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Fueron las mujeres, encabezadas por Úrsula, mujer de José Arcadio Buendía, las que abortaron el intento de cambiar el pueblo de sitio. Los hombres ya empezaban a prepararse para la mudanza. Menos mal que estaban las mujeres.
Fueron ellas las que dejaron Macondo donde estaba. Seguro que algo habrán tenido que ver en el empecinamiento de Aracataca para mantener su nombre.
El alcalde pensaba en el turismo que vendría. Pero el futuro es como el hielo, que llegó a Macondo con los gitanos, fascinó a Buendía, y se fundió.
Mejor seguir siendo Aracataca, patria chica de Gabo, modelo de Macondo, y no depender de las artimañas, los deseos y la ficción de un novelista.