
Se atiborró de galletas, antes de cruzar el piso que la separaba de su propia casa. Por debajo de las huellas que marcaban sus zapatos, la gran carretera la entregaría sana y salva al lugar donde pertenecía. Era tarde, el umbral de la puerta dió paso a la madrugada y a un pequeño estudio con sabor a antiguo que desprendía un aroma que ella conocía bien. Frente a sus ojos el portátil...los dedos se deslizaron sobre las teclas, atraídos por el mismo magnetismo de siempre, como un impulso feroz que era incapaz de contener...pero esta vez los dedos no la llevaron hasta el mismo destino. Pasaron horas hasta que descubrieron su cuerpo latiendo todavía sobre la cama de su dormitorio. En algún lugar un crímen había sido perpetrado, pero nadie se preocupó por buscar a la víctima, por enterrar su cadaver, nadie echó de menos a ese ser ya extinto. La policia ni siquiera se tomó las molestias oportunas por revisar el caso.
Marta fue trasladada al hospital, fría y serena y aún en su estado de amnesia tuvo la certeza de que ella, había sido la asesina.
El azul ártico de las paredes del hospital clavaron en la conciencia de Marta el peso de una culpa que aún en su estado de amnesia disociativa, como la catalogó Andrés, su médico, merodeaba en su interior buscando a la otra Marta...
-No te preocupes pequeña, todo está bien – le susurró el doctor L. Andrés al oído.
-No estoy tan segura Andrés, ayer cuando conseguí llegar a casa, después de tomar todo ese alochol y de hablar contigo por el chat estoy segura de que sucedió algo...algo que no consigo recordar...algo malo...
-Marta, escúchame, tienes un trastorno de identidad disociativo, tú no has hecho nada malo, hazme caso estuvimos horas en la red, hablando y riendo. No lo recuerdas porque esto es algo que ya hemos comentado otras veces y ese trastorno de la personalidad múltiple es el que te carga con una culpa que no es tuya. Debes relajarte y continuar con la terapia, todo se va a solucionar...shhh...tranquila.
Marta cerró los ojos y se dejó acariciar el pelo, por la mano con la que horas antes había compartido virtualmente su euforia y sus secretos más inconfesables. Sedada y distendida consiguió dormirse en la camilla.
A cuatro manzanas de allí, el ventanal de un pequeño edificio de corte rústico, dejaba entrever por debajo de las cortinas de gasa a una mujer joven, dormida para siempre sobre su instrumento de pared...junto a ella, los restos una tableta vacía de barbitúricos y una botella de ginebra terminada completarían el cuadro suicida por sobredosis...el día en el que alguien descubriera el cadáver de la profesora de piano de Marta.
Marta fue trasladada al hospital, fría y serena y aún en su estado de amnesia tuvo la certeza de que ella, había sido la asesina.
El azul ártico de las paredes del hospital clavaron en la conciencia de Marta el peso de una culpa que aún en su estado de amnesia disociativa, como la catalogó Andrés, su médico, merodeaba en su interior buscando a la otra Marta...
-No te preocupes pequeña, todo está bien – le susurró el doctor L. Andrés al oído.
-No estoy tan segura Andrés, ayer cuando conseguí llegar a casa, después de tomar todo ese alochol y de hablar contigo por el chat estoy segura de que sucedió algo...algo que no consigo recordar...algo malo...
-Marta, escúchame, tienes un trastorno de identidad disociativo, tú no has hecho nada malo, hazme caso estuvimos horas en la red, hablando y riendo. No lo recuerdas porque esto es algo que ya hemos comentado otras veces y ese trastorno de la personalidad múltiple es el que te carga con una culpa que no es tuya. Debes relajarte y continuar con la terapia, todo se va a solucionar...shhh...tranquila.
Marta cerró los ojos y se dejó acariciar el pelo, por la mano con la que horas antes había compartido virtualmente su euforia y sus secretos más inconfesables. Sedada y distendida consiguió dormirse en la camilla.
A cuatro manzanas de allí, el ventanal de un pequeño edificio de corte rústico, dejaba entrever por debajo de las cortinas de gasa a una mujer joven, dormida para siempre sobre su instrumento de pared...junto a ella, los restos una tableta vacía de barbitúricos y una botella de ginebra terminada completarían el cuadro suicida por sobredosis...el día en el que alguien descubriera el cadáver de la profesora de piano de Marta.