora y cuando cogí mi taza y bebí, descubrí que se había quedado helada.
-¿Qué pasa? –preguntó Dan mirándome con curiosidad.
-Mi café se ha quedado frío y no puedo beberlo así.
-Déjame verlo –Me intrigó que quisiera tomar mi taza, ¿acaso no me creía cuando decía que estaba frio?
-Yo creo que está bastante caliente –dijo mientras me entregaba la taza.
Cuando la agarré me sorprendí muchísimo ya que tuve que dejarla rápidamente en la mesa porque estaba quemándome. Era imposible, un minuto antes la taza había estado helada y Dan la había sujetado apenas unos segundos.
-¿Cómo…? –mi mente estaba desconcertada.
-¿Cómo qué? Tu taza está ardiendo, apenas he podido tocarla unos segundos –sonrió misteriosamente como si supiera más de lo que decía.
Lo deje pasar porque él tenía razón ¿de que manera podría haberla calentado? Seguramente habían sido cosas de mi imaginación.
Después de terminar nuestros cafés volvimos a montar en el coche. Dan me llevó a casa y se despidió de mi con un beso fugaz, apenas un simple roce en los labios. Parecía tener fiebre ya que sus labios estaban ardiendo y parecía estar haciendo un gran esfuerzo por ocultármelo. Su cara estaba realmente blanca y algunas gotas de sudor se entreveían en su nuca. Le vi arrancar el coche y seguir calle arriba en dirección a su casa mientras yo entraba en la mía preocupada por él y con una sola cosa en mente. Aclarar las cosas con Chris.
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