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martes, 22 de mayo de 2012

Ultratrail de los 10000 del Soplao, excusas


Salí del avituallamiento de Bárcena Mayor (Km. 87), comencé la ascensión de El Moral, llegué al Km. 88, permanecí un minuto apoyado en un árbol meditando y decidí darme la vuelta de nuevo hacia el punto de partida. Cuando le dije a la organización que me retiraba, me contestaron que la carrera había sido suspendida por el mal tiempo.

Honestamente pienso que no había razón para tomar esta drástica decisión. Las condiciones fueron adversas, es cierto, pero creo que no había peligro serio para los participantes aunque parece ser que se produjeron bastantes hipotermias. En peores nos las hemos visto. Sí, cuando estás en carrera, las horas transcurren muy despacio bajo la lluvia, sobre todo si es de noche y no hay chaqueta que aguante e impida que sientas estar desnudo bajo una ducha. Sí, hacía frío. De hecho, no es que tuviera que prestarle los guantes a un compañero, es que incluso se los tuve que poner dedo a dedo porque el chaval no era capaz de colocárselos. Sí, había barro por doquier, pero a eso hay que encontrarle la gracia, ser duro y saber mantener la convicción para seguir a pesar de las complicaciones. Tampoco hay que olvidar que el ochenta por ciento de este ultratrail es terreno muy fácil, infinitos kilómetros de pista. Sin embargo, creo que en ningún momento hubo riesgo real de daño irreparable para ninguno de nosotros aunque es fácil argumentar sin sentir el peso de la responsabilidad de la seguridad de tantos atletas perdidos por el monte.

En fin, la cuestión: ¿Por qué me retiré yo?

Sí, estaba agotado, tenía frío y sueño. Tras una diminuta ventana de buen tiempo a mediodía del sábado, las nubes negras de nuevo auguraban largas horas de chaparrones, pero no es excusa. En otras ocasiones me he sentido peor y he seguido adelante en condiciones aún más lamentables. Simplemente estaba fuera de carrera, desmotivado y sin encontrarle demasiado sentido a lo que estaba haciendo. Tal vez si el recorrido hubiera tenido los 112 kilómetros que indicaba el rutómetro y no los más de 123 que nos confirmó la organización por un error de medición, me hubiera atrevido con ello, pero los 37 kilómetros que me anunciaron que restaban hasta meta desde el avituallamiento, además de las dos ascensiones de alta dificultad  para hacer sin bastones por el estado del terreno, influyeron en mi decisión final. Tal vez también la paliza previa a la carrera, dormir mal el jueves, trabajar el viernes por la mañana, un viaje de casi cinco horas para enlazar con la salida a las once de la noche. ¿Quién sabe? El hecho de que no tomara ni un gel durante la prueba da idea de mi actitud, como si ni siquiera intentara enderezarme cuando  el agotamiento asomaba  y la aventura se torcía.

Sí hay algo en lo que he cambiado. Me cuesta arrastrarme. Creo que puedo hacerlo mucho mejor y me jode ir penando a un ritmo patético. Cuando ya no puedo correr (Km. 70), me parece que allí ya no pinto nada, que puedo hacerlo mucho mejor y que debería entrenar para moverme con más soltura y suficiencia, que tengo condiciones para ello. Mi primer día de montaña fue el Trail Oh Meu Deus de hace quince días. Mi segundo día de monte fue este y claro, con estas alforjas, el viaje no puede ser muy largo. Ya estoy corriendo con regularidad pero dispongo de poco tiempo y se trata de lentamente ir creciendo. El palizón de este fin de semana fue otro escalón.

Por otro lado, tengo la cabeza en otras cosas. Por un lado preocupaciones, por otro esperanzas y me apetece dedicar fines de semana a placeres más sencillos, sin cronómetros, distancias o normas. A veces pienso en el cambio de Nacho, en que tal vez no me vendría mal una especie de periodo sabático donde me dedique  sólo a entrenar y a disfrutar de la actividad física en sí misma, sin dorsales por medio. Aunque en el anterior post anhelaba guerra para evadirme, reconozco que prefiero la vía de escape de su vientre.  Las carreras puede que vuelvan o pueden que se queden ahí para siempre, como entrañable recuerdo.
Ahora mismo busco otros retos en mi vida. Llegó el día en que dejé de ser Espartaco. Supongo que serán ciclos y todo volverá a su lugar dentro de un orden. Lo que tengo claro es que voy a competir menos, entrenar más y dedicar más atención a otros aspectos de mi vida que, en este momento, me ilusionan más. Estoy apuntado a la Media de Cuatro Calzadas del próximo domingo porque está al lado de casa pero francamente me apetece más el concierto de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León del sábado por la tarde. 

Iremos contando.

Me pregunto por qué. "Wonder Why", una de las canciones más bonitas de 2011 a cargo de Vetiver.