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jueves, 5 de diciembre de 2013

LA FILMOTECA INVITADA: PIE DE PÁGINA

PIE DE PÁGINA
Una película de Joseph Cedar
Interpretada por: Shlomo Bar Aba, Lior Ashkenazi, Alisa Rosen,  Alma Zak y Micah Lewesohn 

 



 

Texto: Ruth Sastre Sánchez

 

Esta original película israelí, ganadora del Premio al Mejor Guión en el Festival de Cannes de 2011 y nominada como mejor película extranjera en la pasada edición de los Óscar, tiene uno de los guiones más sencillos y a la vez perspicaces que he visto en los últimos tiempos.

 

El argumento gira en torno al sempiterno conflicto generacional entre padres e hijos, tras el que pueden advertirse los hilos de la angustia sobre el sentido de la propia existencia, de las contradicciones personales acumuladas a lo largo de la vida, y de las frustraciones internas que heredamos y confeccionamos al cabo de los años.

 

Aunque ha sido presentada frecuentemente como una comedia, no en vano tiene momentos verdaderamente hilarantes donde director y guionista demuestran la gran capacidad de los israelíes para mofarse de sí mismos, este filme pone a los espléndidos actores ante el drama moral, personal y colectivo, de elegir entre razón y emoción, entre la aceptación de la verdad y la imperiosidad de los sentimientos.

 

Pie de Página refleja la dualidad de este conflicto ético de forma muy sutil resultando, aunque quizás sólo para el espectador más ávido de crítica política, en un retrato satírico de Israel, país atrincherado en la fortaleza de un sacrificio vital fundacional, de la dedicación ciega, de la férrea disciplina y el trabajo obsesivo. Una fortaleza fuertemente blindada y recubierta de un discurso defensivo y victimista que oculta su inherente fragilidad.

 


El Premio Israel es en esta cinta el protagonista que hace aflorar la incapacidad de los padres para perdonar el derrumbamiento de las esperanzas de autoafirmación que habían puesto en sus hijos, a la vez que revela la impotencia de éstos ante la evidencia de la mediocre labor de sus progenitores. El Premio Israel se convierte así en el premio a la mentira, a la verdad de un sueño fallido secuestrada por el vínculo afectivo, el orgullo y la culpa, sin los cuales la realidad se derrumbaría. Una mentira sostenida durante décadas por la referencia compasiva y condescendiente contenida en un pie de página.

sábado, 30 de marzo de 2013

LA FILMOTECA INVITADA: DJANGO, DESENCADENADO


DJANGO DESENCADENADO
Una película de Quentin Tarantino

Interpretada por: Jamie Foxx, Christoph Waltz, Leonardo DiCaprio, Kerry Washington, Samuel L. Jackson y Don Johnson.

 

 

Texto: Isabel Beneito




 

 

Sí, Django Desencadenado es un western, pero es que muchas películas de Quentin Tarantino lo son, si bien es cierto que ésta es la primera ambientada en el Lejano Oeste estadounidense. Y es que el western es el género perfecto para un cineasta que, como Tarantino, trata tan recurrentemente el tema de la justicia.

 

Django Desencadenado es la tercera parte de lo que, a mi juicio, es una serie de películas cuidadosamente elaboradas en torno a una idea obsesiva de la justicia entendida en términos absolutos, en bruto. Éste es, obviamente, un privilegio que Tarantino sólo se puede permitir porque la ficción le da licencia para olvidarse de los principios humanitarios y de derecho que deben regir la realidad política y social, para extenderse, con todo lujo de recursos que muestran la psicología de los personajes, en la justicia como virtud emocional que apela no sólo a nuestro sentido de lo razonable, lo equitativo y lo moralmente deseable, sino también a la necesidad de satisfacción personal.

 

Aunque se la haya descrito habitualmente como una historia de “venganza”, el grandioso final de Kill Bill le confirmaba como una gran apología cinematográfica de la “restitución”, que es la forma más perfecta posible de justicia, pues la justicia total es imposible, ya que lo realmente “justo” sería que el agravio inicial no hubiera existido.

 

En una continuación del discurso justiciero de Tarantino, Malditos Bastardos recurría a la virtualidad histórica para ofrecernos un poderosísimamente simbólico relato de purificación retributiva sobre lo que fue uno de los más grandes crímenes colectivos de la historia y, de nuevo, al final, una de las lecciones más inteligentes de justicia disciplinaria o “lustración” en la marca de la esvástica en la frente.

 

Django Desencadenado recupera la “restitución” como maximización de cualquier posibilidad de justicia, y recurre de nuevo al final purificador-redentor sobre otra gran catástrofe histórica. Lo hace con un plantel de actores entre los que Christoph Waltz deslumbra, de nuevo, y Leonardo Di Caprio y Samuel L. Jackson demuestran, también una vez más, que no están suficientemente valorados en Hollywood.

 

En este filme Tarantino recurre también a otra obsesión temática de su carrera, por otro lado muy frecuente en los cineastas que tratan el tema de la violencia, como Takeshi Kitano o Clint Eastwood, y es la del individuo subestimado, de apariencia a veces inofensiva e incluso “minusválida”, otras veces abiertamente beligerante, que guarda en secreto el poder supremo de la violencia inesperada de los que tienen la única razón posible para ejercerla: su amor o su maldad.