Fue una colonia de cría de la grulla en tiempos, hoy en día, aunque hay grullas solo están de invernada. La Laguna de la Janda, o mejor dicho, la llanura que lo fue, acoge a miles de grullas durante la invernada que pueden observarse gracias a un telescopio dado la gran distancia que nos separa de ella. Aunque desecada, esta zona mantiene niveles importantes de humedad que propician el crecimiento de pequeños vertebrados e invertebrados que sirven de alimento a estas aves. El último registro de nidificación en esta zona, y en la Península Ibérica fue en 1954, no obstante a principios del siglo XX quedaban muy pocas parejas nidificantes debido a la presión por la recolección de sus huevos. Si se recuperase la laguna, quizás volverían a criar, aunque eso no tendría porque ser inmediato ya que las generalmente vuelven a criar en el lugar donde nacieron. Restaurar un humedal es mucho más que llenarlo de agua.