'El concierto', dirigida por el francés
Radu Mihaileanu, es una película agradecida, de aquellas que te permiten salir del cine con una sonrisa de oreja a oreja. Muy recomendable para las personas que disfrutan con las fábulas, para las que no les importe derramar lágrimas de emoción y, sobretodo, para las que crean que las segundas oportunidades existen.
Hace 30 años, en tiempos de
Brezhnev,
Andreï Filipov era el mejor director de orquesta de la Unión Soviética. Acabaron con su carrera, durante un concierto de
Tchaikovsky, como represalia por no despedir a los músicos judíos que tocaban con él. Ahora trabaja limpiando en el
Bolshói. Hasta que un día
roba un fax en el que el prestigioso
Teatro del Châtelet hace una oferta al de Moscú para que actúe en
París. Filipov decide montar su propia orquestra, con antiguos compañeros, y suplantar a la de verdad.
Estoy de acuerdo que el argumento, muy bien resuelto, no es demasiado creíble... pero esto es secundario. Me quedo con la cara de alegría y las peripecias de los músicos rusos en París, con la situación política de Moscú y las referencias al Partido Comunista y con la ilusión de Filipov, al que interpreta un gran
Aleksei Guskov. Junto a él, un sinfín de buenos actores, encabezados por la guapísima
Mélanie Laurent, la propietaria del cine de
'Malditos bastardos' (2009). Aquí es la violinista
Anne-Marie Jacquet.
UNA PELÍCULA PARA MELÓMANOS'El concierto' es una película simpática, próxima, llena de tópicos -sí, es verdad- y con una música extraordinaria, interpretada por la
Filarmónica de Budapest. Además del concierto con el que Filipov quiere redimirse -tocando Tchaikowsky otra vez- hay una preciosa historia personal que no se puede contar. Lo único que avanzo es que no es casual que elija a Jacquet como solista. Reflexiones sobre el mecenazgo y sobre el miedo al fracaso completan esta película que, para mí, es totalmente imprescindible.
En la cabeza me han quedado un par de frases relacionadas con la música. Una madre le dice a su hijo, que tiene mucho dinero y ganas de invertir:
"La música ya no vale nada, se puede bajar de internet. Es mejor que compres un club de fútbol, el París Saint Germain, y que fichés a Messi. ¡Ponle de atacante!". Brutal.
'UN PROFETA'
A la espera de ver 'Ajami' (Israel), estoy convencido de que este año había más calidad entre los títulos que optaban al Oscar a la mejor película de habla no inglesa que al de la película del año. Sensacionales
'El secreto de sus ojos' (de Argentina, la ganadora) y
'La cinta blanca' (Alemania), a la que hay que añadir 'La teta asustada' (Perú) -la que menos me ha gustado- y 'Un profeta', en representación de Francia. Me ha parecido interesante.
La película de
Jacques Audiard llegó a los Oscar como una de las grandes favoritas, después de triunfar en Cannes y en los Cesar. Es la historia de
Malik, un árabe de 19 años que entra en prisión después de pegar a un policía. Para mí, lo mejor es la interpretación de
Tahar Rahim, que es quien da vida al joven. Es fantástica y muy comedida, sin ningún tipo de exceso. También trabaja muy bien el danés
Niels Arestrup, que se convierte en el mafioso corso
César Luciani. Personaje creíble al ciento por ciento.
A lo largo de dos horas y media vemos la adaptación de Malik a una dura prisión, que se transforma en un personaje más, con igual o más protagonismo que los de carne y hueso. Entra allí sin ser nadie, con un billete en un zapato y, poco a poco, va subiendo en el escalafón de internos, sobretodo gracias a la protección de Luciani. Malik es muy hábil, con una capacidad innata para negociar, con los corsos (que son los que mandan) y con los árabes (también conocidos como barbudos), que van ganando adeptos poco a poco.
'Un profeta', todo un drama carcelario, reflexiona sobre la vida y la dificultad de la redención. Una vez se entra en el círculo vicioso de la violencia no es fácil salir de él. Se puede huir, pero sólo hacia adelante. La escena final, de la que no diré nada, es de lo mejor que he visto en mucho tiempo.
'DESPIETAT PAÍS DE LES MERAVELLES I LA FI DEL MÓN'
"El ascensor continuó su ascenso imposiblemente lento. O, cuando menos, yo me imaginé que era un ascenso. No podía decirlo ciertamente: era tan lento que cualquier sentido de dirección simplemente desaparecía. Por lo que notaba, podía estar bajando, o quizás ni se movía. Pero supongamos que subía. Simplemente una suposición. Quizás había subido doce pisos y había bajado tres. Quizás había dado la vuelta al planeta. ¿Cómo podía saberlo?"Así empieza
'Despietat país de les meravelles i la fi del món' (que en castellano se ha traducido como
'El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas'). Es la última novela del escritor japonés
Haruki Murakami, padre de la sensacional
'Tokio blues' y de
'After dark', que no me gustó tanto.
La verdad es una obra un tanto complicada, a caballo entre la novela negra y la ciencia ficción. Tiene dos líneas narrativas paralelas que al final acaban convergiendo en sólo una. Murakami la escribió en 1985, pero en España no se había publicado hasta ahora. En catalán lo ha hecho Empúries, con un total de 380 páginas.
En una primera línea se nos presenta una lucha de información entre dos sociedades en un extraño Tokyo, quizás en un futuro no demasiado lejano. Se trata de los
Calculadores (que encriptan datos en sus cerebros modificados) y los
Semióticos, que quieren robarlos. Por encima, el
Sistema lo domina todo. Por debajo, en el subsuelo, viven los
Tinieblos, unos seres repugnantes que me han recordado a la
fauna de
Alfred Sánchez Piñol en
‘Pandora en el Congo’.
La segunda nos describe un mundo oscuro en el que los personajes, entre ellos el ‘lector de sueños’, no tienen sombra, ni mente ni capacidad de soñar. Se trata de una obra experimental, llena de metáforas, que nos habla de lo difícil que es entender el cerebro humano y del misterio de la muerte. Como puede leerse en la contraportdada,
"es el descenso de un hombre a la farsa del submundo kafkiano, de la compasión, de la independencia, del argot y de la filosofía". ¡Ahí queda eso!
Mientras leía la novela marqué esta frase:
"La felicidad sólo crece donde hay desilusión, depresión y pena, sin la desesperación de la pérdida no hay desesperanza".Buen fin de semana a todas y a todos.
*Creo que acabo de publicar el post más largo de la historia de 'Paranoia 68'... ¡Pero es que tenía mucha información acumulada!