Si volviera atrás posiblemente yo también eligiría uno de esos días de sol al mediodía cuando caminaba de la mano con mi viejo. Observando baldosa por baldosa, preguntándole un millón de cosas para las que siempre tenía respuesta, con o sin razón. Siempre de la mano, no la soltaba por nada del mundo.
O a alguna de esas tardes que después del colegio íbamos caminando hasta el Burger king de Cabildo y Olazábal y comíamos en la mesa del primer piso, siempre la misma, mirando la avenida. Me encantaba.
Recorríamos calle tras calle, galería tras galería. Y si tenía suerte, capaz me volvía con algún juguete o chuchería nueva a casa. Ni hablar de las veces que volvíamos tarde, tardísimo, ya de noche. Mamá siempre nos esperaba preocupada, aunque nos recibía siempre contenta.
Capaz volvería sino a una de esas tardes infinitas en el Norte, clásico de mi infancia, de avenida Congreso. Con mi bicicleta o mis rollers, haciendo un millón de veces la misma vuelta a todo el supermercado, durante horas, hasta que bajaba el sol y más. Siendo más libre que nunca, que nadie. Con Miranda o alguna amiga nueva, mientras miraba a mi viejo sentado con todas las madres, celosa como yo sola.
También volvería quizás a alguna de esas noches de calor insoportable, cuando dormíamos los 3 en el living, con el aire acondicionado prendido y los colchones en el piso. Mi primer versión de pijama party. Al día siguiente probablemente jugaría al sega sentada en el piso del living, como aquella vez que quisimos ir al club y no pudimos, porque hacía mucho, mucho calor. Volvimo a casa y Mabel me supo subir el ánimo conectándome la consola y haciéndome un sanguchito de pollo a la provenzal de la noche anterior, sabía que me encantaba.
A fin de cuentas tuve todo y no lo sabía. No lo supe disfrutar, creo yo.
Volvería a mil días distintos donde no necesitaba nada para estar bien. Volvería aunque sabría que no tiene sentido, que todo termina, que todo es finito. Que el tiempo no se detiene y está bien que así sea. O quizás no. Quizás no volvería porque entiendo que es un remedio paliativo, intentar disfrutar algo que ya pasó, que ya terminó.
Quizás me quedaría donde estoy, con las reflexiones ganadas y con la certeza de que todo sucede como tiene que suceder y que el tiempo es sabio por sí solo.
Quizás.
No volvería.