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miércoles, febrero 09, 2022

“Who is Pearl Harbor?” El impacto interno en los Estados Unidos del ataque a Pearl Harbor

“Who is Pearl Harbor?”

09 de febrero de 2022 publicado en El Nacional

“¿Quién es Pearl Harbor?”, dice Sally White, el personaje representado por Mia Farrow en la genial película de Woody Allen de 1987: Radio days, cuando escucha la noticia del ataque japonés aquel domingo 7 de diciembre de 1941. Graciosa pero real forma de representar cómo fue recibida por las mayorías la noticia que su país (los Estados Unidos, EEUU) entraba en la Segunda Guerra Mundial (SGM). El “aislacionismo” había extendido la ignorancia e indiferencia ante la crisis que tuvo tan terrible final. Después vendría la indignación al escuchar los detalles por la radio y ver las imágenes en los noticieros del cine. Y el “discurso de la infamia” del Presidente uniría a toda la nación en la meta de vencer al Eje. Documentales y películas han mostrado esta disposición del pueblo: los hombres con edad y capacidad para luchar haciendo largas colas para alistarse e incluso cayendo en depresión o suicidio si no eran reclutados, y muchísimas mujeres asumiendo el trabajo como obreras. Si en lo externo el mundo comenzaría la “americanización”, a lo interno el llamado “melting pot” (comprendido como “crisol de culturas”) junto al “american dream” serían llevados a su máxima expresión, aunque no para 120 mil “nisei” (ciudadanos estadounidenses con ancestros japoneses) ni para los afroamericanos.

Son muchos los historiadores que afirman, en lo referente al tamaño del Ejército de los Estados Unidos, que el mismo se equiparaba con similares a los países de Europa Oriental. En número de soldados, tanques y artillería; se puede decir que sí, pero la U.S. Navy (la Armada) ya era la primera del mundo a la par que la Royal Navy. El problema con dicha flota era que al dividirse en dos océanos resultaba menos numerosa que la Imperial Japonesa en el Pacífico. Pero todo esto comenzaba a cambiar rápidamente ante las amenazas de la guerra, y entre junio y septiembre de 1940 el Congreso aprobó un programa para ser la más numerosa en cada océano (en comparación al Reino Unido y Japón). Y en ese mismo mes de septiembre también se dictó una ley de reclutamiento que se aplicaría a más de 16 millones de ciudadanos. La Ley de Préstamo y Arriendo (explicada en nuestro artículo respectivo cuando se cumplió el 80 aniversario de su firma en marzo del 2021) demoraba la primera meta y para tener totalmente entrenados a los nuevos soldados en sus primeras promociones se tendría que esperar hasta finales del 42. Otro objetivo fue incrementar el tamaño de su Fuerza Aérea con el desarrollo de bombardeos estratégicos como el cuatrimotor Boeing B-17 “Fortaleza volante”, la producción se estableció ¡para casi 300 mil aviones en cuatro años! En todo caso después de Pearl Harbor se aprobaron nuevas leyes que aceleraron el incremento de la producción de armas y el alistamiento de todos los hombres entre 20 y 44 años (posteriormente se exime muchos trabajadores agrícolas del servicio militar). Para la primera mitad de 1942 era un país movilizado.

El gran cambio interno fue el socioeconómico cuando la nación con el mayor PIB del mundo pero cuyos gastos en defensa no pasaban del 2 % del presupuesto anual, estableció por orden ejecutiva el 16 de enero de 1942 la llamada “Junta de Producción de Guerra”. Dicha Junta era la encargada de asignar las prioridades de toda la industria convirtiendo sus objetivos civiles en militares. Se puede decir que el Estado tuvo el control de la economía sin eliminar la propiedad privada, la consecuencia fue que se le dio prioridad a las grandes fábricas que tenían la capacidad de producir armas (las pequeñas cerrarían por no tener acceso a las materias primas). En general el crecimiento se multiplicó por tres, la deuda del Estado Federal por cinco. La consecuencia en la población fue un gran movimiento migratorio que afectó al 15 %. Y las universidades más prestigiosas (MIT, etc.) firmaron contratos con el gobierno para desarrollar tecnología militar.

Los estadounidenses se sentían seguros al estar protegidos por dos océanos y la verdad es que nunca padecieron un ataque importante en sus costas y mucho menos el bombardeo de sus hogares. Pero en esas primeras semanas se vivió cierta histeria en algunos puertos o zonas cercanas al mar. El más famoso fue en Los ángeles durante la noche del 24 al 25 de febrero de 1942 cuando falsas alarmas de ataques aéreos llevó a la respuesta de las defensas, la consecuencia fue que tres personas murieron por accidentes de tránsito y dos por infartos debido al caos y miedo del ruido que generaron las baterías antiaéreas. Este hecho conocido como “La batalla de Los Ángeles” es recreado de manera ficcional en 1979 por Steven Spielberg en su película: 1941, aunque adelantada en los días de diciembre de ese año. Un filme que fue un fracaso para el gran director y la verdad es que bastante mala, pero muestra el ambiente de terror y excesivo patriotismo. Los sucesos sin duda fueron estimulados porque el día anterior un submarino japonés atacó instalaciones petroleras cerca de Santa Bárbara, California pero con daños menores.

El 9 de septiembre de 1942 ocurrió un ataque en los bosques de Oregon, gracias a un avión lanzado desde un submarino japonés que tenía la intención de producir el incendio de los mismos pero no tuvo resultados. Al final el estado de miedo colectivo produjo una de las mayores vergüenzas para este gran país: el encerrar a los descendientes de japoneses que eran auténticamente patriotas en campos de concentración. El cine una vez más fue el que me permitió conocer esta realidad gracias a Karate Kid (John G. Avildsen, 1984) en una escena que no tiene que ver con las artes marciales y que les contaremos cuando en abril le dediquemos un artículo a tal hecho por cumplirse 80 años de la evacuación a dichos campos. La semana que viene trataremos el impacto de la SGM en Iberoamérica, especialmente en nuestro país porque el 16 de febrero de 1942 submarinos del Tercer Reich hundieron al petrolero Monagas lo cual costó la vida de tres venezolanos.

miércoles, agosto 12, 2020

El 80 aniversario de la Batalla de Inglaterra (I)

El 80 aniversario de la Batalla de Inglaterra (I)

Carlos Balladares Castillo

Un día como mañana (13 de agosto) pero de 1940 se inicia el llamado, por el mariscal del aire y máximo comandante de la Luftwaffe: Herman Göering, “Adlertag” (ataque de las águilas). Desde esa fecha comenzaron una serie de ataques masivos (con casi 2000 salidas diarias, es decir, 1000 aviones en varias oleadas) por parte del ejército del aire del Tercer Reich a los aeródromos británicos. El fin era lograr la superioridad aérea sobre el sureste de Gran Bretaña y permitir de esa forma la operación “Seelöwe” (León Marino): el desembarco y ocupación de las islas. Fue el inicio del período de más intensidad en los combates dentro de la mayor campaña o enfrentamiento aéreo de la historia (hasta la fecha) y que el primer ministro del Reino Unido Winston Churchill la había bautizado, antes de su inicio formal, como “la Batalla de Inglaterra” (10 de julio al 31 de octubre de 1940).

La importancia de la misma para la Segunda Guerra Mundial y nuestro tiempo, es ser la primera derrota de la Alemania de Adolf Hitler. Si la invasión y ocupación de la mayor potencia militar terrestre de Europa: Francia, había significado - tal como explicamos en nuestra serie anterior de diez artículos sobre este hecho de mayo a julio pasado -  el dominio del nazismo sobre el continente y el avance de los sistemas totalitarios sobre las democracias. La victoria británica demostraría que el sistema de libertades no estaba muerto y era capaz de defenderse frente a la mayor máquina de guerra del mundo. Pero incluso se va más allá siguiendo las declaraciones de Churchill y Hitler antes de iniciarse la batalla. El primero afirmaba que de su resultado dependía la supervivencia de la civilización Occidental. Paradójicamente el segundo señalaba algo muy parecido en el sentido de su íntima relación con la “aniquilación total” de alguno de los dos adversarios si se continuaba la lucha (19 de julio).

¿Y qué significó todo esto para Venezuela? Un dato lo dice todo: la refinería de Curazao que era abastecida por los pozos del Lago de Maracaibo, producía el 80 % de la gasolina usada por la Royal Air Force (Fuerza Aérea Británica) en dicha campaña. En palabras del futuro Presidente Isaías Medina Angarita (1941-1945), “El petróleo venezolano fue a los campos de batalla del lado de las democracias”. Agradecemos a los lectores que hayan conservado los testimonios de sus antepasados sobre esta época a través la historia oral familiar, y nos los hagan llegar por medio de las redes sociales (@profeballa). La última entrega de la serie se la dedicaremos a la perspectiva de los hechos desde nuestro país.

Hoy comenzamos una serie de seis artículos sobre la Batalla de Inglaterra porque en los meses de agosto y septiembre se cumplirán 80 años de la etapa más intensa de la misma. Dicha serie está enmarcada en este gran proyecto que comenzamos el primero de septiembre del año pasado para ir explicando la Segunda Guerra Mundial en su historiografía y producción de cine cada vez que se cumpla el ochenta aniversario de un hecho importante (batalla, campaña, etc.) en esta conflagración. Lo primero es este artículo donde se explica su importancia y se da una visión general, para ir poco a poco revisando en los siguientes las principales fuentes primarias desde los que atacan (con sus planes), después los que se defienden y finalmente revisar las interpretaciones dominantes en la historiografía y su relación con el discurso cinematográfico para concluir con sus consecuencias para el mundo y de último el impacto en Venezuela.

En la historiografía y el cine en torno a este episodio el dominio británico es abrumador, y la relación entre ambos ha sido de una perfecta simbiosis. Winston Churchill como protagonista de los hechos y posterior historiador marcó la pauta incluso antes que los eventos ocurrieran. En palabras de Max Hastings (periodista y divulgador histórico): creó la leyenda del pueblo británico capaz de llevar a cabo una resistencia increíble frente al ejército de Hitler, y de esa forma impedir la invasión de Gran Bretaña. Una vez que ocurrieron los hechos (Hitler desiste ante la imposibilidad de lograr la condición previa para la ocupación: la supremacía aérea), Churchill convenció a su pueblo de haber realizado la leyenda. La leyenda consistía además en la heroicidad del pueblo por lograr “solos” (sin apoyo de nadie) lo imposible. Y entre el pueblo estaban los que llamó “the few”: el mando de caza de la RAF. “Never in the field of human conflict was so much owed by so many so few” (nunca en el campo del conflicto humano tantos debieron tanto a tan pocos).

La historiografía y el cine, pero en especial la primera se debate constantemente en la comprobación o no de esta leyenda. En el documental de origen británico que ofreció Netflix en noviembre del año pasado (2019): Greatest events of World War Two in colour, en el capítulo respectivo se entrevistan a un grupo de historiadores (todos del Reino Unido) como James Holland; y a pesar de advertir que no fueron ni tan “solos” ni todo el peso estaba en “the few”, concluyen que sus protagonistas desde las autoridades hasta el pueblo fueron héroes que cambiaron la historia.

miércoles, julio 08, 2020

El impacto en el cine. El 80 aniversario de la Invasión a Francia (IX)


CasablancaPoster-Gold.jpgEl 80 aniversario de la Invasión a Francia (IX)

Carlos Balladares Castillo

En nuestra primera entrega de la serie sobre el 80 aniversario de la Batalla de Francia (10 de mayo al 22 de junio de 1940) explicamos el gran impacto en lo militar y político que significó la caída de la primera potencia europea, de cara a los planes de Adolf Hitler. Ahora pretendemos analizar lo que significó para la opinión pública, la perspectiva cinematográfica tomando en cuenta las dos películas más importantes, y concluir con un balance de la campaña.

En los países de prensa libre occidentales, se percibió la caída desde las posiciones más extremas como el fin de la civilización; y en cambio los más moderados lo consideraron como un tiempo de dominio de las dictaduras totalitarias representadas por una Alemania controlando Europa aliada con la Unión Soviética; un Japón con cada día mayor influencia en el Pacífico; y cierto peligro de Italia en el Mediterráneo y Noráfrica. El Reino Unido caería si Estados Unidos no lo apoyaba en los meses siguientes. Era inevitable pensar en un nuevo equilibrio de poder donde Francia ya no tenía ninguna importancia, y el Imperio Británico comenzaría su decadencia. Pero lo peor de todo era que la democracia desaparecería como modelo de gobierno y sociedad. En pocas palabras la opinión pública era terriblemente pesimista a corto y mediano plazo.

Pero muy probablemente lo peor era esto último. El fracaso de la democracia francesa y al ser suplantada por un régimen (el de Vichy, liderizado por el mariscal Philippe Petain) que veía el modelo totalitario alemán como un mejor camino para la sociedad ¡y especialmente para Occidente! puso de moda los autoritarismos. La opinión de muchos en Francia era que si deseaban volver a ser una potencia debían asumir el modelo de los vencedores, e incluso COLABORAR con ellos en terminar de “limpiar” Europa y el mundo del bolchevismo y las débiles democracias que le hacían el juego a este.

Casablanca – [FILMGRAB]
La opinión pública occidental dará un importante giro a favor de la democracia, no me cabe la menor duda, gracias al inteligente ataque propagandístico que dirigió la industria cinematográfica en contra del colaboracionismo. En 1942 y 1943 respectivamente; con los Aliados (ahora sí la Unión Soviética y Estados Unidos junto al Reino Unido) centrados en la derrota alemana (el Japón e Italia eran secundarios); ofreció entre todas sus películas dos obras maestras: Casablanca (Michael Curtiz) y This land is mine (Jean Renoir). Ambas tratan del dilema que se le presentan a los franceses principalmente (Esta tierra es mía) pero también a los no franceses pero a favor de la democracia (Casablanca), entre colaborar-ser neutrales o actuar decididamente en contra de los totalitarismos a pesar de las consecuencias.

Casablanca tiene su centro en la historia romántica pero con un cambio que la hace una joya. Me refiero a las decisiones que las parejas idealistas (no colaboracionistas o neutrales que al final resulta en lo mismo) deberían tomar en tiempos como la Segunda Guerra Mundial. En el caso de Esta tierra es mía hay una mayor tensión, porque la trama no se desarrolla en las colonias francesas sino en la zona ocupada. El protagonista es un profesor (Charles Laughton) cobarde y tímido, que debe convertirse de cara al dilema colaboracionismo-resistencia. Hay en ella un mayor contenido ideológico y discursivo que resulta de un mayor heroísmo y dramatismo en comparación a Casablanca. Amabas poseen magníficos guiones y actuaciones. En general son films imposibles de reducirse a un solo comentario. Son muchísimas las producciones que se centrarán en este conflicto, pero podríamos calificarlas en tres temas o relatos predominantes: La Resistencia que es la que mayor producción tiene, el dilema colaboracionista y las amantes francesas de los alemanes. La magnífica novela Suite francesa (1942/2004) de Irene Nemerowsky fatalmente llevada al cine trata de ese último tema, y hay que decirlo: demuestra la diferencia de trato de Alemania con los pueblos occidentales de Europa en comparación con el trato a los eslavos.

El balance a nivel de costos para ambas naciones en la Batalla de Francia fue alto para la nación derrotada, porque no solo fue ocupada y todos sus recursos (incluyendo mano de obra esclavizada) dedicados al esfuerzo de guerra Alemán (esto generaría un nivel importante de hambre en las ciudades), sino que perdió su ejército (más de 100 mil muertos en combate, el doble de heridos, y 2 millones de prisioneros que pasarán 5 años en los campos), su flota a manos de los propios británicos en Mers-el-Kebir a los pocos días del Armisticio (3 de julio y en los días siguientes), y su Fuerza Aérea.

Con respecto a la aviación francesa pude conocer; gracias al apoyo del querido amigo, exalumno y colega Guillermo Ramos Flamerich; que se dio un mito entre los franceses en torno al número de derribos alemanes y los daños generados a la Luftwaffe. Se redondeó la cifra en 1000 cuando la verdad es que fue mucho menor, y eso es lo que han descubierto los estudios historiográficos recientes al revisar no los informes de derribos franceses sino sus propios inventarios. En el caso de las cifras de muertos en combate de la Wermacht se dio lo mismo, en el sentido que redujeron el número a casi la mitad (27000) cuando en realidad están en los 50 mil según me explicó el amigo y especialista en la Segunda Guerra de la Universidad de Humboldt en Berlín: Luis Ramón Espinosa.

Al hablar de mitos creados por la Batalla de Francia no hay mayor que el de la Blitzkrieg. Porque hizo pensar a Hitler que su Alemania era invencible, y por ello podría invadir el Reino Unido y su gran meta: Rusia. Lo dijimos en la primera entrega pero es bueno finalizar con este punto que marcará el destino de la Segunda Guerra y que explica nuestro presente. ¿Acaso tendríamos los venezolanos la fuerte influencia de Rusia en nuestro país sino fuera porque la Unión Soviética logró convertirse en potencia mundial durante la guerra?

Las cortas distancias en Francia permitieron una rápida campaña combinando tanques, infantería y fuera aérea apoyando a las dos primeras. Y a su vez ocultaron que no era tan “blitzkrieg” como decía la propaganda de ambos lados, debido a que la mecanización de la Wermacht no era total y el caballo seguía siendo protagonista a la hora del transporte. Las largas distancias de Rusia, sumado a la resistencia de su pueblo y con el importante apoyo aliado harían sucumbir al Tercer Reich; pero esto es un tema que esperamos tratar – Dios mediante – el año que viene cuando se cumplan 80 años de la Operación Babarroja. La semana que viene finalizaremos esta serie con el impacto de la caída de Francia en Venezuela.

domingo, septiembre 01, 2019

80 aniversario del inicio de la Segunda Guerra Mundial (mi articulo de los miercoles en El Nacional)


La Segunda Guerra Mundial se inició hace 80 años

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional

El título de este artículo debería ser: La Segunda Guerra Mundial (SGM) se inició hace 80 años para convertirse en el hecho histórico con mayor número de representaciones cinematográficas (más de 1400 según wikipedia), pero era demasiado largo. Pensé en cambiar el título y colocar el evento y la palabra “cine”, pero no resaltaría la gran efemérides de este próximo viernes Primero de septiembre. En todo caso, con esta explicación ya el lector se ha enterado de qué vamos, y no es más que dar algunos datos e ideas sobre el enorme impacto que tuve la mayor guerra de la historia de la humanidad por su costo en vidas, recursos y riquezas, extensión geográfica y el número de países involucrados y especialmente por su impacto en el mundo actual.

Las potencias vencedores (Estados Unidos, Unión Soviética, Reino Unido, China y Francia), pero también las perdedoras (Alemania, Japón e Italia), son las que poseen mayor influencia en lo económico. Es evidente que las primeras son las que marcan la política actual y poseen los ejércitos más poderosos, empezando con los Estados Unidos el cual tiene una larga distancia en relación a las demás. Por otro lado, los valores que justifican la acción de contraofensiva frente a la agresión de Alemania y el Japón (el peso de Italia es muy pequeño para nombrarla en el “Eje”), que se repiten en los guiones de todas las películas de los estudios de Hollywood y del cine británico, son los dominantes – a pesar de sus problemas y debilidades - en el presente: la paz generada por la armonía entre las naciones, la democracia, la libertad individual, la tolerancia y los derechos humanos.

Ese discurso no se ha dejado de repetir en menor o mayor grado desde que se empezaron a filmar películas sobre la SGM. Incluso previo a los hechos, hay filmes que defienden estos principios ante la clara amenaza del fascismo alemán y el militarismo japonés (con mucha menor frecuencia). Los estudios de Hollywood temieron dedicarse al tema antes de la entrada de Estados Unidos al conflicto, salvo algunas pocas excepciones entre las cuales se encuentra John Ford. El director  movió todas sus influencias para que la Marina creara una oficina dedicada a la Propaganda y al mismo tiempos los Estudios se centraran en dicha temática. Ford lo lograría a partir del ataque a Pearl Harbour (7 de diciembre de 1941) cuando la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) - que fue la predecesora de la CIA - se lo permitió y éste lideriza el reclutamiento de un conjunto de cineastas que acompañarían a los ejércitos en el frente y animarían con sus creaciones el apoyo de la población y de los propios soldados al esfuerzo militar.

Es entendible el fenómeno de predominio de la SGM en plena conflagración e incluso en la década inmediatamente posterior (los cincuenta), pero ¿por qué sigue siendo el tema rey en el cine histórico y bélico 80 años después? Un ejemplo de este fenómeno son las 20 películas y poco más, por solo nombrar las producidas por los Estudios más famosos, que se han estrenado y se estrenarán en el año que trascurre (2019). Entre ellas se le hace bastante publicidad a Midway (Roland Emmerich) que llegará a las salas de cine en el mes de noviembre. Los antecedentes a nivel cinematográfico de la más importante batalla en la Guerra del Pacífica fueron el documental de John Ford, a pocos meses de haber sucedido (ganadora del Óscar a mejor documental); y en 1976 fue producida una película dirigida por Jack Smight (1925-2003) la cual tuvo como protagonistas a Charton Heston (1923-2008) y Henry Fonda (1905-1982). ¿Será que ciertas batallas, líderes y realidades que se desarrollaron en la guerra han calado en la memoria colectiva de la humanidad y poseen un inmenso atractivo para las audiencias? ¿O es que el mismo cine se dedicó a crear dichos mitos y cada cierto tiempo los refuerza con nuevas versiones?

El boom de este subgénero histórico y bélico que es la SGM, también está teniendo una especie de edad de oro en los países que no son potencias - tanto en lo político como en la producción de cine - pero que la padecieron y que en las últimas dos décadas han generado maravillas. Un buen ejemplo es el cine escandinavo y por allí van surgiendo con fuerza los cines rusos, chino y de Corea del Sur; aunque dominados por un gran peso propagandístico y de épica. El cine alemán se va quitando sus complejos y produce obras maestras, como aquella que relata los últimos días de Adolf Hitler en el bunker de la Cancillería: Der Untergang (El hundimiento) de Oliver Hirschbiegel en el 2004 y la cual fue nominada el Óscar a mejor película de lengua no inglesa. E incluso también están montones de creaciones que podríamos llamar de serie B o que usan a la SGM como pretexto para establecer historias de terror, space opera, entre otros.

El buen cine de la SGM como todo filme de género histórico, son - siguiendo a John Ford – los que cumplen con su afirmación: “Lo que yo quería era hacer exactamente lo que había ocurrido”. El más apegado a los hechos es el mejor, y en este sentido la serie Band of brothers (2001) producida por Tom Hanks para mí es la primera entre todas. Su ejemplo sigue inspirando a muchos directores, como esa obra de arte que es Dunkerque (2017) de Christopher Nolan. Y podemos finalizar señalando que el discurso que ha predominado en este cine (la defensa del hijo predilecto de Occidente: la democracia liberal), nunca ha cesado porque la última Guerra Mundial puso en peligro hasta la propia existencia de la civilización (todo lo que muestra El Holocausto o Shoá es otra prueba de ello). Es como si la humanidad entera poseyera la consciencia de no olvidar el momento cuando todo lo bueno estuvo a punto de perderse. Es una forma de decirnos a nosotros mismos: “¡Nunca más!”

miércoles, agosto 21, 2019

5 razones por las que John Ford cambió el cine (I) (mi columna de los miércoles en El Nacional)


Resultado de imagen para john ford¿Por qué John Ford cambió el cine? (I)

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional

Al proponerme la meta de comprender la relación entre historia y cine he disfrutado de 14 películas y 2 documentales dirigidos por John Ford (1894-1973): The iron horse, 3 bad men, Four sons, The lost patrol, The informer, Mary of Scotland, The submarine patrol, Wee Willie Winki, Stagecoach, Young Mr. Lincoln, The grapes of wrath, How Green was my valley!, The battle of Midway, December 7th, They were expandable, The quite man. De cada una de ellas he realizado su respectiva crítica que publiqué en mi perfil en Instagram (@profeballa) y en mi blog (Venezuela y su historia), y seguidamente señalaré los que considero los principales aportes de este director a la cinematografía y a la percepción que tenemos de la historia. Me faltaron muchas por ver lo cual es normal frente a 144 filmes (aunque más de 30 están perdidas), por lo que en otro momento espero hacer otro “ciclo” y la segunda parte de este artículo.

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1)  John Martin O’Feeney a pesar de ser hijo de irlandeses, nació y creció en el estado de Maine y muy joven se trasladó a Hollywood (1913) siguiendo a su hermano y absorbiendo toda la cultura cinematográfica que estaba naciendo, en especial de la mano del gran David W. Griffith. A los 4 años de haber hecho todo tipo de trabajos en la elaboración de películas comenzó a dirigir y asumirá el apellido artístico de su hermano: Ford. En su etapa de cine mudo se dedicó al género del western principalmente y lo cambió de manera radical al lograr convertirlo en la “gran épica americana” y establecer los arquetipos de personajes por el que lo conocemos hoy en día. En lo relativo a la épica, Ford construyó el mito de una nación de inmigrantes (“melting pot”) que por medio del trabajo y el coraje, se atreven a conquistar una vasta geografía y hacerla próspera para ellos (“sueño americano”) y para los Estados Unidos. Los mejores ejemplos de los que pude ver son: The iron horse (1924) y 3 bad men (1926).

2)   En relación a los arquetipos de los personajes de los westerns Ford cambió el tradicional: vaquero-bueno versus indio o bandolero-malos, y nos ofreció el vaquero que se emborracha, que comete errores e incluso es malo pero luego se convierte en bueno o como todos: es una mezcla de bondad y malicia con defectos (o incluso algo de maldad). Todo esto en medio de situaciones o un lenguaje duro (nada elegante) pero cómico (irónico) a la vez. Pero también están un montón de arquetipos más, como el oficial de la ley, el joven vaquero idealista y noble, la mujer vaquera que es coqueta y ruda a la vez, la madre sacrificada y fuerte, la prostituta, el cantinero y el borracho, el médico, el comerciante, el banquero, pero también el indio noble y orgulloso de su pueblo y cultura (representados realmente por nativos americanos), el cuatrero, el afroamericano y varios inmigrantes donde aparecen los invisibilizados chinos y mexicanos.


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3)  Ford se describió una vez como “hacedor de westerns”, lo que ha tendido a encasillarlo en este género (lo cual no es verdad) y además muchos piensan que por ello es un cineasta del estilo “americano” por excelencia: comercial, romántico y con finales felices (menos verdad aún). Y no lo es porque en la década de los treinta logra fusionar la herencia cinematográfica estadounidense con la europea de mano del expresionismo alemán (en especial del director F. W. Murnau). Por lo cual es uno de los directores que europeizó el cine industrial de Estados Unidos y a la larga de algún modo se puede decir que “americanizó” el cine de Europa. Un buen ejemplo fue la película con la que ganó su primer Óscar como director: The informer (1935) con su ambiente de niebla y oscuridad en medio de la culpa de un delator de un miembro del IRA (Ejército Republicano Irlandés que lucha contra la ocupación británica).

Resultado de imagen para profundidad de campo en john ford4)  El escenario, la geografía y el clima pasan a ser otro personaje más en sus películas; influyendo claramente en los estados de ánimo y la historia. Un buen ejemplo es su uso de la fotografía de Monument Valley entre los estados de Utah y Arizona, que nos muestra la inmensidad de los Estados Unidos y la gran épica de la conquista de su territorio. Filmó acá La diligencia (1939) y después volverá a él en 6 películas más. Por otro lado si hemos visto Citizen Kane (1941) de Orson Welles después de las películas de Ford será inevitable pensar en la técnica de la profundidad de campo (PDC) y saber quién es el maestro y quién el discípulo en su uso. Técnica que nos transporta al lugar que se nos muestra, y no sabemos a dónde mirar al ver todo perfectamente enfocado. Un simple cuarto comedor se hace inmenso en la pantalla y creemos que tenemos un puesto para nosotros entre los personajes. Así logra incrementar nuestra identificación con los protagonistas.
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5)  Ante la amenaza de la Alemania Nazi (1933-1945)  liderizó dentro de Hollywood una posición más beligerante del cine contra esta, y una vez comenzada la guerra se alistó en la Marina (aunque ya era parte de la reserva naval desde 1934) y trabajó en la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) que fue la predecesora de la CIA. Desde la OSS reclutó un conjunto de cineastas que desarrollaron la propaganda que no solo animaría el apoyo de la población y los propios soldados al esfuerzo militar, sino que contrarrestaría la impresionante propaganda del lado nazi. En lo referente a las películas históricas de algún modo Ford dijo: “Lo que yo quería era hacer exactamente lo que había ocurrido”, y esto para mí es lo que se debe hacer en las este tipo de filmes una vez superada la presión por hacer propaganda al vivir en tiempos de guerra.

Si a alguna persona le quedan dudas del peso e importancia de Jonh Ford hay que recordar el hecho que hasta el momento posee el record de premios de la Academia en dirección: 4. Por no hablar de todas las nominaciones que recibieron sus películas y los que ganaron sus documentales de la Segunda Guerra Mundial: The battle of Midway (1942) y December 7th (1943).

Y una última pregunta para terminar: ¿por qué los venezolanos deberíamos ver las películas de John Ford? Les dejo las palabras del director de esa maravilla de programa que es “Días de cine” del canal español: Radio Televisión Española (RTVE): Gerardo Sánchez, las cuales sirven perfectamente como respuesta:

De John Ford aprendí eso que en el universo fordiano se conoce como “La gloria en la derrota”. La dignidad de los humildes ante la adversidad. Que la gente sencilla es siempre mejor que los poderosos. Que una familia es mejor que uno solo, y que una de las cosas más dolorosas es perderla. Que la infancia es un terreno lleno de nostalgia, y que en los horizontes del oeste se forjan las leyendas para imprimirlas. (30-VIII-2013, “40 años sin John Ford, el mejor director de la historia del cine”).

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sábado, julio 20, 2019

La historiadora Inés Quintero opina sobre la serie “Bolívar” de Netflix


PERSPECTIVAS
Sobre la serie “Bolívar” de Netflix: es cuento, no es historia
POR Inés Quintero

Publicado en Prodavinci

19/07/2019
Desde que comenzó a transmitirse la serie Bolívar en Netflix, numerosas personas me han llamado o me han consultado acerca de la veracidad histórica de muchas de los sucesos que allí se narran. La repuesta ha sido un contundente NO. La serie Bolívar NO está ceñida al rigor histórico. Es cuento, no es historia.
Debo confesar que no soy amante de las series de televisión y también que tengo especiales reservas y sospechas frente a las series de “contenido histórico”, especialmente cuando son muy largas y con muchas temporadas. Si bien pueden estar muy bien producidas —que no es el caso de la serie Bolívar— la razón fundamental de mi desconfianza tiene que ver con la orientación y propósitos que guían este tipo de producciones; por lo general, el objetivo que las anima es entretener y enganchar a las personas para que continúen viendo la serie hasta el último capítulo, como si fuese una telenovela. Siendo así, no tienen como finalidad y mucho menos contemplan entre sus prioridades, ajustarse de manera rigurosa a la realidad histórica, ya que ésta constituye una camisa de fuerza que estorba y entorpece el trabajo de los libretistas, tiene mucho más sentido darle rienda suelta a la imaginación y a la ficción para de esta manera cumplir con los fines recreativos que persiguen.
La construcción de los personajes, sus características personales, los detalles de sus vidas privadas, sus emociones, afectos o dilemas, así como las maneras de desenvolverse son invenciones de quienes escriben y dirigen la serie, a fin de darle sentido al relato, al hilo dramático que les sirve de guía. No tienen nada que ver con la historia. Lo mismo ocurre con los hechos, éstos son presentados de forma tal que sirvan de sustento a la narrativa dispuesta y construida por quienes elaboran los contenidos, en función de los propósitos de la serie, y no con la finalidad de ofrecer una lectura que permita reconstruir el pasado, tal como ocurrió. Ambos propósitos son incompatibles.
Imaginación y ficción imperan sobre la historia: ni Carlos Palacios era un patán poseído por el demonio; ni Pablo Clemente un tonto incapaz e impertinente; ni doña Concepción andaba por la hacienda disponiendo y tomándole la temperatura a los esclavos; ni Josefa Tinoco, la mujer de Juan Vicente, fue la hija del capataz de San Mateo; ni la familia vivía toda junta en la hacienda. Ninguna de esas recreaciones tiene que ver con la historia.
Tampoco tiene asidero alguno con la realidad la visión caricaturizada del representante del rey de España como el villano que irrespeta a los criollos, y que le grita y ningunea a doña Concepción. Prevalece aquí la visión maniquea de la historia patria, según la cual los malos de la película fueron los peninsulares lo cual, finalmente, explica la decisión independentista. Una visión simplista y ampliamente superada hace ya bastantes años por las investigaciones que se han hecho sobre el tema.
Igual sucede con la idealización del noviazgo feliz y romántico entre María Teresa Rodríguez del Toro y Simón Bolívar, un idilio de telenovela que deja por fuera el arreglo económico que estuvo de por medio para la realización de la boda: una gran dote en metálico y numerosas joyas, a lo que se sumó una cantidad adicional para indemnizar a la joven prometida por tener que venir a vivir a América ya que, de lo contrario, Bolívar no podría echarle mano a su fortuna. El arreglo no le sirvió de mucho a la pobre María Teresa: muy rápidamente el trópico impidió que pudiese disfrutar de su enorme dote. El viudo corrió con mejor suerte. Pudo disfrutar su mayorazgo y sanar las heridas de la viudez, en un largo y dispendioso viaje por Europa.
El personaje central: Simón Bolívar, no ofrece sorpresas. Desde la primera escena es el héroe, el Libertador, el hombre providencial que no se equivoca, que tiene claros sus designios y que triunfa frente a la adversidad. Habla como héroe —en modo proclama—, piensa como héroe, gesticula, camina, ordena, actúa como héroe y sus recuerdos también tienen el mismo empaque. Desde su infancia y en su juventud se sembró en él, de manera inevitable, su vocación libertaria.
Esta visión heroica de Bolívar no admite la presencia de otras figuras que puedan competir con su protagonismo. Miranda, por ejemplo, es presentado como un traidor que, por una bolsa de monedas, fue capaz de entregar la I República, al firmar la capitulación de 1812. Varias personas me llamaron precisamente para comentar esta desfiguración tendenciosa de Miranda. No me sorprende en lo absoluto. Encaja perfectamente con la retórica idealizadora de la entrega de Miranda a las autoridades realistas, en la cual Bolívar tuvo participación destacada. La justificación perfecta de este hecho tiene su fundamento en una acción que se presenta como irrebatible: Miranda traicionó a la República, por tanto, merecía ser entregado. No hay reproches que hacerle al protagonista de la serie, todo lo contrario, su acción se corresponde con su determinación de no transigir, cuando se trata de alcanzar la libertad.
Si esto ocurre con Miranda, no quiero ni pensar cómo quedarán Santiago Mariño o Manuel Piar, o Francisco de Paula Santander o cualquier otro que haya disentido, adversado o polemizado con Bolívar: entrarán con toda seguridad en la nómina de los villanos, como corresponde a la simplicidad que acompaña todo relato maniqueo y telenovelesco en el cual sólo hay dos bandos: el de los buenos en donde están el protagonista y quienes lo acompañan y celebran sus éxitos, y el de los malos, que incluye a quienes lo adversan, todos aquellos villanos que a lo largo de la historia se empeñan en obstaculizar e impedir sus triunfos, pero sobre los cuales, finalmente, se impondrá el protagonista para alcanzar su destino. No se necesita más.
No aguanté mucho, la verdad es; tampoco Ariana, mi sobrina querida. Estuvimos viéndola juntas y quedamos verdaderamente impactadas por la superficialidad, la inconsistencia, la debilidad y la inconducencia de la historia. Podemos confesar que no nos atrapó, en lo más mínimo.
Habrá mucha gente que aguantará y seguramente disfrutará los 60 capítulos. Hay para todos los gustos, sin duda y eso es absolutamente sano y conveniente. Pero lo que sí puedo garantizarles es que, cuando terminen de ver esta serie-telenovela, no será mucha historia la que habrán aprendido, sino todo lo contrario. Yo, por mi parte, no pienso dedicarle ni un minuto más de mi tiempo libre.


miércoles, junio 19, 2019

"The Big Bang Theory": La mejor serie de comedia de todos los tiempos (mi artículo de los miércoles en El Nacional)


Resultado de imagen para the big bang theory serie primera temporadaLa mejor serie de comedia de todos los tiempos

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional

Los venezolanos vivimos, especialmente desde 1998 para los que amamos la democracia y desde el 2013 para los que no estamos “enchufados”, en un estado de profundo estrés. Estamos al borde de la locura en la lucha permanente por sobrevivir. De allí la necesidad de un medio barato para relajarnos, para lograr distraernos por un rato en una “burbuja” de relativa paz. En este sentido las series de TV pueden resultar muy gratificantes y más si logran hacernos reír. Es por ello que he comenzado a ver, pero ahora de manera ordenada desde la primera hasta la última, la que considero la mejor serie de comedia de todos los tiempos: The Big Bang Theory (Chuck Lorre y Bill Prady, 2007-2019). En este momento vamos por la segunda temporada e iremos poco a poco comentando cada una de ellas, aunque queremos con esta primera crítica especificar la esencia de la misma y las razones por las cuales la considero la mejor.

La serie la descubrí podríamos decir que tarde. Creo que le puse realmente atención entre los años 2011 y 2012. Sus diálogos son muy inteligentes, hay una gran verosimilitud en cada uno ellos al estar apegados a los postulados de la ciencia, y esto la hace sumamente ilustrativa. No es solo mostrar a unos “nerds” y “geeks” que luchan contra su timidez para lograr conquistar chicas en medio de sus típicas pasiones: mentalidad científica, fascinación por las historias de fantasía y ciencia ficción, y la tecnología en general (primer argumento de la trama); sino también el desarrollo de la amistad con todo lo que implica el compartir, la aceptación de las diferencias y el apoyo en las debilidades y necesidades del otro. Es por este elemento tan humano que la serie se ha convertido en un verdadero clásico, por lo que ahora me propuse verlas de manera ordenada descubriendo para gran disfrute los capítulos que se me pasaron la primera vez que la descubrí.

Estos nerds (4 amigos) que son verdaderos “cerebros”: todos salvo Howard Wolowitz (Simon Helberg) poseen un doctorado (Howard posee una maestría) y trabajan en investigación por lo general en física en el Instituto Tecnológico de California (Caltech) que queda en Pasadena. Sheldon Cooper (Jim Parsons) es el personaje central: un genio precoz que al igual que el Dr. Spock (Leonard Nimoy) de la serie Star Trek (Gene Roddenberry, 1966-hoy) va descubriendo poco a poco algo para la cual su gran inteligencia nunca lo había preparado: el sentido común y el aprendizaje de las relaciones sociales. Acá está la causa de los enredos que nos hacen reír: las situaciones absurdas que generan la personalidad metódica, disciplinada y extremadamente lógica de Sheldon. El colega y amigo que vive con Sheldon es Leonard Hofstadter (Johnny Galecki), y de los cuatro se puede decir que es el más normal. Leonard se enamorará de la nueva vecina que llega al apartamento que tienen en frente: una hermosa chica llamada Penny (Kaley Cuoco). Penny perturbará todas las “rutinas nerds” de los cuatro amigos, de los cuales nos faltó hablar de Raj Koothrapali (Kunal Nayyar), un astrofísico hindú de la India que inicialmente no puede hablar con las mujeres a menos que tome algo de alcohol.

La primera temporada se centra, no solo en presentarnos los personajes, sino en la evolución de Leonard hasta lograr la primera cita (“date”) con Penny. De esta forma se nos muestra el segundo gran argumento de la trama de la serie: la transformación de las personalidades de Penny y Leonard hasta lograr enamorarse profundamente complementándose en medio de sus diferencias. Esta es la parte romántica, del típico “chica conoce chica, chico y chica se separan para que finalmente terminan juntos”. Sabemos que esto ocurrirá pero después de hacernos sufrir por muchas temporadas. Penny, la cual descubre el valor de los nerds y con su trato ella se va haciendo más perspicaz y anhelante de conocimiento sin tener para ello salir a obtener un postgrado. Se puede decir que la serie en este sentido se hace quijotesca. Penny poco a poco va fastidiándose de las parejas con las que acostumbraba salir (atractivos, fuertes pero vacíos) encontrando en Leonard mayores virtudes aunque en esta primera temporada no termina de aceptarlo.

¿Por qué la considero la mejor comedia de la TV? Porque es humana, porque sus personajes no son seres extremadamente egoístas como los de la cínica Seinfeld (Larry David y Jerry Seinfeld, 1989-1998) ni posee actitudes acartonadas que forzan la realidad como todas las que vi de niño y adolescente (las que pasaban a finales de los setenta y los ochenta) siendo un buen heredero de ella los extremadamente tontos de Friends (David Crane y Marta Kauffman, 1994-2004). Y no lo voy a negar, me ha encantado porque yo soy un nerd aunque de las ciencias sociales: humilde y suertudo como Leonard.

miércoles, mayo 22, 2019

Sobre la octava temporada de "Juego de Tronos" (mi columna de los miércoles en El Nacional)


Resultado de imagen para daenerys“Juego de Tronos” entra al reino de los clásicos
Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional

El domingo pasado (19 de mayo) finalizó en la cadena HBO la serie Game of Thrones (GOT) de  David Benioff y D. B. Weiss, inspirada en la serie de novelas: Canción de hielo y fuego (iniciadas en 1996) y escritas por el estadounidense George R. R. Martin (1948). Decir esto seguramente sea redundante debido a su gran impacto en la cultura popular, por lo que incluso nadie ha podido salvarse de sus spoilers (este escrito no será una excepción) en las últimas semanas. Llegué tarde a la pasión por la misma (cuarta temporada) gracias a la recomendación de una alumna, la cual me dijo que seguramente me gustaría por ser estudioso de la historia, la política y un cinéfilo empedernido. Al principio no me atrapó pero cuando Tyrion Lannister (Peter Dinklage) le dice a Jon Snow (Kit Harington): “La mente necesita libros como la espada necesita una piedra de afilar si quiere mantener su agudeza. Por eso leo tanto”, me hice fiel seguidor. No solo estaba llena de diálogos y eventos relativos a la lucha por el poder, sino que todo ello se desarrollaba en un contexto de ficción medieval, desarrollando siempre giros narrativos impredecibles. La octava y última temporada había comenzado algo floja pero logró un buen cierre, como si la Edad Media llegara a su fin de algún modo.

Al principio me dio la impresión que el final se desviaba de la tendencia de la serie a mostrarnos la arraigada maldad que poseemos, y especialmente en la lucha por el poder y la construcción del orden. Me pareció que había sucumbido al tradicional: ganaron los buenos. Algo de eso hay, porque a todos nos gusta y no perdemos la esperanza y la fe en que el Bien siempre termina venciendo. Pero hay que comprender, además, que Occidente hoy se sigue enfrentando a la amenaza totalitaria y atómica; y la personalidad populista de Daenerys Targaryen (Emilia Clarke) combinada con dragones fue una excelente metáfora de la misma (escena del discurso frente al ejército es clara alusión al Triunfo de la voluntad (1934) de Leni Riefenstahl (1902-2003)). Es por ello que fue inevitable mostrar esta realidad  y la necesidad de luchar contra ella. Y entre tanta ambición de poder siempre sobresale alguna buena persona en política. Una vez, al ver en la serie los buenos se corrompían pregunté si había alguien diferente y la respuesta fue clara: Jon Snow y Samwell Tarly (John Bradley-West). Snow termina reviviendo y es el que termina haciendo la diferencia con su inmensa generosidad y sacrificio (“el deber por encima del amor” conyugal), por lo cual es una especie de Jesucristo pero en la lógica de la trama de GOT.

Otro aspecto claramente occidental que termina mostrando la conclusión, es el triunfo de la racionalidad. Hecho que explicó muy bien el amigo y profesor Ángel Álvarez al decir: “Ante el equilibrio de poder entre fuerzas igualmente capaces de asesinarse mutuamente, se genera incertidumbre sobre el resultado de la confrontación violenta, de lo cual solamente sale pactando la democracia (escogencia del líder por voto en lugar de linaje).” Se pasó de la monarquía hereditaria a la electiva. A una especie de aristocracia donde la sensatez prevaleció. Las imágenes finales, ofreciendo los nuevos retos (liderazgos) de los hermanos del linaje Stark que sobrevivieron a la degollina, me ha dejado satisfecho. En especial Arya (Maisie Williams) con su viaje hacia el Poniente desconocido, tal como hizo Cristóbal Colón (1451-1506) y con el cual en la historia de la humanidad “finalizó” la Edad Media. Es expresión de nuestro anhelo de viajar, de ir más allá de lo conocido.

La serie merece muchos comentarios, críticas y reflexiones. No solo de su última temporada sino de cada una de ellas. No las hicimos antes pero no pasa nada, porque al elevarse a la categoría de clásico recibirá nuevas lecturas que merecerán escritos como este. Quedamos en deuda. Finalizamos con una última idea ofrecida por el gran Tyrion al afirmar que el poder no reside ni en el dinero, ni en la violencia, ni los linajes sino en las historias. Logrando de esa forma “mirar” de manera trascendente la serie y juzgarla, señalando que las ficciones y las ideas representan la esencia de nuestra humanidad. Por ello no podemos dejar de contarlas en libros (tal como se muestran en esas últimas imágenes) como en imágenes en movimiento tal como nos ofrece el cine.

miércoles, marzo 20, 2019

James Baldwin: comprender el peso abrumador de la segregación (mi columna de los miércoles en "El Nacional")


James Baldwin: comprender el peso abrumador de la segregación

Carlos Balladares Castillo

Publicado en El Nacional 

If Beale Street could talk (2018) es la última película de Barry Jenkins, quien ganó el Óscar por el guión adaptado de Moonlight (2016) la cual, además, también obtuvo otros dos premios de la Academia entre ellos el de Mejor Película entregados a principios del 2017. Su nuevo film logró 3 nominaciones de los cuales ganó uno solo: mejor actriz de reparto: Regina King. En esta ocasión adaptó la nóvela homónima (1974) del gran escritor estadounidense James Baldwin (1924-1987), y lo hizo con tanta maestría que me animó a retomar la lectura de este famoso literato. La historia, las actuaciones, la fotografía y la música nos transmiten inicialmente un hermoso romance sobre el cual poco a poco se cierne la amenaza de una ancestral opresión. Es el racismo de toda una sociedad que genera un gran terror en sus víctimas, porque a pesar de la “burbuja” que intentan crear para salvarse esta terminará explotando. ¿Cómo comprender esa realidad que es la de toda segregación social? Baldwin hace un excelente análisis en un conjunto de ensayos - que en parte son autobiográficos - en su libro: Nadie sabe mi nombre (1961), y que ahora comentaremos junto a la crítica de la “cinta” en cuestión.

If Beale Street could talk (2018) es una historia de amor contada desde la joven enamorada de 19 años: Tish (Kiki Layne) de otro joven de 22 años también enamorado: Fonny (Stephan James). Se conocen desde niños, es un amor puro y hermoso. Recorren las calles de Harlem (Nueva York) en atardeceres rodeados de la música de violines de Nicholas Britell (nominada también en este caso al igual que en Moonlight como mejor banda sonora original), con ese característico uso de los primeros planos que nos acostumbró Jenkins. Solo hay un problema: no tienen donde vivir. Para los venezolanos podríamos considerarlos de clase media baja, allá en los Estados Unidos de los setenta se puede decir que son pobres. No consiguen donde vivir y por ello no se han casado, pero esto no es nada comparado al gran problema: el racismo. A partir de la segunda hora se erige como una amenaza todopoderosa, invencible. Cualquiera diría ¿en el norte y en los setenta? ¡no puede ser! Pues sí, es toda una nación que no logra superar una tara histórica que no se circunscribe al Sur. El novio es acusado de un crimen que no cometió. La madre de Tish: Sharon (Regina King) se batirá por la inocencia de su yerno en contra de todo un sistema de injusticias.

Resultado de imagen para i am not your negroA James Baldwin lo comencé a leer estimulado por esa maravilla de documental que fue nominado al Óscar en el 2016: I am not your negro (Raoul Peck). En el mismo se muestra en varias entrevistas y conferencias, explicando con gran claridad por qué su atención al problema racial y cómo éste ha funcionado en los Estados Unidos. En el primer ensayo “El descubrimiento de lo que significa ser americano” contenido en Nadie sabe mi nombre (1961), explica que al vivir en Europa por varios años  pudo ser valorado como escritor sin ninguna referencia para mal o para bien del color de su piel. Y que Europa (la civilización Occidental) era la madre cultural tanto de los blancos como de los negros en los Estados Unidos. Es inevitable para un iberoamericano pensar en esta aceptación sin prejuicios de nuestro carácter occidental seamos o no mestizos. El autor describe que al salir de su país se le hizo más evidente las características “carcelarias” de la cultura estadounidense con el negro, del gran mito que establecía que eso solo ocurría en el Sur de la Nación. Al final confiaba en el papel del escritor para lograr los cambios, porque “aunque no logremos creerlo del todo, la vida interior es una vida real, y los intangibles sueños de los hombres tienen un efecto tangible sobre el mundo.”

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“Quinta Avenida arriba: Carta desde Harlem” permite comprender la cultura de segregación que se desarrollaba en el Norte a través de los guetos, ambiente en el que se desarrolla la película de Jenkins. Baldwin los llama “inmensos huecos de humanidad como cráteres” y a sus altos bloques de viviendas que lo caracterizan: “monumentos a la insensatez y la cobardía de las buenas intenciones.” En ellos todo juega en contra del afroamericano en el sentido que todo es más difícil, es más caro y las condiciones peores que en el resto de la ciudad. Pero en ellos se esforzaban los padres porque sus hijos tuvieran una buena educación y no sufrir su mismo destino. Esta misma actitud la describirá el autor en dos ensayos relativo a los primeros estudiantes negros que se atrevieron a ingresar en escuelas de blancos del Sur (“Una mosca en la nata” y “Nadie sabe mi nombre: Carta desde el Sur”) cuando se exigió a las mismas no negarse a “la integración” (a inicios de los sesenta). Muy pocos se atrevieron por todo el acoso que padecían, pero sabían que el sacrificio valía la pena por la calidad de la educación, debido a que las escuelas “separadas” que eran solo para “gente de color” tenían la peor formación porque el Estado y las personas con mayores recursos no buscaban su mejora.

La esencia de toda segregación consiste en otorgarle un lugar, unas funciones, un rol y en general todo un conjunto de características a un sector de la población. Y obligarlos por todos los medios (represión, educación, ausencia de oportunidades, cultura, etc.) a que no se salgan de allí. Por ello, en el caso del racismo que describe Baldwin, están los guetos pero también están una serie de oficios que solo eran para los negros, y se le ponían todos los obstáculos para que no lograran ascender a cargos de prestigio. Pero incluso se va más allá en este sistema estableciendo el principio que no poseen nada en realidad porque todo “podía serle arrebatado a cada instante por el poderío de los blancos”. De allí la importancia que se le daba a la educación para dar el brinco, de salirse de esos lugares e incluso lograr abolir la injusta estructura. Pero esto siempre era un riesgo, riesgo que podría incluso significar la muerte.

Tanto en la película como en la lectura de Baldwin se puede percibir el peso de la opresión. Y cambiando lo cambiable los venezolanos no enchufados de los tiempos del chavismo podemos encontrar algunos rasgos parecidos. Se nos quiere sumisos, se nos quiere encerrados en nuestras casas, se nos quiere incluso cambiar nuestro lenguaje y forma de pensar. Nos creen idiotas y limitados, sujetos de tutelaje de un “gran hermano” o “padrecito del pueblo”. Es un riesgo asumir nuestra dignidad humana cuando se vive en un sistema autoritario que considera a los opositores como ciudadanos de segunda. Es un riesgo que estamos obligados a correr.

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