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domingo, 25 de agosto de 2024

Izumi Shikibu, Murasaki Shikibu, Dama Sarashina: Diarios de damas la corte Heian

Idioma original: japonés (de la era Heian)

Título original: 和泉式部日記 (Izumi Shikibu nikki); 紫式部日記 (Murasaki Shikibu nikki); 更級日記 (Sarashina nikki)

Traducción: Xavier Rosa Ferrer

Año de publicación: 1008; 1010; 1059

Valoración: recomendable para interesados

Esta edición junta a tres mujeres que tiene en común haber escrito obras consideradas hoy en día como clásicos de la literatura japonesa, conocidas por su profundidad y riqueza en la descripción de la vida en la corte imperial durante el período Heian (794-1185).

Diario de Izumi Shikibu: Izumi Shikibu fue una famosa poetisa y cortesana. Su diario es una obra semiautobiográfica que narra su relación amorosa con el príncipe Atsumichi. La obra está llena de poesía waka (el fuerte de este tipo de obra), y mezcla la prosa con la poesía para reflejar sus emociones y experiencias en la corte. Es conocida por su estilo lírico y la introspección emocional que ofrece.

Diario de Murasaki Shikibu: Murasaki Shikibu es la autora de La novela de Genji (Genji Monogatari), la cual pueden encontrar reseñada en nuestro blog. Su diario, ofrece una visión íntima de su vida en la corte de la emperatriz Shōshi, describiendo tanto los aspectos ceremoniales como las rivalidades y la vida cotidiana en la corte, muy al estilo del Genji Monogatari. Es un testimonio valioso de la vida en la corte y ofrece una perspectiva única sobre la vida de una mujer de su tiempo.

Diario de Dama Sarashina: Este diario fue escrito por una mujer anónima, pero que es conocida por convención como la Dama Sarashina. Éste es el más personal de los tres, narrando su vida desde la juventud hasta la madurez, y su deseo constante de leer historias y romances (incluyendo, claro, el Genji Monogatari). El diario es conocido por su tono melancólico y su reflexión sobre la transitoriedad de la vida, un tema común en la literatura japonesa de la época.

Los tres diarios, aunque distintos en estilo y enfoque, comparten varios elementos que los vinculan como expresiones literarias del período Heian. En primer lugar, todos son escritos por mujeres de la nobleza que utilizaron la escritura como un medio para explorar y expresar sus emociones en un entorno donde la introspección y la sensibilidad poética eran altamente valoradas. Estos diarios combinan la prosa con la poesía waka, unificando la narrativa con la reflexión lírica. Además, los tres diarios ofrecen una visión personal y matizada de la vida aristocrática, con un enfoque particular en la transitoriedad de la existencia y las relaciones humanas. 

A pesar de las similitudes en su contexto y estilo, los diarios presentan diferencias notables que reflejan las personalidades y enfoques únicos de cada autora, lo que hace que valga la pena leerlos en conjunto. El Diario de Izumi Shikibu se distingue por su carácter apasionado y su enfoque en una historia de amor intensa y llena de emociones. En contraste, el Diario de Murasaki Shikibu es más observacional y descriptivo, centrándose en la vida de la corte imperial y ofreciendo una visión más amplia de los rituales, las intrigas y las dinámicas sociales de su entorno. Por otro lado, el Diario de la Dama Sarashina tiene un tono más contemplativo y está menos centrado en los eventos sociales. De esta manera, los tres diarios se complementan muy bien para ofrecernos una idea de la vida y las tribulaciones en la corte de Heian, principalmente aquellas que preocupaban a las mujeres, quienes, a pesar de vivir en ese supuesto paraíso, estaban subordinadas, en primer lugar, a los hombres de la familia, y en segundo lugar, a la estructura social de un pasado que hoy nos podría parecer incomprensible.

Otras obras de Murasaki Shikibu reseñadas en ULAD: Genji Monogatari

jueves, 15 de septiembre de 2022

Katherine Mansfield: Sopa de ciruela

Idioma original: Inglés
Traducción (prólogo, selección y notas): Eleonora González Capria
Ilustraciones: Josefina Schargorodsky
Año de publicación (de este volumen): 2022
Año de publicación (de los textos incluidos en la selección): 1893 - 1923
Valoración: Sorpresa más que agradable

Una pequeña explicación al un tanto farragoso encabezamiento de la reseña: los textos que se incluyen en Sopa de ciruela proceden, en su gran mayoría, de los más de 50 cuadernos que Mansfield dejó tras su muerte y han permanecido inéditos en castellano hasta la publicación de esta compilación, lo que explica ese doble "año de publicación". En cuanto a la escasamente canónica valoración, esta obedece especialmente a cierto miedo inicial a una supuesta (por mi) rareza de los textos y a su carácter fragmentario.

Dicho esto, ¿qué clase de textos se recopilan en Sopa de ciruela y qué "orden" se sigue? Pues bien, podemos encontrar anotaciones de diario, estampas, viñetas, (bocetos de) cartas, (bocetos de) relatos, poemas, reseñas literarias, recetas de cocina, listas de gastos, etc que son agrupados según un no excesivamente estricto criterio "temático": el hambre, el buen beber, la escasez, en el café, en viaje, entre jardines... A primera vista, sorprende no encontrar demasiadas referencias a la escritura como proceso, como técnica. Al fin y al cabo, cabría esperar algo así de los diarios de una escritora, ¿no? Nada más lejos de la realidad. Lo que fundamentalmente hallaremos en los diversos materiales que componen Sopa de ciruela es cotidianeidad pura y dura. La vida, vaya.

Tú y yo todavía nos amamos, pero ya no me necesitas como antes y yo, por alguna razón, siempre tengo que sentirme "necesitada" para ser feliz.

Pero pese a esa aparente fragmentariedad y a ese aspecto breve o hiperbreve, "instantáneo" por momentos, sí que encontramos una cierta "continuidad narrativa", en especial en las partes 3ª y 4ª del volumen, hasta el punto de que las mismas pueden ser leídas como una novela (plagada de elipsis, eso sí).

Vivo de viejas ilusiones inventadas, pero ya no engañan a ninguno de los dos. 

Por lo tanto, ficción y no ficción se unen para conformar algo parecido a la (auto)biografía de Katherine Mansfield a través de unos textos en los que se combinan lo naif y lo oscuro, en los que angustia existencial, enfermedad y muerte comparten espacio con el humor, la ternura o el amor.

Me siento como una mosca que dejaron caer en el vaso de leche & después rescataron, pero todavía está demasiado empapada de leche & y ahogada como para empezar a a asearse.

Ojalá se pudiera distinguir el amor verdadero del falso como se distinguen los champiñones de los hongos venenosos. 

En lo referente a la parte ficcional, la literatura de Mansfield me trae a la cabeza a la gran Silvina Ocampo. Escenarios bucólicos (jardines, sobre todo, pero también cafés), niñas o mujeres jóvenes como protagonistas y algo oscuro u oculto que no acaba de encajar. Textos cargados de luces y aromas, relatos que insinúan en lugar de mostrar.

En cuanto a lo no ficcional, me quedo con la capacidad de la autora para mostrar el desgarramiento y la extrañeza que causaron en ella los sucesivos traslados a los que la obligaban sus enfermedades, con la combinación del detalle impresionista y la objetividad más fría en las descripciones y con el ejercicio de autodisección de su interioridad.

Lo dicho. Sorpresa más que agradable la de este volumen y esta autora, absoluta desconocida para mi, de quien ya tengo por casa Fiesta en el jardín y otras narraciones. Algún día hablaremos de el. O igual no. ¿Quién sabe?

martes, 5 de julio de 2022

COLABORACIÓN: Dos veces en el mismo río de Chris Offutt

Idioma original: Inglés
Título original: The same river twice
Año de publicación: 1993 (2022 en España)
Traducción: Ce Santiago
Valoración: Imprescindible

Hay que tener mucho valor para escribir un libro de memorias sin apenas recorrido en el mundo literario. Tan solo una compilación de relatos, titulada “Kentucky seco”, precedía a este trabajo. Sin embargo, Chris Offutt es un superviviente del mundo real, el de verdad, que posee sobrados y contrastados conocimientos sobre su país, sobre lo difícil que es labrarse un porvenir en la vida y, muy especialmente, sobre la naturaleza salvaje que le rodea. Esa sabiduría adquirida tras patearse buena parte de Estados Unidos como un vagabundo sin rumbo -o como un bohemio en busca de respuestas existenciales- y de haberse criado en un entorno rural y agreste como los Apalaches le dan la ventaja suficiente para permitirse tamaño desafío y salir airoso del envite. Francamente, este libro es el mejor que he leído del autor hasta la fecha y no puedo decir que haya un libro malo entre los que han caído entre mis manos. Si bien es verdad que los títulos anteriores se trataban de ficción, opino que en la no-ficción es donde el autor da lo mejor de sí mismo. En cualquier caso, reitero, no deja de asombrarme que la segunda propuesta de un autor prácticamente novel tenga tanta fuerza narrativa, tanta calidad y 
ninguna impostura o pretenciosidad por su parte.

Dos líneas argumentales y temporales confluyen paralelas en el curso de la narración para desembocar en el nacimiento del primer hijo del autor y de Rita, su esposa. Por un lado, la infancia en su Kentucky natal, y posterior adolescencia en el nido familiar, hasta su marcha hacia lo desconocido en busca de experiencias vitales como trotamundos quedan retratadas de manera sincera, en ocasiones brutales, pero siempre divertidas. Esta parte narrativa, que en mayor medida se compone de los viajes a lo largo y ancho de su país, está trufada de anécdotas esperpénticas y peligrosas, aunque no exentas de interés. Las peripecias del autor en la ciudad de Nueva York, Boston o en los Everglades del estado de Florida arrancará más de una sonrisa al lector, a la vez que supondrá un curso didáctico sobre supervivencia entre la chusma de vagabundos y bichos raros, sobre trabajos de mala muerte mal pagados o sobre huracanes y ataques infernales de mosquitos.

Por el otro lado, este más intimista, el autor relata sus miedos y reparos a enfrentarse a la gran responsabilidad de convertirse en padre. Ya asentados en las praderas de Iowa, Chris y Rita esperan ansiosos la llegada del retoño. Como padres primerizos que van a ser, las dudas inherentes ante tal estado de inquietud afloran en la pareja. Cursos de preparación al parto, manuales para padres e información sobre bebés ocupan el tiempo de ambos mientras el crudo invierno desploma la temperatura en el exterior de la cabaña en que habitan. Los paseos por la ribera del río y por la naturaleza en busca de rastros de animales ayudan al autor a reflexionar sobre el verdadero sentido de su vida y su capacidad para asimilar el importante acontecimiento que está por llegar. Es en este medio salvaje, precisamente, donde Offutt se encuentra más a gusto y seguro. Donde controla cada uno de los sonidos y señales que los habitantes del bosque van dejando a su paso. Cuando nazca su hijo, Offutt traspasará al pequeñín de la casa toda la información que posee sobre la fauna y flora circundante. Y ese hecho le llena de orgullo.

La famosa frase del filósofo Heráclito, de la que el autor ha extraído el título para su obra, dice que ninguna persona puede cruzar dos veces el mismo río. El río fluye, las personas cambian. Todo fluye, todo cambia.

Me parecería imperdonable que la editorial Malas Tierras no publicara en castellano la segunda entrega de estas memorias, titulada “No heroes: a memoir of coming home”.

También de Cris Offutt en ULAD: Kentucky seco y Noche cerrada

Firmado: Carlos Télez Sedano

sábado, 11 de junio de 2022

Jorge Carrión: Todos los museos son novelas de ciencia ficción


Idioma original: español

Año de publicación: 2022

Valoración: seductor

 Cuando hace unos días reseñé - no sin cierto escepticismo - Membrana, no había reparado en la existencia de este libro. Puede que porque Carrión ya nos tiene acostumbrados a un ritmo de publicación intenso - no solo de publicación, también organiza exposiciones relacionadas con el ámbito literario, comenta ítems culturales, etc. - o incluso por su peculiar curso narrativo, en el que todos sus últimos libros, sobre todo desde que publica para Galaxia Gutenberg, parecen formar parte de un proyecto cohesionado. Y este Todos los museos son novelas de ciencia ficción, título algo reminiscente de DFW, se presenta, pasados unos meses - pocos - como un complemento de Membrana, uso el término compemento de forma algo forzada, pues casi diría que, aunque dispone de un cierto vuelo propio, Carrión, que sabe que su prestigio como agitador es indiscutible, se permite una especie de broma moderada a costa de su novela, aunque siempre podremos suponer que no hubiese carecido de sentido integrar este texto ahí mismo. Pero respetemos la voluntad del autor.

La cosa consiste en generar una especie de bitácora del proceso de escritura de la novela. Y así como en la novela el papel de narrador quedaba disuelto en la estructura del catálogo de un museo, aquí el autor levanta la mano y se hace ver, en un ejercicio de ciencia-auto-ficción, el escritor toma la primera persona y proyecta información complementaria a Membrana, más que explicar o matizar su contenido, retrata una realidad paralela a la creación, que Carrión, va siendo marca de la casa, aprovecha para enlazar con su galería de monstruos habitual. Que la realidad se empeña en hacer cada vez más visible, y entonces a Carrión más visionario. Si el texto no tarda en mencionar a HAL 9000 y a todos los sospechosos habituales - spyware, cámaras que captan nuestra vida, dispositivos que nos monitorizan porque no leímos la letra pequeña de los pop-ups que nos saltan al darnos de alta en servicios, en suscripciones, en redes sociales - el jugueteo de Carrión empieza pronto. Mencionando otro clásico reciente - la película HER - el escritor es contactado y, se diría, seducido por Mare, una identidad digital que le contacta desde el futuro de su novela, y que ya la ha leído, o quizás haya anticipado su contenido gracias a algún brillante algoritmo, y el proceso de intercambio parece tomar las riendas de la vida del autor, cuestión de la que este primero recela, pero a la cual acaba enganchado: de repente su existencia se ha visto interferida y no se atreve a confesarlo a su familia. Reproduce la voz de Mare, contesta sus mensajes, dialoga con ella en un juego aparentemente inofensivo, pues no teme a su contrapartida por su inmaterialidad, pero igualmente se siente cohibido y avergonzado. Solo habla de la existencia de esa interacción con los profesionales que cree que pueden comprenderle y, a medida que los contactos se suceden, su vida empieza a gravitar en torno a ellos.

Aparte, el impecable atractivo como objeto, pues el libro contiene abundante material gráfico, que lo sitúa en un claro perfil sebaldiano, y resulta curioso que su mera lectura parece mejorar el rastro que dejaba Membrana e incluso despojarlo de su pátina a veces demasiado solemne. Sin llegar a lo estrambótico o lo banal, Carrión introduce con sutileza y habilidad algunos elementos que hubieran parecido algo discordantes en una novela de ciencia ficción al uso. Y funciona, como obra separada y como proyecto conjunto.

viernes, 18 de febrero de 2022

Virginia Woolf: Hacia el sur. Viajes por España

Idioma original: inglés

Título original y fecha: Extractos de The diary of Virginia Woolf. Vol I  (1915-1919) y A passionate apprentice (1897-1909) Edición actual en castellano; 2021

Valoración: Recomendable



Escoger una parte de la obra de un autor –por muy reconocido que esté, por mucho que suponga un valor seguro en el panorama lector– y agruparla siguiendo un criterio propio siempre es un reto para quien lo asume. Por tanto debemos aplaudir esta iniciativa y valorarla como merece. Woolf tiene en su haber una obra extensa y de una calidad excepcional, rastrear en ella un leitmotiv determinado, seleccionar, agrupar y entregar el resultado al público en una edición bien cuidada, convenientemente presentada (cuenta con tres prologuistas) y hasta ilustrada, requiere sabiduría y tiempo. Hay que reconocer, pues, que Itineraria ha realizado un trabajo encomiable.

No descubro nada si digo que V. W. fue mucho más que una autora de primera línea. Que en el universo de la literatura universal brille con luz propia ya es una cota que alcanzan muy pocos, pero además trabajó incansablemente por animar a las mujeres a trabajar en el terreno elegido y a competir en él sin complejos, dio testimonio de que ella podía escribir tan bien como el mejor e incluso formar parte de la avanzadilla descubriendo territorios inexplorados hasta entonces en el campo de la creación literaria y abrió el camino a futuras profesionales de todos los campos. En muchos sentidos fue una pionera, todo lo que escribió se lee con agrado, incluso los textos más difíciles y está entre mis autores de cabecera de todos los tiempos.

Dicho esto, seamos sinceros, por mucho que la amemos debemos reconocer que España nunca le gustó demasiado. Las opiniones que preceden a los textos propiamente dichos (ensayos, cartas y extractos de diarios) afirman que a partir del primer viaje empieza a admirar nuestro país, yo en cambio pienso que se vuelve más diplomática con la edad, también ha madurado mucho como escritora –el nivel literario no tiene comparación entre los primeros y los últimos trabajos– sin contar que aprovecha esos viajes para publicar sus experiencias en prensa. Pero entre líneas percibo una resignación que tampoco disimula demasiado, no encuentro valoraciones entusiastas y sí muchas alusiones a la incomodidad de los establecimientos, el calor y la pobreza. Y, por supuesto, hay que disculparla, una inglesa de alta cuna que viaja por los pueblos extremeños y andaluces de la primera mitad del siglo XX, primero por desconocimiento y luego a instancias de su marido, no va a estar precisamente encantada de su suerte. Pongámonos en su lugar, utilicemos una imaginaria máquina del tiempo para trasladarnos a aquella época, durmamos en sus posadas y hoteles y luego releamos a Virginia. Vaticino que no vamos a poder estar más de acuerdo con ella, pues desde las comodidades –incuestionables a nuestros ojos– del siglo XXI resultarían también inconcebibles esos establecimientos y esas condiciones de vida.

Pero no importa, la seguimos queriendo igual. O ¿acaso nosotros no hemos emitido juicios de este tipo al visitar otros países e incluso en el nuestro? (“Las calles son muy estrechas, están empedradas y sin acera por la que caminar. Los tranvías son malos y no son fáciles de alcanzar. Es una ciudad en la que cuesta orientarse”) Y esto hablando de ¡nada menos! que Sevilla, me puedo imaginar lo que sintió al visitar algún pueblo extremeño perdido en el mapa. Aunque, hay que reconocerlo, por lo general divaga, da tantos rodeos como puede para no reflejar lo que está viviendo. Claro que, a veces, la sinceridad aflora, como en el ensayo Una posada andaluza, publicado en The Guardian en 1905: (“El español es un idioma feroz y sanguinario cuando se escucha en esas condiciones”) Aclaro que en ese lugar concreto desconfiaban de los clientes, se sentían tan inseguros que temían por su vida -sin motivo, según aclara después- y apenas durmieron esa noche.

Sin embargo, cualquier invectiva merece la pena si, ya en los últimos fragmentos, podemos leer a la Woolf en estado puro, recrearnos en sus percepciones, en su sensibilidad hacia la naturaleza, y por encima de todo en su estilo, en esa manera, siempre y no solo aquí, un poco evasiva de narrar, con asociaciones tan inusuales, que tan difícil resulta para quien necesita desmenuzar cada frase de su obra, pero a la vez tan personal, expresiva y poética. En ese sentido, el ensayo Hacia España publicado en prensa en 1923 resulta paradigmático, una alegría para los buenos paladares prosísticos.

“Los contenidos de la mente se parten en frases cortas. Hace calor; el viejo; la sartén; hace calor; la imagen de la Virgen; la botella de vino; es la hora del almuerzo; son solo las doce y media; hace calor. Y así, una y otra vez, se repiten todos esos objetos –piedras, aceitunas, cabras, gamones, libélulas, lirios–. Hasta que, por alguna trampa de la imaginación, se precipitan en frases de mandato, exhortación y ánimo, como merecen los soldados desfilando, los centinelas de noches solitarias y los líderes de grandes batallones. Pero ¿debe una abandonar la lucha? ¿Debe renunciar al juego? Sí, porque las nubes están de paso, a las mulas no les importa lo que cargan; las mulas nunca tropiezan, conocen el camino. ¿Por qué no dejarles todo a ellas?”

Como verán si se animan a leerlo, lo que importa no es si a Virginia Woolf le gustaba o no España, sino esas reflexiones tan particulares y tan originalmente expresadas en un estilo irrepetible. Mirar Andalucía a través de sus ojos, sobre todo cuando su estilo y personalidad ya están depurados. Esta evolución en la mirada de la escritora es en sí misma un tesoro que merece la pena destacar y presentar, como se ha hecho, en un volumen único exclusivamente dedicado a ello, igual que ella reclamaba –refiriéndose a las creadoras– una habitación propia. Personalmente, me alegro de saber qué opinaba de mi país una mujer que se cuenta entre mis autores favoritos. Me hubiera gustado que hubiera escrito más sobre España aunque fuese tan crítica como aquí, no lo hizo por motivos obvios. Así que este librito tan elaborado es una rareza para admiradores de la escritora, para hacer un regalo elegante o para que quien no haya leído nada de ella empiece a conocer su figura. Estas cien páginas escasas se leen en un suspiro y cuenta con unas excelentes ilustraciones digitales –que por su delicadeza y elegancia dan la impresión de haber sido pintadas a acuarela– a cargo de Carmen Bueno, además de los prólogos ya mencionados.

 

Traducción: Adriana Fernández Criado


Nuestras reseñas de Virginia Woolf: AQUÍ

lunes, 21 de junio de 2021

Jorge Carrión: Lo viral


Idioma original: español

Año de publicación: 2020

Valoración: bastante recomendable


Pues me ha gustado mucho este Lo viral de Jorge Carrión. Y que no os suene tibia la valoración: bastante recomendable se queda muy cerca del muy recomendable simplemente porque me ha parecido que a Carrión le ha faltado un punto de ambición (quizás otro formato, unas decenas más de páginas) para coronar a este libro entre sus mejores ensayos o lo que sea, y puede que ese sacrificio lo haya hecho en aras de la inmediatez, que no en vano (igual que Zizek con Pandemia!) los libros que han situado la situación del COVID-19 en el centro de sus temáticas lo han hecho muy conscientes de que (entre oleadas, toques de queda y ritmos de vacunación) la actualidad mutaba constantemente y cualquier texto corría el riesgo de quedar obsoleto en apenas unas semanas. Y Carrión, casi siempre un narrador/cronista/ensayista dado a la contundencia en sus afirmaciones (que aquí también se halla presente, y yo le he obedecido leyendo y reseñando Aqui) se muestra vulnerable, no quizás frágil o timorato sino más bien acojonado por el devenir de los hechos. 

Estructurado como un diario sumamente ágil e interesante, le agradezco a Carrión que su obsesión reflejada en Contra Amazon se limite aquí a unas ligeras reverberaciones y que haya centrado el texto en su experiencia personal: el 13 de Marzo de 2020, día en que se decreta el Estado de Alarma en el estado español, a partir del cual la población empezará a incorporar a velocidad de vértigo todo tipo de conceptos relacionados con la epidemiología hace las veces, hacia la mitad del texto, de punto de inflexión entre un texto premonitorio, cuajado de experiencias previas en el ámbito cultural, donde se aborda el concepto antiguamente conocido como viralidad (sobredivulgación, usualmente vía Internet y RRSS de algún tipo de hecho informativo, muy habitualmente sesgado o directamente falso) a través de un nutrido reguero de recomendaciones y comentarios. Un diario que Carrión declara no haberse iniciado con la misma intención con la que acabó. Porque Carrión, uno (se me ocurren pocos más, no me obstino en nombrarlos) de los culos más inquietos del panorama cultural peninsular, cambia el tono, ya lo había cambiado a finales de febrero a medida que las noticias se hacían inquietantes, y se convierte, como muchos de nosotros, en una persona (en su caso, siendo capaz de transmitirlo en sus textos) agobiada y superada por una realidad que va a dejar, a parte del trágico balance de víctimas, poco más en la humanidad que una experiencia que explicar y que acumular. Por hastío, por rebeldía, por necesidad de recuperar ese ¿equilibrio? anterior, la sociedad corre a recuperar su existencia anterior en la medida de lo posible, y, lamentémonos si queremos, pero es así, tomando cada centímetro que se cede de las libertades cercenadas. Horarios, aforos, asistencia a lugares y eventos, progresivo decaimiento de prohibiciones y limitaciones.

Carrión no llega hasta tan lejos. El diario se corta y se publica hasta mayo de 2020, fecha en que se acuña un nuevo y pomposo concepto (la Nueva Normalidad) y en el que Carrión da por concluida la fase dura del proceso. Quedan fuera, y he de decir que no me importaría nada asistir a un Lo viral 2.0, toda la esperanzadora cuestión de las vacunas, el toque de queda, las oleadas tras el verano... Pero Carrión encaja el golpe de y testifica la adaptación forzada de los hábitos de consumo cultural, el ingenio de algunos creadores, la alternativa del hogar confinado como centro de producción, y de todo ello, intercalando experiencia personal desacomplejada y análisis cultural de alto calado, extrae un texto exógeno, dinámico, esperanzado y despojado de obsesiones. Y tan logrado que, a diferencia de Zizek, me niego a otorgarle fecha de caducidad.


miércoles, 9 de diciembre de 2020

José de Arteche: El abrazo de los muertos

Idioma original: castellano
Año de publicación: 1970
Valoración: Muy recomendable

Supe de este título a través de un sobrino, o nieto, del autor, quien lo citaba en otro libro bastante mediocre. No recuerdo qué es lo que entonces me llamó la atención, porque diarios de guerra los hay a montones, quizá fue ese Arteche escrito así, castellanizado (en euskera sería Artetxe), que parecía indicar que estaremos ante algo distinto de lo que a estas alturas es ya el tópico del vasco contando los horrores desde la trinchera chapucera donde defiende a su pequeña patria frente al fascismo y la Legión Cóndor. Y eso que el tal Arteche fue en la República uno de los máximos dirigentes guipuzcoanos del Partido Nacionalista vasco. Pero veamos qué ocurre aquí.

Arteche escribió desde muy joven en la prensa local, tanto en castellano como en euskera, su lengua materna, y se relacionó con numerosos personajes del mundillo cultural vasco. Era por tanto un tipo absolutamente integrado en la pequeña sociedad guipuzcoana de su tiempo, y además de familia carlista, lo que requiere una pequeña digresión. Al menos en Euskadi, los hijos de familias carlistas, o se hicieron nacionalistas, o permanecieron en un carlismo cada vez más escorado hacia el tradicionalismo (sobre todo en Navarra). Ese tronco común y el peso fundamental de la religión en ambos grupos explica las dudas que en ciertos sectores del nacionalismo existieron a la hora de alinearse en uno u otro bando, al menos en un primer momento y hasta la aprobación del Estatuto. Así que Arteche –alguno ya lo habrá adivinado-, unas semanas después del levantamiento militar pasó de dirigente del PNV a engrosar las filas del bando nacional. Un cambio que casi un siglo después nos puede dejar estupefactos, pero que en su momento tampoco fue del todo excepcional. Y un movimiento del que para nuestra sorpresa el libro no da ninguna explicación en absoluto, como si de repente este caballero hubiera aparecido allí, entre los franquistas, caído del cielo. 

Arteche escribe entonces un diario que durará los tres años de la guerra, y que podemos leer en dos niveles diferentes, aunque obviamente se solapan. En su aspecto narrativo, se ve que el autor tiene hábito de escribir y lo hace con total eficacia. Como un buen cronista, sobrio pero muy sentido, va describiendo su experiencia primero en el frente del Norte, después en el de Aragón. No interviene en el combate, sino que tiene algún puesto de intendencia que no llega a explicar del todo, y con su relato vamos teniendo noticia de escenarios importantes, como las sucesivas batallas en el avance sobre Bilbao, que me impresionan especialmente porque son lugares que conozco bien (Saibi, Lemoatxa, Bizkargi) y en los que aún hoy pueden verse cicatrices de bombardeos y trincheras. O en las proximidades de Teruel o el Ebro, hasta alcanzar el Mediterráneo. No puede narrar Arteche los episodios de primera línea, pero sí describe admirablemente el ambiente que se encuentra: el estremecimiento ante los bombardeos, los pueblos destruidos, la hostilidad con que son recibidos casi siempre, las iglesias saqueadas, el miedo, los niños hambrientos, naturalmente los muertos que van quedando atrás. El relato es estremecedor, por sincero y sencillo.

Los soldados se emborrachan cuando pueden, buscan permisos para ver a sus familias, comentan en voz baja hasta cuándo durará este horror. Pero no hay en el diario rastro de soflamas políticas, patriotismo desatado ni odio al enemigo, lo que no quiere decir que no lo hubiese en el entorno, pero para Arteche parece no existir. Y aquí entramos en el segundo aspecto del libro. El autor sigue pareciendo que estuviese allí para realizar un trabajo cualquiera y fuese mero espectador de la tragedia (obviamente no es así, era un actor más, aunque no lo sintiese como tal). No habla del enemigo, sino de los otros, el otro lado o, a lo sumo, los rojos. No entiende las razones de tanto dolor, y su mantra es que termine cuanto antes. No hay prácticamente ninguna alusión a la política, solo alguna reflexión recogida además de otra persona: ‘Este es un problema de ideas, que ha degenerado en problema de sentimientos, y contra el sentimiento no hay razones que valgan’. En este sentido, asegura que las mayores dosis de crueldad se cuecen en las retaguardias más que entre la tropa, y puede que no le falte razón. También podría ser que Arteche simplemente se callase cosas para dulcificar su propio entorno, pero pienso que es sincero, y varias veces se refiere a los contactos que en ocasiones mantienen discretamente por la noche las avanzadillas de uno y otro lado, algo de lo que yo había oído hablar en alguna ocasión y no terminaba de creerme.

Es por tanto una visión de la guerra desde dentro, que en mi opinión abre la puerta a reflexiones de mucho peso. Quizá el odio más feroz anida en quienes llevan al país a la guerra o en quienes a través de ella buscan algún objetivo colectivo o personal, y así lo inoculan en los demás; y también en esa zona civil en la que, antes o después del combate, sangran heridas viejas o nuevas y donde la represalia y la delación pueden también abrir puertas a ciertas cotas de poder. Pero a fin de cuentas el soldado raso, que es el corazón de lo que cuenta el libro, lucha por su propia supervivencia, y ese trabajo no es muy distinto en función de la bandera que ondee en su campamento.

En definitiva, la obsesión de Arteche es la reconciliación, ese abrazo al que se refiere el título, el perdón y la convivencia, cosas que parecen de una ingenuidad casi inverosímil en un escenario de tanta crudeza. Su posición es como la de un alma pura, la de alguien quizá tan absorbido por la religión que parece no ver, o no entender bien, lo que tiene delante. Porque no dice siquiera ‘hay que parar la guerra’, sino ‘cuándo terminará esto’, como si fuese un castigo divino, una pandemia pongamos por caso. Ese es su punto de vista, desconcertante, insólito en quien es en definitiva un soldado que ha elegido bando. Pero, quizá precisamente por lo contradictorio, me parece un testimonio sincero y dolido que mueve a reflexión y quién sabe si no representaba el pensamiento de muchos otros, de algunos, de bastantes, no sé. La idea está fija desde la misma dedicatoria inicial: 'A todos los que luchando noblemente por un ideal murieron en la guerra civil de España',  e incide en ella en una especie de epílogo escrito veinte años después, con esta rotunda conclusión: ‘Impresión desoladora. Nadie tiene ojos sino para considerar los crímenes ajenos; nadie tiene ojos para considerar los crímenes del campo propio’. 

Desde luego habrá a quien no le interese para nada el tema, ya tantas veces visto, leído y discutido, pero si uno está dispuesto a abrir la mente y a conocer por dentro lo que es una guerra, los comportamientos a veces extraños de quienes se ven sumidos en una situación tan extrema, este libro aporta material de primera mano que, repito, creo que es totalmente sincero y estremecedor a la vez. Pese a sus trescientas páginas se lee con enorme facilidad, y nos puede dar pie a mirar ese terrible episodio desde alguna perspectiva diferente a las que con los años hemos asumido como inamovibles.

martes, 20 de octubre de 2020

Elizabeth Duval: Reina

Idioma original: español

Año de publicación: 2020

Valoración: interesante, pero ingenuo

Declaro abiertamente que empecé a leer Reina con la mejor de las actitudes, cuestión que no negaré que pueda ser un paraguas protector: hay libros cuyo contexto parecen obligar a un pronunciamiento favorable a priori. Autora joven (creo que no mencionaba tal circunstancia desde que reseñé a Jenn Diaz, ha llovido mucho), perteneciente a ese pujante universo LGTB, notable activista y de popularidad ascendiente que se ha ganado a pulso con las más variopintas pinceladas de presencia mediática. Actualmente, estrenada la veintena, residente en París donde cursa un doble grado en esas carreras que, se dice aquí y lo considero muy triste, abocan al paro, una de ellas, claro, Filosofía.

Digamos que un escenario propicio para esperar cualquier cosa, incluyendo, por supuesto, descaro, osadía, prepotencia, contundencia, intimidad, sea en lo personal, sea en lo meramente intelectual, sea en lo estrictamente literario. Porque Reina es, primero de todo, un diario de una estudiante fuera de su ciudad natal (Alcalá de Henares), y ya sabemos, otro estereotipo, lo que es la vida de los estudiantes ubicados en las grandes ciudades europeas, cuajada de fiestas, de relaciones, de libertad de movimiento, etc. (a no ser, ejem, que se presente una pandemia). 

Todas estas cuestiones, por supuesto, posteriores al, para mí, desprendimiento necesario de la primera capa de la novela. Ya reseñando a Paul B. Preciado, al que se dedican algunas páginas de este libro, anoté la conveniente separación del proceso fisiológico de la adecuación de género como elemento temático, como manera de desnudar el hecho, despierte la lógica curiosidad a cierto lector, del núcleo literario, de la expresión artística pura del autor. Y agradezco a Duval que haya limitado la presencia de ese hecho a dos párrafos, casi gemelos, en los que enumera su toma periódica de fármacos que permiten su transición. Permiten evitar la elusión, ahuyentan a los morbosos que aquí no encontrarán carnaza, y encuentran su acomodo. Pero también, por contraste, aislan, de forma algo cruel, la falta de fuerza de algunos de los planteamientos. Reina pasa a ser, entonces, una especie de "bitácora de Erasmus", reducido a los vaivenes de una estudiante de primeros cursos de carrera en una ciudad fascinante, con sus devaneos emocionales, sus relaciones de amistad, sus escarceos sexuales resueltos, sorprendentemente, de forma algo pacata, desde luego muy poco lúbrica (para ser lectora confesa de Houellebecq), en general, demasiado cercano para mi comodidad crítica a una letanía de encuentros, diálogos y elucubraciones de aromas tardoadolescentes, que desprenden, demasiado a menudo, cierto aroma algo pretencioso, influencia segura de sus estudios en Filosofía y Literatura, con su oportuno namedropping y su lógica querencia por rematar párrafos con expresiones en francés, no siempre entendibles, no siempre necesarias.

¿Significa ello que el libro no me ha gustado? Pues no exactamente: significa que si Duval tiene la intención de que la literatura sea, digamos, su expresión artística o su ocupación principal, deberá, tiempo desde luego tiene por delante, desenfocar su obra de su mera existencia y de su experiencia propia. Dudo que tan pronto quiera encasillarse como alternativa de autoayuda a la comunidad trans. Desprenderse también de esa capa, la ligeramente narcisista por la cual se cuela esa percepción, la de que es una chica joven e intelectual que abandera un cierto activismo en el que encontrará curiosos y aduladores que van a aplaudirla por todo su envoltorio y quizás, siento decirlo así, prescindan de buscar mucha profundidad literaria.

Las veinte páginas finales, por cierto, en las que la autora se enfrasca en una suerte de ensayo de justificación/coartada de la concepción y desarrollo del libro, confirman, gracias S.P.I. por la oportuna asistencia en las sensaciones sobre la obra, que la novela no acaba de hilvanarse como tal: una mera yuxtaposición de 140 páginas de diario algo frívolo más 20 páginas de relativa (relativa: 20 años) empanada intelectual.

domingo, 20 de septiembre de 2020

Gonzalo Torrente Ballester: Los cuadernos de un vate vago

 
Idioma original: castellano
Año de publicación: 1982
Valoración: Está bien

Hasta ahora había leído libros de muy diferente origen y formato; pero no recuerdo haber conocido un texto procedente de grabaciones de voz en un magnetófono (puede que haya quien no sepa lo que es un magnetófono, pero para eso está la Wikipedia). Es justo lo que son estas reflexiones de don Gonzalo, registradas desde 1961 hasta 1972, para las más antiguas de las cuales (supongo que luego se iría modernizando) utilizó un Geloso, ingenio italiano bien bonito, uno de cuyo modelos aún hoy tengo el honor de poseer en mi casa (foto de por ahí abajo).

Por lo visto, al autor de Los gozos y las sombras y La saga/fuga de J.B. le hizo gracia la aparición de semejante aparato, y decidió entretenerse con él y de paso sacarle alguna utilidad. Por lo que se deduce del libro, Torrente utilizó las grabaciones sobre todo como apoyo a su trabajo literario, pero el formato hace que resulte inevitable una segunda función, seguramente no buscada, como diván de psicólogo. Son las dos vertientes que conviven en el texto, y que paso a exponer brevemente.

El periodo que abarcan las cintas es quizá el menos productivo en la trayectoria del autor. Buena parte de sus reflexiones están registradas durante sus largas estancias en Estados Unidos, donde ejerce como profesor de Universidad, y el hombre siente su creatividad atascada. Parece ser que no es muy amigo de tomar notas, y todo fluye en su cabeza, van y vienen ideas sobre sus personajes, la forma de encajarlos en el argumento y los distintos rumbos que este puede adoptar. Algunas le cuadran con lo previsto, otras le obligan a rehacer el trabajo o le hacen cambiar de dirección, y bastantes de ellas simplemente se le olvidan. Este hombre no parece ser el escritor profesional que se impone un horario para sentarse frente a la hoja en blanco y obligarse a trabajar. O sea que viene a ser una especie de anti-Murakami, ese metódico caballero a quien solo parece faltar un software de control laboral para fichar al inicio y al final de su jornada. Nada estajanovista, Torrente es un hombre normal, que siente la necesidad de escribir pero a quien muchas veces le puede la desgana y la pereza (de ahí el adjetivo del título). 

En esta época, aparte de otras obras menores, se encuentra pergeñando lo que luego sería La saga/fuga –iniciada con materiales de Campana y piedra, que creo que no llegó a publicarse como tal-, y ahí estaba precisamente mi principal foco de atención. Me interesaba saber cómo este autor tan poco dado a la fantasía y la experimentación se decidió por explorar caminos tan diferentes en esta obra. Pues en fin, curiosidad insatisfecha, porque en las reflexiones de Los cuadernos… no hay una sola pista sobre el tema, como si don Gonzalo no estuviese haciendo nada demasiado diferente de lo anterior y posterior. Así que desde este punto de vista –muy particular, lo reconozco- el libro decepciona las expectativas; no así si nos contentamos con escudriñar un poco en el proceso creativo, cómo se van fraguando las tramas o cómo percibe el autor el crecimiento de su obra, cómo los personajes van cobrando vida, enriqueciéndose o incorporando nuevos caracteres que a lo mejor cambian su fisionomía y exigen un replanteamiento del relato.

El otro aspecto que encierra el texto es indudablemente el personal. Como apuntaba antes, la confesión personal no es para nada el objetivo con que el autor gallego emplea el magnetófono, pero es imposible que no se filtre en horas y horas de grabaciones, muchas de ellas realizadas lejos de su tierra y su familia. Las cuitas de Torrente Ballester se van colando en los mensajes poco a poco, y en ocasiones adquieren un tinte bastante sombrío. Estamos ante el escritor que pasa por problemas económicos (o sea, un modelo bastante corriente), ya mayorcito (sobre los sesenta o poco menos), que siente el cansancio de las largas temporadas solo en Nueva York, va notando su salud poco a poco más deteriorada y se siente con frecuencia bloqueado en su trabajo y hasta se diría que aburrido. El hombre hace cálculos  sobre el tiempo que le falta para cobrar unos trienios y sobre las fechas en que ha de entregar su material para recibir algo del editor. Reflexiones propias de cualquier currante, pero que, no sé por qué, muchas veces no asociamos a un escritor.

Así que, bueno, es el típico libro para muy interesados en a) el proceso creativo, b) el autor en concreto, o c) lo que pasa por la cabeza de un tipo normal que se dedica a la literatura. Porque eso es lo que transparenta en el fondo de estas peculiares grabaciones: un señor mayor que, al mismo tiempo que se inventa historias y personajes, piensa con preocupación en cómo quedará su familia cuando él falte, echa de menos su casa y su país, y tiene que dedicarse a cosas que no le satisfacen del todo para ir tirando. Como usted y como yo. El oropel de los homenajes y el dinerillo de los premios vendría unos años después, pero él no lo sabía. 


Otras obras de Gonzalo Torrente Ballester en ULAD: La saga/fuga de J.B.La muerte del decanoFilomeno, a mi pesarLa isla de los jacintos cortados

viernes, 20 de marzo de 2020

Kurt Vonnegut: Barbazul

Idioma original: Inglés
Título original: Bluebeard
Traductora: Gemma Rovira
Año de publicación: 1987
Valoración: Está bien

A Barbazul le falta algo. Alma, quizás. Derrocha oficio, técnica, intencionalidad y bagaje literario, pero le falta alma. Igual que a las pinturas de Rabo Karabekian, protagonista y narrador de esta novela. Quien, por cierto, tuvo un cameo en Desayuno de campeones, otra obra de Kurt Vonnegut.

Además de alma, a Barbazul le falta empaque. Vonnegut es incapaz de explorar en profundidad, o siquiera dar utilidad, a varios de los elementos y temas que configuran el texto. Véase, por ejemplo, las referencias mitológicas (esos cíclopes y gorgonas), los zapatos y los zapateros, las diferencias entre el "kitsch" y el Arte, el homenaje al cuento de Perrault al que el título alude, algunos personajes secundarios, la identidad armenia, etc, etc... En otras palabras: el escritor montó un mueble y al terminarlo vio que le sobraban tornillos, pero la cosa se tenía en pie y decidió dejarla así.

¿De qué trata Barbazul? Básicamente, es una especie de diario y autobiografía del ya mentado Karabekian, pintor ficticio vinculado con los expresionistas abstractos americanos. El mundillo del arte y la fauna que lo rodea son, por tanto, el telón de fondo de esta historia. Si bien Vonnegut saquea tópicos del imaginario colectivo para pergreñarlo, lanza algunas reflexiones en torno a él bastante graciosas. Otro tema que aborda Vonnegut es la guerra (¡sorpresa!). Tema que, pese a las veces que ha tocado, todavía no ha agotado. En serio, hay por aquí ideas al respecto que son tan frescas como aquéllas que se le ocurrieron en sus primeras ficciones.

Como decía, el mueble se tiene en pie. A fin de cuentas, Barbazul se lee rápido pese a sus más de trescientas páginas, tiene una voz narrativa definida, cobija a personajes memorables, deja caer reflexiones interesantes, encuentra con portentosa intuición varios "leimotiv" que la enriquecen, está permeada por el humor cínico y desencantado de Vonnegut y hace un retrato certero de los años en que se ambienta. De modo que la recomiendo a todo aquel al que le apetezca una novela de redención sencilla y moderadamente audaz. Mientras no acudáis a ella con altas expectativas, seréis capaces de disfrutarla.

La traducción de Gemma Rovira, que Hermida recupera de una edición previa de Anagrama, está plagada de gazapos. Eso sí, consigue imprimir a Barbazul la ligereza e informalidad típicas de Vonnegut.


También de Kurt Vonnegut en ULAD: Aquí

lunes, 18 de noviembre de 2019

Egon Erwin Kisch: ¡Escríbelo, Kisch!

Idioma original: Alemán
Título original: Schreib das auf, Kisch!
Traductora: Rosa Pilar Blanco
Año de publicación: 1930
Valoración: Recomendable

El reportero Egon Erwin Kisch (1885-1948) luchó como cabo del ejército austrohúngaro en la Gran Guerra. Estuvo en el frente serbio primero y en el ruso después. ¡Escríbelo, Kisch! es su diario de campaña, y abarca desde su movilización en el verano de 1914 hasta el momento en que es herido en la primavera de 1915. Huelga decir que este testimonio tiene un valor incalculable; como documento histórico, por supuesto, pero también en tanto que artefacto literario.

¿Por qué en tanto que artefacto literario? Me explico. En primer lugar, porque puede leerse esta obra como si de ficción se tratara; a ratos, su protagonista recuerda a un personaje salido de una picaresca moderna. Pero, sobre todo, porque la prosa de Kisch es deliciosa. Uno nunca tiene la impresión de estar frente a un texto periodístico. Kisch trasciende el mero registro taquigráfico de los hechos e imprime en ellos factura estilística, bellísimas descripciones, referencias eruditas, ingeniosas observaciones, lúcidas reflexiones y algo de humor desencantado. Todo lo narrado se transmite de un modo directo y vívido. Kisch escribió estas páginas cuando tenía hambre, cuando pasaba frío, cuando estaba bajo fuego enemigo, robándose horas de sueño, con escasa iluminación, incómodo, y esto se nota. Vaya si se nota. 

Resulta sorprendente que este diario burlara la censura militar. Y es que Kisch se mofa en él de sus aliados (superiores incluidos), de la idiosincrasia del ejército del cual forma parte, de su patria... No deja títere con cabeza, vamos. La ironía es, junto a las bondades previamente destacadas (su valor testimonial y la prosa con que ha sido redactada), uno de los puntos fuertes de esta obra.

Con tal de preservar la frescura de sus apuntes, Kisch decidió no modificarlos a posteriori. Este apego al material original no lastra en lo absoluto al conjunto. Aunque este volumen tiene pasajes lentos o repetitivos, no son demasiado ostentosos y contribuyen a transmitir la honestidad de Kisch. En fin, que ojalá quedaran más "reporteros frenéticos" como tú, Kisch. Perspicaces, sinceros, cultos y con sentido del humor. Falta nos hacen. 

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Marguerite Duras: El dolor

Idioma original: francés
Título original: La doleur
Año de publicación: 1985
Traducción: Clara Janés
Valoración: muy recomendable

Como profano en la obra de Marguerite Duras, salvo por la escueta consulta que he efectuado en la red y la información contenida en solapa y post-data de este libro, me limitaré a apuntar que no sé si esta es una obra representativa. Parece una publicación de un escritor que, en el fragor de una gran repercusión, rescata escritos a requerimiento de cierta presión, no editorial, más bien percibo que como consecuencia de ese gran éxito que acarrea entrevistas, interés desmedido, cierta euforia bien entendida a la que se intenta dar respuesta.
Bueno, también sabía sobre Duras que era la casera (supongo, real) de Vila-Matas, en la notable París no se acaba nunca.
Hecha esta breve puntualización, El dolor es una obra muy notable. Una demostración, a tenor de lo apuntado por la autora (diarios que apenas recuerda haber escrito), de que incluso abordando textos íntimos, dígase menores o sin una intención directa de ser divulgados, ciertos escritores lo son, y punto. Hasta dirigiéndose al papel en blanco, Duras es aquí extremadamente respetuosa con la forma, disponiendo de un fondo, de unos hechos reales y vividos que ya son fascinantes de por sí. El grueso de este libro, sus cuatro primeros relatos, se circunscriben en diferentes momentos relacionados con la Segunda Guerra Mundial, con la Francia ocupada, con la Resistencia, los colaboracionistas y con el durísimo e incierto proceso de la repatriación de los prisioneros de los campos de concentración.
Robert L., marido de Duras, es uno de ellos, un prisionero que, cuando el conflicto está acabando, está en uno de los campos que ha sido liberado. Duras le espera y acude al Servicio de Indagaciones a saber qué ha sido de él. El caos reina, se sabe de las medidas desesperadas que los nazis han aplicado cuando han sospechado que van a ser derrotados y sus actos serán juzgados. Se habla de las marchas de la muerte y de los fusilamientos. Hasta aquí, podríamos decir que se trata de una narración lógica de la desesperación ante la incerteza. Pero Duras la quiebra cuando confiesa que, en ausencia de su marido, tiene ya una nueva pareja, D., igualmente miembro de la resistencia y colaborador activo en las indagaciones. No es la única ruptura con el estereotipo: Duras mismo reconocerá un par de relatos más adelante (pero igualmente en uno de los cuatro relatos marcados como “reales”, o sea, no “creación”) haber dirigido una cruel sesión de tortura donde un colaboracionista con la Gestapo es duramente golpeado en la oleada de represalias post-liberación. Entre estos dos relatos, un fascinante episodio en el cual Duras mantiene contacto con un mando alemán, el que detuvo a su marido y que sorprendentemente se presta a ayudarla, en una tensa relación de desconfianza mutua que parece ir a adquirir tintes trágicos en cualquier momento. Fascinante segundo relato que completa un terceto inicial que bien podría resumir la esencia del conflicto: la tragedia, la traición, la venganza.
Todo ello escrito en un tono solemne pero no lacrimoso, siempre (recordemos, el punto de partida es un diario) con una sinceridad descarnada antes que grandilocuente. Los diarios de la supervivencia en el peor de los escenarios y un documento estremecedor por el mero hecho de ser eso: sencillo, sincero, resignado, pero no exento de rabia.

sábado, 1 de junio de 2019

Louisa May Alcott: Fruitlands. Una experiencia trascendental

Idioma original: Inglés
Título original: Trascendental Wild Oats and excerpts from the Fruitlands Diary
Traducción: Consuelo Rubio Alcover
Año de publicación: 1873
Valoración: Curioso y recomendable

El abandono de la "civilización" y el acercamiento a la Naturaleza en busca de lo que podríamos calificar como una "vida más pura" forman una parte importante de la cultura y de la literatura estadounidense del siglo XIX. El ejemplo que a la mayoría le vendrá a la cabeza será el Walden de Thoreau, pero lo que pocos sabrán es que la célebre autora de "Mujercitas" también estuvo metida en estos inventos, aunque fuera cuando apenas contaba con diez años de edad y lo hiciera llevada por sus padres, el filósofo trascendentalista (e íntimo amigo de Ralph Waldo Emerson) Amos Bronson Alcott y la trabajadora social Abba May.

El "invento" de la familia Alcott - May fue la comuna utópica y trascendentalista de Fruitlands, la cual se regía por una teórica asignación de tareas según los intereses y capacidades de cada cual y por una a priori igualitaria distribución de recursos. Algunos de los principios que regulaban la vida de Fruitlands fueron, por ejemplo, el pacifismo, el veganismo, el rechazo frontal al dinero (raíz de todo mal) y al producto del trabajo "esclavo", etc. No parece mal idea, ¿verdad? 

El caso es que, como tantas otras experiencias similares, "Fruitlands" terminó en un estrepitoso fracaso. Y es que el entusiasmo inicial chocó violentamente con la ausencia de recursos (económicos, laborales, etc) y  con la cruda realidad, esa que tozudamente nos demuestra que la suma de individuos imperfectos da como resultado una sociedad imperfecta.

La estancia de la familia Alcott - May en la comuna utópica y trascendentalista apenas duró un año y debió marcar tanto a la pequeña Louisa como para escribir, 30 años después, un relato narrando la estancia de la familia en la comuna de Fruitlands. El relato, de apenas 40 páginas, muestra esa tozuda realidad, los errores y aciertos y los defectos y virtudes de los pioneros. Es, por tanto, un relato pasado por el tamiz de la distancia que da el tiempo, lo que contribuye a su objetividad y al sentido crítico del mismo. La única pega que se le puede poner es su brevedad. Creo que el tema daría para una novela "de las gordas". Quizá fueron las estrecheces económicas por las que la autora atravesó durante toda su vida lo que lo impidieron, aunque esto es solo una hipótesis.

Acompañan al relato una serie de "anexos", a cual más curioso.  Destacan, por encima de todo, los breves diarios escritos por la propia May Alcott durante su estancia en Fruitlands. Pese a su carácter infantil (He ido a clase como de costumbre y he estado jugando hasta la comida...), en algunos fragmentos deja entrever una llamativa capacidad de observación para descubrir grietas en el mundo de los adultos. No menos interesantes son las cartas escritas por Amos Bronson Alcott y Charles Lane, dos de los "líderes" de la comuna, en las que explican sus objetivos y principios y la introducción y el posfacio, escritos por Julia García Felipe y Pilar Adón, que cumplen la doble función de introducirnos en la vida, obra y pensamiento de una autora cuyo legado va mucho más allá de la archiconocida "Mujercitas".

También de Louisa May Alcott en ULAD: Detrás de la máscara

viernes, 24 de mayo de 2019

Sherman Alexie: El diario completamente verídico de un indio a tiempo parcial

Idioma original: inglés
Título original: The Absolutely True Diary of a Part-Time Indian
Año de publicación: 2007
Traducción: Clara Ministral
Valoración: entre recomendable y está bien

Para quien no lo conozca, Sherman Alexie es un escritor indio (me refiero a "nativo americano", no a oriundo de la India, pero empleará en la reseña el término "indio" porque es el que él utiliza), autor, hasta donde yo conozco, de varios libros de cuentos y de al menos una estupenda novela con formato de thriller, Indian Killer, aunque en realidad, como toda su narrativa, trate sobre los problemas de su comunidad y sobre las vicisitudes que acompañan a las identidades culturales minoritarias. Lo mismo ocurre en el caso del libro que nos ocupa, en principio una novela destinada al público juvenil y que, además de ganar el National Book Award de su categoría en 2007, tiene el doble y gran honor de haber sido considerado por la revista Time como "el mejor libro para jóvenes de todos los tiempos" y, por otra parte, figurar en un lugar destacado de la lista de libros prohibidos que recopila anualmente la American Library Association (qué os voy a decir, también está Matar a un ruiseñor...); ¿las razones? Pues contenido sexual explícito (básicamente onanista, puntualizo) y blasfemias contra diversas instituciones e incluso la religión (vale, hay un chistecito sobre Jesucristo, tampoco es para tanto... aunque supongo que en sitios como Alabama se los tomarán a mal). 

La verdad es que a tenor de lo que nos cuenta la historia, unas cuentas blasfemias es  lo menos que podríamos esperar de su protagonista, un chaval de catorce años llamado Arnold Spirit Junior, que vive en la reserva Spokane, en el estado de Whasington; además de los problemas inherentes a la comunidad en la que ha nacido (al racismo y la pobreza generalizada que padecen, en  la población de indios norteamericanos el alcoholismo y las muertes violentas asociadas a éste constituyen una auténtica pandemia), Junior nació con hidrocefalia, que, pese al pertinente tratamiento médico, le aparejó una serie de problemas físicos, locomotores y logopédicos que le convierten, a ojos de sus vecinos de la reserva, en el chivo expiatorio perfecto para descargar en él todas sus frustraciones y administrarle abusos tanto físicos como verbales... vamos, que le canean un día sí y otro también, pese a la protección de su familia y su único amigo, el muy conflictivo Rowdy. Junior, que aunque lo parezca no tiene un pelo, decide un buen día, aconsejado por un profesor, abandonar el instituto de la reserva y matricularse en el de Reardan, un pueblo a 35 kms. de distancia. Un pueblo lleno de blancos, por lo que se convierte en el único indio y posiblemente el alumno más pobre del instituto.  

Esta novela, escrita en forma de diario, trata justamente de lo que le sucede a Junior ese primer año en el instituto de los blancos, de las dificultades con las que se encuentra y cómo las afronta. También las tragedias que, por desgracia, vive su familia, los sinsabores y momentos tristes, que aúna sí, en muchas ocasiones están contados con un humor algo negruzco (no sé si será típicamente indio) que le concede a este libro un sabor agridulce. En todo caso, este truco del "diario adolescente" o al menos de contar la historia desde la primera persona de un chaval, es muy habitual, tanto en exitosas pero inocuas series de libros (El diario de Greg, Diario de Nikki...), como en otros no menos exitosos y que incluso trascienden el público adolescente, como el para mí algo irritante El curioso incidente del perro a medianoche; en comparación, El diario completamente verídico... resulta más adulto y posiblemente más sincero -en el sentido de que es más que probable que recoja buena parte de la experiencia vital de su autor-, pero, a pesar del tono desenfadado y hasta cómico en ocasiones, no resulta tan hilarante como otro de los hitos de este "subgénero": El diario de Adrian Mole (uno de los libros con los que yo más me reí en mi adolescencia).

En fin, que al contrario que la opinión sin duda bienintencionada pero sin lugar a dudas estúpida de tanto profesor, orientador o bibliotecario norteamericano que consideran este libro pernicioso para los jóvenes, a mí me parece de lo más aconsejable para la muchachada.  Dejando a un lado (o mejor, sin dejar  a un lado) el lenguaje sexualmente explícito, la violencia explícita, las menciones explícitas al alcohol y la crítica -en apariencia- hacia el orden mundial bienpensante, es un libro que pude servir de referente a cualquier chaval que deba desenvolverse en una situación en la que se ve convertido en  la minoría más débil; sea un indio o negro en un instituto de blancos, un inmigrante musulmán en la desconfiada Europa, una chica en una ámbito mayoritariamente masculino o un discapacitado en un mundo de supuestos "capacitados". Pero sobre todo, es un libro que puede servir para educar a quienes constituyen o creen constituir la mayoría, para aprender a ser más tolerante y respetuoso con todo el mundo, que es de lo que se trata; para ser menos gilipollas,vaya... que diría Junior y suscribo yo...

¡Ah, y tiene dibujicos, que siempre dan alegría!


sábado, 3 de noviembre de 2018

José María Arguedas: El zorro de arriba y el zorro de abajo

Idioma original: Español
Año de publicación: 1971
Valoración: Muy recomendable

La contundencia de una primera frase como "En abril de 1966, hace ya algo más de dos años, intenté suicidarme" hace presagiar una autobiografía oscura o turbia, pero "El zorro de arriba y el zorro de abajo" es algo mucho más complejo. Escrito en 1969 y publicado tras la muerte de Arguedas, se trata de un libro absolutamente rompedor, innovador y original que consta de tres vertientes (realidad, ficción y mito) interrelacionadas.

Estructuralmente, en "los zorros" se alternan los diarios personales del escritor, la ficcionalización de la grotesca y esperpéntica ciudad de Chimbote y una serie de diálogos de carácter mítico entre el zorro de arriba y el zorro de abajo. 

Los diarios de Arguedas, que por momentos traen a la mente "El oficio de vivir" de Pavese, muestran un hombre en descomposición que habla de su desesperación y de sus intentos de suicidio, pero también de la función de la literatura o del propio proceso de escritura de "los zorros". Se trata, en resumen, de unos diarios a medio camino entre la confesión personal y el texto metaliterario.

Así como los diarios son el reflejo de un hombre en descomposición, la parte novelada es la historia de una sociedad en crisis. Esta parte ficcional, novela inconclusa que contiene el germen de una obra mucho más vasta, narra los conflictos socales, económicos y culturales que tienen lugar en Chimbote, el mayor puerto pesquero del Perú, en una época de pleno auge económico. Se trata de una novela realista (me recuerda por momentos a la magnífica "Tiempo de silencio") que presenta un variado hormiguero de hombres y destinos, pero siempre dando voz a los que normalmente no la tienen (cholos, serranos, mestizos..., lo que vendría a ser la "gente de arriba"). El centro de la novela radica en la pérdida de identidad social y cultural, de costumbres y tradiciones, que la modernidad y el capitalismo salvaje provocan en la "gente de arriba" llegada a Chimbote en busca de una vida mejor. Buena muestra de esos conflictos y pérdidas son los casi desesperados intentos de integración de "la gente de arriba" siguiendo patrones de conducta de los costeños (la gente "de abajo"), muchas veces impulsados por los propios patronos con sus técnicas de dominación cultural y económica (mafias, infiltrados en sindicatos, prostíbulos...).

Destaca en esta parte novelada la voz que Arguedas da a la gente "de arriba". No hay adornos, los cholos y los serranos hablan como tienen que hablar, con un léxico plagado de "motes" (palabras o frases castellanas pronunciadas erróneamente) y de vocablos quechuas, lo que, pese a entorpecer la lectura para un lector europeo (o incluso de otras zonas de Latinoamérica), otorga gran credibilidad al relato y refuerza la sensación de desarraigo de esas gentes.

Por último, la parte mítica del libro es la más breve. En ella, los dos mitades del Perú (costa y sierra, arriba y abajo) dialogan en busca de una esperanza de entendimiento entre ambas.

Resumiendo, "El zorro de arriba y el zorro de abajo" ha supuesto para mi el descubrimiento de otro autor al que el boom relegó a un segundo (o tercer) plano olvidado y de una obra sumamente compleja (y complicada por momentos), ambiciosa y original que es, además, un ejercicio de cruda realidad para los lectores alejados de los territorios en los que se desarrolla la novela. Y es que esta vez las gentes "de arriba" no son elementos folklóricos ni exóticos, sino seres de carne y hueso enfrentados a terribles contradicciones expuestas por Arguedas en toda su crudeza y verosimilitud.

También de José María Arguedas en ULAD: El Sexto

lunes, 15 de octubre de 2018

Semana del arte #1: Sylvia Plath: Dibujos


Idioma original: Inglés
Título original: Drawings
Traducción: Guillermo López Gallego
Año de publicación: 2014
Valoración: Recomendable para interesados

Este volumen rescata la obra gráfica de Sylvia Plath, una de las mejores poetas norteamericanas del siglo XX. El encanto de Dibujos, pues, más allá del que pueda tener su cuidada edición, es el de dar visibilidad a la faceta artística de Plath; faceta oculta bajo la densa sombra que proyecta su trabajo literario. 

Dibujos recopila un total de cuarenta y cinco apuntes. La gran mayoría han sido hechos con pluma y tinta, aunque en alguno que otro se ha utilizado el lápiz. Todos estos apuntes se han tomado del natural y son completamente respetuosos, a la hora de plasmarlo, con el referente al que aluden: o bien lo retratan con fidelidad, o bien lo idealizan con gracia. Es por ello que el acabado general de estos dibujos oscila entre la minuciosidad naturalista y el preciosismo halagador. De modo que no os podéis imaginar mi desconcierto cuando la propia Plath afirma que se inspira en el primitivismo, y que persigue dicho acabado formal en sus obras. Lo cierto es que nada me parece más opuesto a la burda y arcaica tosquedad del primitivismo que estas estampas contemporáneas de motivos cotidianos, refinadas y hasta cierto punto virtuosas. Para que os hagáis una idea, Plath llegó a vender algunos de estos dibujos para ilustrar publicaciones en revistas que exigían un estilo tipo The New Yorker. Así que, ¿soy el único incapaz de establecer una relación entre ellos y el primitivismo?

Casi todos los dibujos compilados en este libro (excepto dos) son monocromos, basados en el fuerte contraste que existe entre el negro de la tinta y el color neutro del soporte. En ellos, la línea es omnipresente (la mancha, en cambio, aparece mucho menos), y define tanto el contorno de las figuras como sus volúmenes o texturas. Se nota que Plath tiene algunos problemas resolviendo la figura humana, sobre todo su anatomía; en cambio, presenta una facilidad envidiable a la hora de afrontar paisajes, objetos o animales. También se le da de maravilla el planteamiento espacial del dibujo: sus composiciones, a veces más tradicionales, en otras ocasiones más atrevidas, siempre ofrecen un atractivo diálogo entre los distintos elementos que componen sus dibujos, soporte incluido.

Se hace extraño saber que esta producción gráfica, tan bella y sosegada, acompañada por unas cartas y un diario íntimo igual de luminosos, son de Plath. Cualquiera que haya leído su lírica contrastará estas encantadoras imágenes, estos textos optimistas, con la voz áspera y amarga que impera en la poesía de la autora. Ya puestos, ¡quién iba a decir que una persona que escribe estas cartas, que dibuja así, acabaría quitándose la vida! Sucede, sin embargo, que el material recopilado en Dibujos (es decir, tanto las misivas y el diario como los propios dibujos) es previo al sufrimiento que acuchilló la biografía de su autora. Pertenece, de hecho, a uno de sus periodos vitales más pletóricos y felices: justo cuando obtuvo una beca Fulbright, se casó en secreto con Ted Hughes y visitó con él, en su idílica luna de miel, París y España.


En definitiva, Dibujos es un libro encantador. En especial para alguien como yo, que adora este tipo de propuestas. Quizás trascienda por poco la mera anécdota bibliográfica, pero creedme cuando os digo que hará las delicias del interesado. Y, ya de paso, dejadme aprovechar esta oportunidad para recomendar también las recopilaciones de dibujos de otros tres poetas: Jean Cocteau, Federico García Lorca o Günter Grass. ¡No tienen desperdicio!  


miércoles, 3 de octubre de 2018

Miquel Barceló: Cuadernos de África


Idioma original: francés, catalán y castellano
Traducción: Nicole d´Amonville Alegría
Año de publicación: 2003
Valoración: Se deja leer

Suelen gustarme este tipo de textos, es decir, cuadernos de campo, libretas con apuntes de gente que se encuentra en distintos lugares haciendo algo. Y en general, me interesan más cuantas menos pretensiones literarias haya en su origen. Hay libros de viajes o ensayos muy estimables en torno a países o culturas sobre las que el autor pretende instruirnos: en tonos muy diferentes, todos los de Kapuscinski, el maravilloso de Michaux reseñado hace poco, o los más ligeros y comerciales de Javier Reverte, por ejemplo. Pero esto es otra cosa, hablamos ahora de anotaciones sueltas, sin intención inicial de ser publicadas, reflexiones de alguien que se encuentra fuera de su zona de confort geográfica, y simplemente apunta cosas. En tales casos lo atrayente es en principio la espontaneidad de lo escrito.

No sabemos cómo demonios se le ocurrió a Miquel Barceló viajar por primera vez a Gao (Mali), ‘el pueblo más pobre de uno de los países más pobres de la Tierra’, pero el caso es que repitió continente una y otra vez, casi siempre en el mismo país, donde parece encontrar algo de lo que carece en Europa. En los últimos apuntes se pregunta el pintor el por qué de sus regresos, puede que sea el ‘mal de África’ que cantaba Battiato, pero tampoco nos importa mucho el motivo, lo que nos interesa es que está allí y qué siente o qué ve, qué sensaciones suscitan esos lugares. Buscamos en sus notas indicios de cómo puede todo esto influir en su obra, en sus conceptos sobre el arte o sobre cualquier otra cosa.

Las experiencias iniciales en Gao, allá por 1988, son las más interesantes, tal vez por lo insólito. Habla Barceló sobre asuntos más o menos esperables, como los paisajes, las gentes y sus peculiaridades, los insectos o los problemas con las aduanas. Pero también –y esto me interesa más- sobre su trabajo: las termitas se comen los dibujos y el viento es tan caliente e intenso que la pintura se seca antes de llegar al lienzo. No lo dice Miquel, pero tiene uno intuiciones sobre obstáculos para la creación artística, la futilidad de las obras o la necesidad de buscar allí mismo la forma de hacerlas perdurables. Compra el artista en los mercados objetos insólitos que acompañan sus creaciones, a veces quizá las inspiran. Charla con los viejos de las aldeas y, en definitiva, no obstante las naturales dificultades, parece perfectamente adaptado al medio.

¿Cuál es el problema entonces? Pues que pasan los años, se repiten las estancias de uno o dos meses, y esto empieza a parecer un poco escaso. Sí, bueno, deja caer el autor lo que parece alguna reflexión de calado (las cosas en África parece más reales y pintables que cualquier calle de París, viene a decir), imágenes curiosas (se instala Barceló en una cueva al borde del gran acantilado que limita el país de los dogones) o breves referencias al descubrimiento de nuevos materiales (un tejido vegetal llamado tapa, fibras de coco, asfalto de Adjamé). Pero entre listas de libros, aventuras con coches averiados y dolencias intestinales cada vez cuesta más encontrar cosas interesantes que no se hayan dicho antes. Por esta razón acaban haciéndose más visibles algunos comentarios y actitudes que, como lector, empiezan a fastidiar un poco: una frase muy desafortunada sobre la muerte de un piloto del Paris-Dakar, algunas estupideces sobre las ONGs, un tonillo de desprecio/superioridad hacia los tubabs (turistas), y una afición hacia lo escatológico que en algún momento puede tener su gracia, pero si se reitera mucho termina resultando pesada.

Dirá Barceló que qué le importa si sus opiniones o sus notas parecen vacías o poco interesantes. Pero la mala noticia es que aquí estamos precisamente para opinar sobre un texto publicado, y la sensación que me trasmite es de que una parte demasiado importante del libro se queda en nada, y que las reflexiones realmente interesantes acaban siendo muy pocas. Es más, creo que Barceló no le saca partido a lo que podían haber sido algunas buenas historias. Seguramente no siente la escritura como su medio de expresión (él mismo reconoce sus limitaciones literarias), y sencillamente no se le ocurrió dejar constancia de otras cosas. Así, el libro cuenta lo que cuenta, es lo que hay.

Puede que todo derive de la propia naturaleza del texto, quizá es que deberíamos limitarnos a verlo como un documento, como podrían serlo unas fotografías hechas al azar, sin pretensiones artísticas. No le podemos pedir casi nada más allá de la espontaneidad, pero bueno, es una curiosidad en torno a un pintor famoso y sus estancias en un lugar exótico. Y, eso sí, viene acompañado de unos cuantos dibujos y bocetos que harán las delicias de sus fans.

Y no sé si me ahorro el 'decepcionante' porque en el fondo le acabo encontrando algún interés, o solamente porque sé que me está mirando Oriol.