Estuve hablando
con unos compañeros de trabajo sobre las causas reales de la delincuencia en la
República Dominicana e irremediablemente tuvimos que tocar el tema de la pobreza,
injusticia social, alto costo de la vida y falta de oportunidades para los más
marginados.
Sin embargo,
el problema de la delincuencia es multi factorial, la pobreza solo es uno de
muchos componentes de la delincuencia como tal. Entre los componentes podríamos
citar la corrupción que permea la Policía
Nacional, Ministerio Público, Poder Judicial y Sistema Penitenciario, pero este
tema lo tocaré a fondo en otro post.
Volvamos al
tema de la pobreza. Es “lógico “pensar que una persona que ha sufrido y sufre
de privaciones económicas y sociales sería más propensa a violar las leyes, después
de todo no tuvo ni tiene acceso a la mejor educación ni el mejor ambiente para desarrollarse
intelectualmente y es carente, necesita dinero para subsistir y no lo tiene,
esto hace sentido, pero si es así entonces los ricos, deberían ser menos
proclives a violar las leyes, por exactamente lo opuesto verdad? La respuesta es “no”, el “acomodado” quizás no
saldrá a arrebatarle el celular a
alguien en la calle porque seguramente el mismo será de menor calidad que los
dos que ya tiene en su haber, y no necesita los 5 mil pesos que le darán por el
aparato, por eso no lo hace, el riesgo es innecesario y el retorno no está ahí.
Pero no piensen por un instante que el afluente viola menos la ley que el
pobre.
Cito ejemplos: Cuando un campesino semi analfabeto que no llegó al 8vo curso del liceo y que hoy es chofer de carro público, vive en un barrio caliente, donde escasea la luz, el agua, la seguridad, drenaje pluvial, etc. que es pobre por todas las definiciones de la palabra, se mete en vía contraria para desechar un tapón y al llegar a la intersección la cruza con el semáforo en rojo a alta velocidad. Uno diría como dijo Jesús en la cruz “Dios, perdónalo que no sabe lo que hace” realmente es un ser profundamente ignorante, no sabe el daño que puede ocasionarle a los demás ni a el mismo. No conoce a fondo la ley de tránsito, no sabe manejar, etc. Por esto viola la ley y aunque todo esto sería cierto, no es la razón por la cual lo hace.
Que tal si
les digo que dentro de Casa de Campo (resort más exclusivo del Caribe) en un tapón
para llegar al anfiteatro a ver un concierto de Marc
Anthony, cuya boleta más “económica” costaba más de 5 mil pesos, vi Land
Rovers, Cayennes,
Mercedes Benz y demás vehículos de lujo, transitar en vía contraria a altas velocidades
y al verse de frente con vehículos que venían
en su carril, atravesarse de forma temeraria para quitarle el puesto a los que
estaban esperando pacientemente en su tapón.
Esta es gente
que fue a colegios y universidades privadas, muchos han estudiado fuera del país
y hablan varios idiomas, conocen las leyes de tránsitos locales y de otros países,
viven en sectores privilegiados de la ciudad, sin embargo, violan las leyes
igual que el chofer de concho.
El problema
no es el nivel social, el problema es el dominicano como tal. Es algo cultural.
Por eso lo vemos todos los niveles: El empresario común explota a su empleado
con su bajo sueldo, le roba al estado
evadiendo impuestos y engaña al cliente con el precio de sus servicios. El
empleado en cambio le roba al patrono, ofreciéndole al cliente el mismo
servicio por la izquierda a mejor precio, usando los insumos de la empresa para
asuntos personales y demás. El Estado roba al empresario exigiéndole que pague
impuestos de forma anticipada y el cliente busca sobornar al empelado para conseguir
el servicio al menor precio. El ciudadano común soborna policías, le paga a
buscones y le roba la electricidad a la empresa distribuidora del servicio. Es
algo generalizado.
Vivimos en
una cultura del robo. Por eso me sorprende cuando los dominicanos le exigen a
sus políticos que sean honestos, y cómo? Si los políticos son dominicanos igual
todos ellos.
La única forma
que veo de cambiar esta cultura es haciendo y ejecutando un plan de unos 20
años de reeducación del dominicano, es promover desde el gobierno, con apoyo
del sector privado, una reforma educacional que empiece en el preescolar y cada
año que pasa ir subiendo un curso. Este
plan debe tener una contrapartida que es la de efectivamente sancionar a las
personas que violan las leyes, las que NO forman parte de esta nueva generación
de dominicanos reformados que violan las normas deben ser castigados según la
ley.
Así con un empeño
constante y permanente, que dure los 20 años, efectivamente lograremos (en teoría)
formar una nueva generación de dominicanos que no violen la leyes, los no
reformados se ajustarán (por miedo a ser castigados) a las normas y eventualmente
morirán y solo irán quedando los reformados y las generaciones que les siguen
(reformados y con padres reformados).
Es una quimera, lo sé pero entiendo que si se aspira a esto y se
consigue el 40%, experimentaremos un cambio colosal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario