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miércoles, julio 27, 2022

“This is the Army, Mister Jones!” (el entrenamiento militar en Estados Unidos en 1942)

“This is the Army, Mister Jones!”

Publicado el 27 de julio de 2022 en El Nacional

Estamos decididos a que antes de que el sol se ponga sobre esta terrible lucha, nuestra bandera será reconocida en todo el mundo como un símbolo de la libertad por un lado, y de una fuerza arrolladora sobre el otro (general George C. Marshall).

El 4 de julio de 1942 se estrenó en el teatro de Brodway (New York, NY) el musical This is the Army del compositor Irving Berlin. Berlin nació en Bielorrusia (Imperio Ruso) en 1888, y su nombre era Israel Isidore Baline. Hijo de un rabino, emigraría con toda la familia a los Estados Unidos (EEUU) cuando tenía tres años. Baline fue el vivo ejemplo del “American dream” y en la Primera Guerra Mundial se alistó en el Ejército llegando a ser sargento. En esa época creó un espectáculo musical en el campamento con grandes coros de soldados. Al ser atacado los EEUU en diciembre de 1941 se dedica a componer canciones patriotas, hacer giras para animar a los combatientes y actualiza el show que hizo en la Gran Guerra, como un medio para promover el reclutamiento voluntario. Al año siguiente se adaptaría al cine dirigida por Michael Curtiz (el mismo de Casablanca, 1942) y ganaría el Óscar a mejor banda sonora (actúa Ronald Reagan, futuro Presidente). La primera potencia industrial sabía que no bastaba con ser el “arsenal de la democracia”, sino que debía también entrenar a los mejores soldados e incrementar su número para lograr la victoria en la Segunda Guerra Mundial (SGM).

En artículos anteriores hemos explicado la evolución de la política de los EEUU ante la SGM. El primero de septiembre de 1939 el Presidente Franklin D. Roosevelt eligió como Jefe del Estado Mayor del Departamento de Guerra al general George C. Marshall (y mantendrá el cargo toda la guerra). Desde ese momento el general Marshall se propuso la tarea de modernizar las Fuerzas Armadas y colocarla en el primer lugar del mundo ¡y lo logró! En ese momento aunque era la primera Armada (junto con la Royal Navy del Imperio Británico), su ejército de tierra no pasaba de 189 mil soldados. A pesar de tener una gran oposición lograría llegar, al momento del ataque a Pearl Harbor (7 de diciembre de 1941), a un millón y medio de soldados; y al final de la guerra a casi nueve millones. Pero los números no bastaban, porque cómo bien lo había dicho Napoleón Bonaparte: “La superioridad de los ejércitos se sustenta en la moral de sus soldados”.

La confianza del soldado dependía de muchas cosas, pero lo primordial era su entrenamiento. En la SGM los Estados tuvieron en el cine el mejor medio de propaganda, el cual se dedicó a construir un modelo de héroe moderno, patriota y vencedor en las batallas. Pero en el caso de los EEUU podemos ver cómo hay un importante énfasis en hacer atractiva la vida militar. A diferencia de los totalitarismos del Eje y la Unión Soviética (URSS), la vida del cuartel (y por tantos meses) sería rechazada por el ciudadano acostumbrado a las libertades democráticas y vida burguesa (como dice la letra de la canción de Berlin: “This is the Army, Mister Jones!/ No private rooms or telephones/ You had your breakfast in bed before/ But you won't have it there any more”). Para el historiador y todo científico social, resulta admirable cómo los norteamericanos supieron hacer que su pueblo asumiera la guerra sin dejar de ser una sociedad abierta. Es más, la guerra ayudó al avance de sus libertades (tema que revisaremos con más detalles, Dios mediante, al final de la serie que venimos desarrollando).

Son numerosos los filmes que comenzaron a ser estructurados en dos partes: la primera dedicada al entrenamiento forjando un espíritu de camaradería, disciplina y habilidades para la guerra; siempre teniendo la meta de que todo el esfuerzo se hace con fines nobles: la Patria, la libertad, la justicia y la lucha contra el mal (representados en los expansionismos nazi y japonés); y la segunda que muestra cómo dicha formación por largos meses en los campamentos rinden sus frutos en la victoria. En la SGM la trama era dominada por la propaganda, pero posteriormente podemos decir que incluso en el cine bélico se estableció el subgénero dedicado a la etapa de entrenamiento o vida en los cuarteles. La crítica en este subgénero tiene el mejor ejemplo en Full metal jacket (Stanley Kubrick, 1987) aunque trata de la guerra de Vietnam y no la SGM. También Biloxi Blues (Mike Nichols, 1988) al mostrar el maltrato a los homosexuales; y en lo que respecta al conflicto entre homogeneidad castrense y la libertad de conciencia está Hacksaw Ridge (Mel Gibson, 2016): biopic del soldado Desmond Doss que se negó a usar armas y fue médico militar.

Las mejores obras cinematográficas de la SGM: las dos series de los productores Tom Hanks y Steven Spielberg: Band of brothers (2001) y The Pacific (2010), dedican o un episodio entero (es el caso de la primera) o partes de varios episodios a lo largo de la temporada (es lo que hace la segunda). En  la primera se describe el entrenamiento de la Easy Company (del 506° regimiento de paracaidistas de la 101° División Aerotransportada del US Army)  por parte del terrible capitán Herbert Sobel. Aunque no se dan detalles de todo el programa que siguen, sí se resalta la forja del carácter, la disciplina y lo central para el relato: la camaradería entre los soldados y el reconocimiento del liderazgo. El teniente Richard Winters (el protagonista representado por Damian Lewis) será el líder, no por su simpatía (de la cual carece); sino por ser una persona disciplinada, conocedor de las artes necesarias para combatir y justo. A The Pacific le dedicaremos futuras entregas sobre este tema, porque el entrenamiento que muestran se realiza en los años posteriores a 1942.

La película The Tuskegee Airmen (Robert Markowicz, 1995) sigue la estructura de la trama que explicamos: una primera parte de entrenamiento en la base aérea e instituto en Tuskegee (Alabama, EEUU) y la otra del combate en el Frente italiano y después sobre Alemania. Pero relata las grandes dificultades de los oficiales segregados de la US Army Air Corps por ser afroamericanos. Se establece tanto una academia como unidades aparte de los blancos desde el 19 de julio de 1941, y se les exige más que al resto de los pilotos por el racismo dominante en dicha sociedad y su Ejército (es un tema que volveremos a tratar). En el otro filme que trata el tema no se refieren a la academia: Red tails (Anthony Hemingway, 2012) La semana que viene analizaremos el inicio de la campaña de Guadalcanal (7 de agosto de 1942 al 9 de febrero de 1943), que evidentemente como la de Stalingrado tendremos que dividirla en varias partes

miércoles, marzo 23, 2022

La guerra de Ucrania del 2022 y la Segunda Guerra Mundial

La guerra de Ucrania y la Segunda Guerra Mundial

Publicado el 23 de marzo de 2022 en El Nacional y al día siguiente en Opinión y Noticias.

En este momento la ciudad de Mariúpol, segundo puerto de Ucrania después de Odessa, está siendo tomada por las fuerzas rusas calle por calle. Después de rodearla le han cortado todo tipo de suministros (agua, calefacción, luz, comida y medicinas) para que se rinda, pero la resistencia se mantiene por lo que se ha iniciado la destrucción de la ciudad. Es inevitable pensar en los videos o fotos de la “Fuente Barmalej” (o “ronda de los niños”) en medio de un Stalingrado en ruinas debido a la invasión de la Wehrmacht durante la Segunda Guerra Mundial (SGM). También en Varsovia, ciudad que pagó la osadía de levantarse en contra del ocupante nazi durante 1944 con la destrucción del 90 % de su infraestructura. El “recuerdo” de la última gran guerra en Europa se podría entender en historiadores y más si se especializan en el siglo XX: una memoria llena de imágenes vistas tantas veces en documentales, películas y libros. Pero me ha impresionado cómo las comparaciones que hacen periodistas, políticos y la gente en general (en las redes sociales, etc.) se refieren a la SGM; y la justificación, tanto de la agresión como la defensa, se realiza dando ejemplos inspirados en ella. Razón por la cual nos hemos animado a hacer una primera aproximación al tema.

La memoria de la SGM se mantiene viva, no solo por ser la última gran guerra y la de mayor violencia de la historia (y el desarrollo del genocidio sistemático de varios pueblos); sino porque su historia se sigue relatando a través del cine, logrando ser el hecho histórico con mayor presencia en la proyección de películas. En el caso de Rusia es evidente que su desarrollo como nación, Estado y potencia mundial está íntimamente ligado al conflicto que le dejó profundas cicatrices: 27 millones de muertos junto a una catástrofe material inimaginable. La invasión de Ucrania busca detener la expansión de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) en lo que fue la zona de influencia de la Unión Soviética (Rusia es heredera de ella) después de la SGM. Hay un anhelo de volver al prestigio y poder que fue ganado con tantos sacrificios en 1945 y el resto del mundo reconoció pero también temía. E incluso el segundo argumento para justificarla está claramente relacionado con esta época al afirmar que Ucrania debe ser “desnazificada”. Las pruebas ofrecidas por Vladimir Putin el mismo día del inicio de la guerra (24 de febrero) son la intolerancia “genocida” de Kiev ante los rusos en territorio ucraniano, especialmente en el Donbass. Transforma una agresión en un compromiso o responsabilidad histórica: el evitar que el mayor mal de la humanidad (el nazismo) pueda resucitar, y pueda amenazar de nuevo a Rusia y los pueblos eslavos. Sin duda busca despertar un trauma colectivo.

Una parte de Rusia no ha caído en la trampa de la propaganda del gobierno de Putin y ha salido a protestar contra la guerra (ojalá fuera la mayoría pero creemos que no es así). Aunque ciertamente ha habido intolerancia en Ucrania contra las minorías rusas, nunca se puede comparar con un genocidio como fue el nazi y los pocos grupos hipernacionalistas que existen jamás han logrado una representación parlamentaria. El colaboracionismo que se dio durante la SGM ocurrió en todos los países y en el caso de Ucrania contrasta con lo más de 5 millones que murieron luchando por la liberación. Además, difícilmente podría ser nazi el Presidente Volodimir Zelenski al tener un origen judío. En el caso de las protestas dentro de Rusia creo que la mentira de la “desnazificación” ha tenido una crítica importante en la participación de la sobreviviente del Sitio de Leningrado en la SGM: Yelena Ósipova que fue arrestada. Aunque al parecer no se tiene claro si nació en medio de dicho sitio, pero en todo caso sus padres sí lo padecieron. En general Putin y Zelenski no han dejado de usar la SGM para apoyar sus discursos, incluso le escuchamos a este último al dirigirse a Estados Unidos nombrar el ataque a Pearl Harbor y al hablar con el Reino Unido citó el coraje de sir Winston Churchill.

Un aspecto que examinaré en otra entrega, porque requiere mayor examen, es todo lo relativo a la influencia de la experiencia militar rusa en la SGM en la actual invasión. Para concluir debemos decir que al finalizar la Primera Guerra Mundial se pensó que sería la guerra que terminaría con todas las guerras debido a la masacre ocurrido. Lo mismo ocurrió al concluir la SGM – ¡y más aún cuando los fallecidos se multiplicaron por seis! –, por lo menos en Europa se tenía esta esperanza. Nunca más el continente padecería una ciudad destruida como Stalingrado o Varsovia. 80 años después Mariúpol ha sido dañada en el 90 % de sus edificios y el número de civiles asesinados no para de crecer. Solo esperamos que al igual que ocurrió en Stalingrado, sea la derrota para los sueños imperialistas de un tirano anacrónico. La próxima semana volvemos a marzo del año 1942, pero no en el Pacífico sino en Europa, específicamente a Gran Bretaña. Un nuevo comandante ha llevado al Mando de Bombardeo de la Royal Air Force y el cambio será radical. Se ha propuesto probar que la victoria se puede lograr desde el aire.

miércoles, agosto 26, 2020

La visión de la Luftwaffe y la Alemania del Tercer Reich. El 80 aniversario de la Batalla de Inglaterra (III)

El 80 aniversario de la Batalla de Inglaterra (III)

Carlos Balladares Castillo

Un día como ayer (26 de agosto) pero de hace 80 años, la capital del Tercer Reich amanece bombardeada ¡por primera vez en la Segunda Guerra Mundial!  No hubo víctimas y muy pocos daños materiales. Ochenta bombarderos de la Royal Air Force (RAF) del Reino Unido tomaron represalias ante un acto similar por parte de los alemanes sobre su capital el 24 de agosto y realizaron un pequeño raid. Solo la mitad dio con el objetivo pero el impacto psicológico sobre la Alemania de Hitler fue inmenso. La historiografía sobre la Batalla de Inglaterra ha establecido este hecho como el inicio de un punto inflexión que permitió la victoria de los Aliados. Pero ese es un tema que trataremos dentro de dos semanas debido a que ahora nos dedicaremos a explicar los planes de los agresores en esta campaña del verano de 1940.

Al comprender la Batalla de Inglaterra como un enfrentamiento aéreo (el mayor de la historia para el momento y algunos se atreven a decir hasta hoy), las mejores fuentes primarias para su análisis son las memorias, diarios e informes de los pilotos y comandantes de la Luftwaffe y RAF. La recopilación de las primeras las realizó un veterano llamado Cajus Bekker (La Luftwaffe, 1962). Dicha obra la recomendamos desde el comienzo de este proyecto. Entre las memorias está la del tercer as sobre los cielos de Gran Bretaña y el Canal que fue Adolf Galland (1912-1996), publicadas en 1954 bajo el nombre: Los primeros y los últimos.

Al examinar la inmensa mayoría de estas fuentes (memorias) alemanas que son posteriores a la guerra o revisadas en ese tiempo, tienden a iniciarse señalando las limitaciones de la fuerza aérea para llevar a cabo la tarea. Incluso las de los jefes de otras fuerzas también hacen la misma afirmación. Y si a ello sumamos lo explicado en nuestro anterior artículo sobre la actitud de Hitler en relación al Reino Unido (E. von Manstein, 1954, Victorias frustradas; habla de una clara anglofilia), llegan a la conclusión que el Ejército no se preparó para esta eventualidad porque no la esperaba.

Todo el peso recayó sobre la Luftwaffe y tanto Bekker como Galland advierten que la aviación solo podía alcanzar un pequeño territorio de Gran Bretaña en el sudeste. Incluso se veía toda la acción aérea y la preparación del desembarco como propaganda y/o presión para lograr la paz. En palabras del mariscal de campo el general Wilhel Keitel y el general Heinz Guderian: no era algo serio y estos propusieron que se debían unirse a los aliados italianos en el Mediterráneo y Noráfrica para generar gran daño al Imperio Británico y asegurar esta área. Se podría pensar que esto último es una visión retrospectiva. Muy probablemente el éxito de Francia más una errada información, le generó una confianza irreal y por ello el máximo jefe de la Luftwaffe dijo que se lograría la necesaria supremacía aérea en tan solo cuatro días.

En la primera fase de la Batalla (10 de julio al 12 de agosto) se logró el despeje del canal de los convoyes británicos. Pero esto no garantizaba que a la ahora del desembarco la Royal Navy (la marina británica), con su dominio de los mares, generaría un número alto de daños en la flota invasora. En esta etapa se demostró que los aviones, en especial el Stuka (preferido de los altos comandantes resultó en un gran fracaso sobre Inglaterra), no tenían la capacidad para hundir barcos y eran vulnerables a los Hurricane y Spitfire de la RAF. Por no hablar que estos últimos ahorraban sus fuerzas y eludían los combates, lo cual no podrán hacer en la siguiente fase debido a que se inició el ataque de los aeródromos, industria, puertos, radares y centros de control. Es la fase de agosto que buscaba el dominio del aire y para ello los alemanes tenían la ventaja de tener el doble de cazas pero la realidad es que sufrían el doble de pérdidas. La causa es que su caza (el Me 109) no tenía gran autonomía y solo contaba con 20 minutos sobre el territorio enemigo. Y lo peor de todos es que sus pilotos tendían a perderse en caso de sobrevivir a los derribos porque caían en territorio enemigo.

La mayor parte de la historiografía y numerosos documentales sobre la Batalla de Inglaterra afirman que a finales de agostos la Luftwaffe, en medio de grandes pérdidas, comenzaba a lograr sus objetivos. Es cierto que los aeródromos se reparaban rápidamente y la industria aeronáutica era mucho más productiva que la alemana; pero por la presión los aviones tuvieron que retirarse mucho más al norte de Londres. La destrucción de los centros de control y la creciente muerte de pilotos dificultó una resistencia prologada en el tiempo de la RAF. El problema es que el desembarco debía realizarse en septiembre porque la llegada del otoño lo impediría. La RAF debía resistir unas semanas más ¿podría hacerlo? En nuestra próxima entrega trataremos de dar respuesta a esta pregunta a través de la versión británica de la campaña sobre el Reino Unido.  

miércoles, agosto 19, 2020

El 80 aniversario de la Batalla de Inglaterra (II)

 

El 80 aniversario de la Batalla de Inglaterra (II)

Carlos Balladares Castillo

Un día como hoy (20 de agosto) pero de 1940 el primer ministro del Reino Unido: Winston Churchill, da el famoso discurso (como tantos otros) donde habla de “The few”. “Los pocos” pilotos del Mando de Caza de la Royal Air Force (RAF) que tenían bajo sus alas el mayor peso de la Batalla de Inglaterra. Es en parte la leyenda, tal como explicamos en nuestra primera entrega de esta serie de artículos, con la que se debate la historiografía y la representación cinematográfica. “Never in the field of human conflict was so much owed by so many so few” (nunca en el campo del conflicto humano tantos debieron tanto a tan pocos). En esta segunda parte nos dedicamos primero a las fases de la batalla y después a la perspectiva de los atacantes (el Tercer Reich). Desde las fuentes primarias como la historiografía.

La historiografía divide la Batalla de Inglaterra en tres fases, aunque no hay acuerdo claro entre las fechas de comienzo y termino. La primera va desde el 10 de julio hasta el 12 de agosto en la que se buscó detener el tránsito de los convoyes británicos en el Canal de la Mancha, dañar los principales puertos del sudeste de Gran Bretaña (esta zona fue la más afectada durante toda la Batalla) y atraer a los cazas de la RAF para lograr su destrucción en “dogfights” (combate aéreo entre cazas). Estos objetivos tácticos se mantuvieron en su mayoría en las otras dos fases. La segunda comienza con el “día del águila” (“adlertag”) el 13 de agosto y termina con el primer ataque masivo a Londres el 7 de septiembre. Buscó la destrucción del mando de cazas a través del bombardeo de las torres de radar, los aeródromos, la industria aeronáutica y el ya citado combate entre cazas. La última etapa es muy larga porque significó un cambio en la estrategia: no se buscaba la supremacía aérea como condición necesaria para un desembarco (era la aceptación de la derrota de la Luftwaffe) sino la destrucción de Londres y otras ciudades, con el fin de debilitar la moral del pueblo y obligar al retiro del Reino Unido de la guerra. Fue conocida como el “Blitz” y se inició con el primer ataque a la capital hasta el 11 de mayo de 1941 cuando cesaron los bombardeos.

Antes de la Batalla se dieron encuentros entre ambas fuerzas pero no eran tan frecuentes porque Adolf Hitler nunca pensó ocupar las Islas Británicas. No lo tenía planeado previo al ataque a Polonia en septiembre de 1939 ni tampoco después de haber derrotado a Francia (junio de 1940). La razón está en su concepción racista del orden mundial donde los ingleses eran considerados arios como los germanos y en una profunda admiración de su imperio. El dominio de millones de habitantes de la India por unos pocos miles de británicos era para Hitler la prueba de la superioridad de su raza y el ejemplo a seguir por Alemania en Rusia. Todo ello está explicado en Mi lucha (1924), en la cual agrega que el pueblo inglés lucharía hasta el final en cualquier guerra, incluso estando en desventaja. Por estas razones una vez vencida Francia buscó un acuerdo.

Algunos historiadores afirman que el rescate de las tropas aliadas en Dunkerque fue posible gracias a las decisiones de Hitler. Detuvo sus tanques como  una forma de mostrar buena voluntad para lograr la paz con el Reino Unido. Pero al finalizar la operación “Dinamo” el 4 de junio, Churchill advirtió que seguirían luchando “en las playas, en el aire” y que “¡Nunca se rendirían!” Fue considerado como demagogia por las autoridades alemanes y se centraron en los medios diplomáticos. Son conocidos los contactos con mediadores como el Papa y el rey de Suecia. En la película La Batalla de Inglaterra (Guy Hamilton, 1969) las primeras escenas muestran Dunkerque y las conversaciones entre los embajadores alemán y británico en Suiza. El Tercer Reich respetaría al Imperio Británico (Hitler hablaba de la “necesidad de su existencia”) siempre y cuando este aceptara el “Nuevo Orden” en el continente Europeo.

La actitud e idea del Führer en relación a la guerra contra Gran Bretaña, era la de un conflicto no buscado ni deseado. De manera que el máximo decisor estaba negado a la misma. Esta será la causa principal que impida una reacción más enérgica en esta campaña. Es en julio cuando se preparan los planes de invasión que establecen como condición la supremacía aérea, la cual debería lograrse en agosto y para la primera quincena de septiembre se daría el desembarco. De lo contrario en octubre cambiaría el clima y el Canal de la Mancha sería innavegable para las barcazas y se tendría que posponer hasta primavera o verano del 41. Lo que a su vez demoraría la campaña Rusa, meta fundamental de Hitler en la Segunda Guerra Mundial.

El 19 de julio Hitler realiza lo que él describió en un discurso ante el Reichstag como “el último llamado a la razón”. Fue respondido de inmediato con declaraciones del Foreign Office. Churchill había repetido una y otra vez que no aceptaría ninguna negociación. La rápida victoria de la Wermacht en Francia les hizo pensar, tanto a los jefes nazis como a los generales que eran invencibles, pero la realidad tal como la explican las memorias de los protagonistas alemanes es que no estaban preparados para un desembarco y ni siquiera una victoria en el aire. Por primera vez, a pesar de su superioridad numérica, se enfrentarán a un enemigo que podía igualarlos en tecnología (e incluso superarlos) y no solo en valor. En nuestra próxima entrega hablaremos de la Luftwaffe y su desempeño entre julio y agosto de 1940.

miércoles, agosto 12, 2020

El 80 aniversario de la Batalla de Inglaterra (I)

El 80 aniversario de la Batalla de Inglaterra (I)

Carlos Balladares Castillo

Un día como mañana (13 de agosto) pero de 1940 se inicia el llamado, por el mariscal del aire y máximo comandante de la Luftwaffe: Herman Göering, “Adlertag” (ataque de las águilas). Desde esa fecha comenzaron una serie de ataques masivos (con casi 2000 salidas diarias, es decir, 1000 aviones en varias oleadas) por parte del ejército del aire del Tercer Reich a los aeródromos británicos. El fin era lograr la superioridad aérea sobre el sureste de Gran Bretaña y permitir de esa forma la operación “Seelöwe” (León Marino): el desembarco y ocupación de las islas. Fue el inicio del período de más intensidad en los combates dentro de la mayor campaña o enfrentamiento aéreo de la historia (hasta la fecha) y que el primer ministro del Reino Unido Winston Churchill la había bautizado, antes de su inicio formal, como “la Batalla de Inglaterra” (10 de julio al 31 de octubre de 1940).

La importancia de la misma para la Segunda Guerra Mundial y nuestro tiempo, es ser la primera derrota de la Alemania de Adolf Hitler. Si la invasión y ocupación de la mayor potencia militar terrestre de Europa: Francia, había significado - tal como explicamos en nuestra serie anterior de diez artículos sobre este hecho de mayo a julio pasado -  el dominio del nazismo sobre el continente y el avance de los sistemas totalitarios sobre las democracias. La victoria británica demostraría que el sistema de libertades no estaba muerto y era capaz de defenderse frente a la mayor máquina de guerra del mundo. Pero incluso se va más allá siguiendo las declaraciones de Churchill y Hitler antes de iniciarse la batalla. El primero afirmaba que de su resultado dependía la supervivencia de la civilización Occidental. Paradójicamente el segundo señalaba algo muy parecido en el sentido de su íntima relación con la “aniquilación total” de alguno de los dos adversarios si se continuaba la lucha (19 de julio).

¿Y qué significó todo esto para Venezuela? Un dato lo dice todo: la refinería de Curazao que era abastecida por los pozos del Lago de Maracaibo, producía el 80 % de la gasolina usada por la Royal Air Force (Fuerza Aérea Británica) en dicha campaña. En palabras del futuro Presidente Isaías Medina Angarita (1941-1945), “El petróleo venezolano fue a los campos de batalla del lado de las democracias”. Agradecemos a los lectores que hayan conservado los testimonios de sus antepasados sobre esta época a través la historia oral familiar, y nos los hagan llegar por medio de las redes sociales (@profeballa). La última entrega de la serie se la dedicaremos a la perspectiva de los hechos desde nuestro país.

Hoy comenzamos una serie de seis artículos sobre la Batalla de Inglaterra porque en los meses de agosto y septiembre se cumplirán 80 años de la etapa más intensa de la misma. Dicha serie está enmarcada en este gran proyecto que comenzamos el primero de septiembre del año pasado para ir explicando la Segunda Guerra Mundial en su historiografía y producción de cine cada vez que se cumpla el ochenta aniversario de un hecho importante (batalla, campaña, etc.) en esta conflagración. Lo primero es este artículo donde se explica su importancia y se da una visión general, para ir poco a poco revisando en los siguientes las principales fuentes primarias desde los que atacan (con sus planes), después los que se defienden y finalmente revisar las interpretaciones dominantes en la historiografía y su relación con el discurso cinematográfico para concluir con sus consecuencias para el mundo y de último el impacto en Venezuela.

En la historiografía y el cine en torno a este episodio el dominio británico es abrumador, y la relación entre ambos ha sido de una perfecta simbiosis. Winston Churchill como protagonista de los hechos y posterior historiador marcó la pauta incluso antes que los eventos ocurrieran. En palabras de Max Hastings (periodista y divulgador histórico): creó la leyenda del pueblo británico capaz de llevar a cabo una resistencia increíble frente al ejército de Hitler, y de esa forma impedir la invasión de Gran Bretaña. Una vez que ocurrieron los hechos (Hitler desiste ante la imposibilidad de lograr la condición previa para la ocupación: la supremacía aérea), Churchill convenció a su pueblo de haber realizado la leyenda. La leyenda consistía además en la heroicidad del pueblo por lograr “solos” (sin apoyo de nadie) lo imposible. Y entre el pueblo estaban los que llamó “the few”: el mando de caza de la RAF. “Never in the field of human conflict was so much owed by so many so few” (nunca en el campo del conflicto humano tantos debieron tanto a tan pocos).

La historiografía y el cine, pero en especial la primera se debate constantemente en la comprobación o no de esta leyenda. En el documental de origen británico que ofreció Netflix en noviembre del año pasado (2019): Greatest events of World War Two in colour, en el capítulo respectivo se entrevistan a un grupo de historiadores (todos del Reino Unido) como James Holland; y a pesar de advertir que no fueron ni tan “solos” ni todo el peso estaba en “the few”, concluyen que sus protagonistas desde las autoridades hasta el pueblo fueron héroes que cambiaron la historia.

miércoles, julio 15, 2020

El impacto de la Batalla de Francia (1940)en Venezuela. El 80 aniversario de la Invasión a Francia (y X).


El 80 aniversario de la Invasión a Francia (y X)

Carlos Balladares Castillo

En los primeros días de junio de 1940 pocos venezolanos atendían “la tragedia europea”. La prensa y la radio informaban de las derrotas de los ejércitos Aliados frente al indetenible avance de la maquinaria de guerra alemana, pero como noticias del exterior siempre eran secundarias y muy lejanas para las angustias locales y más importantes de los criollos. En este contexto dos caraqueños dialogan sobre los destinos de Francia y el Mundo, y uno afirma con jactancia: “Mein Fuhrer pronto tomará París, dándole una lección a esos engreídos franchutes; y después los ingleses tendrán que aceptar que Alemania es la nueva potencia o sufrir también la ocupación”. Su amigo, admirador de los “americanos” cuya cultura y economía son ya parte del día a día nacional, le responde con claro disgusto: “Los Estados Unidos no dejarán de apoyar a Inglaterra y tarde o temprano pelearán con toda su fuerza industrial. La ciudad luz puede caer pero Londres resistirá hasta que las democracias triunfen sobre la dictadura nazi”.

La anécdota anterior me la contó en mi niñez una tía abuela cuando yo le preguntaba, fascinado por las películas sobre la Segunda Guerra Mundial que pasaban con mucha frecuencia en la televisión, cómo había vivido esos tiempos. Nunca olvidaré que para mí fue un gran impacto pensar que existiera gente que apoyara a los malos del cine: los nazis. De inmediato le pregunté a mi abuela: ¿Y a quién apoyaban ustedes? “¡A los Aliados por supuesto!”, respondió con una seguridad que me tranquilizó. Y esta era la tendencia general porque no solo nuestra economía dependía fundamentalmente del petróleo que extraían compañías estadounidenses y británico-holandesas, y que consumían los “americanos” como siempre se les dijo; sino que ya todo lo que comprábamos manufacturado e incluso algunos alimentos venía de la potencia del Norte. Por no hablar que el cine, la radio y las costumbres eran cada día más y más asimiladas a las de Norteamérica.

Se puede entender que algunos pocos pensaran lo contrario basados en la admiración por los rápidos triunfos militares del Tercer Reich. También por el papel protagónico de los grandes hombres siguiendo nuestra tradición personalista tanto en la práctica política como en el pensamiento positivista, y el romántico “antiyanquismo”. El simple rechazo a la “invasión estadounidense” de las últimas décadas por la gran inversión petrolera y comercial. Nacionalistas extremos o idealistas basados en lecturas como el Ariel del uruguayo José Enrique Rodó, del cual por cierto hay un busto en una plazita-redoma de San Bernardino, por no hablar de la influencia de la pequeña colonia alemana y la propaganda nazi desarrollada en sus organizaciones: colegio y club.

La cuarentena que padecemos por el COVID-19 me impidió revisar la prensa de la época. Los archivos como buena parte de las oficinas estatales se encuentran cerrados. Solo pude examinar lo muy escaso (cercano a la nada) que se encuentra digitalizado, y los textos de 1939 a 1941 de Pensamiento Político Venezolano del siglo XX. Y pude ver que la Segunda Guerra Mundial no se nombra salvo con algunas pocas palabras, mucho menos Francia. Se observa claramente que no está en sus pensamientos o preocupaciones ¡ni siquiera porque el 10 y 12 de junio de 1940 una nave francesa (“Barfleur”) cañonea dos buques italianos (“Alabama” y “Dentice”) en el Golfo de Venezuela y la primera quedó encallada en la barra de Maracaibo!

No niego que sea una simple aproximación con un uso muy escaso de fuentes (la cual espero pronto ampliar y explicar en un artículo historiográfico), pero un testimonio de la época (entrevista que aparece el 21 de marzo de 1941 en el periódico Ahora) se refiere a la guerra en general y me confirma esta percepción. Leamos sus palabras:

Ahí tiene usted la actitud tan generalizada frente a la guerra europea. Se le mira desde aquí, sobre la ventana del Caribe, con la misma actitud con que el aficionado a las carreras de caballo contempla una competencia hípica. Inclusive, la guerra es para muchos apenas una fuente inagotable de chistes, a costa de los italianos. Y la verdad es que ningún motivo de regocijo o despreocupación podemos encontrar en la trágica hecatombe.

Después de explicar que no se puede comparar nuestra situación con la que vivimos en la Primera Guerra Mundial porque en aquel entonces “no contábamos en el mapa político y económico internacional”, y ahora en cambio somos el tercer productor de petróleo por lo que “jugamos, sin saberlo y sin quererlo un arriesgado papel: el de codiciada presa de las grandes potencias, urgidas todas de petróleo”. Y concluye:

Esta contienda tiene características diferentes de las del primer gran conflicto interimperialista. El eje totalitario lucha no solo para aniquilar en los cinco continentes las formas democráticas de Gobierno y todo sentido de dignidad humana, sino que también se ha propuesto rectificar los rumbos del universo y dominar el mundo. En su monstruoso anhelo de realizar una hegemonía ecuménica ha introducido un elemento filosófico nuevo en las pugnas entre las grandes filosofías: el racista.

Al leer estas líneas nos impresiona la capacidad de este joven político venezolano para analizar la realidad internacional en relación a Venezuela, y muy especialmente al identificar la gravedad del avance de los totalitarismos. Los campos de exterminio no existían porque se estaban creando pero él ya habla de la esencia de la guerra que está íntimamente relacionada con ellos. Nos referimos a la supervivencia de “todo sentido de dignidad humana”. En este nuevo orden racista que se formaba, nuestro lugar como mestizos y país petrolero nos hacía “contarnos entre los más expuestos a la agresión fascista (…), al bombardeo nazi”. La distancia, advertía, no era ya una protección y acá usa una referencia a la Batalla de Francia: “El Atlántico, amigo, es una precaria Maginot de agua salada. (…) Si el océano es una barrera ¿cómo se explicaría que Curazao a escasas millas del litoral falconiano, esté provisto de numerosos refugios antiaéreos?” Y finaliza recordando que en la isla se refina petróleo venezolano. Ese joven se llamaba Rómulo Betancourt.

Al seguir con nuestra meta de analizar la Segunda Guerra Mundial en su historiografía y producción de cine cada vez que se cumpla el 80 aniversario de un hecho importante en esta conflagración, dejamos el tema petrolero venezolano para más adelante y anunciamos que nuestra próxima serie será sobre la Batalla de Inglaterra. De esta campaña los hechos más importantes se dieron desde finales de julio hasta septiembre de 1940. Ahora queremos finalizar con la Batalla de Francia contando otra pequeña anécdota que ilustra el impacto de la misma en Venezuela. El testigo fue Héctor Mujica (futuro político y escritor), quien para ese momento era estudiante y sobre la misma afirmó: “Son cosas que no se olvidan, que no deben olvidarse”.

El 14 de junio de 1940 las tropas entraban a París y la noticia se supo de inmediato gracias a la radio, la cual en nuestra tierra ya estaba muy bien establecida en las principales ciudades como era el caso de Barquisimeto. En esta urbe un joven profesor de historia del Liceo Lisandro Alvarado, que también era locutor, se enteró de la terrible noticia. No podía dar clases como si nada pasara. Su indignación era inmensa: la París de la revolución, la democracia y la república había sucumbido bajo las botas y los tanques de la barbarie hitleriana. Se paró frente a la clase, cual maestro Keating de La sociedad de los poetas muertos, y les contó a sus pupilos la tragedia. Acto seguido les pidió que se pusieran también de pie y comenzó a cantarles: “Allons enfants de la Patrie,/ Le jour de gloire est arrivé!/ Contre nous de la tyrannie/ L'étendard sanglant est levé.” Ese profesor era mi abuelo Alberto Castillo Arráez.

Imagenes tomadas del blog de Luis Heraclio Medina. Ver aca: http://cronicasyotrashistorias.blogspot.com/2017/02/1940-cuando-la-guerra-llego-venezuela.html

miércoles, julio 08, 2020

El impacto en el cine. El 80 aniversario de la Invasión a Francia (IX)


CasablancaPoster-Gold.jpgEl 80 aniversario de la Invasión a Francia (IX)

Carlos Balladares Castillo

En nuestra primera entrega de la serie sobre el 80 aniversario de la Batalla de Francia (10 de mayo al 22 de junio de 1940) explicamos el gran impacto en lo militar y político que significó la caída de la primera potencia europea, de cara a los planes de Adolf Hitler. Ahora pretendemos analizar lo que significó para la opinión pública, la perspectiva cinematográfica tomando en cuenta las dos películas más importantes, y concluir con un balance de la campaña.

En los países de prensa libre occidentales, se percibió la caída desde las posiciones más extremas como el fin de la civilización; y en cambio los más moderados lo consideraron como un tiempo de dominio de las dictaduras totalitarias representadas por una Alemania controlando Europa aliada con la Unión Soviética; un Japón con cada día mayor influencia en el Pacífico; y cierto peligro de Italia en el Mediterráneo y Noráfrica. El Reino Unido caería si Estados Unidos no lo apoyaba en los meses siguientes. Era inevitable pensar en un nuevo equilibrio de poder donde Francia ya no tenía ninguna importancia, y el Imperio Británico comenzaría su decadencia. Pero lo peor de todo era que la democracia desaparecería como modelo de gobierno y sociedad. En pocas palabras la opinión pública era terriblemente pesimista a corto y mediano plazo.

Pero muy probablemente lo peor era esto último. El fracaso de la democracia francesa y al ser suplantada por un régimen (el de Vichy, liderizado por el mariscal Philippe Petain) que veía el modelo totalitario alemán como un mejor camino para la sociedad ¡y especialmente para Occidente! puso de moda los autoritarismos. La opinión de muchos en Francia era que si deseaban volver a ser una potencia debían asumir el modelo de los vencedores, e incluso COLABORAR con ellos en terminar de “limpiar” Europa y el mundo del bolchevismo y las débiles democracias que le hacían el juego a este.

Casablanca – [FILMGRAB]
La opinión pública occidental dará un importante giro a favor de la democracia, no me cabe la menor duda, gracias al inteligente ataque propagandístico que dirigió la industria cinematográfica en contra del colaboracionismo. En 1942 y 1943 respectivamente; con los Aliados (ahora sí la Unión Soviética y Estados Unidos junto al Reino Unido) centrados en la derrota alemana (el Japón e Italia eran secundarios); ofreció entre todas sus películas dos obras maestras: Casablanca (Michael Curtiz) y This land is mine (Jean Renoir). Ambas tratan del dilema que se le presentan a los franceses principalmente (Esta tierra es mía) pero también a los no franceses pero a favor de la democracia (Casablanca), entre colaborar-ser neutrales o actuar decididamente en contra de los totalitarismos a pesar de las consecuencias.

Casablanca tiene su centro en la historia romántica pero con un cambio que la hace una joya. Me refiero a las decisiones que las parejas idealistas (no colaboracionistas o neutrales que al final resulta en lo mismo) deberían tomar en tiempos como la Segunda Guerra Mundial. En el caso de Esta tierra es mía hay una mayor tensión, porque la trama no se desarrolla en las colonias francesas sino en la zona ocupada. El protagonista es un profesor (Charles Laughton) cobarde y tímido, que debe convertirse de cara al dilema colaboracionismo-resistencia. Hay en ella un mayor contenido ideológico y discursivo que resulta de un mayor heroísmo y dramatismo en comparación a Casablanca. Amabas poseen magníficos guiones y actuaciones. En general son films imposibles de reducirse a un solo comentario. Son muchísimas las producciones que se centrarán en este conflicto, pero podríamos calificarlas en tres temas o relatos predominantes: La Resistencia que es la que mayor producción tiene, el dilema colaboracionista y las amantes francesas de los alemanes. La magnífica novela Suite francesa (1942/2004) de Irene Nemerowsky fatalmente llevada al cine trata de ese último tema, y hay que decirlo: demuestra la diferencia de trato de Alemania con los pueblos occidentales de Europa en comparación con el trato a los eslavos.

El balance a nivel de costos para ambas naciones en la Batalla de Francia fue alto para la nación derrotada, porque no solo fue ocupada y todos sus recursos (incluyendo mano de obra esclavizada) dedicados al esfuerzo de guerra Alemán (esto generaría un nivel importante de hambre en las ciudades), sino que perdió su ejército (más de 100 mil muertos en combate, el doble de heridos, y 2 millones de prisioneros que pasarán 5 años en los campos), su flota a manos de los propios británicos en Mers-el-Kebir a los pocos días del Armisticio (3 de julio y en los días siguientes), y su Fuerza Aérea.

Con respecto a la aviación francesa pude conocer; gracias al apoyo del querido amigo, exalumno y colega Guillermo Ramos Flamerich; que se dio un mito entre los franceses en torno al número de derribos alemanes y los daños generados a la Luftwaffe. Se redondeó la cifra en 1000 cuando la verdad es que fue mucho menor, y eso es lo que han descubierto los estudios historiográficos recientes al revisar no los informes de derribos franceses sino sus propios inventarios. En el caso de las cifras de muertos en combate de la Wermacht se dio lo mismo, en el sentido que redujeron el número a casi la mitad (27000) cuando en realidad están en los 50 mil según me explicó el amigo y especialista en la Segunda Guerra de la Universidad de Humboldt en Berlín: Luis Ramón Espinosa.

Al hablar de mitos creados por la Batalla de Francia no hay mayor que el de la Blitzkrieg. Porque hizo pensar a Hitler que su Alemania era invencible, y por ello podría invadir el Reino Unido y su gran meta: Rusia. Lo dijimos en la primera entrega pero es bueno finalizar con este punto que marcará el destino de la Segunda Guerra y que explica nuestro presente. ¿Acaso tendríamos los venezolanos la fuerte influencia de Rusia en nuestro país sino fuera porque la Unión Soviética logró convertirse en potencia mundial durante la guerra?

Las cortas distancias en Francia permitieron una rápida campaña combinando tanques, infantería y fuera aérea apoyando a las dos primeras. Y a su vez ocultaron que no era tan “blitzkrieg” como decía la propaganda de ambos lados, debido a que la mecanización de la Wermacht no era total y el caballo seguía siendo protagonista a la hora del transporte. Las largas distancias de Rusia, sumado a la resistencia de su pueblo y con el importante apoyo aliado harían sucumbir al Tercer Reich; pero esto es un tema que esperamos tratar – Dios mediante – el año que viene cuando se cumplan 80 años de la Operación Babarroja. La semana que viene finalizaremos esta serie con el impacto de la caída de Francia en Venezuela.

miércoles, junio 10, 2020

El 80 aniversario de la Invasión a Francia (VI)

El 80 aniversario de la Invasión a Francia (VI)

Carlos Balladares Castillo

Un día como ayer (10 de junio) pero de 1940 la Italia fascista de Benito Mussolini le declaraba la guerra a Francia para aprovechar, en palabras de Winston Churchill en su obra La Segunda Guerra Mundial (1957), el botín. No aceptaron negociación alguna, anhelaban convertirse en una potencia mediterránea y querían demostrar por un acto de guerra su capacidad de lograrlo. Estar a la altura de la triunfante Alemania y hacer vida sus principios fascistas. Francia se derrumbaba ante el avance de la Wermacht. Las mejores divisiones anglofrancesas habían sido destruidas en la primera etapa de la Batalla de Francia (del 10 de mayo al 4 de junio), ahora se desarrollaba la segunda etapa desde el rio Some en lo que el Tercer Reich llamó: “Fall Rot” (Plan Rojo). El ejército alemán doblaba al francés y el dominio del aire era total; a pesar de ello los soldados galos lucharon con valentía pero sus dirigentes no estuvieron a la altura de la situación.

La entrada de Italia a la Segunda Guerra Mundial significó la expansión del conflicto más allá de Europa. Ahora el Mediterráneo y África eran frentes de batalla en torno a la península italiana y sus colonias como Libia y Etiopia, pero también en los Balcanes con las pretensiones del Duce sobre Grecia desde sus dominios en Albania. La Alemania de Hitler esperaba que la frontera sur de su imperio europeo fuera protegida y controlada por sus aliados fascistas, que además de Italia serian la Francia bajo el liderazgo del mariscal Philippe Petain y la España del generalísimo Francisco Franco; en caso que el Reino Unido no pactara y que Gran Bretaña fuera invadida por las fuerzas nazis. Y claro está: la Francia no ocupada y España decidieran dejar de ser “neutrales”. El Fuhrer no imagino que su aliado italiano terminaría siendo más un peso que un apoyo, y el sur terminaría convirtiéndose en un nuevo frente que requeriría más y más tropas a medida que pasara el tiempo.

Las dos potencias extraeuropeas pero que habían participado en la Primera Guerra Mundial: la Unión Soviética (URSS) y Estados Unidos (EEUU), ante lo que ya era un hecho casi consumado: la caída de Francia, también tomaron decisiones importantes. La URSS termina de expandirse, siguiendo el Pacto Molotov-Ribentrop de preguerra, al Báltico (ocupando Letonia, Lituania y Estonia) y arrebatarle zonas fronterizas a Rumanía: Besaravia y Bucovina. Y los EEUU a través de su Presidente Franklin Delano Roosevelt comenzaba a dar señales de que no podía seguir indiferente ante los hechos en Europa. A pesar de estar en campaña y con el peligro de perder el importante voto italoamericano afirmó: “Hoy, diez de junio de 1940, la mano que empuñaba la daga la ha clavado en la espalda de su vecino”. Churchill en su obra ya citada diría: “Fue un discurso magnífico, lleno de pasión, que nos transmitió un mensaje de esperanza”. Y ciertamente ante los hechos de Dunkerque, que dejaron al Reino Unido sin poder rescatar sus armas y material de guerra llevados a Francia; Roosevelt le dio al Reino Unido una buena cantidad de armas para resistir la probable invasión de sus costas.

En lo que respecta a Francia, su ejército en la zona fronteriza con Italia supo rechazar al invasor. El problema era que por la retaguardia se acercaban los alemanes. Pero ese día ocurrió otro hecho a destacar: su gobierno se trasladaba de Paris a Tours ante la proximidad de los panzers. Creemos por ello que es un buen momento para ofrecerles, en la serie de artículos que venimos realizando sobre el 80 aniversario de la Segunda Guerra Mundial, la perspectiva gala sobre la Batalla de Francia. Para ello comenzaremos con la visión del general que había advertido que el desastre que ahora padecían podría ocurrir sino se cambiaba su concepción militar heredada de la Gran Guerra. Nos referimos al general Charles De Gaulle (1890-1970).

De Gaulle participó en la Primera Guerra Mundial, fue herido y capturado en Verdún. De 1919 a 1939 se convirtió en un ferviente crítico de la visión defensiva y rechazó el uso de los tanques como apoyo a la infantería y no como fuerza ofensiva. Todo ello fue condensado en varios de sus escritos pero especialmente en Vers l'armée de métier (1934). Ascendido a general durante la invasión a Francia en 1940, se destacó en el comando de una división blindada que hizo grandes esfuerzos para detener la Blitzkrieg aunque no lo logró (sin apoyo aéreo era difícil), hace pocas semanas el Presidente Emmanuel Macron le ha dedicado un sencillo monumento en el lugar de una de esas batallas. Desde el 5 de junio fue nombrado subsecretario de Estado para la defensa nacional por el Premier Paul Reynaud y por tanto comenzó a participar en el Consejo de Gobierno, aunque ya era imposible lograr un cambio en la Batalla de Francia.

Y precisamente un 10 de junio, De Gaulle, llega a la siguiente conclusión según relata en sus Memorias de guerra (1955) y que nos permiten comprender las causas del desastre:

Los acontecimientos iban demasiado aprisa para poder pensar en dominarlos en donde estábamos. Todo cuanto se proyectaba tomaba al instante visos de irrealidad. Se buscaban referencias en los precedentes de la guerra de 1914-1918, completamente inaplicables. Se afectaba creer que aún existía un frente, un mando activo, un pueblo dispuesto al sacrificio; todo ello no eran más que sueños y recuerdos. Lo cierto era que, en medio de una nación postrada y estupefacta, detrás de un ejército sin fe ni esperanza, la máquina del poder funcionaba en una irremediable confusión.

En nuestra próxima entrega hablaremos de la caída de Paris y de Francia, desde las perspectivas de otros de sus protagonistas en el poder y su representación cinematográfica que no tratamos ahora. Volvemos a recordar la petición de testimonios venezolanos de este evento tan importante para la historia del Mundo. Queremos saber cómo fue visto por nuestros antepasados. Agradecemos encarecidamente por esta ayuda y para ello les recordamos que se pongan en contacto con nosotros por medio de nuestras redes sociales bajo nuestro nombre y especialmente: “profeballa”. 

miércoles, junio 03, 2020

Operación Dinamo (y II). El 80 aniversario de la Invasión a Francia (V)


El 80 aniversario de la Invasión a Francia (V)

Carlos Balladares Castillo

Un día como hoy (4 de junio) finalizaba la “Operación Dinamo” y la Batalla de Dunkerque en el marco de la Campaña de Francia (10 de mayo al 22 de junio de 1940). Fue la primera épica de los Aliados y aunque como dijo Winston Churchill: “las guerras no se ganan con evacuaciones”, desde un primer momento la prensa la exaltó (el Daily Mirror de ese día con un gran titular afirmaba: “¡Se ha conseguido UN ESTUPENDO MILAGRO!”). Los soldados fueron recibidos como héroes (escena muy bien representada en Dunkirk, 2017, de Christopher Nolan) y el Primer Ministro al informar al Parlamento británico sobre los resultados dio su famoso discurso “We shall fight on the beaches”.

Este discurso es representado de manera muy emotiva tanto en Dunkirk como en la película Darkest hour (Joe Wright, 2018) en el cual afirma que a pesar del dominio alemán en Europa “no vamos a flaquear ni a fracasar sino que seguiremos hasta el final. Combatiremos en Francia, combatiremos en los mares y los oceános (…) no nos rendiremos jamás; y por más que esta isla o buena parte de ella quede dominada y hambrienta, algo que de momento no creo que ocurra, nuestro imperio de ultramar, armado y protegido por su Flota, continuará la lucha has que, cuando Dios quiera, el Nuevo Mundo, con todo su poder y su fuerza, dé un paso al frente para rescatar y liberar al Viejo”. Después de leerlo da pena escribir algo más, pero debemos decir que todo lo que dijo se cumplió, y fue muy probablemente por la fuerza y convicción de sus palabras las cuales lograron unir a todos los que creían en la libertad y aborrecían el totalitarismo nazi.

La prensa y propaganda de esos días y los siguientes se dedicaron a valorar el sacrificio del pueblo que con sus pequeños barcos privados salieron al rescate de los soldados en las playas. En nuestro anterior artículo advertimos que este hecho es representado en el cine no solo muchas veces sino como un momento heroico, siendo un buen ejemplo la obra de Nolan. Las fuentes consultadas lo confirman, como Winston Churchill en su obra La Segunda Guerra Mundial (1959), al contarnos que a partir del día 29 de mayo comenzó un crescendo de botes particulares que sumarían más de 400 y que es más del 50 % de todas las naves que cooperaron en la tarea. En total 700 fueron británicas y el resto de los Aliados. El ser de poco calado fue perfecto porque el puerto había sido inhabilitado por los bombardeos de los Stuka.

Al consultar las fuentes alemanas se llega a la misma conclusión, aunque Cajus Bekker (La Luftwaffe, 1962) coloca entre comillas la palabra ‘milagro’ que tanto repiten los Aliados. La razón es que la aviación alemana era incapaz de llevar a cabo la tarea que le fue asignada por Adolf Hitler a petición de Herman Goering. La mayoría de las Memorias de los generales hablan de ser una “fanfarronada” del máximo jefe de la Fuerza Aérea; y si a ello sumamos el detener los tanques por casi 3 días y el deterioro del clima posterior que hizo imposible la acción de los Stuka y generó el avance lento de los tanques por el suelo embarrado; se explica en parte que se tuviera el tiempo necesario para la evacuación. No de 40 mil soldados como creían en un principio ¡sino 338 mil! La Luftwaffe solo tuvo 2 días y medios para atacarlos de un total de 10. Otro factor que siempre se olvida (falta una buena película centrada en ello) y que estas fuentes reconocen es el sacrificio y valentía de 2 divisiones francesas defendiendo el perímetro en torno a Dunkerque y la defensa aérea por la Royal Air Force. En conclusión para Bekker fue “un triunfo notable, con el que nadie había contado y que sería decisivo para el posterior desarrollo de la guerra”.

Recordemos que la serie que estamos escribiendo cada vez que se cumplen 80 años de los hechos más importantes de la Segunda Guerra Mundial, se inicia con un examen de algunas fuentes primarias de los atacantes (potencias del Eje) para después revisar las de los Aliados, por lo que la semana que viene comenzaremos con la perspectiva de los franceses para luego finalizar con el debate historiográfico y un último artículo donde contaremos el impacto en Venezuela. Con respecto a esto último, agradeceríamos a nuestros lectores y a cualquier persona que conozca algún testimonio de los venezolanos de 1940 sobre cómo vivieron esos hechos desde, por acá lo sabremos valorar con los respectivos créditos. Y si algo en Venezuela en estos días los hace entristecerse y creer que no hay ninguna esperanza, como le ocurrió a los demócratas de 1940 en Europa, corran a leer el discurso del gran Churchill y digamos con él: “¡No nos rendiremos jamás!” ¡Qué así sea!

miércoles, mayo 27, 2020

Operación Dinamo (I). El 80 aniversario de la Invasión a Francia (IV)


El 80 aniversario de la Invasión a Francia (IV)

Carlos Balladares Castillo

Un día como hoy (28 de mayo) pero de 1940 Bélgica capitula frente a Alemania en la Segunda Guerra Mundial. Las tropas Aliadas (anglofrancesas y belgas) se encuentran sitiadas por la Wermacht en un perímetro de pocos kilómetros (35 en el sur) en torno a las playas más extensas de Francia y cercanas a Gran Bretaña (ver cómo se logró este cerco en nuestro anterior artículo). El pueblo y el puerto donde se ubican dichas playas se harán muy famosos, especialmente por el cine de propaganda de los Aliados al principio de la Segunda Guerra Mundial, y no es otra que Dunkerque. Esta terrible situación llevó al rey Leopoldo III de Bélgica a iniciar conversaciones el día 27 con el enemigo para pedir una tregua; pero la respuesta que le dieron ese mismo día fue exigirle la rendición incondicional la cual se terminó aceptando y entraría en vigencia a las 4 am. Las palabras del rey a su gobierno fueron: “la causa de los Aliados está perdida”.

La situación militar era desesperante debido a que el enemigo los doblaba en hombres y armas, aunque todavía quedaban más 400 mil soldados bien apertrechados que podían seguir luchando. La capitulación belga hizo que más de 100 mil soldados dejaran de resistir el avance y las tropas alemanes se acercaran peligrosamente a las playas de Dunkerque. En todo caso la razón dada por el monarca de Bélgica era una corriente de opinión que se iba haciendo dominante en buena parte de los Aliados. El derrotismo opacaba y veía como locura todo llamamiento a seguir peleando en contra de la eficiente maquinaria bélica hitleriana, que no dejaba de avanzar con gran velocidad y que jamás era derrotada.

Al saber el alto al fuego belga en el Gabinete Francés el mariscal Philippe Petain dijo: “¡Esto es el fin! ¡Debemos capitular!”. Winston Churchill del que siempre hemos tenido la idea de no verse contagiado por esta actitud y por eso viajó tres veces al Continente para animar a sus aliados. En el primero de estos viajes el 16 de mayo – cuenta el diario de uno de los asistentes: Paul Baudowin – el ambiente era tan pesimista que éste al final de una larga reunión le dijo al Premier francés: “Me veo en el corazón de Canadá dirigiendo la campaña sobre una Inglaterra arrasada y sobre una Francia cuyas ruinas se habían ya enfriado. La guerra aérea del Nuevo Mundo contra el viejo dominado por los alemanes entraría en pleno vigor”.

Diez días después de esa madrugada llena de angustias esa visión apocalíptica parecía confirmarse. Reino Unido iba a tener que luchar por la defensa de su hogar, y tendría que buscar armas y recursos de donde fuera. Para el 19 de mayo se comenzó a pensar en la evacuación de sus soldados lo que pasó a llamarse “Operación Dinamo”, y que se iniciará formalmente el 26. El mejor film sobre el hecho es Dunkirk (2017) de Christopher Nolan, donde la acción se inicia dos días antes cuando los panzers son detenidos por Adolf Hitler, y por medio de tres historias paralelas se muestran las dificultades al realizar el rescate de más de 300 mil soldados bajo las bombas de la Luftwaffe. Dichos soldados mayoritariamente pertenecían a la Fuerza Expedicionaria Británica (la BEF que había sido enviada a Francia en los primeros días de septiembre de 1939); pero otros eran franceses y esto se demuestra tanto en la producción de Nolan como en la película de Henri Verneuil: Fin de semana en Dunkerque (1964) que fue protagonizada por Jean-Paul Belmondo.

El ejército francés al defender dicho perímetro en torno a las playas (Batalla de Dunkerque) permitió que se diera el tiempo para lograr lo que el cine ha exaltado como una épica, y que la propaganda Aliada se dedicó a difundir (la evacuación no la Batalla) al darle un sentido de milagro o “triunfo en la derrota”; y es lo que se transmite en cada una de las películas que hemos nombrado y otras más que incluyen la operación en alguna parte de la historia que relatan. Nos referimos a la ganadora del Óscar a mejor película y dirección: Mrs. Miniver  (William Wyler, 1942) y Sangre, sudor y lágrimas (In wich we serve, 1942) de David Lean y Noel Coward. En la primera se muestra como el pueblo británico sale con embarcaciones privadas a buscar a los soldados (lo que también se ve en el film del 2017), que es el otro elemento que permite el éxito de la operación.

En nuestro próximo escrito seguiremos hablando de la Operación Dinamo y aprovecharemos que el protagonismo pasa a los británicos para hablar de su perspectiva de la Batalla de Francia. Les recordamos que esta serie de artículos forman parte de un gran proyecto que busca dar una nueva mirada a los sucesos de la Segunda Guerra Mundial a medida que se vaya cumpliendo el 80 aniversario de cada una de las batallas. Es lo que venimos haciendo desde septiembre pasado, resaltando los debates historiográficos y su relación con la influencia del cine en la memoria histórica.

miércoles, mayo 20, 2020

El 80 aniversario de la Invasión a Francia (III)


El 80 aniversario de la Invasión a Francia (III)

Carlos Balladares Castillo

En nuestra anterior entrega explicamos cómo la estrategia militar de la Alemania de Hitler logró engañar a los Aliados y permitió la famosa ruptura del Frente en Sedán. Ruptura que fue el inicio del desastre Aliado en 1940, al ser aprovechada por las tres puntas de lanza de los cuerpos blindados (Panzer) comandados por los generales Heinz Guderian, Erwin Rommel y George-Hans Reinhardt; para iniciar una carrera hasta el Canal de la Mancha el cual alcanzaron un día como hoy (entre 20 y 21 de mayo). Y de esa forma separaron los mejores ejércitos francobritánicos (pero también belgas) del resto de las tropas francesas. El plan que habían concebido (mariscal Erich von Manstein y defendido por Adolf Hitler) se había cumplido y ahora solo quedaba cerrar el “sitio” para después ir al sur: a París y obligar a la capitulación. Pero hay un aspecto que no tratamos en nuestros dos primeros artículos sobre la Invasión a Francia y que ahora esperamos analizar: nos referimos a las estrategias alemanas específicas contra Holanda y Bélgica, aunque al analizarlas no pueden dejarse de mencionar factores de toda la campaña.

Al leer las memorias, los testimonios, las crónicas noticiosas y la historiografía llego a una misma conclusión sobre la campaña en el Frente Occidental en 1940: el peso de la victoria estuvo en la supremacía aérea que logró la Luftwaffe desde los primeros días. Al comparar los contrincantes Alemania solo superaba a los Aliados en lo que respecta a la aviación: número de aviones y calidad de los mismos, por no hablar de la experiencia en combate que tenían sus pilotos. El primer objetivo de la Fuerza Aérea fue tomar por sorpresa a cada uno de los ejércitos del aire de los tres países y destruirlos en sus aeródromos, lo cual se logró en algunas casos en torno al 50% de los aparatos. El segundo objetivo era proteger y apoyar el avance de su ofensiva terrestre (Blitzkrieg), muy especialmente a través del famoso bombardero en picado Junker 87 Stuka. El Stuka era vulnerable a los cazas enemigos pero si el dominio de los cielos se había logrado su eficiencia era casi total.

Al leer al escritor y soldado belga Louis Paul Boon (1947, Mi pequeña guerra) se puede identificar el impacto de la acción del Junker 87. Boon dice que la guerra podría ser un espectáculo “si no fuera por los stukas”, y cada vez que se intentaba combatir al enemigo “otra vez los asquerosos stukas bajaban aullando y traqueteando y aquello se volvía insoportable”; y cuando le ordenaban los oficiales: “¡trae nuevas municiones!”, se molestaba porque “no quedaban, debido a que hace media hora todo había volado por los aires”. El tercer objetivo es el bombardeo de ciudades y lugares estratégicos o la toma de los mismos por medio de las tropas aerotransportadas, entre los que se cuentan los famosos fallschirmjäger (paracaidistas). En el informe para el gabinete de la máxima autoridad militar francesa: el general Maurice Gamelin, habla de una frecuente “desbandada” de los soldados, y esto en parte es por el terror que les genera el “rugido” y la acción destructiva de los Stukas. A pesar de ello, los pilotos del Armée de l’Air lucharon con honor y valentía logrando infligir importantes bajas en el enemigo en especial en lo relativo a los bombarderos.

A diferencia del ataque alemán de la Primera Guerra, esta vez se incluyó la invasión de Holanda para evitar un posible ataque británico por la retaguardia a pesar de la neutralidad neerlandesa y darle a la Luftwaffe una mejor posición para atacar a Gran Bretaña. Fue una campaña muy rápida (de solo 4 días) que se basó en la misma estrategia usada en Dinamarca y Noruega centrada en la toma de los aeropuertos y principales puentes y ciudades, por medio de soldados aerotransportados y paracaidistas. Pero los holandeses estaban advertidos al ver lo ocurrido en Escandinavia, y al mejorar las defensas causaron numerosas bajas en los pilotos y soldados que intentaron capturar los aeródromos. Al final se necesitó de la llegada de tropas blindadas y de infantería para lograr el dominio, y aunque el principal puerto (Rotterdam) no se rendía, se tuvo que recurrir a la amenaza de la destrucción por el bombardeo aéreo. La rendición se dio pero los aviones ya habían salido y al parecer no se pudo avisar a los mismos ni siquiera lanzando bengalas, para que no destruyeran la que era conocida como la Nueva York de Europa (Cajus Bekker, 1962, La Luftwaffe).

La destrucción de la ciudad de Rotterdam fue usada por la propaganda Aliada al exagerar el número de víctimas los cuales fueron triplicados, pero al mismo tiempo fortalecieron el mito de invencibilidad de la Wermacht. El hecho fue llevado al cine en el 2012 (Het bombardement del director Ate de Jong) - aunque con pésimos resultados - por la prolífica industria fílmica neerlandesa. Dicha industria ha realizado numerosas películas sobre la resistencia de su pueblo ante el ocupante alemán. La resistencia comenzó desde el primer día de la capitulación (15 de mayo de 1940) cuando el general Henri Winkelman (máximo jefe militar) se negó a declarar a favor de la cooperación con el Ejército alemán por lo que fue encarcelado hasta el final de la guerra. Un dato curioso para los venezolanos es que a partir de éste momento pasamos a tener fronteras con el Tercer Reich, pero fue por poco tiempo debido a que las colonias neerlandesas en el Caribe terminaron ocupadas por el Imperio Británico a petición de la reina Guillermina.

En el caso de Bélgica pudo resistir más tiempo debido al apoyo Aliado, pero desde el principio sus principales fuertes como el supuestamente irreductible Eben Emael cayeron en menos de 24 horas. En youtube hay un micro de esa maravilla radial de Venezuela conocida como “Nuestro insólito universo” en la que explica cómo fue tomado por los fallschirmjägers, los cuales llegaron al techo de la mismo por medio de planeadores (fue la primera vez que se usaron en la historia militar) y solo unas decenas de soldados dominaron e inutilizaron las defensas del moderno fuerte controlado por más de 1000 soldados belgas. ¡No entiendo cómo no han hecho un film de tamaña épica!

Al principio de la campaña en Bélgica se permitió el engaño de dejar que los Aliados llegaran a las líneas defensivas pero después la Wermacht procedió a hacerlos retroceder hacia la costa, y estos intentaron ir al sur para evitar ser atrapados ante el avance de los alemanes desde las Ardenas hacia el Canal, pero dicha acción fue difícil de tomar porque todos los caminos estaban llenos de refugiados belgas que huían por no hablar del hostigamiento de los stukas. Al final, el rey Leopoldo III de Bélgica informó a los Aliados que sus fuerzas era incapaces de resistir por mucho tiempo y los británicos tomaron la decisión de salvar su ejército retirándose por el puerto de Dunkerque ¡solo si ocurría un milagro y no eran vencidos antes por los panzer! De este hecho, que trataremos en nuestra próxima entrega, hay montones de películas, a diferencia de la participación de los belgas en la guerra de la cual hay poquísimas y ninguna trata su invasión y derrota del 10 al 28 de mayo de 1940.

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