miércoles, diciembre 31, 2025
Exposición en la Universidad de Playa Ancha el 25 de noviembre del 2025
1.- Nuevas derechas y post-fascismo
La dicotomía izquierda/derecha (o izquierdas y derechas, pues
nunca hubo una sola forma) ya cumple más de dos siglos, a lo largo de los
cuales se ha ido modificando considerablemente. Así, el liberalismo nace a la
izquierda, representando las posiciones de la “burguesía revolucionaria”
después de 1789, mientras la derecha inicialmente designaba al bando
contrarrevolucionario: monárquico y aristócrata. Cien años después, la
izquierda contenía por sobre todo a la gran familia socialista (desde la
socialdemocracia al anarquismo, y luego al comunismo como radicalización “por
izquierda” de la socialdemocracia durante la 1ra Guerra Mundial), y la derecha
consistía en una histórica alianza liberal/conservadora que en el marco de la
Guerra Fría se alineaba con la defensa del capitalismo y la “civilización
occidental”.
Mucho ha cambiado en la primera cuarta parte del siglo XXI.
Parte de la izquierda abandonó totalmente la idea de
“revolución social” que la caracterizó en los dos siglos anteriores, para
asumir una bastante posmoderna política de las identidades, o la defensa (al
menos discursiva) de una versión neokeynesiana de la socialdemocracia, que en
la práctica poco se distingue de una mera administración culturalmente
“progresista” del neoliberalismo. Otra izquierda sigue pretendiendo ser
anticapitalista o antineoliberal, pero sus modelos de sociedad alternativa son
una curiosa mezcla de nostalgia por el “socialismo real” y reivindicación de
capitalismos alternativos como el chino, liderazgos reaccionarios como el de
Putin, la multipolaridad y los BRICS.
A la derecha tradicional o convencional le han brotado una
serie de competidores por extrema derecha, desde tradicionalistas y fascistas
clásicos a libertarianos de derecha, anarcocapitalistas y variadas y ecléticas
formas de “Alt Right”.
Aparentemente la composición de clase también ha cambiado:
gran parte de la izquierda liberal/progre es burguesa o pequeño-burguesa (sin
entrar en la vieja discusión: ¿burguesía pequeña o clase intermedia entre
burguesía y proletariado?), y es evidente que el “bajo pueblo”, proletarios y
subproletarios sin consciencia de clase (ver al respecto las clases de Mark
Fisher de finales del 2016), se identifica hoy en día con los nuevos liderazgos
mesiánicos/populistas de personajes como Trump, Bolsonaro, Kaiser, Kast o
Milei. Como ha dicho el relator de la ONU sobre extrema pobreza Olivier De Schutter en su
Informe de este año “El populismo de
ultraderecha y el futuro de la protección social”, “los populistas de
ultraderecha afirman representar a la “gente corriente” frente a las “élites”.
Sin embargo, en muchos casos, ellos mismos forman parte de la élite y deben su ascenso en la
política a la riqueza de su familia o a sus conexiones sociales. Una vez en el
poder, suelen tratar de mantener los privilegios de la misma élite económica a
la que critican en sus discursos” (Párr. 40).
¿Cuál es la mayor similitud entre los fascismos del siglo XX
y estas nuevas derechas post-fascistas? Según el teórico húngaro Gaspar Miklos
Tamás, el primero que acuñó el concepto de pos fascismo hacia el año 2000, “el
posfascismo es un conjunto de políticas, prácticas, rutinas e ideologías que
pueden observarse en todas partes del mundo contemporáneo; que poco o nada
tienen que ver, excepto en Europa Central, con el legado del nazismo; que no
son totalitarias; que no son en absoluto revolucionarias; y que no se basan en
movimientos de masas violentos ni en filosofías voluntaristas e
irracionalistas, ni tampoco juegan, ni siquiera en broma, con el anticapitalismo”.
Pese a todas esas diferencias con el viejo fascismo (que en
todo caso ha seguido manifestándose dentro del amplio abanico de tendencias
actuales), este autor sigue usando la etiqueta “fascismo”, al señalar que “el
posfascismo encuentra fácilmente su nicho en el nuevo mundo del capitalismo
global sin alterar las formas políticas dominantes de la democracia electoral y
el gobierno representativo” y “hace lo que considero central en todas las
variantes del fascismo, incluida la versión postotalitaria. Sin Führer, sin
régimen de partido único, sin SA ni SS, el posfascismo revierte la
tendencia de la Ilustración a asimilar la ciudadanía a la condición humana”.
“El posfascismo no necesita tropas
de asalto ni dictadores. Es perfectamente compatible con una democracia liberal
anti-Ilustración que rehabilita la ciudadanía como una concesión del soberano
en lugar de un derecho humano universal (…) Dado que el posfascismo rara vez es
un movimiento, sino simplemente un estado de cosas, gestionado la mayoría de
las veces por los llamados gobiernos de centroizquierda, es difícil
identificarlo intuitivamente. L@s posfascistas no suelen hablar de obediencia
total y pureza racial, sino de la superautopista de la información”. (Adorno:
fascismo en democracia y fascismo contra la democracia).
Otro aspecto clave que destaca
este autor es que estamos en un contexto de “Desregulación para el capital y
regulación estricta para el trabajo”. En este escenario, “si la fuerza de
trabajo queda atrapada en la periferia, tendrá que soportar los talleres
clandestinos”. “Los intentos de luchar por salarios más altos y mejores
condiciones de trabajo no se enfrentan a la violencia, l@s rompehuelgas
o los golpes militares, sino a la fuga silenciosa de capitales y la
desaprobación de las finanzas internacionales y sus burocracias internacionales
o nacionales, que tendrán la capacidad de decidir quién merece ayuda o alivio
de la deuda. Citando a Albert O. Hirschman, la voz (es decir, la
protesta) es imposible, es más, inútil. Sólo queda la salida, el éxodo, y es
tarea del posfascismo impedirlo”.
2.- El fascismo (visto
por los fascistas)
Los estudiosos del fascismo se han dividido desde un inicio
entre quienes toman en serio su ideología y quienes sólo lo ven como una
manipulación burguesa (las dos versiones marxistas dominantes serían la teoría
de la agencia y la que lo ve como forma de bonapartismo). Según Roger Griffin,
es necesario estudiar como los fascistas se percibían a sí mismos, y en este
empeño él destaca su carácter “revolucionario”: algo que los marxistas jamás
reconocerán pues tendrían que admitir una versión rival a la de la revolución
socialista/comunista).
El jurista italiano Giorgio Locchi (muy influyente en la
Nouvelle Droite) que en “La esencia del fascismo como fenómeno europeo” afirma
que “más allá de diferencias específicas, todos los movimientos fascistas y
todas las variadas expresiones de la Revolución Conservadora (entendida aquí
como corriente espiritual) tiene una esencia común”. “Los movimientos
fascistas de la primera mitad del siglo son la expresión política, inmediata e
instintiva, de un nuevo sentimiento del mundo que circula por Europa a partir
ya de la segunda mitad del siglo XIX. Tienen el sentimiento de vivir un momento
de trágica emergencia y se precipitan a la acción obedeciendo a este
sentimiento; se movilizan políticamente pero, al contrario que otros partidos y
movimientos, no hacen referencia a alguna concreta filosofía o teoría política
y asumen más bien casi siempre un comportamiento antiintelectualista. Los
movimientos fascistas se coagulan por instinto en torno a un programa de acción
inspirado por un sistema de valores que se opone drásticamente al sistema de
valores igualitarista, que se encuentra en la base del democraticismo, liberalismo,
socialismo, comunismo. Por contra, resulta fácil constatar que, en el
seno de un mismo movimiento fascista, personalidades de primer nivel expresan y
defienden filosofías y teorías bastante diferentes, a menudo poco conciliables
entre ellas e incluso opuestas”.
Visto así, los fascismos eran
movimientos mucho más heterogéneos de lo que nos hemos acostumbrado a pensar
desde que la izquierda vio al “nazi-fascismo” como una entidad única y
homogénea. Pero a pesar de esta gran diversidad y a la retórica
seudorevolucionaria y hasta anticapitalista que caracterizaba a algunas de sus
expresiones, es su marcado anti-igualitarismo el que lo ubica siempre a la
extrema derecha del espectro político, por su marcada naturaleza
contrarrevolucionaria de larguísimo plazo. Como ellos mismos dicen: reaccionan
contra los valores de la Ilustración. Y a diferencia de lo que sostiene Locchi,
está más que demostrado que los movimientos fascistas no sólo existieron en
Europa, sino que prácticamente en todo el mundo, expresando esa misma
contrarrevolución, que a corto plazo respondía desde 1917 a la amenaza de
revoluciones socialistas.
3.- Colonialismo y
fascismo
Analizar la dimensión global (y no sólo europea) del fascismo
nos enseña cosas importantes. Entre ellas, que la modernidad capitalista no se
agota en los “valores (positivos) de la Ilustración”. Esta es también lo que no
se dice que es: oculta la violencia de la acumulación originaria y el
colonialismo. Y en gran medida los fascismos de los países centrales vinieron a
demostrar que se podían utilizar también en las metrópolis los métodos que
desde hace décadas y siglos usaban estas potencias en la periferia y el “tercer
mundo”. En este aspecto el fascismo también fue más parasitario o adaptativo
que creativo. Como destacó el comunista martinicano
Aime Cesaire en su “Discurso sobre el colonialismo” (1950):
Y entonces, un buen
día, la burguesía es despertada por un golpe formidable que le viene devuelto:
la GESTAPO se afana, las prisiones se llenan, los torturadores inventan,
sutilizan, discuten en torno a los potros de tortura.
Nos asombramos, nos
indignamos. Decimos: «jQue curioso! Pero, jbah!, es el nazismo, ya pasara!». Y
esperamos, nos esperanzamos; y nos callamos a nosotros mismos la verdad, que es
una barbarie, pero la barbarie suprema, la que corona, la que resume la
cotidianidad de las barbaries; que es el nazismo, sí, pero que antes de ser la
victima hemos sido su cómplice; que hemos apoyado este nazismo antes de
padecerlo, lo hemos absuelto, hemos cerrado los ojos frente a él, lo hemos
legitimado, porque hasta entonces solo se había aplicado a los pueblos no
europeos; que este nazismo lo hemos cultivado, que somos responsables del
mismo, y que el brota, penetra, gotea, antes de engullir en sus aguas
enrojecidas a la civilización occidental y cristiana por todas las fisuras de
esta.
Si, valdría la pena
estudiar, clínicamente, con detalle, las formas de actuar de Hitler y del
hitlerismo, y revelarle al muy distinguido, muy humanista, muy cristiano
burgués del siglo XX, que lleva consigo un Hitler y que lo ignora, que Hitler
lo habita, que Hitler es su demonio, que, si lo vitupera, es por falta de
lógica, y que en el fondo lo que no le perdona a Hitler no es el crimen en sí,
el crimen contra el hombre, no es la humillación del hombre en sí, sino el
crimen contra el hombre blanco, es la humillación del hombre blanco, y haber
aplicado en Europa procedimientos colonialistas que hasta ahora solo concernían
a los árabes de Argelia, a los coolies de la India y a los negros de África.
Y este es el gran
reproche que yo le hago al pseudohumanismo: haber socavado demasiado tiempo los
derechos del hombre; haber tenido de ellos, y tener todavía, una concepción
estrecha y parcelaria, incompleta y parcial; y, a fin de cuentas, sórdidamente
racista.
4.- ¿Qué Derechos
Humanos?
Lo que conocemos cono “DDHH” surge más o menos en la mitad
del siglo XX: post segunda guerra mundial, aliados “contra el nazismo” se
reconfiguran como enemigos en la Guerra Fría. Un bando privilegia los DCP, otro
los DESC. Surge la jerga y la institucionalidad propia del movimiento de los
DDHH: DIDH, convenciones y tratados, órganos especializados, burocracia
internacional. (Ver el texto de Douglas Kennedy: “Movimiento internacional por
los DDHH: ¿Parte de la solución o del problema?”).
Pero sus antecedentes más lejanos datan al menos de 1789 y
las “revoluciones burguesas”. Ahí surgen las “Declaraciones de Derechos”:
algunas consagran el “sentido común” y derechos ya existentes (Independencia de
EEUU) y otras más bien proponen un nuevo orden a alcanzar (Declaración francesa
de derechos del “hombre y el ciudadano”) (Ver texto de Habermas sobre Derecho
natural y revolución en “Teoría y praxis”).
El discurso de DDHH es asumido por todo el espectro político
oficial (democracia representativa). Pero ha empezado a ser cuestionado, tensionado
o resignificado por las nuevas derechas. Lo cual es similar a lo que pasa con
la idea misma de democracia: ¿Existe una sola o varias? ¿Falsa democracia en
oposición a una verdadera? ¿Democracia directa contra democracia
representativa? ¿Son los fascistas (en sus versiones neo y old fashion)
enemigos de la democracia en sí misma, o conciben otras formas de democracia,
orgánica e iliberal?
Lo que está claro es que no podremos hacer nada que valga la
pena si seguimos mirando la historia por el espejo retrovisor. No podemos
retroceder al estado keynesiano ni a los tiempos de la revolución rusa, china,
española o cubana. El capitalismo avanza, nunca retrocede. Las nuevas derechas,
como los viejos fascismos, usan una retórica conservadora y tradicionalista,
pero en otro sentido no podrían ser más modernistas o incluso aceleracionistas.
La izquierda hasta ahora ha pasado del “no la vimos venir” a campañas por el
“mal menor”, diciendo que “no pasarán” cuando en verdad el fascismo ya pasó, y
como dijo Guattari: “no deja de seguir avanzando. En evolución permanente, no
deja de atravesar mallas cada vez más finas. Parece venir de fuera, cuando en
verdad encuentra su energía en el corazón del deseo de cada uno de nosotros”.
La desfascistización debe comenzar por asumir este hecho, y
no tenerle miedo a la crítica radical de la democracia y los DDHH.
Como dijo el general Sun Tzu hace más de dos milenios, “si
conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no debes temer el resultado de
cientos de batallas. Si te conoces a ti mismo pero no al enemigo, por cada
victoria que ganes también sufrirás una derrota. Si no conoces ni al enemigo ni
a ti mismo, sucumbirás en cada batalla”.
Etiquetas: derechohumanistas, fascistología, psicogeografía, reflexión, Valparaíso
domingo, noviembre 09, 2025
LA PULSIÓN FASCISTA DEL ROCK: ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LA ESTÉTICA DEL BLACK METAL
Este texto surge de las notas en base a las cuales presenté una ponencia de similar título el viernes 3 de octubre de 2025 en el Congreso sobre Horror y Metal en la Universidad Alberto Hurtado (sí: es raro hablar de rock satánico en un sitio cuyo nombre homenaje a un sacerdote católico).
“En efecto, nada de esto significa
que los fascistas se hallen incapacitados de experimentar la belleza, los
arrobamientos y asombros. Más bien, lo que hace el fascismo es capturar esa
experiencia, buscar enclaustrarla entre sus coordenadas, reducirla al museo de
una memoria permanente y siempre disponible a su reproducción: petrificarla y
monumentalizarla para seguro goce de la propia voluntad del hombre a
dejarse hechizar”
(Aldo Bombardiere, (Des)fascistización: sensibilidad, captura y resplandores).
1.- Recuerdo haber leído en la revista Bardo Methodology una
entrevista a un integrante de la banda Abigor (veteranos del black metal
austríaco),
que en una parte destacaba algo así como que el black metal (o BM) se asocia a
muerte y homicidios en base a un par de suicidios y asesinatos que se
produjeron en Escandinavia a inicios de los 90, lo cual era una proporción de
violencia homicida bastante baja en comparación, digamos, al gangsta rap
y la cantidad cercana al centenar de muertos que ha causado rivalidad interna
entre artistas y pandillas de las escenas de las dos costas de Estados Unidos. Agregaría
un ejemplo aún más llamativo, cual es el del reggae jamaicano que se
asocia a sentimientos universales de “paz y amor” a despecho de su violento
original subcultural en los guetos del país de Bob Marley (el primer “rock
star” del tercer mundo). Busquen listados de muertes asociadas a cada una de
estas subculturas musicales y saquen sus propias conclusiones.
2.- En el caso del BM, más allá de la misantropía o el
satanismo, lo que forma parte de su leyenda negra es la asociación con la
extrema derecha y el fascismo en sus distintas variedades, lo que ha llevado a
que una cantidad importantes de entusiastas del estilo se identifique con la
simbología y posiciones nacional-socialistas, notoriamente en la facción del
NSBM (National-Socialist Black Metal), y más disimuladamente en una serie de
bandas con simpatías fascistas menos obvias, o que practican una cierta
ambigüedad marcada por “amistades peligrosas” (aunque acá, como en todo el
arte, no siempre aplica eso de “dime con quien andas y te diré quién eres”).
3.- Pero ¿es la obsesión por la estética fascista una
característica propia del BM? Claramente no: desde hace más de medio siglo se
han manifestado diversas formas de obsesión cultural con el fascismo, no sólo
en el metal, el punk y las corrientes más contraculturales o extremas derivadas
del viejo rock and roll. Grandes artistas pop, desde David Bowie y Bryan Ferry
a Lemmy de Mötörhead y Siouxsie han reconocido su abierta fascinación con las
estética del fascismo, y no suelen ser “funados” por eso: al contrario, en el
permanente revival a que nos conduce la Retromanía (S. Reynolds) que impera en
la industria de la música al menos desde hace dos décadas, los artistas
mencionados junto a varios otros gozan de un estatus de estrellas o rock
stars indiscutidas, siendo muchos de ellos adorados precisamente en las
subculturas más “progres”.
4.- Mucha gente que ama a David Bowie no me cree cuando le
comento sus inclinaciones y declaraciones abiertamente fascistas de los 70. Cabe mencionar que no se trató de
mero coleccionismo de objetos, sino que a lo largo de varias entrevistas de los
setenta Bowie fantaseaba con la identificación entre la estrella de rock y el
Führer, reconociendo su “fuerte inclinación al fascismo”, llegando a anunciar
que venía “un nuevo Hitler”, ofreciéndose él mismo para gobernar el mundo,
creando primero su propio país: “una tiranía totalitaria de derecha” para
“disipar los humos del liberalismo que vuelven fétido el aire en todo momento”.
Tras comparar a Hitler con Mick Jagger, Bowie dijo que el Führer “no era un
político, era un artista de los medios” y que “usó la política y la teatralidad
para crear esa cosa que le permitió gobernar y controlar el espectáculo por
doce años”.
Como muchos, Bowie era lector de
Nietzsche, y cada vez se fue interesando más por el ocultismo, un mundo en que
abundan “hitleristas esotéricos” y otros fascismos estéticos. Posteriormente Bowie justificó sus excesos
verbales por el efecto del consumo sostenido de cocaína, además de invocar una
especie de licencia poética, pero como concluye Reynolds “aquellos comentarios
de Bowie no parecen provocaciones al azar”. Al contrario, “son tan frecuentes,
presentan una argumentación tan articulada y un tono tan exaltado que se hace
difícil no llegar a la conclusión de que en ese momento el cantante
experimentaba algún tipo de fascinación macabra por el fascismo”. Tal vez la
mayor expresión de este coqueteo es cuando al inicio de la canción Diamond
Dogs, Bowie grita: “¡esto no es rock and roll, es genocidio!”.
Estas
referencias están tomadas del
libro Simon Reynolds Como un golpe de rayo. El glam y
su legado de los setenta al siglo XXI (Caja Negra, 2017). Existe además
un libro dedicado específicamente a este tema: Jaime Gonzalo, Mercancía del horror:
fascismo y nazismo en la cultura pop (Libros Crudos, 2016).
5.- El productor Guy Stevens (responsable del “Londoncalling”
de The Clash) se refirió a Hitler como “el primer manipulador del rock
and roll”, lo cual demuestra que la idea estaba en el ambiente, y no es casual
que en una canción de su primer LP, “(White man) In Hammersmith Palais” (1977),
The Clash cantara acerca del estado de las cosas en una Gran Bretaña
donde “toda la gente está cambiando sus votos y sus impermeables” y en que “si
Adolf Hitler llegara en un avión, de seguro le enviarían una limosina”.
Algunos factores interesantes que podían explicar el fenómeno de Hitler como ícono pop los suministra Lucy Oporto cuando comenta la obra de Syberberg “Hitler, una película de Alemania” (1977). Allí señala que “führer” también puede traducirse como director o conductor, en el sentido que se la da en el teatro y el cine, y que tanto la obsesión de Hitler con el cine en tanto medio técnico (veía con calma todas las películas que censuraba), como los aspectos de psicopatología de masas, regresión mítica y catástrofe psíquica colectiva presentes en el fenómeno nacional-socialista explicarían lo que Susan Sontag en Fascinante Fascismo describió como la persistencia de una “sustancia hitleriana que sobrevive a Hitler” (Lucy Oporto, “La escatología degenerada del nacionalsocialismo”, en: Los perros andan sueltos. Imágenes del postfascismo. Santiago, USACH, 2015).
Por lo demás,
Hitler fue en su juventud un “desorientado supuesto estudiante de arte” (Robert
O. Paxton) y era un gran fanático de los musicales americanos. También sabemos
que en 1932 Hitler tenía agotadas sus cuerdas vocales, y tomó clases de manejo
de la voz con el cantante de ópera Paul Devrient, que le sugirió practicar sus
expresiones faciales frente a un espejo. Por su parte, Joseph Goebbels en 1933
decía: “Nosotros los que modelamos la política moderna alemana nos sentimos
personas artísticas, a quienes se ha confiado la gran responsabilidad de
configurar, a partir del material crudo de las masas, la sólida y bien forjada
estructura de un Volk”.
Como comenta Susan Buck-Morss, la genialidad del fascismo fue precisamente dar a las masas el doble papel de observador y de material inerte para ser moldeado, “y sin embargo, debido al consecuente falso (re)conocimiento, la masa-como-público no es perturbada por el espectáculo de su propia manipulación” (Susan Buck-Morss. Walter Benjamin, escritor revolucionario. Buenos Aires, Interzona, 2005, pág. 217 y ss. En esta parte la autora dice seguir de cerca el trabajo de Hal Foster, “Armor Fou”, October N° 57, 1991)..
En este sentido
el nacional socialismo anuncia tanto el fenómeno de las estrellas de rock como
el espectáculo en el sentido que le daban Debord y los situacionistas: “allí
donde el mundo real se transforma en simples imágenes, las simples imágenes se
convierten en seres reales, en motivaciones eficientes de un comportamiento
hipnótico” (Guy Debord, La sociedad del espectáculo, Tesis 18, 1967).
6.- A veces se nos olvida que el heavy metal de los 70 era
también hijo del 68. Esa revuelta global y juvenil no se limitaba a los
partidarios del Flower Power, sino que incluyó una gran diversidad de formas
culturales, subculturales y contraculturales, que brotaron del encuentro de
diversos mundos. Por ejemplo, en el caso del rock pesado, el encuentro entre el
blues y la electrificación/amplificación de la música. Todos los pioneros, de
Cream y Led Zeppelin a Blue Öyster Cult y Black Sabbath bebían directamente de
la música negra norteamericana, pero tocándola a un volumen brutal con feed
back y distorsión. Ese es el origen del heavy metal. Poco después, surge
una especie de hermano gemelo rival del HM: el punk rock, que a lo largo de su
historia se ha diferenciado e influenciado mutuamente con el metal y sus
derivados, existiendo varios puntos de contacto o “crossover” donde el terreno
común que pisan hace olvidar o relativizar la supuesta dicotomía o rivalidad de
estilos.
Aunque con el tiempo el punk fue asociado a posiciones
críticas, progresistas y de izquierda, no podemos olvidar que en sus inicios en
la segunda mitad de la década de los 70 su estética fascistizante y en gran
medida uniforme generaban mucho rechazo por parte de los ambientes de
izquierda, que lo identificaban con una forma de fascismo cultural. Según
recuerda Ben Watson, fue a partir de los festivales de Rock against racism
(RAR) que la escena punk se definió como explícitamente antiracista y
antifascista. Aunque subsistieron algunas bandas fascistas de origen punk en
Inglaterra como Skrewdriver, a la larga los fascistas se dedicaron más a la
subcultura skinhead y el oi!, creando su propia forma de Rock anti comunista
(RAC). Esto es interesante de destacar pues algunas de las expresiones más
fascistas del BM tiene algunos elementos
propios del RAC, como queda claro con los alemanes orientales de Absurd.
6.- Entonces, ¿qué vendría siendo lo específico del BM? En su
momento se dijo que lo que definía a las bandas BM era su satanismo. Y
podríamos estar de acuerdo pero, una vez más, la obsesión satánica tampoco es
exclusiva del BM, y se ha manifestado de diversas maneras, incluso en el ámbito
de lo musical. Lo cierto es que el
satanismo ha sido una de las formas de “oscuridad” o “negritud” que el BM ha
practicado. Como señala E. Thacker en Tres preguntas sobre demonología
-su ponencia en el primer Simposio de Teoría Black Metal- la negrura del BM se
manifiesta en tres dimensiones: lo satánico, el paganismo, y lo cósmico.
7.- En cuanto a lo primero, hay que considerar históricamente
que hace ya cuatro o cinco siglos la acumulación originaria del capital, entrelazada
con la extensión territorial del Estado, moderno acarreó fenómenos de
estigmatización y criminalización de formas de vida percibidas como peligrosas
para el nuevo orden social. Analizando el panorama europeo desde finales de
siglo XV, Silvia Federici destaca la vinculación entre el desarrollo del
capitalismo agrario y las acusaciones de brujería. A su juicio, “parece
establecerse una relación particular entre el desmantelamiento de los regímenes
comunitarios y la demonización de algunos miembros de las comunidades afectadas
que convierte la caza de brujas en un instrumento eficaz de privatización
social y económica” (Brujas, caza de brujas y mujeres, Madrid,
Traficantes de sueños, 2021).
En este proceso, surge la demonología como un intento de los
poderes políticos y religiosos por “fomentar la obediencia religiosa, pero
también el reconocimiento del poder de la Iglesia y del Estado, consolidando el
orden social por medio de una moral rigurosa”. En 1487 se publica el Malleus
Maleficarum, que conoció al menos quince ediciones hasta 1520. El acento se
puso sobre las mujeres, de manera que “la responsabilidad femenina en materia
de brujería definió la antítesis del culto mariano” desencadenando a partir de
1580 la gran caza de brujas, sobre todo en el Sacro Imperio (Robert Muchembled,
Historia del diablo. Siglos XII-XX, FCE, México, 2012).
La “demonización” constituye a partir de ahí el nombre
perfecto para las distintas cruzadas de señalamiento de nuevos enemigos
internos, y la identificación con el satanismo puede explicarse en gran medida
como una forma de asumir voluntariamente la etiqueta de desviado, tal como
explican los teóricos del “labeling approach” dentro de lo que podemos llamar
como la criminología sociológica (con Becker y Lemert como exponentes
principales). En palabras de algún miembro de la banda francesa Deathspell
Omega, entrevistado por el finlandés Mikko Aspa en el 2000: “Satanismo es la
adoración de la muerte, que es la única realidad, todo lo que construyas va a
ser tarde o temprano tragado por el vacío absoluto”.
No me explayaré aquí sobre el carácter de “cristianismo
invertido” que muchas veces reviste el satanismo occidental, pues es demasiado
evidente. Como ya se ha dicho, los adolescentes del BM noruego parecían estar
más interesados en el Cristianismo, aunque fuera por la negativa, que el grueso
de la sociedad noruega en los 90. Sólo destacaré que desde una posición
anticapitalista u antiautoritaria, siempre nos ha resultado interesante la
versión de Bakunin, que en Dios y el Estado señala a Satán como el “eterno
rebelde, el primer librepensador y emancipador de los mundos”: el pionero que
se atrevió a negar el orden divino y andar a cuatro patas ante Dios. Visto así,
al invertir la cruz (una herramienta para torturar y dar muerte) el símbolo que
resulta es el de una espada, lo cual conecta con la frase atribuida a
Jesucristo: “no he venido a traer la paz sino la espada” (Mateo 10:34).
8.- La dimensión pagana del BM es la que a mi juicio resulta
más favorable al desarrollo de formas culturales y políticas fascistas. A
juicio de algunos “intelectuales orgánicos” del NSBM, es través de este
elemento que el BM funciona como heredero de la Konservative Revolution, nombre
que se le da a un amplio espacio político e intelectual surgido en Alemania
durante la república de Weimar, y que es considerado el laboratorio de ideas
del protofascismo. Dentro
del movimiento de la Konservative Revolution se han identificado cinco grandes
grupos o tendencias: Völkischen (populistas), Jungkonservativen (jóvenes
conservadores), Nationalrevolutionäre (nacional-revolucionarios),
Bündischen (grupos juveniles) y Landvolksbewegung (movimientos
campesinos).
Fascistas
contemporáneos
como la ucraniana Olena Semenyaka, ex militante de Pravy Sektor y actual
lideresa del Movimiento Azov, relaciona al “Arte Black Metal” con la Revolución
Conservadora, vinculándolo a la corriente nacional-revolucionaria y guerrera de
Ernst Jünger.
Por su parte, Alex Kurtagic entiende
al BM como actualización de la vertiente volkish dentro de la KR alemana
de hace cien años. Además, considera sencillamente que a través del Black Metal
el Heavy Metal logró depurarse de sus orígenes en el rhythm and blues,
para pasar a ser una “expresión europea pura”, una nueva forma de Revolución
Conservadora en la cultura popular moderna y un arma efectiva “para
contraatacar el asalto a la identidad blanca”.
Al analizar las “políticas del BM” a través del análisis de
una de las bandas más abiertamente fascistas del género, los frandes de Peste
Noire, Benjamin Noys refiere entrevistas al vocalista, Famine, donde éste
señala que “El BM es un nacionalismo doble: temporal y espiritual, horizontal y
vertical. 1° TEMPORAL, ya que siempre es la herencia de una SANGRE y de una
TIERRA material que debe venerar. 2° ESPIRITUAL (vertical), ya que
metafóricamente es un nacionalismo del Infierno y de las Tinieblas, una lealtad
ética y estética al Reino del Mal”.
Desde esa perspectiva, el BM no podría sino ser de extrema derecha, y tiende a
ajustarse parcialmente a la definición de Roger Griffin del “fascismo
genérico”: un ultranacionalismo populista palingenésico, siendo el elemento
“populista” el que menos se aprecia en una escena que por el contrario tiende a
percibirse a sí misma como elitista.
Por supuesto, no todo paganismo conduce a posiciones
políticas fascistas, y desde Invunche al Pan-Amerikan Native Front están
aflorando en varias partes interesantes expresiones de BM “nativo”.
9.- Cosmos significa al mismo tiempo universo, y también
orden como antítesis de caos. El BM se caracteriza precisamente por moverse en
ese terreno, entre lo infernal y lo divino, lo sublime y lo abyecto, la tierra
y el cielo, caos y orden. Los teóricos del BM suelen destacar que es la primera
manifestación musical basada en la quiebra del antropocentrismo, cuya
temporalidad “sucede después del apocalipsis, una vez acontecida la extinción”
(como dicen los presentadores de la antología de Teoría Black Metal editada
este año por Holiobonte).
El black metal sería así la banda sonora de un “mundo sin nosotros”, y por eso
es que pocas músicas resultan más ad hoc para estos tiempos
apocalípticos, en el sentido en que “apocalipsis” significa etimológicamente
“quitar el velo, descubrir o revelar”. Ahí reside el potencial realmente
subversivo del BM, que no necesita confinarse en los estrechos límites
territoriales de la nación o la patrias, puesto que desde las profundidades del
averno apunta hacia las estrellas en un viaje astral por el caos/orden del
universo.
10.- El potencial negativo del BM fascina y asusta a sus
entusiastas de izquierda. Muchos “antifa” se dedican a confeccionar listas de
bandas políticamente sospechosas, certificando en cambio la “corrección política”
de las que les parecen bandas “seguras”. Sí: por sorprendente que suena,
mientras Trump pone a “antifa” en la lista de organizaciones terroristas, los
antifascistas de estos tiempos parecen más preocupados de hazañas como bajar a
Deathspell Omega de bandcamp que del genocidio en Gaza o entender por qué el
proletariado posmoderno se identifica con líderes como Meloni, Le Pen, Milei o
el mismo Trump (el “Hombre-pedo").
A mi juicio, todo intento de “desfascistizar” de plano el BM
está condenado al fracaso y ni siquiera resulta musicalmente deseable. ¿Burzum
sería lo que fue si Varg Vikernes hubiera sido socialdemócrata, comunista o
liberal? Estoy seguro de que no. Lo cual no implica negar que es posible
configurar otras posiciones políticas desde el BM, desde el Red and Anarchist
Black Metal y el proyecto Black Metal Rainbows a la defensa de posiciones
anticapitalistas revolucionarias como la que hace Bill Peel en su reciente
libro “Tonight it´s a night we bury”.
Benjamin Noys en su artículo sobre las políticas del BM
refiere a izquierdistas que intentan separar el aspecto musical (que les gusta)
de los aspectos políticos (que les disgustan).
Algunos establecen un contraste “entre un radicalismo musical
traicionado o constreñido por restos de teopolítica”, de manera que “el crítico
de izquierda puede manejar y disfrutar con seguridad del BM y proclamar su
propia sofisticación al condescender con la ingenuidad de tales posturas
políticas adolescentes que, ‘desafortunadamente’, marcan una estética por lo
demás admirablemente radical”. Evan Calder Williams, por ejemplo, dice que “la
lección que se extrae del black metal es cómo su expresión sonora concreta
desmantela su ideología hablada”.
Noys imagina incluso “una versión deleuzoguattariana más
sofisticada de este argumento: el efecto desterritorializador o
desmaterializador del BM como música requiere una base reterritorializadora,
pero solo para producir un lugar necesario de intensificación radicalizada;
después de todo, el nómada realiza su desterritorialización permaneciendo en su
lugar”. En este caso, se podría argumentar que sus diversos fantasmas
territorializados son “meros umbrales o sedimentaciones que, a pesar de su
propia territorialidad proclamada, el BM elabora, excede y pone en fuga”.
11.- La solución de Noys es otra: dado que las opciones
anteriores se niegan a tomar en serio la coherencia entre estética y política
que se defiende desde el BM, él prefiere “tomar el discurso interno del BM al
pie de la letra”, y por eso es que se aboca a analizar a Peste Noire,
concluyendo que es un “singular ejemplo de la política del BM como un ejemplo
de resistencia, pero de un tipo particular”.
A mi juicio, esa es la solución correcta: no se trata de
“cancelar” los aspectos más fascistas del BM, sino de atravesarlos
dialécticamente, tal como hizo Wilhelm Reich en “La psicología de masas del
fascismo” (1933) o Theodor Adorno al analizar la obra del influyente
protofascista y revolucionario conservador Oswald Spengler. En este sentido, es
posible identificar los “momentos de verdad” que el discurso fascista pone al
servicio de lo falso, asumiendo que la crítica de extrema derecha a la
democracia liberal es reaccionaria e incompleta, tal como el declarado “anticapitalismo”
de los viejos fascistas era más bien demagógico además de selectivo, pues jamás
llegaba a identificar la producción de mercancías como la base real de la
relación social capitalista en sí misma, sino que se conformaba con designar a
algunos grupos sociales como “parasitarios”.
12.- No hay que temer la crítica que se deja caer desde los defensores de la democracia liberal y los socialdemócratas: no somos “fascistas” por desmitificar la democracia representativa, demostrando cómo está puesta al servicio de la dominación de clase. Quienes alegan que desde la extrema izquierda se termina confluyendo con la extrema derecha pierden de vista que, tal como señaló Carl Schmitt, entre los partidarios de la soberanía y los anarquistas se produce “la antítesis más clara que pueda encontrarse en la historia de las ideas políticas”. Lo cual no es obstáculo para reconocer que tanto reaccionarios como Donoso Cortés y F. J. Stahl como revolucionarios a lo Marx y Engels se han dado cuenta de las “notables contradicciones implícitas” del liberalismo (Carl Schmitt, Contribución a la filosofía política de la contrarrevolución, en Teología Política (Trotta, 2009)).
En conclusión: al contrario de lo que creen liberales y
socialdemócratas, no hay una oposición real entre fascismo y capitalismo, democracia
y autoritarismo, pues la única alternativa a todo eso es la revolución. Visto
así, no tiene ningún sentido aplicar mientras tanto un set de medidas
sanitarias para “democratizar” a las fuerzas oscuras y negativas que tan bien
se expresan en el fenómeno del BM. Por el contrario, y tal como decía Marx, en
este caso también podemos comprobar que “ser radical consiste en tomar las
cosas por su raíz”, y esta raíz no es sólo “el hombre mismo”, sino lo humano en
su perpetuo encadenamiento con el mundo, con el caos y el orden, con el cielo y
la tierra, la vida y la muerte.
Etiquetas: black metal
miércoles, octubre 29, 2025
Introducción inconclusa a la trilogía maldita de Deathspell Omega (enero de 2024)
Mi hijo me preguntó hace poco: “Papá, ¿tú crees que cuando
seas viejito te va a gustar la misma música que estás escuchando ahora?”. Tuve
que contener la risa para responder tan gracioso cuestionamiento, y le dije que
yo creía que sí: “Rara vez me ha dejado de gustar totalmente algo que antes
escuchaba, e incluso cuando he creído que eso ha pasado, por lo general luego
me reencuentro con el material”. Su curiosidad le lleva a preguntar: “¿Por
ejemplo qué cosas ya no te gustan?”. Respuesta rápida: “El hardcore de los 90.
Me volvía loco y ahora lo encuentro super fome y engrupido y no soporto
escucharlo más”. -“¿Y qué cosas te dejaron de gustar y luego te gustaron de
nuevo?”. -“Obvio: ¡El heavy metal!”.
Anoche se sorprendió de verme escuchando a Darkthrone, pues
pensaba que mi grupo favorito del momento era Deathspell Omega. ¡Y tiene razón!
Tal como les anunciaba al señalar el listado de Bill Peel, estaba bien ocupado
digiriendo la trilogía de DsO, y recién ahora me gustaría decir unas palabras
al respecto, tratando de centrarme en el álbum Paracletus.
Vamos en orden: no tenía ni la más remota noticia acerca de
la existencia de esta formación, hasta que releí en mayo del 2023 la entrevista a Weasel Walter en Paris Transatlantic fechada en el otoño del 2006, donde le
preguntan en cierto detalle por su adicción al metal extremo, que según relata
este veterano de la no wave/freejazz/punkrock, empezó en 1993 cuando un amigo
le mostró el “Legion” de Deicide. A
partir de ahí gastó el resto de la década en escuchar y compilar materiales de
la veta death/black metal, que según dice no le interesaba a nadie en Chicago
en esos años. Reproduzco una parte:
PT- ¿Donde se ubica el metal hoy en día para ti, como género
o multiplicidad de géneros?
WW- El metal lo está haciendo bien. He escuchado tanto que
realmente se necesita algo muy raro, extremo o diferente para llamar la
atención de mi oído. La barrera está demasiado alta en cuanto a calidad. Ser
excelente realmente no es suficiente para destacarse. Últimamente me ha gustado
mucho la banda avant black metal Deathspell Omega, bandas de brutal death metal
como Brodequin, Pustulated, Foetopsy y casi cualquier cosa con J. Read en
batería. La buena composición ayuda si quieres escuchar algo más de una vez. No
me puede interesar menos el stoner metal. La velocidad es definitivamente la
gracia”. Y después se pone a despotricar un poco: “Me ofende un poco que la
revista The Wire venga a hora a pretender que le importa el metal. Están
típicamente atrasados y más despistados que guagüitas. El tipo de oveja que
está interesada en comprar todos los listados que esa revista ponga en sus
páginas ha creado un nuevo checklist de coleccionistas de bandas en las que no
estoy realm ente interesado”. Y bueno, cabe destacar que The Wire publicó un
gracioso texto donde se repasa la historia de cómo el despreciado metal de los
70/80 pasó a ser cubierto por las páginas de una publicación que se autopercibe
como muy “avantgarde”, y en la conclusión dice que si hay que culpar a alguien
de eso, tendrían que ser los Venom.
La cosa es que apenas terminé de leer eso, ya estaba buscando
las bandas referidas, y para mi sorpresa me enteré que DsO era bastante
conocida pero también muy polémica, y que de hecho se había bajado hace poco
toda su obra de bandcamp, aparentemente por petición de antifascistas que
encontraban intolerable que la banda use de vocalista a un famoso fascista y
pornógrafo finlandés llamado Miko Asppa. Lo de fascista creo que es bastante
claro, aunque él se denomina “patriota nórdico”. Lo de pornógrafo no lo tengo
muy claro: se supone que además de su sello (Northern Heritage), su “banda”
black metal (Clandestine Blaze, que en estudio es él solo, y en vivo suele usar
de apoyo a los polacos de Mgla), su banda RAC (Rock Anti Comunista: Vapaudenristi),
y proyectos en el plano industrial/power electronics (Nicole 12, Grunt), y
pornografía (videos, revistas como Freak Animal y Degenerate). O sea, un tipo
fácil de odiar. Y por añadidura ese odio se extiende al objetivo de cancelar a
una banda de origen francés, pero que a pesar de su estatus de anonimato, al
parecer reconoce que habría usado a Mikko como vocalista al menos desde el
inicio de la trilogía que queremos comentar.
Antes de eso lo poco que se conoce de la banda es que surge
como derivación de otro proyecto black metal llamado Hirilorn, formado en 1994,
cuyos integrantes Shaxul y Hasjarl continuaron con el proyecto paralelo DsO
cuando Hirilorn se acabó en 1999. En youtube he podido encontrar un par de
cosas de Hirilorn, incluyendo su único LP, “Legends of Evil and Eternal Death”
y el compilado de una hora y media “Hymn to the ancient souls”.
Así que DsO empieza más o menos en el cambio de milenio, y
sus dos primeros álbums, con Shaxul en voz, son dos buenas muestras de BM
francés: “Infernal Battles” y “Inquisitors of Satan”. Personalmente, me gustan
mucho ambos discos, desde los que resulta difícil darse cuenta de hacia dónde
iban a evolucionar después. Lamentablemente, como gran parte del BM francés, no
sólo tenían malas juntas (partiendo por el mismo Mikko, con cuyo Clandestine
Blaze editaron un split) sino que realizaron explícitas declaraciones de
carácter fascistoide, en una entrevista para el fanzine Northern Heritage. Por más que el promedio de edad de los
integrantes en ese momento debe haber rondado los 20/21, y que cualquier black
metalero promedio de esos tiempos daba discursos antihumanos y antivida,
resulta inquietante leerlos decir que los campos de concentración de la
Alemania nazi les parecen “fantásticos”.
Poco después de esas primeras obras, a las que hay que
agregar splits con Mutiilation y Moonblood, Shaxul se retira, y la banda queda
reducida al núcleo instrumental. En ese momento es cuando al parecer Mikko Aspa
se suma como vocalista, un dato que nunca ha sido oficialmente confirmado. La
banda ha dado apenas un puñado de entrevistas, no se saca fotos, no tiene
redes, y nunca ha señalado los nombres reales de sus integrantes.
Y en ese momento surge la primera pieza de la trilogía: “Si Monvmentvm Requires, Circvmspice” (2004): un LP doble en cuya portada aparece
una especie de ángel demoniaco en estado fetal. Con un sonido marcado por una
guitarra que conduce los temas mediante arpegios y líneas melódicas disonantes,
alternando silencios, canto gregoriano y la ya típica furia Black Metal de alta
intensidad con hipervelocidad a punta de blastbeat, la voz (¡Aspa?) nos va
relatando una compleja historia que parte con loas a Satán como gran destructor
del universo, los abusos sexuales de los curas católicos, y numerosos extractos
del Antiguo testamento. A esto se le llamó BM ortodoxo, o BM disonante, y si
por un lado espantó a los reaccionarios el sonido BM de segunda ola, por otro
abrió las compuertas del infierno hacia el “ennegrecimiento” de otro tipo de
materiales que en la particular forma de arte que practica DsO se vienen a
combinar con el sonido del BM más clásico. Así, se entiende perfectamente que
Weasel Walter se refiere a ellos en el 2006 como una banda avant black.
Tres años después llega el LP “Fas-Ite, maledicti, in ignemaeternum”, en cuya portada se aprecia a un hombre cayendo, ¿al abismo del fuego
eterno? En este disco la deriva experimental de DsO se profundiza, con un
sonido aún más abrasivo pero interrumpido por largos momentos de silencio. La
guitarra lidera los diversos tránsitos de caos a calma, y como siempre los
momentos de hipervelocidad parecen un agujero negro de ruido. Pero cabe
detenerse a apreciarlos bien, puesto que donde a primera escucha parece haber
solo una enorme Wall-of-noise, en verdad existen estructuras complejas pero
nada improvisadas, e incluso melodías y armonías ocultas.
Con esto ya estamos en condiciones de hablar de la tercera
parte, el álbum “Paracletus” (2010), en cuya portada el anterior ángel/hombre
ya se ha transformado en una bestia que está rodeada del fuego eterno.
Seguimos....
(El manuuscrito se interrumpe aquí).
Etiquetas: black metal
jueves, octubre 02, 2025
"Remain true to the Earth": observaciones sobre la política del Black Metal (Benjamin Noys)
Preparando recién ahora una ponencia para el Congreso de Horror y Metal que debo hacer mañana, usé el traductor de google por primera vez en mi boomer vida para entender mejor este excelente texto de Benjamin Noys, presentado aen Hideous Gnosis, el primer simposio de teoría black metal realizado en un bar de Brooklyn (Nue' a York) por ahí por el año 2009 si mi memoria no me traiciona.
Aclaro que nunca me ha gustado mucho Peste Noire pero dejo el link al album que acá se comenta. Démoles una (otra) oportunidad...
¡Manténganse
fieles a la tierra!: Observaciones sobre la política del black metal
Der Feind is unsre eigene Frage als Gestalt.
[El enemigo es nuestra propia pregunta como forma]
Carl Schmitt
Si tuviéramos que definir un grado cero de la política del
Black Metal (BM), sería una amalgama inestable de egoísmo stirneriano y
aristocratismo nietzscheano: un individualismo antihumanista radical
implacablemente hostil a todos los "fantasmas" ideológicos del orden
social actual, comprometido con la creación de una "aristocracia del
futuro" (Nietzsche) y la autogeneración de una "nada creativa"
(Stirner). La inestabilidad reside en la combinación de una hostilidad
desengañada hacia los ideologemas liberal-capitalistas con una "gran
política" nietzscheana de grados y rangos naturales. Más precisamente,
reside en la retención de ciertos "fantasmas" radicalizados —en
particular, la nación, la raza, la tradición histórica o contra-tradición, y la
guerra— que cumplen la doble función de perturbar los límites del discurso
aceptable dentro de las democracias liberales modernas y fundamentar el drenaje
abismal de todo contenido ideológico. Por supuesto, estos suelen ser
"fantasmas" asociados con la extrema derecha, el nazismo, el fascismo
y el ultranacionalismo. Mientras que el individualismo stirneriano podría
considerarse anarquista, o en el mejor de los casos indiferente a la política,
esta metafísica racial-nacional se utiliza a menudo, aunque no siempre, para
reterritorializar y establecer una "gran política".
Por supuesto, es perfectamente posible separar esta política,
que a menudo parece, en el mejor de los casos, secundaria o contingente, del
BM. Se puede establecer un contraste entre un radicalismo musical traicionado o
constreñido por estos «restos» de teopolítica. De esta manera, el crítico de
izquierda puede manejar y disfrutar con seguridad del BM y proclamar su propia
sofisticación al condescender con la ingenuidad de tales posturas políticas
adolescentes que, «desafortunadamente», marcan una estética por lo demás
admirablemente radical. También podemos imaginar una versión deleuzoguattariana
más sofisticada de este argumento: el efecto desterritorializador o
desmaterializador del BM como música requiere una base reterritorializadora,
pero solo para producir un lugar necesario de intensificación radicalizada;
después de todo, el nómada realiza su desterritorialización permaneciendo en su
lugar. En este caso, podríamos argumentar que los diversos «fantasmas»
territorializados son meros umbrales o sedimentaciones que, a pesar de su
propia territorialidad proclamada, el BM elabora, excede y pone en fuga. En la
versión más marxista de Evan Calder Williams sobre este tipo de argumento: «La
lección que se extrae del black metal es cómo su expresión sonora concreta
desmantela su ideología hablada». Lo que me preocupa es que ambas opciones, por
muy tentadoras que sean, se niegan a tomar en serio la coherencia entre
estética y política que se defiende desde el BM. En lugar de una división o contradicción
entre lugar y música, que debamos resolver política o teóricamente, prefiero
tomar el discurso interno del BM al pie de la letra.
Aquí quiero tomar un ejemplo específico de lo que podríamos
llamar, en términos que sin duda lo horrorizarían, un "intelectual
orgánico" del BM: Sale Famine. Mi elección está dictada por el hecho de que
Famine rechaza cualquier noción de la contingencia del vínculo entre BM y la
extrema derecha, insistiendo en cambio en la necesidad de tal vínculo. BM es,
en esencia, de derecha: "En mi opinión, sin ser necesariamente N[acional]
S[ocialista], el verdadero BM siempre es música de extrema derecha, ya sea de
Asia o América Latina, ya que la política de extrema derecha no es exclusiva de
la raza blanca, y siempre es satánico". (Famine, Zero Tolerance) En una
entrevista reciente, se investiga a Famine más a fondo sobre esta declaración,
y el entrevistador plantea el caso de una posible banda de BM "de
tendencia izquierdista" como Wolves in the Throne Room. Famine es
inequívoco en su reiteración: «Nunca he oído hablar de LOBOS EN LA SALA DEL
TRONO, pero si alaban la mezcla cultural, la propiedad común y la igualdad de
todos los seres humanos, entonces no, no tienen ningún derecho a tocar BM.
Solo tienen derecho a hacerme reír».
Para evitar cualquier malentendido, los aspectos negativos de
Famine son mis aspectos positivos y, por supuesto, su postura elimina
automáticamente cualquier comentario sobre el BM. A continuación, sin embargo,
quiero reconstruir la postura de Famine a través de sus declaraciones y de una
consideración de la práctica estética de Peste Noire. Quiero destacar, en
particular, cómo sus declaraciones y su estética se combinan para construir una
postura política particular.
Ctónico y Telúrico
¿Cuál es la razón por la que Famine afirma una articulación
esencial entre el BM y la política de la extrema derecha? Porque el BM se articula en
la tierra, en lo ctónico y lo telúrico, para establecer su identidad estética:
El Black Metal es la memoria musical de nuestros sanguinarios
ancestros, es la unión de la Tradición, del antiguo patrimonio racial con el
fanatismo, con la rabia y la temeridad de una juventud perdida. Es una
religión CTONIANA: un culto a la TIERRA y un retorno a ella, por lo tanto, un
nacionalismo; Un culto a lo que está BAJO la tierra: el Infierno. El adjetivo
"ctónico" también se aplica a los dioses infernales. El BM es un
fundamentalismo, una música con integridad (del latín "integer",
completo) que me ayuda a permanecer completo en un mundo moribundo, en medio de
un pueblo en decadencia, indigno de su sangre. Es la apología del oscuro pasado
europeo. Es una psicosis que nos ayuda a huir de una realidad que ya no podemos
tolerar.
Por lo tanto, un BM auténtico, real o verdadero, solo puede
ser, para Famine, un BM esencialmente territorial, selectivo y jerárquico en
cuanto a privilegiar un territorio singular e integral. Esto implica que el BM
nunca puede existir en abstracto, sino solo como una forma nacional, regional,
étnica o racial particular. Esta es una política y estética del Uno, pero que,
como veremos, solo puede manifestarse en la forma del Dos.
El resultado es una forma de nacionalismo peculiar, como
mínimo; aunque no tan extraña si se observan las influencias ocultistas que se
extienden a través del nazismo, el fascismo y las culturas de extrema derecha:
Soy nacionalista, no socialista... Mis dos naciones son: "France d'Oïl" [se refiere a las lenguas romances habladas en el norte de Francia, de las cuales deriva el francés estándar. El término "oïl" (en francés antiguo) significa "sí", y distingue estas lenguas del grupo de lenguas de oc (o "lenguas del no"), habladas en el sur de Francia] y el Infierno. El BM es un nacionalismo doble: temporal y espiritual, horizontal y vertical. 1° TEMPORAL, ya que siempre es la herencia de una SANGRE y de una TIERRA material que debe venerar. 2° ESPIRITUAL (vertical), ya que metafóricamente es un nacionalismo del Infierno y de las Tinieblas, una lealtad ética y estética al Reino del Mal. Por supuesto, comparto (digo "yo" porque no es necesariamente el caso de los demás miembros) algunos principios del nacionalsocialismo, pero también rechazo otros.
Parafraseando los ejes de lo que dice Famine, el BM articula un eje
horizontal de la historia, que establece con precisión una continuidad sinedecócica [quéchucha?!] desde el oscuro pasado europeo, recuperable solo en sus rastros dispersos, y
una base espacial vertical, una jerarquía espiritual inversa de estilo
neoplatónico, en la que la «escalera» del Ser desciende a la tierra en términos
de su participación en grados de oscuridad.
Esta política territorial desempeña un papel explícitamente
determinante en la estética del BM. Por muy desarraigado o abismal que parezca
este territorio, al estar «bajo tierra», sustenta la resistencia esencial
contra cualquier «abstracción» desterritorializadora y/o democratizadora. Las
propias contradicciones de la estética de Peste Noire, su propia parataxis
fracturada y extraña de elementos culturales, se relacionan precisamente con
esta territorialización espacio-temporal.
En cuanto al contraste entre lo tradicional y lo no
tradicional, diría que la Belleza, la Grandeza y la Nobleza emanan cuando Peste Noire evoca el PASADO europeo (lo que explica esa melancolía, que es nostalgia) con
un Black Metal acorde con la tradición de nuestros antepasados (BURZUM,
MÜTIILATION, VLAD TEPES). El odio, el terror, el DESORDEN y la locura estallan
cuando evocamos el mundo democrático ACTUAL. Naturalmente, ese desorden se
expresa en formas menos convencionales.
La ironía es que los elementos estéticos del BM que más
probablemente atraen al crítico cultural de izquierda o de tendencia
izquierdista –su uso de “formas menos convencionales”, su evocación del terror
o la locura– son simplemente elementos contingentes que resultan del análisis
mimético del mundo caído de la modernidad que Famine desprecia.
Evan Calder Williams señala que el álbum Ballade cuntre lo anemi francor (2009) de Peste Noire juega entre el "retorno
imposible" a un pasado perdido y "el ruido y el pulso desnudos de un
mundo moderno". Esto a menudo se juega en el contraste entre una voz
femenina "angelical" y el áspero y sibilante "demoníaco"
estilo Gollum de Famine, o, en la canción "La Mesniee Mordrissoire",
entre la voz de Famine y la armoniosa voz marcial masculina. A nivel de las letras
y la música, se presenta en la provocación deliberada de corromper las
canciones militares y monárquicas tradicionales con cantos de alabanzas a
Satanás y los elementos reconocibles, aunque inimitables, del black metal. La
dificultad es que ¿podemos simplemente suponer esta división como dada?
¿Podemos tener el "ruido y el pulso desnudos del mundo moderno" como
la crítica nihilista de lo que Badiou llama
"capitalo-parlamentarismo" sin la vergonzosa nostalgia fascista
arcaica? Para Peste Noire, o para Sale Famine, esta división es imposible, ya
que los elementos del pasado perdido chocan constantemente con el «ruido»
representativo de un mundo moderno caído; esta tensión casi «dialéctica» es
indivisible. El «satanismo boy scout» de Famine —Sieg Hell en lugar de Sieg
Heil, y la sodomía nietzscheana del superhombre— se basa en la conservación de
una «unidad fracturada» estética y política.
Partisano cultural
Para precisar más esta imbricación de política y estética,
quiero considerar la obra de Carl Schmitt, Teoría del partisano. Schmitt
intenta articular la perturbación causada por la figura del partisano en la
lógica estatal habitual de la guerra, en la que el partisano crea una
indistinción entre el combatiente convencional y el civil. En el análisis de
Schmitt, el partisano «bueno» es aquel que conserva su carácter telúrico:
«Defiende un territorio con el que tiene una relación autóctona». Por esta razón, el partisano, aunque perturba
el orden habitual de la distinción «amigo-enemigo» con la que Schmitt define el
espacio político, permanece dentro de él al tener un «enemigo real». El
partisano «malo», que Schmitt, como era de esperar, identifica con la
militancia comunista, carece de fundamento telúrico y, en cambio, generaliza su
lucha para crear un «enemigo absoluto». En este caso, «el partisano también se
volvió absoluto y portador de una enemistad absoluta».
Por supuesto, podría considerarse una adulación indebida
considerarlo como un «grupo partisano» de Peste Noire, aunque sería congruente
con su propia imagen. Lo que me preocupa, especialmente en el contexto de
Ballade Cuntre lo Anemi Francor, es la construcción estética y política de la
figura del «enemigo». Schmitt, al estilo nietzscheano, considera la figura del
enemigo como la forma o configuración de nuestra propia pregunta: «El enemigo
es quien me define. Eso significa en concreto: solo mi hermano puede desafiarme
y solo mi hermano puede ser mi enemigo». En Schmitt, la figura del enemigo
también tiene una función pacificadora: la política de construcción en torno a
la distinción amigo-enemigo es definirnos a nosotros mismos y también
considerar a nuestro enemigo como un enemigo, en lugar de como alguien a ser
exterminado. Si el partisano amenaza con desvincular esta función, su
fundamento telúrico y político en una lucha nacional defensiva es el medio que
Schmitt utiliza para retener al partisano dentro del nomos de la tierra.
En el caso de Famine y Peste Noire, podríamos argumentar que su propia identificación telúrica con una lucha cultural nacional defensiva cumple una función similar. La construcción vituperante de la figura de los "enemigos" plurales de Francia otorga una coherencia figurativa a su lucha cultural. Intentan mantenerse partidarios en el sentido positivo que Schmitt le atribuye a esta función, y así "permanecer fieles a la tierra". Sin embargo, este proyecto está en tensión con la fragmentación y dispersión que indica el plural. Aquí, la perturbación reside en aquello contra lo que se lucha: los efectos capitalistas y las fuerzas de la abstracción real.
Estas dinámicas de desarraigo y vaciamiento, de desarraigo y
desterritorialización, son, precisamente, el efecto de las relaciones sociales
y resisten la localización en enemigos figurativos particulares. La amenaza no
reside aquí en una política abstracta de igualdad, aunque, casi curiosamente, Famine
todavía parece considerarla una posibilidad. En cambio, se trata de la política
abstracta de igualdad de "un mercado bajo Dios", por usar la acertada
frase de Thomas Frank. El resultado es que podemos interpretar este singular
ejemplo de la política del BM como un ejemplo de resistencia, pero de un tipo
particular. Famine/Peste Negra intenta habitar, metafóricamente, la posición
del partidario telúrico de Schmitt para dar forma y figura a sus enemigos. La
huida de sus «enemigos», debido a los efectos desfiguradores del capital, vacía
constantemente este proyecto de contenido; de ahí la posibilidad, que considero
demasiado precipitada, de simplemente ubicar la política de Peste Negra o en BM en
alguna categoría de parodia posmoderna o ironía llana. No es que estos efectos
no ocurran, sino que son el resultado de operar dentro del marco cultural de
abstracciones reales. Si el enemigo que definimos al mismo tiempo nos da
autodefinición, entonces la lucha figurativa de Famine/Peste Negra es
interminable y fracasa sin cesar. Por lo tanto, sugeriría que hay una angustia
real aquí, independientemente de los deseos paródicos de Famine o de los
efectos paródicos de las formas socioeconómicas de la ley del valor. La suya es
una desesperación política/cultural, aunque una que, sin duda y necesariamente,
adopta formas telúricas malignas.
Ciertamente, solo me he centrado en un ejemplo singular de la política del BM. No la considero estrictamente metonímica de todas las posiciones y políticas del BM. Quiero argumentar que es sintomática y reveladora por su forma explícita y su ambición, así como, ¿por qué no?, por su éxito estético. Se trata de una política que se ajusta al análisis de Badiou de la «pasión por lo real» y del siglo XX como el siglo de la guerra y la escisión: una dialéctica estancada de la división del Uno en un Dos antagónico que jamás podrá estabilizarse.
La estética de Peste Noire no puede separarse de este antagonismo, sino que lo habita como el efecto de la fusión de lo estético y lo político para dar figuración a un «enemigo» siempre esquivo. Por supuesto, en contraposición al deseo de Famine, el deseo figurativo abstracto de su obra la pone al alcance de esos enemigos no telúricos ni ctónicos que profesa odiar; él, por supuesto, despreciaría este análisis.
No se trata de tomar el camino
fácil del posmoderno «cada uno lee a su manera», ni de una política ilimitada
de reinscripción que autorice una lectura «para el socialismo». En cambio, he
intentado tomar en serio un profundo compromiso, que rechazo políticamente sin
reservas, en la articulación cultural de lo político y lo estético. Sin
embargo, sigo siendo uno de los enemigos de Francia.
Etiquetas: black metal, fascistología
miércoles, agosto 27, 2025
“EL MUNDO SIN NOSOTROS”: APUNTES SOBRE TEORÍA BLACK METAL
Este texto pretende ser un comentario o más bien una
invitación a leer la antología “Teoría Black Metal”, recientemente publicada
por Holobionte ediciones, y de la cual han llegado varias copias a la Librería
Alma Negra en la comuna de Providencia, un lugar en que he presenciado que se
vende como pan caliente un libro editado recientemente sobre el trip-hop.
En primer lugar, debo agradecer al algoritmo de Bandcamp que
durante el otoño del 2023 me sugiriera escuchar un disco de la banda noruega
Darkthrone. Dos años antes, mientras trabajaba en mi libro “La religión de la
muerte” (Tempestades, 2023), había tratado de escuchar black metal en Youtube,
y de preferencia de la variedad nacional-socialista, para poder referirlo en la
parte en que hablaba de fascismo estético y estéticas fascistas. Lo que
encontré en ese momento no me llamó para nada la atención en lo musical, a
pesar de que secretamente tenía miedo de que una aberración así me gustara.
El disco de Darkthrone que escuché primero era el no tan
inspirado “Astral Fortress” (2022), que no me pareció mal, pero rápidamente
busqué en Google más información sobre la banda, y leí que eran responsables de
una “trilogía maldita” del black metal escandinavo, fechada entre 1992 y 1994,
cuando impactaron al mundo lanzando uno tras otro los LPs “A blaze in the northern sky”, “Under a funeral moon”, y “Transilvanian Hunger”. En 1992 aún
eran la banda que inicialmente hacía un death metal bastante técnico
inmortalizado en su más que decente álbum debut “Soulside Journey” (1991), pero
en medio de la grabación de lo que iba a ser su segundo álbum, se sintieron
atraídos por la luz negra del antiguo metal oscuro de los ochenta, con los
ingleses Venom, Bathory (Suecia) y Celtic Frost (Suiza) como inspiración
directa, abandonando en el camino el proyecto inicial y transformándolo en el
legendario “A blaze in the northern sky”, de 1992.
Este destello en el cielo nortino impulsó en gran medida la transformación
del heavy metal en una forma superior de arte, sónico, visual y lírico, y
resulta imposible exagerar su importancia en el desarrollo de la música actual.
La diferencia entre el death metal (técnico y virtuoso, con portadas mórbidas a
todo color, una especie de rock progresivo en lenguaje metal) y el black metal
(tosco, atmosférico, en blanco y negro y bastante influenciado por el punk)
puede ser detectada en esa transformación de estilo que sufrió Darkthrone a
inicios de los noventa. Y por cierto, el álbum abandonado no lo fue del todo:
años después lo completaron en el estudio bajo el nombre de “Goatlord” (2011) y
en el 2023 editaron “Goatlord (original)”: un excelente registro de los viejos ensayos
durante los cuales ocurrió la mutación del death al black, que es tal vez donde
mejor se aprecia la actividad creativa de una banda adolescente como esta en
esos momentos en que el heavy metal, una de las formas musicales y subculturas más
despreciadas por la crítica musical y los estudios culturales, se convirtiera
en “una forma vanguardista de ruido lo-fi anti-arte” (Andy R. Brown, A manifest
for metal studies: or putting the ´politics of metal’ in its place, 2018): una
de las últimas formas vivas de Avantgarde, que por su naturaleza totalmente
underground casi no necesita de la industria musical para existir.
El disco de Darkthrone que me llevó por primera vez a este
nuevo mundo que se abrió ante mis ojos y oídos fue el segundo de la trilogía: “Bajo una luna fúnebre” (1993), que según ellos fue el primero totalmente black metal. A lo
largo de mi vida había escuchado muchas músicas intensas, raras, oscuras e
indescifrables, pero nada de lo absorbido en cuatro décadas de fanatismo
musical extremo me había preparado para escuchar la verdadera suspensión del
tiempo histórico que se produce apenas arranca la batería hipnóticamente
monótona de “Natassja in Eternal Sleep” y la guitarra teje una maraña de
sonidos etéreos que no se parece en nada a los típicos riffs que siempre habían
definido al rock pesado; sobre ese fondo ya de por sí bastante único asoma una
voz sufriente y agónica que no parece provenir de una criatura humana. El resto
del disco es una maravilla de la música moderna, tal como lo es gran parte de
la obra inicial de la banda que para la tercera parte de la trilogía,
“Transilvanian Hunger” (1994), ya había quedado reducida al dúo compuesto por
el baterista Fenriz grabando todos los instrumentos en Necrohell (su estudio
casero), y el guitarrista Nocturno Culto agregando las voces a posteriori. La
fidelidad al nuevo estilo y su arcaísmo se hace evidente si comparamos las
baterías de “Soulside Journey”, expresivas y virtuosas, con la monotonía
minimalista de las que toca en “Transilvanian Hunger”, que en palabras de
Hunt-Hendrix “significa un continuo rasgueo de acordes abiertos y blast beat.
Este puro blast beat es la eternidad en sí misma, sin figuras
articuladas, sin principio ni final, sin pausas, sin rasgo dinámico. Es un
pájaro volando sin lugares donde posarse, ni siquiera por un momento. Y lo que
al principio parecía un gran clamor va reduciéndose a un zumbido atrofiado.
Después de haber subido a la cima, el montañero se tumba y muere congelado”.
Comentando la canción de Natassja, el australiano Bill Peel
-autor de “Tonight it´s a world we bury. Black metal, red politics”, Repeater
books, 2023, comentado en estas páginas hace dos años- destaca su fetichismo de
la muerte, que “oscurece cualquier vida potencial por su obsesión miope con un
evento pasado”. El narrador, con un inglés imperfecto, “se consuela a si mismo
con alcohol, recordando a su Natassja que ya lleva siglos muerta”. La letra
“está escrita en tiempo presente, pero describe un recuerdo del pasado lejano;
el narrador presente está completamente subordinado al pasado”, y mantiene a
Natassja como “un objeto de devoción perfecta”:
“El verdadero recuerdo con que me dejaste/Es una llave al
vino de la melancolía”.
“Nunca te olvidaré/Lo mejor de todo sigue acá”.
“Vives en mí, y te mueves con mi alma
Tu resurrección es tu espíritu instalado en mí
Así que ahora tus pensamientos y tus dolores son mi vino
Y Natassja, dejaré que estos benditos ángeles se
emborrachen”.
Podría seguir describiendo las maravillosas canciones y
relatando las intensas y polémicas aventuras de esta tropa de vikingos llamada
Darkthrone, pero lo dejaré para otra ocasión. En este momento lo que quiero es
contarles que en el aún pequeño pero siempre creciente mundo de fanáticos del
metal extremo, al parecer existe la fuerte inclinación de algunos a filosofar
en relación con su objeto del deseo, lo cual ha gatillado la organización de
simposios sobre “teoría black metal”, que ya se han plasmado en tres libros y
unas cuantas revistas dedicadas al “oscurecimiento” (blackening) de la
teoría, haciendo del black metal una actividad que va mucho más allá de lo
estrictamente musical, que se expresa en esta peculiar forma de trabajo
reflexivo y discursivo. Porque existen libros por montones sobre cada estilo
musical que se te ocurra, y dentro de eso hay algunos buenos libros como el de
Matías Gallardo “Nacidos para arder. La historia del black metal” (editado en
Argentina, Jedbangers, 2022) e incluso libros como el de Ross Hagen en la
colección 33 1/3 que analiza partitura en mano las canciones del “Blaze” de
Darkthrone, pero la Teoría Black Metal es otra cosa: es una forma de oscurecer
el mundo y con eso tratar de transformarlo, convirtiendo este apocalipsis a
fuego lento en “pure fucking armageddon” (como tituló Mayhem a su desastroso
demo debut de 1986).
Que yo sepa, se han realizado tres simposios de Teoría Black
Metal hasta el momento. El primero, efectuado en un bar de Brooklyn, Nueva
York, en el 2009, dio lugar al libro “Hideous Gnosis”, autoeditado ese mismo
año. Después se realizó un segundo encuentro, del que da cuenta el libro “Mors
Mystica” (Schism Press, 2015). Y un tercer simposio efectuado en Irlanda se
centró en la relación entre black metal y ecología, siendo publicado por la
prestigiosa Zero Books en el 2014 bajo la coordinación de Scott Wilson y el título
de Melancology.
Lamentablemente estos tres interesantes libros hasta ahora no
han sido traducidos al idioma de Cervantes y Barón Rojo, aunque pueden ser
encargados en Buscalibre. Supliendo parcialmente esta carencia, la editorial
española Holobionte acaba de lanzar este año un libro colectivo sencillamente
titulado “Teoría Black Metal” (TBM de acá en adelante) que bajo la coordinación
de Oriol Rosell y Federico Fdez. Giordano reúne algunos textos anglosajones que
se han seleccionado de algunos de esos libros y revistas, más unos cuantos aportes
surgidos en el medio hispano.
En la presentación del libro los editores se encargan de
explicar la vinculación entre black metal y filosofía en tiempos de crisis del
humanismo y descomposición irreversible de la modernidad. Pues, “a su manera
asilvestrada y brutal, el black metal fue la primera manifestación musical
basada en (y reactiva a) la quiebra del antropocentrismo”, razón por la cual
“la mayor parte de las angustias contemporáneas pueden proyectarse en el black
metal sin requerir de excesivos malabarismos hermenéuticos”. La temporalidad
del black metal “sucede después del apocalipsis, una vez acontecida la
extinción”.
El black metal sería así la banda sonora de un “mundo sin
nosotros”, y por eso es que pocas músicas resultan más ad hoc para estos
tiempos apocalípticos. Apocalípticos agrego yo, porque como nos recuerda
Maurizio Lazzarato en “El capital odia a todo el mundo” (Eterna Cadencia, 2020),
“apocalipsis” significa etimológicamente “quitar el velo, descubrir o revelar”,
y los tiempos apocalípticos que vivimos “revelan que, bajo la fachada
democrática, detrás de las ‘innovaciones’ económicas, sociales e
institucionales, está siempre el odio de clase y la violencia de la confrontación
estratégica”.
El black metal (sobre todo en su variedad conocida como war
metal) sabe de odios recónditos y de la violencia del enfrentamiento bélico en el
peculiar estado de naturaleza en que se escenifican sus rituales sonoros. Toma
la señal de la cruz, una herramienta para torturar causando la muerte, y la
invierte, simbolizando con ello una espada (lo cual es bastante significativo
porque el Nuevo Testamento nos enseña que el mismísimo Jesús dijo que no había
venido a traer la paz sino la espada). Sus figuras mitológicas son la bruja y
el guerrero, además del culto a las distintas manifestaciones demoníacas, más
antiguas y subconscientemente arraigadas que el conjunto de las religiones monoteístas
organizadas. Su principal “problema político” es que suele pensar en términos
de raza o nación más que de clase social o del género humano-más allá de
esporádicos momentos como cuando Darkthrone canta “I am the working class”-, y
por eso es que suele sucumbir en los brazos de variadas formas de fascismo
esotérico y no tanto, pero ya me estoy dispersando…
La selección de textos incluye a algunos de los pioneros de
la Teoría Black Metal: Edia Conole con “La negrura soy yo”, Nicola Masciandaro y
Reza Negarestani con “El black metal y el comentario”. Masciandaro, considerado
el precursor de la TBM desde su comentario del 2009 a la canción “Black
Sabbath” -la primera del primer álbum de la banda del mismo nombre: el momento
fundacional del heavy metal, en febrero de 1970-, aparece además con “Reflexiones
desde el crisol intoxicológico” y “Metal studies y la escisión de la
palabra: una arqueología personal de la exégesis del Headbanging”. Negarestani
aparece además con “Subjetividad melanlógica”.
De Timothy Morton se incluye “En la orilla del estanque
brumoso de la muerte”, donde se dedica a analizar la obra de la banda norteamericana Wolves in the Throne Room, un interesante ejemplo de black
metal ecologista, completamente desfascistizado y vinculado al grupo Earth
First!, que sirve de demostración de cómo un género que suele ser asociado a
opciones políticas de ultraderecha ha sido objeto de una disputa interna por su
resignificación, la que ha sido especialmente notoria en Estados Unidos con el cascadian
black metal, además de varias muestras del llamado native black metal,
practicado por sujetos ligados a pueblos originarios. Para conocer este curioso
abordaje no fascista, ecologista y pro queer de un estilo definido básicamente
por su negatividad, recomiendo el libro “Black Metal Rainbows”, editado por
Daniel Lukes y Stanimir Panayotov -PM Press, 2023-, que de entrada destaca la
paradoja del black metal, en cuyo interior “se despliega nada menos que una
batalla cultural entre quienes lo reclaman para fines racistas y nacionalistas
y los que dicen Nazi Black Metal fuck off!”.
Scott Wilson, organizador del tercer simposio y editor del
libro Melancología aparece en esta antología con un texto del mismo nombre.
Juliet Forshaw aporta “El antagonismo en el metal: apuntes sobre Hideous
Gnosis”. Daniel Lukes analiza el black metal industrial, y desde España
Francisco Jota-Pérez dedica un texto a la banda de black metal experimental
Portal: una de las mejores, a mi juicio, dentro de un universo de miles de
bandas de las diversas variedades de metal negro que se practican en el planeta
Tierra.
Una decisión interesante fue la inclusión de dos textos de la
persona que lidera la banda neoyorkina Liturgy: “Black metal trascendental”,
ponencia originalmente presentada por Hunter Hunt-Hendrix en el Primer simposio
el año 2009. “Black metal trascendental: ideas para un humanismo apocalíptico”
-de donde tomé la descripción del “Transilvanian Hunger” referida más arriba- fue un texto bastante original y siempre al
borde de lo intelectualmente pretencioso, como cuando afirma que “El black
metal representa la superación de la Contracultura y el auge de lo Es(t)ético”.
Hunt-Hendrix en su famoso manifiesto hacía una distinción
entre el black metal trascendental y el black metal nórdico o “hiperbóreo”, y explicaba
la propuesta de su banda Liturgy como la necesidad de una “autosuperación” capaz
de crear un tipo de black metal que definía como “afirmativo”: solar, hipertrófico,
audaz, finito y anteúltimo, en oposición a lunar, atrófico, depravado, infinito
y puro. Su técnica sería el burst beat, “una variación mutante y
extasiada del blast beat” (técnica de batería ultrarrápida propia del
black metal), y su verdadero acontecimiento fundacional no sería el asesinato
de Euronymous (Mayhem) por Varg Vikernes (Burzum) en 1993, sino el suicidio de
Dead (el cantante sueco de Mayhem) en 1991.
En el otro texto, “La pericóresis de música black metal, arte
y filosofía”, presentado en el segundo simposio, Hunt-Hendrix relata el
bullying despiadado que obtuvo como resultado de haberse atrevido a plantear dichas
ideas, que fuera de ese círculo fueron muy mal recibidas por un medio tan
machista y reaccionario que no se demoró nada en clasificar lo suyo como una
forma falsa o posera de “hípster black metal”.
En esta ocasión los textos vienen atribuidos a Ravenna Hunter
Hunt-Hendrix, uno de los nombres adoptados por la guitarrista/vocalista tras su
transición de hombre a mujer a partir del 2020, quien nos dice sentirse “atada
de por vida a una personalidad imaginaria con la que no puedo identificarme, la
de un detestable instigador de polémicas que vive en la mente de muchos fans y
periodistas musicales, y cuya única misión es ser un grano en el culo para
ellos”.
La española Clara Ramas (ex Nacional-Socialista según me dijo
un amigo, cosa que no he podido comprobar, a diferencia del hecho de que se
define como “marxista heterodoxa, antiliberal ortodoxa” y es diputada por un
partido de izquierda) contribuye al cierre del libro con “Black metal: trauma y
signo”, un texto que repasa los aportes estilísticos del género, y especula
sobre su futuro, que consistiría en “encontrar formas musicales cada vez
mejores, metáforas más precisas, estéticas más convincentes”, refiriendo varias
de las formas más novedosas e incluso vanguardistas de black metal que se están
produciendo recientemente. Pues en este sentido, creo que el black metal más
que un género musical es una especie de agujero negro que puede alimentarse de
distintos géneros y subgéneros musicales, transformándolos profundamente desde
dentro.
Claudio Klesko escribe sobre la “Insurrección gótica”, un
texto extraído de la publicación italiana Demonologia Rivoluzionaria (2020),
Bogna M. Konior sobre “Deep-learning metal y la música de la máquina”, y
Zareen Price aporta con “Dilatación”, su introducción al primer número de la
revista Helvete. A journal of black metal theory (2013).
Se echan de menos algunos textos esenciales de los tres
simposios y revistas afines, por ejemplo “Remain True to the Earth!:
Remarks on the Politics of Black Metal” de Benjamin Noys, donde se atreve a enfocarse
en uno de los ejemplares más fascistas de este estilo, la banda francesa Peste Noire, a través de entrevistas a su líder explícitamente neonazi.
Pero por algo hay que empezar, y este bello artefacto parece
ser el mejor punto de partida en español hasta el momento. Como dicen en el
prólogo los editores, el libro es “una invitación a pensar en el black metal.
‘En él’ en tanto que dentro de él y desde él. No propone un
acercamiento al black metal, sino habitarlo”.
Post-scriptum: Me informan que este libro se está vendiendo
bastante rápido, superando incluso al del trip hop (de RJ Wheaton en la
Colección 33 1/3, editado en Chile por Club de fans). Vaya por su copia y vea
si por mencionar este reseña le hacen el descuento especial de $ 666.
Etiquetas: black metal





