Me incorporo y busco las zapatillas por el suelo. Las encuentro. Bien.
Cojo la derecha y me la pongo. Bien también.
Cojo la segunda y al ir a ponérmela rozo con la mano el lateral externo de mi dedo gordo del pie. Y entonces me doy cuenta de que ha pasado algo extraño. Algo no era normal en ese roce. Lo repito intencionadamente y vuelve a repetirse el raro fenómeno. Lo repito tres o cuatro veces. Ya no son roces, ahora aprieto con fuerza. Pero sigue pasando. Mi mano notaba el contacto con el dedo…pero el dedo ¡ni se inmutaba! Maaaal.
- Neneeee, no siento el dedo del pie!!
- Se te habrá dormido…
¿Dormido?? ¿Lo dedos de los pies también se duermen? Intento despertarlo. Después de unos minutos…nada, aquel no reacciona. Requetemaaal!
Aquella noche, en la cama, me costó conciliar el sueño. No hacía más que intentar hacer reaccionar al jodio dedo con el otro pie, pero no había manera. Fu!
Aquello no me gustaba nada…Y al día siguiente, a Urgencias de cabeza.
El Doc (que ya sabía la historia porque se la había contado yo por teléfono - que es mi cuñao…que todo hay que explicarlo, coñe! -) lo primero que me hizo fue una analítica. Era para descartar que no fuera falta de potasio…que mira tu que cosas, resulta que si te quedas sin reservas de potasio puedes empezar a perder sensibilidad en algunas zonas del cuerpo.
Pero mi potasio estaba en su sitio…no se había largado de fiesta ni nada de eso. Entonces Cuñaodoc, me mira pensativo y me dice:
- Mmmmm, creo que ya sé lo qué es.
- Si??? ¿El qué, el qué? ¿Es muy malo? ¿Qué es?? Dímelooooooooo!!
- Descalzate, anda…vamos a confirmarlo.
Y yo, que siempre he sido una chica muy aplicada y obediente, me descalcé y me senté. Y él saca una aguja…sin jeringuilla ni na. Sólo una aguja larguísima.
Y me dice:
- Mira por la ventana…
Y yo, que en esos momentos aún seguía siendo una chica super aplicada y super obediente, miro por la ventana.
- A ver…¿notas algo?
- Nop.
- ¿Y ahora?
- Nop.
- ¿Y ahora??
- Auuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!!! Coñeeeee! Me has pinchao!! Jooooo!
Resulta que mientras yo no notaba nada, él sólo estaba rozando la aguja por mi dedo…y cuando me pinchó si lo noté, si…joer que si lo noté, tú!!
- Vale, pues una última cosa…vuelve a mirar por la ventana.
- Nop.
- Pues cierra los ojos…
- Ja! Que te lo has creído!
(Que obediencia ni que pamplinas…)
- Pues como quieras, quédate mirando…tú verás.
(¿Yo veré??? Jo…venga vale, no miro…fu!).
- Vale, pero antes de cerrar los ojos…¿Tienes un mechero por ahí?
- ¿Mandé???? :S
Y el Cuñaodoc, encendió mi mechero y puso la aguja a calentar…
- Aaaaaaaaauuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!! Me has quemaoooooooooooo!!
Y él sonrió satisfecho.
- Pues si, era lo que yo pensaba. Deja de usar calzado acabado en punta durante una temporada y la sensibilidad volverá sola…en un mes como mucho tendrás el dedo como nuevo. Y cuando estés bien…puedes volverte a poner ese calzado de vez en cuando…¡Pero a diario no, bruta!
- Jo…pero si todas lo usan a diario…
- Pues algún día perderán la sensibilidad del dedo del pie por completo. Tú te has dado cuenta a tiempo y sólo ha sido superficial, no ha llegado a los nervios internos…por eso has notado el pinchazo y la quemadura.
Y me convenció.
Nada más llegar a mi casa aparqué en el zapatero mis adoradas Mustang (jo…con lo que me gustaban mis botitas! Arrgh!) y me puse unos tenis...
Y salí a comprarme calzado de tacón pero de punta redonda.
Y mira…ahora me encantan las puntas redondas. Resulta que Cuñaodoc me descubrió una parte de la moda zapateril que no tenía explorada y que ahora adoro!
Ahh! Y si, mi dedito volvió a ser el de siempre en poco tiempo! ^^