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miércoles, diciembre 31, 2025

Exposición en la Universidad de Playa Ancha el 25 de noviembre del 2025 

 


1.- Nuevas derechas y post-fascismo

La dicotomía izquierda/derecha (o izquierdas y derechas, pues nunca hubo una sola forma) ya cumple más de dos siglos, a lo largo de los cuales se ha ido modificando considerablemente. Así, el liberalismo nace a la izquierda, representando las posiciones de la “burguesía revolucionaria” después de 1789, mientras la derecha inicialmente designaba al bando contrarrevolucionario: monárquico y aristócrata. Cien años después, la izquierda contenía por sobre todo a la gran familia socialista (desde la socialdemocracia al anarquismo, y luego al comunismo como radicalización “por izquierda” de la socialdemocracia durante la 1ra Guerra Mundial), y la derecha consistía en una histórica alianza liberal/conservadora que en el marco de la Guerra Fría se alineaba con la defensa del capitalismo y la “civilización occidental”. 

Mucho ha cambiado en la primera cuarta parte del siglo XXI.

Parte de la izquierda abandonó totalmente la idea de “revolución social” que la caracterizó en los dos siglos anteriores, para asumir una bastante posmoderna política de las identidades, o la defensa (al menos discursiva) de una versión neokeynesiana de la socialdemocracia, que en la práctica poco se distingue de una mera administración culturalmente “progresista” del neoliberalismo. Otra izquierda sigue pretendiendo ser anticapitalista o antineoliberal, pero sus modelos de sociedad alternativa son una curiosa mezcla de nostalgia por el “socialismo real” y reivindicación de capitalismos alternativos como el chino, liderazgos reaccionarios como el de Putin, la multipolaridad y los BRICS.

A la derecha tradicional o convencional le han brotado una serie de competidores por extrema derecha, desde tradicionalistas y fascistas clásicos a libertarianos de derecha, anarcocapitalistas y variadas y ecléticas formas de “Alt Right”.

Aparentemente la composición de clase también ha cambiado: gran parte de la izquierda liberal/progre es burguesa o pequeño-burguesa (sin entrar en la vieja discusión: ¿burguesía pequeña o clase intermedia entre burguesía y proletariado?), y es evidente que el “bajo pueblo”, proletarios y subproletarios sin consciencia de clase (ver al respecto las clases de Mark Fisher de finales del 2016), se identifica hoy en día con los nuevos liderazgos mesiánicos/populistas de personajes como Trump, Bolsonaro, Kaiser, Kast o Milei. Como ha dicho el relator de la ONU sobre extrema pobreza Olivier De Schutter en su Informe de este año “El populismo de ultraderecha y el futuro de la protección social”, “los populistas de ultraderecha afirman representar a la “gente corriente” frente a las “élites”. Sin embargo, en muchos casos, ellos mismos forman  parte de la élite y deben su ascenso en la política a la riqueza de su familia o a sus conexiones sociales. Una vez en el poder, suelen tratar de mantener los privilegios de la misma élite económica a la que critican en sus discursos” (Párr. 40).

¿Cuál es la mayor similitud entre los fascismos del siglo XX y estas nuevas derechas post-fascistas? Según el teórico húngaro Gaspar Miklos Tamás, el primero que acuñó el concepto de pos fascismo hacia el año 2000, “el posfascismo es un conjunto de políticas, prácticas, rutinas e ideologías que pueden observarse en todas partes del mundo contemporáneo; que poco o nada tienen que ver, excepto en Europa Central, con el legado del nazismo; que no son totalitarias; que no son en absoluto revolucionarias; y que no se basan en movimientos de masas violentos ni en filosofías voluntaristas e irracionalistas, ni tampoco juegan, ni siquiera en broma, con el anticapitalismo”.

Pese a todas esas diferencias con el viejo fascismo (que en todo caso ha seguido manifestándose dentro del amplio abanico de tendencias actuales), este autor sigue usando la etiqueta “fascismo”, al señalar que “el posfascismo encuentra fácilmente su nicho en el nuevo mundo del capitalismo global sin alterar las formas políticas dominantes de la democracia electoral y el gobierno representativo” y “hace lo que considero central en todas las variantes del fascismo, incluida la versión postotalitaria. Sin Führer, sin régimen de partido único, sin SA ni SS, el posfascismo revierte la tendencia de la Ilustración a asimilar la ciudadanía a la condición humana”.

“El posfascismo no necesita tropas de asalto ni dictadores. Es perfectamente compatible con una democracia liberal anti-Ilustración que rehabilita la ciudadanía como una concesión del soberano en lugar de un derecho humano universal (…) Dado que el posfascismo rara vez es un movimiento, sino simplemente un estado de cosas, gestionado la mayoría de las veces por los llamados gobiernos de centroizquierda, es difícil identificarlo intuitivamente. L@s posfascistas no suelen hablar de obediencia total y pureza racial, sino de la superautopista de la información”. (Adorno: fascismo en democracia y fascismo contra la democracia).

Otro aspecto clave que destaca este autor es que estamos en un contexto de “Desregulación para el capital y regulación estricta para el trabajo”. En este escenario, “si la fuerza de trabajo queda atrapada en la periferia, tendrá que soportar los talleres clandestinos”. “Los intentos de luchar por salarios más altos y mejores condiciones de trabajo no se enfrentan a la violencia, l@s rompehuelgas o los golpes militares, sino a la fuga silenciosa de capitales y la desaprobación de las finanzas internacionales y sus burocracias internacionales o nacionales, que tendrán la capacidad de decidir quién merece ayuda o alivio de la deuda. Citando a Albert O. Hirschman, la voz (es decir, la protesta) es imposible, es más, inútil. Sólo queda la salida, el éxodo, y es tarea del posfascismo impedirlo”.

2.- El fascismo (visto por los fascistas)

Los estudiosos del fascismo se han dividido desde un inicio entre quienes toman en serio su ideología y quienes sólo lo ven como una manipulación burguesa (las dos versiones marxistas dominantes serían la teoría de la agencia y la que lo ve como forma de bonapartismo). Según Roger Griffin, es necesario estudiar como los fascistas se percibían a sí mismos, y en este empeño él destaca su carácter “revolucionario”: algo que los marxistas jamás reconocerán pues tendrían que admitir una versión rival a la de la revolución socialista/comunista).

El jurista italiano Giorgio Locchi (muy influyente en la Nouvelle Droite) que en “La esencia del fascismo como fenómeno europeo” afirma que “más allá de diferencias específicas, todos los movimientos fascistas y todas las variadas expresiones de la Revolución Conservadora (entendida aquí como corriente espiritual) tiene una esencia común”.  “Los movimientos fascistas de la primera mitad del siglo son la expresión política, inmediata e instintiva, de un nuevo sentimiento del mundo que circula por Europa a partir ya de la segunda mitad del siglo XIX. Tienen el sentimiento de vivir un momento de trágica emergencia y se precipitan a la acción obedeciendo a este sentimiento; se movilizan políticamente pero, al contrario que otros partidos y movimientos, no hacen referencia a alguna concreta filosofía o teoría política y asumen más bien casi siempre un comportamiento antiintelectualista. Los movimientos fascistas se coagulan por instinto en torno a un programa de acción inspirado por un sistema de valores que se opone drásticamente al sistema de valores igualitarista, que se encuentra en la base del democraticismo, liberalismo, socialismo, comunismo. Por contra, resulta fácil constatar que, en el seno de un mismo movimiento fascista, personalidades de primer nivel expresan y defienden filosofías y teorías bastante diferentes, a menudo poco conciliables entre ellas e incluso opuestas”.

Visto así, los fascismos eran movimientos mucho más heterogéneos de lo que nos hemos acostumbrado a pensar desde que la izquierda vio al “nazi-fascismo” como una entidad única y homogénea. Pero a pesar de esta gran diversidad y a la retórica seudorevolucionaria y hasta anticapitalista que caracterizaba a algunas de sus expresiones, es su marcado anti-igualitarismo el que lo ubica siempre a la extrema derecha del espectro político, por su marcada naturaleza contrarrevolucionaria de larguísimo plazo. Como ellos mismos dicen: reaccionan contra los valores de la Ilustración. Y a diferencia de lo que sostiene Locchi, está más que demostrado que los movimientos fascistas no sólo existieron en Europa, sino que prácticamente en todo el mundo, expresando esa misma contrarrevolución, que a corto plazo respondía desde 1917 a la amenaza de revoluciones socialistas.

3.- Colonialismo y fascismo

Analizar la dimensión global (y no sólo europea) del fascismo nos enseña cosas importantes. Entre ellas, que la modernidad capitalista no se agota en los “valores (positivos) de la Ilustración”. Esta es también lo que no se dice que es: oculta la violencia de la acumulación originaria y el colonialismo. Y en gran medida los fascismos de los países centrales vinieron a demostrar que se podían utilizar también en las metrópolis los métodos que desde hace décadas y siglos usaban estas potencias en la periferia y el “tercer mundo”. En este aspecto el fascismo también fue más parasitario o adaptativo que creativo.  Como destacó el comunista martinicano Aime Cesaire en su “Discurso sobre el colonialismo” (1950):

Y entonces, un buen día, la burguesía es despertada por un golpe formidable que le viene devuelto: la GESTAPO se afana, las prisiones se llenan, los torturadores inventan, sutilizan, discuten en torno a los potros de tortura.

Nos asombramos, nos indignamos. Decimos: «jQue curioso! Pero, jbah!, es el nazismo, ya pasara!». Y esperamos, nos esperanzamos; y nos callamos a nosotros mismos la verdad, que es una barbarie, pero la barbarie suprema, la que corona, la que resume la cotidianidad de las barbaries; que es el nazismo, sí, pero que antes de ser la victima hemos sido su cómplice; que hemos apoyado este nazismo antes de padecerlo, lo hemos absuelto, hemos cerrado los ojos frente a él, lo hemos legitimado, porque hasta entonces solo se había aplicado a los pueblos no europeos; que este nazismo lo hemos cultivado, que somos responsables del mismo, y que el brota, penetra, gotea, antes de engullir en sus aguas enrojecidas a la civilización occidental y cristiana por todas las fisuras de esta.

Si, valdría la pena estudiar, clínicamente, con detalle, las formas de actuar de Hitler y del hitlerismo, y revelarle al muy distinguido, muy humanista, muy cristiano burgués del siglo XX, que lleva consigo un Hitler y que lo ignora, que Hitler lo habita, que Hitler es su demonio, que, si lo vitupera, es por falta de lógica, y que en el fondo lo que no le perdona a Hitler no es el crimen en sí, el crimen contra el hombre, no es la humillación del hombre en sí, sino el crimen contra el hombre blanco, es la humillación del hombre blanco, y haber aplicado en Europa procedimientos colonialistas que hasta ahora solo concernían a los árabes de Argelia, a los coolies de la India y a los negros de África.

Y este es el gran reproche que yo le hago al pseudohumanismo: haber socavado demasiado tiempo los derechos del hombre; haber tenido de ellos, y tener todavía, una concepción estrecha y parcelaria, incompleta y parcial; y, a fin de cuentas, sórdidamente racista.

 

4.- ¿Qué Derechos Humanos?

Lo que conocemos cono “DDHH” surge más o menos en la mitad del siglo XX: post segunda guerra mundial, aliados “contra el nazismo” se reconfiguran como enemigos en la Guerra Fría. Un bando privilegia los DCP, otro los DESC. Surge la jerga y la institucionalidad propia del movimiento de los DDHH: DIDH, convenciones y tratados, órganos especializados, burocracia internacional. (Ver el texto de Douglas Kennedy: “Movimiento internacional por los DDHH: ¿Parte de la solución o del problema?”).

Pero sus antecedentes más lejanos datan al menos de 1789 y las “revoluciones burguesas”. Ahí surgen las “Declaraciones de Derechos”: algunas consagran el “sentido común” y derechos ya existentes (Independencia de EEUU) y otras más bien proponen un nuevo orden a alcanzar (Declaración francesa de derechos del “hombre y el ciudadano”) (Ver texto de Habermas sobre Derecho natural y revolución en “Teoría y praxis”).

El discurso de DDHH es asumido por todo el espectro político oficial (democracia representativa).  Pero ha empezado a ser cuestionado, tensionado o resignificado por las nuevas derechas. Lo cual es similar a lo que pasa con la idea misma de democracia: ¿Existe una sola o varias? ¿Falsa democracia en oposición a una verdadera? ¿Democracia directa contra democracia representativa? ¿Son los fascistas (en sus versiones neo y old fashion) enemigos de la democracia en sí misma, o conciben otras formas de democracia, orgánica e iliberal?

Lo que está claro es que no podremos hacer nada que valga la pena si seguimos mirando la historia por el espejo retrovisor. No podemos retroceder al estado keynesiano ni a los tiempos de la revolución rusa, china, española o cubana. El capitalismo avanza, nunca retrocede. Las nuevas derechas, como los viejos fascismos, usan una retórica conservadora y tradicionalista, pero en otro sentido no podrían ser más modernistas o incluso aceleracionistas. La izquierda hasta ahora ha pasado del “no la vimos venir” a campañas por el “mal menor”, diciendo que “no pasarán” cuando en verdad el fascismo ya pasó, y como dijo Guattari: “no deja de seguir avanzando. En evolución permanente, no deja de atravesar mallas cada vez más finas. Parece venir de fuera, cuando en verdad encuentra su energía en el corazón del deseo de cada uno de nosotros”.

La desfascistización debe comenzar por asumir este hecho, y no tenerle miedo a la crítica radical de la democracia y los DDHH.

Como dijo el general Sun Tzu hace más de dos milenios, “si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no debes temer el resultado de cientos de batallas. Si te conoces a ti mismo pero no al enemigo, por cada victoria que ganes también sufrirás una derrota. Si no conoces ni al enemigo ni a ti mismo, sucumbirás en cada batalla”.

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domingo, noviembre 09, 2025

LA PULSIÓN FASCISTA DEL ROCK: ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LA ESTÉTICA DEL BLACK METAL 

Este texto surge de las notas en base a las cuales presenté una ponencia de similar título el viernes 3 de octubre de 2025 en el Congreso sobre Horror y Metal en la Universidad Alberto Hurtado (sí: es raro hablar de rock satánico en un sitio cuyo nombre homenaje a un sacerdote católico). 


“En efecto, nada de esto significa que los fascistas se hallen incapacitados de experimentar la belleza, los arrobamientos y asombros. Más bien, lo que hace el fascismo es capturar esa experiencia, buscar enclaustrarla entre sus coordenadas, reducirla al museo de una memoria permanente y siempre disponible a su reproducción: petrificarla y monumentalizarla para seguro goce de la propia voluntad del hombre a dejarse hechizar” (Aldo Bombardiere, (Des)fascistización: sensibilidad, captura y resplandores).

1.- Recuerdo haber leído en la revista Bardo Methodology una entrevista a un integrante de la banda Abigor (veteranos del black metal austríaco), que en una parte destacaba algo así como que el black metal (o BM) se asocia a muerte y homicidios en base a un par de suicidios y asesinatos que se produjeron en Escandinavia a inicios de los 90, lo cual era una proporción de violencia homicida bastante baja en comparación, digamos, al gangsta rap y la cantidad cercana al centenar de muertos que ha causado rivalidad interna entre artistas y pandillas de las escenas de las dos costas de Estados Unidos. Agregaría un ejemplo aún más llamativo, cual es el del reggae jamaicano que se asocia a sentimientos universales de “paz y amor” a despecho de su violento original subcultural en los guetos del país de Bob Marley (el primer “rock star” del tercer mundo). Busquen listados de muertes asociadas a cada una de estas subculturas musicales y saquen sus propias conclusiones.

2.- En el caso del BM, más allá de la misantropía o el satanismo, lo que forma parte de su leyenda negra es la asociación con la extrema derecha y el fascismo en sus distintas variedades, lo que ha llevado a que una cantidad importantes de entusiastas del estilo se identifique con la simbología y posiciones nacional-socialistas, notoriamente en la facción del NSBM (National-Socialist Black Metal), y más disimuladamente en una serie de bandas con simpatías fascistas menos obvias, o que practican una cierta ambigüedad marcada por “amistades peligrosas” (aunque acá, como en todo el arte, no siempre aplica eso de “dime con quien andas y te diré quién eres”).

3.- Pero ¿es la obsesión por la estética fascista una característica propia del BM? Claramente no: desde hace más de medio siglo se han manifestado diversas formas de obsesión cultural con el fascismo, no sólo en el metal, el punk y las corrientes más contraculturales o extremas derivadas del viejo rock and roll. Grandes artistas pop, desde David Bowie y Bryan Ferry a Lemmy de Mötörhead y Siouxsie han reconocido su abierta fascinación con las estética del fascismo, y no suelen ser “funados” por eso: al contrario, en el permanente revival a que nos conduce la Retromanía (S. Reynolds) que impera en la industria de la música al menos desde hace dos décadas, los artistas mencionados junto a varios otros gozan de un estatus de estrellas o rock stars indiscutidas, siendo muchos de ellos adorados precisamente en las subculturas más “progres”.    

4.- Mucha gente que ama a David Bowie no me cree cuando le comento sus inclinaciones y declaraciones abiertamente fascistas de los 70. Cabe mencionar que no se trató de mero coleccionismo de objetos, sino que a lo largo de varias entrevistas de los setenta Bowie fantaseaba con la identificación entre la estrella de rock y el Führer, reconociendo su “fuerte inclinación al fascismo”, llegando a anunciar que venía “un nuevo Hitler”, ofreciéndose él mismo para gobernar el mundo, creando primero su propio país: “una tiranía totalitaria de derecha” para “disipar los humos del liberalismo que vuelven fétido el aire en todo momento”. Tras comparar a Hitler con Mick Jagger, Bowie dijo que el Führer “no era un político, era un artista de los medios” y que “usó la política y la teatralidad para crear esa cosa que le permitió gobernar y controlar el espectáculo por doce años”.

Como muchos, Bowie era lector de Nietzsche, y cada vez se fue interesando más por el ocultismo, un mundo en que abundan “hitleristas esotéricos” y otros fascismos estéticos.  Posteriormente Bowie justificó sus excesos verbales por el efecto del consumo sostenido de cocaína, además de invocar una especie de licencia poética, pero como concluye Reynolds “aquellos comentarios de Bowie no parecen provocaciones al azar”. Al contrario, “son tan frecuentes, presentan una argumentación tan articulada y un tono tan exaltado que se hace difícil no llegar a la conclusión de que en ese momento el cantante experimentaba algún tipo de fascinación macabra por el fascismo”. Tal vez la mayor expresión de este coqueteo es cuando al inicio de la canción Diamond Dogs, Bowie grita: “¡esto no es rock and roll, es genocidio!”.

Estas referencias están tomadas del libro Simon Reynolds Como un golpe de rayo. El glam y su legado de los setenta al siglo XXI (Caja Negra, 2017). Existe además un libro dedicado específicamente a este tema: Jaime Gonzalo, Mercancía del horror: fascismo y nazismo en la cultura pop (Libros Crudos, 2016).

5.- El productor Guy Stevens (responsable del “Londoncalling” de The Clash) se refirió a Hitler como “el primer manipulador del rock and roll”, lo cual demuestra que la idea estaba en el ambiente, y no es casual que en una canción de su primer LP, “(White man) In Hammersmith Palais” (1977), The Clash cantara acerca del estado de las cosas en una Gran Bretaña donde “toda la gente está cambiando sus votos y sus impermeables” y en que “si Adolf Hitler llegara en un avión, de seguro le enviarían una limosina”.

Algunos factores interesantes que podían explicar el fenómeno de Hitler como ícono pop los suministra Lucy Oporto cuando comenta la obra de Syberberg “Hitler, una película de Alemania” (1977). Allí señala que “führer” también puede traducirse como director o conductor, en el sentido que se la da en el teatro y el cine, y que tanto la obsesión de Hitler con el cine en tanto medio técnico (veía con calma todas las películas que censuraba), como los aspectos de psicopatología de masas, regresión mítica y catástrofe psíquica colectiva presentes en el fenómeno nacional-socialista explicarían lo que Susan Sontag en Fascinante Fascismo describió como la persistencia de una “sustancia hitleriana que sobrevive a Hitler” (Lucy Oporto, “La escatología degenerada del nacionalsocialismo”, en: Los perros andan sueltos. Imágenes del postfascismo. Santiago, USACH, 2015).

Por lo demás, Hitler fue en su juventud un “desorientado supuesto estudiante de arte” (Robert O. Paxton) y era un gran fanático de los musicales americanos. También sabemos que en 1932 Hitler tenía agotadas sus cuerdas vocales, y tomó clases de manejo de la voz con el cantante de ópera Paul Devrient, que le sugirió practicar sus expresiones faciales frente a un espejo. Por su parte, Joseph Goebbels en 1933 decía: “Nosotros los que modelamos la política moderna alemana nos sentimos personas artísticas, a quienes se ha confiado la gran responsabilidad de configurar, a partir del material crudo de las masas, la sólida y bien forjada estructura de un Volk”.

Como comenta Susan Buck-Morss, la genialidad del fascismo fue precisamente dar a las masas el doble papel de observador y de material inerte para ser moldeado, “y sin embargo, debido al consecuente falso (re)conocimiento, la masa-como-público no es perturbada por el espectáculo de su propia manipulación” (Susan Buck-Morss. Walter Benjamin, escritor revolucionario. Buenos Aires, Interzona, 2005, pág. 217 y ss. En esta parte la autora dice seguir de cerca el trabajo de Hal Foster, “Armor Fou”, October N° 57, 1991)..

En este sentido el nacional socialismo anuncia tanto el fenómeno de las estrellas de rock como el espectáculo en el sentido que le daban Debord y los situacionistas: “allí donde el mundo real se transforma en simples imágenes, las simples imágenes se convierten en seres reales, en motivaciones eficientes de un comportamiento hipnótico” (Guy Debord, La sociedad del espectáculo, Tesis 18, 1967).


6.- A veces se nos olvida que el heavy metal de los 70 era también hijo del 68. Esa revuelta global y juvenil no se limitaba a los partidarios del Flower Power, sino que incluyó una gran diversidad de formas culturales, subculturales y contraculturales, que brotaron del encuentro de diversos mundos. Por ejemplo, en el caso del rock pesado, el encuentro entre el blues y la electrificación/amplificación de la música. Todos los pioneros, de Cream y Led Zeppelin a Blue Öyster Cult y Black Sabbath bebían directamente de la música negra norteamericana, pero tocándola a un volumen brutal con feed back y distorsión. Ese es el origen del heavy metal. Poco después, surge una especie de hermano gemelo rival del HM: el punk rock, que a lo largo de su historia se ha diferenciado e influenciado mutuamente con el metal y sus derivados, existiendo varios puntos de contacto o “crossover” donde el terreno común que pisan hace olvidar o relativizar la supuesta dicotomía o rivalidad de estilos.

Aunque con el tiempo el punk fue asociado a posiciones críticas, progresistas y de izquierda, no podemos olvidar que en sus inicios en la segunda mitad de la década de los 70 su estética fascistizante y en gran medida uniforme generaban mucho rechazo por parte de los ambientes de izquierda, que lo identificaban con una forma de fascismo cultural. Según recuerda Ben Watson, fue a partir de los festivales de Rock against racism (RAR) que la escena punk se definió como explícitamente antiracista y antifascista. Aunque subsistieron algunas bandas fascistas de origen punk en Inglaterra como Skrewdriver, a la larga los fascistas se dedicaron más a la subcultura skinhead y el oi!, creando su propia forma de Rock anti comunista (RAC). Esto es interesante de destacar pues algunas de las expresiones más fascistas del BM tiene  algunos elementos propios del RAC, como queda claro con los alemanes orientales de Absurd.

6.- Entonces, ¿qué vendría siendo lo específico del BM? En su momento se dijo que lo que definía a las bandas BM era su satanismo. Y podríamos estar de acuerdo pero, una vez más, la obsesión satánica tampoco es exclusiva del BM, y se ha manifestado de diversas maneras, incluso en el ámbito de lo musical.  Lo cierto es que el satanismo ha sido una de las formas de “oscuridad” o “negritud” que el BM ha practicado. Como señala E. Thacker en Tres preguntas sobre demonología -su ponencia en el primer Simposio de Teoría Black Metal- la negrura del BM se manifiesta en tres dimensiones: lo satánico, el paganismo, y lo cósmico.

7.- En cuanto a lo primero, hay que considerar históricamente que hace ya cuatro o cinco siglos la acumulación originaria del capital, entrelazada con la extensión territorial del Estado, moderno acarreó fenómenos de estigmatización y criminalización de formas de vida percibidas como peligrosas para el nuevo orden social. Analizando el panorama europeo desde finales de siglo XV, Silvia Federici destaca la vinculación entre el desarrollo del capitalismo agrario y las acusaciones de brujería. A su juicio, “parece establecerse una relación particular entre el desmantelamiento de los regímenes comunitarios y la demonización de algunos miembros de las comunidades afectadas que convierte la caza de brujas en un instrumento eficaz de privatización social y económica” (Brujas, caza de brujas y mujeres, Madrid, Traficantes de sueños, 2021).

En este proceso, surge la demonología como un intento de los poderes políticos y religiosos por “fomentar la obediencia religiosa, pero también el reconocimiento del poder de la Iglesia y del Estado, consolidando el orden social por medio de una moral rigurosa”. En 1487 se publica el Malleus Maleficarum, que conoció al menos quince ediciones hasta 1520. El acento se puso sobre las mujeres, de manera que “la responsabilidad femenina en materia de brujería definió la antítesis del culto mariano” desencadenando a partir de 1580 la gran caza de brujas, sobre todo en el Sacro Imperio (Robert Muchembled, Historia del diablo. Siglos XII-XX, FCE, México, 2012).

La “demonización” constituye a partir de ahí el nombre perfecto para las distintas cruzadas de señalamiento de nuevos enemigos internos, y la identificación con el satanismo puede explicarse en gran medida como una forma de asumir voluntariamente la etiqueta de desviado, tal como explican los teóricos del “labeling approach” dentro de lo que podemos llamar como la criminología sociológica (con Becker y Lemert como exponentes principales). En palabras de algún miembro de la banda francesa Deathspell Omega, entrevistado por el finlandés Mikko Aspa en el 2000: “Satanismo es la adoración de la muerte, que es la única realidad, todo lo que construyas va a ser tarde o temprano tragado por el vacío absoluto”.

No me explayaré aquí sobre el carácter de “cristianismo invertido” que muchas veces reviste el satanismo occidental, pues es demasiado evidente. Como ya se ha dicho, los adolescentes del BM noruego parecían estar más interesados en el Cristianismo, aunque fuera por la negativa, que el grueso de la sociedad noruega en los 90. Sólo destacaré que desde una posición anticapitalista u antiautoritaria, siempre nos ha resultado interesante la versión de Bakunin, que en Dios y el Estado señala a Satán como el “eterno rebelde, el primer librepensador y emancipador de los mundos”: el pionero que se atrevió a negar el orden divino y andar a cuatro patas ante Dios. Visto así, al invertir la cruz (una herramienta para torturar y dar muerte) el símbolo que resulta es el de una espada, lo cual conecta con la frase atribuida a Jesucristo: “no he venido a traer la paz sino la espada” (Mateo 10:34).

8.- La dimensión pagana del BM es la que a mi juicio resulta más favorable al desarrollo de formas culturales y políticas fascistas. A juicio de algunos “intelectuales orgánicos” del NSBM, es través de este elemento que el BM funciona como heredero de la Konservative Revolution, nombre que se le da a un amplio espacio político e intelectual surgido en Alemania durante la república de Weimar, y que es considerado el laboratorio de ideas del protofascismo. Dentro del movimiento de la Konservative Revolution se han identificado cinco grandes grupos o tendencias: Völkischen (populistas), Jungkonservativen (jóvenes conservadores), Nationalrevolutionäre (nacional-revolucionarios), Bündischen (grupos juveniles) y Landvolksbewegung (movimientos campesinos).

Fascistas contemporáneos como la ucraniana Olena Semenyaka, ex militante de Pravy Sektor y actual lideresa del Movimiento Azov, relaciona al “Arte Black Metal” con la Revolución Conservadora, vinculándolo a la corriente nacional-revolucionaria y guerrera de Ernst Jünger.

Por su parte, Alex Kurtagic entiende al BM como actualización de la vertiente volkish dentro de la KR alemana de hace cien años. Además, considera sencillamente que a través del Black Metal el Heavy Metal logró depurarse de sus orígenes en el rhythm and blues, para pasar a ser una “expresión europea pura”, una nueva forma de Revolución Conservadora en la cultura popular moderna y un arma efectiva “para contraatacar el asalto a la identidad blanca”.

Al analizar las “políticas del BM” a través del análisis de una de las bandas más abiertamente fascistas del género, los frandes de Peste Noire, Benjamin Noys refiere entrevistas al vocalista, Famine, donde éste señala que “El BM es un nacionalismo doble: temporal y espiritual, horizontal y vertical. 1° TEMPORAL, ya que siempre es la herencia de una SANGRE y de una TIERRA material que debe venerar. 2° ESPIRITUAL (vertical), ya que metafóricamente es un nacionalismo del Infierno y de las Tinieblas, una lealtad ética y estética al Reino del Mal”. Desde esa perspectiva, el BM no podría sino ser de extrema derecha, y tiende a ajustarse parcialmente a la definición de Roger Griffin del “fascismo genérico”: un ultranacionalismo populista palingenésico, siendo el elemento “populista” el que menos se aprecia en una escena que por el contrario tiende a percibirse a sí misma como elitista.

Por supuesto, no todo paganismo conduce a posiciones políticas fascistas, y desde Invunche al Pan-Amerikan Native Front están aflorando en varias partes interesantes expresiones de BM “nativo”.

9.- Cosmos significa al mismo tiempo universo, y también orden como antítesis de caos. El BM se caracteriza precisamente por moverse en ese terreno, entre lo infernal y lo divino, lo sublime y lo abyecto, la tierra y el cielo, caos y orden. Los teóricos del BM suelen destacar que es la primera manifestación musical basada en la quiebra del antropocentrismo, cuya temporalidad “sucede después del apocalipsis, una vez acontecida la extinción” (como dicen los presentadores de la antología de Teoría Black Metal editada este año por Holiobonte). El black metal sería así la banda sonora de un “mundo sin nosotros”, y por eso es que pocas músicas resultan más ad hoc para estos tiempos apocalípticos, en el sentido en que “apocalipsis” significa etimológicamente “quitar el velo, descubrir o revelar”. Ahí reside el potencial realmente subversivo del BM, que no necesita confinarse en los estrechos límites territoriales de la nación o la patrias, puesto que desde las profundidades del averno apunta hacia las estrellas en un viaje astral por el caos/orden del universo.

10.- El potencial negativo del BM fascina y asusta a sus entusiastas de izquierda. Muchos “antifa” se dedican a confeccionar listas de bandas políticamente sospechosas, certificando en cambio la “corrección política” de las que les parecen bandas “seguras”. Sí: por sorprendente que suena, mientras Trump pone a “antifa” en la lista de organizaciones terroristas, los antifascistas de estos tiempos parecen más preocupados de hazañas como bajar a Deathspell Omega de bandcamp que del genocidio en Gaza o entender por qué el proletariado posmoderno se identifica con líderes como Meloni, Le Pen, Milei o el mismo Trump (el “Hombre-pedo").

A mi juicio, todo intento de “desfascistizar” de plano el BM está condenado al fracaso y ni siquiera resulta musicalmente deseable. ¿Burzum sería lo que fue si Varg Vikernes hubiera sido socialdemócrata, comunista o liberal? Estoy seguro de que no. Lo cual no implica negar que es posible configurar otras posiciones políticas desde el BM, desde el Red and Anarchist Black Metal y el proyecto Black Metal Rainbows a la defensa de posiciones anticapitalistas revolucionarias como la que hace Bill Peel en su reciente libro “Tonight it´s a night we bury”.

Benjamin Noys en su artículo sobre las políticas del BM refiere a izquierdistas que intentan separar el aspecto musical (que les gusta) de los aspectos políticos (que les disgustan).  Algunos establecen un contraste “entre un radicalismo musical traicionado o constreñido por restos de teopolítica”, de manera que “el crítico de izquierda puede manejar y disfrutar con seguridad del BM y proclamar su propia sofisticación al condescender con la ingenuidad de tales posturas políticas adolescentes que, ‘desafortunadamente’, marcan una estética por lo demás admirablemente radical”. Evan Calder Williams, por ejemplo, dice que “la lección que se extrae del black metal es cómo su expresión sonora concreta desmantela su ideología hablada”.

Noys imagina incluso “una versión deleuzoguattariana más sofisticada de este argumento: el efecto desterritorializador o desmaterializador del BM como música requiere una base reterritorializadora, pero solo para producir un lugar necesario de intensificación radicalizada; después de todo, el nómada realiza su desterritorialización permaneciendo en su lugar”. En este caso, se podría argumentar que sus diversos fantasmas territorializados son “meros umbrales o sedimentaciones que, a pesar de su propia territorialidad proclamada, el BM elabora, excede y pone en fuga”.


11.- La solución de Noys es otra: dado que las opciones anteriores se niegan a tomar en serio la coherencia entre estética y política que se defiende desde el BM, él prefiere “tomar el discurso interno del BM al pie de la letra”, y por eso es que se aboca a analizar a Peste Noire, concluyendo que es un “singular ejemplo de la política del BM como un ejemplo de resistencia, pero de un tipo particular”.

A mi juicio, esa es la solución correcta: no se trata de “cancelar” los aspectos más fascistas del BM, sino de atravesarlos dialécticamente, tal como hizo Wilhelm Reich en “La psicología de masas del fascismo” (1933) o Theodor Adorno al analizar la obra del influyente protofascista y revolucionario conservador Oswald Spengler. En este sentido, es posible identificar los “momentos de verdad” que el discurso fascista pone al servicio de lo falso, asumiendo que la crítica de extrema derecha a la democracia liberal es reaccionaria e incompleta, tal como el declarado “anticapitalismo” de los viejos fascistas era más bien demagógico además de selectivo, pues jamás llegaba a identificar la producción de mercancías como la base real de la relación social capitalista en sí misma, sino que se conformaba con designar a algunos grupos sociales como “parasitarios”.

12.- No hay que temer la crítica que se deja caer desde los defensores de la democracia liberal y los socialdemócratas: no somos “fascistas” por desmitificar la democracia representativa, demostrando cómo está puesta al servicio de la dominación de clase. Quienes alegan que desde la extrema izquierda se termina confluyendo con la extrema derecha pierden de vista que, tal como señaló Carl Schmitt, entre los partidarios de la soberanía y los anarquistas se produce “la antítesis más clara que pueda encontrarse en la historia de las ideas políticas”. Lo cual no es obstáculo para reconocer que tanto reaccionarios como Donoso Cortés y F. J. Stahl como revolucionarios a lo Marx y Engels se han dado cuenta de las “notables contradicciones implícitas” del liberalismo (Carl Schmitt, Contribución a la filosofía política de la contrarrevolución, en Teología Política (Trotta, 2009)).

En conclusión: al contrario de lo que creen liberales y socialdemócratas, no hay una oposición real entre fascismo y capitalismo, democracia y autoritarismo, pues la única alternativa a todo eso es la revolución. Visto así, no tiene ningún sentido aplicar mientras tanto un set de medidas sanitarias para “democratizar” a las fuerzas oscuras y negativas que tan bien se expresan en el fenómeno del BM. Por el contrario, y tal como decía Marx, en este caso también podemos comprobar que “ser radical consiste en tomar las cosas por su raíz”, y esta raíz no es sólo “el hombre mismo”, sino lo humano en su perpetuo encadenamiento con el mundo, con el caos y el orden, con el cielo y la tierra, la vida y la muerte.  




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miércoles, octubre 29, 2025

Introducción inconclusa a la trilogía maldita de Deathspell Omega (enero de 2024) 

 


Mi hijo me preguntó hace poco: “Papá, ¿tú crees que cuando seas viejito te va a gustar la misma música que estás escuchando ahora?”. Tuve que contener la risa para responder tan gracioso cuestionamiento, y le dije que yo creía que sí: “Rara vez me ha dejado de gustar totalmente algo que antes escuchaba, e incluso cuando he creído que eso ha pasado, por lo general luego me reencuentro con el material”. Su curiosidad le lleva a preguntar: “¿Por ejemplo qué cosas ya no te gustan?”. Respuesta rápida: “El hardcore de los 90. Me volvía loco y ahora lo encuentro super fome y engrupido y no soporto escucharlo más”. -“¿Y qué cosas te dejaron de gustar y luego te gustaron de nuevo?”. -“Obvio: ¡El heavy metal!”.

Anoche se sorprendió de verme escuchando a Darkthrone, pues pensaba que mi grupo favorito del momento era Deathspell Omega. ¡Y tiene razón! Tal como les anunciaba al señalar el listado de Bill Peel, estaba bien ocupado digiriendo la trilogía de DsO, y recién ahora me gustaría decir unas palabras al respecto, tratando de centrarme en el álbum Paracletus.

Vamos en orden: no tenía ni la más remota noticia acerca de la existencia de esta formación, hasta que releí en mayo del 2023 la entrevista a Weasel Walter en Paris Transatlantic fechada en el otoño del 2006, donde le preguntan en cierto detalle por su adicción al metal extremo, que según relata este veterano de la no wave/freejazz/punkrock, empezó en 1993 cuando un amigo le mostró el “Legion” de Deicide.  A partir de ahí gastó el resto de la década en escuchar y compilar materiales de la veta death/black metal, que según dice no le interesaba a nadie en Chicago en esos años.  Reproduzco una parte:

PT- ¿Donde se ubica el metal hoy en día para ti, como género o multiplicidad de géneros?

WW- El metal lo está haciendo bien. He escuchado tanto que realmente se necesita algo muy raro, extremo o diferente para llamar la atención de mi oído. La barrera está demasiado alta en cuanto a calidad. Ser excelente realmente no es suficiente para destacarse. Últimamente me ha gustado mucho la banda avant black metal Deathspell Omega, bandas de brutal death metal como Brodequin, Pustulated, Foetopsy y casi cualquier cosa con J. Read en batería. La buena composición ayuda si quieres escuchar algo más de una vez. No me puede interesar menos el stoner metal. La velocidad es definitivamente la gracia”. Y después se pone a despotricar un poco: “Me ofende un poco que la revista The Wire venga a hora a pretender que le importa el metal. Están típicamente atrasados y más despistados que guagüitas. El tipo de oveja que está interesada en comprar todos los listados que esa revista ponga en sus páginas ha creado un nuevo checklist de coleccionistas de bandas en las que no estoy realm ente interesado”. Y bueno, cabe destacar que The Wire publicó un gracioso texto donde se repasa la historia de cómo el despreciado metal de los 70/80 pasó a ser cubierto por las páginas de una publicación que se autopercibe como muy “avantgarde”, y en la conclusión dice que si hay que culpar a alguien de eso, tendrían que ser los Venom.

La cosa es que apenas terminé de leer eso, ya estaba buscando las bandas referidas, y para mi sorpresa me enteré que DsO era bastante conocida pero también muy polémica, y que de hecho se había bajado hace poco toda su obra de bandcamp, aparentemente por petición de antifascistas que encontraban intolerable que la banda use de vocalista a un famoso fascista y pornógrafo finlandés llamado Miko Asppa. Lo de fascista creo que es bastante claro, aunque él se denomina “patriota nórdico”. Lo de pornógrafo no lo tengo muy claro: se supone que además de su sello (Northern Heritage), su “banda” black metal (Clandestine Blaze, que en estudio es él solo, y en vivo suele usar de apoyo a los polacos de Mgla), su banda RAC (Rock Anti Comunista: Vapaudenristi), y proyectos en el plano industrial/power electronics (Nicole 12, Grunt), y pornografía (videos, revistas como Freak Animal y Degenerate). O sea, un tipo fácil de odiar. Y por añadidura ese odio se extiende al objetivo de cancelar a una banda de origen francés, pero que a pesar de su estatus de anonimato, al parecer reconoce que habría usado a Mikko como vocalista al menos desde el inicio de la trilogía que queremos comentar.

Antes de eso lo poco que se conoce de la banda es que surge como derivación de otro proyecto black metal llamado Hirilorn, formado en 1994, cuyos integrantes Shaxul y Hasjarl continuaron con el proyecto paralelo DsO cuando Hirilorn se acabó en 1999. En youtube he podido encontrar un par de cosas de Hirilorn, incluyendo su único LP, “Legends of Evil and Eternal Death” y el compilado de una hora y media “Hymn to the ancient souls”.

Así que DsO empieza más o menos en el cambio de milenio, y sus dos primeros álbums, con Shaxul en voz, son dos buenas muestras de BM francés: “Infernal Battles” y “Inquisitors of Satan”. Personalmente, me gustan mucho ambos discos, desde los que resulta difícil darse cuenta de hacia dónde iban a evolucionar después. Lamentablemente, como gran parte del BM francés, no sólo tenían malas juntas (partiendo por el mismo Mikko, con cuyo Clandestine Blaze editaron un split) sino que realizaron explícitas declaraciones de carácter fascistoide, en una entrevista para el fanzine Northern Heritage.  Por más que el promedio de edad de los integrantes en ese momento debe haber rondado los 20/21, y que cualquier black metalero promedio de esos tiempos daba discursos antihumanos y antivida, resulta inquietante leerlos decir que los campos de concentración de la Alemania nazi les parecen “fantásticos”.

Poco después de esas primeras obras, a las que hay que agregar splits con Mutiilation y Moonblood, Shaxul se retira, y la banda queda reducida al núcleo instrumental. En ese momento es cuando al parecer Mikko Aspa se suma como vocalista, un dato que nunca ha sido oficialmente confirmado. La banda ha dado apenas un puñado de entrevistas, no se saca fotos, no tiene redes, y nunca ha señalado los nombres reales de sus integrantes.

Y en ese momento surge la primera pieza de la trilogía: “Si Monvmentvm Requires, Circvmspice” (2004): un LP doble en cuya portada aparece una especie de ángel demoniaco en estado fetal. Con un sonido marcado por una guitarra que conduce los temas mediante arpegios y líneas melódicas disonantes, alternando silencios, canto gregoriano y la ya típica furia Black Metal de alta intensidad con hipervelocidad a punta de blastbeat, la voz (¡Aspa?) nos va relatando una compleja historia que parte con loas a Satán como gran destructor del universo, los abusos sexuales de los curas católicos, y numerosos extractos del Antiguo testamento. A esto se le llamó BM ortodoxo, o BM disonante, y si por un lado espantó a los reaccionarios el sonido BM de segunda ola, por otro abrió las compuertas del infierno hacia el “ennegrecimiento” de otro tipo de materiales que en la particular forma de arte que practica DsO se vienen a combinar con el sonido del BM más clásico. Así, se entiende perfectamente que Weasel Walter se refiere a ellos en el 2006 como una banda avant black.

Tres años después llega el LP “Fas-Ite, maledicti, in ignemaeternum”, en cuya portada se aprecia a un hombre cayendo, ¿al abismo del fuego eterno? En este disco la deriva experimental de DsO se profundiza, con un sonido aún más abrasivo pero interrumpido por largos momentos de silencio. La guitarra lidera los diversos tránsitos de caos a calma, y como siempre los momentos de hipervelocidad parecen un agujero negro de ruido. Pero cabe detenerse a apreciarlos bien, puesto que donde a primera escucha parece haber solo una enorme Wall-of-noise, en verdad existen estructuras complejas pero nada improvisadas, e incluso melodías y armonías ocultas.

Con esto ya estamos en condiciones de hablar de la tercera parte, el álbum “Paracletus” (2010), en cuya portada el anterior ángel/hombre ya se ha transformado en una bestia que está rodeada del fuego eterno. Seguimos....

(El manuuscrito se interrumpe aquí).

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jueves, octubre 02, 2025

"Remain true to the Earth": observaciones sobre la política del Black Metal (Benjamin Noys) 

Preparando recién ahora una ponencia para el Congreso de Horror y Metal que debo hacer mañana, usé el traductor de google por primera vez en mi boomer vida para entender mejor este excelente texto de Benjamin Noys, presentado aen Hideous Gnosis, el primer simposio de teoría black metal realizado en un bar de Brooklyn (Nue' a York) por ahí por el año 2009 si mi memoria no me traiciona.

Aclaro que nunca me ha gustado mucho Peste Noire pero dejo el link al album que acá se comenta. Démoles una (otra) oportunidad...


¡Manténganse fieles a la tierra!: Observaciones sobre la política del black metal

Der Feind is unsre eigene Frage als Gestalt. 

[El enemigo es nuestra propia pregunta como forma]

Carl Schmitt

Si tuviéramos que definir un grado cero de la política del Black Metal (BM), sería una amalgama inestable de egoísmo stirneriano y aristocratismo nietzscheano: un individualismo antihumanista radical implacablemente hostil a todos los "fantasmas" ideológicos del orden social actual, comprometido con la creación de una "aristocracia del futuro" (Nietzsche) y la autogeneración de una "nada creativa" (Stirner). La inestabilidad reside en la combinación de una hostilidad desengañada hacia los ideologemas liberal-capitalistas con una "gran política" nietzscheana de grados y rangos naturales. Más precisamente, reside en la retención de ciertos "fantasmas" radicalizados —en particular, la nación, la raza, la tradición histórica o contra-tradición, y la guerra— que cumplen la doble función de perturbar los límites del discurso aceptable dentro de las democracias liberales modernas y fundamentar el drenaje abismal de todo contenido ideológico. Por supuesto, estos suelen ser "fantasmas" asociados con la extrema derecha, el nazismo, el fascismo y el ultranacionalismo. Mientras que el individualismo stirneriano podría considerarse anarquista, o en el mejor de los casos indiferente a la política, esta metafísica racial-nacional se utiliza a menudo, aunque no siempre, para reterritorializar y establecer una "gran política".

Por supuesto, es perfectamente posible separar esta política, que a menudo parece, en el mejor de los casos, secundaria o contingente, del BM. Se puede establecer un contraste entre un radicalismo musical traicionado o constreñido por estos «restos» de teopolítica. De esta manera, el crítico de izquierda puede manejar y disfrutar con seguridad del BM y proclamar su propia sofisticación al condescender con la ingenuidad de tales posturas políticas adolescentes que, «desafortunadamente», marcan una estética por lo demás admirablemente radical. También podemos imaginar una versión deleuzoguattariana más sofisticada de este argumento: el efecto desterritorializador o desmaterializador del BM como música requiere una base reterritorializadora, pero solo para producir un lugar necesario de intensificación radicalizada; después de todo, el nómada realiza su desterritorialización permaneciendo en su lugar. En este caso, podríamos argumentar que los diversos «fantasmas» territorializados son meros umbrales o sedimentaciones que, a pesar de su propia territorialidad proclamada, el BM elabora, excede y pone en fuga. En la versión más marxista de Evan Calder Williams sobre este tipo de argumento: «La lección que se extrae del black metal es cómo su expresión sonora concreta desmantela su ideología hablada». Lo que me preocupa es que ambas opciones, por muy tentadoras que sean, se niegan a tomar en serio la coherencia entre estética y política que se defiende desde el BM. En lugar de una división o contradicción entre lugar y música, que debamos resolver política o teóricamente, prefiero tomar el discurso interno del BM al pie de la letra.

Aquí quiero tomar un ejemplo específico de lo que podríamos llamar, en términos que sin duda lo horrorizarían, un "intelectual orgánico" del BM: Sale Famine. Mi elección está dictada por el hecho de que Famine rechaza cualquier noción de la contingencia del vínculo entre BM y la extrema derecha, insistiendo en cambio en la necesidad de tal vínculo. BM es, en esencia, de derecha: "En mi opinión, sin ser necesariamente N[acional] S[ocialista], el verdadero BM siempre es música de extrema derecha, ya sea de Asia o América Latina, ya que la política de extrema derecha no es exclusiva de la raza blanca, y siempre es satánico". (Famine, Zero Tolerance) En una entrevista reciente, se investiga a Famine más a fondo sobre esta declaración, y el entrevistador plantea el caso de una posible banda de BM "de tendencia izquierdista" como Wolves in the Throne Room. Famine es inequívoco en su reiteración: «Nunca he oído hablar de LOBOS EN LA SALA DEL TRONO, pero si alaban la mezcla cultural, la propiedad común y la igualdad de todos los seres humanos, entonces no, no tienen ningún derecho a tocar BM. Solo tienen derecho a hacerme reír».

Para evitar cualquier malentendido, los aspectos negativos de Famine son mis aspectos positivos y, por supuesto, su postura elimina automáticamente cualquier comentario sobre el BM. A continuación, sin embargo, quiero reconstruir la postura de Famine a través de sus declaraciones y de una consideración de la práctica estética de Peste Noire. Quiero destacar, en particular, cómo sus declaraciones y su estética se combinan para construir una postura política particular.

Ctónico y Telúrico

¿Cuál es la razón por la que Famine afirma una articulación esencial entre el BM y la política de la extrema derecha? Porque el BM se articula en la tierra, en lo ctónico y lo telúrico, para establecer su identidad estética:

El Black Metal es la memoria musical de nuestros sanguinarios ancestros, es la unión de la Tradición, del antiguo patrimonio racial con el fanatismo, con la rabia y la temeridad de una juventud perdida. Es una religión CTONIANA: un culto a la TIERRA y un retorno a ella, por lo tanto, un nacionalismo; Un culto a lo que está BAJO la tierra: el Infierno. El adjetivo "ctónico" también se aplica a los dioses infernales. El BM es un fundamentalismo, una música con integridad (del latín "integer", completo) que me ayuda a permanecer completo en un mundo moribundo, en medio de un pueblo en decadencia, indigno de su sangre. Es la apología del oscuro pasado europeo. Es una psicosis que nos ayuda a huir de una realidad que ya no podemos tolerar.

Por lo tanto, un BM auténtico, real o verdadero, solo puede ser, para Famine, un BM esencialmente territorial, selectivo y jerárquico en cuanto a privilegiar un territorio singular e integral. Esto implica que el BM nunca puede existir en abstracto, sino solo como una forma nacional, regional, étnica o racial particular. Esta es una política y estética del Uno, pero que, como veremos, solo puede manifestarse en la forma del Dos.

El resultado es una forma de nacionalismo peculiar, como mínimo; aunque no tan extraña si se observan las influencias ocultistas que se extienden a través del nazismo, el fascismo y las culturas de extrema derecha:

Soy nacionalista, no socialista... Mis dos naciones son:  "France d'Oïl" [se refiere a las lenguas romances habladas en el norte de Francia, de las cuales deriva el francés estándar. El término "oïl" (en francés antiguo) significa "sí", y distingue estas lenguas del grupo de lenguas de oc (o "lenguas del no"), habladas en el sur de Francia] y el Infierno. El BM es un nacionalismo doble: temporal y espiritual, horizontal y vertical. 1° TEMPORAL, ya que siempre es la herencia de una SANGRE y de una TIERRA material que debe venerar. 2° ESPIRITUAL (vertical), ya que metafóricamente es un nacionalismo del Infierno y de las Tinieblas, una lealtad ética y estética al Reino del Mal. Por supuesto, comparto (digo "yo" porque no es necesariamente el caso de los demás miembros) algunos principios del nacionalsocialismo, pero también rechazo otros.

Parafraseando los ejes de lo que dice Famine, el BM articula un eje horizontal de la historia, que establece con precisión una continuidad sinedecócica [quéchucha?!] desde el oscuro pasado europeo, recuperable solo en sus rastros dispersos, y una base espacial vertical, una jerarquía espiritual inversa de estilo neoplatónico, en la que la «escalera» del Ser desciende a la tierra en términos de su participación en grados de oscuridad.

Esta política territorial desempeña un papel explícitamente determinante en la estética del BM. Por muy desarraigado o abismal que parezca este territorio, al estar «bajo tierra», sustenta la resistencia esencial contra cualquier «abstracción» desterritorializadora y/o democratizadora. Las propias contradicciones de la estética de Peste Noire, su propia parataxis fracturada y extraña de elementos culturales, se relacionan precisamente con esta territorialización espacio-temporal.

En cuanto al contraste entre lo tradicional y lo no tradicional, diría que la Belleza, la Grandeza y la Nobleza emanan cuando Peste Noire evoca el PASADO europeo (lo que explica esa melancolía, que es nostalgia) con un Black Metal acorde con la tradición de nuestros antepasados ​​(BURZUM, MÜTIILATION, VLAD TEPES). El odio, el terror, el DESORDEN y la locura estallan cuando evocamos el mundo democrático ACTUAL. Naturalmente, ese desorden se expresa en formas menos convencionales.

La ironía es que los elementos estéticos del BM que más probablemente atraen al crítico cultural de izquierda o de tendencia izquierdista –su uso de “formas menos convencionales”, su evocación del terror o la locura– son simplemente elementos contingentes que resultan del análisis mimético del mundo caído de la modernidad que Famine desprecia.

Evan Calder Williams señala que el álbum Ballade cuntre lo anemi francor (2009) de Peste Noire juega entre el "retorno imposible" a un pasado perdido y "el ruido y el pulso desnudos de un mundo moderno". Esto a menudo se juega en el contraste entre una voz femenina "angelical" y el áspero y sibilante "demoníaco" estilo Gollum de Famine, o, en la canción "La Mesniee Mordrissoire", entre la voz de Famine y la armoniosa voz marcial masculina. A nivel de las letras y la música, se presenta en la provocación deliberada de corromper las canciones militares y monárquicas tradicionales con cantos de alabanzas a Satanás y los elementos reconocibles, aunque inimitables, del black metal. La dificultad es que ¿podemos simplemente suponer esta división como dada? ¿Podemos tener el "ruido y el pulso desnudos del mundo moderno" como la crítica nihilista de lo que Badiou llama "capitalo-parlamentarismo" sin la vergonzosa nostalgia fascista arcaica? Para Peste Noire, o para Sale Famine, esta división es imposible, ya que los elementos del pasado perdido chocan constantemente con el «ruido» representativo de un mundo moderno caído; esta tensión casi «dialéctica» es indivisible. El «satanismo boy scout» de Famine —Sieg Hell en lugar de Sieg Heil, y la sodomía nietzscheana del superhombre— se basa en la conservación de una «unidad fracturada» estética y política.

Partisano cultural

Para precisar más esta imbricación de política y estética, quiero considerar la obra de Carl Schmitt, Teoría del partisano. Schmitt intenta articular la perturbación causada por la figura del partisano en la lógica estatal habitual de la guerra, en la que el partisano crea una indistinción entre el combatiente convencional y el civil. En el análisis de Schmitt, el partisano «bueno» es aquel que conserva su carácter telúrico: «Defiende un territorio con el que tiene una relación autóctona».  Por esta razón, el partisano, aunque perturba el orden habitual de la distinción «amigo-enemigo» con la que Schmitt define el espacio político, permanece dentro de él al tener un «enemigo real». El partisano «malo», que Schmitt, como era de esperar, identifica con la militancia comunista, carece de fundamento telúrico y, en cambio, generaliza su lucha para crear un «enemigo absoluto». En este caso, «el partisano también se volvió absoluto y portador de una enemistad absoluta».

Por supuesto, podría considerarse una adulación indebida considerarlo como un «grupo partisano» de Peste Noire, aunque sería congruente con su propia imagen. Lo que me preocupa, especialmente en el contexto de Ballade Cuntre lo Anemi Francor, es la construcción estética y política de la figura del «enemigo». Schmitt, al estilo nietzscheano, considera la figura del enemigo como la forma o configuración de nuestra propia pregunta: «El enemigo es quien me define. Eso significa en concreto: solo mi hermano puede desafiarme y solo mi hermano puede ser mi enemigo». En Schmitt, la figura del enemigo también tiene una función pacificadora: la política de construcción en torno a la distinción amigo-enemigo es definirnos a nosotros mismos y también considerar a nuestro enemigo como un enemigo, en lugar de como alguien a ser exterminado. Si el partisano amenaza con desvincular esta función, su fundamento telúrico y político en una lucha nacional defensiva es el medio que Schmitt utiliza para retener al partisano dentro del nomos de la tierra.

En el caso de Famine y Peste Noire, podríamos argumentar que su propia identificación telúrica con una lucha cultural nacional defensiva cumple una función similar. La construcción vituperante de la figura de los "enemigos" plurales de Francia otorga una coherencia figurativa a su lucha cultural. Intentan mantenerse partidarios en el sentido positivo que Schmitt le atribuye a esta función, y así "permanecer fieles a la tierra". Sin embargo, este proyecto está en tensión con la fragmentación y dispersión que indica el plural. Aquí, la perturbación reside en aquello contra lo que se lucha: los efectos capitalistas y las fuerzas de la abstracción real. 

Estas dinámicas de desarraigo y vaciamiento, de desarraigo y desterritorialización, son, precisamente, el efecto de las relaciones sociales y resisten la localización en enemigos figurativos particulares. La amenaza no reside aquí en una política abstracta de igualdad, aunque, casi curiosamente, Famine todavía parece considerarla una posibilidad. En cambio, se trata de la política abstracta de igualdad de "un mercado bajo Dios", por usar la acertada frase de Thomas Frank. El resultado es que podemos interpretar este singular ejemplo de la política del BM como un ejemplo de resistencia, pero de un tipo particular. Famine/Peste Negra intenta habitar, metafóricamente, la posición del partidario telúrico de Schmitt para dar forma y figura a sus enemigos. La huida de sus «enemigos», debido a los efectos desfiguradores del capital, vacía constantemente este proyecto de contenido; de ahí la posibilidad, que considero demasiado precipitada, de simplemente ubicar la política de Peste Negra o en BM en alguna categoría de parodia posmoderna o ironía llana. No es que estos efectos no ocurran, sino que son el resultado de operar dentro del marco cultural de abstracciones reales. Si el enemigo que definimos al mismo tiempo nos da autodefinición, entonces la lucha figurativa de Famine/Peste Negra es interminable y fracasa sin cesar. Por lo tanto, sugeriría que hay una angustia real aquí, independientemente de los deseos paródicos de Famine o de los efectos paródicos de las formas socioeconómicas de la ley del valor. La suya es una desesperación política/cultural, aunque una que, sin duda y necesariamente, adopta formas telúricas malignas.

Ciertamente, solo me he centrado en un ejemplo singular de la política del BM. No la considero estrictamente metonímica de todas las posiciones y políticas del BM. Quiero argumentar que es sintomática y reveladora por su forma explícita y su ambición, así como, ¿por qué no?, por su éxito estético. Se trata de una política que se ajusta al análisis de Badiou de la «pasión por lo real» y del siglo XX como el siglo de la guerra y la escisión: una dialéctica estancada de la división del Uno en un Dos antagónico que jamás podrá estabilizarse. 

La estética de Peste Noire no puede separarse de este antagonismo, sino que lo habita como el efecto de la fusión de lo estético y lo político para dar figuración a un «enemigo» siempre esquivo. Por supuesto, en contraposición al deseo de Famine, el deseo figurativo abstracto de su obra la pone al alcance de esos enemigos no telúricos ni ctónicos que profesa odiar; él, por supuesto, despreciaría este análisis. 

No se trata de tomar el camino fácil del posmoderno «cada uno lee a su manera», ni de una política ilimitada de reinscripción que autorice una lectura «para el socialismo». En cambio, he intentado tomar en serio un profundo compromiso, que rechazo políticamente sin reservas, en la articulación cultural de lo político y lo estético. Sin embargo, sigo siendo uno de los enemigos de Francia.



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miércoles, agosto 27, 2025

“EL MUNDO SIN NOSOTROS”: APUNTES SOBRE TEORÍA BLACK METAL 

 


Este texto pretende ser un comentario o más bien una invitación a leer la antología “Teoría Black Metal”, recientemente publicada por Holobionte ediciones, y de la cual han llegado varias copias a la Librería Alma Negra en la comuna de Providencia, un lugar en que he presenciado que se vende como pan caliente un libro editado recientemente sobre el trip-hop.

En primer lugar, debo agradecer al algoritmo de Bandcamp que durante el otoño del 2023 me sugiriera escuchar un disco de la banda noruega Darkthrone. Dos años antes, mientras trabajaba en mi libro “La religión de la muerte” (Tempestades, 2023), había tratado de escuchar black metal en Youtube, y de preferencia de la variedad nacional-socialista, para poder referirlo en la parte en que hablaba de fascismo estético y estéticas fascistas. Lo que encontré en ese momento no me llamó para nada la atención en lo musical, a pesar de que secretamente tenía miedo de que una aberración así me gustara.

El disco de Darkthrone que escuché primero era el no tan inspirado “Astral Fortress” (2022), que no me pareció mal, pero rápidamente busqué en Google más información sobre la banda, y leí que eran responsables de una “trilogía maldita” del black metal escandinavo, fechada entre 1992 y 1994, cuando impactaron al mundo lanzando uno tras otro los LPs “A blaze in the northern sky”, “Under a funeral moon”, y “Transilvanian Hunger”. En 1992 aún eran la banda que inicialmente hacía un death metal bastante técnico inmortalizado en su más que decente álbum debut “Soulside Journey” (1991), pero en medio de la grabación de lo que iba a ser su segundo álbum, se sintieron atraídos por la luz negra del antiguo metal oscuro de los ochenta, con los ingleses Venom, Bathory (Suecia) y Celtic Frost (Suiza) como inspiración directa, abandonando en el camino el proyecto inicial y transformándolo en el legendario “A blaze in the northern sky”, de 1992.

Este destello en el cielo nortino impulsó en gran medida la transformación del heavy metal en una forma superior de arte, sónico, visual y lírico, y resulta imposible exagerar su importancia en el desarrollo de la música actual. La diferencia entre el death metal (técnico y virtuoso, con portadas mórbidas a todo color, una especie de rock progresivo en lenguaje metal) y el black metal (tosco, atmosférico, en blanco y negro y bastante influenciado por el punk) puede ser detectada en esa transformación de estilo que sufrió Darkthrone a inicios de los noventa. Y por cierto, el álbum abandonado no lo fue del todo: años después lo completaron en el estudio bajo el nombre de “Goatlord” (2011) y en el 2023 editaron “Goatlord (original)”: un excelente registro de los viejos ensayos durante los cuales ocurrió la mutación del death al black, que es tal vez donde mejor se aprecia la actividad creativa de una banda adolescente como esta en esos momentos en que el heavy metal, una de las formas musicales y subculturas más despreciadas por la crítica musical y los estudios culturales, se convirtiera en “una forma vanguardista de ruido lo-fi anti-arte” (Andy R. Brown, A manifest for metal studies: or putting the ´politics of metal’ in its place, 2018): una de las últimas formas vivas de Avantgarde, que por su naturaleza totalmente underground casi no necesita de la industria musical para existir.  

El disco de Darkthrone que me llevó por primera vez a este nuevo mundo que se abrió ante mis ojos y oídos fue el segundo de la trilogía: “Bajo una luna fúnebre” (1993), que según ellos fue el primero totalmente black metal. A lo largo de mi vida había escuchado muchas músicas intensas, raras, oscuras e indescifrables, pero nada de lo absorbido en cuatro décadas de fanatismo musical extremo me había preparado para escuchar la verdadera suspensión del tiempo histórico que se produce apenas arranca la batería hipnóticamente monótona de “Natassja in Eternal Sleep” y la guitarra teje una maraña de sonidos etéreos que no se parece en nada a los típicos riffs que siempre habían definido al rock pesado; sobre ese fondo ya de por sí bastante único asoma una voz sufriente y agónica que no parece provenir de una criatura humana. El resto del disco es una maravilla de la música moderna, tal como lo es gran parte de la obra inicial de la banda que para la tercera parte de la trilogía, “Transilvanian Hunger” (1994), ya había quedado reducida al dúo compuesto por el baterista Fenriz grabando todos los instrumentos en Necrohell (su estudio casero), y el guitarrista Nocturno Culto agregando las voces a posteriori. La fidelidad al nuevo estilo y su arcaísmo se hace evidente si comparamos las baterías de “Soulside Journey”, expresivas y virtuosas, con la monotonía minimalista de las que toca en “Transilvanian Hunger”, que en palabras de Hunt-Hendrix “significa un continuo rasgueo de acordes abiertos y blast beat. Este puro blast beat es la eternidad en sí misma, sin figuras articuladas, sin principio ni final, sin pausas, sin rasgo dinámico. Es un pájaro volando sin lugares donde posarse, ni siquiera por un momento. Y lo que al principio parecía un gran clamor va reduciéndose a un zumbido atrofiado. Después de haber subido a la cima, el montañero se tumba y muere congelado”.

Comentando la canción de Natassja, el australiano Bill Peel -autor de “Tonight it´s a world we bury. Black metal, red politics”, Repeater books, 2023, comentado en estas páginas hace dos años- destaca su fetichismo de la muerte, que “oscurece cualquier vida potencial por su obsesión miope con un evento pasado”. El narrador, con un inglés imperfecto, “se consuela a si mismo con alcohol, recordando a su Natassja que ya lleva siglos muerta”. La letra “está escrita en tiempo presente, pero describe un recuerdo del pasado lejano; el narrador presente está completamente subordinado al pasado”, y mantiene a Natassja como “un objeto de devoción perfecta”:

“El verdadero recuerdo con que me dejaste/Es una llave al vino de la melancolía”.

“Nunca te olvidaré/Lo mejor de todo sigue acá”.

“Vives en mí, y te mueves con mi alma

Tu resurrección es tu espíritu instalado en mí

Así que ahora tus pensamientos y tus dolores son mi vino

Y Natassja, dejaré que estos benditos ángeles se emborrachen”.

Podría seguir describiendo las maravillosas canciones y relatando las intensas y polémicas aventuras de esta tropa de vikingos llamada Darkthrone, pero lo dejaré para otra ocasión. En este momento lo que quiero es contarles que en el aún pequeño pero siempre creciente mundo de fanáticos del metal extremo, al parecer existe la fuerte inclinación de algunos a filosofar en relación con su objeto del deseo, lo cual ha gatillado la organización de simposios sobre “teoría black metal”, que ya se han plasmado en tres libros y unas cuantas revistas dedicadas al “oscurecimiento” (blackening) de la teoría, haciendo del black metal una actividad que va mucho más allá de lo estrictamente musical, que se expresa en esta peculiar forma de trabajo reflexivo y discursivo. Porque existen libros por montones sobre cada estilo musical que se te ocurra, y dentro de eso hay algunos buenos libros como el de Matías Gallardo “Nacidos para arder. La historia del black metal” (editado en Argentina, Jedbangers, 2022) e incluso libros como el de Ross Hagen en la colección 33 1/3 que analiza partitura en mano las canciones del “Blaze” de Darkthrone, pero la Teoría Black Metal es otra cosa: es una forma de oscurecer el mundo y con eso tratar de transformarlo, convirtiendo este apocalipsis a fuego lento en “pure fucking armageddon” (como tituló Mayhem a su desastroso demo debut de 1986). 

Que yo sepa, se han realizado tres simposios de Teoría Black Metal hasta el momento. El primero, efectuado en un bar de Brooklyn, Nueva York, en el 2009, dio lugar al libro “Hideous Gnosis”, autoeditado ese mismo año. Después se realizó un segundo encuentro, del que da cuenta el libro “Mors Mystica” (Schism Press, 2015). Y un tercer simposio efectuado en Irlanda se centró en la relación entre black metal y ecología, siendo publicado por la prestigiosa Zero Books en el 2014 bajo la coordinación de Scott Wilson y el título de Melancology.

Lamentablemente estos tres interesantes libros hasta ahora no han sido traducidos al idioma de Cervantes y Barón Rojo, aunque pueden ser encargados en Buscalibre. Supliendo parcialmente esta carencia, la editorial española Holobionte acaba de lanzar este año un libro colectivo sencillamente titulado “Teoría Black Metal” (TBM de acá en adelante) que bajo la coordinación de Oriol Rosell y Federico Fdez. Giordano reúne algunos textos anglosajones que se han seleccionado de algunos de esos libros y revistas, más unos cuantos aportes surgidos en el medio hispano.

En la presentación del libro los editores se encargan de explicar la vinculación entre black metal y filosofía en tiempos de crisis del humanismo y descomposición irreversible de la modernidad. Pues, “a su manera asilvestrada y brutal, el black metal fue la primera manifestación musical basada en (y reactiva a) la quiebra del antropocentrismo”, razón por la cual “la mayor parte de las angustias contemporáneas pueden proyectarse en el black metal sin requerir de excesivos malabarismos hermenéuticos”. La temporalidad del black metal “sucede después del apocalipsis, una vez acontecida la extinción”.

El black metal sería así la banda sonora de un “mundo sin nosotros”, y por eso es que pocas músicas resultan más ad hoc para estos tiempos apocalípticos. Apocalípticos agrego yo, porque como nos recuerda Maurizio Lazzarato en “El capital odia a todo el mundo” (Eterna Cadencia, 2020), “apocalipsis” significa etimológicamente “quitar el velo, descubrir o revelar”, y los tiempos apocalípticos que vivimos “revelan que, bajo la fachada democrática, detrás de las ‘innovaciones’ económicas, sociales e institucionales, está siempre el odio de clase y la violencia de la confrontación estratégica”. 

El black metal (sobre todo en su variedad conocida como war metal) sabe de odios recónditos y de la violencia del enfrentamiento bélico en el peculiar estado de naturaleza en que se escenifican sus rituales sonoros. Toma la señal de la cruz, una herramienta para torturar causando la muerte, y la invierte, simbolizando con ello una espada (lo cual es bastante significativo porque el Nuevo Testamento nos enseña que el mismísimo Jesús dijo que no había venido a traer la paz sino la espada). Sus figuras mitológicas son la bruja y el guerrero, además del culto a las distintas manifestaciones demoníacas, más antiguas y subconscientemente arraigadas que el conjunto de las religiones monoteístas organizadas. Su principal “problema político” es que suele pensar en términos de raza o nación más que de clase social o del género humano-más allá de esporádicos momentos como cuando Darkthrone canta “I am the working class”-, y por eso es que suele sucumbir en los brazos de variadas formas de fascismo esotérico y no tanto, pero ya me estoy dispersando…

La selección de textos incluye a algunos de los pioneros de la Teoría Black Metal: Edia Conole con “La negrura soy yo”, Nicola Masciandaro y Reza Negarestani con “El black metal y el comentario”. Masciandaro, considerado el precursor de la TBM desde su comentario del 2009 a la canción “Black Sabbath” -la primera del primer álbum de la banda del mismo nombre: el momento fundacional del heavy metal, en febrero de 1970-, aparece además con “Reflexiones desde el crisol intoxicológico” y “Metal studies y la escisión de la palabra: una arqueología personal de la exégesis del Headbanging”. Negarestani aparece además con “Subjetividad melanlógica”.

De Timothy Morton se incluye “En la orilla del estanque brumoso de la muerte”, donde se dedica a analizar la obra de la banda norteamericana Wolves in the Throne Room, un interesante ejemplo de black metal ecologista, completamente desfascistizado y vinculado al grupo Earth First!, que sirve de demostración de cómo un género que suele ser asociado a opciones políticas de ultraderecha ha sido objeto de una disputa interna por su resignificación, la que ha sido especialmente notoria en Estados Unidos con el cascadian black metal, además de varias muestras del llamado native black metal, practicado por sujetos ligados a pueblos originarios. Para conocer este curioso abordaje no fascista, ecologista y pro queer de un estilo definido básicamente por su negatividad, recomiendo el libro “Black Metal Rainbows”, editado por Daniel Lukes y Stanimir Panayotov -PM Press, 2023-, que de entrada destaca la paradoja del black metal, en cuyo interior “se despliega nada menos que una batalla cultural entre quienes lo reclaman para fines racistas y nacionalistas y los que dicen Nazi Black Metal fuck off!”.

Scott Wilson, organizador del tercer simposio y editor del libro Melancología aparece en esta antología con un texto del mismo nombre. Juliet Forshaw aporta “El antagonismo en el metal: apuntes sobre Hideous Gnosis”. Daniel Lukes analiza el black metal industrial, y desde España Francisco Jota-Pérez dedica un texto a la banda de black metal experimental Portal: una de las mejores, a mi juicio, dentro de un universo de miles de bandas de las diversas variedades de metal negro que se practican en el planeta Tierra.

Una decisión interesante fue la inclusión de dos textos de la persona que lidera la banda neoyorkina Liturgy: “Black metal trascendental”, ponencia originalmente presentada por Hunter Hunt-Hendrix en el Primer simposio el año 2009. “Black metal trascendental: ideas para un humanismo apocalíptico” -de donde tomé la descripción del “Transilvanian Hunger” referida más arriba-  fue un texto bastante original y siempre al borde de lo intelectualmente pretencioso, como cuando afirma que “El black metal representa la superación de la Contracultura y el auge de lo Es(t)ético”.

Hunt-Hendrix en su famoso manifiesto hacía una distinción entre el black metal trascendental y el black metal nórdico o “hiperbóreo”, y explicaba la propuesta de su banda Liturgy como la necesidad de una “autosuperación” capaz de crear un tipo de black metal que definía como “afirmativo”: solar, hipertrófico, audaz, finito y anteúltimo, en oposición a lunar, atrófico, depravado, infinito y puro. Su técnica sería el burst beat, “una variación mutante y extasiada del blast beat” (técnica de batería ultrarrápida propia del black metal), y su verdadero acontecimiento fundacional no sería el asesinato de Euronymous (Mayhem) por Varg Vikernes (Burzum) en 1993, sino el suicidio de Dead (el cantante sueco de Mayhem) en 1991.

En el otro texto, “La pericóresis de música black metal, arte y filosofía”, presentado en el segundo simposio, Hunt-Hendrix relata el bullying despiadado que obtuvo como resultado de haberse atrevido a plantear dichas ideas, que fuera de ese círculo fueron muy mal recibidas por un medio tan machista y reaccionario que no se demoró nada en clasificar lo suyo como una forma falsa o posera de “hípster black metal”.

En esta ocasión los textos vienen atribuidos a Ravenna Hunter Hunt-Hendrix, uno de los nombres adoptados por la guitarrista/vocalista tras su transición de hombre a mujer a partir del 2020, quien nos dice sentirse “atada de por vida a una personalidad imaginaria con la que no puedo identificarme, la de un detestable instigador de polémicas que vive en la mente de muchos fans y periodistas musicales, y cuya única misión es ser un grano en el culo para ellos”.

La española Clara Ramas (ex Nacional-Socialista según me dijo un amigo, cosa que no he podido comprobar, a diferencia del hecho de que se define como “marxista heterodoxa, antiliberal ortodoxa” y es diputada por un partido de izquierda) contribuye al cierre del libro con “Black metal: trauma y signo”, un texto que repasa los aportes estilísticos del género, y especula sobre su futuro, que consistiría en “encontrar formas musicales cada vez mejores, metáforas más precisas, estéticas más convincentes”, refiriendo varias de las formas más novedosas e incluso vanguardistas de black metal que se están produciendo recientemente. Pues en este sentido, creo que el black metal más que un género musical es una especie de agujero negro que puede alimentarse de distintos géneros y subgéneros musicales, transformándolos profundamente desde dentro.

Claudio Klesko escribe sobre la “Insurrección gótica”, un texto extraído de la publicación italiana Demonologia Rivoluzionaria (2020), Bogna M. Konior sobre “Deep-learning metal y la música de la máquina”, y Zareen Price aporta con “Dilatación”, su introducción al primer número de la revista Helvete. A journal of black metal theory (2013).

Se echan de menos algunos textos esenciales de los tres simposios y revistas afines, por ejemplo “Remain True to the Earth!: Remarks on the Politics of Black Metal” de Benjamin Noys, donde se atreve a enfocarse en uno de los ejemplares más fascistas de este estilo, la banda francesa Peste Noire, a través de entrevistas a su líder explícitamente neonazi.

Pero por algo hay que empezar, y este bello artefacto parece ser el mejor punto de partida en español hasta el momento. Como dicen en el prólogo los editores, el libro es “una invitación a pensar en el black metal. ‘En él’ en tanto que dentro de él y desde él. No propone un acercamiento al black metal, sino habitarlo”.

Post-scriptum: Me informan que este libro se está vendiendo bastante rápido, superando incluso al del trip hop (de RJ Wheaton en la Colección 33 1/3, editado en Chile por Club de fans). Vaya por su copia y vea si por mencionar este reseña le hacen el descuento especial de $ 666.   

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