lunes, 4 de febrero de 2013

Escribir

Estuve casi un mes sin escribir ni siquiera una palabra. Lo tomé como un descanso mental. El año pasado trabajé mucho y corregí infinitas veces una novela que mandé a varios concursos con lamentables resultados. Ni una mención saqué, mucho mejor porque odio las menciones.

También armé un libro de cuentos, no sé qué tal estará. A uno siempre le parece que esta bien hasta que le hacen ver lo contrario. Tiene pocas páginas y los relatos se relacionan entre sí, sería como una novela-cuento. Algunos textos son breves y otros más extensos. Antes de que se acabe el 2012 lo imprimí y se lo di al guru literario y amigo L.L. Lo único que espero es que no me diga que lo escribí con la lapicera metida en el culo.

La idea es usar el blog para soltar la mano, empezar a escribir de nuevo, de a poco, buscando las palabras y sobre todo decidir qué voy a escribir. Por mi cabeza dan vueltas tres ideas.

Primero: novela de iniciación. Un niño de doce años. Ambientada en Tartagal, después de la privatización de YPF. (Me di cuenta que siempre vuelvo al mismo tema, Tartagal y los noventa, la década menemista, el gran sueño argentino). Un padre que se va al sur a buscar trabajo y no vuelve. El chico queda solo, la madre trabaja el día entero, el hermano se la pasa en la casa de la novia. Las patotas, los Leones, Los Calaveras. Cachito Cortez. Alguien sabe que fue de la vida de Cachito? Sigue vivo?. Bueno algo así sería el inicio que escribí. En mi cabeza todavía estoy organizando la estructura y no encuentro claridad. Por eso no sé si seguir o continuar pensando ja.

 Segundo: Una crónica, sobre la búsqueda de Facundo Rivera Alegre, el rubio del pasaje. Para esto debería salir de casa y hablar con los familiares, amigos, policías. Escribir sobre una búsqueda que no me llevaría a ningún lado. Es un tema complicado, no soy un militante social pero si lo sería mis consignas se alimentarían del odio que le tengo a De la Sota.

 La tercera la cuento en otro post

http://www.youtube.com/watch?v=7-N-isj2YTk

domingo, 3 de febrero de 2013

Próximamente se viene un nuevo post, después de tanto tiempo

jueves, 16 de agosto de 2012

sábado, 21 de julio de 2012

Hablando un poco sobre literatura

Julio Quiroga, un artista salteño me mandó unas preguntas. Tardé bastante, pero se las contesté. Vuelve el blog?

http://www.opadromo.blogspot.com.ar/

lunes, 12 de diciembre de 2011

La cancha de fútbol

Al frente de mi casa había tres canchas de fútbol, una pileta vacía y un quincho dónde hacían asado y vendían gaseosas y cervezas. A la tarde, antes de que llegaran los chicos de la escuelita de fútbol, con mi hijo nos cruzábamos al frente y pateábamos una pelota roja. A veces sacaba el celular y lo filmaba y él corría de un arco a otro y gritaba los goles como si fuera una final del mundo.

Los miercoles a la noche las canchas se llenaban de policías y la cuadra de autos. Los oficiales de la ley armaban pequeños torneos. Pero no era divertido verlos, el equipo del comisario siempre ganaba y apenas si se rozaban las canillas. En cambio los domingos venían los peruanos y en la cancha se jugaban la vida. Tendrían que haber visto las patadas que se pegaban. Pero nadie decía nada. Se la bancaban como caballeros y corrían como endemoniados. Había uno que la pisaba y le decían el Riquelme andino. Con mi hijo nos pasábamos horas viendo esos partidos.

La semana pasada la escuelita terminó sus clases. Se hizo un acto, se entregaron trofesos, vinieron los padres. Se fueron contentos.
A los dos días se llevaron los arcos, el alambrados, las sillas, las mesas y desarmaron el quincho. Cuando ya no quedaba nada una topadora volteó los escombros. Ahora no queda nada. Es un descampado. Como si un tornado hubiera arrasado con esa esquina.
A veces con mi hijo nos paramos en el balcón y vemos la pileta sin agua. Nada más y él me mira como queriendo que le explique qué pasó con la cancha de fútbol. Pero no sé que decirle, así que nos quedamos callados y seguimos contemplado el vacío.

sábado, 25 de junio de 2011

Yo tenía una voz

Yo tenía una voz que me hablaba todo el tiempo. Me carcomía el cerebro y no me dejaba tranquilo en ningún momento. Andaba en colectivos y la voz me hablaba, caminaba por el boulevard donde viven mis viejos y la voz aparecía de golpe y me seguía contando cosas. A veces entre sueño la voz me despertaba. Era como tener una personita pequeña en el cerebro que no se cansa de hablar. Así era esa voz.
Finalmente me sentaba frente al monitor y la voz dejaba de gritarme y susurraba como una caricia, entonces la historia comenzaba a aparecer y eran las dos de la mañana y escribía, las tres y escrbía, las cuatro y seguía. Las teclas sonaban y no volvía a leer lo que había escrito porque la voz no me lo permitía, me decía que siguiera hacía adelante y yo seguía. Todo fluía como una pequeña cascada que llenaba un estanque y ese estanque era el cuento, o un pedazo de novela totalmente imperfecto pero real. Después lo trabajaba, mucho, le pedía a otros escritores que me ayudaran. Pero la sustancia ya estaba, la historia ya estaba.
Ahora eescribo un pàrrafo de cuatro líneas por día y miro el monitor y la voz no aparece. Nadie me habla. Al otro día corrigo el mismo párrafo y le agrego una línea más o dos y escribo de golpe otro párrafo y lo borro de una. Ya no sé que es lo que esta bien y lo que esta mal y cada palabra la pienso miles de segundo. Antes escribía y no pensaba. Lo voz lo hacía por mí.

miércoles, 13 de abril de 2011